2. El bosque de Chaménos

Eran las seis de la mañana cuando la amazona de Ofiuco estaba lista para partir. A su espalda, la caja de Pandora conteniendo la armadura de su constelación y un pequeño bolso donde iban el mapa y los panes.
Vestida con los trapos que anteriormente había comprado con ayuda de Afrodita, la muchacha esperaba impaciente, dando vueltas y consultando el reloj casi cada minuto.

—Sabía que llegarían tarde— murmuró, mientras soltaba la caja y anudaba a su cintura el largo pañuelo amarillo del que nunca se desprendía.

A los quince minutos apareció Jabu, quien al ver a la amazona vestida con ropa de civil ajustada, tragó saliva. Aún tenía demasiado frescas las imágenes sugerentes que había recibido.
—Ya era hora de que aparecieras— gruñó la joven—. ¿Y el idiota de Milo dónde está?

—No lo sé— murmuró el japonés cabizbajo, depositando la armadura junto a la de Shaina—. Cuando ayer te fuiste le dije que como muy tarde a las seis y media…

— ¿A las seis y media?— exclamó la joven— ¡Entonces no le vemos el pelo hasta las siete y media como mínimo! Con lo que le gusta dormir a ese hombre… Jabu, vamos a templo de Escorpio porque si no, no arrancamos nunca… ¿Jabu?

El chaval se había quedado absorto, mirando al pecho de la italiana, quien gruñó una maldición en italiano y arreó un sopapo al caballero de Unicornio, espabilándole.

— ¡Ay!— gritó al sentir el dolor—. ¿Pero por qué me pegas?

— ¡Por mirar donde no debes!— espetó ella—. ¡Tira hacia las escaleras de los templos de oro!

Cuando llegaron a su destino, Azazel se había quedado frito haciendo guardia. Belphegor les informó de que el caballero no deseaba ser molestado.
—Me importa un pimiento si quiere o no quiere— replicó la amazona—, porque tenemos que irnos ya a una misión.

Y apartando al guardia, Shaina llamó a la puerta. Al no obtener contestación, la muchacha pidió la llave a los guardias, que se la entregaron sin problema bajo amenazas.

Los dos intrusos abrieron la puerta suavemente y entraron en el octavo templo.
—Por aquí— indicó Shaina—, sígueme.

Jabu frunció el ceño.
—Te recuerdo que yo he vivido aquí— replicó el japonés—, me conozco este templo mejor que tú…un momento… ¿cuándo has estado tú aquí?

—En alguna que otra ocasión— respondió la muchacha y cuando supuso lo que Jabu iba a contestar, se adelantó, ruborizándose suavemente—. No imagines cosas que no son…

El caballero de Unicornio puso los ojos en blanco.
—Últimamente te ruborizas demasiado cuando hablas de él…

La amazona se giró rápidamente levantando el brazo dispuesta a arrear otro tortazo al chaval, quien se cubrió la cabeza con los brazos.
—Vale, vale, no más bromas al respecto…

Al llegar a la puerta del dormitorio de Milo, los dos se pararon. Conteniendo la respiración, giraron el pomo de la puerta y se adentraron en la oscuridad.

Sólo se escuchaba la respiración tranquila del caballero de Escorpio, profundamente dormido.

—No hagas ruido— susurró la italiana extendiendo los brazos para palpar lo que tendría delante. Se chocó contra el terrario donde estaban resguardados dos escorpiones que tenía el griego como mascotas y ahogó un grito de asco.

— ¿Qué pasa?— susurró el caballero de Unicornio, pegado a su espalda—. Ah ya, los escorpiones…

—Qué asco me dan…—murmuró ella agobiada por la tensión del momento—. Será mejor que nos acerquemos a la ventana.

Los dos jóvenes anduvieron de puntillas tropezando en dos ocasiones por culpa de algún objeto que tendría el dueño del templo desparramado por el suelo.

Milo inspiró profundamente y exhaló suavemente, dándose la vuelta en la cama para quedar su cuerpo de cara a la ventana.

Comenzaba a amanecer y la luz del alba iluminó la estancia, incluida la cama del griego.

Con esa suave luz regando su cuerpo, Shaina se quedó unos segundos contemplando al caballero de Escorpio y tragó saliva. Por un momento pensó que le gustaría poder verle todas las mañanas así, pero cuando notó su rostro arder de vergüenza, se sacudió esas fantasías y se pidió a Jabu que se dirigiese a la cama para despertarlo.

