Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, desde luego pertenecen a la gran y famosa autora Rumiko Takahashi, yo solo los tomo momentáneamente prestados para realizar esta historia sin el más mínimo ánimo de lucro.


El deber como príncipe


En un reino vecino, una calurosa discusión entre padre e hijos, se llevaba a cabo en un castillo mucho más grande y portentoso que el anterior, como si en él solo vivieran gigantes. Una muralla mantenía resguardado el palacio de los ojos curiosos y de visitantes desagradables. La escena en donde se llevaba a cabo la mencionada discusión era nada menos que el estudio del monarca. Construido por increíbles muros de oro puro, y una interminable fila de libros exquisitamente acomodados.

Los comandantes principales se encontraban presentes, pero al notar como la discusión familiar subía cada vez más de tono, prefirieron disculparse y huir a paso veloz, no fuera que alguno de los herederos o el propio rey se le ocurriera descargarse con ellos.

Los dirigentes hacían bien en tomar esas medidas.

Bien dicen por ahí…más vale perro vivo, que león muerto.

Aquello era algo que habían tenido que aprender durante sus años al servicio de aquella… peculiar familia. Si bien no podrían jamás quejarse, del trato de su señor; el rey , si tenían razones válidas para cuidarse de los hijos, famosos por sus arranques de rabia incontrolable en sus peleas, donde daba igual a quien se llevaban por delante.

El rey, llamado Touga Inu no Taisho, era el demonio vivo más poderoso de los alrededores y dicen incluso que de toda Asia. Su cabello era de un plateado cenizo en su mayoría lacio, pero con el flequillo bastante rebelde, recogido elegantemente en una cola alta. Sus rasgos eran duros y aristocráticos, su tez era de un color parecido al del azúcar morena, con unas cejas enormes altamente pobladas. Unas líneas púrpuras que se dibujaban debajo de sus ojos del color del oro viejo y sus orejas como las de cualquier demonio puro terminaban en pico. Su indumentaria, no tenía nada de especial, constaba de un haori color vino con motivos blancos en las mangas y un hakama negro que le llegaba hasta los tobillos, donde se hacía algo bombacho; su cola era en extremo largo, por lo que era necesario enrollarla en ambos hombros y dejarle arrastrar por detrás.

El hijo mayor se trataba de Sesshomaru, un demonio altamente duro y desalmado, con unos ojos dorados bastante claros, enmarcados por unas delgadas cejas y debajo de ambos ojos tenía un par de líneas rojas; su piel es exquisitamente blanca, y en medio de su frente una luna en cuarto menguante le adornaba.

A diferencia de su padre, su cabello era enteramente lacio y mucho más largo, de un color más blanco, haciéndole parecer albino. Su temple rara vez era roto, por lo que nunca se esperaba mucha emotividad de su parte. Sus vestiduras eran más elegantes, constaba de su traje de batalla sin armadura, un haori blanco con motivos rojos en las mangas y a la altura de los hombros, así como un hakama blanco y un cinturón amarillo con algunos adornos morados en las puntas; su cola era mucho más corta que la de su padre, por lo que solo podía acomodarla sobre su hombro derecho.

Mientras que el menor, que respondía al nombre de Inuyasha, se trataba del hijo de la unión de su padre y una princesa humana, por lo tanto un medio demonio. Tiene el cabello del mismo color que el de su progenitor, con el largo hasta un poco más de la cintura, siempre suelto. Sus ojos eran de un color un poco más claro que el de su padre, pero más oscuros que los de su hermano, de un tamaño considerablemente mayor. Las cejas eran pobladas, pero sin llegar a las de su padre, siempre fruncidas como si se encontrara enfadado, su tez es blanca, ligeramente bronceada.

Las mayores diferencias entre él y su padre y hermano eran la carencia de líneas en su rostro, la ausencia de cola y unas afelpadas orejas de perro que coronaban su cabeza. Su vestimenta era casi siempre cómoda, por lo que no gustaba de colocarse las hombreras espinosas, a menos que fuera realmente necesario. Por lo demás su vestimenta era casi idéntica a la de sus parientes exceptuando el color de los adornos, los suyos eran azules y su cinturón rojo con las puntas negras.

