Capitulo 2

Contrato de las Sombras

Los ojos de Cadence finalmente se abrieron luego de un largo tiempo inconciente, no tenia idea de donde se encontraba ahora, pero lo que sabia es que estaba cubierta de suaves… ¿sabanas?. Se levanto de su cama desconcertada, ya que no estaba en su típico calabozo sucio, si no que en una habitación simple pero con ciertos lujos. El suelo estaba cubierto de tapices antiguos con artísticos dibujos medievales, habían algunos artículos de mueblería de menor tamaño, un pequeño estante con viejos libros, é incluso hasta una mesa de té echa puramente de cristal para dos ponis.

En las paredes habían colgados pinturas originales de hermosos paisajismos, también algunas mascaras de madera talladas de las antiguas tribus de zebras. Y en el techo de gran altura de su habitación, colgaba una gran lámpara encendida con forma de araña que estaba decorada con preciosos diamantes que, seguramente, podrían volver loca a Rarity. Toda la decoración, todos los lujos que eran de primera clase no llamaron la atención a Cadence, ya que tenia su mirada fija hacia un balcón que estaba a unos cuatro metros de su cama.

Las esperanzas de escapatoria aumentaron, pero luego se apagaron como una vela al notar que las puertas ligeras de hierro del balcón se encontraban cerradas con llave. Frustrada, golpeo las puertas con sus cascos delanteros, pero luego recordó...

—¡La entrada de la habitación! —exclamo Cadence.

Cadence galopo hacia la puerta y la abrió mirando de reojo precavida. Sin saber porque, Mefistófeles no había dejado guardias afuera custodiando. Salio bajando las escaleras de piedra de la torre en sumo silencio, hasta llegar frente de un largo y angosto pasillo que era iluminado por las antorchas que colgaban de las paredes. La Princesa no sabia en que zona del castillo se encontraba, pero mientras galopaba doblando en otro de los largos pasillos, desafortunadamente fue vista por cinco ponis con capuchas púrpuras cónicas que la reconocieron inmediatamente.

—¡Miren! ¿no es esa la Princesa Cadence? —exclamo uno de ellos.

—Se parece mucho, ¿será ella? —vocifero otro con expresión pensativa.

—¡Idiotas, claro que es la Princesa! ¡tras ella!.

—¡Los soldados de Mefistófeles! ¡debo salir de aquí! —pensó alarmada Cadence.

La portadora del amor quiso abrir sus alas para escapar por aire… pero algo inesperado sucedió. Sus alas no respondieron a los deseos de la Princesa, y no tardo en darse cuenta que le habían acabado de cortar los tendones de sus alas. Mefistófeles había pensado muy en todas las precauciones antes de traerla hacia su castillo, por mas extremistas que fueran.

Escapo rápidamente de aquellos encapuchados mientras un horrible sonido de alarma; parecido al maullido de un gato, se oyó en todo los rincones del castillo. No había que ser un genio para saber que aquella alarma alerto a todos los súbditos de Mefistófeles que inmediatamente fueron en su persecución.

—¡Rápido, debe estar por aquí! —exclamo uno de los soldados.

—¡Registren ese pasillo! —exclamo un sargento.

—¡Por Celestia! ¿Qué es lo que debo hacer? ¿Hacia donde debo ir? —pensaba Cadence con una preocupación total, mientras sus oídos escuchaban múltiples galopes acercándose hacia su dirección.

En su ultima desesperación, ingreso en la primera puerta que vieron sus ojos, evadiendo afortunadamente a sus perseguidores que pasaron de largo galopando apresuradamente. Cadence se rió nerviosa, suspirando aliviada que los había perdido por completo, pero en cuanto se dio la vuelta, vio a cierto unicornio que era el que menos esperaba encontrarse.

—Muy buenos días, Princesa Mi Amore Cadenza —saludo cordialmente Mefistófeles tras un enorme escritorio con dos pilas de papeles levitando alrededor de el.

