Abrí mis ojos con pesar, mi cabeza dolía y mi cuerpo se sentía tieso, pude observa un techo, completamente blanco, ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Había sido un sueño?, Eran unas de las tantas preguntas que tenía en mi mente y ninguna tenia respuesta. Me senté con cuidado, mi cabeza dolía a horrores, al parecer estaba en una cama, bastante cómoda a decir verdad, quería quedarme, pero no podía, tenía que averiguar dónde estaba y porqué estaba allí.

Saque uno de mis pies de la blanca sabana y lo pose en el frio piso, seguido del otro y me levante, teniendo un mareo y cayendo sentada de nuevo en la cama donde antes había estado acostada. Parpadee varias veces hasta que todo dejo de darme vueltas y pude observar la habitación con claridad. Una hermosa peinadora de madera con un gran espejo perfectamente limpio, en una esquina había un enorme armario a juego con la peinadora, hermosamente adornado con retoques a pintura rosas y azules, al lado de la cama había una pequeña mesita, donde había una pequeña lámpara rosa. Lo que más me llamo la atención fue una puerta, una puerta de madera con iguales retoques del armario. Me levante de nuevo, esta vez con más cuidado, caminando lentamente hasta la puerta hasta que un viento frio, proveniente de la ventana a la que no había prestado atención congelo mi cuerpo, fue en ese momento que me percate que estaba totalmente desnuda, me sonroje cual tomate y me tape con mis brazos como pude, a pesar de que no había nadie en la habitación. Desvié mi rumbo hasta el armario y lo abrí, observando cómo hermosos trajes reposaban en ganchos y en un lado, había ropa también doblada; abajo, en un cajón, había muchos zapatos.

Escuche como la puerta se abría, rápidamente me escondí detrás de una de las puertas del armario, dejando mi cabeza fuera, mirando quien era él o la intruso, Una hermosa chica de largos cabellos castaños oscuros con un corto y hermoso vestido, quizás unos veinte o diecinueve años de edad, unos hermosos y muy abiertos ojos de un color café, claros y expresivos. Que me miraban con sorpresa, rápidamente entro y cerró la puerta.

— Al fin has despertado, no deberías de estar de pie—Su voz era melodiosa y muy hermosa, al igual que ella—Espera, Llamare a mi hermano—Y con eso la muchacha salió corriendo, mi mente estaba confundida, y quería salir, volví al armario y saque lo primero que vi, una falda más arriba de la rodilla negra y una camisa de botones blanca, unas sandalias bajas y abrí la puerta, me encontré con un largo pasillo, lleno de puertas, seguí caminando derecho, mas bien, en vez de caminar, corría, quería irme de ese lugar al cual no sabía cómo había llegado, sin darme cuenta choque contra un cuerpo, cerré los ojos esperando al frio piso impactarse contra mis glúteos, pero extrañamente eso nunca paso. Abrí los ojos nerviosa y alcé la mirada, encontrándome con unos hermosos y profundos ojos ámbar, sentía como si pudieran mirar a través de mi alma, me quede embobada hasta que caí en la cuenta que me tenia firmemente agarrada por la cintura, me eche hacia atrás, soltándome rápidamente del agarre y mirándolo con temor. ¿Quién era ese hombre? Al lado de él, un poco más atrás se encontraba la muchacha que antes había entrado a la habitación, había mencionado algo sobre llamar a su hermano, y por lo que deducía que el hombre que tenia frente a mi lo era. Quise hablar, pero mi voz no salía, sentía mi cuerpo extrañamente débil, un mareo repentino llego haciendo que me tambaleara y el hombre volviera a sostenerme, me cargo en brazos cual niña pequeña y caminó a la habitación en la que me encontraba momentos antes seguidos por su hermana, sentándome con suavidad en la cama. A pesar de haber querido forcejear y escapar, mi cuerpo no respondía. Fijé mi mirada en la porcelana blanca que tenía el piso, como si fuera la cosa más interesante del mundo en esos momentos.

—Estas muy débil—Escuche de nuevo esa melodiosa y tranquila voz, estaba confundida, tantas preguntas y ninguna respuesta, alcé mi mirada con temor hacia la chica, que me miraba con preocupación, intercale mi mirada al hombre, que me miraba fijamente. No me había dado cuenta de lo apuesto que era, un largo cabello extrañamente plateado, con porte de príncipe.

