Hola de nueva cuenta. Me olvidé de mencionar algunas cositas en el capítulo anterior, primero, Bill utilizará los apodos con los que llama a los personajes solo ocasionalmente, para esto también debo decir que estarán en inglés y español ya que me gusta –Gran justificación pequeña Nayi, nótese sarcasmo –ahora, a mí me parece que –por razones que el mismo Bill explicará para no hacerles más largo este espacio que estoy casi segura nadie leerá –considero que él puede ser un Suke, solo pienso eso y quería prevenirlos por si a alguno no le agrada esta posibilidad.
Ni bien había terminado de hablar con el rubio cuando la puerta se abrió de golpe revelando la presencia de las tres eufóricas jovencitas, que obviamente estaban allí para ver al lindo rubio matizado, rápidamente, y recordando que nadie debía saber que ese de allí era Bill Cipher, se tiró sobre él, obligándole a sentarse sobre la cama, si fue doloroso para el humano primerizo no le importó en ese momento y tampoco tomó en cuenta un pequeño gemido doloroso cuando se percató de su desnudez apenas separó levemente las piernas a causa del fuerte sentón, ante esto apartó la mirada a la puerta cubriendo rápidamente al sensual "extraño" hasta el cuello con suaves sábanas, aparentando que todo este tiempo le había estado cuidando.
Las chicas al parecer no se percataron de sus acciones y si lo hicieron prefirieron no indagar, en esos momentos era más importante tratar de acercarse al chico nuevo.
-debes reposar un poco –Dijo el castaño con falsa preocupación y entre dientes, podría verse como estrujaba al rubio con la mirada más resentida que podía tenerse-
Sus hombros temblaban, para él era difícil hacerle favores al molesto "demonio de los sueños" aunque podía olvidarlo por unos segundos y dedicarse a verle en su forma humana…es decir, era, era más tolerable verle como otro humano… claro que era imposible ya que esas chicas difícilmente iban a dejar descansar al pobre humano primerizo.
-claro amigo –Sonrió ladino, acariciando con una de sus manos su precioso cabello dorado mientras lo colocaba sobre su ojo desigual, ocultándolo instintivamente de todas las intrusas-
Se arropó cómodamente, aflojando un poco su corbatín decidió poder a un lado su sombrerillo que desafiaba la gravedad; Una mirada de advertencia por parte del castaño le señaló sobre mantener un bajo perfil con las chicas. Al menos lo más bajo que ser un atractivo chico le permitía.
Velozmente las tres adolescentes se acercaron a la cama en donde reposaba ese apuesto chico, todas rodearon su cama mientras una sonrisa alargada y tímida sobre sus ruborizados rostros se extendía, sacaron a un lado a un celoso castaño que no supo sino cruzarse de brazos a los pies de la pieza, evadiendo la mirada socarrona del guapo muchacho de ojos desiguales, era tan molesto.
-¿Te encuentras bien? –Preguntó inocentemente preocupada la chica asiática, acomodando las oscuras lentillas sobre sus ojos-
-por supuesto –Dio una hermosa sonrisa suave para todas, sus delgados dedos acariciaron los bordes de la manta-
Un suspiro involuntario escapó de labios de todas las presentes, ese chico era un sueño…o el amo de ellos…pensó Dipper con sorna, si esas pobres ilusas supieran que su chico amado no era otro que el pequeño isósceles flotante con complejo de crío.
-pero Pin… -Carraspeó haciéndose el desentendido ante el evidente desliz de sus palabras –Pines me dijo que debo guardar un poco de reposo antes de que me vaya a casa –Habló con voz sedosa –tu hermano me ha estado hablando de ti, Mabel, muchas gracias –Le dio una mirada dulcemente mentirosa a la castaña, volvió los ojos al castaño, como si le retase con la mirada, viéndole por el rabillo de sus ojos, por lo menos del que se permitía mostrarles –de verdad no todas las personas son tan amables como tú y tus amigas, son muy lindas, gracias –Susurró como si se encontrase genuinamente agradecido –desgraciadamente ahora mismo no puedo agradecer de una mejor manera…
Con lentitud sacó sus brazos de debajo de las sábanas, mostrando parte de su definido y rubio pecho.
La castaña se ruborizó, ese chico era…wow, mientras que sus amigas suspiraban enamoradizas, el castaño rodó los ojos con molestia: sí claro, Cipher era un presumido solo por ser atractivo, que tonto rubio, pensó con ligero deje de rabia, ¿Por qué se enojaba? ¡Claro! Le molestaba la forma de comportarse de ese sujeto, era tan odiosa…y que les coqueteara a las chicas era detestable.
-bien, bien, deben dejarlo descansar un momento, cuando se sienta mejor pueden verlo –Pidió el de cabellos morenos, acomodando los brazos a sus costados-
Caminó hacia su melliza y sus amigas, empujando a las tres chicas en dirección a la puerta mientras él avanzaba, siendo observado atentamente por el rubio, quien no dudó un segundo en acomodarse de nuevo bajo las mullidas sábanas, ellas en cambio no dejaban de sonreírle al invitado, viendo hacia atrás sin importarles que literalmente estuviesen siendo arrastradas por el castaño menor.
-pero aun no sé su nombre… -Se quejaba su hermana mayor dando un ligero golpe al piso con su pie-
-cierto –Apoyó la de cabellos oscuros – ¿Cuál es tu nombre?
El rubio tamborileó los dedos, aferrando las orillas de la manta en son de nerviosismo, se mantenía pensativo, llevando inquietamente sus ojos por las decoraciones de la manta hasta que respondió con una de sus más confiadas sonrisas.
-Phill –Respondió pasando la mirada al castaño, una mirada sugerente –me llamo Phill –Una suave sonrisa surcaba sus sonrosados labios mientras veía por el rabillo del ojo a las chicas.
El castaño, quien por darle la espalda tuvo que voltear a verle terminó por dejar fuera a las chicas, cerrando la puerta detrás de sí.
-que hermoso nombre –Escuchó medio gritar a la más alta de ellas, Grenda-
-¿Es enserio? –Cuestionó recostando su espalda contra la puerta, cruzó los brazos sobre su pecho– ¿Phill? ¿No se te ocurrió otro nombre? Solo cambiaste la "B" por la "P" –se quejaba el de cabellos castaños dándose un ligero golpe en la frente –no puedo creerlo ¿Qué tan tontas las crees?
Una risa burlona escapó de labios del de piel aperlada, una de sus rubias cejas se enarcó socarrona mientras una mueca de resignación surcaba el rostro del mellizo menor.
El aludido se sentó sobre la cama con cuidado, la manta resbaló por su pecho al momento, se encogió de hombros, sonriendo con los ojos cerrados, si el menor de los mellizos supiera de dónde sacó ese nombre no se quejaría solo de eso…
-¿Qué te puedo decir? ¡No es necesario que me esfuerce! Tu hermana está muy ocupada alagándome como para notar quien soy en realidad y sus amigas no me conocen, el secreto está a salvo –Sonrió confiado, colocó uno de sus delgados dedos sobre sus labios en señal de silencio-
Retiró de su rostro sus alargados cabellos dorados, esos que ocultaban la verdad, mostrando su hermoso ojo desigual de tonos ámbar y negros, el castaño se sentó a las orillas de la cama, quedando frente a él, su ceño mostraba seriedad, más no molestia, observaba atento cada fluido movimiento del demonio, quien sonreía con autosuficiencia, en un momento le vio cerrando esos ojos de largas pestañas. El castaño suspiró organizando sus ideas de mejor manera, debía hacer algo para que nadie notara lo extraño que era ese "Humano".