—Hazlo tú, no te jode— reprochó el caballero de Unicornio—, me va a pegar si le despierto…

—Pues por eso tienes que hacerlo tú— replicó la joven—. Y mira, que eso te sirva de castigo por mirarme el pecho.

— ¡Pero si ya me diste una torta!— estuvo a punto de gritar el japonés incrédulo.

— ¿Quieres otra más?— dijo ella alzando el brazo, y al ver que el chico sacudía la cabeza rápidamente, lo bajó de nuevo.

Jabu se acercó a la cama y movió suavemente al caballero de Escorpio, llamándole por su nombre.

El griego se revolvió y le dio la espalda.

Encogiéndose de hombros, el japonés miró a su compañera, que le indicó que repitiera el gesto.

Una vez más, el hombre se giró y de nuevo se puso cara a los dos intrusos, gruñendo algo y frunciendo el ceño.
—Camus…mmmm…déjame dormir…— murmuró en sueños, sin despertarse.

Jabu aguantó la risa y se dirigió a la joven.
—No hay manera, está muy dormido— indicó señalando al caballero de Escorpio, que había retomado una expresión relajada mientras continuaba durmiendo feliz.

Hastiada por perder tanto tiempo, la amazona de Ofiuco se acercó hasta la cama y se sentó en ella. Contempló unos segundos el apacible rostro del caballero de Escorpio, con el flequillo azul enmarañado, retirándolo suavemente para dejar a la vista su oreja derecha. Sonrió unos segundos y pidió perdón mentalmente por lo que iba a hacerle. La joven tomó aire y acercó los labios al oído del hombre.
— ¡Despierta Escorpión Mugriento!— bramó la muchacha, retirándose con agilidad.

Milo despertó de golpe con un grito y una fuerte taquicardia.
— ¡Por todos los dioses del Olimpo!— exclamó asustado, cuando giró la cabeza y vio a los dos jóvenes junto a la ventana, dando un nuevo grito por el susto— ¿Qué cojones hacéis aquí vosotros dos? ¡Largo inmediatamente de mi templo u os echo a patadas!

—Idiota, son más de las seis y media ya— terció la muchacha sin inmutarse, mientras agarraba a Jabu de la camiseta, impidiéndole huir—. ¡Espabila de una vez, que tenemos que irnos!

El griego tomó aire para poder desacelerar el ritmo cardíaco. Se tumbó en la cama de nuevo y miró al techo.
—Tenía puesta la alarma a las siete— gruñó tomándose el pulso en la muñeca, cuando empezaron a sonar los pitidos del reloj, avisando de la hora. Milo se inclinó a un lado y apagó el despertador.

Tragó saliva y cerró los ojos, cubriéndose con un brazo los ojos.

— ¡Os llevo esperando a los dos desde las seis!— dijo la amazona—. ¡Así que venga, apúrate ya, que vamos con retraso!

Con parsimonia y lanzando una mirada de odio concentrado, el caballero de Escorpio retiró las sábanas hacia atrás y se incorporó de la cama, tomándose su tiempo para frotarse los ojos.
—Si no os importa, voy a pegarme una ducha rápida— murmuró somnoliento el hombre—, así que haced el favor de esperarme abajo. La madre que los trajo…

Shaina se quedó sin aire al ver el cuerpo de Milo, ya que éste dormía únicamente en ropa interior, y cuando Jabu se percató de esto, tiró de ella para salir de su cuarto, aguantando las ganas de reír.

Cuando al cabo de otra media hora larga apareció el hombre con ropa de civil y acarreando la armadura de Escorpio a sus espaldas junto a una bolsa con comida, los tres salieron del octavo templo.
— ¿Qué llevas en esa bolsa?— preguntó Jabu, al ver la que portaba Milo.

—Comida y agua. Unos bocadillos que preparé anoche antes de irme a dormir para comer— replicó el caballero de Escorpio—. Tomad vuestras botellas para el camino— dijo sacando de la bolsa el agua y entregando una a cada uno.

Al llegar a la entrada, tanto Jabu como Shaina recogieron sus pertenencias, cargándose las cajas de Pandora a sus espaldas, para iniciar el camino hacia la nueva misión encomendada.

Milo no había tenido un despertar muy agradable, y mantenía el rostro ceñudo. Caminaba a paso rápido y sus acompañantes le pidieron que aflojara el ritmo.
—Cuanto antes vayamos y encontremos a la vieja, antes volveremos— soltó secamente el caballero de Escorpio—. ¿Dónde hay que ir?

