Nada de crepúsculo me pertenece, la historia es de Meyer y yo solo la utilizo con fines de entretenimiento.

Summary: De un pueblo se puede escapar, pero jamás puedes escapar de las acciones que una vez pretendiste olvidar. Por algo dicen que el destino es puerco.


II

Bella Swan.

Habían pasado casi ocho años desde que Edward había escuchado ese nombre. Inmediatamente se olvido que iba en un auto rumbo a Forks, para hacerse cargo del embarazo de su hermana que se encontraba en la etapa final, lo único que podía recordar era unos ojos chocolate que sonreían todo el tiempo sin importarle los problemas que tuviera en su casa.

Isabella había sido la primera amiga que había tenido desde que se habían mudado a Forks, aunque nunca estaba un año completo a su lado, solía llegar todos los veranos con una historia nueva que contar, siempre tan descabelladas como los absurdos accidentes que le sucedían cuando caminaba incluso por una superficie plana. Edward la había visto crecer todos los años hasta que se volvió una mujer.

Bella, como le gustaba que la llamara, se había asentado en Forks cuando cumplió los dieciséis años, su madre se había casado de nuevo y no quería interponerse en su felicidad, había llegado diciendo que Charlie necesitaba de su ayuda, si quería sobrevivir mucho tiempo como policía, siempre decía que no entendía como había sobrevivido pese a sus practicas negligentes en la cocina.

Las cosas habían cambiado mucho desde que había decidió quedarse en el pueblo, todos los chicos de la escuela querían tener una oportunidad con la hija del jefe de policía, Bella tenia la excusa perfecta para todos, esconderse detrás de Edward para que dejaran de fastidiarla, y él la protegía para que nadie la incomodara, toda la situación termino conllevando…

— ¿Edward? —pregunto Alice zarandeándole un hombro—, ¿Estas bien?

— Si, solo estoy cansado —dijo Edward bostezando—. Mamá me dijo que están ocupando nuestra antigua casa.

— Es una casa muy espaciosa —intervino Jasper manejando con moderación—. Lo mejor de todo, es que no esta en el pueblo.

— A Jasper no le gusta las multitudes —comento Alice frunciendo el cejo—. No entiendo como haces para trabajar en la preparatoria.

— Por que solo me encargo de la programación de las computadoras —comento Jasper observando la carretera con demasiada atención—. La única que me habla es Bella.

Alice observo a su hermano, para mirar su reacción, pero Edward parecía estar mucho más allá de Bella y lo que había representado en un momento de su vida. Edward observaba sin ver el comienzo de su nueva vida, su mente aun seguía perdida por la última información que Alice le había proporcionado.

Bella había sobrevivido magníficamente a su partida, había hecho una vida y hasta había tenido una hija, que seguramente sería igual de hermosa que ella, y tendría un hogar bien constituido con Jacob, ahora comprendía que los chocolates y el oso inmenso que traía en el avión iban para ella.

Jasper había manejado muy rápido desde el aeropuerto hasta su antigua casa, esta seguía como la última vez que la había visto antes de marcharse, blanca y con muchos cristales, era la casa perfecta para su hermana y los hijos posibles que llenaría los espacios con sus sonrisas y travesuras, quizás siguiendo los pasos de los anteriores niños, cuya diversión era esconderse entre los matorrales para asustar a la gente…

— Reconstruí tu habitación de nuevo —comento Alice cuando transpusieron el umbral de la sala—, espero que recuerdes como llegar a ella.

— Aun lo recuerdo —dijo Edward cargando sus maletas—. Lo que yo espero, es que no hayas hecho mucho esfuerzo en esto, sabes que no me incomodaría dormir en el sofá de la sala.

— Cuando Alice se propone algo, no hay quien la detenga —intervino Jasper cerrando la puerta de la entrada—. Se lo dije muchas veces, pero nunca me hizo caso.

– Alice —dijo Edward con reproche.

— Solo quería que estuvieras cómodo —repuso Alice poniendo esa cara que derretía hasta el corazón más duro.