— ¿Q-Quienes son?—Alcance a preguntar con un hilo de voz, al parecer mi pregunta tomo por sorpresa al hombre y a la muchacha, pues la cara de ella estaba casi totalmente desencajada y el tenia sus ojos abiertos de par en par—¿Dónde estoy?—Pregunté, observando de nuevo el lugar en que me encontraba.

— ¿Ka-Kagome?—Musitó la muchacha, ¿Por qué sabia mi nombre y porqué estaba tan sorprendida?, mi rostro, una vez más, mostro confusión. Ladee mi cabeza a un lado en señal de que no entendía nada— ¿No sabes quienes somos?—Continuo la chica, obviamente que no, jamás en mi vida los había visto, negué con mi cabeza—Nunca te he visto, además, ¿Cómo conoces mi nombre?

El hombre dándose la vuelta obtuvo mi atención, tranquilamente y en silencio camino hacia la puerta, atravesándola y cerrándola tras de sí, dando un pequeño portazo, la muchacha suspiro y la miré extrañada— ¿Qué está pasando? —La muchacha me miro con una pequeña sonrisa y camino hacia mí, dándome un pequeño pero cálido abrazo, al cual no supe corresponder.

—Kagome…—Musito mi nombre, separándose del abrazo y mirándome tiernamente—Soy Rin, ¿me recuerdas?—Continuo hablando. Rin...Rin... Me sonaba en la cabeza, unas imágenes pasaron fugazmente por mi mente, pero así como vinieron se fueron, negué lentamente. La muchacha de nombre Rin suspiro tristemente y me miro con nostalgia—Mucho gusto, Soy Rin, aunque creo que ya lo sabes. —Soltó una pequeña risa— ¿Tú eres...?—Dijo como si estuviera presentándose, yo solo pude sonreír y le tendí la mando—Kagome, Higurashi Kagome—Rin sonrió abiertamente y estrecho mi mano—Un placer en conocerte, Kagome.

Habían pasado ya dos días desde que desperté en este extraño lugar, la casa parecía un castillo, y más que casa era una enorme mansión, de más de veinte habitaciones creía yo, pues me perdía muy fácilmente en ella. No había vuelto a ver a aquel chico de grandes ojos dorados, el hermano de Rin, según ella me decía. Todos eran muy amables y daban lo mejor de sí.

Bajaba las escaleras calmadamente mientras los sirvientes de la casa iban y venían en un rápido viaje, todos parecían muy nerviosos y yo no entendía el porqué, solté un suspiro y miré a Rin, que se encontraba sentada en el sofá de la sala de estar mientras me miraba con una sonrisa tomando lo que parecía ser una rica taza de té. Lentamente me acerqué a ella y me senté en el sofá que estaba justo frente a ella. Mis ojos se fijaron en un papel que había sobre la mesa al lado de la taza de té de la castaña, en el se escribían unos números pero le restó atención.

— ¿Ocurre algo, Por qué están todos tan apurados?—Pregunté con total curiosidad mientras tomaba una taza de té que una de las sirvientas me ofreció, ella soltó una pequeña risa, mientras dejaba la taza de té en un portavaso en la mesita—Hoy mi hermano volverá de su viaje, y estamos preparándole una bienvenida, vendrán muchas personas, debes ponerte hermosa—Explico sonriente, yo casi escupí el sorbo de té que había tomado de no ser porque me lo trague rápidamente—¿U-Una fiesta?—Coloqué la taza de té en la mesita, ella asintió y se levanto, la miraba atenta a sus movimientos, se acercó a mi rodeando la mesita y me tomo de las manos—Voy a ponerte deslumbrante Kagome—Sus ojos brillaban cual estrellas de emoción y me levanto del mueble, donde comenzó a correr, arrastrándome tras ella hasta donde era mi habitación.

