CAPÍTULO 2: REBELDES
—Por favor, comandante Danvers, tome asiento en la mesa… será un honor que nos cuente cómo le ha ido todo estos últimos años en Rusia.
«Overgirl es Kara… oh Dios…», se repetía una y otra vez en su mente.
De repente, después de meses de abatimiento, Lena recuperó la esperanza.
―Gracias, alteza ―contestó Kara educadamente, y se acercó a una de las sillas.
―¿Te encuentras bien, hija? ―preguntó Lillian―, haces muy mala cara.
―¿Es que no la…? ―empezó a decir Lena, pero el gesto de absoluta indiferencia de su madre la hizo detenerse― Estoy bien… sólo… un poco mareada ―añadió sin apartar sus ojos verdes de la comandante Danvers.
Sus padres no la habían reconocido, seguramente olvidaron su existencia en cuanto se la llevó el ejército doce años atrás, a fin de cuentas, a sus ojos no era más que una muchacha insignificante de clase media. Pero ella no lo hizo, no la olvidó. No hubo un solo día en los últimos doce años en que no pensara en ella y deseara encontrarla. Y ahora la tenía delante, más alta, algo más vigorosa y más mujer, pero era Kara, sabía que era ella. Sin embargo, al mismo tiempo, ya no lo era. Sus ojos azules parecían carentes de vida y de todo sentimiento. Aquel pensamiento la hizo estremecerse.
―¿Estás destemplada? ―preguntó Lillian frunciendo el ceño―, tal vez has enfermado, deberías retirarte pronto esta noche, avisaré a James.
―Como digas, madre.
Se había distraído unos segundos, pero sus ojos no tardaron en regresar a Kara, o mejor dicho, a Overgirl, pues ya no había casi nada en su aspecto de la muchacha de dieciséis años que la joven Luthor recordaba. Su corazón seguía latiendo desaforado, y Lena tuvo miedo de que lo notasen, así que cerró los ojos, obligándose a dejar de mirar, y trató de serenarse. No funcionó. Su mente reproducía la imagen de Overgirl con nitidez sorprendente. Volvió a abrirlos y la observó de nuevo. Estaba conversando con el emperador y con Morgan Edge, que estaba sentado a su derecha, mientras que Mon-El lo estaba a su izquierda. «Las peores compañías que podrías tener…», se dijo Lena internamente.
―Me han informado de que las nuevas armas están casi terminadas ―dijo de pronto el emperador mirando al padre de Lena. El resto de presentes también miró hacia los Luthor.
―Así es, alteza, las tendremos preparadas para la exhibición ―aseguró Lionel muy complaciente.
Kara también los contemplaba, y dedicó unos instantes a Lena, provocándole un vuelco en el pecho. Tuvo que bajar la mirada, porque se sintió incapaz de mantenérsela. Cerraba los puños con fuerza, apoyados sobre sus piernas y respiraba un poco acelerada.
La comandante Danvers estrechó un poco los ojos, no entendía la reacción de la joven Luthor, pero dejó de mirarla enseguida, pues Edge volvió a hablarle.
―Creo que ya sé lo que te pasa ―susurró Lillian para que sólo su hija la escuchase.
―¿Eh? ―exclamó asombrada.
―Ver a Overgirl en persona te ha causado mucha impresión, ¿verdad? ―declaró tranquilamente―, nuestra más grande y gloriosa soldado, de la que sólo pudimos escuchar hazañas durante los últimos años, y esta noche la tenemos sentada en nuestra mesa.
Lena rio con nerviosismo. Su madre no se enteraba de nada, por fortuna, y le acababa de dar la coartada perfecta.
―Justo eso, madre ―mintió―, su presencia me… «trastorna, me trae demasiados recuerdos…» me impacta mucho.
―No es para menos ―intervino Verónica sin que nadie se lo pidiera―, Overgirl es impresionante, dicen que su poder rivaliza con el del mismísimo Overman.
Lena no replicó con palabras, se limitó a sonreír en una mueca.
―Mon-El también es muy poderoso, pero no alcanza el nivel de Overgirl ―señaló Lex―, me da rabia que esa mujer le supere.
Lena rodó los ojos, el lado machista de su hermano le resultaba insoportable, así como otros lados que prefería no recordar.
