Reto de los mini-fics de septiembre del foro "El Diente de León". Personaje: Peeta Mellark.
Gris
Gris era el cielo aquel día. Gris era el color de su vestido después de que el viento arrastro algunas cenizas hasta ella. Gris era el traje del alcalde cuando dio la noticia.
Había muchas razones para odiar el gris.
Pero… ¿Cómo odiar el color de los ojos que te pueden hipnotizar como ningunos?
El gris para él representaba todo lo que la había hecho sufrir (y cuando Katniss sufría, Peeta sufría) pero también representaba la puerta hasta su alma.
Las cosas habían cambiado mucho durante los últimos siete años. Probablemente lo más notable era que mientras que al inicio de la escuela solía almorzar solo mientras ella estaba completamente rodeada ahora era él el que tenía un considerable grupo de amistades mientras su querida castaña no tenía alguna compañía.
No podía contar el número de veces que había pensado en ir a darle el pésame después de lo ocurrido. Al inicio, cuando el dolor seguramente era tan fuerte que no le permitió ir a clases, incluso pensó en ir a su casa. Sin embargo esa idea desapareció de su cabeza tan rápido se dio cuenta que, aunque sabía que se encontraba en la veta, no tenía ni idea de cuál era su casa. Posteriormente había intentado en repetidas ocasiones acercarse a ella durante clases o en el descanso. Pero en todos los escenarios posibles que se formaban en su imaginación terminaba trabándosele la lengua y quedando como un tonto que no podía ni decir lo mucho que sentía su perdida. Es triste cuando ni tu cerebro cree que puedes quedarte con la chica.
Paso el tiempo y dar el pésame ya no era un buen pretexto para acercársele. Probablemente todo su grado ya había ido con ella menos él, debía de pensar que no le importaba en absoluto.
Entonces, un día especialmente gris (o al menos eso le había parecido), ella no fue a clases, y tampoco lo había hecho al día siguiente, ni el que siguió de eso. Casi había iniciado una pelea cuando había comentado lo extraño que era que Katniss faltara y uno de sus amigos había dicho que era muy común que los niños de la veta murieran. El solo pensar que ese pudo haber sido el destino de la linda oji-gris lo aterraba de una forma indescriptible.
Inclusive le había preguntado a Madge Undersee, lo más parecido a una amiga que Katniss podría tener, si sabía algo de ella. La respuesta había sido negativa.
-Lucia tan delgada Peeta.- le había dicho con un deje de preocupación- Siempre le daba una ración de mi almuerzo pero nunca la comía, creo que se la guardaba a su hermanita. ¿La viste los últimos días? Parecía de papel.
A la tarde siguiente, mientras miraba a través de la ventana de la panadería y su corazón se esforzaba por seguir latiendo, había creído ver un espectro.
El resto del día su mirada no se despegó de la ventana a pesar de que su madre le gritaba constantemente. La noche había llegado, jamás había tardado tanto en decorar una docena de galletas y ella aun no regresaba. Tal vez su mente le había hecho una broma pesada, de todos modos esa niña ni se parecía tanto.
-Peeta, ¿Podrías cuidar el pan?- le pidió su madre mientras iba a la parte de enfrente a atender unos clientes, él asintió.
Espero el tiempo justo para que las dos largas barras de pan estuvieran listas, eran unas de las más vendidas y siempre se acababan. Se paró lentamente listo para sacarlas y después irse a dormir cuando decidió mirar hacia la ventana una última vez. El espectro había regresado.
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Sus amigos bromeaban sobre las "técnicas disciplinarias" de sus respectivas madres. En general habían concordado que aunque el golpe que su mejilla había recibido no era del todo agradable la chancla era peor. Eso a Peeta no le importaba.
Todos los días grises se habían esfumado y un moretón no impediría que lo disfrutara. Esa tarde llegando a casa lo primero que haría sería dibujar. Hace mucho que no lo hacía y ese día estaba del mejor humor.
Una sensación cálida recorrió su espina dorsal haciéndolo desviar su mirada de sus amigos. Unos cuantos metros más lejos una chica con la piel de papel y el cabello opaco lo miraba con un brillo esplendoroso en los ojos grises más hermosos que había visto en su vida.