La amazona de Ofiuco sacó de su bolso el mapa que le había entregado el Patriarca y señaló un punto a bastantes kilómetros de allí.
—Tenemos que ir al bosque de Chaménos y buscar una encrucijada, donde hay una estatua de una mujer con tres cabezas. Allí se supone que nos espera Hécate— informó la joven, cerrando el plano—. ¿Alguna idea de cómo es ese lugar?

El griego pidió el mapa de vuelta y observó con detenimiento el lugar marcado. Se pasó una mano por la frente y resopló.
—Ese bosque está infestado de sátiros—murmuró—, los dioses Pan y Dionisos se apropiaron de él hace unos meses en busca de carne nueva para sus bacanales y tengo entendido que hay movida gorda entre ellos y las ninfas de ese bosque, que se ven importunadas y acosadas constantemente. Habrá que ir con cuidado, igual Hécate está en peligro por culpa de ellos…

Jabu se rascó la nariz y preguntó por qué habría que ir con cuidado.
—Porque los sátiros son bastante…peculiares— dijo el caballero de Escorpio—. Especialmente Shaina deberá ser precavida, tanto que te quejas de que somos unos pervertidos, espérate a encontrarte de frente con uno de estos…

La joven instintivamente se llevó los brazos a los pechos, cubriéndoselos.
—Como se atreva uno solo de ellos a ponerme una pezuña encima, le mando a volar de un golpe.

—Eso sí consigues atizarles— espetó el griego—, no subestimes a esos seres. Aunque tengan barriga y estén bebidos, son tremendamente ágiles. Además, no tapan sus vergüenzas…

Jabu se extrañó ante esto.
— ¿Quieres decir que van en pelotas por el bosque?

—En pelotas y con erección permanente— añadió el griego, provocando que la joven estuviera a punto de desmayarse—, vamos un poco como tú estos últimos días, igual si te pongo unos cuernos en la cabeza y te calzas unos pantalones peludos pasas por un sátiro…

La risa de Jabu se cortó de inmediato y bufó una maldición, mientras emprendían de nuevo el camino.

Shaina caminaba preocupada junto a Milo. Miró su ropa, los vaqueros azules, una camiseta de rayas blancas y turquesas con cuello barco y de calzado unas resistentes botas de color marrón clarito. Alrededor de su cintura, el largo pañuelo amarillo que se había anudado aquella mañana.
— ¿Te preocupan los sátiros?— preguntó el hombre, al percatarse de que su compañera no paraba de mirarse la ropa.

Ella asintió con un leve cabeceo, por lo que el caballero de Escorpio detuvo la marcha.
Asió el pañuelo amarillo entre las manos y deshizo el nudo. A continuación envolvió el cuello y el pecho de la joven con el pañuelo, cubriéndola y realizando un pequeño nudo en el extremo.
—De esta manera no podrán agarrarte de los extremos que siempre quedan colgando cuando lo llevas en la cintura— dijo el griego—, y de paso te cubres mejor. De todas maneras, tienes la armadura también, que la tuya tiene una pechera que cubre más que la de Marin o la de June…si llega a enviar a June…la devoran viva.

Para terminar, Milo acarició suavemente la cabeza de Shaina y le prometió que mientras estuvieran Jabu y él a su lado, no permitirían que pusieran sus pezuñas encima de ella.

Aliviada con tal afirmación y sabiendo que, por mucho que hubiera rencillas entre ellos dos, podía confiar en el caballero de Escorpio para su seguridad, prosiguieron el camino indicado en el mapa.

Atravesando campos y pueblos, colinas escarpadas y un río de aguas bravas, al fin llegaron al punto donde el mapa señalaba el bosque de Chaménos.

Dos pilares de piedra indicaban la entrada, a pesar de no haber ninguna indicación.
—En el mapa hay un símbolo con una forma extraña— dijo Milo, mirando más detenidamente el papel—, parece una rosa de los vientos…

Jabu se acercó a la entrada y pisó unas baldosas. Escarbó con los pies un poco y llamó la atención de sus compañeros.
—Aquí hay un trozo de mosaico con forma de estrella con varias puntas, ¿es eso?

El caballero de Escorpio se acercó a comprobarlo y asintió al ver el símbolo.
—Entonces definitivamente esta es la entrada al bosque— exclamó entusiasmado—. Vamos allá…

En cuanto cruzaron las dos columnas de piedra, los árboles comenzaron a agitarse suavemente, opacando la luz solar y provocando que el bosque se oscureciera.