―A mí me da igual quién es más poderoso, ninguno de ellos tiene rival en el mundo ―dijo Verónica―, ¿crees que Overgirl y Mon-El son amantes? ―preguntó con ese tono tan desagradable que utilizaba cuando quería fastidiar a Lena―, los soldados más gloriosos del imperio juntos, serían una pareja explosiva, ¿no crees?
«Te estamparía la cara contra la mesa ahora mismo ―pensó Lena con una sonrisa maliciosa―, pero seguro que tu marido y otros invitados no lo verían con buenos ojos.»
¿Cómo hacía aquella mujer para decir siempre lo que más daño podía hacerle?, la odiaba.
―Reign sí era rival para ellos ―dijo de pronto Maxwell Lord, obviando los derroteros románticos que había iniciado su esposa.
Kara dejó de prestar atención a Mon-El y los miró de soslayo al escuchar aquel nombre tan conocido para ella. Lena notó su gesto y la miró. Kara y Sam habían pasado ocho años sin verse, y, sin embargo, Kara la recordaba. Quizá si Lena pudiera hablar a solas con ella, la recordaría también.
―Pero Reign es una sucia traidora al régimen, al imperio ―espetó Lex con desprecio―, tuvo en sus manos el mayor honor que se puede tener en este mundo, y nos escupió a la cara aliándose con esa escoria rebelde.
―Por suerte para nosotros, Reign no supuso ninguna amenaza real ―añadió Maxwell―, y lo mismo pasaría con Overgirl o Mon-El, si perdieran el juicio.
«Así que todos vuestros súper soldados tienen esos implantes o lo que demonios sea para anular sus poderes cuando os da la gana, sois unos cobardes», reflexionó Lena.
―Comandante Danvers, por favor, cuente a mis invitados cómo se desarrolló la campaña contra los rebeldes rusos ―pidió el emperador.
―Por supuesto, alteza ―replicó Overgirl―, eran muchos más de los que pensábamos y se escondían en demasiados refugios, así que nos llevó mucho tiempo localizarlos a todos…
Hablaba con frialdad, incluso cuando pronunciaba las palabras matar, eliminar, o destruir. Parecía que nada le afectaba. Justo lo contrario de lo que experimentaba Lena al escucharla, incapaz de reconocerla como la chica amable y tierna que conoció años atrás, ¿Kara había desaparecido para siempre?, no podía aceptar eso. Mon-El miraba a su compañera con gesto imperturbable, era imposible saber lo que cruzaba su mente. Egde y Lord la contemplaban con evidente orgullo. Volvió a sentir angustia y el deseo de salir corriendo de aquel salón regresó a su corazón.
Pero no tuvo que inventarse más excusas, Edge recibió un mensaje en su teléfono móvil y se disculpó con los presentes junto a Overgirl y Mon-El. Debía tratarse de algún asunto bélico. ¿Qué más daba?, el caso era que había perdido la oportunidad de acercarse a Kara, aunque no estaba segura de poder hacerlo en el estado de shock y decepción que se encontraba. Sus ojos siguieron a Overgirl mientras abandonaba la estancia. Lena detestaba el símbolo de las SS que llevaba en el uniforme, pero debía admitir que dicho uniforme le sentaba como un guante, Kara tenía un aspecto atlético y atractivo que la perturbó durante unos instantes. Se reprendió a sí misma por pensar en algo así y volvió a centrarse. Necesitaba hablar con Sam cuanto antes.
Cat Grant sonrió al recibir el mensaje de Lena. Cuando tenía la necesidad de abandonar la mansión Luthor y reunirse con los rebeldes, solía pedirle ayuda y utilizarla de excusa. Los Luthor respetaban a Cat, era una mujer poderosa en Berlín, dirigía el periódico CatCo, uno de los más importantes de la ciudad y del país entero. Lena no era menos que su familia en esto, pero tenía un motivo más para admirar a Cat Grant, que era una aliada de la causa rebelde, pero eso lo sabían muy pocas personas, por suerte.
―Necesito ir al DEO, tengo que hablar con Sam con urgencia ―aseguró Lena.
―Por tu tono de voz, parece que se trata de algo muy importante ―contestó Cat.
―Lo es, Cat, así que… me veo obligada a ponerte de excusa una vez más ―admitió la joven Luthor. Cat rio.
