Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
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II
Obsequio
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Sonrió, esperanzada, dando la vuelta en una esquina para tomar el camino más corto hacia Ichiraku.
Se ruborizó de pies a cabeza cuando el eco de una estridente risa llegó a sus oídos, y comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos a la vez que aquel sonido se hacía más cercano. Entonces, cubriéndose detrás de un enorme árbol, se detuvo, contemplando con una radiante sonrisa al joven de cabellos dorados y sonrisa zorruna que sostenía un enorme tazón de ramen con ambas manos mientras reía sonoramente, acaparando toda la atención de los transeúntes.
Hinata se ocultó rápidamente tras el árbol, recargando la espalda contra el tronco mientras cerraba los ojos y suspiraba. Al fin tenía una oportunidad. Naruto estaba solo, y no había nadie cerca que pudiera interrumpirlos.
Abriendo los ojos con determinación, cerró un puño sobre su pecho, frunciendo el ceño con decisión. Al fin se atrevería a reiterar sus sentimientos por el héroe del mundo ninja; y ésa vez se aseguraría de obtener una respuesta. Toda su voluntad de fuego estaba puesta en ello.
Dando un último suspiro terminó de darse coraje; entonces salió de su escondite y, con paso firme y decidido -y tras pasar saliva muchas veces-, caminó en dirección al rubio, contemplándolo con las mejillas ardiendo y las pupilas irradiando un inconfundible brillo de alegría.
Estaba tan cerca… Nada podría detenerla. Ya no había excusas; no había más guerras ni más peligros que pudieran interponerse en su camino. Ninguna fuerza en el mundo impediría que, ese día, Naruto Uzumaki al fin correspondiera a sus sentimientos…
—Na-Naruto-kun…
— ¡Naruto!
O tal vez sí.
Con la agilidad y la precisión propias de un verdadero ninja, Hinata giró sobre sus talones, desapareciendo tan rápido como había llegado antes de que el héroe de Konoha volteara y sonriera en el acto.
— ¡Hey! Hola, Sai. ¿Qué te trae por aquí tan temprano, de veras?
Hinata hundió su espalda contra el tronco del árbol una vez más, sin atreverse a asomar la cabeza mientras oía la inexpresiva voz de Sai contestar a la pregunta de Naruto.
Repentinamente, la sangre subió a sus mejillas, y su respiración se aceleró al máximo. Sólo dos días atrás había despertado en el suelo de la habitación de Sai, con un tremendo dolor de cabeza y con el dueño de casa -quien prácticamente, y sin ningún pudor, la había llamado 'fea'-, observándola fijamente desde un sillón mientras sostenía aquel libro para adultos que, sin quererlo, había abierto.
Si bien conocía a Sai -pues había compartido algunas misiones con él antes-, al recordar aquella extraña y analítica mirada suya sobre su persona, el sonrojo se expandió por su cuerpo de tal forma que, por un momento, Hinata sintió que se asfixiaba y, dejándose caer sentada sobre el suelo, se llevó una mano al pecho en un vano intento por regularizar su agitada respiración e intentando que sus vacíos pulmones pudieran coger un poco de aire antes de que perdiera la conciencia.
Tras unos momentos de hiperventilación, al fin se decidió a asomar la cabeza. Naruto conversaba animadamente con Sai, aunque, casi de inmediato -y para alivio de Hinata-, el pálido chico comenzó a alejarse con pasos lentos.
"Contrólate, Hinata. Que no te detenga un pequeño altercado... Tú puedes hacerlo, ¡vamos! ¡Valor, valor, valor!"— se dijo a sí misma, cerrando los ojos con fuerza mientras la voz de Sai se hacía cada vez más distante. Cuando ya no la oyó, se puso de pie y, con ilusión, volvió a asomar la cabeza, decepcionándose al darse cuenta de que su amado Naruto se había ido. En ese momento, suspiró con derrota y se llevó una mano al pecho en un gesto lastimoso.
Adiós a su perfecta oportunidad.
Palideciendo, se puso de pie con lentitud. Sacudió sus ropas ninja y dejó escapar otro suspiro de sus rosados labios mientras observaba hacia el lugar por el que Naruto había desaparecido y, de pronto, se sintió como una tonta; abochornada, como nunca en su vida y por segunda vez en dos días, por culpa de aquel Shinobi de cabellos negros.
Hinata no era de la clase de personas rencorosas, pero en verdad comenzaba a detestar a Sai.
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Sai caminó sin ninguna preocupación por las calles de la aldea, completamente abstraído en su lectura. A su lado, Naruto comenzaba a impacientarse, demostrándolo con una mirada confusa.
