-Veela-chan aparece en escena haciendo una reverencia-

Le agradezco a Kami que mi madre se haya marchado de la casa para poder publicar. Mis ritmo de publicación se ve afectado por que estoy castigada y pues por acá fastidian mucho la existencia. Aún así aprovecho para ir subiendo el segundo capítulo que milagrosamente he podido publicar hoy. Con el tercero ya no estoy tan segura de si saldrá mañana o pasado, pero quien sabe. Ahora quiero agradecer a las cinco valientes que me dejaron un review. Muchas gracias, de verdad! -otra reverencia- Espero que en este capi también comenten. A leer!


Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto


La Bella Durmiente

-2-

La sangre resbalaba por las paredes, formando un espantoso charco en el suelo. Un muchacho rubio estaba recostado en la mitad de la habitación, la mirada aterrorizada fija en el cuerpo crucificado en el techo. Un par de ojos turquesas le rogaban con insistencia que lo matase, que el sufrimiento era demasiado, pero él no podía moverse, estaba paralizado. Entonces una figura encapuchada entró en la estancia, pistola en mano. Los tiros llegaron antes de que pudiera hacer algo. Arriba, en el techo, Gaara comenzó a gritar. Naruto lo acompañó un momento después…

— ¡Naruto! —Abrió los ojos de golpe, encontrándose con el preocupado rostro de Sai a escasos centímetros de distancia. La habitación estaba curiosamente oscurecida, aunque podía ver como la luz del día se esforzaba por penetrar a través de las cortinas. Jadeando, se acostó nuevamente. Había tenido otra pesadilla—. Estás llorando.

El rubio, sorprendido más que molesto, se pasó una mano por las mejillas, desapareciendo todo rastro de las lágrimas, aunque tenía los ojos enrojecidos. Intentó incorporarse, pero el moreno lo obligó a quedarse tumbado. No se había dado cuenta antes pero Sai tenía un vaso de un espeso líquido rojo en la mano izquierda. Medicina. A pesar del tratamiento alternativo para sus pesadillas, Naruto debía tomar una vez al mes una composición especial de medicamentos que le ayudarían a combatir las locuras de su subconsciente. Le quitó el vaso a Sai de malos modos y se bebió esa cosa de un solo trago. Sabía a rayos.

— ¿Ya puedo sentarme? —preguntó con irritación. El moreno se hizo para atrás en el mismo instante que el rubio se incorporaba de golpe. Mala idea. La cabeza comenzó a darle vueltas de inmediato, producto de las malas noches acumuladas. Su trabajo iba a matarlo—. ¿Qué hora es?

—La una —replicó el aludido de inmediato—. Pero no te alarmes —se apresuró a añadir al ver la cara de pánico que había puesto su compañero—. Llamé a Yamato para avisarle que no estabas bien y él dijo que podías tomarte todo el día. La reunión con el general de las Fuerzas Especiales se canceló.

—Gracias a Dios… por fin vacaciones.

Le revolvió los cabellos al moreno en un gesto nada propio y volvió a acostarse, esta vez mucho más relajado. Los medicamentos habían comenzado a hacerle efecto.

— ¿En que soñabas esta vez? —preguntó Sai después de un rato. Como casi nunca sucedía, había percibido curiosidad en su voz.

—Gaara —escupió el nombre como si le quemara. De solo recordarlo se le achicaba el corazón y le entraban unas espantosas ganas de llorar—. Su muerte. ¿Por qué será que todas las personas a las que quiero acaban muertas en mis pesadillas?

—Por que son importantes para ti. Tu subconsciente quiere torturarte y simplemente se aprovecha de la información que tiene a la mano.

—Interesante explicación —le sonrió de medio lado—. Lo llamaré, sólo para saber si está bien.

Sai se levantó de la cama, agarró el vaso del velador y se encaminó a la puerta. Antes de salir se quedó de pie en el umbral, cabizbajo.

— ¿Después de cuatro años de negarte a hablar con él, vas a llamarlo como si nada hubiese sucedido para preguntarle si está bien? —no había ninguna emoción en su voz. Había vuelto a ser él mismo—. Tú sabes que esa no es la razón de tus pesadillas con él. El kazekage está perfectamente. Lo único que pasa es que te sientes culpable por haberte largado sin darle explicaciones. A veces te pasas de idiota.