―Ya sabes que es un placer para mí ayudarte en todo lo que perjudique a esos descerebrados asesinos ―exclamó la mujer―, pero me preocupa que llegue el día en el que tus padres te pregunten cuándo vas a empezar a trabajar para mí ―bromeó―, te muestras tan fascinada con el periodismo, Lena, que es el paso natural que pueden esperar.
―En realidad sí me gusta tu trabajo, Cat, me trae hermosos recuerdos… ―confesó Lena―, me hace sentir un poco más cerca de ella.
―¿De tu amiga Kara Danvers?
Cat lo enunció como pregunta, pero ya sabía la respuesta. Lo primero que hizo cuando Lena Luthor se acercó a ella con intenciones de hablar sobre los rebeldes, fue investigarla en profundidad. En aquel mundo, nadie estaba a salvo de ser engañado, traicionado o chantajeado, y ella tenía mucho que perder si la descubrían y la acusaban de alta traición, una posición de poder con la que ayudar a la gente inocente y dos hijos a los que amaba por encima de todo. Cuando quedó satisfecha con los resultados de su investigación, empezó a confiar en Lena, poco a poco, hasta conocerla lo suficiente como para estar segura de que vivía la causa rebelde con la misma intensidad que ella.
―Sí… te he hablado muy poco de ella porque me duele recordar lo que pasó.
―Sigues sintiéndote culpable por no haber podido rescatarla hace ocho años ―replicó Cat con acierto.
―No puedo evitarlo, pero tal vez las cosas cambien a partir de ahora… ―anunció.
―¿Ah sí?, ¿tiene que ver con eso de lo que quieres hablar con Arias? ―No se le escapaba nada a su olfato de periodista.
Se despidieron y Lena comunicó a su madre que iba a pasar la tarde en la redacción de CatCo. James preparó uno de los coches y cambió de dirección cuando pensó que estaban a salvo de miradas indiscretas. Su destino estaba a las afueras de Berlín.
―Gracias por traerme, James, te llamaré cuando haya terminado ―dijo Lena mientras salía del vehículo. Él asintió con la cabeza y se alejó de allí.
El DEO era un refugio subterráneo que se había ido ampliando conforme se unían más rebeldes a la causa. También habían incrementado su tecnología con el tiempo. La mayoría de ellos vivían como fugitivos, escondidos bajo tierra, salvo cuando realizaban misiones contra el régimen o salían a tomar aire fresco por breves ratos, pero también había quienes, como Lena Luthor, llevaban una doble vida, fingiendo ser fieles al emperador, y traicionándolo a sus espaldas. Muchas veces, estos últimos corrían más peligro que los únicamente rebeldes.
Lena conocía demasiado bien el camino, tras varios años caminando por aquellos pasillos y dependencias. Tocó suavemente a la puerta y la voz de Sam le dio permiso para entrar en su habitación personal. La joven Luthor cruzó el hueco de inmediato y la vio sentada en su escritorio con un libro en las manos. Sam y su afición por los libros, por la historia… No lograron arrancarle esa pasión en los años que estuvo reclutada. Su cabello castaño caía más allá de sus hombros, ocultándole el rostro en aquella posición. Al escucharla entrar, Sam se volvió hacia ella y le dedicó una ligera pero auténtica sonrisa, siempre le alegraba recibir sus visitas. Dejó el libro sobre la mesa y se levantó de la silla. Seguía siendo bastante delgada, pero había ganado un poco de peso desde que la rescataron, ahora se veía más saludable.
―Adelante, dime eso tan importante que tenías que decirme ―la invitó sin dejar de sonreír. Lena no la hizo esperar.
―Vamos a tener que modificar nuestro plan original.
―¿Qué quieres decir? ―preguntó Sam extrañada.
―E incluir una misión de rescate ―continuó Lena.
―¿Cómo?
—¡Kara está viva, la he visto! ―exclamó de pronto. Sam la miró con atención y desconcierto.
―¿Qué? ―Fue lo único que logró pronunciar.
―¡Kara es Overgirl… anoche asistió a la cena en palacio, se quitó la máscara y es ella, es Kara!
―No puede ser… ―susurró Sam negando con la cabeza sin dar crédito.
