Me moría. La vida se me acababa y con ella todos mis sueños y esperanzas.
Deje salir mi último aliento convertido en burbujas de vida que flotaban hacia el sol que poco a poco se apagaba. La cristalina superficie del agua se estaba obscureciendo, por fin…
→ The Truth.
El aliento de vida.
Un grito ahogado que regresa de golpe, algo que te devuelve a la realidad.
Jadeo un instante mientras enfoco la vista de nuevo en la habitación, tratando de regresar a mi vida cotidiana, una vez que sé que estoy a salvo me enredo entre las cobijas y dejo que estas me den su calor por otro rato, miro las paredes pintadas de un descolorido beige a mi lado, hay algunas manchas de rojo y rosa, toco la fría superficie, en un intento de mantenerme pegado a la realidad.
Me incorporo, enfoco la ventana abierta, esta me muestra que ya hay rayos de sol entrando por la ventana, al parecer el verano está haciendo su aparición.
Me siento aplastado, igual a esos días, aunque la diferencia está en que no estoy tan agobiado ni tan machacado, tal vez es solo porque hoy es mi último día, tengo muchas cosas que hacer antes de mudarme a un apartado lugar de la mano de Dios.
Últimamente no tengo inspiración, las ideas se han esfumado para siempre en alguna parte de mi cerebro, lo que hace que todo sea tan frustrante y agobiante, por eso he decidido irme por algún tiempo a una casa que está en Porta Celi. Algo así como unas vacaciones de todo.
Me levanto sintiendo el cuerpo frío y un tanto entumido, busco entre un montón de cosas mis pantuflas y me pongo una sudadera vieja para protegerme del poco frío que suele acumularse en mi habitación por las noches.
Veo la lista de cosas por hacer que hice en una vieja libreta de hojas amarillentas desde hace un par de días.
—Creo que solo falta meter en cajas algunas cosas. —me digo a mí mismo saliendo de mi habitación.
Repito la lista dentro de mi mente al menos unas diez veces a lo largo de toda la mañana, tratando de mantenerme ocupado para no pensar en nada más que en el viaje y en el posible descanso que pueda tener a partir de ahora si todo sale según los planes.
Al medio día tomo un baño rápido antes de continuar con el resto de mi equipaje y cuando caen las tres de la tarde, todo parece estar en orden y al fin terminado, es extraño, planee esto hasta la semana pasada, todo fue muy apresurado. Me pregunto si no era necesario tomármelo con calma.
—Allen.
Del otro lado de la puerta mosquitera veo a Lavi tratando de abrirla con ambas manos.
—Vas a romperla. —le aviso. —Tienes que empujarla para abrirla.
Me adelanto para ayudarle pero luego de que él hace su intento termina botando la chapa, cayendo de bruces al piso.
—Te dije.
Se queja y con cuidado se levanta, sacudiéndose el polvo de los pantalones y la camiseta.
—Odio tu puerta. —dice molesto.
Niego divertido con la cabeza. Que se le va a hacer.
—Bueno, ¿estás listo? —pregunta viendo mi casa. —Vaya, parece… un… lugar para fantasmas.
—Lo sé. No sé cuándo voy a volver por lo que quiero que los muebles estén lo mejor posiblemente protegidos del polvo. —comento al ver los sillones y la mesa de centro cubiertos con sábanas blancas.
—¿Estás seguro de querer irte? —pregunta.
—Si. —respondo, aunque una parte aun desea quedarse aquí, tiene miedo de irse.
Tardamos unos veinte minutos subiendo las cajas con mis pertenencias personales a la parte trasera de la camioneta que ha traído para llevarme hasta Porta Celi. Cierro la casa y antes de irme doy un suspiro apesadumbrado, es realmente difícil pensar que me voy de vacaciones por un largo tiempo indefinido, que no volveré a este lugar.
Me siento nostálgico de alguna manera.
En el asiento del copiloto va la caja protectora de Tim y mi bolsa con mis cosas más accesibles.
De aquí hasta Celi son aproximadamente cuatro horas de viaje, paramos en más de una ocasión por comida y alguna cosa para entretenernos, hablamos y bromeamos, Tim se mete en mis bolsillos para morder las envolturas de los chocolates y a mitad del viaje nos detenemos para estirar las piernas y para que Lavi descanse.
Pienso que quizás hubiera sido mejor irme en autobús, pero ni él ni Leena me dejaran viajar solo y mucho menos en transporte público, lo que es algo frustrante. A veces me desespera eso de no poder manejar un auto.
Hace mucho que no viajo a Porta Celi, allí fue donde pasaba mis vacaciones de verano con mi padre durante la mayor parte de mi infancia, luego de que muriera y Cross tomara mi custodia deje de venir. Es extraño que recordara este olvidado lugar para un retiro de varios meses, incluso años.
Pasamos por el centro de Celi, un pueblecillo bastante curioso y adorable, de esos lugares abandonados que la gente no suele ver en los mapas porque no destaca, pero posee muchas cosas para ver y recorrer, de vez en cuando aventureros alocados llegan a parar a este lugar, a algunos les extraña que no sea popular teniendo en cuenta que Porta Celi se encuentra casi al borde de la capital, pero como es tan pequeño muchos suelen evitarlo y tomar la interestatal para llegar más rápido al siguiente Distrito. Y eso es bueno, hace que este lugar siga manteniendo su esencia.
