Con esto, les ofrezco una gran e inmensa disculpa.
No, no lo he abandonado, sólo que entrar a la universidad no es algo que me deje mucho tiempo. Medicina es mi especialidad, eso significa menos tiempo.
Como verán he editado completamente la historia, en si en esencia sigue siendo la misma, solo con mejoras y una historia más profunda como pueden observar. Me di cuenta de todos mis errores, y sé que aun hay, pero quería darles el primer capítulo y la introducción, con ello, me gustaría una opinión, quiero borrar los capítulos pero con ello se irían sus preciados reviews.
No quiero que me odien o se enojen, y peor aun sientan decepción. Es solo un descanso el que me di, uno muy grande pero para poder darles a ustedes, mis lectores, una buena y bien estructurada lectura. No es una excusa. Pero si les ofrezco una disculpa.
Con esto dicho, disfruten el capitulo
Capitulo 1º Conviviendo
La penumbra de aquella monumental guarida era arrasadora. Y a pesar de que aquellos hermosos candelabros de metal puestos sobre columnas jónicas en cada lado del corredor intentaban alumbrar, no lo lograban del todo, puesto que la esbelta figura que vagaba lentamente por los pasillos no podía vislumbrar más allá de tres metros. Sin embargo, eso no la detenía para poder admirar aquella obra de arte hecha bajo tierra. Sin duda, el buen gusto de los asesinos más temidos; conocidos como Akatsuki era palpable. Si la escaza luz, dada por los candelabros apenas podía alumbrar su figura, prácticamente ella tenía que acercarse a cada muro para poder maravillarse con las esculturas de bajo relieve que se hallaban en los muros.
Sus pasos eran lentos, pausados y con sus finas manos tocaba suavemente estas obras de arte; pero lo hacía con tanta sutileza, como si temiera que desapareciera con un solo toque, como si temiera que todo fuese un sueño. Le llamó mucho la atención el tipo de arte que era. Figuras largas y estilizadas eran las que protagonizaban cada obra.
Observó todo el muro y luego suspiró cansinamente; pareciendo que iba a desfallecer. Se recargó en el muro, quitada de la pena y lentamente se dejó caer, quedando sentada. La hermosa figura que se encontraba tirada en el piso tenía una hermosa y sedosa cabellera negra, no tan larga, sujetada en una cola de caballo; dejando dos mechones caer libremente a cada lado de su rostro. Su tez era tersa, clara y ésta hacia juego con ambos ojos azabache, tan profundos como la noche. Su figura era esbelta, y cubierta por una túnica negra de nubes rojas; pertenecientes a la organización de Akatsuki. Sin embargo eso no completaba el panorama; a pesar de ya saber las reglas de Akatsuki, ella tenía algo que quizás muchos deseaban y era el anillo que representaba ser miembro de la organización. En su mano izquierda, se encontraba en su dedo meñique el anillo
Moviendo ligeramente su cabello negro ―que era sujetado en una cola de caballo― con sus manos y con la escaza luz ocasionando que un pequeño destello se vislumbrara gracias al anillo que portaba en su dedo meñique izquierdo, y arrugando su capa negra con nubes rojas de la organización de Akatsuki, se estiraba para quitar aquel cansancio que era que tener que caminar largos y oscuros pasillos. Le era cansado, aunque cada vez que caminaba más, encontraba cosas realmente interesantes que ver. Sin embargo, paró su paso y se recargó en una pared suspirando sonoramente.
—Creo que debí aceptar la invitación de Sasori —dijo para sí misma, mientras lentamente se iba deslizando al suelo para sentarse. Recorrer la guarida era extenuante—, pero no, tenía que hacerme la muy sabionda.
Ya en el piso, recordaba las sabias palabras del pelirrojo. Aceptar su invitación habría sido lo mejor para ella, pero jamás imaginó que esa guarida fuera monumental; por fuera no parecía nada de lo que había adentro, y por supuesto que jamás se puso a pensar que quizá, solo quizá esa maldita guarida fuera algo pequeño y sencillo; ya sabía que podría haber en ese lugar, pero era exagerado. El arte renacentista se palpaba en la arquitectura, pero un aire contemporáneo adornaba el interior; sofisticado pero sencillo, era extraño.
