Resumen oficial de la historia:
¿Saben? Morir no es tan malo como lo cuentan. Bueno, tal vez un poco. Está bien, es muy malo. ¿Por qué demonios no me podía quedar así? Es decir, estar vivo es genial y estar muerto no lo es. Pero por lo menos no tenía que lidiar viejos excéntricos, magia y un tipo empeñado en matar a mis amigos. Comparado con esta locura, la perspectiva de la paz de la muerte no es tan mala. Sabía que no debería haberme levantado esa mañana.
Descargo de responsabilidad: Harry Potter no me pertenece, si así fuera James y Lily jamás habrían muerto.
Los Weasley estaban preocupados por el pequeño Ron en sus primeros meses. Era más callado que sus hermanos y rara vez les dedicaba una sonrisa a sus padres. Ellos tenían mucha experiencia en niños, y todos sus hijos habían deseado la atención de Molly y Arthur centrada en ellos. Pero Ron… Ron parecía haber decidido que no necesitaba de toda esa atención.
Los Weasley mayores no sabían si estar alegres con este desarrollo o angustiarse. Con la guerra en su pleno apogeo, los ataques cada vez más frecuentes y brutales, y con un deseo ferviente de ayudar, ellos se encontraron incapacitados para prestarle la debida vigilancia al niño. El hecho de que fuera cada vez más retraído hacia ellos y no se colgara de sus ropas para quedarse cuando necesitaban ir a las reuniones de la Orden ayudaba mucho a la situación. Si Ron hubiera sido como sus anteriores hermanos, era muy posible que ellos se hubieran decidido a alejarse de la guerra y mantenerse al margen para cuidar correctamente de sus niños.
Ron, a sus ya seis meses, era más consciente del entorno y de la situación general en la que se encontraba su familia. Conociendo los hechos de antemano y sin la impetuosa necesidad del cariño de sus "padres", no se molestó en tratar de prolongar su tiempo con ellos. Además, él consideraba que ningún padre responsable (por muy grave que sea la emergencia) dejaría a un bebe de unas pocas semanas al cuidado de un niño de diez años. Y, si bien su hermano era maduro para su edad, no fue la decisión más inteligente que podrían haber tomado. Pensó en su madre, en lo atenta que había sido en su anterior vida y su amor incondicional. No, esas personas jamás llegarían a ser indispensables para Ron, no actuando así.
Sus padres fueron relegados a un segundo plano en su mente, el primero siendo ocupado por sus hermanos mayores. En su vida anterior nunca había disfrutado de lo que era tener un hermano, y el cariño y proteccionismo que estos le entregaban al niño (A pesar de que no lo necesitaba, no, en lo absoluto) fueron lo suficiente como para ganarse un lugar importante en su corazón.
Cuando Ron cumplió sus nueve meses, su madre (bastante angustiada) informó a la familia sobre su nuevo embarazo. Esto fue algo que el niño ya esperaba, pero los demás Weasley se encontraron muy preocupados por ella. Ocho meses de diferencia entre la finalización del embarazo anterior y el nuevo, dejaba una brecha estrecha en la recuperación del estado de salud de la mujer y lo delicado que sería el embarazo debido a la no completa cicatrización del daño causado antes.
Sus hermanos lo cuidaban cada vez que Molly y Arthur salían por diferentes cuestiones sobre el nuevo bebe, y fueron ellos los que lo presenciaron tener sus primeros pasos. La matriarca Weasley se enteró luego, llenando de abrazos y besos al pequeño niño quien solo la observó con aburrimiento. Charlie había sido quien lo ayudo a pararse por primera vez, Fred y George quienes gatearon junto a él en un intento de que repitiera sus acciones, Percy quien lo levantaba cada vez que se caía y Bill quien lo ayudó a dar sus primeros pasos sin que su rostro chocara dolorosamente contra el suelo. Ron consideraba increíblemente injusto que el orgullo brillara en los ojos de sus padres, cuando habían sido sus hermanos los que lo ayudaron en su primer logro.
