Rose se fue a su cuarto. Nada le afectaba mas que hablar de su esposo muerto y de su vida matrimonial. Su tía Esme la siguió.

- Querida, no te empeñes en creer que fuiste feliz con Royce.

- Lo fui.

- Mentira. Una mujer no puede ser feliz junto a un hombre que le gasta el dinero que sus padres le dejaron y busca entretenimiento fuera del hogar. Tu te morias de dolor, esperándolo.

- Tía Esme, por favor…

- Tienes que volver a vivir, Rose. No puedes enterrarte en un recuerdo. El dia que vinieron a decirme que Royce se había estrellado en el auto, que Dios me perdone, pero no sentí dolor. Te quedo un hijo y Esmie venía en camino.

- Tía , prefiero recordar a Royce con agrado, no con rencor.

- Y mientras tanto, los hombres pasan a tu lado y tu ni te enteras.

- ¿Crees que alguien va a quererme? Tía, soy una viuda con dos hijos.

- Eres una viuda joven, bella y decente. ¿Por qué no?

- Mira, tía, si te empeñas en hacerme recordar que fui desgraciada en mi matrimonio, como es lógico no voy a querer casarme otra vez.

- Nadie cae dos veces en la misma equivocación, Rose. Antes eras muy niña y te dejaste engañar. Ahora sé que vas a elegir bien.

- Mira, tía, te voy a confesar algo para que no insistas en lo mismo. No quiero pensar en mi desengaño amoroso, pues prefiero tener limpio mi corazón de malos recuerdos. ¿Sabes por que? Para amar de nuevo. Si me caso otra vez será para amar mucho y eso no es posible si en mi hay odio hacia Royce. De esa manera no volveré a casarme. ¿Me entiendes?

Tía Esme suspiro y solo dijo:

- Sí, querida.

Al día siguiente, cuando Rose dejo la oficina a las seis de la tarde, lo vio donde siempre. El desconocido se puso de pie y la siguió a cierta distancia. A ella le molestaba la persecución y, a la vez, le halagaba. Sonrió. En realidad, no le interesaban los hombres. Tía Esme tenía razón, pues había sido muy infeliz en su matrimonio. Su experiencia al lado de Royce fue demasiado dolorosa. Fue un hombre alocado y ambicioso, sin ninguna responsabilidad.

Iba a entrar en el metro, cuando el desconocido se detuvo a su lado y le sonrió. Rose lo miró seria, pero pudo observarlo mejor. Tenía los ojos azules y era muy atractivo. Se notaba que era un hombre que había vivido mucho.

''Seguro que este hombre busca una aventura amorosa. Se equivoca conmigo'', pensó Rose y siguió caminando.

El hombre la siguió y Rose sintió una rabia incontenible. Estuvo a punto de volverse y de reclamarle por su acoso, pero pensó que sería ridículo hacerlo. A fin de cuentas, el no la había molestado, ni siquiera le había dirigido la palabra.