Les dejo el capítulo 2. Voy a empezar a alternar pequeños flashes de momentos anteriores que dejaré en cursiva para que no haya confusiones.

Agradezco cualquier comentario o sugerencia. Gracias por leer y espero que les guste.

CAPITULO 2

Lo único bueno del día, es que el médico le había dicho que podía volver a casa. Cuando se había quedado a solas con el resto del equipo, se sintió agradecida por el esfuerzo que parecían estar haciendo para que se encontrara cómoda. En compensación, ella se esmeró en recordar sus nombres y en intentar ser amable con ellos. El que llamaban Morgan, se había empeñado en llevarla hasta su casa. Al principio ella se habían negado, hasta que se dio cuenta de que no tenía ni idea de dónde vivía.

El equipo se había retirado, y se quedó a solas con él en la habitación. Cogió aquella extraña ropa de la silla. No era la misma del día anterior. J.J. se la había llevado y le había traído prendas nuevas, pero aún así, era demasiado formal para ella. Pantalón de tela y camisa de cuello. Ella solía preferir vaqueros y camisas ajustadas. Entró en el baño para cambiarse mientras Morgan la esperaba fuera.

Se quitó la bata del hospital, y se miró en el pequeño espejo del baño. Observó su rostro. En realidad para haber pasado siete años, apenas notaba diferencia alguna. Había imaginado que le iba a costar reconocerse, pero la imagen que el espejo le devolvió era la de ella. Sólo el cabello estaba algo diferente, ahora lo llevaba liso y a un lado, ya no tenía flequillo. No le disgustó, alguna vez lo había llevado así. Se puso las bragas, el pantalón y luego cogió el sujetador. Era blanco. "Qué raro", ella solía preferir la lencería negra. Se lo estaba ajustando cuando se le cortó la respiración. Momentos antes había visto la cicatriz en su estómago, no le había dado importancia, y simplemente tomó nota mental para preguntar, pero cuando vio la marca del trébol en su pecho, la marca inconfundible de Ian, se quedó petrificada. Oyó un gemido seguido de unos jadeos desesperados. Habría jurado que alguien gritaba. Sólo cuando vio a Morgan abrir la puerta bruscamente con expresión alarmada, se dio cuenta de que había sido ella.

Lo miró aterrorizada mientras que inútilmente se llevaba las manos al pecho como si quisiera hacerla desaparecer. Morgan, dándose cuenta del motivo de su estado, la estrechó entre sus brazos mientras ella seguía intentando ahogar sus gritos entre lágrimas.

- Tranquila... te tengo, princesa, te tengo...- Le susurró al oído.

- ¡Me hizo esto, me hizo esto! ¡¿cómo pudo hacerme esto?!- Gritó histérica, hasta que finalmente quedó rendida entre los brazos de Derek.

- Lo siento- Se disculpó una y otra vez- Debí haberte advertido.

Emily finalmente se fue calmando hasta que fue capaz de separarse un poco de él. Aún la sostenía, sin embargo, como si temiera que se desvaneciera. Lo miró con lágrimas en los ojos.

- ¿Lo sabías? ¿Lo habías visto?- Le preguntó confusa.

Él le devolvió una expresión llena de dolor.

- Me lo enseñaste..- Le explicó- Hace un tiempo. Somos buenos amigos Emily... Te he estado ayudando con las pesadillas desde que volviste.

- ¿Tengo pesadillas?- Le preguntó desconcertada- ¿Por lo que me hizo?.

Derek afirmó con la cabeza. Emily se quedó cabizbaja durante unos instantes, luego alzó la vista hacia él.

- Supongo que debo darte las gracias por eso- Le sonrió timidamente. De repente se sintió absolutamente conmovida por la preocupación que vio en sus ojos. Se preguntó por qué parecía sentirse tan culpable. Era algo sin duda que quería averiguar.

- Siempre- Le dijo él.

Emily frunció el ceño. "Qué expresión tan extraña", pensó, y sin embargo, parecía que él creía que podía entenderla. Se quedó en silencio ensimismada en sus pensamientos.

- Será mejor que te lleve a casa- La conminó suavemente separándose de ella.- Seguro que tendrás muchas preguntas.

