CAPÍTULO 2: Retrasada.
Luego del último suceso, los días fueron transcurriendo nuevamente. Las semanas próximas fueron ciertamente incómodas para Hermione, quien tenía la mala suerte de compartir la gran mayoría de sus clases con Malfoy. Recordaba el sueño y se sonrojaba sin darse cuenta. Se insultaba mentalmente y fruncía su ceño, manteniendo ese carácter autoritario, propio de ella. Para ella, fue solo un sueño; un descontrol de sus hormonas. Nada más.
Es un día nuevo en Hogwarts. Un agradable clima se presenta, lo cual es muy bueno para los planes que los jóvenes magos tienen preparados para hoy.
Los exámenes finales por fin habían concluido y, para despedir este ciclo, toda la escuela iría a Hogsmade por un fin de semana. La idea fue propuesta en primer lugar por la profesora McGonagall, quien creía que los estudiantes se merecían un descanso luego de tanto esfuerzo. Y tras la algarabía y la obvia aceptación de los jóvenes, se dirigió al despacho del profesor Dumbledore para discutirlo. Obviamente, y siendo que Albus es un hombre que cree en lo que es justo y en lo que no, accedió a permitir dicho viaje.
- ¡Saldremos en tres días! Recuerden ser puntuales, ya que si se retrasan, no habrá excusa que valga. ¿De acuerdo? –dijo McGonagall, haciendo hincapié en su seria advertencia.
- ¡Sí, profesora! –respondieron los alumnos al unísono para luego retirarse y, cada uno, seguir con sus actividades de aquel día.
Luego de aquello, los días siguieron transcurriendo con normalidad. Algunos grupos se demostraban más entusiasmados que otros. Los Slytherin planeaban en voz baja las posibles bromas que realizarían llegado el momento; pobrecillos aquellos que caigan, aunque, no es nada que un simple Riddikulus no pueda ayudar a invertir la situación, y sean ellos quienes terminen siendo el hazmerreír, ¿o no?
Por otra parte, algunos Ravenclaw comentaban lo interesante que habían sido los tomos de La Historia de Hogwarts que les encargaron leer para los exámenes. Algunos Hufflepuff se escandalizaron de tan solo escuchar aquello, otros agradecían que hubieran terminado, y algún resto solo se limitaba a hacer silencio y a asentir a lo que sus compañeros decían.
¡Los Gryffindor! Ah, Gryffindor. Qué gran casa, ¿no? Albergando grandes jugadores de Quidditch, talentosos magos y la legión de los Potter desde tiempo inmemorables. ¿A poco no es genial? Oh, sí que sí. Bueno, pues. Algunos de ellos realizaban comentarios que nada tenían que ver con el viaje en cuestión, otros hablaban de las brujas a quienes conquistarían y pues, luego estaban Ron y Harry, quienes jugaban con el mapa del merodeador, espiando a las demás personas que aún se encontraban en el castillo. Y se descostillaban de la risa de cómo Snape perseguía a paso rápido a uno de los cacharritos de Ron, que había puesto en un pasillo más temprano, cuando se levantó.
- Mira como corre, Harry. ¡Mira! –exclamaba el pelirrojo, tomándose levemente del tabique de la nariz y riendo sin poder controlarse demasiado.
- Lo veo, Ron. Lo veo. –respondió el tan famoso mago, observándolo todo a través de sus redondos y viejos lentes, con una sonrisa de oreja a oreja, sin duda teniendo más diversión de la que nunca tuvo en casa de sus tíos. A excepción de las veces en que, accidentalmente, le causó problemas a varios de ellos y rió divertido. Pero era una diversión que pronto terminaba en castigo y aislamiento sin cena, no como ahora.
- Oye, Harry. ¿Has visto a Hermione? No la veo por ningún lado y temo que llegue tarde. –comentó Ron, torciendo su boca en una mueca de preocupación y pasándose ligeramente sus manos por su melena pelirroja.
- Sí… digo, no. Es decir, es extraño ahora que lo mencionas. Ella jamás llega tarde. –respondió el niño que vivió, mirando hacia todos lados y esperando que su mejor amiga saliera de la nada.