Cuando todos dormían, Ron se dedicó a ampliar su vocabulario. El niño conocía muchas palabras y su mente adulta era capaz de formar correctamente una oración coherente, pero… su boca no estaba de acuerdo con él. Le resultaba difícil decir la pronunciación correcta de muchas palabras, que solo salían como los balbuceos de cualquier bebe. En su frustración, apretó sus manos y…
-¡Maldición! – la palabra (que solía decir muchas veces en su anterior vida) salió perfectamente de su boca, sin ninguna traba y fue correctamente pronunciada.
Al notar lo que acababa de suceder, Ron comenzó a reír. Solo él podría tener como primera palabra un insulto en un idioma que ya no podía hablar (¿Quién sabe un idioma de otro país de la nada?). Pero sus hermanos no tendrían por qué enterarse, ya que lo siguiente diría serían sus nombres.
Le costó un tiempo (una semana sin sueño adecuado), pero finalmente logró decir los nombres de sus hermanos y las demás palabras fluyeron en su boca con mayor facilidad. A los diez meses, Ron le demostró a sus hermanos cuanto los apreciaba.
Bill observaba con fastidio como los gemelos se ensuciaban cada vez más su ropa con comida, pareciendo encontrar más divertido jugar con ella que comerla. Estaba nuevamente a cargo de sus hermanos, sus padres se encontraban en una reunión importante, y por lo tanto incapaces de cuidarlos. El niño frunció el entrecejo al notar que ambos gemelos sonreían maliciosamente en su dirección.
Con un suspiro, se dispuso a levantarse para poder limpiar sus rostros (y detener cualquier cosa que estuvieran planeando). Sin embargo, al comenzar a pararse fue detenido por unas pequeñas manitos que se aferraban con fuerza de la tela de su pantalón.
Al bajar la vista, sus ojos se encontraron con los azules orbes de su hermano más pequeño. Ron estaba agarrado de su pierna, prensado como un koala. Su rostro parecía estar lleno de algún tipo de determinación desconocida, mientras dirigía su diminuto rostro en su dirección.
- Ron, ¿Podrías esperar un poco? Los gemelos… - sus palabras se quedaron atascadas en su boca cuando escucho un sonido que no era uno de los balbuceos usuales de su hermano.
El niño desprendió al pequeño de su pierna y lo elevó a la altura de su rostro, toda la casa se quedó en silencio. Los gemelos parecían haber escuchado, pues se encontraban tan quietos como estatuas.
- Bill – Ron dijo con mucha claridad, y elevando su diminuto dedo regordete hacia su rostro – Bill.
Bill estaba en estado de shock mientras miraba a su hermano, sus ojos abiertos de par en par. El niño aprovechó su desconcierto para examinar a su hermano mayor. Sus rasgos seguían siendo los mismos que los de unos meses atrás, siendo solo su pelo (Ahora unos centímetros más largo) la única diferencia. Al ver que el pelirrojo no salía de su sorpresa, Ron comenzó a estirar sus mejillas para llamar su atención.
Cuando estas fueron estiradas hasta causarle cierto dolor, el niño reaccionó. Comenzó a besar a su hermano en el rostro y a hacerlo girar en el aire. Ron estaba muy contento con el resultado, el rostro antes desanimado de Bill ahora se encontraba iluminado como una lamparita de navidad.
- Charlie – La voz infantil de Ron llenó la cocina, y Bill no podía dejar de estar encantado – Percy, Fred y George.
Los pequeños gemelos no tardaron mucho en comprender lo que Ron estaba diciendo, y saltando con ánimo renovado fueron a buscar a sus otros dos hermanos. Charlie no tardo en bajar a trompicones por las escaleras, trayendo consigo a Percy aún bastante legañoso.
Ron jamás cambiaría la mirada de adoración en los ojos de sus hermanos por nada en el universo ¿A quién le importaba si sus padres no estaban nunca? Sus hermanos eran su pilar y soporte, y eso era lo que importaba. Ellos eran los que hacían que esta nueva vida valiera la pena.
Si bien es cierto que extrañaba los cálidos brazos de su madre, la increíble felicidad en el rostro de los pelirrojos a su alrededor era suficiente para que el dolor fuera solo más que un remanente de lo que fue. Ron sonrió. Tener hermanos era genial.