— Buenas noches —se despido Edward negando con la cabeza.

— Que descanses Edward —dijo Jasper con una sonrisa.

— Dulces sueños hermanito —grito Alice cuando lo perdió de vista en las escaleras.

Edward intuía que no tendría dulces sueño como su hermana esperaba, nunca había contado con que iba regresar a Forks, y quizás fuera una treta del destino tener que volver a Bella, sabia muy bien que la ultima vez que se habían visto solo hubieron lagrimas y palabras duras, por eso había decidido marcharse a Chicago, donde su recuerdo no lo siguiera con tanta insistencia.

Pero las cosas ahora parecían ponerse en el lugar, donde siempre debieron haber estado, solo que esta vez no seria Edward y Bella, seria Bella, Jacob y su hija Nessie. Edward decidió tomar una ducha refrescante, tal vez la noche que había tenido que pasar al lado de una señora que insistía en no perder a su hijo, solo había provocado que aquello enterrado por años, floreciera como si nunca se hubiera sepultado.

— No ocurrirá nada —musito Edward para si—. Ella me odia y así seguirá siendo.

Y con este pensamiento durmió una placida noche.

Alice se cepillaba el cabello con cierta preocupación, sabia que las cosas tarde o temprano terminarían descubriéndose, no había poder humano para tapar el sol con un solo dedo, o al menos las verdades escondidas por tanto tiempo. Ella jamás había entendido como es que nadie se había dado cuenta, o como Edward con dos dedos de frente no se había percatado que Charlie le mintió para separarlo de Bella.

— Ya es tarde Alice —comento Jasper observándola detrás de su libro de la semana—, sabes que no puedes desvelarte tanto.

— Me desvelare cuando nazca —comento Alice dejando el cepillo en la cómoda—. Así que un mes menos no será nada.

— ¿Qué te preocupa? —pregunto Jasper observándola con detenimiento—. Te conozco lo suficiente, como para saber que algo te esta mortificando.

Alice apago el bombillo de la habitación y con parsimonia se fue a la cama, donde su marido la observaba con suspicacia, Jasper a veces solía ser demasiado perceptivo, lo que a veces asustaba a Bella, temía que Jacob se enterara que tanto él como Alice, le dijeran toda la verdad del asunto, pero Jasper nunca tendría intenciones de meterse en la vida de la gente, solo vivía para Alice y el hijo que estaba por nacer.

— ¿Me amas? –le pregunto Alice con ese tono que presagiaba nada bueno.

— Sabes que si —contesto Jasper dejando su libro en la mesa de noche para abrazar a su esposa—, pero no has respondido la pregunta.

— Creo que debe saberlo todo —dijo Alice cerrando los ojos—, se lo merece.

— No somos quienes para decidirlo —dijo Jasper cobijando los hombros de Alice—. Ellos deben resolver sus asuntos, ¿No crees?

Alice soltó un resoplido en señal de disgusto.

— Te apuesto, que cuando nazca el bebe, ellos no arreglaran su diferencias —comento Alice con voz somnolienta—. Bella y Edward son tal para cual, ambos son tercos para su propio bien.

— ¿Qué estas planeando Alice? —pregunto Jasper con recelo.

— Solo una ayudadita —contesto Alice bostezando—, ellos harán el resto.

— Jacob no se lo merece tampoco — declaró Jasper—. Él ha apoyado a Bella en los momentos más difíciles y no sería justo que vaya cambiar todo de la noche a la mañana.

— Bella no lo ama —altercó Alice con energía—. Y tampoco es sano mantener una relación solo por agradecimiento, es mejor que se de cuenta ahora, que esperar que tengan cincuenta años de matrimonio encima.

Jasper a veces se preguntaba, si su hijo saldría igual que Alice, siempre buscando la manera de que la gente fuera feliz de la manera que más le convenía, pero la gente no veía de la misma manera que Alice, eso le preocupaba, porque ella actuaba con las mejores intenciones que alguien podría actuar, pero quizás no todos comprendía el punto de vista especial que a veces le daba el aspecto de adivina.