—¡Debes estar bromeando!—exclamó el más joven de los hermanos, golpeando con fuerza desmedida el escritorio con los puños cerrados, que cimbró en protesta por el maltrato. El padre lo miró con una ceja alzada pero se abstuvo con tranquilidad de caer en su provocación.

—Por primera vez estoy de acuerdo con el imbécil, ¡no puedes estarlo diciendo en serio!, ¿casarnos con unas humanas?, de todas las ideas desbocadas que has tenido antes, ¡esta es la más ridícula!, ¡antes de eso estaría dispuesto a realizarme el seppuku*!—rugió enfurecido el mayor, golpeando también con fuerza desmedida el escritorio, estrellándolo al acto; cosa realmente extraña en él, por lo que aquello solo significaba que se encuentra realmente furioso.

El rey envidiaba la suerte de sus subordinados, ellos podían huir de la ira demencial de sus hijos, mientras que él, tenía que quedarse a soportar sus insensateces y estupideces habituales.

—Pues creo conveniente que vayas practicando con la espada entonces Sesshomaru, ya que eso es justamente lo que harás—respondió sarcásticamente el padre, observando en cierta manera divertido como su hijo mayor se enfurecía aún más y el menor comenzaba a carcajearse sin el menor recato.

Sesshomaru fulminó con la mirada a su hermano pequeño, pero decidió ignorarlo siendo en este momento su prioridad sacarle a como diera lugar esa idea de la cabeza a su voluntarioso padre.

—Entonces, tu mencionaste un matrimonio, ¡tendrás con el inepto de Inuyasha!, es el más apropiado para una humana, además es el menor, él puede heredar el reino de un humano, en cambio yo necesito atender éste—interpuso el Sesshomaru sonriendo ligeramente, con una mueca de victoria bien plantada en el rostro, satisfecho de haber sembrado la semilla de la incertidumbre en su padre. Al instante que dijo eso Inuyasha dejó de carcajearse de golpe, enfadándose aún más.

—¡Ah no eso sí que no!—bramó el medio demonio empujando a su hermano a un lado para quedar de frente a su progenitor— ¡si me van a obligar a que me case exijo que el pulgoso también sea obligado!, ¿Dónde quedó tu famosa igualdad padre?—refutó el menor señalando acusadoramente a su hermano, y al ver como éste no retiraba su despreciable sonrisa se lanzó furibundo sobre él para golpearlo.

El padre enfurecido por eso, los separó sin mucho esfuerzo y los lanza con algo de fuerza en direcciones contrarias.

—¡No permito que peleen por esto!, ¡aquí nadie pone en tela de juicio mis decisiones!, y mucho menos ustedes, no les estoy pidiendo sus opiniones ni organizando un debate; ¡les estoy informando!, y me importa un soberano carajo si les agrada o no, ¡está decidido!, ¡son los príncipes den la cara!—rugió el monarca con volumen desmedido, haciendo que todo el castillo se estremeciera de miedo; callando al acto a sus hijos, que decidieron pensarse mejor la idea de seguir tentando su buena suerte.

No obstante el menor realizó una mueca infantil de berrinche sabiéndose perdido, mientras que el mayor fue más inteligente, por lo que decidió jugar su última carta…la que le diera la victoria.

—Dime padre… y no has pensado que esa humana no estará a mi altura—inquirió mordaz caminando con tranquilidad por la habitación, recibiendo la atención de sus familiares—no será capaz de sobrevivir a mí, en la noche de bodas morirá sin remedio—argumentó el albino, mirando de manera inquisidora a su progenitor, el cual lo observó ligeramente sorprendido, pero antes de poder decir algo, el menor le interrumpió.