— ¿Y bien, Sai?— preguntó al cabo de un rato.
— ¿Huh?— contestó éste con voz monótona, sin apartar la mirada de su libro.
Naruto bufó y se cruzó de brazos.
—Dijiste que había algo que querías preguntarme, ¿no? Entonces, ¡desembucha!
Sai abrió los ojos. Cerró la tapa de su libro con cuidado y se giró hacia el rubio, sin ninguna expresión en su pálido semblante.
—Naruto…— comenzó, algo dubitativo— ¿tú te consideras mi amigo?
El otro ninja parpadeó repetidas veces antes de sonreír de oreja a oreja y palmear la espalda de Sai.
— ¡Pues claro que sí!— le sonrió— Yo te considero mi amigo Sai, ¡de veras!
El de cabellos negros sonrió ligeramente.
—Gracias. Yo también te considero como mi amigo. Y he aprendido mucho desde que te conocí. En verdad te aprecio; aunque seas realmente exasperante la mayor parte del tiempo— le sonrió de esa nueva forma que había adquirido, sin que Naruto pudiera identificar si lo hacía con sinceridad o no.
—Emm… gracias, supongo— el chico rubio se rascó levemente la nuca, confundido.
—No es nada— volvió a sonreírle, cerrando los ojos con efusividad— Y, ya que ambos concordamos en que somos amigos, quisiera pedirte un favor— soltó sin más.
Naruto pestañeó varias veces y se hizo hacia atrás, ligeramente turbado, pues no todos los días Sai pedía su ayuda para algo.
— ¿Un favor?— preguntó al cabo de unos segundos— ¿Y cómo qué clase de favor sería ése? No es que desconfíe, ¡de veras! Es sólo que… es extraño…— concluyó— Que yo recuerde, tú nunca necesitaste pedir mi ayuda antes, de veras.
Sai dejó de sonreír y miró a Naruto a los ojos, aún sin ninguna expresión.
— ¿Extraño? ¿Por qué?— Naruto se encogió de hombros y Sai se llevó una mano al mentón, adquiriendo una mueca pensativa— Leí una vez en un libro que los favores son comunes entre personas que tienen cierto grado de confianza; tú y yo somos amigos, ¿no? Por lo tanto, no entiendo dónde está lo extraño…
El joven rubio se frotó la coronilla con confusión, pero acabó por mostrar una de sus mejores sonrisas inocentes.
—Pues sí, creo que eso tiene sentido— rió, palmeando la espalda de Sai otra vez— Bueno, entonces, ¿qué es eso que quieres pedirme?
—Oh, no es nada del otro mundo— farfulló Sai con aburrimiento, limpiando una pelusa de la manga de su camiseta— Sólo necesito que me ayudes a conseguir una novia… que no sea fea y que no grite mucho, de preferencia.
— ¡Oh! ¡Sí, claro! Déjame… ¡¿Qué?!— El joven Uzumaki abrió mucho los ojos, pestañeando con verdadero asombro— ¿De qué estás hablando, Sai?— se escandalizó, abriendo mucho más los ojos.
Sai lo miró sin ninguna expresión definida, sólo limitándose a enarcar una ceja.
— ¿Qué? ¿Acaso no entendiste?— Discurrió— Que curioso… creí que había sido lo suficientemente simple y conciso, aún para mentes tan limitadas como la tuy…
— ¡Claro que te entendí!— se apresuró a aclarar el Kitsune— Es solo que…— respiró hondo, después de todo, era con Sai con quien hablaba; ¿qué de todo eso debía sorprenderle?— Bueno, conseguir una novia es… no sé, no es algo que otro pueda hacer por ti… O, al menos, eso no es como debería ser, creo yo.
El ex miembro de Raíz abrió los ojos también, frunciendo los labios tras esa tenue acción.
—No entiendo… ¿Por qué no puedes buscar a una chica y pedirle que salga conmigo?— inquirió con absoluta inocencia.
— ¡Porque las cosas no funcionan así!— exclamó el chico, ligeramente exasperado— ¿Tú alguna vez le pediste a Sakura-chan o a otra chica que saliera conmigo?
—Nunca lo pediste.
— ¡Pues porque las cosas no se hacen de esa forma!— estalló— Mira, conoces a una chica, si te gusta, le pides que salga contigo. Si tú le gustas a ella, aceptará. Es simple.
Sai abrió levemente los ojos y frunció el ceño con concentración mientras volvía a llevarse una mano al mentón.