Caminé hasta la cama y me senté, observándola a ella rebuscar por todo el armario y sacar un montón de vestidos de todos los colores y tirarlos en la cama a un lado de mí, ¿se suponía que debía probármelos todos? Un enorme suspiro salió de mis labios al verla tan entusiasmada, a decir verdad, No quería ir a esa fiesta pero por Rin lo haría. Me levante de la cama y me quite el lindo vestido primaveral que tenia puesto, para cambiarlo por un vestido amarillo con detalles negros, camine hasta el espejo y me mire fijamente, luego giré la cara para enfrentar a Rin y encontrármela completamente tirada en el sofá muerta de la risa, la mire algo enfadada y volví a mirar mi reflejo, para unirme a su risa. Me veía bastante graciosa con ese vestido, definitivamente, el amarillo no quedaba bien conmigo. Volví a la cama y cogí uno morado con azul que quedaba cinco dedos antes de la rodilla y se pegaba a mí como una segunda piel y tenía un escote en la espalda, dejando a la vista mi blanca espalda hasta el nacimiento de mis glúteos, volví a ver a Rin para observar como negaba con los ojos cerrados, diciendo que era "Muy Revelador para una fiesta formal". Me quité el vestido, ya me comenzaba a desanimar de nuevo en cuanto a la fiesta, a Rin no le gustaba ningún vestido que me ponía, así que decidí que me probaría este último, y si no le gustaba no iría y me quedaría toda la noche encerrada en mi habitación. Lo cogí con cuidado y Rin me ayudo a ponérmelo, con cuidado de no tropezar camine hasta el espejo y me observe, Rin me tomo de los hombros y miro también mi reflejo, con una gran sonrisa.

—Ese esta hermoso—Asentí afirmando lo que decía, era precioso. Un vestido Azul con verde estilo princesa, con volantes y detalles de rosas, parecía una de esas princesas de las historias de Disney. Definitivo, este sería el vestido que me pondría esta noche, con cuidado me quite el vestido y lo entregue a una de las chicas de servicio, había que plancharlo y esas cosas— ¿Tu que te pondrás, Rin?—Pregunte con notable curiosidad, a lo que ella soltó una pequeña carcajada—Ya lo verás—Dicho esto y salió de la habitación, dejándome sola en el cuarto.

Me tiré en la enorme cama mirando fijamente el techo. Esta chica, Rin...Era muy amable conmigo y me trataba muy bien, pero no podía olvidar el día en el que llegué aquí y hable con ella por primera vez, parecía...Parecía como si me conociera desde antes y eso me tenía muy inquieta, y no solo ella, también su hermano. Aquel hombre de grandes músculos e intimidante mirada que solo vi ese día, por algún motivo, no podía sacármelo de la cabeza, y eso que ni siquiera sabía su nombre.

Desperté por el insistente ruido de la puerta sonar, ¿me había quedado dormida? Ni cuenta; con un "adelante" me senté y desperté por completo, para ver a una preocupada y apurada Rin entrar a la habitación y mirándome con espanto— ¡Kagome!—Gritó mi nombre y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo— ¿Se puede saber porque aun no estas arreglada? ¡La fiesta empezara dentro de nada!; No importa, en un momento vendrá una sirviente a ayudarte a vestirte y ponerte hermosa –Dio una cálida sonrisa y me beso la frente, para luego irse y dejarme confundida, pues ella tampoco estaba arreglada— ¡Bien! Manos a la obra—Abandoné la cama y llegué al armario, para sacar el vestido que me pondría, aunque antes tomaría una ducha; Antes de entrar al baño llegó la sirviente que me dijo Rin, algo me decía que esto sería algo largo.

Cuando salí de la habitación de Kagome, no pude más que pensar en la fiesta, mi hermano volvería de un viaje que hizo en nombre de la familia y debía recibirlo de una gran forma, los sirvientes corrían de aquí a allá vueltos locos, que si las flores no van allí, que si la hora, que si la música…Todo era muy estresante, y al parecer, el estrés se me comenzaba a notar, pues uno de los mayordomos se me acercó con una interesante propuesta.

—Señorita Rin, quizás sea hora de que marche a su habitación a arreglarse para el gran evento, los invitados no tardaran en llegar; No se preocupe, yo me encargare del resto—Con una mirada agradecida corrí a mi habitación, detrás de mi venían dos mucamas que me ayudarían con el vestuario

Me encontraba atendiendo a los invitados de la fiesta, lucía un hermoso vestido largo color naranja con algunos detalles en rosa, en la parte superior del abdomen tenía un pequeño lazo que juntaba las dos tiras que le daban la vuelta a mi cintura, unas zapatillas de tacón blancas y el cabello suelto en bucles hermosos. Todo estaba saliendo como quería, al parecer Kagome aun no había bajado y eso me preocupaba un poco, aunque el motivo de la fiesta aun no había llegado todas las personas que invité debían estar, me encamine hacia las escaleras para buscar a la azabache cuando la vi aparecer, con su hermoso vestido verde y azul, su hermoso cabello negro relucía en un moño de lado, dejando escapar de su flequillo algunos rebeldes cabellos, un hermoso collar de diamantes y a sus pies, unas hermosas zapatillas azules con una rosa roja en el medio de estas. Realmente se veía hermosa y también, un poco apenada, cosa que causo en mí una tierna sonrisa.

