CAPITULO 2: Garras y Sangre
Saito y su compañero caminaban, o mejor dicho, se arrastraban por las calles de Goldenrod. La gente que pasaba se los quedaba mirando un buen rato ya que al encontrarse en tan mal estado llamaban mucho la atención. Finalmente el chico solo pudo andar unas cuantas cuadras antes de desplomarse en el suelo. De sus heridas se derramaba un líquido rojo que manchaba la vereda.
Unos cuantos gritos fue lo ultimo que el joven escucho antes de quedar completamente inconciente.
Cuando Saito despertó se dio cuenta que se encontraba acostado en la cama de una habitación que nunca había visto. La sala era color blanca desde el techo hasta las cortinas, que ondeaban con el viento que venia de una ventana. La luz anaranjada del sol que entraba pintaba el blanco de la piesa. El chico se sentó en la litera con una mirada perdida, trataba de recordar lo que había pasado.
Al tocarse el brazo derecho observo que tenía varios puntos e inmediatamente noto los que recorrían desde su pectoral izquierdo hasta su abdomen.
Los recuerdos volvieron como un flash a su cabeza, había peleado con un gato negro y después desmayado en la calle.
-Cierto ¡el gato! ¿Dónde esta el gato?- exclamó preocupado.
-Si te referís al Pokemon con el que estabas, esta ahí en la ventana- dijo una joven enfermera señalando al Sneasel que se encontraba recostado en el marco.
-Hace 2 días que no se mueve de ahí, te debe querer mucho ¿sos su entrenador no?
A Saito le sorprendió esta ultima palabra, entrenador… el no conocía nada de eso. Aunque había visto varias peleas por TV o en el gimnasio local, nunca le habían interesado tener uno de esos bichos ya que le parecía demasiado trabajoso criarlos.
-Si, algo así- contesto inseguro
-Lo llevamos al centro Pokemon pero cuando se recupero vino y se quedo ahí, casi se muere el pobrecito ¿sabes quien lo pudo lastimar así?
-Ni idea…- respondió revoleando los ojos.
-Bueno no importa…, pero vos es la segunda vez que venís en el mes, ya ni siquiera me voy a molestar en preguntarte que te paso seguro me das una de esas respuestas boludas tuyas.
A Saito le dieron el alta al DIA siguiente, aunque le dijeron que tenía que volver dentro de una semana para que le retiraran los puntos.
Caminaba a casa mientras el gato lo seguía. Se preguntaba hasta cuando iba a hacerlo ya que sus heridas ya estaban curadas, entonces recordó haberle ofrecido algo de comer seguramente esa era la razón.
No importaba capaz si le daba algo del guiso que quedaba en la heladera se llenase y vaya, esperaba que su hermana no se lo haya comido.
El pensar en su hermana le hizo preguntarse porque no había ido a verlo mientras estuvo en el hospital. Para después asumir que seguramente estuviera peleado con algún tipo por ahí.
-Ey bicho mi casa queda por acá seguime- le señalo el chico
El gato le soltó una mirada de odio.
-¿Qué te pasa bicho?- pregunto
Al terminar esta frase el felino salto y empezó a golpear a Saito con el reverso de sus garras y este se defendió con una sarta de puñetazos.
Debido a los golpes una nube de tierra se había levantado dejando ver solo algunas partes de los cuerpos de ambos, que aparecían y se escondían por momentos.
De repente el joven sintió un golpe en el cuello que lo dejo inmóvil y para su sorpresa el Sneasel también se había detenido. Saito recordó ese dolor en un instante ya lo había sentido antes. Luego de unos momentos pudo recordar y grito:
-¡Ryuji donde mierda te escondes, Salí Maricon!
-Ey, Ey baja un cambio siempre tan agresivo vos- dijo con una sonrisa el joven mientras salía de detrás de Saito cargando un bokken en una de sus manos.
Ryuji era un joven apuesto y pelirrojo de la misma edad, por poco, más alto y despedía un aura de bondad por donde andaba. Poseía unos hermosos ojos azules y un peinado bien arreglado y a diferencia del otro joven siempre sonreía. Vestía una remera blanca y una par de jogging negros además de una bandana verde en la cabeza.
-¿Ahora vas por la calle pegándole a la gente sin razón?- pregunto Saito mientras se incorporaba.
-¿te parece? Solo vi un animal maltratado y no pude quedarme con los brazos cruzados- contesto el joven.
-¿Maltratado? El bicho este me empezó a sacudir sin razón- Contesto furioso.
Y bien volvió a terminar la frase, el Felino arremetió nuevamente pero esta vez Ryuji lo atrapo en el aire y acercándose le dijo al oído:
-No te preocupes yo voy a hablar con el- mientras lo soltaba suavemente en el suelo.