Y sin decir nada más abandonó la habitación.


—Señor, su cita de las dos llegó —anunció la secretaria por el intercomunicador—. Viene acompañado. ¿Les hago pasar?

—Sí.

Uchiha Sasuke, el juez más joven e importante de la nación, se puso de pie en el mismo instante que se abría la puerta de su oficina. Un hombre de impecable traje negro acompañado por una guapísima mujer de llamativo cabello rojo y sugerente vestido blanco le saludó con cordialidad antes de tomar asiento.

—Diez minutos tarde, Suigetsu —comentó el pelinegro con su habitual impasibilidad. Eso era peor que oírle gritar—. Pensé que te había dicho que era una reunión privada. Ni siquiera tu esposa es tan importante como para atender a nuestra conversación —miró a Karin un momento, los ojos manteniendo su inexpresividad.

—Karin, mi amor… —era de lo más extraño escuchar a Suigetsu, patán de primera, hablarle con tanta ternura a alguien. La pelirroja se puso bruscamente de pie y salió de la oficina con paso firme. Una vez se aseguraron de que Karin no podía escucharlos el peli plateado cambió la cara de cumpleaños por una de funeral. No había ido allí a jugar—. ¿Para que me llamaste?

—El general de las Fuerzas Especiales canceló su reunión con el detective a cargo de la investigación de los asesinatos políticos —replicó con rapidez—. Quiero saber por qué.

Suigetsu se lo pensó unos instantes. Esa mañana había tenido una reunión con el general, pero en ningún momento había dado señales de que pensase cancelar la cita con el detective.

—Ni idea —le sonrió con algo de culpabilidad—. Ya sabes como es él, Sasuke, no le dice nada a nadie si es que puede evitarlo. Igual, intentaré sacarle información a su secretaria.

—Eso espero.

Sasuke se recostó en su silla antes de estirar la mano y activar el intercomunicador.

—Neela, trae el paquete que te encargué en la mañana —ordenó a su secretaria. Unos momentos después la guapa muchacha de cabello castaño entraba en la oficina contoneándose, una pesada carpeta metida en un sobre manila, reposando en sus brazos—. Puedes irte.

La chica abandonó la oficina a la velocidad de la luz.

—El informe final de las dos autopsias y los formularios para tramitar la legalización del caso —contestó Sasuke a la pregunta no formulada—. Tsunade-san ha decidido mantener todo este asunto dentro de los círculos de poder, por eso me ha enviado esto a mí. Normalmente hubiese ido a parar al bufete de su ex marido. Aunque no puedo descartar que ellos tengan una copia.

— ¿Y eso que tiene de interesante?

—Acceso a información clasificada, idiota —explicó en voz baja—. Ahora vete.

Suigetsu se puso lentamente de pie. Rodeó el escritorio y se acercó a Sasuke lo suficiente como para rozar su perfecta nariz con los labios.

—Regresaré mañana con la información —se alejó de golpe, como si la piel del moreno quemara—. Nos vemos, Sasuke-kun.

El peli plateado salió de la oficina cerrando despacio tras de si. Sasuke relajó levemente los músculos de la espalda antes de ponerse a revisar los informes.


—Hasta que apareces, detective —Naruto dio un gracioso saltito cuando su mejor amiga lo sorprendió por detrás—. Kakashi-san te busca.

Estaban de pie en medio del recibidor. El rubio había llegado hacia unos minutos después de dormir lo que le parecieron días, aunque fueron sólo unas cuantas horas. Había decidido que estaba lo suficientemente descansado como para pasarse un rato por la oficina a ver como andaban las cosas. Se volteó lentamente, con una mano en el pecho. Sakura puso su sonrisa de gato y le plantó un consistente beso en la mejilla.

—Está en el laboratorio —le dijo la muchacha—. Sai está intentando explicar tu ausencia. Digamos que Yamato olvidó decirle a su superior que te concedió el día libre.

—Vamos rápido.

