Odio los aviones, es más, los detesto, hacen que mi cuerpo se hinche, mi cabeza se vuelva loca y mi estómago se vaya de fiesta, por eso me había rehusado a volver en las vacaciones, yo me subiría de nuevo en un avión solo cuando decidiera volver a mi país, en Europa los trenes eran mi salvación, todo el continente sin necesidad de un estúpido avión, aunque es obvio que te demoras más, no me importaba, pasaba días en tren con tal de no estar como estoy ahora, pero ya falta poco para llegar, a mi hogar.
Mi nombre es Regina Mills, veterinaria de profesión y Jockey de pasión, estoy volviendo de una larga estancia en Europa, diez años han pasado desde que salí de mmi hogar para buscar fortuna lejos de la controladora de mi madre "Cora", no puedo negar que ha sido una buena madre, me ha dado lo que desee exceptuando una cosa: Amor, Cora es una mujer recta que hace lo que cree mejor pasando por sobre quien ose interponerse, a mis 10 años tomó la decisión de acomodar mejor nuestro apellido al casarse con un hacendado de buena posición, lo que me alegra es que de esa unión no salieron más hijos, solo fuimos David y yo; David es mi hermanastro, un chico demasiado encantador para mi gusto, lo bueno es que lo dulce no es de sangre así que no fue necesario hacerme una transfusión total para evitar la diabetes, aunque es un romántico y un casanova, nunca le he conocido una novia real que le dure más de dos meses, siempre les ve algo de malo y lo más seguro es que las compara con la chica de su anterior pueblo, la que dejó cuando su padre se mudó a Maine para establecerse con mi madre, en contra de todos los pronósticos, David y yo hicimos un buen equipo, ambos apasionados por los caballos y con un don natural para el esgrima, en mi 18avo cumpleaños cumplí con el requisito de mi madre de graduarme del instituto de música y no hubo nada que me retuviera en mi país, cumpliendo la promesa que me hizo mi madre de dejarme partir me alejé sin mirar atrás.
España fue mi destino, la escuela de ciencias Agrícolas y medicina Veterinaria del lugar se dice es una de las mejores, además necesitaba estar lejos de mi familia, unos meses más tarde me enteré que David me alcanzaría al siguiente año para seguir Agronomía, así los dos viviríamos cerca y seguiríamos nuestros sueños. Adaptarme al lugar, y el idioma fue simple, por algo mi padre me enseñaba Español, sabía que lo necesitaría en algún momento, me hice amiga de los chicos de la residencia y para cuando David llegó hicimos un muy buen grupo de estudio y de salidas nocturnas, los primeros años fueron divertidos, pero en poco tiempo ya queríamos más dinero con David y empezamos a ingresar en el mundo de las carreras, sabíamos cómo ver que caballos tenían las de ganar, haber crecido entre animales y plantas nos daba herramientas de juicio y apostando de a poco empezamos a juntar una buena fortuna, compramos unos dos caballos y arrendamos lugar en la cuadra. En menos de un año tuvimos varios reconocimientos y dinero para establecernos, así nos acostumbramos y saliendo de la Universidad nos establecimos, viajamos por toda Europa en concursos y exhibiciones, pero ambos sentíamos que nos faltaba algo, así decidimos volver a nuestro país.