Siguiendo un pequeño sendero, el caballero de Unicornio llamó a sus compañeros para que le siguieran.
—Este parece el único camino posible— dijo señalando un camino poco desgastado cuyo fondo no se podía ver por la cantidad de matorral y árboles que había alrededor—. Y hay huellas, aunque parecen un poco antiguas…el barro alrededor está seco.

— ¿Huellas de pezuñas?— preguntó Shaina, apretándose contra el cuerpo de Milo, atemorizada.

El caballero de Escorpio asintió al ver las marcas en el suelo.
—Pero igual son de sátiro como pueden ser de un ciervo— murmuró por lo bajo—, aunque por el tamaño y la anchura creo que sí sería de sátiro…— al ver la cara de terror de la joven, el griego se sorprendió—. Esto sí que es divertido, intentaste matar a Seiya sin dudarlo, te interpusiste entre él y Aioria, más tarde te arremangaste para encararte a Poseidón y no dudaste en proteger a Seika de Thanatos… ¿y te da miedo un sátiro?

— ¡No quiero que me viole una cabra, ¿vale?!— chilló la joven, al tiempo que varias aves emprendían el vuelo, asustadas por el grito de la amazona.

Jabu comenzó a reírse sin parar por aquella afirmación mientras chinchaba a su compañera, imitando el balar de una cabra, hasta que recibió un golpe en la cabeza por parte de Shaina.
— ¡Vas a atraerlos, estúpido!— gruñó la amazona sacudiéndose la mano con la que había golpeado al chaval.

Más callados, prosiguieron avanzando por el sendero, siguiendo el caminito. Transcurrieron un par de horas, cuando el caballero de Unicornio se apoyó contra un árbol, abanicándose con su mano derecha.
— ¿Es que este bosque no tiene fin?— masculló cansado por el caminar sin descanso—. Ni tan siquiera se escuchan otros ruidos que no sean los pájaros que andan por las ramas.

—No sé por qué, pero tengo la impresión de que, o bien estamos dando vueltas o algo raro sucede— murmuró el caballero de Escorpio, sacando una botella de agua de la bolsa que llevaba colgando de la caja de Pandora—. No por nada se llama así…

La italiana miraba en todas direcciones, visiblemente nerviosa.
—Creo que me voy a poner la armadura de Ofiuco— dijo soltando la caja y abriéndola—. No me fío de este lugar, me da muy mala espina.

Jabu se encogió de hombros y se sentó en el suelo, recostándose contra el árbol, mientras que Milo miraba el sendero con inquietud. Avanzó un par de pasos y se quedó atento, escuchando.
—Esperadme aquí los dos— pidió el caballero de oro—, no os mováis, enseguida vuelvo.

Shaina alzó la vista cuando se ajustaba el brazal con forma de serpiente a su brazo.
— ¡No!— exclamó viendo como el griego se adentraba en la oscuridad del camino—. ¡Vamos todos juntos, por favor!

Pero el hombre sacudió la cabeza.
—De eso nada— cortó tajante—, quiero ir a investigar una cosa, porque he detectado algo y no sé si es amigo o enemigo. Así que os necesito en la retaguardia y preparados, ¿de acuerdo?— y miró a Jabu que descansaba despreocupado—. Ponte la armadura de Unicornio.

Dicho esto, Milo continuó el camino sin ellos, desapareciendo entre la espesura.


NOTAS:

Chaménos: en griego, χαμένος, "perdidos". Es un bosque inventado para este fic, no existe en la realidad.

Lo primero de todo, muchísimas gracias a todos los que habéis marcado como favorita esta historia o la estáis siguiendo. ¡Espero que os guste!

Segundo, como ya la tengo prácticamente terminada, podré ir actualizándola más rápidamente. De hecho creo que los viernes y domingos serán los mejores días para ello, ya que entre semana suelo estar más ocupada.

Y tercero, aquí van las respuestas a los comentarios de anónimos:
-Guest: me alegra saber que te gusta cómo manejo a Milo y Shaina. Y sí, escenas muy bellas XD sobre todo bellas XD En fin, espero que te siga gustando la historia. ¡Un saludo y gracias!

-Sslove: esa es la idea, de comportarse como un matrimonio aunque no haya nada entre ellos. Las amistades también son parecidas a una pareja, ¿no? Más que ruborizarse por haber tocado cosas blandas, más bien sería porque sabía que recibiría una buena torta, como así fue XD Has dado con la clave de "familia" XDDD ¡Muchas gracias y espero que te siga gustando!

A todos los demás, ¡feliz semana y nos vemos en el próximo capítulo!