Bajaba las escaleras con lentitud, aun sin acostumbrarme a que todas esas personas desconocidas me vieran, me sentía extraña…Sentía que ya había hecho eso antes; es como cuando tu cerebro olvida algo pero tu cuerpo sabe que ocurrió y es muy frustrante, traté de no prestarle atención a la desagradable sensación y terminar de bajar las eternas escaleras y llegar a donde se encontraba la organizadora de la fiesta y no sé si podría llamarla mi amiga para dedicarle una sonrisa.

—¿No ha llegado tu hermano?—Me pareció extraño que el motivo de la fiesta no esté para recibir a las personas que amablemente asistieron a su fiesta de bienvenida; Rin negó. De repente se acercaron tres personas a hablar con Rin, no les presté atención; miraba a las personas, mujeres elegantemente vestidas y hombres con una copa de lo que sea que estuvieran bebiendo en las manos, estaban allí, pero se veían tan lejanos; tan falsos. Mi mente fue obligada a volver a la realidad por la voz de los que hablaban con Rin.

—¡Eh Kagome, Te ves muy bien! – ¿Y este quien era?

—La verdad es que si se ve muy bonita, aunque no es su estilo— ¿Y este?

—Pues no le queda nada mal, deberías vestirte más a menudo así, Kag— ¿Ah?

Mi mente confundida no sabía asimilar la situación, miré a esas personas y luego a Rin, esta lucía como esperando que yo dijera algo, ¿Qué debía decir? No entendía porque estos sujetos conocían mi nombre y actuaban como si los conociera— ¿Por qué no dices nada Kag?—El sujeto que antes había dicho que me veo bien intento cogerme del hombro aunque claro, no me dejaría tocar por un extraño; retrocedí un paso con mirada incomoda, las personas me miraban entre asombrados y extrañados. Al parecer el moreno iba a protestar pero una horda de aplausos desvió nuestra atención hacia las escaleras.

Bajando por esas escaleras, a paso lento y porte que a mi vista se veía un poco altanero, bajaba el hombre de largas hebras plateadas, su mirada detonaba frialdad y su mirada pareció encontrarse con la mía, algunas imágenes pasaron por mi mente en ese momento, imágenes de él mirando mis ojos de la misma manera que ahora lo hacía. Sentí mi cuerpo desvanecerse y tuve que agarrarme de una silla para no caerme, cuando tuve mis sentidos al cien por ciento pude ver como ya él se encontraba frente a Rin. Tuve que disculparme y retirarme de la sala de fiesta, necesitaba un poco de aire fresco. Salió a uno de los balcones más alejados del ruido y se recostó al barandal, observando la hermosa luna llena que se posaba en medio de tanta oscuridad, una suave brisa acarició su rostro, removiendo suavemente sus bien peinados cabellos. ¿Qué lugar era este? A pesar de haber pasado ya dos días en la "casa" no sabía que sitio era, si estaba en mitad de un desierto o en el medio de una isla, o en la civilización, lo más probable era lo último, Luego estaba la siguiente pregunta; ¿Por qué todas esas personas me trataban como si me conociesen? Incluso sabían mi nombre, si los conociera no los habría olvidado. Qué cosa más rara.

Decidí que era tiempo de volver, caminaba entre los pasillos hasta que pasando por una puerta escuche la voz de Rin, sabía que no era correcto espiar pero la curiosidad era más grande que su abstención así que como pudo pegó la oreja a la puerta y vio por la ranura de la puerta levemente abierta las figura de los tres de hace un rato, a Rin y al hermano parado frente a ellos, totalmente en silencio desde que Rin habló. El hermano de la Castaña abrió la boca y lo que escuché me dejó totalmente paralizada.

—Kagome ha perdido la memoria, no nos recuerda a ninguno de los que estamos aquí presentes.

Esa frase le cayó como balde de agua fría.

Ahora entendía porque el papel donde Rin anotaba los preparativos para la fiesta, marcaba una fecha distinta a la que recordaba.


Lo se, Quiero disculparme con las chicas que comenzaron a leer el fic, sé que me tarde siglos en continuar y ¡lo siiieeento! Tirenme tomates si quieren ;c Prometo tratar de actualizar más rápido esta vez. ¡FELIZ AÑO NUEVO!

¿Reviews?