El Pokemon se sonrojo e inclino su pequeña cabeza en señal de aprobación
-Por lo visto a Sneasel no le gusta que le digas bicho- exclamo sonriendo.
-¿Sneasel? ¿Así se llama?- pregunto Saito.
-No exactamente, a la especie se le dice así pero el nombre es el que vos le pongas-respondió tranquilo.
-De todas formas ¿que haces por acá Ryuji? pensé que a esta hora trabajabas en el negocio de tus viejos.
-Si pero vengo de hacer una entrega, te vi y pensé en saludar- respondió –pensé que no iba a vivir para ver el día en que vos tuvieras un Pokemon. – Rió el joven.
-En realidad no es mío, nos conocimos en circunstancias algo raras…
-Ya veo, eso lo explica - dijo rascándose la barbilla –Igual es medio raro ver este tipo de Pokemon por acá ¿no será de alguien?
-Ni idea, capaz que si- respondió mientras pensaba.
-Bueno Saito disculpa que interrumpa el pensamiento pero tengo que seguir con las entregas- dijo mientras se acomodaba la bandana.
-Nos vemos entonces.
-No seas larva y ponele un nombre –grito a lo lejos mientras se perdía de vista.
-Si, si…- contesto con un suspiro -siempre mandándome este tipo- pensó.
Camino a casa Saito se desgastaba el poco cerebro que tenia pensando un nombre para el felino. Cualquiera que lo hubiera visto podría jurar que un poco de humo salía de su cabeza.
Su compañero lo seguía como un pequeño soldado. Su mirada se detenía en casi cualquier cosa. Parecía sorprendido por el paisaje urbano de Goldenrod:
Las calles pavimentadas eran muy amplias, por ellas circulaban un sinfín de automóviles algunos muy modernos y otros no tanto.
Era muy vistosa la cantidad de edificios que uno podía observar tan altos que apenas lograba saberse con certeza donde se terminaban. Los Pidgey posaban sobre muchos de ellos en donde armaban sus nidos y criaban a sus polluelos.
Nunca faltaba algún Hondour rezagado de su manada que revolviera los tachos de basura, aunque era muy raro verlos en el día ya que principalmente salían de noche para no ser molestados por las personas.
El joven dejo de maquinar un nombre y miro intrigado al Pokemon. Por lo visto nunca había salido de ese callejón pensaba, y con una débil sonrisa siguió en lo que estaba.
-Bueno un nombre mm... ¿Cómo te puedo poner? ¡Ya sé! Cutman te queda como anillo al dedo bueno… a la garra.
El gato lo miro con cara de "ni en pedo me vas a decir así".
-¿no te gusta? Bueno Slash entonces, ¿tampoco? ¿Cutter?, ¿Cut?- siguia nombrando ya que ninguno parecía gustarle al felino.
Entonces vio como las garras de Sneasel brillaban con la luz del sol parecían muy afiladas. Eso le dio una idea.
-Listo te llamas Sharp no me rompas mas las bolas
Al ver que no tenía más opción y el nombre no le disgustaba demasiado Sneasel acepto.
Ya era de noche cuando llegaron.
La casa se encontraba lejos del centro, en la parte menos urbana de la ciudad. Parecía medio antigua ya que el color de la madera se había opacado hasta adquirir una tonalidad oscura, además faltaban unas cuantas tejas del techo rojizo debido seguramente a los fuertes vientos de invierno.
Al acercarse a la vivienda algo llamo la atención de Saito, la puerta del frente estaba abierta. Un escalofrío recorrió la espalda del chico, algo andaba mal podía sentirlo.
Saco su navaja del bolsillo y miro a su compañero, este bajo su cabeza en señal de que había comprendido.
Silenciosamente entraron por la puerta entornada, Saito estaba en shock al ver lo que una vez fue su casa:
La vajilla estaba rota y desparramada por el suelo de la cocina, los sillones desgarrados por lo que parecían ser cortes. La única televisión de la casa tenía el vidrio roto y un poco de humo se escapaba por el agujero. La mesa del living se encontraba reducida a escombros junto con la foto de sus padres.
La ira que recorría su cuerpo era indescriptible fuera quien fuera el que le había hecho esto iba a pagar y caro, pero ese sentimiento se perdió en un instante al recordar un nombre: Reiko. ¿Donde se encontraba?, ¿Estaba bien?, ¿Le habrían hecho algo? Estas eran algunas de las preguntas que recorrían su mente para luego ser respondidas por un "pero ella es muy fuerte nada puede pasarle ¿verdad?"
Pero no podía perder mas el tiempo con pensamientos inútiles tenia que saber que había pasado.
