hola! vaya que tuve una gran respuesta por este fanfic, me alegro que les haya gustado. y gracias por los reviews :3 no saben como alegran mi dia.
primero: Seguire con DADT? si, de hecho el proximo capitulo esta siendo subido en este momento.
segundo: para los que no hayan visto las peliculas de inframundo: QUE DEMONIOS ESTAS ESPERANDO? ademas te seran utiles para entender la historia.
Tercero: ADVERTENCIA ya que este fic seguirá hasta dios sabe donde, decidi burlarme de la saga de "libros" de la señorita stephenie meyer. asi que si te gusta Twilight, este fic podria resultarte un poco ofensivo en los capitulos siguientes.
Cuarto: si, la vampiresa es santana, y la rubia es britt. pero sus nombres no se mencionaran hasta nuevo aviso. (porque? porque mi musa no me lo permite.)
y por ultimo, Quinto: Disfruta!
¿Qué demonios había sido eso? ¿acaso la gran ejecutora se había dejado distraer por una simple mortal? Una muy hermosa mortal. Sacudió su cabeza reprendiendo a su vocecilla interna. No importaba su apariencia, los humanos eran simplemente seres inferiores, ajenos a la guerra que ocurría entre las razas descendientes del clan Corvinus. Prontamente había tenido que alejarse de la mirada de la rubia, cuando estuvo libre de aquel místico y distractor encanto, de otro modo, hubiera perdido a su presa de la noche.
Giro la cabeza de nuevo y ¡Alabados sean los antiguos! Allí estaba la escoria a la que buscaban desde la puesta de sol. Un enorme Licano de cabeza rapada, al parecer un macho alfa, el cual según sus registros, era conocido por el nombre de Raze, y ataviado en una harapienta y descuidada chaqueta café, bajaba del tren, seguido por una mujer rubia de cabello grasoso y descuidado, y finalmente, otro hombre mas pequeño, pero no menos intimidante. Ninguno de los tres pareció notar el olor distintivo de los vampiros presentes en la estación, gracias al enorme tumulto de humanos sudorosos y mojados que se agolpaban a su alrededor, subiendo presurosamente al tren del cual los Lobos habían acabado de bajar.
Aunque para cualquier mortal, el trio parecían ser seres humanos, aquellas fachadas que ocultaban su verdadera apariencia lupina no hacían mas que provocar una sonrisa feroz en el rostro de la vampiresa. No había matado a un lycan en semanas, estaba ansiosa por volver a hacerlo. Inconscientemente las puntas de sus fríos dedos acariciaron la funda de su arma que descansaba bajo su enorme abrigo de cuero negro. No. se dijo. Aun no. hoy hay trabajo que hacer.
Sus castaños ojos buscaron los de Nathaniel. Que acechaba también al trio de licántropos. El ejecutor portaba también su distintivo uniforme de cuero apretado, bajo una gabardina color ámbar. La cual, estaba segura, ocultaba un par de 9mm, sus favoritas.
Era extraño como cada ejecutor tenia un arma favorita. los lideres del coven eran siempre complacientes en cuanto al armamento. Quizá demasiado. Pensó, recordando las millones de armas, rifles y demás indumentaria especialmente diseñada para acabar con sus enemigos caninos. Balas de plata, estrellas de plata, granadas de plata… la lista era infinita. Aunque para la morena, aquellas armas no se comparaban a las mortales ballestas y filosas cuchillas que había usado durante su primera década como ejecutora. Pero como toda arma, aquellas se habían vuelto obsoletas, y había tenido que acostumbrarse a las nuevas. Aunque de vez en cuando, solo por diversión, la Vampiresa buscaría su vieja espada plateada y brillante. Un regalo de la mismísima Amelia, y practicaría un rato con ella en el Dojo. Sus labios casi se curvaron en una sonrisa al recuerdo de aquella noche en la que la Antigua le había obsequiado el arma. Te la mereces, chiquilla. Le había dicho. Se que le hallaras un buen uso. Y así lo había hecho. Por cerca de un siglo y medio había usado la misma espada para cortar licántropos a la mitad, rehusándose a el nuevo armamento que se había desatado con las guerras mundiales, hasta que la mismísima Amelia le había dicho que debía evolucionar, junto con su armamento antiguo, o ella también se volvería obsoleta.
Así que allí estaba, rogando a los dioses por una oportunidad de llenar de plata a alguno de esos animales. Mientras contenía el impulso de sacar su Beretta y descargar sus treinta balas en el pecho de uno de esos lobos. No! se repitió. Kraven no estará contento si arruino esta operación.
Agazapado tras las malolientes columnas de cemento cubiertas de grafitti de la estación, Nathaniel acechaba discretamente al trio de disfrazados licanos. Apestaban. Para su sensible nariz vampírica, el simple aroma de los licántropos era nauseabundo. Desde la esquina de su ojo, vio a su colega femenina moverse, saliendo discretamente tras los desapercibidos hombres-lobo. Una mirada de ella fue suficiente para dejarle saber que debía seguirle. Y así lo hizo.