Enorme es la palabra perfecta para describir el lugar. Cuando comenzó a investigar por sí sola la guarida, se sorprendió por los numerosos pasillos que había, y de seguro más adelante estaba segura de que lo único que iba a encontrar eran: pasillos, pasillos y únicamente pasillos, de los cuales de seguro daban a más pasillos, para variar. ¡Qué rayos tenían en mente! ¡Era un auténtico laberinto!
Todo empezó por buscar la sala de estar. En ese lugar se supone que iba a descansar como se lo merece, pero al ser nueva se podía perder, esas palabras que Sasori le dijo, las ignoró completamente. Si tan solo hubiera dicho: sí. Aun sentada en el piso; como esperando un milagro para poder llegar hasta ese 'bendito' lugar, empezó a reflexionar. Pensando seriamente en lo ocurrido los últimos meses.
Los primeros cómo Akatsuki.
Un criminal. Ahora era una asesina rango S; un ninja renegado en el libro bingo. Reía cuando recordaba su pasado, como estaba sucediendo.
Era curioso, jamás cuando era una niña de 5 años se imaginó que sería una ninja fugitiva; siempre era todo lo contrario, pero vamos a una tierna edad lo único que piensas es ser la mejor kunoichi de la aldea, tener un buen puesto entre los más grandes, salir con chicos, casarse, tener hijos; bueno de todo, menos un asesino despiadado. ¿Quién diría que ahora es una asesina rango S? Rió para sí misma al pensar la última pregunta, pero sobretodo, ¿Quién diría que ahora es un miembro de Akatsuki? Jamás pasó por su pequeña e infantil mente de 5 años que a la edad de 19 años fuese miembro de la más temible organización de sanguinarios, traidores y temidos ninjas. Aunque realmente las palabras 'sanguinario' y 'traidor' no existían en su pequeño vocabulario, sino unos 3 años más adelante se agregó a su léxico. Gracias a su querido hermano mayor: Itachi.
Su destino fue impredecible, quizás jamás se puso a pensar en ello. Ahora era realmente curioso. Le agradaba de sobremanera la vida que ahora llevaba.
Realmente, haciendo un recuento de su vida… hizo muchas cosas que ella esperaba, pero el convertirse en una asesina, incluso en una Akatsuki, era algo que no tenía en mente y que jamás lo tuvo.
Eres dueño de tu propio destino.
Suspiraba cada vez al recordar esa frase, a pesar de muchas cosas, jamás hizo entender a ese rubio, jamás lo hizo; quizás pueda hacerlo ahora que ella ya no está en Konoha. Abrazó sus piernas y apoyo su mentón en sus rodillas… una solitaria lagrima cayó lentamente de sus orbes negros, y un suspiro más profundo llegó a su ser.
No lo iba a negar, sabía que cualquier decisión que hubiese sido tomada, terminaría en un final negativo. Y así fue. Le gustaba su vida, pero a veces se preguntaba, el hubiera. ¿Qué habría pasado, si no hubiera sido interrumpida? ¿Qué habría pasado, si él nunca hubiera estado ahí? ¿Qué habría pasado, si esa noche hubiera muerto? Muchos pensamientos invaden su ser, siempre pensando en su pasado. Lo recuerda, fue especial, su primer mejor amigo, su compañero; jamás lo negaría. Esa parte de su vida fue muy importante, conocerlo también. Pero también lo que vive, lo es.
—¿Qué habría pasado? —musitó suavemente, cerrando sus ojos y apoyándose más contra la pared.