Cadence sin tener la absoluta idea, se había metido en el despacho personal del Conde Mefistófeles. Tenia un gran espacio, con altos estantes llenos de grandes y angostos libros. Habían además, pinturas originales colgadas de los muros que mostraban viejas batallas, ejecuciones y torturas, canibalismo, entre otras artes tabú. Atrás del escritorio había un gran ventanal donde se veía perfectamente la luna llena que se veía hermosa esa misma noche, aunque no era un buen momento para contemplarla para Cadence, ya que estaba en muy serios problemas.

—¡Te tenemos! —exclamo un musculoso pony semental que llevaba una gorra Képi roja en su cabeza, poniendo sin mucho esfuerzo sus cascos encima de Cadence que se retorcía furiosa tratando de zafarse.

—Conde Mefistófeles, le dije "pongamos algunos guardias en la entrada de la habitación de la prisionera". Pero no, Ud. no quiso escucharme y apenas despertó… ¡casi se nos escapa! —reclamo histérico un joven unicornio de color gris oscuro, con crin negro, de ojos color rojos y de dientes puntiagudos, mientras que arriba de su cabeza llevaba también una característica gorra Képi roja con víscera negra. En su pecho llevaba funda púrpura donde traía un afilado cuchillo corvo.

—Ya lo dije y seguiré diciéndotelo, RedBlood. No será necesario, ya que apenas le explique de la situación en que ella se encuentra, abandonara esa idea de escapar de la realidad. Ahora, suelten a la Princesa Mi Amore Cadenza inmediatamente—ordeno Mefistófeles a lo que rápidamente obedecieron.

—¿S-Soltarla? ¡Deberíamos regresarla nuevamente al calabozo de donde venia! —exclamo RedBlood.

—¡Capitán RedBlood, cuide su tono de voz! —se levanto de su asiento indignado Mefistófeles—. ¡Recuerde con quien es el que esta hablando!.

—Mil disculpas, mi Conde —se inclino avergonzado RedBlood—. ¡Pero ella…!.

—Yo me encargo personalmente de eso, ahora retírense de mi despacho y cierren la puerta por fuera —ordeno el Conde.

—Como Ud. diga, estaremos afuera por si… ¡ahh olvídelo! —exclamo hartado RedBlood antes de irse.

Los súbditos del Conde finalmente se retiraron, dejando a Cadence aun en el suelo sin entender lo que acababa de suceder. Mefistófeles mágicamente encendió un tocadiscos que inicio tocando "Piano Trio In E Flat, Op 100" de Franz Schubert, mientras el siniestro unicornio se acercaba con dos copas de vino levitando hacia Cadence que ya estaba de pie.

—Le ruego que me disculpe por el mal trato que le dieron mi Guardia Fantasma. Como ellos son mis mejores comandos, habitualmente poco saben sobre la delicadeza con una hermosa Princesa como Ud. —rió divertido Mefistófeles mientras le entregaba levitando una de las copas—. ¿Hacemos un brindis?.

—¡Deja de comportarte cínicamente! ¡Maldito bastardo sin corazón! —exclamaba furiosa Cadence estrellando la copa hacia el suelo—. ¿Acaso no debo recordarte que fuiste tu el que ordeno a que me torturaran?.

—Ahh, si… ¿Qué ahí con eso? —pregunto como si nada Mefistófeles.

—¡E-Eres un monstruo insensible! Primero me secuestras, luego me torturas, ¿y ahora actúas como si nada ha pasado? —Cadence no pudo evitar romperse a llorar con su mirada hacia el piso, mientras el unicornio le miraba fríamente.

—Temo informarle, que tu "sufrimiento" físico ha acabado… al menos hasta el momento, aunque ahora comienza lo psicológico —sonrió siniestramente Mefistófeles, provocando que Cadence se estremeciera mirándole con miedo—. Así es, como veras, he planeado todo hasta el microscópico detalle. Empecemos por tu inútil esperanza de escape.