Atravesaron un largo pasillo enmoquetado en gris, hasta llegar a un pequeño lobby con tres ascensores de cada lado. Se subieron en el primero que se detuvo en ese piso y el rubio presionó el botón con el cinco grabado a mano en el mármol. En menos de un minuto estaban en la quinta planta del Cuartel General. Recorrieron nuevamente un larguísimo pasillo hasta llegar a la única puerta de todo el piso. Sakura introdujo su tarjeta de identificación en la ranura junto a la puerta, que se abrió soltando un bufido hidráulico.

— ¿Dónde están? —preguntó el rubio tras echarle un vistazo al llamativo interior del laboratorio. Una estancia gigante de paredes blancas, con mesas de trabajo para cuatro personas con un ordenador en el centro, microscopios y demás implementos de trabajo. Casi una cincuentena de hombres y mujeres trabajaban sin descanso en ese lugar aislado—. No los veo por ningún lado.

—La oficina —señaló la pelirosa una puerta de madera negra al fondo del laboratorio—. Shizune está aquí supervisando la revisión de las pruebas recolectadas ayer. Tsunade-san la ha relevado de todas sus actividades de asistenta para que regrese a su antiguo trabajo como directora en jefe del área de laboratorio. Eso demuestra lo serio que es todo este asunto.

Naruto puso cara de circunstancias y siguió a la pelirosa a través del laberinto de mesas y laboratoristas. Al llegar a la puerta negra la abrió sin llamar y se hizo a un lado para que el rubio pudiera pasar.

— ¡Ahí estás! —exclamó Sai con algo parecido al alivio desbordando su voz. Se enderezó cuan alto era, mirando a Kakashi con los ojos entornados—. Yamato te dio el día libre, ¿no es así?

—Mis pesadillas volvieron —dijo el rubio por toda explicación, dejando la conversación zanjada—. Pero ahora estoy aquí, así que pueden decirme por que me necesitan con tanta urgencia.

—Hará cosa de una hora que enviamos los informes de las dos autopsias al juez encargado de legalizar el caso —dijo Shizune, en quien el rubio no había reparado antes—. Tsunade-sama ha decidido mantener a su ex esposo fuera del caso por su propia seguridad. Ya sabes como es de terca. Le dije que está poniendo en peligro a un importante personaje de la nación pero no ha querido escucharme.

—El juez en cuestión está esperándote en tu oficina —añadió Kakashi tras unos momentos de silencio—. Se suponía que antes de reunirte con él hablarías con el general de las Fuerzas Especiales, pero ha cancelado la cita.

—Sai me lo comentó —replicó—. Entonces iré a hablar con este juez. Por cierto, ¿quién es?

—Uchiha Sasuke —le aclaró la pelirosa.

El rubio se quedó un momento en silencio, intentando recordar dónde había escuchado ese nombre antes. Al final se dio por vencido y salió del laboratorio sin decir nada. Cuando estuvo encerrado nuevamente en el ascensor comprobó su apariencia en el espejo a su lado, buscando una nueva mancha de sangre en la camisa, pero por suerte la herida seguía cerrada. Una vez en su planta, la secretaria apostada junto al ascensor le indicó que tenía visita y le agradeció el gesto con una lacónica cabezada. Por algún motivo se sentía inusitadamente nervioso.

—Buenas tardes —saludó el rubio a la alta figura de cabello negro que le daba la espalda—. Uzumaki Naruto, detective de homicidios. Encantado.

—Uchiha Sasuke, juez —el moreno se volteó lentamente hasta dar la cara a su interlocutor. Por un momento las miradas de los dos hombres se quedaron prendadas la una de la otra. Naruto sintió como los colores le subían a la cara y desvió el rostro. Sasuke sonrió de medio lado unos segundos antes de poner su característica cara de palo—. Un placer.

—Siéntese, por favor —le indicó el rubio una vez recuperado de la impresión. El hombre frente a él tenía pinta de todo menos juez. Tenía la piel pálida y parecía bastante suave; los labios, la nariz y los pómulos eran perfectos, un marco ideal para un par de insondables ojos negros que parecían ver en lo más profundo de su alma. Para finalizar tenía un cuerpo de campeonato que el traje caro no disimulaba del todo. ¿Quién demonios era ese tipo?—. Lamento la demora. He estado indispuesto todo el día.