Pensando, perdiéndose mucho más en sus pensamientos, sin embargo la estridente voz de cierto Akatsuki que se escuchó a lo lejos la sacó su ensimismamiento. La voz con unos pasos que venían a una velocidad considerablemente veloz; hacían el complemento. El grito poco a poco se iba a cercando, este se repetía y gradualmente se escuchaba más cerca de donde Natsuko se encontraba.
Poco a poco el grito se distinguía, y su nombre era lo que se escuchaba, al reconocer la voz se limpió las pocas lágrimas que salieron al recordar muchas cosas de su vida como ninja de Konoha. Chocó su cabeza contra la pared al reconocer a Tobi como dueño de esa voz. Se levantó, y al levantarse divisó la menuda figura del 'pequeño' —considerando que era más alto que ella—corriendo a su dirección, y se dio cuenta rápidamente de sus intenciones. Así que Natsuko al ver lo que él pretendía, se hizo a un lado, ocasionando que Tobi, al momento de lanzarse, cayera a un lado tirando una columna con el costoso candelabro de metal acompañándolo, en vez de tirársele encima de ella y romperle la espalda.
Natsuko hizo una mueca divertida al ver al pobre Tobi, tirado y quejándose de que el candelabro se le incrustó en el abdomen, junto con la pesada columna.
—Kakuzu-san estará muy enojado, ¿recuerdas lo que dijo cuándo pusieron esos candelabros? —preguntó con risa la joven Uchiha, viendo como Tobi se removía en el piso y alzaba la mirada, observándola desde ese agujero de su máscara naranja.
—"No quiero sus sucias manos en ellos" —dijo imitando la voz de su superior.
—Exacto —respondió con una sonrisa—, hay Tobi, ven, levántate. —Le extendió su mano y él la tomó.
El enmascarado le sonrió de agradecimiento y la joven pelinegra le devolvió el gesto y esperó a que hablara, puesto que se supone la estaba buscando. Al ver que el pequeño se sacudía decidió hablar:
»¿Y bien?
—Lo siento Natsuko-san, Sasori me mandó a buscarla. Dice que la verá en media hora en la sala de estar, al parecer Pein-sama los mandó a una misión. —Le explicó Tobi, mientras que Natsuko asentía, sin embargo algo pasó por su cabeza antes de preguntar qué tipo de misión era.
—Bien, pero dime algo Tobi —habló llamando la atención del segundo—, exactamente, hace cuánto tiempo te dio ese mensaje.
Natsuko pareció temer, y Tobi se puso a pensar, posó una mano en su mentón y luego la vio.
—Hace media hora —dijo sonriente. Inocente del aura asesina que comenzó a emanar el cuerpo de ella.
Para Natsuko esto fue el colmo, no conteniéndose se abalanzó contra el pobre Akatsuki que intentaba escapar de las manos asesinas de la maestra de los elementos. Pero siendo esto fallido comenzó a suplicar por su vida y tratándose de justificar.
—Lo siento, pero Sasori-san me dijo que usted estaba en su habitación, pero no la encontré, por eso la estuve buscando y lo hice lo más rápido posible —decía el joven pelinegro intentando zafarse de las sanguinarias manos del Natsuko—. ¡Perdone!
Pero al parecer, a Natsuko no le importaba. Ella sabía cómo es que Sasori se ponía cuando llegaba tarde, le sobró y le faltó con una sola e insignificante vez. Aquel día fue su primera misión, llegó tarde; 5 míseros minutos fueron su tardanza, pero a Sasori no le pareció y por ende, el tiempo que él calculó en hacer la misión no se logró. En la misión la veía a todo momento, no le quitaba la vista de encima, cuando sintió una punzada en su abdomen, y se dio cuenta que Sasori la tenía amarrada con u hilo de chakra alrededor de todo su torso. Y lo siguiente fue tan escalofriante que lo olvidó de inmediato.
Desde ese día, se dijo así misma que jamás haría esperar a su maestro, mucho menos cuando ya sabía lo que se esperaba al desafiarlo. Jamás lo volvería a hacer. Pero como le iba a hacer para llegar a la sala de estar, —la cual no encontraba aun—, y en menos de 2 minutos. No quería hacer esperar a su maestro, no iba a recibir el mismo castigo, pero salió de sus pensamientos al ver como Tobi hacia sellos y de un momento a otro el enmascarado desapareció de sus manos.