Mefistófeles tomo del brazo izquierdo a Cadence, trayéndola forzosamente hasta el ventanal donde se podían ver los imponentes dominios del Conde, pero no queria mostrarle esto, si no que a un extenso bosque de gigantescos sauces que señalo apuntando con su casco derecho.

—Al otro lado de los muros de mi ciudad, Târgoviste, se encuentran todas esas hectáreas de bosque que vez en los alrededores. Este bosque; que no se compara con el insignificante Bosque Everfree, esta infestada de las criaturas mas peligrosas del mundo, y aun si intentaras escapar por aire; que por tierra es igual de imposible, te apuesto a que no sobrevivirías ni 10 minutos en el "Bosque bajo la Sombra de la Noche". Y aun si lo lograras, ni siquiera tienes idea de donde se encuentra Equestria o el Imperio de Cristal…

—¿No pudieron haberle dado un nombre mas corto? —pregunto Cadence levantando una ceja.

—¿A que?.

—Al bosque —aclaro Cadence.

—Era el mas adecuado que pude encontrar…—respondió frunciendo el ceño Mefistófeles—. Ahora, mi querida Princesa Cadence. Ya que te explique sobre lo patético que es escapar de tu triste realidad… ahora iremos a lo que tengo planeado hacer contigo.

Tomando por sorpresa a la Princesa, el cruel Mefistófeles la empujo hacia el suelo, poniéndose encima de su cuerpo para evitar que intentara levantarse. Cadence no podía defenderse con magia ni tampoco con su propia fuerza ya que el Conde la tenia inmovilizada por completo. Los cascos del oscuro unicornio acariciaban los flancos de Cadence, mientras con su lengua lamía una de sus orejas.

—Realmente eres muy exquisita, en verdad ese idiota Shining Armor si que se saco la lotería contigo —rió pervertidamente Mefistófeles, pero en un descuido suyo, la Princesa aprovecho de darle un fuerte codazo en su estomago que le saco un quejido de dolor—¡Aghh! ¡Pero qué…?.

—¡No dejare que salgas con la tuya tan fácilmente!.

Cadence se puso encima de el, poniendo sus cascos en el cuello de Mefistófeles con las intenciones de ahorcarlo hasta la muerte. El cuerno del Conde fue rodeado por un aura rojo escarlata, mientras que de su boca, murmuraba palabras en lengua muerta que desconcertó a la Princesa. Al finalizar con la ultima frase, el exterior del cuerpo de Cadence comenzó a sudar incontrolablemente, póstumamente, la explicación a esto era que la sangre de la unicornio alada estaba aumentando de temperatura hasta llegar a casi hervir.

—Estupida, solo has empeorado mas tu situación —dijo Mefistófeles mientras se levantaba del piso—.¿Quieres que me detenga?.

—S-Si… P-P-Por f-favor —respondió apenas Cadence, llorando ardientes lagrimas de sangre que le quemaban en sus mejillas como agua caliente.

—Esta bien, pero prométeme que me obedecerás en todo lo que te diga, servicial y con sumo respeto, y que te dirigirás a mi como tu amo, o juro que aplicare torturas peores que esta —advirtió Mefistófeles que miraba con suma indiferencia el sufrimiento de la Princesa.

—L-Lo… haré, p-pero ya para.

—Solo unos momentos… —Mefistófeles hizo aparecer un viejo pergamino que no se trataba mas que un contrato escrito personalmente por el—. Primero quiero que firmes esto.

—¿Q-Qué… es… eso? —pregunto Cadence entre quejidos de dolor.

—Solo fírmalo si quieres que el sufrimiento se detenga —el siniestro conde hizo aparecer un frasco con sangre de dragón y una gran pluma que pertenecía nada mas ni nada menos que de las alas de Nightmare Moon—. La decisión es tuya.