— No te preocupes, Jazz —susurro Alice pretendiendo calmarlo—. Si no hay arreglo, te prometo que no intentare nada por remediarlo.

— Lo se —dijo Jasper intranquilo—. Ahora temo por Edward, sin necesidad que lo ayudes, creo que hará hasta lo imposible por seguir tu punto de vista.

— Él solo hará lo correcto —mustio Alice con voz adormilada—. Por eso nuestro hijo llevara su nombre.

Jasper sonrió, Alice solía ocurrírsele nombres verdaderamente extraños cada mes y hasta a veces semanas, su primer intento había sido Esme Isabella, por si nacía niña, luego paso al Rosalie Marie para no desairar a su hermana; cuando se había enterado que seria un niño, intento combinar los nombres de Jasper y Emmett en un solo nombre, pero no combinaban a pesar de los esfuerzos, ahora provisionalmente se llamaría Edward Carlisle, aunque probablemente terminaría agregándole el nombre de Jacob, si la disputa entre ellos no terminaba en tragedia.

— ¿Cómo crees que se lo tome? —pegunto Jasper con ciertas reservas.

— Seguramente con sorpresa, luego con rabia y por último se alegrara —contesto Alice con voz pastosa—. Tienes razón, desvelarme me produce demasiado cansancio. Buenas noches Jasper.

— Buenas noches Alice —dijo Jasper besando la cima de su cabeza.

Jasper durmió con el pensamiento, de que las cosas en Forks, no volverían a ser iguales, cuando Edward pusiera un pie en el hospital del poblado.

Edward se levanto con un optimismo sin precedentes, ni siquiera se podía comparar cuando le habían anunciado que trabajaría en el mejor hospital de Chicago, bajo por las escaleras silbando una cancioncilla que le había fascinado mucho cuando era adolescente, pero que por cosas de los años y la universidad, la había dejado de utilizar, quizás temiendo que lo tomaran por un niñato.

Un olor a panqueque recién bajo del sartén, lo desvió de su camino a la puerta, no quería ser una carga para su hermana, había planeado tomar algo por el camino o tal vez en la cafetería del hospital, ya había aprendido a vivir con esa comida por muchos años, así que no había diferencia entre la comida de un hospital de pueblo a un hospital de una gran ciudad.

— ¿Pensabas marcharte sin despedirte? —cuestiono Alice acariciando su embarazo.

— Pensé que aun seguías en cama —se disculpo Edward—. Cosa que deberías estar haciendo en este momento.

— Estoy embarazada, no lisiada –contradijo Alice—. Así que vas a tener que inventarte una excusa más convincente.

— ¿Jasper? —pregunto Edward sentándose para tomar su desayuno.

— Se fue a la preparatoria, aun no ha terminado de instalar algunos software —contesto Alice alzando los hombros despreocupadamente—, ¿Quieres que te lleve el almuerzo al mediodía? Me han dicho que la comida del hospital es fatal.

— No hay necesidad Alice —dijo Edward tomando un sorbo del jugo—. Debes descansar, además existen más locales de comidas en el pueblo.

—Voy a visitar a Nessie —comento Alice mirando a su hermano con atención—. Así que pensé, que podría llevarte algo de comer, mamá me ha contado que no te alimentas bien últimamente.

— Esta bien —refunfuño Edward, planeando tener una conversación con su madre—; pero no harás más esfuerzos durante el día, ¿Me escuchas Alice Whitlock?

— Lo prometo, doctor —dijo Alice con esfuerzo.

Por alguna razón, Edward sospecho de la actitud benevolente de Alice, si por algo se caracterizaba su hermana era por salirse con la suya.

— ¿Vas añadir algo más? —pregunto Alice.

— No —dijo Edward levantándose de la mesa—. Te veo al mediodía.

Edward salió muy apurado de la casa, tenia para transportarse la motocicleta que Jasper le había ofrecido antes de mudarse a Forks, quizás la velocidad lo ayudara a no pensar en devolverse, para hacerle toda clase de preguntas a su hermana acerca de Bella Swan, si, por que le interesaba saber todos los pormenores sobre ella y por que rayos tenía una relación un tipo con apariencia de loco como lo era el dichoso Jacob.