―Yo me sentí igual cuando la vi delante de mí ―admitió Lena.
―¿Pero estás segura de que era ella? ―No podía ser cierto―, ¿y no una chica que se le parece?
—Sam, la última vez que vi a Kara tenía 16 años, no era un bebé, no ha cambiado tanto… —Lena se detuvo un instante a recordar los rasgos de la Kara adulta…— Bueno, sí ha cambiado, ahora es una mujer de veintiocho años, pero sé que es ella… tenemos que decírselo a Alex, tiene que saber que su hermana está viva.
—No tan rápido, Lena, antes debemos asegurarnos de que se trata de ella —afirmó Sam con seriedad.
―El emperador la presentó como la comandante Danvers, no es sólo empeño mío, Overgirl es en realidad Kara ―sentenció la joven Luthor.
Sam resopló, apartó la mirada y empezó a caminar por la habitación con las manos en la cintura.
―¿Y ella te reconoció a ti? ―inquirió Sam.
―Pues… creo que no… ―declaró con tristeza― Tampoco me miró mucho, puede que estando un rato a solas… tal vez he cambiado demasiado.
―No, Lena, no has cambiado tanto como para que no te reconozca ―aseguró Sam―, ahora es Overgirl ―añadió, como si eso lo explicase todo.
—Cualquiera diría que no te alegras de que la hayamos encontrado ―acusó Lena―, no te entiendo, Sam.
—Lo que pasa es que yo he vivido cuatro años con esos monstruos ―explicaba Sam con una mezcla de rabia y dolor en la mirada―, ya no soy la misma, ya no confío en nada ni en nadie, Lena.
—¿Ni siquiera en mí? —preguntó Lena acortando la distancia entre las dos.
8 AÑOS ATRÁS…
Abrieron la última puerta que los separaba de ella y la vieron. Sam estaba intentando incorporarse desde el suelo, con evidentes moratones y heridas. A Lena se le partió el corazón al verla en aquel estado lamentable, no sólo por su aspecto sino también por su comportamiento. Sam los observaba temblorosa, y se encogió asustada cuando la joven Luthor caminó hacia ella.
―No, más no, por favor… ―suplicaba sollozando―, no quiero más pruebas de resistencia… por favor…
―Tranquila, no voy a hacerte daño… ―Siguió acercándose a ella― Sam, soy yo, Lena, ¿no me recuerdas?
―¿Lena…? ―repitió en voz muy baja, mirándola a los ojos.
La joven Luthor se horrorizó al ver en los suyos el miedo y el sufrimiento.
―Sam… estás a salvo, no volverán a hacerte daño ―aseguró con un tono de voz suave para no sobresaltarla más.
―Lena… ―musitó con un brillo distinto en la mirada que no todos interpretaron como algo bueno.
―Ten cuidado, Luthor ―dijo un hombre joven que esperaba en la puerta―, no es la Sam que conocías.
Lena hizo oídos sordos, se agachó y acercó su mano hasta rozarle la mejilla, sonriéndole con cariño. Sam cerró los ojos al sentir su cálido tacto.
―Ya estás a salvo, te lo prometo.
Existía la posibilidad de que Sam reaccionase violentamente, a Lena no le importó. Se inclinó sobre ella y la abrazó. Entonces la notó temblar.
―Lena… ¡Lena! ―exclamó entre lágrimas mientras la abrazaba con desesperación.
ACTUALIDAD
―Sabes que sí ―contestó Sam, sintiendo las manos de Lena sobre las suyas.
La joven Luthor avanzó hasta que unieron sus frentes con los ojos cerrados. Segundos después, sus labios se habían encontrado, compartiendo un beso cargado de complicidad. Al separarse, ambas se miraron y sonrieron.
Nunca habían puesto nombre a su relación, nunca habían sentido esa necesidad, simplemente, se dio. Lena estuvo junto a Sam desde el día en que la rescataron de las instalaciones "Lord Technologies", como amiga, como compañera de causa, y el tiempo hizo que su amistad se fuera estrechando. Por parte de Lena, el pensar que nunca volvería a ver a Kara fue detonante para que un día cruzaran la línea. No sabían cuándo podían ser descubiertas y detenidas, torturadas, asesinadas… así que, cada nuevo día que vivían sanas y salvas era un regalo que disfrutaban intensamente.