Molly nunca sintió un dolor tan mortificante que cuando comprendió que había perdido también la primer palabra de su hijo menor. Esa noche, cuando volvieron de la reunión habían sido arrollados por las sonrisas de sus hijos quienes derramaban sobre ellos olas y olas de palabras incomprensibles. Cuando finalmente lograron calmarlos, Bill les informó sobre el acontecimiento. Su pequeño Ron había dicho sus primeras palabras.
La matriarca había estado tan emocionada por poder escuchar la voz de su bebe llamándola, que apenas se enteró, fue a buscarlo. Ron ya había sido llevado a dormir, y sus hermanos habían permanecido despiertos solo para informarles lo que había ocurrido. A pesar de la felicidad de la mujer, está no había prestado total atención a lo que sus hijos le habían relatado.
- ¡Oh, Ron! ¡Ya estás tan grande! – La mujer levantó a su hijo de entre las mantas. El niño la observó con descontento. – Di mamá. Así, Ma-má, Ma-má.
Los ojos de su hijo la miraban fijamente, con una intensidad de la cual Molly no estaba enterada que era capaz de mostrar. El niño la miraba casi incrédulo, hasta que finalmente se decidió a contentar a la matriarca Weasley, pero no de la forma en la que ella esperaba.
- Madre – Ron habló con claridad. Una claridad que la mujer no se esperaba, no había cariño en su voz, sino practicada indiferencia. Y con lo emocional que había sido en su vida pasada, él estaba bastante seguro de que era un logro.
- Eso… Eso está muy bien, cariño – La sonrisa de Molly disminuyó un poco, no iba a negar que se sentía decepcionada. – Es muy impresionante.
Ron observó las emociones cambiantes en su rostro y sintió una punzada de culpabilidad, pero no podía llamarla "Mamá" por mucho que ella lo quisiera. Molly lo había cuidado, alimentado y se había encargado de él, pero no… no era su madre. La falta de atención que le prestaba era prueba suficiente. Era atención que él no necesitaba, pero que cualquier bebe normal sí. El verdadero niño había terminado por desarrollar un complejo de inferioridad con respecto a sus hermanos. Y ahora que lo pensaba, el Ron original había sido excesivamente celoso y necesitado de atención, de forma ligeramente sutil, claro.
- ¿Molly? – El rostro de Ron se dirigió en dirección a la puerta, allí se encontraba Arthur - ¿Todo está bien?
- Sí, todo está bien – La mujer le sonrió levemente al niño en sus brazos. Un sincero entendimiento brillando en sus ojos.
Ron fue el único que comprendió por qué su madre lloró esa noche, y silenciosamente pidió disculpas a la mujer. Ella entendió lo que él quiso transmitir en esa palabra de forma instintiva, y Ron no sabía si debía acompañar sus lágrimas con las suyas.
El tiempo pasó rápido y Ron pronto cumplió su primer año. No fue nada excepcional, pero la presencia constante de sus cinco hermanos lo reconfortó. Sus padres hicieron todo lo posible para estar ese día en la casa, y Molly se mantuvo firme a su lado. Ron le dedico una suave sonrisa a su madre ese día, la mujer estaba radiante. Él aceptaría el cariño de la mujer, pero ella jamás reemplazaría a su verdadera madre.
Sus hermanos estuvieron allí todo el tiempo, eran su compañía constante y Ron los adoraba. Era muy apegado a Bill y a Charlie, siendo estos quienes más lo mimaban. La aceptación constante que brillaba en los ojos de sus hermanos siempre lo llenaba de calidez. Eran las razones por las cuales sonreía.
Y por la misma razón que los quería, fue que se mantuvo sin llorar cuando su hermano atravesó la columna ilusoria que llevaba al andén nueve y tres cuartos. Aunque muy limitada por el ministerio, el colegio de Hogwarts era la mejor escuela de magia y hechicería de Gran Bretaña. Las paredes de esa fortaleza contenían muchos secretos y conocimiento; tal vez no les enseñaran a luchar adecuadamente, pero el aprendizaje que Bill tendría allí le salvaría la vida en el futuro. Y por mucho que Ron quisiera prensarse de la pierna de su hermano y no dejarlo ir, sabía que ese lugar le garantizaría una forma de sobrevivir a la guerra, tanto actual como futura.