La Princesa, sin siquiera leer el contrato por el indescriptible dolor que estaba siendo azotada, tomo con sus dientes la pluma con la punta cubierta de sangre , hasta que finalmente… firmo. Mefistófeles sonrió victoriosamente, y luego de revisar minuciosamente la firma personal de Cadence, guardo con mucho cuidado el contrato en el interior de su capa.

—Un gusto haber celebrado este contrato con Ud. —dijo Mefistófeles haciendo una reverencia.

—A-Ahora… c-cumple con t-tu p-parte.

Cadence estaba a punto de perder la conciencia, pero el unicornio oscuro detuvo el hechizo a tiempo, dejando a la Princesa agonizando en el suelo. Mefistófeles hizo aparecer un vaso con una rara sustancia morada que se lo dio en los labios a Cadence, que bebió muy sedienta el liquido por el efecto secundario de la maldición.

—Bebe despacio —murmuro el Conde hasta ver que se lo había bebido sin dejar una sola gota.

El cuerpo de Cadence comenzó a enfriarse hasta llegar a la temperatura normal, las cicatrices que le dejo la Silla de Interrogatorio durante la tortura se desvanecieron por completo; incluso hasta se regeneraron los tendones de sus alas, volviéndolas activas nuevamente al cuerpo de la Princesa. La portadora del elemento del amor llego a sentirse como nueva, quien pestaño mirando extrañada a Mefistófeles.

—¿Qué fue lo que me diste de beber? —pregunto Cadence.

—Una poción medicinal, difícil de preparar ya que sus ingredientes están esparcidas en diferentes partes del mundo —explico Mefistófeles—. Espero que no olvides esta lección, ya que esto me duele mas a mi que a ti.

—Desearía poder creer eso —contesto Cadence levantándose del piso hasta quedar de frente cara a cara con su nuevo "amo"—. Ahora que pase de una prisionera a una simple esclava tuya… ¿Qué sigue ahora?.

—Por ahora, no lo se. Dejare que descanses por unas par de horas ya que debes estar muy agotada, así que te dejare tranquila por unos momentos —Mefistófeles camino hacia su escritorio, sentándose nuevamente en su asiento mientras ordenaba sus pilas de papeles levitándolos—. ¡RedBlood, ven inmediatamente!.

El joven unicornio de la Képi roja entro apresuradamente al despacho, haciendo un saludo militar a Mefistófeles que leía concentrado un importante documento.

—Capitán RedBlood, ¿podrías escoltar a la prisionera hacia su habitación?. Ella ya ha comprendido su situación y ha desistido en la idea de la escapatoria.

—Muy bien, pero si pasa algo no será culpa mía —el unicornio se llevo a Cadence hacia la salida, pero esta volteo hacia el Conde.

—No creas que me tendrás aquí por siempre, aun no he dicho que he desistido de la idea, y no obedeceré tus ordenes ciegamente como tu te lo esperas —reitero Cadence con una sonrisa confiada de si misma.

—¿A si?, déjame que te muestre el contrato que firmaste —Mefistófeles hizo tele transportar el pergamino abierto, levitando en frente de Cadence que leyó cada palabra con suma atención.

Contrato de las Sombras

Yo, Cadence, bajo mi propio consentimiento personal y con Nightmare Moon como mi mas divino testigo. Con plena libertad declaro que renuncio el cargo de Princesa que me otorgo con suma confianza, la Princesa Celestia. Y acepto servir a las ordenes de Mefistófeles, Conde de Târgoviste, como su mas fiel y obediente esclava personal.

En caso de que no se cumpla con el contrato, y si el dueño de este decide finalizarlo por si mismo. Juro que enfrentare con valentía mi muerte súbita apenas se destruya este documento, y condeno a Twilight Sparkle, hija de Twilight Velvet y de Night Light, a sufrir las mayores calamidades que ningún pony haya sufrido durante el resto de su vida, sea inmortal o no.