Frunció el ceño al darse cuenta que tipo de técnica uso Tobi para desaparecer de sus manos. Se cruzó de brazos, enojada por no haber pensado en eso desde el principio. Sin perder más el tiempo realizo una serie de sellos con una velocidad sorprendente y a los pocos segundos desapareció en una nube de humo, llegando al instante a la tan afamada y deseada sala de estar.
Pasó su mirada por todo el cuarto, era sencillo y moderno. El cuarto estaba pintado de blanco con detalles en negro, la iluminación era tenue puesto que tenían un regulador de luz, y tenue porqué Kakuzu dijo que era mucho dinero desperdiciado por lo que había ahí; como por ejemplo tres sillones, uno de tres hasta un lugar, de forro de cuero negro, acomodados de tal forma que rodeaban una mesa ratona de madera muy fina, pintada de negro con blanco y en medio de esta se veían libros y unos cuantos pergaminos. No tan lejos de ahí se encontraban dos grande libreros donde había desde libros, novelas y demás; hasta pergaminos, y libros prohibidos. De ahí una pequeña mesa, donde habían cuatro sillas. Y en una de esas sillas se encontraba cierto temor de la pelinegra ya en la sala de estar.
Trago duro, y esto fue escuchado por el impaciente pelirrojo, y notando la presencia de la joven; dirigió su mirada hacia ella, una mirada un tanto espeluznante; una mirada de 'te matare'. A Sasori le importaba muy poco si ahí estaba el hermano mayor de Natsuko; el cual estaba leyendo un interesante libro sentado en el sillón de una sola pieza y el Jashinista, que aun con las amenazas de Kakuzu limpiaba alegremente armas con mucha sangre, manchando de pazo el costoso sillón.
Natsuko sintió más fuerte esa mirada, no se podía mover; qué más quisiera hacerlo pero acercársele era ir a tu muerte, una segura y dolorosa muerte. Sin embargo no tenía que temer, bueno; solo un poco, pero si no quería que el castigo fuera más duro tenía que moverse ya, actuar con naturalidad y rogarle al marionetista que tuviera un poco de piedad con ella. Sí, eso iba a hacer. Así que con una sonrisa; un tanto nerviosa salió de sus pensamientos y fue directo a Sasori. El cual, más que cabreado esperaba una reacción por parte de su alumna, que se quedó pasmada al verlo sentado leyendo documentos acerca de la misión que tendrían ese día.
Si, estaba muy enojado por haberlo hecho esperar. Sobretodo porqué el tiempo que midió no se cumpliría.
—Sasori-san, disculpe la tardanza. —Hizo una exagerada reverencia al presentarse frente a su maestro, el cual solo la veía sin ninguna expresión—. No es que sea un justificante, pero Tobi no me encontraba y bueno, la organización no es lo que se pueda decir; una humilde morada. Sin más discúlpeme, por hacerlo esperar y por no haber aceptado su consejo.
Sasori la vio, y recordó cuando le dijo que se podía perder.
Pero la terquedad de Natsuko era más que eso, y estaba más que emocionada por descubrir por ella misma la organización. Ese día en la habitación de ambos, la pelinegra se preparaba para salir y buscar por cuenta propia la sala de estar; pero ya que al ser nueva se podía perder y por esa razón Sasori siempre la acompañaba, cosa que sorprendía al marionetista y cosa que alegraba de sobremanera a la Uchiha. Pero ese día fue la excepción. Sasori le advirtió que se podía perder, que aún no conocía lo suficiente la organización para andarse merodeando por la morada, pero Natsuko era terca y no importando lo que dijo su maestro salió, y claro, Sasori omitió el pequeño detalle que no era necesario buscar la sala de estar, puesto que podía a aparecer en ella con una simple técnica.