Sonrió al ver las calles empedradas de su centro, las casas rusticas al lado del camino y los viejos locales antiguos, uno suele recordar los pueblos victorianos al verlos.
Mi casa se encuentra muy al fondo del pueblo, oculta entre una maraña de árboles y madre naturaleza, algunas veces cuando niño pensaba que vivíamos en una jungla como de las películas del libro de la selva, creo que por eso jamás me tomaba muy en serio mis labores en las vacaciones, pensaba que formaba parte de alguna película.
Lavi aparca un poco más arriba del lugar donde está la casa, no podemos llegar más allá porque atrofiaríamos las llantas, tendremos que acarrear el equipaje poco a poco.
Busco la llave dentro de la mochila, una llave de metal pesado y antiguo, por un momento pienso en que la cerradura debe estar oxidada, pero al final solo resulta estar un poco atascada debido al tiempo de abandono, la madera de la puerta cruje al empujarla y suelta mucho polvo, el piso rechina y parece que en cualquier momento van a salir fantasmas de cada esquina.
—¿Cuánto tiempo dices que no vienes? —pregunta mi compañero detrás de mí tapándose la boca para no aspirar el polvo.
—Muchos años. —respondo dando un paso al frente.
Tanteamos a lo largo de la pared para encontrar el interruptor que logra darle un poco de iluminación amarillenta al lugar.
La sala sigue exactamente igual a como la recuerdo, con un largo librero cubriendo la pared del fondo, la pequeña mesa de té, los sillones con coberturas rojas, un mueble con figurines de porcelana y del techo una araña pequeña para alumbrar. Sonrió al verlo todo, casi puedo ver a mi pequeño pasado corriendo de un lado a otro tratando de atrapar una mariposa intrusa.
Un poco más allá están las escaleras que dan al siguiente piso, las habitaciones y el baño, más arriba hay un sótano con un montón de recuerdos y memorias olvidadas, a la izquierda del librero esta un pasillo que da a la cocina, un despacho y el jardín trasero, a pesar de la construcción exterior el lugar es bastante amplio y cómodo, teniendo lo suficiente para sobrevivir.
Lavi deja la primera caja a un lado del sillón más largo.
— Te vas a divertir remodelando todo esto. —comenta antes de salir por el resto de mi equipaje.
«Rebirth»
Los hombros me rechistan y la espalda no deja de dolerme, haciendo que ligeros espasmos la recorran de abajo hacia arriba, Lavi dijo que no hiciera tanto esfuerzo al traer las cajas, pero el cielo estaba empezando a nublarse y no quería que todo terminara mojado, no me arrepiento de ayudarle a que todo fuera más rápido, pero ahora debo pagar las consecuencias de mis actos.
—Eres testarudo. —comenta metiéndose una galleta a la boca.
—Lo siento. —contesto con una sonrisa. —Pero al menos hemos terminado.
—Sí, eso es bueno. Me quedaré solo esta noche a dormir, mañana tengo que volver a casa para la escuela. —asiento.
A comparación mía, Lavi estudia Arqueología en la Universidad Central, si no me equivoco terminará dentro de pocos semestres.
Como el viaje ha sido pesado y la comida un poco simple, decidimos dormir temprano.
Lo malo de esto, es que aunque tengamos camas en buen estado, las sabanas están sucias y llenas de polvo, así que tenemos que perder tiempo buscando sabanas limpias dentro de las cajas con mis pertenencias, aunque marque todo no recuerdo en que caja las coloque.
Timcanpy se pierde dentro del armario que está en mi habitación, supongo que busca algún sitio cálido o simplemente está explorando este lugar nuevo para él, una vez que las luces se apaguen supongo que me vendrá a buscar para poder dormir en paz.
Esta noche no tengo sueños, supongo que estoy tan cansado que no logró pensar con claridad, lo cual es muy agradable, últimamente no dejo de soñar con el mar, a veces se mezclan escenas del accidente y de Mana, lo que provoca que no pueda dormir correctamente o despierte gritando a mitad de la noche.
Mana…
Durante la mañana solo encuentro una nota de Lavi despidiéndose y avisando que vendrá el fin de semana para ayudarme con cualquier cosa que me haga falta, también pide perdón por tomar una caja de galletas y otros alimentos enlatados que traje para alimentarme los primeros días aquí.
«Leena vendrá a visitarte en estos días, así que no estarás tan solo, de este lado del mundo es más fácil hacerte visitas un poco más seguido.»
Como vivo en el Distrito Oeste estoy más lejos de mis amistades, mi trabajo y mis problemas me obligaron a alejarme un tanto de ellos, estando en Porta Celi me tienen un poco más vigilado y están al tanto de mí, a ellos dos les agrado mucho la idea de venir a pasar unas vacaciones aquí. Aunque a Leenale le preocupe que tenga el colapso mental que me arrastra hasta acá.
Suspiro.
Se supone que vengo a redimirme, no a acumular más preocupaciones.
Me pongo un overol lleno de pintura, unas botas de plástico decorado y una cofia blanca para cubrirme el cabello, en algún lugar de las cajas encuentro un cubre bocas, me mantendré muy ocupado redecorando este lugar, entre limpiando y acomodando todo, el tiempo se me irá de las manos.
El mundo colapsaba, las esperanzas se perdían y yo no podía hacer nada para evitarlo, solo sentarme en primera fila y observar todo mientras se caía a pedazos.
Gracias por leer.
Parlev.