Con mi firma, demuestro que acepto los términos acordados en este contrato, y que esta en mi decisión cumplir hasta que el documento sea anulado, o sufrir las consecuencias señaladas.

Firmado: Mi Amore Cadenza

Cadence en cuanto termino de leer el escrito se quedo atónita, mientras el contrato volvía a tele transportarse hacia la capa del siniestro unicornio. ¿Acaso esto era una broma cruel?, no, ella conocía muy bien a Mefistófeles y muy pocas veces bromeaba. En verdad ella había firmado un Contrato de las Sombras que estaban prohibidas en casi todas las escuelas de magia de todo el mundo, pero que eran frecuentemente utilizadas especialmente por hechiceros de magia negra, como Mefistófeles.

—¿Jamás pensaste que las cosas sucedieran así? —rió Mefistófeles, tele transportándose hacia ella y atreviéndose a acariciar su mejilla izquierda con su pezuña—. Como ya lo has leído, si no cumples con tu deber y te mueres apenas destruya el contrato, Twilight Sparkle sufrirá como ninguno ha sufrido jamás… y se que la quieres mucho como para que eso pase, ¿verdad?.

—¡Eres asqueroso! —exclamo furiosa Cadence, lanzando un escupo en la cara al Conde que se mantuvo calmado mientras sonreía.

—Tienes suerte que mi paciencia contigo sea como la de un monje, porque de lo contrario, te hubiese puesto en un Cepo en la plaza publica de la ciudad para que fueras violada por todos mis súbditos una, y otra, y otra vez —Mefistófeles saco un pañuelo de seda blanco y se limpio su rostro—. Sácala de aquí, RedBlood.

—Así será, Conde. ¡Andando! —RedBlood se llevo forzadamente a Cadence, pero antes de que este cerrara la puerta, Mefistófeles exclamo:

—En Equestria y en el Imperio de Cristal tal vez hayas sido una importante Princesa, pero después de este contrato, no tienes pasado, presente, ni futuro… bueno, tu futuro si, ya que ahora me pertenece. Bienvenida a tu nuevo hogar, Cadence.

RedBlood escolto la Princesa hasta su habitación donde la dejo sola, sin guardias custodiando la entrada como Mefistófeles lo había ordenado. Cadence se dirigió al enorme baño de su habitación para lavarse, dejando que el agua caliente la relajara hasta casi quedarse dormida. Con una esponja se enjabono en todo su cuerpo escultural, enjabonándose también su hermoso crin que llevaba muchos días sucio y desordenado. Su aseo demoro una hora completa, saliendo del baño completamente limpia y perfumada ya que encontró unas colonias que supuestamente su captor había dejado intencionalmente.

Se tiro hacia la cama sin espera, pensando con angustia el enorme embrollo que Mefistófeles la había arrastrado, trataba de no llorar, pero ni siquiera pudo evitarlo. Lloro por unos largos minutos, desahogándose hasta que el cansancio la dejo profundamente dormida. Su nueva vida de esclavitud apenas comenzaba…


Bien, ¿que les parecio? jeje. Me he demorado un poco ya que debo escribir dos fics al mismo tiempo (este, junto con otro), mas atender mis deberes del instituto. Pero, prometo que el tercero sera normal (es decir, no tan cortos como este xD).

Ahora, para dejar algunas curiosidades:

Mefistófeles: Le he puesto este nombre, no por el Inferno (o El Infierno de Dante), si no que por la Opera Mefistofele de Arrigo Boito, que es una de mis favoritas aunque solo tenga algunas piezas de esta gran obra.

Cepo: Instrumento de tortura medieval, en el que la víctima quedaba inmovilizada de pies, cabeza y manos. Cuando se trataba de un castigo, el cepo se encontraba generalmente en la plaza del pueblo, para exponer al acusado, servir de escarnio y someterlo a todo tipo de vejaciones, como el ser golpeado, escupido, insultado, etc.

Espero sus reviews, ¡Auf Wiedersehen! ^^