Y después de tanto pensar y recordar siento que el avión acaba de tocar tierra, me adelanté unas semanas a David pues no me gusta que nadie me vea lo descompuesta que me pongo al viajar, se supone que yo soy la fuerte, además él tenía que despedirse de su novia de turno y yo sentía en mi corazón que hoy debía llegar, bajamos del avión, hice el chequeo de maletas y me puse a esperar, 10 minutos más tarde estaba llegando al borde de la histeria, se supone que mis padres sabían la hora a la que llegaría y debían estar aquí, y peor aún, tenía la sensación de que alguien importante estaba cerca y peor aún me estaba mirando, aunque es obvio, en medio de un aeropuerto podía ser cualquier persona, en poco arribó otro avión y salió una multitud impresionante de gente, todos apurados, sumidos en sus mundos, y fue allí que sentí su cercanía, un empujón, un tirón y había perdido mi celular y mi bolso, y se supone que los aeropuertos son seguros, pero en medio del ajetreo la vi, rubia, buen cuerpo, piel clara y unos ojos azul mar lleno de algas, difícilmente uno puede definir ese color más que con las propias maravillas naturales, ella estuvo desconcertada, parecía que nunca la habían cogido infraganti, como perrito encandilado por las luces de un auto, nuestro contacto visual duró apenas segundos, pero fue suficiente para saberlo, era ella por quien decidí adelantar mi viaje, conocerla estuvo en mi destino, el encantamiento desapareció en pocos segundos y en su carrera la perdí de vista, en ese mismo instante tomaron mi brazo y una dulce voz conocida me saludo.
-Buenas noches señorita- era el mayordomo de la hacienda, un anciano divertido con la fuerza de un toro, su nombre Geppeto.
-Buenas noches, gracias a Dios llegaste, acaban de robarme y no hubiera podido ni telefonear y mucho menos pagar un taxi a la hacienda.
-Pero que horror, se supone que en los aeropuertos no pasan esas cosas, lamento la demora señorita, el tráfico me atascó- me dijo muy contrariado.
- No pasa nada Geppeto, mejor vamos a casa.
El viaje me ayudó a reponerme y tras unas horas de camino al fin divisé nuestra casa, en blanco y marfil con pilares antiguos, pequeños detalles en madera y una rusticidad que raya la extravagancia, una hermosa casa de hacienda, no es sino hasta este momento que me entero cuanto echaba de menos mi casa, subí los escalones de dos en dos y fui directo al comedor, donde mis padres me esperaban ya con la mesa servida, una cena tranquila con miles de preguntas por parte de mi padre y unos cuantos desplantes de parte de mi madre hicieron que la velada transcurriera deprisa y por fin la hora deseada.
¿Cómo diablos llegué aquí? Este bosque ni siquiera lo conozco, aunque tiene algo que me atrae, vivos colores a pesar de que se nota ha entrado ya la noche, la luna y las estrellas iluminan todo a mí alrededor hermosos colores llaman mi atención, pequeñas luciérnagas, pero esperen, las luciérnagas no son azules, rojas o violetas, ¿qué se supone que estoy viendo?
En un segundo sintieron mi presencia y desaparecieron, la verdad me estoy volviendo loca y aun así no sé dónde estoy, no estoy intranquila, más bien algo nostálgica, este lugar despierta mi corazón y mi… no puede ser… ¿magia?, pero que está pasando, puedo llamar las cosas con apenas desearlo y aparecer en cualquier lugar, esto no es lógico.
En poco siento que me observan, un par de ojos boscosos, tierra virgen y néctar puro de vida… me llaman… me atraen y yo camino como mosquito hacia la luz, todo el bosque dejó de hablar, no se escucha nada y eso es una mala señal, pero mi corazón me impulsa a seguir, apartarme de la luz y adentrarme a las profundidades donde siento que me miran y pocos pasos después la veo.
Hermosa figura, ataviada en un traje rojo con matices lilas y un hermoso collar que complementa su atiendo da órdenes para que encuentren a alguien, lo… maten.
En medio de mi miedo por su orden escucho su voz, el simple sonido que de sus cuerdas bucales emanan me relaja, estoy embrujada, y lo peor es que hace poco la que hacía magia era yo, me acerqué despacio pero mis pies me traicionaron y el ruido en medio del silencio nocturno hizo que la mujer volteara a verme.
-¿Quién eres tú, de dónde has venido?