-no creo que dure mucho tiempo a salvo si vas por la vida así –Le señaló con ambas manos, recorriéndole con la mirada, solo esperaba tener paciencia-
Extrañado, el ser místico comenzó a recorrerse así mismo con los ojos, encontrando todo en perfecto estado, frunció el entrecejo curioso de saber qué era lo extraño que Pino veía en él porque a su parecer no era nada.
-¿Cómo? –Preguntó no deseando quedarse con la duda-
Para un ser como él era importante salir de la ignorancia y si era posible deseaba saber todo, quizá fue por eso que pidió el castaño le enseñase más sobre los humanos y ese extraño valor que de repente le dio el chico a las emociones y sentimientos.
Una ceja castaña se enarcó en el rostro del moreno, ambos se vieron fijamente, una apenas visible sonrisa se formaba en labios del mellizo. Pareció que el tiempo corrió veloz cuando, después de una larga charla y una enorme discusión llegaron a un acuerdo mutuo y Bill accedió a utilizar la ropa que el mellizo estaba dispuesto a brindarle.
Pasaron unos minutos, bastante largos para el castaño, pues la verdad, y aunque no deseara admitirlo, estaba ansioso por ver como se le veía la ropa al demonio del sueño, supuso que le quedaría bien puesto que ambos tenían más o menos la misma estatura, aunque el ser demoniaco parecía tener un porte esbelto comparado consigo mismo –los años sí que habían hecho maravillas en propio cuerpo-.
Dentro del cuarto de baño el ser demoniaco se observaba así mismo de pies a cabeza en un espejo completo, observó su rostro, sus dedos se pasearon por sus mejillas, dos de ellos se desviaron a los sonrosados labios, mismo que acarició con la punta de sus dedos, sintiendo la suave textura, acarició sus pómulos, su cabello, sus dedos se enredaban en las finas hebras doradas. Poco fue el tiempo para él cuando su mirada se desvió a su torso, se giró para poder apreciar su espalda, un círculo de invocación, parecido al suyo, más no por eso las escrituras eran las mismas, se encontraba alterado, con una nueva simbología y algunos escritos en lenguas antiguas.
Pudo ver un triángulo sobre hombro derecho, las marcas, el lugar de parecer solo tatuajes realizados por la mano del hombre, parecían una suave y natural marca de nacimiento y eso era, la marca era un producto o derivado del medio que fue utilizado para crear ese cuerpo. El tiempo pasó, llevó la mirada a las prendas que esperaban por él, colocadas sobre el lavabo, con una sonrisa las tomó, decidiendo vestirse.
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Las puertas del baño se abrieron segundos después, permitiéndole al castaño, que permanecía de pie frente a esta, una completa visión del nuevo humano, al salir se dejó ver un guapo chico rubio con unos pantalones blancos que se amoldaban muy bien a sus caderas y piernas y su camisa amarilla delineaba su torso delgado con suavidad, eso no impedía que utilizara su corbatín de moño y su sombrerillo que desafiaba la gravedad, sin olvidar sus guantes negros y sus infaltables zapatos de vestir.
Boquiabierto, el castaño apartó la mirada ante la sonrisa alegre del que estaba frente a él, el rubio posó sus manos sobre sus caderas mientras señalaba atento cada una de las cosas que de las cuales no se había percatado que su nuevo cuerpo humano poseía, era lógico después de todo, pues apenas despertó fue en busca de la cabaña del misterio.
-en la espalda tengo una linda marca –Sonrió orgulloso de sí mismo-
-"la vi, claro que sé de qué me hablas" –Pensó el mellizo recordando una escena completa de ese peculiar tatuado sobre su piel-
Conseguir realizar ese cuerpo le había costado más lágrimas, sudor y sangre, de lo que había creído y vaya que estaba hablando literalmente. Dipper sólo asintió viéndole con el rabillo del ojo mientras el rubio se ufanaba de perfecto espécimen humano, moviendo las manos a lo largo de su cuerpo y girando un par de veces, y hubiese continuado de no ser porque su estómago comenzó con una ya conocida petición de alimento que distrajo al humano primerizo.
-oh vaya –Llevó la mirada a su estómago –eso…eso ¿duele…? –Entrecerró los ojos desconfiado-
Primero que nada, no sabía cuánto tiempo había tardado inconsciente así que no estaba seguro de cuánto tiempo llevaba sin alimentar ese cuerpo humano.
Frunció el ceño desconcertado: en las ocasiones en las que había poseído cuerpos humanos ajenos las sensaciones eran diferentes, no eran intensas, el dolor por ejemplo, causaba un cosquilleo tenue, y era divertido, en cambio esa ligera punzada en la boca de su estómago era un dolor tenue pero agudo, podía sentir un vacío creándose, uno que compararía con un hoyo negro que succiona todo a su paso…pareció perderse por unos segundos en ese pensamiento, a tal grado de haberse olvidado que el chico estaba hablándole.
-Bill –Llamó de nuevo el castaño, a saber cuentas veces había mencionado su nombre ya-
-es extraño –Masculló para sí mismo –es muy raro… -Una de sus manos se colocó sobre su mentón mientras desviaba la mirada pensativo-
-¿Qué es raro? –Preguntó el chico misterio, cruzando los brazos sobre su pecho, sonando más intrigado de lo que le habría gustado admitir-
-la sensación…se siente más fuerte… -Frunció el ceño inquieto, no iba a descarnar hasta salir de dudas y sólo había una forma –golpéame –Pidió llevando sus ojos desiguales al humano-
El mellizo retrocedió un paso, desconcertado, al parecer la petición le pilló desprevenido puesto que simplemente frunció el ceño incrédulo. ¿Quién en su sano juicio pide aquello? Pero claro, se trataba de Bill…
-¿Qué haga qué? –Cuestionó extrañado, frunciendo el ceño-
-que me golpees, necesito saber cómo se siente el dolor en este cuerpo –Explicó acercándose un par de pasos al castaño. No pudo evitar rodar los ojos, ese chico sí que era lento-
-¿está bien…? –Preguntó dudoso, llevando una mirada desconfiada a varios sitios-
No era extraña "la sensación" lo que era extraño era que el demonio del sueño le pidiese golpearlo simplemente porque sí, eso era lo extraño. No muy confiado acercó la palma de su mano al rostro del otro, quien cerró los ojos esperando el impacto, instintivamente tal vez, y así lo hizo, golpeó con un bofetón el suave rostro del ser demoniaco, quien de inmediato llevó su mano a la mejilla herida.