Lanzo una ultima mirada al vagón donde se había metido hermosa rubia. Y de nuevo miles de preguntas llegaron a su mente; ¿Cuál era su nombre? ¿el tono de su voz? ¿Sabría cantar? ¿Qué edad tenia? ¿Por qué estaba allí?
De nuevo cayendo en cuenta de que estaba distraída. Mierda. Volvió a concentrarse en sus presas de esa noche, los tres licanos se aproximaban a la salida. Con paso firme pero silencioso, cuidando de no dejarse notar por aquellos animales, comenzó a seguirlos, a una distancia segura, sin llegar a perderlos de vista. Con una mirada, apresuro a su colega a hacer lo mismo.
Ya fuera de su campo de visión, y con un rugido como con el que había entrado, el tren se perdió en los túneles subterráneos de la ciudad. La vampiresa volteó, perfectamente consciente de que en el iban aquellos ojos claros y esa hermosa sonrisa pertenecientes a la rubia mas hermosa que había visto en sus 500 años como inmortal.
Apurando el paso, ambos ejecutores salieron a la plaza, donde la lluvia aun azotaba la ciudad en una feroz tormenta, que iluminaba el cielo con relámpagos constantes. Indiferentes a ella, y mas bien, agradecidos, la lluvia ocultaría en gran parte el aroma vampírico que exudaban los de su clase. Los lobos serían incapaces de detectarlos en cuanto siguiera lloviendo.
Tras lo que pareció un largo rato de caminar bajo la lluvia, detrás de tres fétidos perros, por fin los licanos se detuvieron En un parque al parecer desierto, lleno de estatuas de la época comunista, que honraban a varios líderes y héroes que poco importaban para los inmortales. La guerra de los humanos podía haber acabado, pero la suya aún no había terminado.
– donde esta? – pregunto la rubia mujer inspeccionando su reloj de mano, visiblemente molesta – se hace tarde! – su voz era áspera y desdeñosa. Nada sorprendente viniendo de un lycan. Se dijo.
– Llegará – aseguro el hombre calvo, que se sostenía de pie, impasible bajo la lluvia. Tenía la voz más profunda que hubiera oído jamás.
Y como por arte de magia, una enorme limusina negra aparco en la calle. De ella broto un hombre barbado y de baja estatura, aunque intimidante como el mismísimo Viktor.
Tras el, aparecieron dos fornidos guardaespaldas. Portando enormes rifles como protección. Aunque ambos sabían que no tenían oportunidad contra los feroces licanos con los que se encontrarían.
Mortales. Pensó la vampiresa, agazapada entre las sombras tras una de las estatuas de héroes comunistas que llenaban el parque. ¿Por qué los lycans hacen negocios con los mortales?
Al otro lado del parque, los hombres-lobo se pusieron en una posición defensiva detrás de Raze. Gruñidos apagados brotaban de su pecho.
– Rhea, Char, Cálmense. – ordeno el macho alfa con voz demandante. Sus subordinados se aquietaron inmediatamente. – comenzaba a pensar que no vendrías, Florescu.
– ¿por quién me tomas, mi buen amigo? – respondió el aludido, en un muy marcado acento mediterráneo.
Leonid Florescu, un ya bien conocido traficante de armas. Que había estado proveyendo al coven de armas y munición de plata los últimos años, y que al parecer había estado vendiéndole armas a ambos partidos en la guerra. Parece que el señor Florescu recibirá una no muy placentera visita de kraven. Pensó divertidamente, recordando al cachorro de Víctor, y señor de Ordoghaz en su ausencia. Olvídalo, tal vez yo misma lo haga.
La voz del macho alfa -raze- volvió a hacerse oír, sacando a la inmortal de sus cavilaciones. – tienes lo que acordamos? –
– por supuesto que si – el italiano busco bajo su enorme abrigo y saco un objeto metálico. Una Uzi, reconoció la vampiresa. Que demonios…? Entregándola por el cañón, el licano se hizo con el arma, Balanceándola en sus manos, Estudiándola; tras lo que pareció un infinito momento en el que la vampiresa y su colega ejecutor compartieron una mirada confundida, el macho alfa saco el cargador, y un extraño resplandor azulado parecía salir de las balas. Esta mierda se pone cada vez mas extraña.
– queremos cincuenta. Y cien mil de munición. – arrojo el arma hacia atrás, donde la mujer la atrapo, sus gestos similares a los de un can atrapando una pelota.
–muy bien – contesto el mortal. – solo falta una cosa mas – su mirada despectiva dio a conocer lo que quería decir. Y con un gesto de la enorme mano de Raze, el otro licano, Char, arrojo a los pies de sus guardias el maletín de plástico que había estado cargando todo este tiempo. Uno de los fornidos guardaespaldas lo abrió y reviso su contenido. Un paquete completo en billetes de cien. Como siempre, el extranjero no se molesto en revisar su contenido. – fue un placer hacer negocios con ustedes – y dicho esto, se alejo de nuevo hacia su lujoso vehículo, que partió al instante.
y bien?
este capitulo me quedo un poco mas largo, aunque no todos seran asi.
a que personajes de la serie les gustaria ver? dejame un review con tus ideas, pensamientos o amenazas.
:D
