Capítulo 1
Retorno a la tierra
La princesa del reino pacifico norte hacia un tiempo fue controlada por la princesa de la perla negra o mejor conocida como Yashiro y su reino cayo por primera vez, desde entonces ha estado en la biblioteca secreta del pacifico norte por más de dos meses entrenando, su salida al mundo había quedado clausurada para su misma protección.
-Me pregunto ¿cómo estarían mis amigas, Kaito, Hippo, Nikora? ¿Estarán bien? ¿Me perdonaran?
Estaba protegida por dos de las mejores guardianas elite de su reino, quienes se habían convertido en un gran apoyo para ella, sus nombres Ayano y Ayaka Ebina, hermanas por día de nacimiento. Eran tan distintas pero con un mismo ideal, cuidarla hasta el día que llegue a la tierra de nuevo para lograr conseguir la paz de los mares.
Mientras ellas no estaban al pendiente de ella le gustaba tocar una guitarra que guardaba en el estante más alto que había, en las noches era cuando más tocaba ya que sus guardianas iban a buscar los suplementos faltantes. Sentía que cuando tocaba aquel instrumento estaba en tierra firme en un gran concierto con sus amigas y Kaito...
-Kaito, recordaba cada momento con él, su sonrisa, su mirada, todo de su ser- su sonrisa desaparecía. En esos momentos estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando las hermanas llegaron y la descubrieron; en vez de regañarla le enseñaron otras canciones en aquel instrumento.
Una noche cuando estaba tocando las hermanas le llamaron y le dijeron que dentro de unos días que volverían a tierra firme.
Su felicidad era desbordante, sin embargo algo no estaba en sus planes, el día que se retirarían para ir tierra firme la princesa estaba terminando de alistar lo poco que tenía en la habitación que le habían asignado en la biblioteca cuando un destello llamo su atención, a su campo de visión entro un libro empolvado, nadando hasta él lo saco soplándolo con fuerza para quitarle el mugre leyó las letras en su potada
-Secretos de hada- Murmuro, paso sus dedos por las letras doradas, el libro parecía un poco viejo, además que sus hojas estaban rumiadas en los bordes, la curiosidad mato al gato, abriéndolo un gran destello salió asustándola y botando el libro, tapo sus ojos con sus antebrazos por tanto brillo; cuando la luz cegadora seso nadó hasta el libro viendo que en la página estaba su nombre debajo de tres nombres más, todos con la letra dorada, el libro parecía ser nuevo de un momento a otro.
- ¡Luchia es hora de irnos!- Dijo Ayano desde la puerta.
-Voy- Cogió aquel libro metiéndolo en donde llevaba sus objetos personales sin perder tiempo nado lo más rápido para poder estar con ellas. El amanecer se veía hacia el horizonte, lanzando su bolso hacia las rocas para luego subirse encima de la misma, sus acompañantes si se fueron hasta el fondo para coger impulso y saltar. La princesa soltó una risa.
- Ellas nunca cambiaran- pensó, era una competencia entre ellas, mientras ellas peleaban deseo convertirse nuevamente en humana, tras ver convertir su cola en piernas se levantó acercándose al agua vio su reflejo, sus ojos se abrieron como platos.
- ¿Señorita?- Pregunto Ayaka
Un grito de sorpresa salió de sus labios asustando a las guardianas, su forma humana estaba cambiado, sus ojos no eran cafés sino verdes, un verde como las manzanas, el cabello cayo por su cara, ya no le llegaba hasta la mitad de la espalda sino hasta la cintura, llegando casi a las nalgas; además de ser más claro lo comparo con el color de los pétalos de un girasol; además de estar vestida con un top straple rosado, una falda lisa que se ceñía un poco a su cuerpo, estos dos se unían con un lazo, que iba desde la parte inferior izquierda del top hasta la parte superior derecha de la falda.
- Señorita es hora de irnos- Informo Ayano, ellas se habían puesto una camisa de tonalidades rosas, unos jeans ceñidos al cuerpo y unas sandalias bajas, ya se habían puesto en marcha.