—¡Eso a nadie le importa!, solo abstente de tocarla y darle un buen uso a las concubinas, solo será una fachada para mantener la dichosa estipulación—respondió fastidiado el medio demonio, gruñendo ligeramente; aunque feliz de haberle aguado la fiesta a su querido hermanito.

—¡Imbécil deja de meterte donde nadie te llama!—rugió el mayor colérico al sentir en peligro su último medio de escape.

—¡No! ¡Cuando se trata de fastidiarte si me incumbe!—respondió el hanyou sonriendo con socarronería, sintiéndose sumamente dichoso de estar consiguiendo su objetivo de joderle la vida al perro rabioso.

—¡Maldito parásito odioso!—bramó acercándose peligrosamente a él, en un momento comenzaron a discutir de nuevo los hermanos subiendo cada vez más de tono, hasta casi llegar a agarrarse de nuevo a golpes, siendo persuadidos al instante por la fría mirada que les proporcionó su padre.

—¡Silencio!—rugió el padre levantándose de su sillón y situándose entre ambos, intimidándolos con su altura.— ¡Sesshomaru!, ¡Inuyasha!—vociferó el mandatario, sintiéndose satisfecho y más calmado al haber interrumpido la pugna. Espero un momento y suspiró—¿sabes algo Sesshomaru?...eso no lo había pensado, acabo de recordar que eres un completo animal con tus concubinas, y si muy apenas sobreviven las youkai, no quiero ni pensar lo que le sucederá a la princesa—hizo una pausa, mostrándose abatido— así que siéntete orgulloso…quedas libre del compromiso—informó el padre suspirando de manera derrotada, Sesshomaru armó una sonrisa victoriosa en su rostro e Inuyasha no podía estar más rabioso.

Al ver la cara de su hijo menor, que se encontraba más próximo a lanzarse a la yugular del menor, decidió adelantarse a los hechos y se giró para verlo a él.

—Antes de que digas nada Inuyasha, no creas que no había considerado antes tu sugerencia, pero queda por completo descartada, las infidelidades quedan por completo vetadas de nuestra familia; además se exige que de la unión nazca un heredero que una nuestras tierras, por lo que se requiere la marca youkai para terminar de dar validez al matrimonio y tú sabes cuál es la única manera de lograrlo—explicó el mandatario, observando con dureza a su hijo hasta verle más calmado— el rey pensó meticulosamente en la seguridad de sus hijas y dijo que de ninguna manera alguna de ellas sería humillada y así será, necesitamos la alianza de los humanos, principalmente por el trabajo bruto que realizan y por su extensión territorial—reveló Touga con seriedad en su voz, manteniendo latente la amenaza, quitándole al acto las ganas de volverse loco al menor.

—¿Y porque no organizamos una expedición de conquista hacia sus territorios y esclavizamos a su población?—indagó el mayor con su tono frío, perfectamente calmado, como si estuviera hablando del clima y no de la vida de miles de personas, recibiendo al instante una mirada reprobatoria de parte de su padre.

El hombre apartó furioso a su hijo mayor y retornó a su lugar detrás del escritorio, recargando sus brazos sobre el estrellado cristal. Adoptando una pose autoritaria.

—¡No podemos hacer eso!, tu abuelo firmó un tratado de paz con esos humanos, y el honor no nos permite atacarles, además…necesitamos de sus mercancías, así como ellos necesitan de nuestra protección—indicó masajeándose el tabique de la nariz con estrés. — Si atacáramos sus tierras quedaríamos debilitados por la batalla y no podríamos hacerle frente a los invasores vecinos, al igual que si ellos dominaran ese reino nos quedaríamos sin provisiones y se fortalecerían las filas enemigas dejándonos en clara desventaja, ¿ahora te das cuenta hijo?—contraatacó el general dejando consternado a Sesshomaru y sin argumentos para refutar dicha mención, mientras la inconformidad dominaba a su hijo menor.

El hombre suspiró cansinamente, se sentía mal de hacer esto, pero la verdad era que ya habían agotado todas las posibilidades, y como bien dicen…la unión hace la fuerza.