Pisando unos cuantos platos, vasos y demás vajilla rota que había en el suelo se dirigió por el espacio abierto que conectaba todas las habitaciones de la planta baja, a la escalera que llevaba al segundo piso. Sharp dio varios saltitos para acercarse a los escalones. Salto desde unos restos de lo que parecía una silla hasta lo que quedaba de la mesa de la cocina y corrió por una pared unos segundos para aterrizar en el principio de los escalones. Lo hizo con tanta naturalidad y destreza que ningún sonido pudo escucharse.
Subieron las escaleras sigilosamente sin problemas, el pasillo del segundo piso se veía despejado. Tres habitaciones eran las que había en esa planta, abrió despacio la de su hermana para encontrar el mismo desastre que había en la primera planta.
Al no ver señales de lucha en ningún lado la preocupación de Saito había disminuido aunque sabia muy en el fondo que eso no significaba nada ya que el enfrentamiento no tenia por que ocurrir en esa habitación.
Se dirigió entonces a comprobar su propia piesa. Abrió lentamente la puerta y pudo ver un hombre parado con una sonrisa en el rostro. Parecía no de demasiada edad, tenia rapada la cabeza y una bien cuidada barba candado. Unos dos metros era lo que lo separaba del piso y aunque no podían verse bien debajo de sus ropas, parecía tener músculos bien desarrollados. Estaba vestido de saco y corbata ambos negros, una gabardina que cubría sus hombros y un par de aguantes de cuero protegían sus manos.
-Te estaba esperando chico- dijo tranquilamente el hombre.
-¡¿Quién mierda sos?! ¡¿Qué hiciste con Reiko?!- se apresuro a preguntar el joven
-¿Eh? ¿Esa mujer idiota? Se quiso hacer la macha así que le tuve que enseñar lo que era un hombre de verdad- respondió el hombre sin perder su malévola sonrisa –pero no te preocupes dame al Pokemon ese y solo te voy a dejar con algunas fracturas te doy mi palabra- dijo mientras señalaba a Sharp que se encontraba a garra alzada al lado del joven.
Saito miro al Sneasel por unos segundos ¿para que lo querría? Sea lo que sea no debe ser para nada bueno pensó al ver la mirada asesina que le lanzo Sharp al hombre.
-¡Hijo de puta no te voy a dar nada, decime donde esta mi hermana!
Gritando esto Saito se lanzo corriendo hacia hombre con la navaja en la mano. Trato de apuñalarlo pero este se movió para un costado y lo esquivo fácilmente.
-Mierda estoy abier…- no pudo terminar la frase ya que un puñetazo dio en su rostro.
La fuerza fue tal que el joven salió despedido unos metros para luego quedar desparramado en el piso.
En sus muchas peleas había recibido varios golpes pero nada como ese. Parecía que le hubieran pegado en muchas partes porque la sensación de dolor recorría todo su cuerpo.
Un hilo de sangre salía de su boca pero inmediatamente se lo limpio al incorporarse.
-¿Con que mierda me pego? ¿Con un bate de aluminio? ¡Como duele la puta madre!- pensó.
-OH te levantaste te tengo que dar algo de crédito pocos lo hacen después de ese golpe, igualmente fui gentil pero la próxima vez no voy a serlo, entrégame el Pokemon antes que sea tarde- dijo al ver pararse al chico, mientras se ajustaba los guantes.
-Ese golpecito pedorro no es nada a diario me dan mejores- sonrío Saito recordando a Reiko –ahora puedo pelear mas tranquilo un maricon como vos no le pudo haberle ganado a Hitmon Norris
-Pendejo de mierda yo te voy a enseñar- murmuro con ira.
El hombre esprinto contra Saito, y al estar a alcance lanzo varios jabs a una velocidad alarmante, pero a el chico no le costaba demasiado eludirlos. El hombre al ver que no podía darle lanzo un directo de derecha, el joven ya lo estaba esquivando cuando el derechazo se freno en seco y el otro puño voló hasta el estomago de Saito.
¡Mierda una Finta! Pensó pero era demasiado tarde y su cuerpo no pudo reaccionar a tiempo, el puñetazo dio de lleno y el joven callo de rodillas al suelo agarrándose la panza con la expresión de un dolor insoportable en su rostro. Puso una mano en su boca y tosió un poco de sangre, se la limpio en su ropa y volvió a pararse.
-La diferencia es mucha, no me hagas matarte- dijo seriamente el individuo.
-Recién estoy calentado- mintió el joven lanzándose nuevamente al ataque.
Esta vez no atacó primero ya que se dio cuenta que el estilo de lucha de su rival era de boxeo pero no cualquier boxeo era In Boxing (un tipo de boxeo en el cual uno se pega a su rival y lanza golpes sin alejarse). Que para suerte de Saito era un estilo contra el que ya se había enfrentado antes.