Morgan salió del baño y esperó a que terminara de vestirse.

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Cuatro meses antes

Volvían de un caso en Florida y se encontraban todos exhaustos. Emily se había refugiado en los asientos del fondo del pasillo, y sostenía en sus manos un libro abierto por la página 33 desde hacía unos diez minutos. Fijó su vista en el resto del equipo. Dormían, casi todos en el extremo opuesto del avión. Derek, hacia el medio, más cerca de ella, pero dejándole espacio. La conocía bien. Aunque había intentado ocultarlo, sabía que él se había dado cuenta de lo que aquel caso la había afectado. Las víctimas, mujeres morenas, de aproximadamente su edad, y con éxito profesional. Había que estar ciego para no darse cuenta del parecido. La guinda era la cruz que dejaba tallada en sus espaldas con un cuchillo, marcadas... no... marcadas como lo estaba ella.

Estaba segura de que si se dormía, se despertaría entre gritos, y lo sabía porque periódicamente le ocurría desde que Doyle había decidido torturarla. Se habían atenuado algo con el tiempo, a veces simplemente se despertaba temblando y asustada, pero aquella noche, aquella noche ella estaba segura de que sería una de las malas, de las apocalípticas, como solía llamarlas irónicamente. Y no tenía ninguna intención de ofrecer ese espectáculo a sus amigos. Ya se sentía lo suficientemente culpable como para que ellos se preocuparan más de lo que ya lo hacían. No era necesario que supieran lo de sus malas noches. Así que allí estaba ella, sintiendo que los párpados se le cerraban a pesar de las tres tazas de café que llevaba, e intentando centrarse en una lectura que no le interesaba en absoluto.

Pero lo estaba haciendo bien, lo estaba haciendo perfectamente.

Notó que una mano se posaba sobre su hombro, y que otra le ofrecía una taza de café.

"Derek...- sonrió- no era necesario...".

Levantó la vista hacia él para agradecerle el detalle y se congeló.

- Hola amor...¿Me has echado de menos?

La voz de Ian resonó en el avión.

Intentó gritar, pero casi no podía hablar. Miró hacia sus colegas, sólo para comprobar que seguían durmiendo plácidamente.

Ian se sentó a su lado, mientras ella intentaba huir. Pero no podía moverse. Y no podía apartar la vista de él. Su rostro cambió, se hizo más alargado, más pálido y con los ojos más hundidos y más negros y profundos, como dos pozos excavados en el mismo infierno. Era la cara de la muerte, pero también la cara de Ian. Le sonrió, con aquella sonrisa espeluznante e intentó gritar de nuevo, pero tampoco pudo. Ian levantó su mano cadavérica y le acarició el rostro, mientras Emily notaba su respiración agitada bajo su pecho, su piel erizada, y todo su cuerpo invadido por el terror más absoluto. Aquello no podía estar pasando, aquello no podía estar pasando... tenía que ser una pesadilla y sólo tenía que despertar. Salvo que no podía. No podía hablar, no podía moverse, no podía gritar, sólo podía permanecer allí, paralizada mientras él recorría su cuerpo con sus manos. Sus dedos se dirigieron a los botones de su camisa, y comenzó a abrirlos uno a uno.

- Quiero ver si sigue intacto- Le susurró con una voz que no era la suya. Parecía la voz de un cadáver.

"No seas idiota, Emily, los cadáveres no hablan". Sólo que aquel cadáver sí lo hacía.

Y Emily, temblando, empezó a rezar en silencio.

Cuando terminó de descubrir su pecho, pasó sus dedos por los bordes del trébol quemado a fuego en su piel.

- Eres tan hermosa- Le dijo lascivamente. Sacó su lengua. A Emily le recordó a una serpiente. Luego se acercó a ella.

Sus lágrimas rodaron por sus mejillas. Su garganta pareciò despertar.

- No, por favor no, no me toques... por favor... no lo hagas- Le rogó entre gemidos ahogados. Por fin notó como su cuerpo comenzaba a obedecer, pero no lo suficiente como para apartarlo.- No..., No...¡Ian!- Siguió rogando cada vez más desesperada.

Ian la miró con aquellos ojos vacíos, llenos de muerte. Sintió como clavaba sus dientes afilados en su pecho, y su lengua húmeda y fría sobre su piel.

