su estómago rugió fuerte, por lo cual, miro con tristeza el refrigerador de se casa. Vació. Hizo un puchero antes de ir donde su padre.
-Papi, tengo hambre – notifico al hombre que miraba el juego de béisbol mientras se tomaba unas cervezas.
-¿acaso crees que me importa? - escupió molesto - ¿quieres comida? Pues trabaja y consíguela tu misma – le espeto antes de subirle más volumen al aparato e ignorarla por completo.
Ella solo miro tristemente aquel sujeto que llamaba padre, antes de que, con una mirada decidida, tomara su inseparable peluche y saliera a la calle.
La pequeña miraba con anhelo los aparadores de comida, no teniendo idea de que hacer para poder comprar algo.
-princesa, ¿quieres algo? - después de unos minutos, una mujer, de unos bien ganados 40 años, le ofreció unos Churros de su puesto. Ella asintió con timidez.
-¿tienes con que pagar? - le pregunto con desconfianza. Ella negó con tristeza - ¿dónde está tu mami? - nuevamente negó, a lo que la señora interpreto rápidamente su respuesta. Después de pensarlo por unos momentos, le sonrío con amabilidad - ¿por qué no hacemos una cosa? Tu me ayudas en el negocio, y te ganas la comida.