Sin embargo la dejó ser, y sonrió con gracia al verla desaparecer por uno de los tantos pasillos de la organización, ya la quería ver como reaccionaba al enterarse de la técnica.
Se perdió en sus pensamientos y no se daba cuenta que Natsuko seguía haciendo exageradas reverencias, y si no se tiraba al suelo era por puro orgullo; bueno el poco que le quedaba por tremenda disculpa. Y ella no vio como Sasori comenzaba a reír e lo bajo, inaudible para personas aún metro a su alrededor, pero después de unos minutos; más bien segundos, recuperó la compostura y vio con confusión a su alumna que estaba con la mirada gacha y un aura depresiva a su alrededor; luego vio a Hidan alejarse de ella con una socarrona sonrisa, Itachi con cara de molestia y Natsuko; bueno ella si estaba deprimida. O eso se veía.
—Natsuko.
La varonil y seria voz de su maestro llegó a sus oídos; lentamente alzó la vista con temor a recibir un buen regaño y un castigo. Y se sobresaltó mucho más al ver como se levantaba de su asiento y se dirigía hacia ella.
—Sasori-san, yo…
—Silencio —dijo severamente y Natsuko rápidamente calló. Odiaba cuando Sasori se enojaba con ella, sorprendentemente lo había visto muy pocas veces enojado, y más por su causa; por eso odiaba que se enojara por una tontería—, no importa ya. Lo que importa ahora es la misión que Pein nos dio.
—Lo siento tanto. —Se disculpó por millonésima vez en el día.
—Natsuko, por favor, basta de disculpas —habló en un tono de hastío—, no te preocupes ya por eso, lo arreglaremos una vez terminando la misión. Ahora ven, deja te explico de que se trata, después quiero que vayas a preparar tus cosas y terminando esta explicación te veré en la salida en una hora.
Natsuko respiró con más tranquilidad al sentir como el aura asesina que logró percibir de Sasori desaparecía, y esa preocupación al ser castigada también. Asintió mientras seguía al pelirrojo para sentarse en la mesa donde había muchos documentos y varios mapas. Se sentó en la silla, y una vez ahí Sasori habló:
»La misión es muy simple —explicó a Natsuko mientras sacaba un documento y una fotografía—, nosotros como infiltrados debemos conseguir o robar, como quieras llamarlo; este pergamino. Este se encuentra en el palacio principal del señor feudal, en la aldea del Trueno. Al parecer aquel pergamino contiene datos substanciales sobre como atrapar a los demonios de las colas, es por eso que estos datos y este pergamino son importantes para la aldea. —Natsuko escuchaba atentamente cada palabra de su maestro—. Ahora bien, ellos saben que Akatsuki va en busca del pergamino, por eso es en donde tú y yo, entramos con una técnica de transformación. Además de que es más fácil de esa forma, haremos menos escándalo y la misión se hará rápidamente. En caso de que no sea así, actuaremos y listo.
Natsuko asentía y agarró una copia del documento donde venían datos cruciales de esta.
Sasori se levantó de su asiento y guardó unos pergaminos, ya había dado la orden que terminando la explicación de la misión, se verían en una hora en la salida de la organización. Natsuko lo observó por unos instantes y preguntó:
—¿Algo más?
—Solo sería eso, la misión no tiene nada de extraordinario, me sorprende que nos hayan mandado a nosotros, pero tu como mi compañera, tome otro rol al que tenía con Deidara, además que tú eres menos extrovertida e hiperactiva como él. Y lo agradezco de sobremanera. —Natsuko sonrió apenada—. Aunque si eres un poco torpe al igual que él.
—¡Sasori!
—Bueno basta de gritos, te veo en la salida dentro de una hora —dijo, y comenzó a caminar directo a la puerta de entrada de la sala de estar, pero antes de desaparecer por ahí, se detuvo y vio a Natsuko por unos instantes, captando la mirada de ella de desconcierto total—, para la próxima, usa la técnica que ya conoces para poder transportarte a algún lugar, niña.