—Mmm… creo que tienes razón— concluyó después de un rato, haciendo un gesto de desinterés con una de sus manos— Ni siquiera sé por qué te lo pedí a ti, que nunca has tenido una novia— frunció levemente los labios y alzó la distraída mirada al cielo, como si de pronto se hubiera olvidado de la presencia de su ex compañero de equipo.
Naruto volvió a escandalizarse, deteniéndose en el acto.
— ¡Oye! Todos en la aldea saben que soy un súper galán— se defendió. Sai sólo lo miró y sonrió.
—Si es así, ¿por qué te no tienes novia?— preguntó con verdadera curiosidad, esbozando una mueca casi infantil.
El otro Shinobi abrió grande la boca para protestar, pero solo lanzó un suspiro sentimental al aire, ahogando una ligera mueca de tristeza
— No es que no quiera, Sai— suspiró— es que… bueno, verás… es difícil encontrar a alguien… Aunque yo no me doy por vencido, ¡de veras!— rió una vez más, colocando los brazos detrás de su rubia cabeza; a su lado, Sai frunció los labios otra vez— Bueno…— Naruto adquirió una leve mueca de concentración— Como te decía, todo el mundo sabe que soy un rompecorazones, de veras, pero, creo que ya tengo demasiados problemas con Sakura-chan; por lo que pienso que no soy el más indicado para ayudarte. Lo siento, Sai.
El joven ANBU dejó escapar un bufido de decepción.
—Está bien, supongo— se encogió de hombros— Debí suponer que tú no sabrías mucho sobre chicas; después de todo, escuché que las mujeres prefieren a los hombres bien dotados. Y no creo que tu pequeño pene haya crecido demasiado en estos años…
Naruto se puso lívido de pronto, y sus puños se cerraron con ira.
— ¡SAI! ¡TE DIJE QUE OLVIDARAS ESO DE UNA VEZ!— gritó, acercándose peligrosamente a su ex compañero de equipo, volteando el rostro con ofensa mientras un furioso rubor aparecía en sus bronceadas mejillas— Además, mi… ¡ujum! Mi 'amigo' ya no es tan pequeño…
Sai volvió a encogerse de hombros.
—Te creo, no me interesa.
— ¡Puedo probártelo!
El moreno sonrió de lado.
—Dije que no interesa. Además, ¿eres homosexual? Porque los amigos no hacen esas cosas… al menos, no según los libros que leí… pero siempre pueden aprenderse cosas nuevas, ¿no?— le sonrió. Naruto enrojeció de pies a cabeza.
— Mejor olvida eso, de veras.
Sai se encogió de hombros al escucharlo.
—Como gustes.
Reanudaron la marcha, uno al lado del otro, en completo silencio.
— Sí que es difícil conseguir novia…— suspiró el ANBU, aferrándose al libro que sostenía entre sus manos.
Naruto lo miró. Sonrió y asintió con la cabeza mientras caminaba a su par, con la cabeza ladeada y gesto curioso. Al cabo de un rato, cogió aire profundamente, infló las mejillas e hizo un leve mohín, frotándose la masculina barbilla con suavidad y frunciendo los labios como si analizara minuciosamente cada palabra antes de hablar.
—Mneh… entonces, Sai… Dime, ¿por qué de pronto tienes tanto interés en las mujeres? Quiero decir, nunca antes mencionaste nada acerca de… bueno, ya sabes… querer tener contacto con… chicas— dijo lo último con cierto recelo, manteniéndose a resguardo ante cualquier posible reacción de su ex compañero de equipo; no obstante, Sai sólo lo contempló de soslayo, ligeramente intrigado ante la duda de su amigo.
— ¿Por qué lo preguntas?— inquirió con desconcierto— ¿Acaso eso es algo malo?— frunció los labios con curiosidad y volvió a abrir el ejemplar que llevaba bajo el brazo, buscando febrilmente entre sus páginas— Mmm… creí que no lo era… al menos no leí nada al respec…
— ¡Claro que no es algo malo!— lo interrumpió el joven rubio, haciendo exagerados gestos con las manos— Es solo que… bueno, es muy extraño en ti… es decir, no es como que te agraden mucho las personas, ¿no crees?
Sai cerró su libro y volvió a fruncir los labios, sujetándose el mentón con una mano.
—Nunca dije que no me agradaran, Naruto. Sólo no las comprendo. Son conceptos completamente diferentes.
—Ah, ya.
Siguieron caminando, manteniéndose en silencio durante unos pocos minutos.