Un alarido salió de su garganga mientras que retrocedía aterrorizada golpeándole con sus piernas y sus manos para sacárselo de encima, chillando histérica, gritándole que se alejara, que no la tocara, pero no podía, la tenía acorralada contra la ventanilla. Notó sus manos sobre sus hombros sacudiéndola.

Y su nombre,

- Emily, Emily... despierta...

Pero sus ojos sólo veían a Ian. Sus ojos, aún abiertos, sólo veían a Ian.

- ¡Emily!.¡Soy yo, Derek!.

La voz de Derek resonó, golpeándola y devolviéndola a la realidad. Estaba delante de ella, Derek, sólo Derek, su dulce Derek, que la miraba con aquella expresión preocupada, con sus manos firmes sobre sus hombros.

Emily intentó despejar su vista y parpadeó un par de veces, aún confusa. La imagen de Ian seguía viva antes sus ojos. No podía terminar de procesar que Derek. estaba sentado en el asiento donde lo había estado Ian hasta hacía solo unos segundos.

- Tranquila, ya pasó- Le habló con voz suave, mientras acariciaba su mejilla.

Ella negó con la cabeza. Él no lo entendía. "No había pasado, nunca pasaría".

- Estaba ahí- Le dijo con una expresión indescifrable en sus ojos y el miedo dibujado en su rostro- Estaba ahí, justo ahí- Añadió señalando al asiento.

- Fue una pesadilla, Em...Sólo una pesadilla- Continuó él, en voz baja- Está muerto.

- No...- Insistió ella.- Estaba ahí. No va a dejarme nunca en paz...Nunca...

Intentó explicárselo, pero sus palabras se le atascaron en la garganta cuando se dio cuenta de dónde estaba, y de que el resto del equipo la observaba con evidente preocupación. "Dios, los había despertado a todos", pensó. Se sintió repentinamente expuesta.

- Lo siento...- Se disculpó- Yo no quería...- Llevó sus manos hasta su rostro y fue en ese momento cuando se percató de la humedad en sus mejillas- ¡Oh Dios mío!- Exclamó avergonzada, notando cómo su respiración se volvía más agitada y comenzaba a faltarle el aire. Sus ojos presos del pánico, se fijaron en Derek mientras comenzaba a jadear de forma incontrolada.

Éste tiró suavemente de ella, estrechándola con fuerza, calmándola, protegiéndola. Su cuerpo, se tensó ante su contacto, pero él no cedió, no la soltó.

- Tranquila... te tengo, princesa... te tengo- Le susurró secretamente al oído.

Y ella por fin se dio por vencida, permitiendo que su cuerpo se relajara entre sus brazos, mientras lloraba en silencio sobre su pecho.

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El apartamento, su apartamento, le resultó extraño. Normalmente no estaba el tiempo suficiente viviendo en ningún sitio como para tener nada que pudiera considerar un hogar, pero aquel lugar lo parecía. La decoración resultaba cálida, los muebles parecían robustos y de calidad, y había varias fotos del equipo distribuidas por el salón. Un amplio sillón, que se veía demasiado cómodo como para no haber sido una elección concienzudamente realizada, era el corazón de la habitación. La cocina, americana, no tenía ese aspecto inmaculado de la falta de uso. Pudo darse cuenta de que realmente debía sentirse a gusto allí.

Derek estiró su mano hacia ella, indicándole que le diera su bolso y lo dejó en un perchero junto a la puerta. Con un susurro suave la animó a dar un paso adelante y la guió hasta la butaca de la barra de la cocina. Emily tomó asiento, mientras sus ojos seguían registrando cada objeto del apartamento.

Él abrió la nevera y sacó una cerveza para él y una soda para ella. Fue directamente a uno de los estantes de la cocina, y cogió un vaso. Vertió un poco de soda en él y se lo ofreció a Emily.

- No puedes tomar alcohol por los calmantes, así que espero que aún te guste..- Le dijo con una sonrisa tímida- O que ya te gustara hace siete años...- Se rectificó, víctima de su propia confusión temporal.

Emily lo miró con expresión de comprensión.

- Parece un hogar..- Le señaló en un susurro al tiempo que tomaba un sorbo.

