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Capítulo dos: Las consecuencias del cambio climático
Crash Bandicoot se sentía algo desorientado con cada tele transportación, sin embargo él había sido capaz de encontrar un cristal a pesar de esas dificultades que aparecieron en su camino. El objeto brillante que tenía en su mano era realmente bonito pero… ¿Qué debía hacer con él y donde resguardarlo? Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando oyó de nuevo la voz del doctor Cortex.
—¡Muy bien, Crash! Sabía que podía contar contigo. Ahora escucha con cuidado... Estos hologramas son difíciles de mantener. En el curso de mis estudios intelectuales, he descubierto una fuerza que amenaza con destruir el mundo. Esos cristales son la única forma de detenerlo y es necesario que me los entregues a mí —al decir esto último con tono siniestro, la imagen se desvaneció formando una nueva; un rostro muy conocido.
—¿Dónde estás, Crash? ¿Crash? ¿Dónde estás? —preguntaba Coco intentando conectarse en el holograma por más tiempo aunque no pudo.
El bandicut estaba más que confundido y sorprendido a la vez; la imagen de su hermanita apareció y le hizo sentir que no estaba tan solo en esto, pero… ¿cómo hizo para aparecer allí? Dejó de pensar en esto para resguardar el cristal dentro de un locker que había a su alcance. Luego de guardarlo, él se preparó para entrar a la siguiente puerta y comenzar la búsqueda de nuevo. Con algo de temor, se dejó llevar por el túnel y apareció en un lugar totalmente desconocido para él…
El desvanecimiento del marsupial fue registrado por las cámaras de seguridad permitiéndoles a los doctores seguirlo, como así también a la reciente hacker de cabello rubio. Ella logró entrar en la red y así tranquilizarse, en parte, ya que sabía donde se encontraba su hermano pero, por otra parte, Crash estaba siendo manipulado por el doctor Cortex y eso no era bueno.
Fue así que Coco tuvo acceso a dar un vistazo a las siguientes puertas y lo que vio no fue nada alentador: las zonas presentaban grandes riesgos y, conociendo bien a su hermano, estas dificultades jamás las superaría solo. Fue por eso que tuvo que idear planes para ayudarlo, pues ni siquiera Aku Aku podía ser de utilidad. Al recordar a esta máscara mágica, se supone que ayudaría al chico con su misión pero ambos no se habían reunido.
Luego de buscar con las cámaras, vio al ex nativo recorriendo el mismo camino que su hermano había pasado: la jungla. Ante esto, ella supuso que la máscara no pudo esperar a que Crash regrese con lo que salió a buscarlo.
"Sólo espero que puedas ayudar a mi hermano mayor, Aku Aku", pensó desanimada al tener en mente aquellas dificultades que luego serán encontradas.
Ahora Coco tenía acceso a información que nunca podía haber tenido la oportunidad de ver pero… ¿Por qué? ¿Por qué ese informante tenía esos datos y por qué lo había compartido con ella? Además… ¿Quién era? "Debe estar cerca de Cortex para saberlo y, al mismo tiempo, estar en su contra."
Por un momento pensó en el doctor Brio al escuchar en el castillo algunos enfrentamientos mediante palabras pero descartó la idea ya que sabía que ese hombre no era hacker. Ese alguien debía conocer sobre tecnología y, quien se adecuaba a esta característica era el cuidador de Nina. Al repetir el nombre del informante, "Nick G.", recordó que a ese científico lo llamaban N. Gin; nombre que concuerda.
Esa suposición la dejó asombrada con lo que tuvo que interrumpir la fabricación de un objeto que ayude a su hermano para ir a su computadora y, así aclarar sus pensamientos. Ella escribió en un mail: "Gracias por tu ayuda. Ahora veo que lo que dices fue verdad… No sé cómo es que sabes sobre esto: de mi hermano mayor y de Cortex, pero esto me hace suponer que tú eres N. Gin." Y lo envió.
Del otro lado de la señal, el doctor de cabello anaranjado se sobresaltó al leer ese mensaje ¿Cómo fue que lo descubrió tan rápido? ¿Por qué no se le había ocurrido un mejor nombre? ¿Qué iba a hacer ahora? Todo esto pasó por su mente mientras se ponía cada vez más nervioso. Después de pensarlo por un momento, sin dejar de tamborilear los dedos en el escritorio y de castañear los dientes, tomó una decisión.
Contestó el mail escribiendo: "Coco: hay cosas en las que deberías preocuparte más, como en las zonas de búsqueda siguientes. Habrás visto que será difícil pero tengo un plan en mente. Sólo trata de construirle a tu hermano algo para pasar por la cascada y luego veremos qué más necesitará."
Por otro lado, al doctor de la inicial en la frente le parecieron sospechosas las constantes ausencias de su colega-subordinado aunque siempre, desde que lo vio por primera vez, desconfiaba de él ya sea por su extraña apariencia y porque sentía que algo le ocultaba. Por un momento había decidido en ir a buscarlo pero tuvo que interrumpirlo al ver que él se estaba aproximando.