Y con eso, Sasori desapareció con la misma técnica de la que hablaba.
—¡Ah! —gritó por exasperación. No podía creer que se perdió, ella siendo una asesina, una de los mejores kunoichis del mundo ninja, pero se tenía que perder. Pero era comprensible, esa organización era un laberinto, ahora su odio se iba contra el maldito arquitecto que diseño ese lugar; claro si es que había uno.
Comenzó a caminar hacia la puerta y ya la iba abrir, cuando las palabras de su maestro llegaron a su mente, cosa que la hizo enojar más y haciendo unos sellos desapareció en un 'puff'. En primera eso fue vergonzoso y en segunda para la próxima haría eso, y ya no se quebraría la cabeza para encontrar algún lugar de la organización. Le gustaba el arte que se sentía, pero sinceramente al diablo con caminar.
Sasori caminaba lentamente por los extensos pasillos. Entró a su habitación, o bueno parte de ella. Desde que Natsuko llegó a Akatsuki compartieron habitación, pero no porqué fueran muy unidos, no. Si no, porqué Kakuzu estaba harto de que los miembros de la organización siempre le estén pide y pide cosas; que increíblemente cumplía, así que cuando Natsuko llegó, el tesorero se negó rotundamente a construir otra habitación. Esto sin duda enojó de sobremanera al de Suna, y a las dos únicas mujeres de Akatsuki también.
—¡Porqué No! —gritó Natsuko, mientras era ignorada por Kakuzu, Konan la apoyaba, estaba en contra del tacaño tesorero que tenían, puesto que ella nunca permitiría semejante atrocidad; no hacer una segunda habitación para la joven Uchiha era atentar contra su privacidad personal.
—¡Ya expliqué por qué! —dijo Kakuzu, un tanto alterado por la necedad de las dos mujeres—, ahora, si me permiten, tengo muchas cosas que hacer, mejores que estar escuchando a dos mujeres quejarse por una cosa tonta.
—¡¿Con tonta te refieres a no construir una segunda habitación! —reclamó Konan.
El tesorero agarró el maletín que estaba en la mesa de la sala de estar. Otros integrantes de la organización que estaban ahí, se retiraban por los gritos de esos tres personajes. Kakuzu estaba perdiendo la paciencia, y ya tenía suficiente con Hidan como compañero, para que otras dos voces se le juntaran. Las mujeres eran más difíciles.
—¡No lo haré! —sentenció.
—Kakuzu-san —habló una apacible voz. Tranquila y seria, a diferencia de las otras dos. Sasori salió a escena y Kakuzu sólo lo observó, esperando algo de él ex ninja de Suna.
—Sasori —murmuró Natsuko al ver a su compañero entrar.
—Le quiero pedir un favor. —Ambas mujeres observaban la situación.
Kakuzu rió socarronamente ver al de Suna. Sabía que era a lo que venía, sin embargo a diferencia de las otras dos personas, él era más pacífico cuando se trataba de negociar. Aunque no iba a ceder. Esa platica ya la habían tenido, y no entendía porqué estaba ahí, si ya le había dicho no.
—No. —Sentenció nuevamente, y al ver que Sasori se quedaba estático y frunciendo el ceño, con una mirada asesina. Kakuzu muy divertido habló—: pero, puedo hacer algo que a lo mejor funcionará.
Las tres presencias de la habitación lo observaron atentos.
Y así fue cómo una GRAN pared dividió el cuarto del pelirrojo. Natsuko estaba enojada, Konan igual; y qué decir de Sasori, que en secreto decidió que separar su habitación era lo mejor, en vez de ceder su taller donde hacia marionetas y obtenía un tiempo libre a solas. Sí, que mejor que eso.