Derek rió suavemente, negando con la cabeza.

- Creo que te acabas de perfilar a tí misma.

Ella le dirigió una mirada confusa durante unos segundos hasta que procesó su comentario.

- Supongo que sí...- Admitió un poco avergonzada.

Se quedaron en silencio durante unos instantes.

- ¿Quiéres darte una ducha?- Le preguntó sin prácticamente venir a cuento. Emily pensó que sólo intentaba aligerar la situación, aunque en realidad era justo lo que necesitaba.

- Creo que eso me haría extremadamente feliz- Bromeó exagerando su reacción. Se ganó una pequeña mirada de reproche de Derek.

- Venga, princesa, te diré dónde está todo.

Emily lo miró perpleja, preguntándose qué clase de relación los unía exactamente para que ella le permitiera utilizar aquel apodo, que parecía tan personal y que seguramente no le habría tolerado a cualquiera.

Se levantó de la butaca y con un gesto de la mano le indicó que lo siguiera. La llevó hasta el dormitorio y luego hasta el baño de éste. Sacó una toalla de un pequeño armarito junto al lavabo y la colocó junto a la ducha. Luego, cogió un albornoz colgado en una percha detrás de la puerta, y lo dejó junto a la toalla.

Emily lo observaba ir de aquí para allá, organizándolo todo. Estaba desconcertada. No había modo de que le pasara desapercibida la familiaridad con la que se había movido por la casa desde que habían llegado.

- Si necesitas algo más, sólo dímelo, ¿De acuerdo?- Se quedó unos instantes en silencio como si estuviera dudando- En la cómoda tienes pantalones de chándal y blusas de algodón... es lo que te sueles poner para estar en casa...- Le informó tímidamente casi sin atreverse a mirarla a los ojos.

En este punto no la habría sorprendido que supiera donde guardaba su ropa interior. ¿Entraba ese comportamiento en la categoría de "buenos amigos" de la Emily que no recordaba?. Esa mujer le estaba resultando un auténtico misterio, pero aún así, sospechaba que no todos en el equipo sabrían localizar sus objetos personales con tanta facilidad.

La dejó sola para que pudiera asearse, y cerró la puerta tras él.

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Cuando el Jet hubo aterrizado, nadie discutió que Derek acompañara a Emily hasta su casa. Todos habían optado por dejarle espacio el resto del vuelo. Aún se la veía afectada e incluso sonrojada por la vergüenza de que sus amigos hubieran visto su lado más vulnerable cuando bajó las escalinatas del avión.

Derek la llevó en su coche hasta su apartamento e insistió en acompañarla hasta la misma puerta. Cuando Emily lo invitó a entrar, ni siquiera se lo pensó. Estaba esperando a que se lo pidiera. Era ya de madrugada, pero ninguno de los dos tenía sueño.

Derek había estado muchas veces en aquella sala. Solían quedar los fines de semana para ver alguna peli, si bien su conocimiento de la casa se limitaba al salón, a la cocina y al aseo.

Sentados en las butacas de la barra de la cocina, le ofreció una cerveza y abrió otra para ella.

- Gracias Derek- Le dijo en un susurro.

- Siempre- Le contesto él mirándola a los ojos.

Emily le sonrió levemente, reconociendo el significado detrás de aquella simple palabra.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos durante unos segundos, hasta que por fin Derek lo rompió.

- ¿Por qué no me habias dicho que tenías pesadillas?- Le preguntó con tristeza.

A Emily no le pasó desapercibido que había hablado en singular, sin hacer referencia al resto del equipo.

- No lo sé... Supongo que no quería ver esa expresión en tus ojos- Confesó finalmente sintiéndose repentinamente culpable.

Derek parpadeó un par de veces, un poco azorado.

- Lo siento...- Se disculpó- Lo último que quería era hacerte sentir mal. Sólo quería que supieras que puedes confiar en mí si lo necesitas. Lo sabes, ¿Verdad?.

Emily asintió ligeramente con la cabeza mientras dirigía sus ojos hacia el suelo.

Él le levantó el rostro suavemente, obligándola a mirarlo.

- Puedes contármelo, Emily- Le susurró- No tienes nada de lo que avergonzarte.