—Y… ¿Cómo va el bandicut con su misión?
—… ¡Míralo tú mismo! —dijo enfadado por lo que veía en pantalla mientras la señalaba—. Está ahí jugando con la nieve.
Efectivamente, allí se veía a Crash jugando con el agua en estado sólido olvidándose del frío polar que había a su alrededor. Hacía bolas de nieve y las lanzaba al desfiladero, y también hizo un muñeco de nieve no muy bien hecho, así como los conocidos "angelitos". Aquella escena parecía graciosa a los ojos del almirante quien soltó una leve risa. Quien no compartía la misma actitud era el líder del N Team, quien rugía enfurecido.
—¡N. Gin: activa el plan B! ¡Hay que enviarle un incentivo a ese torpe marsupial!
—¿A qué se refiere, doctor? ¿Acaso se trata de esos animales que planeaba enviar?
—Así es. Que Tropy te ayude a capturar animales, luego sométanlos al Cortex Vortex y envíalos a ese bandicut —ordenó con una risa siniestra.
Lo único bueno de esa orden era que, por un rato, el del misil en la cabeza se libraría del hombre de tez amarillenta. Tratando de no verse aliviado, quien tenía que reunirse con el Cyborg de brazo robótico se dirigió a la plataforma y así, regresar al planeta Tierra.
Cuando vio que se localizaba en un lugar distinto a la estación, precisamente en la sala de control del teletransportador, se sorprendió al no hallar al inventor de la máquina. Salió de esa habitación y se encontró con la claridad del día. Allí cerca podía ver la casa del experto en el tiempo-espacio así que supuso que estaba en ese lugar. Al acercarse a la puerta, el del ojo mecánico dio un paso adentro y llamó al hombre.
—¿N. Gin? ¿Qué haces acá? —preguntó algo asombrado—. Debe ser que Neo ya pidió algo, ¿no?
—Así es… ahora quiere unos animales para que le sirvan como enemigos a Crash.
—Justo que estaba preparándome algo para comer. Bueno… será mejor que vayamos lo antes posible antes de que se enoje —dijo burlándose—. Supongo que serán animales del frío.
El de cabello anaranjado asintió y así fue que ambos se encaminaron a la sala de control. Mientras el de piel azulada tecleaba la consola y, cuando terminó, se preparó poniéndose algo de abrigo, además de su típica armadura. También preparó armas con dardos tranquilizantes y sacos para poner allí a las víctimas pero, cuando todo parecía listo, notó algo que pasó por alto.
—Si vas a ir, tendrás que abrigarte más. Iremos a la Antártida.
—Cierto… me teletransportaré al acorazado.
—No hace falta… te prestaré algo… además, será mejor que nos acompañe uno de tus androides asistentes. Así que uno de los dos tendrá que ocuparse del teletransportador por un rato.
El Cyborg de baja estatura agradeció algo desanimado ya que la prenda no era de su talla. La propuesta de Tropy se llevó a cabo así que uno de los androides, que trabajaban en la máquina, tuvo que abandonar su puesto para encargarse de las tareas pesadas de la expedición. Fue así que los tres se subieron a la plataforma y, con rapidez, los doctores sintieron el descenso de temperatura.
Caminaron unos metros y se encontraron con el océano. Allí se logró divisar pingüinos y focas. Se acercaron con sigilo y pudieron anestesiar a varios ejemplares de cada uno. El ser artificial fue el encargado de arrastrar los sacos con animales hasta el punto de regreso y así, junto con los doctores, volvieron a China. Debido a que el líder del N Team no se conformaría con sólo dos especies, tuvieron que viajar al Polo Norte en busca de un animal feroz: osos polares.
Una vez en ese lugar, lograron dar con dos ejemplares: una osa y su cachorro. Al principio no querían llevar al menor pero, como estos son animales escasos, tuvieron que hacerlo. Cuando regresaron, se tuvo que lavar el cerebro a cada uno de los capturados. La orden era sencilla: atacar a Crash Bandicoot y, a esto, se le adjuntó la imagen del enemigo. Este proceso lo llevó a cabo el viajero pero, como tenía que vigilar su creación, N. Gin quedó a cargo de los dos osos.
Para la madre, la orden era la misma pero, para el cachorro, la modificó. Una vez hecho eso, eliminó el pedido para que no queden señales de traición. Luego de esto, los pingüinos y las focas fueron transportados a la zona polar de N. Sanity. Cuando todo estaba listo, N. Gin regresó desgraciadamente a la estación espacial.
Por otro lado, luego de tanto jugar, Crash escuchó que algo se acercaba. Era precisamente un pingüino, que casi llegaba a su misma altura. Debido al acercamiento brusco, el ave no era amistosa con lo que el de los ojos verdes tuvo que eludir los picotazos. Podía atacarlo de no ser porque nunca había visto a ese animal y, por lo tanto, no sabía sus costumbres. Como el ovíparo insistía en sus ataques, el marsupial tuvo que golpearlo con su giro tornado hasta dejarlo inconsciente. Le había ganado pero observó que venían más atacantes, los cuales sufrieron las mismas consecuencias.