Entró y observó lo que antes era una sola habitación. Era un extenso cuarto, por eso Kakuzu y él, decidieron poner una pared en medio de ésta, para que la dividiera de manera equitativa. Su parte era donde se encontraba la puerta, de color vino junto con un regulador de luz blanca, una cama, escritorio, librero y perchero. La parte de Natsuko era donde se encontraban dos ventanas, que por ser la perjudicada decidió escogerla. Era de color vino, con detalles en blanco, regulador de luces blancas, con los mismos aditamentos que la parte de Sasori, solo que este tenía un caballete y un cofre frente a su cama.
Sasori fue a su escritorio y guardó los documentos de la misión. De ahí comenzó a tomar sus herramientas, pergaminos que usaría en la misión. Y escuchando unos cuantos ruidos en la parte del cuarto de Natsuko, dedujo que ahí se encontraba. De reojo observó el reloj posado sobre su buró, todavía faltaban 30 minutos para ir a la salida y comenzar su misión. Se sentó en su cama y se recostó, cerrando un momento sus ojos. Se encontraba cansado, todavía no podía acostumbrarse a tener el cuerpo de un ser humano, y vaya que le costó caro que Kakuzu le ayudara. Jamás le volvería a pedir ayuda.
Suspiró. Dio una vuelta en su cama para quedar frente a una foto, que él, a pesar de ser un asesino, decidió conservar; ya que en esa sencilla y pequeña foto, estaban él y sus padres, junto a ellos su abuela; la que asesinó ya hace muchos años. Se ponía un poco extraño al observar la foto. Quizás era nostalgia y se preguntaba muchas cosas que ni él mismo podía comprender.
Cuando te conviertes en Akatsuki, en un asesino, o cuando sientes la inmortalidad; tu perspectiva cambia. Él estuvo inmerso en muchos cambios, desde que se fue de la aldea, desde que mató al tercer Kazekage, cuando se convirtió en marioneta, en Akatsuki, hasta cuando decidió ser humano nuevamente. Si, muchas cosas han pasado, volver a tener la edad de un joven era realmente interesante; sentir de nuevo esas emociones que alguna vez arrumbó en lo más recóndito de su ser, o los 5 sentidos a su mayor expresión. En sí, volver a ser un joven por segunda vez, era algo único; aunque no podía considerarse joven por la experiencia que ya tenía.
—Ser vulnerable —dijo al aire, divagando más de lo que él mismo se lo permitía.
Ese comentario salió de una reflexión, acerca de sí convertirse en un ser humano había sido una buena decisión o no. Contando los pros y los contras de ella. Los contra iban ganando, pero por unos cuantos puestos, siendo que había muchos pros que no se había dado cuenta de ellos, hasta haber conocido a la joven Uchiha que tenía como compañera de equipo. A pesar de ello, la lucha en su interior seguía, y ver que parte de la moneda iba a ganar era un final que él tenía y quería saber. Deseaba que eso fuera más fácil, pero no lo era.
Faltaban solo quince minutos para la hora acordada. Pero conociendo ya a su maestro, sobre todo por nueve meses y contando, un castigo que jamás olvidará y etcétera, no lo retaría nuevamente. Sobre todo por la segunda oportunidad que le dio en vez de mandarla a dormir con los peces o con sus marionetas, mejor dicho. Akasuna No Sasori, era de temerse. Desde antes de entrar a Akatsuki, ya conocía algunas actitudes del pelirrojo, y bueno… no quería decir que lo conocía a la perfección, pero él era tan transparente, o bien… ella era muy observadora.
Había aprendido a conocer mañas del marionetista, sin que él mismo se diera cuenta de ello. Natsuko comprendió muchas cosas —desde ser entrenada por él y convivir con Sasori por meses fuera de la organización, era parte del éxito—, hasta el porqué de sus actitudes. Pero bueno, ella lo había conocido sólo de vista cuando su equipo fue en rescate del quinto Kazekage Gaara. Después de ello, ya fue mérito propio tratar con el pelirrojo, que casi le cuesta la vida, pero valió la pena.