-¡Auch! ¡Eso duele Pine Tree! ¡Te pedí que me golpearas no que me causaras una fuerte contusión! ¡Diablos! –Cerró uno de sus ojos mientras pasaba la punta de sus dedos por la mejilla herida-
-solo fue un golpe suave –Se encogió de hombros el castaño, sonriendo-
-¿Cuándo cambiaste los brazos de espagueti por esos músculos? –Preguntó frotando con suavidad la zona herida-
El mellizo desvió la mirada ligeramente ruborizado con el comentario del peculiar "humano" de ojos desiguales.
Al parecer el rostro de Bill, en ese cuerpo, era muy sensible puesto que de inmediato adquirió un tono rojizo y la temperatura comenzó a subir en su mejilla. Era un poco extraño que anteriormente el demonio hablase del dolor como algo divertido y en esos momentos dijese que era doloroso.
-debe ser porque entre este cuerpo y yo existe una conexión mayor… -Meditó unos segundos el ser demoniaco –como sea ¡Aliméntame! –Pidió alegre dando pasos un tanto torpes en dirección a la puerta –rayos, odio caminar… -Ignoró su mejilla rojiza-
Un suspiro de frustración escapó de labios del moreno, iba a ser un largo día, una larga semana o unas largas vacaciones, se repetía medio cerrando los ojos en son de cansancio, benditas sean las hormonas masculinas que se disparaban a niveles inesperados… Siguió al rubio y lo detuvo cuando notó como este, sin apuro alguno, comenzaba a flotar en lugar de usar las piernas, así que tomó su mano rápidamente, obligándole a tocar el suelo con los pies.
-tercera regla, no puedes levitar en casa a menos que seamos solo tú y yo –Advirtió el castaño viendo el rostro del otro como si de un niño pequeño se tratase. Iba a dejarle ir pero entonces tonó ese sombrerillo que desafiaba la gravedad y lo tomó –y nada de sombreros flotantes –Advirtió en son de molestia-
-de acuerdo Pino –Colocó su mano lejos del alcance del moreno, suspiró con cansancio, ese humano era un amargado…-
-y no estas cumpliendo con la segunda, cubre tu ojo derecho –Pidió acomodando los rubios cabellos del demonio sobre este, pasando sus dedos con cuidado por las imperturbables hebras de seda dorada-
-que aburrido eres… -Rodó los ojos comenzando a cansarse de la paranoia del chico –pero bien…como sea…
En un solo chasquido poseía sobre su ojo demoniaco un suave triangulo, hecho del mismo material que sus guantes, que ocultaba a la perfección su ojo, más no por eso retiró sus finos cabellos dorados de ese sitio, mismos que el castaño tomó molestia de acomodar para él. Sería grosero de su parte…
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Una vez en la cocina los ojos de todos caían sobre el apuesto rubio, no porque se viese sensualmente provocativo con la ropa del castaño ni por el repentino aire de misterio que otorgaba un parche triangular colocado sobre su ojo derecho, era porque estaba sentado a la mesa con un plato frente a él, repleto de panqueques bañados en jarabe de maple, y a su costado uno más lleno de fruta cortada en pequeños trozos, el plato más colorido del momento, del otro lado un gran vaso de zumo de manzana y frente a los platillos ya mencionados se encontraba uno más, con huevo, tocino y un par de tostadas sobre él; el humano primerizo se relamía los labios, su ojo dorado brillaba emocionado ante la deliciosa escena, parecía incluso un niño pequeño viendo por primera vez un caramelo, dudoso de su sabor pero ansioso por probar. Mientras comenzaba a comer, el resto simplemente se dedicaba a verle atento, sin tocar ni un poco sus propios platos de comida para el almuerzo.
Cielos, ni Grenda comía de esa manera cuando era menor. Pero nada iba a quitar el hecho de que hasta sus movimientos al comer eran gráciles, maldita perfección que emanaba de él…
-chico, recortaré la mitad de tu paga –Susurró el abuelo estafador cerca del oído de su sobrino, que se sentaba a su lado derecho –este chico come demasiado
Mientras el rubio comía despreocupado el castaño se vio así mismo dejando caer los hombros, iba a ser un largo verano… Una sonrisa de labios del rubio bastó para hacerle recordar que no sería por siempre, tal vez, y si el mundo no era malvado con él, esto terminaría en una semana o dos.
Los labios ligeramente humedecidos por jarabe de maple del rubio formaron una encantadora sonrisa para las presentes, que al parecer no retiraban la vista de él, que se sentaba en la cabecera libre de la mesa, fue suficiente para hacerlas enrojecer y obligarlas a apartar la mirada, quien seguía sin apartar la vista era el tío abuelo de ambos mellizos, que no llegaba a comprender cómo era posible que un chico de traza tan esbelta y hasta cierto punto atractiva, a su parecer, pudiese consumir esa enorme cantidad de alimento, se preguntó por unos segundos qué pensaría su hermano Stanford de ello.
-¿Cuánto vas a quedarte? –Preguntó el anciano, llevándose a la boca un trozo de tocino-
El ser demoniaco llevó la mirada al castaño en busca de su representación, como si fuese a hacerse cargo de él pero en su lugar habló rápidamente la castaña.
-bueno es obvio que aún no puede irse –Habló velozmente, sonriendo con nerviosismo mal disimulado. La sola idea de que ese chico soñado se fuese era inconcebible, no se iría a menos que ella se lo haya ligado antes – ¿Vieron lo torpe de su andar? –Preguntó señalando en todas direcciones y a todos con su cubierto-
Una risita burlona apareció en labios del mellizo moreno, sí, lo habían visto y fue gracioso verle sostenido de las paredes y luego colgarse a su cuello en busca de un mejor apoyo…, el rubio frunció el ceño, dentro de su boca un trozo de manzana era apenas mascado lentamente y con gracia mientras entrecerraba los ojos en advertencia al castaño.
-además, Dipper sufragará los gastos de su estadía –Añadió ella viendo en dirección a su tío-
-¡¿Qué?! –El rostro de sorpresa y negación del mellizo era todo un poema-
Fue turno del demonio de reír, cubriendo sus labios con una de sus manos para mitigar la risotada socarrona que deseaba salir de ellos, habría sido una risita dulce si no se encontrara mofándose del mala ajeno, se ganó una fulminante mirada del mellizo a lo que atinó simplemente a encogerse de hombros y sonreír con picardía.