Sus pequeños dedos se aferraron con fuerza a la camisa de Charlie. Su otro hermano también tendría que ir a Hogwarts pronto, Percy de igual forma y los gemelos le seguirían. Ron quería sentir la infantil certeza de que ese castillo se estaba robando a sus hermanos. Pero eso es lo que un niño sentiría, y Ron ya no era un niño (mentalmente), ese lugar les permitiría a sus hermanos luchar para protegerse y salir vivos.
Ron había muerto anteriormente, ahora conocía los riesgos y lo que le esperaba más allá del velo, no habría dolor allí para él si volviera. Aquella soledad y vacío fueron casi insoportables, pero más allá de eso, ningún daño le fue causado. No temía volver a aquel lugar si eso significaba proteger a sus hermanos. Pensó por un momento en sus rostros, sonrientes y felices. No, nadie los tocaría. Ron no lo permitiría.
El reloj marcó el horario de salida del Expreso de Hogwarts, y su rostro se enterró en el cuello de Charlie. Su corazón se sentía molesto y agitado, tenía la horrible sensación de que algo malo sucedería pronto.
Un frío le caló los huesos, era solo una horrible coincidencia que sintiera eso cuando Bill comenzaba la escuela ¿verdad?
Ron se quedó en silencio, con los ojos bien abiertos del puro horror que sentía invadirlo. Su familia estaba gritando de felicidad, abrazándose los unos a los otros mientras lágrimas de alegría recorrían sus rostros. Gritos de gozo y festejo se escuchaban no muy lejos de su casa, parecía que el mundo hubiera estado muerto todo ese tiempo y de pronto reviviera, herido pero determinado a seguir.
Los gemelos no entendían lo que estaba sucediendo, Percy parecía querer unirse a los demás. Charlie estaba sonriendo de oreja a oreja. Las manos de Ron comenzaron a temblar.
- ¡El Señor Oscuro ha caído! – una voz lejana hizo eco en los oídos del niño.
"Eso significa que… los Potter…yo… ¡Oh, querido Merlín!"
Una parte de Ron se sentía muy aliviada, pues eso significaba que Bill no sería dañado. Su parte más racional, la que todavía conservaba los recuerdos de su vida anterior intactos estaba… mortificantemente en blanco. Su mente no podía racionalizar lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Ron quería pensar que no había dicho nada para proteger a su familia, pero la realidad era distinta. Ron no había dicho nada porque no había siquiera pensado en la posibilidad de que los Potter estuvieran vivos.
La serie de libros y películas comenzaban con un niño de once años, cuyos padres ya habían muerto tiempo atrás. En la mente de Ron los Potter ya estaban muertos, no había considerado el hecho de que ellos todavía no habían sido asesinados. O solo había estado demasiado concentrado en la seguridad de su familia. Ya no importaba, era irrelevante en ese momento, los Potter ya habían abandonado este plano de existencia.
Pero Ron no podía quitarse el amargo sabor de sus acciones cobardes, no, no cobardes, egoístas. Y era egoísta, Ron no iba a negarlo, no decir una palabra para proteger su pequeño mundo seguro. Y por ello, un niño había perdido a sus padres, padres que se sacrificaron para salvarlo.
Las lágrimas picaban por salir de sus ojos. Se los refregó con fuerza, él no era un niño. Una tras otra cayó y se deslizó por las mejillas de Ron. ¡Él no estaba llorando, maldita sea! Mentalmente se pateó a sí mismo por ceder tan fácilmente a la emoción
Los pensamientos de Ron eran veloces y contundentemente sensatos con respecto a la situación. Ron no habría sido capaz de salvar a nadie, por lo menos no en su cuerpo y forma actual. Una acción imprudente habría puesto a su familia en el punto de mira y sus hermanos se verían afectados de forma negativa.
Pensó en las consecuencias que el ataque al Valle de Godric trajo. El primero, la caída de Voldemort. La "muerte" del mago oscuro dejaría al mundo mágico sumirse en un descanso extremadamente necesitado. El segundo, la elevación de Harry como el salvador del mundo mágico. El tercero, el fin de la guerra y el comienzo de la "paz". Ese último era tanto beneficioso como perjudicial, la tranquilidad que esta traería haría pensar a los magos que todo había terminado y en el futuro ellos serían aún más renuentes a aceptar la resurrección del Señor Tenebroso.
