Muy bien... aquí está la continuación, rápido como había prometido.
Tal como Jared le había comentado, Albus estaba junto al lago negro. Y no estaba sólo; a su lado, un evidentemente sonriente joven un tanto alto y de cabello café, le hacía compañía. Compañía que Potter parecía disfrutar mucho porque no se esforzaba en disimular las carcajadas estrepitosas que salían de su boca.
Así por esto no querías estar conmigo, ¿eh?
Scorpius, observó la escena en silencio, inexpresivo. Muy dentro de su cuerpo, sentía algo que no podía explicar con palabras. Sentía como un peso muy fuerte, como si le hubiesen clavo un puñal donde más le dolía. Ser rechazado por Albus era un duro golpe, y más sabiendo que todo… todo era por eso.
Pero qué rayos me pasa. Claro que él puede estar con quien quiera.
Observó nuevamente a la distancia, a los dos jóvenes pasándolo muy lindo.
O quizás no. Eso no puede ser mejor que estar conmigo jugando Quidditch.
Fuese más divertido no, lo cierto es que estaba sucediendo. Albus Potter estaba allí, haciendo "algo importante" tal como le había dicho temprano. La cosa es que más bien era "alguien importante" y muy importante al parecer, sólo alguien muy importante podía despertarle una alegría tan genuina.
Pensé que yo era el único.
Las risas se hicieron más fuertes. Ahora Ernesth hacía unas muecas con la cara mientras gesticulaba con las manos. Albus lo miraba y asentía mientras se cuajaba de la risa. Parecía como una buena historia que el moreno estaba muy interesado escuchar. Una historia que no incluía a Scorpius.
Ya tenía suficiente.
-Posiblemente me arrepienta de esto, pero qué más da.
El rubio estaba seguro de aquello. Sin dudarlo, metió la mano en su túnica y sacó una de esas orejas que había conseguido en Sortilegios Weasley, la tienda del tío de Albus. Examino el objeto cuidadosamente sintiendo la expectación. Nunca pensó tener que usar eso, pero la situación no ameritaba.
Entonces, la usó.
Casi instantáneamente, la conversación entre los dos muchachos fue audible.
La primera voz que escuchó era obviamente la de Ernesth, pues conocía muy bien la voz de su Albus. ¿Había dicho su Albus?
-Sí, entonces cuando Martha trajo el gato a la cocina, todos nos quedamos estupefactos. Estaba vuelta una loca, con el cabello todo desordenado.
-No te creo. –Esa era la voz de Albus, el interés evidente en el tono. -¿Y después que hicieron?
-Pues tuvimos que pedirle disculpas y contarles la verdad.
Se escucharon risas, bastante fuertes. Quizás esas orejas tenían que ser mejoradas o alguien iba a quedar sordo.
-Y ella no lo tomó bien, ¿verdad?
-Claro… que no –Respondió Ernesth –Mira, esto fue el resultado de nuestro descaro.
Scorpius observó hacia la pareja y quedó atónito. Ernesth se había levantado la túnica y le mostraba a Albus algo de su anatomía. Ese cretino. Y Albus se había dignado a mirar.
-Vaya, esa es una cicatriz muy fea.
-Sí. Resulta que ese día aprendimos que tenía mal carácter. Nunca más nos metimos con ella.
La conversación parecía bastante trivial, nada de qué preocuparse. Quizás estaba siendo muy paranoico al respecto.
-Ahora… Dime, ¿te gustó lo que viste?
O puede que no.
-¿A qué te refieres? –La voz de Albus ahora sonaba ligeramente nerviosa.
-Claro que a mi torso… ¿te gustó verdad?
Scorpius casi se muere en ese instante. Ese idiota se había atrevido a insinuarse frente a su Albus… y Albus se había sonrojado. No podía verlo, pero lo sabía. Albus Severus Potter se había sonrojado por la pregunta del chico.
-Ese cretino…
Si no fuese porque la conversación continuaba, quizás hubiese hecho algo inesperado, algo de lo que seguramente se arrepentiría. Algo que haría que ese Ernesth reconsiderara muy bien lo que hacía.
-Pues, ¿qué quieres que te diga? Yo supongo… que estás entrenando bien.
-Sí, ¿me creerías si te digo que lo hago sólo para impresionarte? –Ernesth sonaba ahora algo sensual. Y Albus se sonrojaba de nuevo.
-¿Qué? Yo no…
-O quizás te podía impresionar con un beso.
Eso fue suficiente. La oreja había caído al suelo de un golpe, y ahora Scorpius se dirigía hacia los otros dos. Con una cara de pocos amigos y emanando una aura de molestia.
Cuando los tuvo frente a frente, Albus fue el primero en reaccionar.
-Scorpius, ¿pasa algo? –Por la forma en que el moreno hablaba, sabía que desconocía que lo habían estado espiando, lo que era bueno para el rubio, de cierta forma- ¿Necesitas alguna cosa?
-Sí, necesito hacer algo contigo. –Contestó de manera ácida. –En el castillo… los dos. –Lo último enfatizándolo exageradamente.
-Me encantaría, Scorpius, pero Ernesth… ¿conoces a Ernesth, verdad? Él y yo nos poníamos de acuerdo para el trabajo de Herbología. Sabes que al profesor Longbotton le gusta que las cosas se hagan bien.
Una mentira. Albus le había dicho una mentira… En serio, un trabajo de Herbología. ¿No podía inventar algo mejor?
-Lo siento- Contestó Scorpius, entonces se volteó hacia Ernesth y lo miró seríamente –Ernesth, necesito hablar con Albus… ya luego podrán hacer el trabajo –Nuevamente la última palabra, siendo enfatizada exageradamente.
-Scorpius, pero yo…
El susodicho no dejó continuar al moreno, lo tomó del hombro y antes de que Ernesth pudiese decir cualquier cosa, como darle el permiso de llevárselo (cosa que en realidad no necesitaba), ya Scorpius tenía a Albus unos cuantos metros alejado. Este último mirando hacia atrás bastante impresionado por el extraño comportamiento del rubio.
Cuando estuvieron ambos en la sala común, la de los leones, específicamente, Albus no pudo aguantar más y exigió una explicación al rubio.
-Scorpius, ¿se puede saber qué te pasa?
-Cállate-Contestó el rubio, casi gritando.
-Pero qué demo…
Albus no pudo completar la frase. Los labios de Scorpius se apoderaron ferozmente de los suyos.
Gracias por leer y espero sus comentarios.
Saludos.