-y el rubio puede dormir en mi habitación –Pestañeó la melliza, coqueta en dirección al invitado-
-de eso nada –Habló por primera vez el adulto –aceptaré no pagarle a Dipper por la estadía del chico…
-¡¿Qué?! –Preguntó frunciendo el ceño en incredulidad ¿Era acaso que él no tenía ni vo ni voto en ese lugar?-
-pero no dormirá contigo, se quedará con Dipper, es más seguro así Mabel –Lo último lo susurró sólo para ella –no quiero nada de eso que está entre los adolescentes de hoy, como embarazos precoces y esas cosas de moda –Explicó moviendo las manos-
-¡¿Qué?! ¿Se dan cuenta que no piden mi aprobación?–Volvió a preguntar el castaño, moviendo sus manos frente a él-
-hey hombre, tranquilo –Una sonrisa traviesa apareció en los sonrosados labios del rubio –ve el lado positivo ¡Vamos a divertirnos juntos! –Estaba por llevar un nuevo bocado a sus labios cuando escuchó la voz del gemelo restante-
Esa voz, la de sixser, fue como un golpe de recuerdos para él, así que de inmediato se puso de pie, olvidando a un lado su enorme almuerzo para ir en su encuentro, se acomodó sus largos cabellos rubios con aires gráciles y formales mientras reía burlón, al parecer el ratón de biblioteca olvidaba su escondrijo…
-Stanley –Habló el adulto que llegaba por el pasillo, concentrado en sus cosas, como por ejemplo el reloj en su muñeca derecha-
-Hola Stanford –Una linda sonrisa de dientes brillantes apareció en labios del rubio-
Los ojos del científico se abrieron de golpe, Stanford podía reconocer esa voz y forma de hablar en donde fuese, así que sin pensarlo saltó sobre el pobre chico rubio, tirándolo al piso ante la mirada petrificada de los presentes; el rubio terminó boca abajo mientras el mayor le obligaba a separar las piernas para ponerse sobre entre ellas, acomodando su cuerpo sobre él, sujetaba sus muñecas por encima de su cabeza, obligándole a estirarse más lo que esa incómoda posición le permitía, con una de sus manos mientras que con la otra sujetaba entre dos de sus dedos el rostro del rubio, apretando esas suaves mejillas con sus dedos rasposos, le estaba forzando a girar la cabeza todo lo que podía, manteniendo su rostro sobre su mejilla izquierda mientras intentaba verle ya que sus largos cabellos dorados caían por uno de sus ojos, revelando su oscuro parche.
-¡Hey! ¡Eso duele amigo! –Se quejó el sorprendido rubio. Sopló sobre sus largos cabellos, buscando vanamente apartarlos de su rostro-
Intentaba ponerse de pie, moviendo sus piernas para lograr sacarse a Stanford de encima pero lo único que lograba era rozar las piernas del otro con las suyas y su espalda contra el pecho del mayor, se estaba lastimando así mismo, podía sentir agudas punzadas en sus muñecas y cómo sus mejillas eran apretadas entre dos dedos. En un momento sus caderas golpearon el vientre del mayor ante sus bruscos movimientos.
-¡Stanley corre por el desestabilizador de moléculas! –Gritó ignorando al rubio y sus constantes movimientos – ¡¿A quién le robaste el cuerpo esta vez?! –Pidió saber, apretando el agarre en sus muñecas mientras la extendía hacia adelante-
-¡Diablos! ¡Me duele! –Se quejó apretando los ojos-
Podía sentir la circulación de su sangre acortándose y el constante dolor que crecía y crecía, agudo, punzante.
La mirada atónita de todos los presentes se fijaba sobre el científico de la familia, que sometía a un "menor de edad" sobre el piso de la cocina mientras este se movía inquietamente, quejándose en constancia al forcejeo del otro hombre. El hermano del captor se golpeó la frente. De inmediato el castaño y el gemelo del científico se pusieron de pie, seguidos de las tres chicas.
-¡Tío Ford! –Se quejó la castaña enrojeciendo de vergüenza. Allí quedaba una oportunidad de cita tirada a la basura, todo su esfuerzo…-
-¡Tío! –Se acercó el castaño. Sin saber por qué se atrevió a renegar, su cuerpo se había movido sólo…-
-¡Auch! Oiga ya pare, eso me duele y mucho –Se retorció de nuevo. Suspiró de alivio al sentir como el agarre a sus muñecas lentamente se aflojaba-
Podía verse su rostro relajado, sus expresiones suaves, a pesar de que aún era forzado a mantenerle la mirada al adulto, quien continuaba encima de él, sin apartar sus manos de ese suave rostro que se empeñó en observar a detalle.
-esto me está dando miedo –Murmuró en voz alta, analizando con ojos atónitos la mirada fríamente analítica del humano-
Y era verdad, él sabía que Stanford era muy listo y debía admitir que había un poco de pánico en saber que este le podía echar a perder los planes.
Los ojos castaños del adulto se entrecerraron, esa mirada, ya la había visto en alguna parte y podía jurar que pertenecía a Bill Cipher, no estaba siendo paranoico…
Sacárselo de encima no fue fácil, pero con la ayuda de la castaña y del gemelo de Ford tampoco fue imposible. Sus muñecas ardían, había sido doloroso, maldecía la conexión entre su cuerpo y él.
Apenas el castaño mayor salió de encima de él se puso a gatas sobre el piso, después se sentó sobre sus tobillos para sacarse uno de los guantes con curiosa intriga pues una hormigueante sensación acompañaba a las punzadas agudas en sus muñecas, trepando sin apuro por sus dedos.
-oh lo siento tanto –Habló la castaña de largo cabello ondulado –mi tío no suele hacer eso –Soltó una risita nerviosa-
Ver las enrojecidas muñecas del rubio le causaba vergüenza, más que nada al saber quién era el causante.
-sí, sí suele hacerlo –Intervino el gemelo del aludido-
Con cuidado el rubio se puso de pie, al menos podía tomar ventaja de la pena de la chica y la consideración de Stanley. Frotó con cuidado la zona afectada, retirando casi al instante su mano.
-no hay problema –Se quejó sosteniendo su muñeca derecha-
Vaya sorpresa que se llevó al ver lo que tenía esta, sus muñecas se teñían en un suave tono morado rojizo y eso le extraño y mucho, incluso podía decirse que le dio genuino miedo por la expresión insólita en su rostro, la castaña llevó una mirada molesta a su tío abuelo, el genio.
-vamos Phill, te ayudaré a curar eso –Susurró para el rubio-
La mayor de los mellizos se llevó al invitado a la sala, seguido del resto de los adolescentes, quienes decidieron darles privacidad a los adultos ante la mirada seria de uno de ellos para con el otro y el constante intercambio de miradas de reproche entre ellos…aunque esta opción no servía de mucho ya que podía escucharse todo por el poco modulado tono de voz que utilizaban al hablar.
-rayos Stanford, primero atacas a una anciana en Hallowine, golpeas a un pareja en San Valentín, tiraste café caliente sobre Linda Susan y ahora atacas aun pobre chico rubio ¡Esto está saliéndose de control! Analiza esto, no todos en el pueblo tienes porque estar poseídos por un espíritu de la sabiduría a como tú gustes llamarle –Se quejó en voz alta-
-¡pero sonó igual que él! ¡Y no le digas "Espíritu de la sabiduría"! –Elevó su tono de voz el científico-
-¡Eso mismo dijiste del repartidor de pizza! ¡No olvides al cartero! ¡¿Debo seguir?! –Suspiró frustrado-
Dentro de la sala los adolescentes le sonreían incomodos al invitado, imposibilitados a sostenerle la mirada por más de cinco segundos, Bill, por su parte, solo desviaba la mirada de la castaña, que se encontraba frente a él mientras vendaba sus muñecas, al castaño y del castaño al piso, diablos que era incomodo escuchar lo que decían pero también era gracioso, vaya que Stanford era inteligente pues esos arranques irracionales de agresividad creados por una paranoia aparente, todos y cada uno de ellos, habían sido causados ante intentos suyos de entrar a la cabaña, nunca dejaba de sorprenderle el seis dedos…
-lamento eso –Susurró para hacer creíble un arrepentimiento que no sentía –no sabía que iba a causar problemas al saludar a tu otro tío, Dipper me dijo que estaría bien… -Una mirada sugerente fue enviada al mellizo-
Oh claro que lo sabía, es por eso que el mellizo cruzó los brazos molesto o quizá porque fue culpado de algo que no hizo y se ganó un peñetazo en el brazo por parte de su hermana y la mirada de reproche de sus amigas… si no fuera por el trato habría desenmascarado al rubio frente a su tío.