—Acabo de llegar.

—Entonces vamos al grano —se acomodó mejor en su asiento, intentando no ser traicionado por sus nervios—. Me han comunicado que le entregaron los informes de las autopsias para la legalización del caso.

—Exactamente —metió una mano de dedos largos y esbeltos en el maletín de cuero que reposaba en el suelo. Sacó una carpeta de considerable grosor que le tendió inmediatamente al detective—. He hecho todos los trámites pertinentes, sólo falta la firma del encargado del caso.

El rubio abrió la carpeta por la última página, dejando que sus ojos se deslizaran por las palabras hasta la línea punteada al final de la hoja. Sacó un esferográfico del cajón a su derecha y firmó rápidamente. Luego cerró la carpeta y se la regresó al juez.

—Listo.

—Le enviaré una copia del documento mañana; el original es para archivo —dicho eso se puso de pie, dispuesto a marcharse—. Nuevamente, un placer conocerlo, Uzumaki-san.

—Llámeme Naruto, que no soy tan viejo —le ofreció su mano, la cual Sasuke estrechó sin dudar—. Nos veremos de nuevo, supongo.

—No lo dudes.

En ese momento se abrió la puerta de la oficina. Sai entró tan campante como siempre, saludó escuetamente a Sasuke y se sentó en la misma silla que éste había ocupado hacia unos segundos. El juez se quedó contemplando al recién llegado con un gesto indescifrable. No le agradaba, supuso Naruto.

—Agatsuma Sai, laboratorista —hizo las presentaciones el rubio para salvar la situación—. Sai, él es Uchiha Sasuke, juez.

—Lo sé, nos conocemos —replicó Sai, acentuando la frase con un vago gesto de la mano—. Hace dos años que no te veía por aquí, Uchiha. Pensé que te habían transferido a Suna permanentemente.

—Pues no —dijo Sasuke, cortante—. Hasta luego, Naruto.

Y antes de que el rubio pudiera preguntar que demonios sucedía, Sasuke ya había salido dando un portazo.

—Explícame que es lo que acaba de pasar.

—Antes de que llegaras a Konoha yo todavía era un estudiante en la academia. Uchiha Sasuke era mi compañero, un prodigio al que se llevaron a Suna para que aprendiera técnicas de espionaje —el moreno se pasó una mano por los cabellos—. Ese tipo no es sólo un juez, si no un espía de primera. Supongo que por eso Tsunade decidió encargarle lo legal del caso a él. Sabe más cosas de todo el mundo que el mundo mismo.

—Pues no se llevaban bien —comentó el rubio, todavía confundido. ¿Un juez espía? ¿Qué otros secretos ocultaba Konoha que no hubiese descubierto en sus cuatro años viviendo allí?—. ¿Se pelearon?

—Me odia sin razón, así es él. A todos quienes consideren inferiores los trata como si fueran basura o no los trata en absoluto. Es una pena que Jiraiya-san no esté al mando; él si es una persona de confianza.

Naruto negó ligeramente con la cabeza. La parecía extraño en demasía que Sai hablase así de una persona a la que a penas conocía y con tanto odio en la voz. Entonces se dio cuenta que no conocía a su mejor amigo en absoluto. Pero decidió dejar pasar aquella incómoda situación enfocando la mente en otros asuntos, como por ejemplo los avances del caso.

— ¿Han logrado descubrir algo con el análisis de las pistas? —preguntó Naruto recostándose en su silla.

—Absolutamente nada, por eso vine. Quién haya matado a esos dos viejos debió usar guantes u pasamontañas, porque no hay cabellos ni rastros de piel seca en ningún lado. Ni siquiera una condenada huella dactilar. Estamos a ciegas —mientras pronunciaba esas palabras Sai había metido la mano en el bolsillo de su bata para sacar un pequeño libro de cubiertas moradas—. Libros educativos —explicó ante la curiosa mirada de Naruto—. Sakura me lo ha regalado.

— ¿De qué trata?