Debido a que el bandicut se encontraba en un lugar hostil, decidió retomar la búsqueda de los cristales. En su camino, él se enfrentó con más animales enfadados con él, por alguna extraña razón. Fue así que acabó y evitó a los pingüinos y focas que dificultaban su paso. Siguió por el camino hasta que halló una cueva, la cual era el único pasaje por donde ir. Dentro de esta, el hielo y la nieve también estaban presentes ya sea en el suelo, en las paredes y en el techo, formándose, en este último, grandes estalactitas filosas.
Gracias a la agilidad del chico, logró evitar que le cayeran encima. Otro peligro que también se encontró fueron las antiguas trampas hechas por los nativos. Esas trampas consistían en bloques de piedra o de troncos de árboles que caen ante el contacto del peso, por esta razón, Crash debía mantener los ojos abiertos ante cualquier sonido sospechoso.
Luego de varias horas en aquel lugar con nieve y frío polar, al marsupial ya no le pareció divertido ese sitio: comenzaba a sentir mucho frío con lo que no estaba preparado para ello; estaba desabrigado al acostumbrarse al clima tropical.
Sólo esperaba que la próxima zona de búsqueda esté un poco más cálida. Fue así que trató de hallar el cristal y salir de ese lugar. También esperaba que la cueva tuviera una salida.
El camino era difícil de pasar: se encontró con más animales enojados. Otra dificultad fueron los tramos de hielo resbaladizo, con lo que presentó problemas para caminar tranquilamente. Él no se había dado cuenta de que el pasaje lo estaba llevando cuesta arriba con lo que, después de llegar al final de la cueva, observó que la salida era por un pozo con lo que debía descender por ahí para salir.
Con algo de temor, el bandicut se arrojó por ahí y volvió a ver la claridad del cielo, aunque la nieve y el frío aún seguían allí. Continuó caminando ayudándose por ese estrecho sendero, sin embargo, no había señales de ningún cristal. Esto lo desanimó pensando en lo peor: que moriría congelado si no hallaba la salida a tiempo.
Por este motivo, comenzó a caminar con los brazos cruzados, para conservar un poco el calor, así como a temblar. Con esto su caminata se hizo cada vez más lenta. Ahora no sólo buscaba cristales, sino que también, un lugar más cálido.
—¿Qué? ¡Ese marsupial detuvo su marcha nuevamente! ¡No puede ser! —se enfureció Cortex al verlo en la pantalla.
—Se está congelando… —avisó el Cyborg—. Por eso me pareció mala idea utilizar el rayo congelante tan pronto. Teníamos que esperar a que…
El hombre de cabello negro-azulado lo interrumpió y lo miró furiosamente hasta incluso soltó un gruñido.
—¡Lo hecho, hecho está! Ese bandicut lo logrará con o sin frío. Es cuestión de esperar.
Por otra parte, en la zona de hielo y nieve por doquier, Crash se sentía muy mal: el frío lo estaba agotando. Temblaba como una hoja, le castañeaban los dientes, caminaba lento envolviéndose en sus brazos y no encontraba por ningún lado ese cristal.
Cómo extrañaba el calor de la playa, aún así él seguía caminado. Comenzaba a desanimarse, incluso caminaba mirando hacia abajo. Siguió así hasta que sintió que se chocó con algo pero, ¿cómo? Cuando observó mejor notó una luz rosada en el suelo cubierto de nieve y, al alzar la vista, tenía en frente un cristal.
Su desánimo cambió a su típica sonrisa y tomó ese objeto flotante. Al encontrarlo, difícilmente tenía que admitir que medio camino ya estaba hecho; el otro paso era regresar a la cámara de tiempo y así salir de este clima hostil. Siguió caminando, otra opción no tenía hasta que se oyó ruidos de piedra raspándose y se encontró con una clase de trampa nativa en el cual consistía en una gran rueda de piedra que rodaba de lado a lado.
Al tratar de observar del otro lado, Crash pudo ver que allí continuaba el camino, con lo cual, debía atravesar la trampa. Tenía que ser rápido o, en caso contrario, ese disco de piedra podría aplastarlo. Esperó el momento justo y saltó hacia el otro lado.
Continuando con la marcha, él tuvo que eludir varias de estas trampas con éxito hasta que luego halló un disco de piedra en el suelo similar al que lo llevó a la cámara de tiempo la primera vez. Al subirse, sintió los mismos efectos anteriores.
En el momento que el bandicut sintió la firmeza del suelo, abrió los ojos y de nuevo volvió a ver las puertas. Se alivió al notar que ya no estaba en esa zona de frío pero sentía que algo estaba detrás de él. Con lentitud se volteó y se sorprendió al verlo.
—¡Crash, por fin te encuentro! —dijo Aku Aku.
El chico abrazó con fuerza al trozo de madera animada mostrándose más que feliz al reencontrarse con su amigo. Siguió así hasta que el hechicero quiso separarse para comunicarle algo al marsupial.
Aquel grato momento fue registrado por las cámaras de seguridad.