—Inuyasha, no sientas que esto está en contra tuya, tu eres el único capaz de casarte con esa humana y tu hermano tiene razón; se necesita que tu heredes el trono de esa familia, que Sesshomaru no puede heredar—hace una pausa suavizando su mirada— además creo que podrías tener la suerte de encontrar a una mujer tan maravillosa como tu madre; yo también me casé con ella por un acuerdo, y mírame como soy de feliz—manifestó Touga con un tono de voz conciliador, a la vez que se acerca a él y coloca su mano en su hombro, calmando un poco al menor, escuchando un bufido burlón de parte de Sesshomaru.

—¡Keh!, ¿pues ya que puedo hacer?, ya no hay nada que pueda hacerte cambiar de opinión—resopló con coraje Inuyasha zafándose del agarre de su padre, dándose la vuelta con todas intenciones de marcharse, pero antes de que pudiera salir, la voz de su padre lo detuvo.

—Prepárense, vístanse con sus mejores galas, sobretodo tú Inuyasha; porque esta noche cenaremos en el palacio humano, para oficializar la unión, y tu madre también irá Inuyasha, así que por favor recuerda tu educación y compórtate como un caballero, aunque no lo parezcas—ordenó implacable mirándole de nuevo con la ceja alzada, recibiendo un bufido de parte de su hijo, que no se dignó a girarse a verlo.

De sobra sabía que se encontraba fúrico por el hecho de estar informándole esta situación el mismo día que se llevaría a cabo. Yo mismo me reprochaba mi poca consideración, pero conociendo a mis hijos como lo hago, sabía que era mejor echar la bomba el mismo día, y no calentarlos durante una semana. Seguramente durante esa semana hubiera ardido el castillo, o el pueblo vecino…lo que hubiera sucedido primero.

—Y tú Sesshomaru…ahórrate tus comentarios desagradables o lo lamentarás; ambos lo harán—puntualizó intentando amedrentarlos— si alguno de los dos hace una estupidez ambos serán severamente castigados—advirtió con recelo el monarca, observando algo cansado como su hijo menor, salió hecho una furia del salón azotando la puerta en el proceso; mientras que su hijo mayor salió con su acostumbrada elegancia y tranquilidad. En definitiva nada le preparará lo suficiente para lo que se viene.

Que los dioses lo perdonaran por poner en este predicamento a Inuyasha, de veras que si no fuera su única salida jamás lo hubiera obligado a hacerlo. Nunca se había considerado un padre injusto, pero cabía mencionar que antes que padre, era rey…

Tenía un compromiso con su gente, las personas que confían sus vidas en sus manos. Definitivamente no podía fallarles. Aunque su corazón de padre se viera malversado por esto, tenía que aceptar…

Que no había vuelta atrás.


¡Hola!

Me encanta saludarlas el mismo día que actualizo otro fic—técnicamente no es el mismo día, son las 2:15 de la mañana—la verdad es que tenía atorada esta continuación desde hace un buen tiempo, y es porque de esta historia hice lo que con ninguna otra.

Tengo al menos siete capítulos escritos en borrador. Cuando subo un nuevo capítulo, lo copio y pego en otro documento y me encargo de redactarlo y darle los últimos toques finales antes de que vea la luz.

Estoy consciente de que debería de hacer eso mismo con todos los demás pero…

Na la verdad si soy una flojonaza de primera.

De cualquier modo, agradezco mucho los comentarios que me regalaron tan amablemente esas tres personitas. Y créanme que al estar revisando los reviews y leer de nuevo los suyos…dije, bueno…¿Por qué no la actualizo?

* Seppuku: Acto "honorable" de los samurais y altos mandatarios, donde se suicidaban para evitar caer en desgracia. Era un proceso donde se cortaban con el filo de su espada el estó el caso de Sesshomaru, para el sería una desgracia el tener que atar su vida a una humana.

Besos…