En el trayecto, Naruto se detuvo varias veces, saludando amablemente a varios de sus viejos compañeros de academia que Sai pasó por alto. El chico extraño que siempre usaba lentes oscuros los saludó con un asentamiento de cabeza, el cual Sai a penas correspondió, confundido al no saber si el que ese chico lo saludara significaba que ahora eran amigos o no. Pero decidió no detenerse en aquel cuestionamiento mental. Shikamaru Nara los vio cuando pasaron por Barba Q, y él si los saludó como Sai había leído que debían hacerlo: alzando una mano con educación. Él correspondió el saludo con una sonrisa, no tan sincera como la de su compañero, y los dos continuaron su camino.
— ¡Hey, Naruto! ¡Sai! ¡No dejen que la Llama de la Juventud se extinga en ustedes!— esas palabras, junto con un pulgar en alto, fueron el saludo de Rock Lee, aquel joven de cejas tan prominentes y ojos extraños, mientras que la chica que iba a su lado -Tenten, si no se equivocaba- sólo les sonrió con gracia.
— ¡Claro que no, cejotas!— respondió el portador del Kurama mientras Sai solamente lo vio pasar y les correspondió con otra sonrisa, alzando su pulgar al igual que Lee. Ese chico era bastante extraño, y muy peculiar, pero en verdad le agradaba, pues, en muchos aspectos, si inagotable energía y su efusividad le recordaban mucho a Naruto.
El joven ANBU se detuvo un momento, considerándolo prudente ya que Naruto también lo había hecho para entablar una rápida conversación con Rock Lee.
Sai lo observó interactuar y reír entre ellos, ajeno a la conversación que ambos mantenían, no porque los otros jóvenes lo hubieran hecho a una lado adrede, sólo no entendía de qué demonios hablaban aquellos dos, por lo que solo sonrió, intentado mostrarse lo más amable posible. Desde que había comenzado a ser amigo de Naruto sentía la extraña 'necesidad' de agradarles a todas las personas que lo rodeaban.
—Entonces, tú también vendrás a mi casa, ¿verdad, Sai?— preguntó Rock Lee de pronto, y, de inmediato, Sai pudo darse cuenta de que todas las miradas se habían posado sobre su persona.
— ¿Eh? Oh, claro. Está bien, supongo— simplemente se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. A su lado, Naruto rió.
— ¡Estaremos por allá a las siete, cejotas!— exclamó el rubio en tono jovial, provocando que el Ninja de Raíz frunciera el ceño.
"Curioso— pensó— Creí que los apodos que hicieran alusión a los defectos físicos de las personas no eran bien recibidos… Mmm…le preguntaré a Naruto más tarde…"— resolvió internamente, encogiéndose de hombros con desinterés. Y mientras Sai se perdía en algún rincón de su mente, Lee y Tenten se habían despedido y habían comenzado a alejarse de ellos, perdiéndose por una de las calles laterales.
—En verdad me agrada Rock Lee— comentó el despistado muchacho, manteniendo la vista al frente mientras él y Naruto seguían caminando. Su interlocutor lo miró y le dedicó una de sus mejores sonrisas.
—Lo sé… El cejotas tiene algo que, no sé, lo hace muy especial.
— ¿Especial?— Sai frunció el ceño— ¿A qué te refieres?
Naruto se giró hacia él y volvió a colocar los brazos detrás de su cabeza, a la vez que alzaba la vista hacia el despejado cielo.
—Ya sabes… él es de esas personas que siempre sonríen, y contagian a los demás con su alegría— esbozó una sonrisa ladeada— El cejotas sabe cómo siempre encontrar el lado bueno de las cosas y se encarga de que los demás hagan lo mismo; por eso, es agradable tenerlo cerca, de veras.
Sai torció la boca, adquiriendo un semblante pensativo.
—Rock Lee es…— musitó con voz un tanto conciliadora— como tú— finalizó, posando sus penetrantes ojos negros sobre su compañero, quien se detuvo -aún conservando su despistada pose con los brazos detrás de la cabeza- y miró a Sai de soslayo, quedándose muy quieto, con una leve mueca de confusión atravesando su bronceado rostro.
—No… yo no soy tan agradable— musitó con tristeza, bajando la mirada hacia sus pies— Lee… él nunca bajó los brazos, en cambió yo…— suspiró profundamente— Si mis amigos no hubieran estado a mi lado cuando…— la voz pareció quebrársele, al igual que toda la seguridad que siempre demostraba— Si ellos no hubieran estado conmigo, yo… no sé que hubiera pasado…— suspiró pesadamente, deshaciéndose de todo rastro de tristeza de su rostro— Vi la oscuridad muchas veces, y, si no hubiera sido por mis amigos, estoy seguro de que no hubiera podido con todo…
—Claro que hubieras podido— interrumpió Sai con vehemencia, algo muy extraño en él; se giró hacia Naruto y lo sujetó por los hombros, obligándolo a mirarlo a la cara— Por el contrario; nosotros nunca hubiéramos podido lograrlo sin ti— afirmó, mirándolo directamente a los ojos.