—Algo sobre el respeto a las mujeres —comentó con aire distraído—. Supongo que sigue molesta por que la semana pasada la llamé marimacho insensible.


Sasuke ya había llegado a su oficina, que curiosamente estaba ubicada a escasos quince minutos del cuartel general Anbu. En su ausencia su secretaria había dejado una lista con todas las llamadas recibidas, el nombre del que llamó y su número anotado con pulcra caligrafía. Dejó el maletín junto a su silla y hundió el rostro en las manos. El corazón le palpitaba alarmantemente rápido y su mente no dejaba de perfilar los suculentos labios del detective. Cuando lo había visto de pie junto a la puerta, todo desaliñado, casi le da algo. Había logrado controlarse bastante bien, pero ahora que estaba solo podía dejar que toda la impresión lo embargara por completo. ¿Quién demonios era ese tipo?

—Uchiha-san —la voz de su secretaria salió flotando por el intercomunicador—. Tiene una llamada urgente.

—Comunícame.

Unos segundos después el teléfono que reposaba sobre su escritorio comenzó a sonar. Contestó al segundo timbrazo.

— ¿Diga? —Escuchó unos momentos con el ceño ligeramente fruncido—. Está bien, veré que puedo hacer —colgó.

Se levantó bruscamente de su silla y se puso a contemplar la ciudad de Konoha por la ventana del segundo piso. ¿Por qué demonios querría verlo su prima? Las cosas por las que tenía que pasar…

—Neela, saldré nuevamente —avisó a la muchacha una vez en el pasillo—. Todas las llamadas de hoy pueden esperar a mañana, ¿entendido?

— ¿Regresará?

—No lo creo.


Eran las nueve de la noche cuando Kakashi finalmente le permitió a Naruto marchar con Sai. Ese día no habían tenido mucho que hacer, pues nadie había llamado a reportar un crimen y la escasez de pistas del caso en vigencia, al que el rubio había bautizado acertadamente con el nombre de La Bella Durmiente, hacían imposible el seguir investigando. El rubio estaba por encender el auto cuando Sakura salió corriendo por la puerta principal y saltó al asiento trasero resollando por el esfuerzo.

— ¿Les molesta si los acompaño? —Preguntó tras recuperar el aliento—. Kakashi me ha permitido irme a mí también.

—Vamos a un bar —dijo Sai como si eso pudiera persuadirla—. No tienes aguante para el alcohol.

—Cállate, Sai —le espetó el rubio de malas maneras a su copiloto—. Puedes venir, pero prométeme que tomarás solo un trago y nada más.

—Lo prometo.

No muy convencido el rubio encendió el auto y enfiló las atestadas calles de Konoha. La mayor parte del trayecto hacia el bar la hicieron en silencio pues no tenían nada que comentar. Tras veinte minutos de viaje llegaron al centro, una zona llena de bares, discotecas, puestos de comida rápida y personas de lo más variopintas. Naruto aparcó a dos cuadras del bar por que no había lugar dónde estacionarse más adelante, así que les tocó caminar tomados de las manos para no perderse entre el gentío. Al llegar a la puerta un guarda les detuvo con un gesto, a lo que el pelinegro le mostró una tarjeta VIP que permitía la entrada al titular y dos acompañantes. El guarda se hizo a un lado y les permitió pasar.

Adentro todo estaba decorado en tonos de azul y morado, con pequeñas lamparitas de luz blanca colgando sobre las mesas, dándole un extraño efecto de misterio al lugar. Una camarera desocupada se les acercó y los condujo al apartado para clientes frecuentes y les entregó la cartilla. Cinco minutos después dos margaritas y una botellita de sake para Sakura llegaron a la mesa en una bandeja de plata triangular. Sai agradeció a la camarera y le pidió que les trajese algo de comer.

—Enseguida —y se marchó bien contenta meneando las caderas.

Nadie dijo nada durante un rato, pero después de que el efecto inmediato del alcohol les aflojara un poco la lengua se enzarzaron en una ligera conversación sobre asesinatos. Sakura era quién conocía mucho más del tema, pues ella se pasaba casi todos los días rodeada de muertos. No había nadie en el mundo que pudiese hacer de médico forense mejor que ella, o al menos eso era lo que creía Naruto.