El hospital no quedaba tan lejos de su antigua casa, lo identifico por la gente que hacia fila para reclamar los medicamentos, en el mismo lugar de siempre. El vigilante lo saludo de manera parca, después de preguntarle a donde se dirigía, cual era el motivo de su visita y que le mostrara algún documento de identificación. El sitio seguía siendo el mismo de siempre, blanco y lleno de gente que se paseaba de arriba hacia abajo, como si aquello le ayudara a que el reloj corriera con más prisa, solo le quedaban unos cuantos minutos para entrevistarse con el director y posteriormente pasar al área de su especialidad.

— Perdone —lo llamo una vocecita desde el interior de un cuarto—. ¿Podría ayudarme?

Edward se detuvo a medio camino de su entrevista, al interior de un cuarto, se encontraba una niña de al parecer unos ocho años, tenía la piel blanca, los ojos del color del chocolate, sus mejillas estaban sonrosadas y su cabello era broncíneo, aunque estaba hecho una maraña de bucles que le colgaban en desorden.

— ¿Es usted doctor? —pregunto la niña observándolo con ojos graves—. Debe serlo, últimamente se habla de lo mismo por este pasillo.

— Si, soy doctor —contesto Edward entrando al cuarto con cautela—. ¿Qué te sucedió para estar internada?

— Me caí de un árbol —dijo la niña alzando los hombros con despreocupación—. Perdone la molestia, pero ¿me arreglaría las almohadas?, mi mamá se fue a conseguir mi desayuno.

Edward le acomodo las almohadas a la pequeña, admitía que la niña tenia demasiado ingenio y viveza, parecía ser muy independiente para su edad, aunque demasiado ingenua como para pedirle a cualquier extraño que acomodara las almohadas de su cama.

— Soy Edward Cullen —dijo Edward terminando de arreglarle las almohadas—. La próxima vez, espera a que tu mamá llegue, no puedes dejar que cualquier extraño entre a la habitación.

— Lo se —dijo la niña haciendo un puchero—, pero las almohadas estaban muy incomodas. ¿Tú eres hermano de la tía Alice?

— ¿La tía Alice? —pregunto Edward observando la niña extrañado.

— La tía Alice me conto que antes tenía el apellido Cullen —conto la niña con emoción—. Ella es muy divertida, me utiliza como su maniquí personal, aunque mi mamá no le gusta que a ella le hagan lo mismo.

Edward entendió en ese instante de quien se trataba, aquella niña describía con demasiada certeza a su hermana, solo alguien con la mentalidad de Alice, podía utilizar niños para ser su conejillos de indias para modelar los diseños que salían de esa loca cabeza.

— Soy Nessie Swan —se presento la niña estirando su manita hacía Edward—, aunque mi nombre verdadero es Reneesme, no me pregunte que significa, por que solo a mi mamá se le pudo ocurrir un nombre bien extraño.

— ¿Tu mamá? —repito Edward consternado—. ¿Tu mamá es Bella?

Antes que la niña pudiera contestarle a Edward, alguien entro a la habitación con parsimonia, Edward se quedo de piedra, solo una persona podría entrar en esa habitación y a esa hora.

— ¿Edward? —pregunto una voz que no había escuchado en muchos años.


Hola a los 69 que leyeron este fic de manera valiente y gracias a la unica persona que puso su review, no planeo mucho extenderme, pero quiero agradecer a quienes hayan esperado que actualizara de nuevo, asi que aspiro que más gente pase por aqui y opine de esta nueva historia que estoy escribiendo y que sera cortita, asi que mis lectores de "Del crepusculo al amanecer", si es que pasan por aqui, no se preocupen estoy tratando de que el proximo capitulo salga pronto. Ya saben las ocupaciones, no te dejan en paz ni un segundo. Espero que les haya gustado el capitulo.

Hasta una proxima oportunidad...

;) Kathyarius