—Sai…— Naruto sorbió por la nariz, ligeramente sollozante ante las primeras palabras motivadoras que oía de su pálido amigo, e iba a añadir algo más, cuando se vio bruscamente interrumpido:
— Que conmovedor— masculló una fría y burlona voz cerca, rompiendo con toda atmósfera de amistad que se había formado entre ellos— Si quieren puedo dejarlos solos.
— ¡Teme!— se asustó el joven Uzumaki, dando un salto y apartándose del agarre de Sai— ¡No me des esos sustos!— vociferó, señalando al fornido joven que los observaba desde las alturas, reconociéndolo pese a la máscara ANBU que cubría su rostro.
Sasuke Uchiha bufó como respuesta, descendiendo majestuosamente del tejado sobre el que se encontraba de pie, llegándose junto a los otros dos ninjas.
—Jamás dejarás de ser un idiota— sentenció mientras descubría su pálido y estoico rostro— Por muy futuro Hokage que seas.
— ¡Sasuke!— bramó el rubio con ofensa, alzando un amenazador puño en el aire.
—Buenas días, Uchiha-san— Sai sonrió de manera falsa, intentando restarle tensión al ambiente. Al menos, eso debía intentar hacer, según tantos libros que había leído.
—Hmp— fue toda la respuesta del Uchiha, quien parecía haber decidido, deliberadamente, ignorar a Sai— Dobe, la Godaime quiere verte— informó, de una forma un tanto desdeñosa, pero que no importunó al joven Uzumaki— Así que no me hagas perder mi tiempo y...— repentinamente, Uchiha Sasuke se quedó callado y muy quieto mientras miraba, con ojos como platos, hacia el frente. Y Sai pudo haber jurado que las pálidas mejillas del último Uchiha se habían teñido con un sutil tono rojizo.
— ¡Naruto, Sai!— los aludidos se giraron, reconociendo a la bonita joven que les había hablado de inmediato— ¡Tiempo sin verlos, amigos!
—Hola, chicos— añadió Sakura Haruno detrás de su amiga.
— ¡Ino-chan! ¡Sakura-chan!— se apresuró a saludar el kitsune, sonriendo de forma radiante.
—Buenas tardes, Ino— Sai también sonrió, imitando a su compañero— ¿Cómo has estado?— preguntó de la forma más cordial que pudo. Conocía el carácter de Ino a la perfección, y realmente no le hubiera gustado crear conflictos con ella—. Sakura.
—Bien, yo…— la heredera Yamanaka movió sus largas pestañas y miró a Sasuke a la vez que acomodaba las flores blancas que cargaba entre sus brazos— Hola, Sasuke— sonrió levemente, y, aunque Sasuke pareció haberla oído, no hizo ni dijo nada.
—…
Ino arqueó las cejas y sonrió.
— ¿Cómo has estado?
—…
—Bueno, me alegra mucho oír eso.
—…
Ella amplió su sonrisa y desvió la mirada hacia los otros dos jóvenes.
— ¡Cerda! ¡Deja de incomodar a Sasuke!— interrumpió la Kunoichi de cabellos rosados.
— ¡¿A quién llamas 'cerda', horrorosa frente de marquesina?!
— ¡¿Cómo me dijiste?!
— ¡Frentona!
— ¡Cerda!
— ¡Plana!
— ¡Puerca!
— ¡Frígida!
Sai observó la contienda con bastante interés y llegó a una conclusión; sacó un pequeño anotador del bolsillo trasero de su pantalón y tomó nota.
"Usar apodos amigables a veces está bien, si las personas afectadas no son Ino ni Sakura, claro…". Escribió, satisfecho con ése razonamiento. Miró a su alrededor. Las dos chicas seguían discutiendo; Naruto se mantenía inteligentemente al margen, y Sasuke Uchiha hacia rato había desaparecido. De pronto, el joven ANBU notó que alguien los observaba desde detrás de un árbol, y distinguió un mechón de cabello oscuro cayendo de forma perpendicular al tronco. Frunció el ceño con confusión pero acabó por sonreír al reconocer la imagen de la persona que los observaba a sus amigos y a él desde la distancia. Y de un excelente ánimo, exclamó:
— ¡Hola, ojos feos!
Ino y Sakura dejaron de pelear, y todos miraron en dirección a Hinata Hyūga.
La chica enrojeció de pies a cabeza, huyendo de ahí tan rápido que dejó una pequeña estela de polvo tras sus pasos.