Poder diferenciar las mañas de Sasori era tan obvio. Natsuko no solo se dio cuenta que le disgustaba que lo hicieran esperar o que no lo obedecieran al momento o que no le gustara que lo piquen con el dedo para llamar su atención, no. Como se expresaba el pelirrojo o sus formas de expresión, ahora lo conocía mejor. Era serio o hasta en extraños casos buena persona, aunque en ocasiones podía ser cínico y sarcástico, pero también era honesto; y algo que sin duda mencionaba a Sasori, la mataba. Akasuna No Sasori era perseverante.
Todo lo supo con nueve meses de conocerlo. De los cuales, parte de esos meses fueron afuera de la organización, pero sobre todo por compartir habitación. Kakuzu estará en su lista de matar. Aun no podía creer que se negara a darle una habitación, y por qué no quiso cederle una mísera habitación cuando había muchas vacías, eso será para siempre una incógnita para ella. Aunque gracias a ello, pudo darse cuenta que todo lo que especulaba del pelirrojo era cierto. A ella le gustaba observar a la gente y conocerla a fondo, cada vez que entraba o salía de la habitación se daba cuenta de cómo reaccionaba Sasori al momento de hacer alguna actividad o de estar simplemente leyendo un libro.
Se daba cuenta fácilmente de las diferentes facetas del marionetista, en este caso, parte de eso era con él, con quien convivía más hasta que con su propio hermano. O por lo menos se podría decir que convivía, sólo si la palabra convivir significara, solo dialogar unos cuantos monosílabos; si ese era el significado, entonces Uchiha Natsuko convivía con Akasuna No Sasori.
Siempre ha dicho que él es una persona muy impaciente, que su don no es exactamente la paciencia, que matará a quien ose hacerlo esperar. Claro, podía decir todo eso, pregonarlo si quería; pero sus acciones demostraban todo lo contrario. Cuando lo observaba trabajar, era algo increíble. Le gustaba de sobremanera observar los ojos de su maestro brillar con esa intensidad al hacer o diseñar una marioneta, un brillo que no había visto. Y cuando comienza en la tarde, no se levanta de donde ha estado hasta terminar el boceto, hasta terminar el diseño de lo que en su mente observó. Se ha levantado en la madrugada solo para observar como Sasori seguía diseñando, como seguía en su escritorio y como al día siguiente él seguía ahí.
Sobre todo no lo dejaba hasta dejar el perfecto boceto de su visión.
Perfección
Toda creación de Sasori debía de ser perfecta y eterna. Todo lo que hacía Sasori era perfecto, sus obras eran perfectas, su arte era perfecto… él es perfecto.
—Natsuko.
La voz de Sasori llegó lentamente a sus oídos. Levantó la mirada y lo observó caminar hacia ella, tenía una mirada cansada. Sabía muy bien que su maestro antes fue humano, marioneta y nuevamente humano. Aunque lo que no sabe es desde cuando Sasori volvió a ser un ser humano, de carne y huesos. Si, quizás era extraño, pero le gustaba más de esa forma. Aunque le preocupaba verlo muy cansado.
—Maestro. —Hizo una leve reverencia en modo de saludo—. ¿Se encuentra bien? Lo veo muy agotado.
Sasori bostezó. Vio de reojo a Natsuko, que era más baja que él por unos cuantos centímetros e hizo una mueca. Que Natsuko interpretó como: "no preguntes".
—Vámonos, quiero llegar temprano.
Natsuko no contradijo nada, aseguró su katana, su mochilera y se acomodó el cabello. Sasori sólo se acomodó su mochilera y verificó si no faltaba algún pergamino. Decidió no llevar a Hiruko, puesto que lo único que iba a ocasionar era estorbar. Ambos se acercaron a la salida, Sasori vio el cielo, estaba comenzando a oscurecer, que era un beneficio; de esa forma la misión se iba a completar muy fácil.
Intercambiaron unas cuantas palabras y comenzaron su camino a la aldea del Trueno.
El próximo capítulo no tardará. Está en edición.
:) Saludos
Gracias por leer
~RocKath Girl