Tampoco hablaban de lo que cada una sentía, a Lena eso la aliviaba, prefería no darle vueltas, y a Sam… Sam nunca terminaba de mostrar lo que llevaba dentro, fue una de las cosas que le inculcaron durante su reclutamiento forzoso.
―Tienes razón, nuestra misión ya no es sólo averiguar cómo anularon mis poderes ―aceptó Sam―, tenemos que liberar a Kara de esos cerdos, y de paso dejarlos sin Overgirl. Pero tenemos que estudiar bien el tema, saber si Kara nos recuerda…
―Lo sé, hemos de pensar en todas las posibilidades ―observó Lena, contenta de que Sam creyera en lo que le había contado.
―Por cierto, yo también tengo noticias ―señaló Sam sonriendo―, aunque no son tan increíbles como las tuyas…
―¿De qué se trata? ―preguntó Lena interesada.
Sam la cogió de la cintura y la levantó sin ningún esfuerzo, sobresaltándola.
―¡Estoy recuperando mi poder, lo que el cerdo de Edge me hizo no era permanente como pensamos! ―exclamó esperanzada mientras la dejaba en el suelo.
―¡Eso es fantástico! ―replicó Lena entusiasmada.
―Tenemos que poner a Kara de nuestro lado, con mis poderes y los suyos, derrotaremos a Mon-El y al ejército nazi ―pronunció con decisión.
―¿Kara es Overgirl? ―susurró Alex casi sin voz, no podía creérselo.
―Confío en lo que vio Lena, y que la llamasen por vuestro apellido es bastante revelador ―dijo Sam.
―Siempre deseé que Kara siguiera viva, y nunca perdí la esperanza de encontrarla, pero… no así ―confesó con tristeza―. Overgirl es el mayor perro de presa del régimen, es todo contra lo que luchamos, todo lo que odiamos…
―Alex… ―intervino Lena cogiéndole el brazo para tratar de tranquilizarla― Sé cómo te sientes, no imaginas lo que supuso para mí tenerla delante con ese maldito símbolo en su pecho. Pero todo lo que ha hecho Overgirl estos últimos años, es obra de Maxwell Lord y sus secuaces, no de Kara, estoy completamente segura.
Alex cerró los ojos unos instantes y tomó aire. Sabía que Lena tenía razón, pero eso no quitaba que habían convertido a su hermana pequeña en un monstruo, justo lo que su padre más temía que sucediera. ¿Cómo iba a contarle algo así a su madre después de haberse quedado viuda y haber tenido que aceptar que la única hija que le quedaba se hubiera aliado con los rebeldes poniendo en riesgo constante su vida? Suspiró y contuvo las lágrimas. Lena la abrazó por los hombros, Alex agradeció el gesto. Sam también lo sentía, y doce años atrás la habría abrazado sin dudar, pero ahora era una mujer más fría y muy disciplinada, no quiso perder de vista su misión.
―Ya le he dicho a Lena que lo primero es averiguar qué recuerdos conserva Kara de nosotras, de su pasado antes del reclutamiento, y en base a eso, podremos decidir qué hacer.
―Estoy de acuerdo ―afirmó Alex.
Lena se despidió de ellas y abandonó el DEO, no quería levantar sospechas en su familia. Alex también se dispuso a dejar el refugio, pues en dos horas tenía horario de laboratorio en el hospital en el que trabajaba como una alemana respetable más. Además de su cariño por Sam y Kara, Lena y Alex compartían el peligro de llevar una doble vida. Lo tenía todo listo cuando una voz femenina la hizo volverse.
―¿Estás bien, Danvers? ―preguntó Maggie Sawyer, una rebelde reciente―, desde que has hablado con tus amigas te noto muy decaída, ¿ha pasado algo?
―Maggie… ¿cómo sabes siempre cuando me pasa algo? ―preguntó Alex sonriendo con abatimiento.
―Soy observadora… ―contestó la chica― sobre todo cuando se trata de alguien a quien aprecio ―añadió Maggie ganándose una mirada intrigada por parte de Alex.
―Gracias… desde que te conozco, siento que puedo confiar en ti sin miedo ―dijo Alex mirándola a los ojos.