—No es educada— sentenció Sai con los labios fruncidos— ¿Qué?— inquirió al darse cuenta de que era el centro de las miradas ahora.
— ¡¿Por qué le dijiste eso?!— gritó Ino, exageradamente.
— ¡No debiste llamarla así delante de todo el mundo, baka!— añadió la siempre fastidiosa Sakura— ¿Qué no sabes lo que son los modales? ¿Cómo te atreviste?
— ¿Por qué?— inquirió, confuso— Sakura y tú viven señalando los defectos de la otra… ¿Qué fue lo que hice mal?
—Pues para empezar, la frentona y yo somos amigas. ¡Hay confianza entre nosotras para tratarnos de esa forma! Tú ni siquiera conoces a Hinata…
Sai torció los labios, pensativo.
—Sí la conozco— se defendió— El otro día la llevé a mi casa y la dejé dormir sobre mi cama.
— ¡¿Qué?!— exclamaron Sakura, Ino y Naruto al mismo tiempo. Sai sólo los miró sin comprender su reacción.
— ¿Qué tiene de malo? Supuse que es lo que todos querrían que hiciera… claro que primero tuve que quitármela de encima, porque sus caderas realmente aplastaban mí…
— ¡Sai!— volvieron a interrumpirlos los tres, al unísono y sonrosados. El aludido sólo los observó sin comprender. Ni siquiera le habían permitido explicar que ella había tenido la culpa por arrollarlo y caerle encima en medio de la calle, aplastando su libro, y luego, para colmo, desmayarse sobre él.
—No andes por ahí diciendo esas cosas, de verás— susurró Naruto— Debiste decirnos que Hinata-chan y tú…
— ¿Ella y yo qué?
Sus amigos intercambiaron miradas de puro desconcierto. Sai sólo los contempló sin entender nada.
—Pues como sea— volvió a hablar Ino, aclarándose la garganta— No está bien lo que hiciste con Hinata. ¿Viste cómo salió corriendo? Tal vez sólo venía a saludarte… Deberías pedirle una disculpa.
— ¡Sí! Una disculpa es lo correcto— añadió Sakura con severidad— Y un obsequio. Deberías obsequiarle algo…
— ¡Sí! Un obsequio sería lo ideal.
Sai ya no entendía nada. ¿Por qué debía darle él un obsequio a Hyūga Hinata? Hasta dónde sabía, no era su cumpleaños, y ellos tampoco no eran amigos.
— ¿Obsequio? ¿Por qué debería darle algo?— preguntó, confundido.
—Para que te perdone— dijo Sakura, como si acabara de decir la obviedad más grande del mundo.
El ANBU frunció mucho el ceño. ¿Perdonarlo? ¿Por dejarla dormir en el piso? Ella había manifestado su clara renuencia a que él tocara su cuerpo. ¿Por haberle gritado en la calle? Todo el mundo hacia eso todo el tiempo. ¿Por qué debía pedirle perdón? Lo pensó durante un segundo. Tal vez, a Hinata Hyūga no le había agradado mucho su apodo, pero, ¿cómo podría saberlo? Sakura lo había golpeado cuando la llamó fea; Ino se había sonrojado cuando la había llamado preciosa, pero la chica de ojos feos sólo había salido corriendo. ¿Qué se suponía que significaba eso?
—Deberías comprarle flores.
—Ay, sí. Tú siempre promocionando descaradamente tu florería, ¿no?
— ¡Cállate, frentona!
— ¡Cállate tú, Cerda!
Y comenzaron de nuevo, sin embargo, Sai no las oía; estaba demasiado concentrado cómo para hacerlo.
— ¡Las veo luego!— oyó exclamar a Naruto antes de que, prácticamente, huyera lejos, pero no le prestó atención. Se giró hacías las kunoichis y alzó un dedo para pedir la palabra, pero ellas no le hicieron caso. Entonces, guardó su dedo y se alejó de ellas también, todavía oyéndolas pelear a la distancia.
Jamás entendería la amistad de Sakura e Ino.
Una vez que se alejó lo suficiente anduvo sin prisa, observando distraídamente los mostradores de algunas de las tiendas de la avenida principal. Volvió a caminar hacia el distrito comercial. Fue al mercado, compró algunos víveres y luego miró en las tiendas femeninas para buscar algún regalo adecuado para Hyūga Hinata. Encontró un brazalete bastante simple pero bonito en una tienda de accesorios. Buscó y rebuscó en sus bolsillos, pero no encontró más que unas pocas monedas y un tanto de pelusa.
Adiós a la idea del regalo.
Ni modo.
Debía conseguir una misión cuanto antes. Una en la que pagaran bien, de preferencia.