—Te lo aseguro, es muy sencillo reconocer la vía de una bala dependiendo del lugar por dónde entró al cuerpo —decía la pelirosa cuando la camarera dejó una bandeja con canapés en el centro de la mesa—. Si entró por la base de la espalda y el orificio de salida está en el pecho, la bala seguramente rozó los riñones, el hígado, los pulmones y el corazón. También pudo destrozar el esternón, aunque todo depende de la ubicación del segundo orificio.

—También puedes saberlo si analizas el tejido que queda pegado a la bala —añadió Sai, sacudiendo un empanadita de pollo—. Todos los órganos internos, a pesar de ser de una composición parecida, tienen tejidos característicos.

—El caso es que tanto médicos forenses como laboratoristas son buenos para identificar daños internos en el cuerpo —zanjó Sakura la conversación. Se sirvió un poco más de sake y bebió de golpe—. Cambiando de tema, ¿Cómo es que vinimos a parar aquí? No tenemos nada para celebrar.

—Quería distraerme un rato —replicó el rubio, ligeramente sonrojado. Debía de ser el tequila—. Estoy estresado.

Sai bebió otro trago de su margarita antes de terminarse la última empanadita de la bandeja. Sin preguntar a nadie llamó a una camarera que pasaba cerca de ellos y pidió que le trajesen otra igual.

—Sus pesadillas han regresado —dijo el pelinegro como quien no quiere la cosa—. Supongo que está intentando cansarse lo suficiente para dormir sin soñar.

— ¿Y es que el tratamiento que Tsunade-san te ha indicado no funciona? —preguntó Sakura con un deje de fastidio en la voz. Ella no había nada sobre los métodos alternativos para tratar los trastornos del sueño—. Hablaré con ella, si quieres.

—Claro que no —saltó el rubio, alarmado—. Es culpa del cansancio, nada más. Cuando termine este caso me tomaré unas vacaciones y todo volverá a la normalidad —se terminó su margarita con un último trago y saboreó el regusto amargo del tequila en su paladar. No se había dado cuenta de lo mucho que le gustaba esa bebida—. Creo que pediré otro.

—Entonces yo también —se unió Sai—. Y Sakura puede tomarse otra botella de sake.

—Pero le prometí a Naruto que me tomaría sólo una —su tono era de fingida inocencia pero en realidad el rubio podía ver que se moría de ganas de seguir bebiendo, así que le dio su aprobación—. ¡Listo!

Se levantó de la mesa y anduvo hasta la barra, dónde pidió las tres bebidas y regresó acompañada de una camarera. Pasaron una hora más atiborrándose de licor, hasta que decidieron que ya habían tomado bastante. Sakura se abrazó a Sai una vez salieron del bar y Naruto tuvo que arrastrarlos de vuelta al auto. Una vez sentado tras el volante el rubio cerró los ojos, intentando concentrarse. Iba a manejar en estado de embriaguez, él, un policía. Si otro de sus compañeros lo atrapaba así, le comunicarían a su jefe y de seguro le retiraban del caso.

— ¿Estás bien para manejar? —Le susurró Sai al oído—. Podemos esperar un rato para que se te pase.

El rubio iba a responder, pero su móvil comenzó a vibrar con insistencia en el bolsillo de la chaqueta.

—Numero desconocido —receloso, presionó el botón de descolgar y se llevó el auricular a la oreja—. ¿Diga?

— ¿Naruto?

El aludido estuvo a punto de morir de la impresión. El efecto del tequila se le pasó de inmediato al reconocer la voz de su interlocutor.

— ¡Gaara!


Nota de autor: Espero que les haya gustado la recompensa! (Sasuke) Nuestro amado personaje al que el sexo le quita el mal humor a entrado en escena con un misterioso trasfondo. ¿Por que será que está tan interesado en saber cosas sobre el general de las Fuerzas Especiales? ¿Por que Suigetsu se toma tantas confianzas con él? y ¿Por qué Naruto huyó de Suna? Las respuestas a esas preguntas están en el otro capítulo y pues los que vengan después de ese.

Nos vemos...!