-"es por eso que te obligué a no decir nada" –Pensó el rubio, contento de poder escuchar el pensar del moreno-
-¿Quieres que se quede sin saber nada de él? –Se escuchó preguntar molesto al científico, desde la cocina-
-no te preocupes, si no puedes quedarte aquí Candy te aceptará en su casa –Mencionó ruborizada la chica asiática, señalándose así misma-
-¡No claro que no! ¡Eso no va a ser necesario porque…! –La mayor de los mellizos llevó la mirada a varios sitios, sin saber que hacer – ¡Yo voy a encargarme de eso! –Asintió velozmente –no tardo…
Sin permitir preguntas y dejando a Dipper encargado de los vendajes ella salió corriendo en dirección a la cocina.
-¡Tío Ford!
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Sin saber cómo o porqué –tal vez los constantes gritos y ruegos de la niña –se le había permitido al rubio quedarse, eso sí, no sin antes de que Stanford lograra convencer a la familia de permitirle realizar un cuestionario al invitado, quien accedió gustoso, sin ganas de levantar más sospechas. Después de todo ya tenía todo el plan perfectamente elaborado dentro de su cabeza y la respuesta a cada pregunta que Stanford pudiera hacerle, desde mucho antes de poner un pie en la cabaña…
-¿Cuál es tu nombre? –Preguntó serio, sus brazos cruzados sobre su pecho-
Al parecer el hombre pensó una buena idea encerarse con él en la cocina, ambos solos, y allí estaba, sentado en el medio de este recinto mientras el hombre daba vueltas a su alrededor y caminaba frente a él, paseándose como un león enjaulado listo para atacar a lo que se moviera dentro de su jaula.
-Philip, señor –Respondió riendo a carcajadas internamente, aunque su exterior reflejaba una incómoda mirada tímida-
Eres un grandioso mentiroso y un genial actor, Bill Cipher, se felicitó internamente, palmeándose el hombro con alegría, después de todo, no era un triunfador por honesto…
-¿Philip? –Repitió el hombre deteniéndose frente a él –dime, Philip… ¿De dónde vienes? –Enarcó una ceja-
-eso depende, porque ahora mismo cabo de regresar de Europa pero yo nací en Noruega pero mi familia vivió en california un tiempo, aunque mi padre viene de Australia y mi madre es de Londres –Explicó pestañeando inocente mientras colocaba sus manos sobre sus rodillas-
-¿Por qué no estás con ellos? Según veo no tienes más de diecisiete –Preguntó sin fiarse demasiado de ese estereotipo de chico perfecto-
-porque… -Bajó la mira, ocultando una sonrisa socarrona-
Ante ojos del científico su acción no era precisamente para esto, era más bien como si con sus palabras hubiese tocado un tema sensible para el muchacho.
-papá y mamá enfrentaron un divorcio y para evitar que yo fuera parte de todo eso me enviaron de viaje por el mundo pero me equivoqué de vuelo en uno de mis viajes y decidí que podía darle una oportunidad a este sitio. Llegué aquí por accidente, comencé a buscar un lugar en donde hospedarme pero de camino allí me hablaron de un lugar turístico que quedaba lejos del pueblo y decidí seguirlo, cuando iba de camino unos sujetos robaron mis cosas, perdí en el bosque y fui atacado por unos extraños hombrecitos…, y ahora no encuentro manera de volver a casa… -Murmuró con falso pesar-
Aquel comentario sobrenatural llamó la atención del científico, quien creía en ello más que en cualquier otra cosa, quizá por eso decidió creer parte de esa muy bien elaborada historia.
Como era de esperarse, las chicas, Dipper y Stanley espiaban todo a través de la puerta cerrada, escuchando con atención cada palabra mientras sus cabezas se juntaban a la madera –Cada uno con un propósito distinto cabe mencionar-; Para Mabel y sus amigas –que escuchaban eso para saber si el adulto estaba tratando bien al lindo chico –esa historia no podía ser más triste, pobrecito del hermoso y sensual rubio, necesitaba un hombro donde llorar y los de ellas estaban más que disponibles, para Dipper –quien solo se encontraba allí por las ansias de saber que su tío no confirmara que ese chico rubio era Bill Cipher –aquello sonaba absurdo, estúpido demonio con complejo de dios y sus mentiras, para el tío abuelo de los mellizos, Stanley, toda esa historia pintaba bien, si le dejaban hospedarse quizá y le diesen una recompensa pues no todos los días conoces a un muchacho de padres ricos que viaja por el mundo.
Tras un suspiro de resignación y después de analizar el ojo visible del chico y corroborar que su pupila era perfectamente normal decidió dejarle en paz por el momento.
-una cosa más –Dijo antes de dejarle partir –dime ¿Qué le pasó a tu ojo derecho? –Enarcó una ceja viendo por el rabillo del ojo al chico-
Esa era la única pregunta para la que Bill no se había preparado, llevó la mirada al rostro intrigado del mayor, realizó una pausa suave hasta que elevó ligeramente sonriendo suavemente y dijo.
-fue idea de Dipper –Se puso de pie mientras caminaba a la salida, con lentitud y esta vez de una forma más agraciada –es solo un accesorio…Fordside –Susurró la última palabra, burlón-
Sin más tomó el pomo de la puerta, abriendo esta por completo, rápidamente cayeron al piso varias personas…Todos los adolescentes, incluyendo extrañamente al hermano gemelo del autor de los diarios. Dios, esto era radical para el hombre de ciencia y muy gracioso para Bill, quien enarcó una ceja socarrón.
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Después de eso y de unas cuentas excusas de todos los involucrados en el espionaje, el rubio acompañó a los castaños al interior de la tienda de regalos, en donde se ofreció a "ayudar" cosa que alegró por completo al anciano avaro ya que según sus palabras no iba a exigir un pago por ello, lo hacía por gusto y ya o para molestar un poco al castaño; aunque no hacía más que estar sentado sobre la barra en donde se encontraba la caja registradora, viendo a Dipper barrer y a Mabel limpiando las ventanas. Lo gratificante de eso es que se habían marchado las amigas de esta última y ya no se la pasaban sobre él, literalmente, aplastándolo en abrazos indeseados.