Derek recogió entre sus dedos la única lágrima traidora que rodó por sus mejillas.

Emily intentó hablar pero notó que un nudo se le hacía en la garganta.

- Tranquila- Le dijo él con voz calmada- Tómate el tiempo que necesites.

Ella tomó aire mientras intentaba reunir valor para continuar. Seguía teniendo miedo, pero la mirada transparente de Derek le dio la suficiente confianza para desahogarse.

- Me hizo algo...- Balbuceó- No está en mi expediente...- Le confesó finalmente- Nunca se lo he enseñado a nadie.

Notó la expresión desconcertada de Derek, y se dio cuenta de que sólo había una forma de que lo entendiera. Se puso de pie, y dirigió sus dedos hacia el primer botón de su camisa, deshaciéndolo.

Derek frunció el ceño mientras ella bajaba hasta el segundo botón. Suspiró frustada cuando se dio cuenta de que sus manos habían comenzado a temblar haciendo de aquello una tarea imposible. Sintió las manos de Derek sobre las suyas, apartándolas suavemente para continuar donde ella lo había dejado.

Se miraron fijamente mientras los dedos de Derek terminaban el trabajo, en silencio.

Cuando por fin deshizo todos los botones, separó los pliegues de la blusa dejando a la vista su pálida piel, sólo cubierta por un sujetador blanco de encaje.

Los ojos de Derek se quedaron congelados en el trébol tatuado en su pecho. Ni siquiera había mirado hacia la cicatriz de su estómago, ya la había visto en las fotos del expediente. Pero esto era diferente. Jamás habría imaginado que ese miserable la hubiera marcado como si fuera una propiedad. Tuvo que contenerse para que ella no se diera cuenta de la furia que lo embargó. Sin embargo,Emily sólo necesitó ver sus ojos repentinamente oscurecidos, para darse cuenta de cómo le había afectado. Se sintió extrañamente culpable.

- Lo siento- Se disculpó de forma incoherente, al tiempo que daba un paso hacia atrás.

Derek la miró sin comprender. ¿De qué estaba hablando? ¿Por qué se disculpaba?.

La tomó del brazo y la atrajo hacia sí, igual que había hecho en el avión, abrazándola.

- No- Le dijo junto a su oído- Yo lo siento... Siento no haber llegado antes para salvarte.

Emily se apartó de él lo suficiente como para mirarlo a los ojos. Ahora era ella la que se sentía confusa.

- Me salvaste- Le dijo aún desconcertada por su comentario. Pero él parecía no creerla- Derek- Lo llamó con firmeza- Fuiste tú quien me dio las fuerzas para seguir luchando. Era tu voz diciéndome que me quedara contigo la que oía mientras me desvanecía. Habría muerto si no hubiera sido por ti- Estaba sorprendida de que él no supiera aquello.

- ¿Te acuerdas de eso?- Le preguntó perplejo.

- Claro- Le aseguró Emily- ¡Oh, Dios!. Lo siento por todo. Nunca quise que te sintieras así- Añadió abrazándolo tiernamente.

Permanecieron así, en silencio, consolándose el uno al otro.

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Emily salió de la ducha y se puso el albornoz, evitando deliberadamente mirar sus cicatrices. Simplemente su mente no podía concebir que Ian le hubiera hecho aquello. Tomó nota mental para pedir su expediente. Quería comprobar con datos objetivos, qué era exactamente lo que había ocurrido. Quizás le sirviera para recordar, aunque si era sincera consigo mismo, no estaba segura de querer hacerlo. Le habían dicho que casi había muerto. Viendo la cicatriz que tenía en su abdomen, le sorprendía que no lo estuviera.

Se miró al espejo y una sensación de frío helado le recorrió el cuerpo.

"Déjame ir", le susurró una voz. Sólo que era su reflejo en el espejo el que le hablaba.

Y luego una sensación de calidez. Alguien tomándola de la mano.

"Quédate conmigo".

Se giró con la seguridad de que Derek estaba justo detrás de ella, y se sintió confundida al comprobar que se encontraba sola. Se quedó mirando hacia el hueco vacío de la puerta intentando lidiar con aquella sensación de desasosiego que, de forma repentina, la embargó.

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