- No tengo por qué responderte- fue lo que con coraje respondí para ocultar mi excitación, y lo que vi a continuación cambió mis sentimientos por el pánico, frente a mis ojos, la mujer tomó forma de una pantera, sus manos se volvieron garras y su cuerpo y rostro se contorsionó hasta tomar la forma, pero algo en ella no cambió, sus ojos seguían siendo los mismos, soñadores, oscuros, y sobre todos, vacíos, reflejando un miedo extraño a ser lastimado, si algo se me daba bien era conocer a la gente por su mirada.
Como buen felino me estudió, caminó rodeándome buscando mis puntos débiles, pero yo no dejaría ver ninguno, 23 años en la calle eran más que suficientes para saber cuidarme y defenderme, yo solo la observaba, el mismo caminar delicado pero firme, esa mujer era diferente a todas, era una reina.
Ella estaba lista para atacar y yo para defenderme; en segundos sentí su peso sobre mí e irremediablemente caí al suelo, podía percibir su aroma, pues mis fosas nasales estaban inundadas de manzanas y lirios, rodamos en el césped por varios minutos tratando de obtener el control una sobre la otra, sus garras se clavaron varias veces sobre mi piel y yo pude propinar unos cuantos golpes en sus costillas, pero nadie cedía, en pocos minutos sentí algo diferente, ya no era un felino sino un humano de nuevo y sus rasguños fueron intercambiados por suaves caricias, mi ropa hecha añicos por la pantera era sacada por completo por sus manos y sus rugidos dieron paso a besos ardientes, no eran besos delicados, sino más bien llenos de deseo, como quien intenta borrar las marcas de su ser en un beso, olvidarse de lo incierto.
Apenas pude recuperarme del primer asalto mis manos volaron a corsé y recordé lo que hace poco había descubierto, con apenas un deseo la mujer estaba en ropa interior y habíamos equilibrado la situación, y con voz jadeante me preguntó
-¿Sabes usar magia?- no esperó respuesta y se apoderó una vez más de mis labios, no era una pregunta, sino más bien una confirmación, poco a poco mi cuerpo supo que hacer, mi pierna se coló entre las suyas y ejerció presión… de seguro hubiera hecho eso al principio si hubiera sabido que un jadeo tan sutil de sus labios me encendería tanto, mi mano recorrió el camino hacia el sur y pude sentir su excitación, igual o más que la mía, sus movimientos me demostraban que estaba al borde, solo un poco más y ambas terminaríamos, pero yo quería sentirla hasta los más profundo de mí, quería ser uno con ella, hacerla sentir querida… mía.
Así sin aviso introduje dos dedos en su entrada, receptiva y anhelante de mi tacto me recibió, me atrajo, y sentí el calor en su interior, fuego y lava, calor y pasión, sus uñas me aferraron y pude sentir la fuerza del felino crecer nuevamente, un solo corte en mi espalda que el frío cicatrizó al instante, una embestida más y la sentí estremecerse, presionar y temblar, y con un último empuje la llevé hasta el cielo… cielo que nos recibió con un solo grito.
-¡EMMA!
-¡REGINA!
Se escuchó en dos partes distantes de la ciudad, Mary Margaret y Cora las despertaban para desayunar y ambas abrieron sus ojos de golpe, sin saber dónde estaban, o qué había pasado, ambas sudadas y con la respiración agitada se levantaron pensando en su sueño, al caminar ambas notaron un dolor extraño y tanta insistencia sin respuesta Mary Margaret y Cora entraban a sus habitaciones.
-Regina amor, ¿por qué tienes las costillas golpeadas?
-Emma ¿Qué le pasó a tu espala?
Ambas despertaron bien con esas preguntas y se observaron al espejo… y al unísono dijeron
-¡Esto no puede ser cierto!
Creo que es todo por hoy, ya estamos dentro de la historia, de allí en adelante veremos si se encuentran en sueños en la realidad y como serán las cosas, por ahora espero que todo claro, por favor si les gusta háganmelo saber...
Besos de chocolate