Todo parecía tranquilo ya que el "signo de interrogación" y la chica pelirroja estaban para interferir y esperaba que nunca lo estuviesen… y era bueno porque aunque "Signo de interrogación" era un grandioso peón se interponía en sus planes por cariño a Dipper y la familia Pines y la pelirroja no hacía más que atontar a Dipper –en un pasado, cabe mencionar –el punto es que todo eso afectaba al pequeño –o no tan pequeño –Pines y para él ese chico era necesario.
Las cosas se pusieron mejores para el anciano encargado de "La cabaña del misterio" cuando un grupo de turistas llegó y encontraron sobre el mostrador al atractivo rubio matizado que descansaba de no haber hecho nada en todo el día, cruzando sus piernas con aires seductores.
-Sí, como pueden ver aquí nos divertimos –Sonrió el señor misterio-
Después de haber mostrado a los turistas –en su mayoría chicas –como los monstruos más horribles frente a un espejo, todos reían a su son hasta que al entrar en la zona de regalos se encontraron con cierto rubio, que miraba despreocupado la punta de sus dedos, acariciando sus guantes con parsimonia.
-¿ese chico tan lindo también será parte de la exhibición? –Escuchó susurrar traviesamente a una de ellas- pequeños murmullos comenzaban a crearse entre las que serían las amigas de esta y entre muchas otras.
Una enorme sonrisa convenenciera se formó en el rostro del adulto, por dios que a ese chico iba a sacarle provecho sí o sí y si este no quería limpiar o hacer nada debería prestar su a poyo para con las chicas, convencerlas de que querían comprar sus artículos.
-y por aquí tenemos a mi seductor empleado que –Corrió de prisa a este, colocando con velocidad una gorra sobre su rubia cabeza, una blanca y negro que poseía en medio un signo de interrogación –además de ser soltero también se toma fotos si pagan –Se acercó al desconcertado rubio, rodeando sus hombros con uno de sus brazos-
Bill solo elevó sus ojos para poder ven encima de su cabeza, sentía como le zarandeaban y por consecuente la gorra terminó desarreglándose, terminando por cubrir parte de su rostro, aquella igual a la de Dipper, solo que en lugar de ser una combinación entre azul celeste y blanco era negro y blanco, poniendo en el lugar del pino un mono signo de interrogación.
-coopera si quieres quedarte –Susurró el hombre entre dientes, viendo atento a las mujeres del lugar-
Si anteriormente Bill se había mostrado desconcertado, con lo dicho por el anciano no hubo mayor duda, no quería marcharse, todavía no tenía lo que quería, además eso sumaría puntos a su favor, el demonio sonrió seductoramente a las doncellas mientras de un solo salto bajaba de la barra, colocó sus manos tras su espalda mientras hacía una coqueta reverencia para ellas.
-al señor Pines le encanta jugar –Cerró los ojos mientras una sonrisa adornaba su apuesto rostro –en realidad me encargo de mostrarles la tienda de…recuerdos –Dijo lo último en un tono sugerente, mirando a las chicas presentes –recientemente trajeron, como pueden ver –Señaló su cabeza, una sonrisa se formaba en sus labios –Gorras misteriosas –Caminó a paso lento, con las manos tras su espalda, hacia las turistas-
Un suave rubor cubría el rostro de la mayoría de ellas, quienes rápidamente se acercaron a él, preguntando por cualquier cosa con tal de hacerle conversación a ese guapísimo rubio. Una ceja rubia se vio enarcada…En poco tiempo una organizada fila esperaba para pagar artículos que no deseaban con tal de hablar con ese lindo chico y con algo de suerte sacarle su número telefónico.
-y entonces… ¿Eres soltero? –Preguntó una morena, jugueteando con su cabello-
El rubio sonreía inocentemente, mostrando objetos al azar a esa señorita, ella solo asentía con la cabeza en señal de que iba a comprarlo.
-en realidad sí, soy soltero –Le obsequió una sonrisa coqueta. Sus manos se paseaban por varios artículos, revisando que todo estuviese en orden, aumentando precios…-
Ella le obsequió a él un puñado de billetes por cosas que realmente no estaba seguro de que recordase que compró, le pasó la cuenta mientras la distraía de la enorme cantidad escrita en ese pequeño papel de registro.
-la verdad las mujeres no son mi fuerte –Mencionó haciéndose el desdichado –puede que incluso sea un poco…tímido –Susurró con una coqueta sonrisa que desmentía sus palabras-
Un suspiro escapó de labios de ella mientras extendía sus manos hacia el chico, él depositó sobre ellas un montón de artículos, la chica iba a seguir preguntando más pero otra le empujó, poniéndose frente al rubio con una pila de objetos en manos.
-que amables son al comprar tantos artículos en mi primer día –Dijo fingiendo amabilidad pues sabía que él no recibiría paga y tampoco le importaba mucho –todo lo que compran ustedes va a ayudarme a mí –Regaló a todas una sonrisa dulce mientras se asomaba a la fila –son muy dulces…
Fue de esa manera cómo esas gorras y muchas cosas más terminaron por agotarse. Entre miradas coquetas, sonrisas, risitas y rubores.
-quien compre más se lleva gratis la gorra que lleva puesta el chico soñado –Sugirió el señor misterio –por veinte billetes más…
-¡Yo! –Gritaron varias de sus más atontadas compradoras-
-hormonas… -Masculló rodando los ojos el castaño-
Dipper sostenía una escoba entre sus manos, le resultaba molesto ver eso por parte de todas las chicas ¿Es que ninguna de ellas tenía otra cosa que hacer más que acosar a ese sensual demonio?
-sí…hormonas –Gruñó molesta su melliza –pero yo lo tengo en vivo y a todo color –Se consoló sonriendo-
-definitivamente…hormonas –Se apartó el mellizo-
Esas chicas y su hermana debían estar mal de la cabeza, después de todo ¿Qué puede tener Cipher? Además de una linda carita, unas muy bellas caderas, unos intrigantes ojos desiguales, esos cabellos dorados y el hecho de estar rodeado de misterio y al mismo tiempo de un toque infantil…
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-fue un hermoso día, el color verde caía del cielo…literalmente, es decir ¿Vieron cómo le arrojaban los billetes a Phill? ¡Muchacho, eres mi estrella! De ahora en adelante trabajarás todos los días y en horario de trabajo usarás los artículos de la tienda, como las camisetas, gorras y la nueva mercancía que llegue vas a exhibirla –El viejo no podía sonar más alegre –no todo lo que brilla es oro pero el color de tu cabello no es por nada ¡Eres una mina de oro andante! –Sonreía contento Stanley-
Una enorme sonrisa de satisfacción surcaba el rostro del apuesto chico rubio, él era muy bueno persuadiendo a los humanos y al fin alguien lo reconocía…lástima que fuese un enemigo al que debía destruir. Qué triste…
-claro que sí señor Pines –Sonrió alegre, llevando sus manos tras su espalda-
-¿Hay acaso alguien más perfecto? Este chico –Señaló al rubio, rodeando sus hombros con uno de sus brazos mientras lo meneaba contento, desordenando sus cabellos ante su zarandeo –me hace ganar una fortuna y no cobra ni un centavo…
-y es muy lindo y le habla a Mabel –Se sumó la castaña señalándose así misma-
Ambos rieron, frente al aludido yacía el mellizo, petrificado, el de piel nívea le obsequió una sonrisa socarrona, era muy fácil mantener contentos a los integrantes de la familia del paranoico Pino, solo faltaba Stanford Pines, su viejo amigo…
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Al llegar la noche todos fueron a sus respectivas habitaciones, por desgracia durante el día Mabel no había tenido mucho tiempo de hablar con el atractivo rubio, ya lo haría mañana. Mientras tanto el castaño se encaminó a su habitación, que quedaba en la parte de arriba, la más sencilla, junto al ático, misma que compartía con el demonio, que caminaba tras él.