Caminó hacia su casa cuando casi atardecía, topándose con Ino Yamanaka una vez más, que caminaba del brazo de Shikamaru Nara.
— ¡Sai!— exclamó ella. Shikamaru sólo lo saludó con un movimiento de cabeza— ¿Encontraste un obsequio para Hinata?
— ¿Eh? Ah, eso… Bueno, verás… en estos momentos mi economía no es de lo mejor, así que no creo poder comprar nada que sea de su gusto.
—Pero no tiene que ser nada muy costoso— dijo ella— Basta con que sea algo lindo; algo que venga de ti; algo que hagas con tus propias manos, por ejemplo. O uno de los ramos de mi tienda. Puedo hacerte una rebaja— dijo tras guiñarle un ojo. Sai la contempló un tanto confuso y Shikamaru dejó escapar un resoplido.
—Mujer problemática, deja de meterte en la vida de los demás.
— ¡Pero sólo intento ayudar!
—Sí, como no…
Sai entornó la mirada y, mientras Ino y Shikamaru discutían, tuvo una idea.
—Creo que tienes razón— discurrió, pero la chica no lo oyó— Adiós.
Se despidió con un ademán y una sonrisa, pero ni Ino ni Shikamaru le prestaron atención. Sai siguió con su camino hasta que, de repente, se detuvo, frunciendo el ceño con intriga. Cerca del parque, le pareció distinguir la larga cabellera color berenjena de la chica de ojos feos, y a Hinata Hyūga ocultándose detrás de un árbol.
"Curioso"— pensó, desviando la mirada hacia el mismo lugar en que Hinata miraba, notando -sin demasiado asombro- al grupo de niños que jugaba en un arenero.
"¿Por qué estará mirando a esos niños?"— volvió a pensar, pero entonces, una estridente risa captó su atención, haciéndole desviar la mirada una vez más. En una de las bancas del parque, un distraído Naruto se encontraba lamiendo un helado de fruta; pero el rubio no estaba solo, sino que lo acompañaba una chica, ésa que era amiga o compañera de Sasuke Uchiha. La extranjera que había sido aceptada en Konoha tras la guerra. La ex fugitiva Karin, si no se equivocaba.
Mientras la mente de Sai divagaba sobre las razones que podían haber llevado a Naruto a acercarse a aquella pelirroja, de reojo notó como Naruto compartía su helado doble con la chica, pero no les prestó mayor atención.
Volvió a contemplar a Hinata, quien seguía de espaldas a él.
Naruto le había dicho una vez: "Tienes que aprender a leer la situación", pero ¿Cómo podría hacer eso? Es decir, ¿cuándo era correcto decir lo que realmente pensaba? Si se trataba de ayudar a alguien en problemas, ¿no era lo mismo ayudar sin importar las circunstancias? ¿Cómo podría saber cuando era incorrecto? Tal vez había olvidado la regla de oro al decir lo primero que le llegaba a la cabeza al verla. Le había soltado sin más el desagrado por sus feos ojos, y ahora sus amigas le habían hecho ver su posible error.
Había cometido muchos errores a lo largo de todos sus intentos de socializar, por eso, la mayoría de las veces, las reacciones negativas de las personas afectadas siempre le hacían ver sus equivocaciones, y aprender de ellas; no obstante, Hinata Hyūga no había reaccionado como el resto de las personas con quien Sai se había relacionado antes. Ella no había protestado, no se había enfado, y mucho menos había intentado golpearlo. La única clase de reacción que había conseguido de su parte fueron torpes balbuceos y furiosos sonrojos que, al parecer de Sai, no tenían justificación. Era una chica muy extraña... al menos, en comparación con todas las que él conocía.
Tal vez sí debía disculparse, aunque la idea no le agradase demasiado. O quizá bastara sólo con el regalo…
Volvió a alzar la mirada, y la chica seguía allí. Que mal. Sai no tenía mucho ánimo como para fingir que ella le agradaba. Estaba demasiado confundido e intrigado; había recibido mucha información ése día. Además de eso, ella era demasiado compleja como para que le agradase, pues no parecía tener el tipo de conducta femenina que los libros definirían como 'normal'; al igual que Sakura, pero Sai creía que la aprendiz de la Godaime era más parecida a un hombre que a una mujer; por lo menos, si se basaba en todos los libros que había leído para hacer esa afirmación. Pensaba en eso mientras veía a la chica Hyūga mirar a los niños del arenero. Al acercarse, pudo apreciar como el rostro de la chica estaba levemente sonrojado. Iba a seguir con su camino cuando tuvo una idea y decidió que lo mejor sería iniciar una conversación con ella, y así quitarse un problema más de encima.