Por otra parte, esos diez años de paz que ahora vendrían permitirían a las personas recuperarse y llorar por sus pérdidas, sanar sus heridas y levantarse nuevamente cuando llegara el momento. La generación más joven sería capaz de crecer, y aprender a luchar.
La angustia embargó el pequeño cuerpo de Ron, los niños tendrían que luchar. A él no le importaba mucho la idea de combatir o de quitar una vida (ya había muerto, si él pudo sobrepasar, los demás también) pero el pensamiento de que sus hermanos pelearan y posiblemente murieran era… aterrador. No quería aceptar tal perspectiva, pero su cínico interior le instaba a comprender que no tenía elección en ello. Si sus hermanos querían vivir, tendrían que pelear.
Una guerra no termina sin bajas de ambos bandos, y cuando Voldemort regresara (¿Por qué tenía que saber que volvería? Suficiente paranoia ya sufría) tendría que aceptar que sus hermanos también estarían con él en el campo de batalla. Ron no tenía muchas esperanzas de que los adultos los protegieran. Los libros (y Ron ahora supone que su realidad también) le presentaron una perspectiva muy desalentadora, había una persistente negación al progreso en el mundo mágico. Progreso en todos los sentidos de la palabra, mental, social y tecnológico. Y esa negación y terquedad es la que les impedía admitir que los mayores necesitaban de la ayuda de la nueva generación, más joven y menos inocente que la anterior. Ron se pasó las manos por el rostro, él estaba jodido.
Por muy maravilloso que J. K. Rowling mostrara al mundo mágico, este mundo se componía de humanos. Humanos que cometían errores, humanos que temían a la muerte, humanos hipócritas y desdeñosos, humanos inocentes y culpables. Y esos humanos, esos mismos humanos que proclamaban sobre paz y buenas intenciones, les entregaban un arma a los niños de once años de edad. Y esos mismos humanos, necios y cegados por sus visiones monocromáticas del mundo, obligarían a esos niños de once años de edad a tomar la lucha en sus manos.
Él y sus hermanos, su familia, y sus seres queridos serían empujados en un combate por la supervivencia. No podía engañarse con la ilusión de que todo terminaría bien, todos vivirían y serían felices, no perdería a nada ni nadie. Eso sería una mentira muy cruel, incluso si fuera para él mismo. En dentro de diez años todo volvería a comenzar.
Ron miró determinado a su familia. Muchos de ellos no serían los mismos, era muy posible que perdieran la vida y las heridas dolerían física y mentalmente. Ron se prepararía para cuando eso ocurriera.
La negación a matar que Dumbledore impuso era absurda, no iban a derrotar al enemigo con diplomacia y cordialidad. Los mortífagos eran bastantes explícitos a la hora de decir cuáles eran sus objetivos y que métodos utilizarían para alcanzarlos, y si ellos estaban tan dispuestos a matar a las personas importantes de Ron, él no tendría ningún escrúpulo en devolverles el favor. Ron no era compasivo, y el gris era su definición. Los extremos se podían ir dónde no les llegaba el sol, la guerra es la guerra. Y todo se vale en la guerra.
Si se iba a ir de esta tierra nuevamente, iba a ser luego de haber luchado con uñas y dientes por quedarse. Eso y el orgullo de Ron no podía permitirse otra muerte patética, definitivamente odiaba las escaleras eléctricas.
El nudo que se había instalado en su garganta se desvaneció. Ron trató de no pensar mucho en la felicidad que se estaba gestando fuera de su hogar, pues si lo hacía se terminaría retorciendo en la autocompasión. No más angustia por una semana.
Cuando sus lágrimas se secaron, y sus pequeñas piernas comenzaron a doler, Ron se retiró de la habitación. Nadie se percató de la falta del niño, demasiado metidos en su gozo.
El señor oscuro cayó esa noche… y la guerra acabo sin ganador definido. Un bando perdió su líder, el otro perdió demasiadas vidas como para considerar su caída una victoria.
Nota de Autor: ¡Yay! Una actualización rápida (que dudo que vuelva a ocurrir). Espero que lo hayan disfrutado.