El rubio rápidamente llegó a la habitación, empujando suavemente al mellizo para entrar antes que él y corriendo se tiró sobre la cama del "niño" castaño, sonriendo alegremente. Pasó una de sus manos por debajo del parche triangular, mismo que quitó en el acto, retirando también sus dorados cabellos.
-fue un día genial –Comentó colocando sus manos tras su cabeza –fue divertido ¿Tú que dices, Pine Tree? –Volvió la mirada al mencionado, enarcando una de sus cejas-
El mellizo por su parte, se encontraba de pie a un lado de su cama, cruzaba los brazos con molestia, ¿Cómo había sido el día para él? Bueno… Mientras el rubio hacía prácticamente nada a él le había tocado acomodar la mercancía en los estantes, toda la que él desordenaba al coquetear con las clientes, había limpiado la tienda de regalos y las atracciones ya que Mabel tenía los ojos fijos en él y por si fuese poco había sido obligado a llevar cajas y cajas de mercancía desde la bodega hasta la tienda de regalos porque no eran suficientes ya que él las vendía todas ¡¿Qué cómo estaba?! ¡Agotado! Y no podía descansar porque un demonio isósceles del sueño ocupaba su cama.
-fue horrible, muero de cansancio y tú ocupas mi cama iluminati –Renegó desviando la mirada-
El ser demoniaco sintió al humano especialmente molesto. ¿Por qué…?
-oh vamos, mi cuerpo no quiere moverse –Se quejó suspirando-
-no puedes estar cansado de haber coqueteado todo el día –Se quejó rodando los ojos-
¿Estaba molesto por eso? O ¿Solo estaba cansado?
-eso no era coquetear, eso era persuadir –Dejó libre una risilla antes de aclarar-
Sin saber por qué el rostro del ser demoniaco se vio invadido por un suave color amarillento brillante que cubría sus mejillas. Su cuerpo reaccionaba sólo, por instinto, y su cuerpo saltaba al sentir las pulsaciones rápidas del corazón del castaño, que se aceleraban conforme su irritación aumentaba. Era como si ese cuerpo humano que poseía dijese que le resultaba cómodo sentir el latir del corazón del castaño y le obligaba a dejar salir una diminuta parte demoniaca, coloreando sus mejillas de un peculiar amarillo en lugar del antaño rosado.
-no puedes andar por allí coqueteando a todo el mundo –Se quejó de nuevo el mortal-
-ya te dije que no es coquetear…es persuadir –Explicó extendiendo un hilo imaginario en ambas manos –te mostraré lo que es coquetear… -Susurró cantarinamente-
Se puso de pie lentamente, agazapado como si de un felino se tratase, uno que asechaba a su presa, la atenta y desconcertada mirada castaña logró sacarle una risita cargada de anticipación. Con lentitud se acercó al rostro del moreno, a centímetros de él pasó uno de sus largos dedos por el cuello de este, esperando a que aquella sensación de frialdad de sus dedos invadiese el cuerpo del chico, el rostro del mellizo se calentó de golpe al sentir vibrante en su cuerpo una sensación fría y al mismo tiempo cálida… estúpido Cipher…
Era sólo un juego para ambos, eso era, uno en donde él estaba usando trucos con su nuevo cuerpo humano que nadie más que sus amantes de turno deberían conocer…aunque no hubiese tenido alguno, una broma para molestar a Pine Tree pero entonces ¿Por qué sus mejillas se pintaban de dorado ante el intercambio de sensaciones? Un estremecimiento recorrió el cuerpo de ambos ante el pequeño y poco notorio golpe de sus respiraciones, ansiosas y desiguales, después de aquella extraña conexión ambos retrocedieron de golpe ante la insólita sensación atrayente, era embriagante y eso asustó a ambos en demasía.
-eso es coquetear… -Explicó descolocado el demonio del sueño –así que no lo olvides…
Retrocedió un par de pasos hasta volver a su anterior puesto, se sentó sobre la cama, confundido…
Dipper caminó hasta la que era la cama de Mabel, se sentó sobre ella y tragó saliva, un ya conocido calor inundaba su pecho augurando nada bueno probablemente, se llevó la mano al pecho, apretando esa zona en donde se encontraba su corazón, pidiendo que se calmase.
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Al llegar la madrugada se incorporó lentamente de la cama en donde se mantenía dormido, volvió la mirada a varios sitios, especialmente a donde se encontraba el ya dormido castaño, pasaba de las dos de la madrugada y aun así él se negaba a cerrar los ojos, mejor dicho, no podía cerrarlos; colocó sus pies al costado de la cama, procurando no hacer rechinar esta ante el movimiento de su cuerpo, acarició la madera con sus pies desnudos, obligándose a no hacer ruido alguno se puso de pie sobre el piso. Con una de sus manos retiró las fibras doradas que ocultaban su ojo con rasgos demoniacos, colocó detrás de su oreja el largo flequillo, de inmediato este comenzó a emanar un intenso fulgor azul metálico mientras que el izquierdo se tornaba ambarino y su pupila se dilataba cuan ojo de felino.
A paso lento comenzó a caminar, cómo deseaba en esos momentos el poder flotar, podía, pero si lo hacía dejaría de ver por los pasillos en tiempo adelantado, como si caminase entre ellos y esa no era una opción, debía saber la ubicación del resto de los habitantes de ese lugar si quería mantenerse oculto y no ser descubierto. El que ese cuerpo humano le impidiese utilizar varios de sus poderes al mismo tiempo era un precio bajo por el fin deseado…
Observó de pies a cabeza al dormido mellizo, que cubría su cuerpo bajo sábanas azules, se acercó hasta él, observando su rostro adormilado, suspiró, si tan solo supiera él lo que estaba por quitarle… Se acercó a su rostro lentamente, pudo sentir la suave respiración del mellizo chocando contra su nariz, fría y cálida, era cómo una embriagante sensación que debía repetir a pesar de saber que no era del todo correcto, pudo sentir el agitado pulso cardiaco del moreno ante el chocar de sus respiraciones ¿Cómo evitarlo si la suya brincaba en respuesta? Eran cálidas y al mismo tiempo tan frías, una sonrisa adornó sus labios mientras se alejaba con lentitud, el estremecimiento en su cuerpo dictaba que bastaba por ese día.