El hombre al ver que su oponente no atacaba volvió a lanzar varios jabs que el chico volvió a esquivar, trato de lanzar un directo con la derecha pero por alguna razón su brazo callo sin vida. Al observar con atención el brazo el individuo se dio cuenta que tenia pequeños cortes por todos lados.
-Cuando fue que me lo hizo- pensó con una cara de sorpresa
-Cuando lanzaste esos jabs, descubrí tu ritmo y lo demás fue fácil- dijo Saito leyendo la mente de su oponente
-Ha ha veo que no sos un pendejo cualquiera pero si pensabas que hago boxeo te equivocas, porque yo practico…
Mientras decía esto esprinto hacia el chico alzo su extremidad restante y lanzo un directo de izquierda que fue esquivando con un salto hacia el costado pero antes de que el adolescente tocara el suelo una patada impacto en su cuerpo lanzándolo contra la pared el impacto le hizo soltar el cuchillo.
-Kickboxing- dijo terminando la frase
Saito con rabia trato de levantarse pero no pudo tenía varias costillas rotas y le costaba respirar.
-Todo termino chico peleaste bien- explicó mientras sacaba un arma y le apuntaba a la cabeza
Voy a morir acá perdóname hermana, no pude hacer nada es muy fuerte, no puedo con el. Hay tantas cosas que quería hacer… no quiero morir, no quiero morir…
-¡MIERDA NO QUIERO MORIR ACA!- grito con todas sus fuerzas.
El hombre de negro sonrío con el arma aun apuntada pero antes de poder apretar el gatillo su mano tembló y dejo caer la pistola. Un sonido suave se escucho y su mirada se dirigió a su pecho donde dos garras blancas lo habían atravesado de par en par. Un río de sangre escurría de su herida el cual tiño en un instante su camisa de rojo.
-X2 maldito estas del lado de este pen…- quiso terminar de hablar pero otro par de garras atravesó su cuerpo.
Escupiendo líquido el hombre dijo sus últimas palabras:
-Te vas a arrepentir de esto pibe te lo aseguro…
Las garras de Sharp habían sido extraídas de su pecho y esto causo que el hombre se tambaleara pero aun seguía de pie.
Saito a duras penas se incorporo, tomo su navaja, se acerco y le dijo:
-Yo nunca me arrepiento de lo que hago, ¡MORI BASTARDO!
Dicho esto le corto la garganta con su cuchillo. La presión de la sangre que salió de la herida le mancho desde la ropa hasta su rostro. El cuerpo del hombre se desplomo en el suelo.
El chico estaba en shock nunca le había quitado la vida a alguien pero si lo hubiera dejado vivo seguramente habría vuelto a buscarlo para matarle.
Las manos le temblaban y sus ojos habían perdido su chispa usual. Era el o yo repetía mentalmente pero no podía convencerse. De repente un golpe en la nuca lo saco de su transe Sharp le había pegado y lo miraba con determinación. No tenía tiempo para compadecerse no sabia donde estaba Reiko y ahora tenia un amigo que lo necesitaba.
Tomo el arma del cuerpo sin vida y lo reviso para ver si tenia algo que le pudiera decir quien era ese sujeto. Encontró una identificación y una esfera negra con la inscripción X2 en uno de los bolsillos.
-Nos vamos Sharp no tenemos nada que hacer acá
El felino asintió. Pero antes de llegar al final de la habitación la puerta se abrió y una pequeña bola verde oscuro entro rodando. Saito ya había lo que era gracias a su padre, y rápidamente tomo a su amigo con un brazo, corrió hacia la ventana y saltando atravesó el vidrio hacia el exterior.
Cuando la granada exploto una nube de fuego salió de la ventana segundos después de que el joven saltara al vacio. El fuego pasó por la espalda del chico causándole algunas quemaduras.
Aterrizo en la vereda como pudo tratando de proteger al Sneasel con sus brazos pero esto causo que no pudiera adquirir una posición adecuada y cayó sobre uno de sus brazos. Un dolor intenso recorrió su espina y sabía con seguridad que se lo había roto. El Pokemon lo miro con cara de tristeza y no pudo contener las lágrimas.
-No te preocupes es solo un rasguño- mintió el joven –ahora tenemos que salir de acá rápido esos tipos no van a tardar en encontrarnos.
Y así se alejaron de la casa ahora en llamas por la explosión sabiendo que no podrían regresar.
Din dong sonó el timbre de la casa de Ryuji mientras este se levantaba poniéndose las pantuflas de Snorlax en su pies.
-Ya voy, ya voy ¿quien puede ser a las tres de la mañana?- bostezo el joven.
Cuando abrió la puerta un joven de cabello grisáceo y ropa andrajosa se desplomo enfrente de el.
-¡Saito! ¡Saito! ¿Que te paso?- grito desesperado.
Pero el joven no respondía estaba totalmente inconciente.