―Soy yo la que está agradecida, Danvers ―afirmó Maggie con vehemencia. Alex bajó la mirada sin dejar de sonreír, pero Maggie retomó la conversación, rompiendo el ambiente extraño que se había generado entre las dos―. Si crees que te puede hacer sentir mejor, cuéntame lo que ocurre.
Alex salió del breve ensimismamiento en que llevaba cayendo desde hacía un tiempo con Maggie y recordó la conversación con Sam y Lena. Le habló de lo sucedido.
―Temes el daño que esto le hará a tu madre, ¿verdad? ―Maggie la entendía.
―Sí… yo todavía estoy intentando asimilarlo, pero no sé cómo podría encajarlo mi madre ―admitió Alex―, nunca me perdoné que se llevasen a Kara delante de mí y no poder hacer nada, ese mismo día les dije a mis padres que me uniría a los rebeldes. Ellos se horrorizaron, no los culpo, al poco tiempo, mi padre enfermó y murió en menos de un año… ―Se detuvo unos instantes―, sé que sentía la misma culpa que yo por dejar que se la llevasen, y siento que acabó rindiéndose ante su enfermedad. No sé cómo lo hizo mamá, yo no pude más, y perder a mi padre fue la gota que colmó el vaso. Contacté con los "guerreros de la libertad" estando en la universidad y no he dejado de colaborar con ellos, confiando en que mi hermana pequeña seguía viva y que algún día la encontraría.
―Quizá debas esperar para contárselo a tu madre, ver cómo se desarrollan las cosas ―sugirió Maggie.
―Eso es buena idea, no quiero causarle sufrimiento en vano ―concordó Alex―, gracias, Maggie ―agradeció con una sonrisa sincera.
―¿Para qué están las compañeras? ―Maggie le rozó el hombro con el puño en un gesto de complicidad. Alex rio― ¿A qué hora entras a trabajar, Danvers?
―¿Eh? ―exclamó Alex mirando su reloj― ¡Mierda, me queda menos de una hora para estar en mi puesto de trabajo! ―Ahora fue el turno de Maggie para reírse.
―Siento haberte entretenido, Danvers.
―¡No te preocupes, me encantó hablar contigo, nos vemos pronto, Sawyer! ―gritó Alex mientras corría en dirección al ascensor.
Maggie la despidió agitando la mano y con una amplia sonrisa.
―Veo que te has adaptado estupendamente al DEO y a nuestro equipo ―sonó la voz de Sam a sus espaldas causándole un respingo.
―Arias… ―la reconoció― Sólo estaba…
―No tienes que darme explicaciones de nada, Winn quiere verte ―informó con voz amable pero distante.
Como siempre, Cat Grant se enteraba antes que nadie de las novedades e informó a los rebeldes de que Overgirl asistiría a la próxima inauguración de un edificio militar en las afueras de Berlín. Era la ocasión que Lena estaba esperando para poder hablar con Kara. También estaría allí Morgan Edge, así que tendría que zafarse de él como fuera.
Cuando dijo a sus padres que quería asistir a tal evento, se emocionaron por su interés en algo del régimen. Su hermano Lex se extrañó un poco y quiso acompañarla para verlo con sus propios ojos, pero Lionel truncó sus planes, obligándolo a asistir a una reunión en Luthor Corp. La joven Eve Teschmacher, sirvienta de los Luthor desde hacía varios años, acompañó a Lena. James se quedó en una calle paralela con el vehículo, el color de su piel le prohibía acercarse más. Gracias a su apellido, Lena pudo sentarse en una zona de vistas privilegiadas, junto a otras personalidades del imperio. Eve se quedó de pie, varios metros atrás.
Morgan Edge se presentó ante la gente acompañado de varios soldados de alto rango, entre ellos, Overgirl, tal como les había informado Cat. No podían dejar pasar la oportunidad de exhibir a Overgirl ahora que la tenían en Berlín, la capital del imperio. Llevaba su uniforme de color negro con adornos en rojo sangre, y la máscara, la maldita máscara que Lena había estado viendo durante años en la prensa y la televisión, ignorando que tras ella, se encontraba Kara. Esta vez se sentía más fuerte y más decidida, no se marcharía de allí sin hablar con la comandante Danvers, aunque para eso tuviera que inventarse que era una gran admiradora suya.
CONTINUARÁ…