Caminó hasta los pies de la cama del moreno, sintiéndose genuinamente renovado. Un baúl, solo una insignificante caja de madera ocultaba lo que deseaba quitarle al castaño, su diario, el número tres, no lo haría de no ser porque en manos de ese chico ese libro tomaba mucho poder; abrió la caja con cuidado, pero el chillar de las bisagras era insistente, no logró siquiera concluir cuando mordió su labio inferior ansioso, llevando una inquieta mirada al chico cuando le sintió moverse ligeramente, incluso dejó estática la tapa superior para tratar de abrirlo, esperó así unos segundos, arrodillado sobre el piso de madera mientras sus desnudas piernas soportaban su peso, suspiró nerviosamente, era la primera vez que se sentía a nada de ser pillado.
Su pupila se dilató al observar que, entre los tantos cuadernos, hojas de papel, bolígrafos y lápices se encontraba el diario número tres, el único objeto que hacía realmente peligroso al menor de los Pines, lo tomó entre sus manos y sonrió genuinamente emocionado, todo estaba saliendo perfectamente bien, ya solo faltaba enviar ese objeto al Escape mental justo como se lo había recomendado...
Sin poder soportarlo corrió al baño, importando ya poco el ruido que hizo al cerrar la puerta detrás de sí, animado abrazó contra su cuerpo el diario, el tacto frío de las tapas sobre esa camiseta llegaba a su piel aperlada, estaba contento realmente pues tener en sus manos el diario tres era bastante bueno. Colocó una de sus manos sobre el piso de madera del baño, acariciaba como si desease limpiarlo, una sonrisa se formó en sus labios. Colocó el libro sobre el piso y lo abrió, con uno de sus costados de metal pinchó su dedo índice, manchando ligeramente las páginas de color carmesí antes de trazar sobre él un círculo con su propia sangre, dolió más sin embargo eso no era importante en ese momento, su simbología fue dibujada, el círculo de invocación estaba completo era prácticamente una copia modificada del pentagrama con el que se le invocaba a él, agregando y quitando signos velozmente.
Una vez terminado concentró su mente, dejándola en blanco, era complicado utilizar sus habilidades en un cuerpo humano. Cerró los ojos mientras colocaba sus manos en el centro del círculo, empujando a un costado el diario. Cuando el portal se abrió una profunda e interminable oscuridad escapaba de este, era pequeño, apenas y podría entrar el libro allí, pero representaba un significativo gasto energético que le pasaría más tarde la factura, se sintió cohibido pero de cualquier forma lo arrojó sin pensarlo, antes de que se cerrase.
Un agudo dolor de cabeza comenzó a invadirle después de eso, fuertes punzadas en sus palíateles, negó un par de veces, repentinamente mareado, el círculo se borró velozmente, como si nunca hubiese estado allí, el portal se cerró de golpe, engullendo dentro de sí el diario, su herida sangrante sanó.
Al querer ponerse de pie cayó de inmediato, adolorido, cansado, su cuerpo humano le pedía un descanso, se sentía usado ante el fuerte despliegue de energía demoniaca, dolor, un intruso, era lo que su cuerpo le gritaba; un gemido escapó de sus labios, sostuvo su cabeza con fuerza, punzadas recorrían su interior.
Cada sensación era más fuerte en un cuerpo propio, no pudo ahogar un pequeño grito que salió de sus labios, estúpidos humanos, pero todo era por un bien mayor…se incorporó con dificultad, posando sus manos sobre el lavabo mientras por su ojo derecho tenues y delgados hilos rojizos escapaban cuan lágrimas.
Dentro de la habitación, el mellizo no paraba de moverse inquieto, una fuerte incomodidad había comenzado a invadirle, era como si un incipiente sueño de terror le invadiese y al mismo tiempo una sensación de angustia se centrara en su pecho.
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Despertó de golpe al escuchar un suave quejido en el baño, se sentó, su respiración ligeramente agitada, giró la mirada a varios lugares, instintivamente llevó la mirada a la cama en donde dormiría el rubio pero al no encontrarle allí cientos de ideas vagaron por su mente, corrió a dónde provenía el ruido, imaginándose cualquier cosa, al entrar sin haber pedido permiso antes, se encontró con un mareado demonio, que se sostenía del lavabo, respirando con lentitud, así que corrió a ayudarle sin pensarlo un poco, después de todo era otra persona…
-Bill ¿Qué pasa? –Preguntó el castaño – ¿Qué hacías en el baño a estas horas?
Una mirada cansada se topó con sus ojos, el ser demoniaco curvó una suave sonrisa para él mientras terminaba de incorporarse, dejando de lado su incipiente dolor de cabeza.
-es culpa de este cuerpo –Susurró –hace que me duela la cabeza –Explicó velozmente –llámame como gustes pero es asqueroso tener que tolerar estas estúpidas sensaciones…en mi forma original no podía sentir nada… no fuera del escape mental… -Mintió con tal de no revelarle nada importante al inteligente chico-
Una cosa llevó a la otra y cuando menos lo notó sus brazos rodeaban al de piel pálida, había brindado su ayuda a Bill Cipher, no supo cómo o en qué momento pero se encontraba sentado al lado del rubio matizado, despejando su rostro de esos dorados cabellos matizados mientras explicaba para él algunas cosas que seguramente le ayudarían con esa y otras sensaciones…
Bill sabía que necesitaba una explicación a esa sensación y el que su cuerpo no reconociese su energía como suya…pero Dipper no podía ayudarle con eso y quienes podían seguramente le pedirían algo a cambio…
¡Cielos! ¡Mil y un gracias por sus comentarios! ¡Muchas gracias a las personitas que me dieron la bienvenida al fandom!
Responderé a sus comentarios :3 (estaba un tanto insegura de cómo llamar a los que no pusieron nombre ya que estoy casi segura que van a confundirse pero no quiero dejar un review sin responder)
Anónimo 1: ¡Gracias por la bienvenida! En mi cabeza claro que es normal ver a un sensualon chiquillo de cabellos dorados ¡y que se quite la toalla! Hahaha #Billsexy también pienso que es completamente normal ver a un "modelo noruego" semidesnudo.
Anónimo 2: gracias, bueno con respecto a lo del fic Sonadow, pues como lo he dividido en varias partes planeo subir la segunda parte cuando termine o lleve más avanzado el de "niñero de mi rival (Sonadow)" que me está dando problemas por ahora y es que está pasando por una revisión y corrección de errores.
Shadifcream: ¡A tomar fotos! Entre más sensuales mejor #BillCipher #BillSexy ## Me alegra saber que ha causado derrames nasales, ya puedo morir en paz –Inserte llanto dramático-
Saory Namino Cipher: ¡Gracias por la bienvenida! Me pareció un poco decepcionante que Mabel ocupara "Bipper" para algo que no fuese la pareja porque el nombre pinta genial, pero bueno. Yo también amo su forma "iluminati" es tan kawaii así que te apoyo en eso :D Los triángulos dominaran el mundo, lo sé.
Enseguida de este capítulo viene un pequeño extra, espero que no se llenen de este fic ya que espero que lo lean :3 es el primer extra de mi fic, es sólo eso, un extra con un poco de BillDip y bueno, está ambientado obviamente en ese fic, espero que les guste y recuerda!
"La realidad es una ilusión, el universo un holograma, compra oro, ¡A dios!"
Bill Cipher
One Dark Love…