- ¿Crees que le haya sucedido algo? ¿Crees que Snape la haya atrapado y castigado por mi culpa? ¿Crees que algún mortífago la atr- ¡Ay! –se quejó y se tomó del hombro, lugar donde Potter le había propinado un zape por no calmarse. Lograba ponerlo nervioso a él también, y es algo que no necesitaban ninguno de los dos en ese momento-. ¿Por qué lo hiciste? –preguntó, con un hilo de voz.
- Me pones nervioso, Ron. Cálmate. Entre más nos exasperemos, más problemas nos imaginaremos y sabemos que ella no es ninguna tonta y aparecerá en algún momento. Eso lo sabes, ¿no? –preguntó el mago.
- ¡Claro que sí! –respondió de manera rápida Weasley, como si se mostrara ofendido de que su gran mejor amigo dudara de que él no conociera en lo suficiente a la castaña.
Por otro lado, el mismo panorama de semanas anteriores volvía a repetirse, en parte. L os suaves rayos del sol de ya casi mediodía lograban hacerse camino entre las cortinas de la habitación femenina de Gryffindor mientras se observaba un tumulto en una de las camas, y el resto, yacían vacías.
Lentamente el tumulto fue moviéndose, lográndose divisar una muy rebelde melena entre las sábanas. Ah pues, es Hermione.
La joven abrió poco a poco sus ojos, arrugando la nariz, apenas, en negativa respuesta a la molestia que ocasionaba el estrepitoso brillo en sus ojos marrones-. Hmm…-se quejó por lo bajo, con pocas ganas de salir de la cama. Pero luego, en un momento y de repente, lo recordó. Oh no.
¡Hola, olvidadiza, ya es fin de semana!
- …¡Por Merlín! ¡Agh, diablos! ¡Me quedé dormida! Ay, no. –comenzó a alarmarse la joven bruja y salió rápidamente de su cama, enredándose con sus sábanas y cayendo al piso, golpeándose fuerte. Esos serían moretones seguros. Rabiando con su malhumor matutino, se levantó del piso aún luchando con las sábanas y buscando desenredarse, lográndolo finalmente. - ¡Ya basta! –se gritó a sí misma-. Calma, Hermione, cálmate. Ahora te vestirás, olvidarás el desayuno y te irás rápido a la entrada del castillo. Sí, eso harás. –sin perder ni un solo segundo, tomó la ropa que utilizaría, corrió al baño, se cambió rápidamente con la ayuda de un hechizo y luego salió de allí, echándose a correr tan rápido como le daban sus piernas. Y, cabe recordar que el estado físico de Granger, no es el mejor.
Uno paso, dos pasos; uno, dos; ¡uno, dos! ¡Más rápido!
Los pasos se oían rápida y repetitivamente por el lugar, ocasionando eco en el espacio mientras las personas de los cuadros que yacían colgados en las paredes fruncían su rostro, molestos, clamando por un poco de paz y poder tener algunas horas de plácido sueño sin que niños ocasionaran molestos ruidos, o que algún sapo babeara sus tan cuidados marcos.
"¡Por Merlín! No tendría que haberme quedado hasta tan tarde leyendo. ¿Por qué no le hice caso a Ginny? Soy un desastre. Todo un desastre." –pensaba Hermione, molesta, mientras corría por uno de los largos pasillos de Hogwarts, esperando que no fuera demasiado tarde.
Sí, ¡sí! Allí veía una luz al final del pasillo. Es la salida.
"¡Bravo! Esto es un golpe de suerte" –se animaba mentalmente la castaña, corriendo y corriendo, sintiéndose ya desfallecer-. ¡Al fin llegu-…..! –Mas guardó silencio y un escalofrío recorrió su espina dorsal-. Ho… ¿Hola…? –habló a la nada. Ya no había nadie. Ni rastro de profesores, alumnos, ni siquiera de sus amigos. Resopló. Después de todo sí había llegado tarde-. Qué considerados. –exclamó con obvio sarcasmo y notable molestia. El problema no era que tuviera que quedarse o que hubiera llegado tarde. El problema era que sus amigos no esperaron por ella. Y eso lograba enfadarla mucho.
- Já. ¿Acaso creías que esperarían hasta el último minuto por ti…? Serás buena alumna, pero no llevas coronita aquí, Granger. –dijo una voz tras de ella-.
"Esa voz…" pensó la muchacha. Ella reconocía esa voz bastante bien. Suspiró quedó y se giró sobre uno de sus talones, encarando al dueño de aquel palabrerío.- No molestes, Malfoy….