—Hola— saludó apenas se puso al lado de Hinata. Ella, al escucharlo, dio un ligero respingo. A Sai le pareció muy extraño que ella, siendo una Chūnin, no hubiese presentido su llegada.
— Hola— respondió mecánicamente. Los dos guardaron silencio por un buen rato.
—No tengo dinero— dijo de pronto Sai. Hinata lo miró, confundida.
— ¿D-Disculpa?
—Que no tengo dinero para darte un obsequio.
— ¿Q-Qué?
Sai frunció el entrecejo.
— ¿Qué fue lo que no entendiste? No tengo mucho dinero. La mayoría de mis ingresos se va en libros y la renta de mi casa. Pero, si te conformas con ver, ya sé que puedo hacer por ti…
Hinata parpadeó un par de veces; sin comprender, observó como Sai sacaba aquel rollo que usaba para dibujar. Unas cuantas pinceladas y el ex ninja de Raíz guardó sus lápices.
— ¡Mira!— le enseñó orgulloso su trabajo. Hyūga Hinata contempló su dibujo sin entender nada.
— E-Es muy bonito— tartamudeó, confusa y educadamente— Pe-Pero… ¿por qué pintaste eso? —interrogó, curiosa.
—Es un obsequio para ti. De mi parte.
La cara de Hinata se volvió ligeramente roja ante el obsequio de Sai, y él la observó con atención, algo desorientado también. Lo primero que pensó fue que probablemente ella estuviera enferma, pero la chica se veía sana, sus pupilas no estaban dilatadas y no parecía fatigada por alguna enfermedad. Había leído apenas un libro acerca de las reacciones de las personas y sabía que aquel enrojecimiento bien podría ser un síntoma de vergüenza por una situación penosa, aunque no podía ver el motivo de tal reacción.
— ¿Ob-Obsequio? Pe-Pero…
—Noté que mirabas a esos niños jugar, entonces deduje que te gustan los niños pequeños— explicó con voz indiferente— Como te dije, no tengo dinero suficiente para un obsequio de una tienda, pero me dijeron que algo hecho por uno mismo es igual de efectivo... ¿te gusta?
El rostro de Hinata enrojeció tanto que Sai creyó que se desmayaría, pero lo único que ella hacía era abrir y cerrar la boca, como si fuera un pez fuera del agua. Eso se le hizo un tanto gracioso, aunque no respondía a su pregunta.
—Si no te gusta, puedo…
— ¡N-No!— se apresuró a contestar ella, roja como un pimiento— E-Es muy lindo pero…
— ¿Qué?
Ella tragó saliva.
— ¿P-Por qué me-me das u-un obsequio a mí?— inquirió tímidamente, sin atreverse a mirarlo a la cara.
Sai abrió los ojos con desconcierto, mucho más confundido que antes.
¿Se había equivocado otra vez? Tal vez debería dejar de hacer caso a las cosas de Sakura e Ino.
— ¿Por qué? ¿Es algo malo?
Ella negó febrilmente.
— ¡N-No! Pe-Pero…
— ¿Pero qué? ¿Por qué estás tan acalorada? ¿Qué hice mal ésta vez?— preguntó, un tanto inquieto y molesto. Hinata pareció intimidarse ante eso, y se encogió de hombros, como si deseara que la tierra se la tragase es ése instante. Sai bufó, frustrado— Naruto le regaló medio helado a esa chica y ella se veía feliz; creo que mi obsequio es más bonito.
— ¿E-Eh?
—No sé qué es lo que les gusta a ustedes las mujeres, pero es demasiado confuso…— razonó— Tal vez debería preguntarle— alzó la cabeza y volvió a mirar en dirección a Naruto -quien comenzaba a caminar lejos del parque junto a la ex fugitiva-, alzando un brazo— ¡Hey, Naruto!
Hinata palideció de pronto, y su pequeño cuerpo tembló de pies a cabeza.
Sai agitó su brazo en el aire, intentando llamar la atención de su amigo, pero éste no volteó a verlo.
—Creo que no me escuchó— dijo en un suspiro. Entonces volvió a mirar a Hinata Hyūga, pero, extrañamente, ella había desaparecido también.
Sai se sintió todavía más confundido, solo y de pie en medio del parque, con su dibujo aún en la mano.
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Continuará...
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Siento la demora!
Muchas gracias a quienes dejaron sus reviews, y a quienes siguen esta historia.
Me disculpo de ante mano por los errores de ortografía y me comprometo a arreglarlos a la mayor brevedad.
Gracias por leer!
Besos!
H.S.