- ¡Espérenme!-la princesa corrió para poder alcanzarlas, los minutos pasaban y el silencio se volvió un poco pesado hasta que se detuvieron frente al hotel perla.
Ayaka se adelantó y abrió la puerta suavemente haciendo sonar la campana de la puerta, unos pasos rápidos sonaron por el pasillo
-Bienvenidas al hotel perla señoritas ¿En qué les puedo colaborar?-Dijo el hipocampo en su forma humana, la princesa sintió como su pecho se oprimía un poco, las lágrimas se iban a salir de sus ojos.
-Buenos días joven, venimos a hospedar a la princesa de la perla rosa, Luchia Nanami- En el rostro del chico se vio sorprendido luego paso a una cara más seria, a la princesa se le había olvido comentarles a las chicas sobre lo que había pasado- ¿Se encuentra la señorita Nikora?- El chico extendió su mano en señal de parar.
- Lo siento, pero la princesa de la perla rosa ha desaparecido desde hace un tiempo, ninguna de ustedes puede ser aquella princesa- Su cara guardaba algo de ofensa, las dos chicas se pusieron rígidas ante esto la princesa puso cada una de sus manos en sus hombros para que se calmaran- Y si, si se encuentra la señorita Nikora-se volteó encaminado hacia las escaleras- ¡SEÑORITA NIKORA!- Grito el muchacho, unos pasos apresurados se escucharon arriba hasta llegar a las escaleras bajando hasta la mitad una cabeza se asomo por la baranda.
-¡Hippo! ¿Por qué me llamaste de esa forma?- una risa salió de los labios de la princesa captando la atención de los dos - Señoritas, bienvenidas ¿que se les ofrece?- De repente una ráfaga cerró la puerta de detrás de ellos, asustándolos.
De repente su perla brillo, la reina del agua apareció.
- Luchia Nanami, princesa de la perla rosa y roja, te pido que protejas el futuro de este mundo como el de nosotras, mi hermana, la princesa de la perla negra esta ambiciosa de poder. Quiere destruir este mundo para gobernarlo con la oscuridad. Protégelo como tú lo sabes hacer...- Ella se desvaneció, dejando a todos impresionados, un latido estremeció todo su cuerpo, su cuerpo había adoptado su figura de cantante.
- Luchia...- Nikora bajo los escalones faltantes para abrazarla con fuerza, Hippo hizo lo mismo que ella, los dos lloraban descontroladamente preocupados por ella, mientras ella reía y lloraba de felicidad. Sin hacer ningún ruido las guardianas se habían retirado del lugar.
El resto del día pasó como debía pasar, contando lo que le paso en el tiempo que estaba fuera, ayudando en el hotel lo que más pudo una sonrisa acompaño su rostro. Vio a una chica de cabello rojizo andar por ahí pero no le dio mayor importancia.
Ya a punto de cerrar para ir a dormir golpearon la puerta principal, al abrir era una chica de pelo castaño claro y ojos verdes oscuro.
- Disculpa ¿será que me podre hospedar en este hotel?
- Por supuesto- dejándola pasar fue hasta el mostrador para darle la séptima habitación del segundo piso, tras llenar los documentos, se vieron a los ojos, sintiéndolos nostálgicos de cierta forma.
- Gracias- se retiró para ir a la habitación acordada tras darle la espalda como un recuerdo vino a su mente, ella le hizo recordar a Hanon, la princesa sirena de la perla aguamarina sacudió su cabeza.
-Como si fuera a ser cierto – pensó tras cerrar el hotel se fue al cuarto para dormir hasta el día siguiente tras acostarse en la cama escucha la voz de la reina del agua.
- Encuéntralas, tu cuerpo ha cambiado por tu nuevo poder, cuídate, Luchia...-Su voz se desvanecía hasta casi no haber escuchado nada. Tras acomodarse cayó en brazos de Morfeo, según lo que sus guardianas le habían contado ella comenzaba el día siguiente la preparatoria, esperaba no encontrarse con Kaito.
