Nota de Autora: Hola a todos! Antes que nada quiero agradecerles a todas las personas que han leído el primer capítulo de mi fic: Mel, InuxKag,Silvemy89, Michele Wesselsk, Hector, "Bruno Heller" (muy gracioso ehh ¬¬") y los dos Guest que me escribieron XD les agradezco mucho sus palabras y espero que disfruten de este capítulo n_n…
Capítulo 2: Reencuentros.
Había pasado la noche sin dormir, horas y horas aglomerándose apresuradamente una tras otra, y ella sin poder pegar un ojo, con los nervios a flor de piel.
Se sintió enfurecida, nerviosa, y con otras miles de sensaciones expandiéndose en la longitud de su ser. Al darse cuenta de su situación, no pudo evitar pensar que quizás estaba sobre reaccionando a todo.
Aquella mañana, las cosas parecían tener menos sentido que nunca para Kagome, quien habiendo conocido toda su vida cuál era su deber, tenía la mente llena de una ansiedad descontrolada por saber qué sería de su vida de ahora en adelante.
Y todo ¿por qué?, pues una tonta promesa de la infancia que ella recordaba muy bien, pero ¿acaso Inuyasha también la recordaría? Introdujo una mano en el bolsillo de su chaqueta café, extrayendo de su interior un curioso prendedor dorado en forma de "I" y los recuerdos de su primer encuentro con Inuyasha inundaron su mente, no pudiendo evitar esbozar una sonrisa triste.
"Fueron solo cosas de niños Kagome…" – Pensó más para sí misma, en un intento por convencerse de aquello, y claro ¿Cómo no pensar eso? Habían transcurrido 10 años… Años en los que nunca supo de Inuyasha mientras se encontraba en Francia conviviendo con su tía materna, y se sintió aún más ilusa al darse cuenta de que en tanto tiempo ella no sólo había mantenido ese recuerdo arraigado fijo a su mente, sino que además, aún conservaba la inocencia y el corazón de una niña soñadora e ingenua cuyo único anhelo era la felicidad, anhelo reprimido, pues ella no era dueña de su propia vida.
Kagome se removió nerviosa una vez más en el asiento del automóvil en el que se encontraba, estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no notó cuando el motor había dejado de sonar y sólo fue consciente de ello cuando el joven chofer que había pasado a recogerla abrió la puerta de la limosina para que ella descendiera.
Los nervios se duplicaron, arremolinándose en su ser con más intensidad, pero no fue hasta que puso un pie en el pavimento y observo la "Fortaleza" Taisho, que de repente la noción de la realidad la golpeó en la cara como un cubo de agua fría, aceptando con ello el hecho de que ya era hora de madurar y reconocer finalmente que en su ser no debía haber espacio para lamentaciones ni desconsuelos.
No, ya no se encontraba en Francia junto a su querida tía, ni tampoco en el instituto junto a sus mejores amigos Kouga o Sango para salvarla de sus problemas… Estaba sola y a punto de enfrentarse a la realidad de su vida, una realidad en la que no había espacio para sus aspiraciones, así como su sueño de ingresar a la Universidad de Artes Plásticas en Francia… La única realidad que le correspondía era Inuyasha Taisho, el niño de su promesa, el hombre que es su prometido.
Apresuró el paso hacia la entrada, y tras tocar el timbre junto a la puerta, su corazón latió acelerado al verla abrirse.
"Hola, ¿Debes ser la Señorita Kagome, no es así?" – Kagome asintió. Fue recibida por una mujer de edad mayor, cabello canoso, bajita y regordeta que le ofreció una simpática sonrisa – "Bienvenida, mi nombre es Kaede, la señora Izayoi estará encantada, ha estado esperando impaciente por usted, ¿Se le antoja tomar o comer algo mientras le hago saber que ha llegado?" – preguntó Kaede atentamente, haciéndola pasar.
"No, la verdad yo también estoy muy ansiosa por verla, si es tan amable de llevarme con ella" – pidió Kagome amablemente.
"Por supuesto señorita, sígame" – La condujo a través de un pasillo extenso que desembocaba en un salón de tamaño formidable de ornamentación exquisita y cuyas paredes estaban cubiertas de numerosas pinturas que daban la impresión de ser de los antepasados de aquél poderoso linaje. Se aproximó a uno de ellos, observando con atención como aquella obra al parecer había sido minuciosamente elaborada, los ojos dorados del personaje sólo podían ser comparados con una llama ardiente. Miró a su alrededor y su atolondramiento la hizo sentir un poco tarada, todos aquellos personajes, sin excepción alguna poseían ojos dorados. Se preguntó si el heredero que ella debía concebir también los tendría.
"¿Son increíbles no? Los ojos dorados…" - Kagome se sobresaltó al escuchar la voz tras ella y se dio la vuelta para ver de quien se trataba. Una mujer hermosa de ojos verdes, no muy alta y cabello corto le ofrecía una cálida sonrisa – "Bienvenida Kagome, ha pasado mucho tiempo" – dijo la mujer, para seguidamente acercarse a ella y rodearla con sus brazos – "Me alegro mucho de que ya te encuentres con nosotros, tal vez no me recuerdes pero mi nombre es Izayoi, soy la madre de Inuyasha, lamento la espera" – Kagome se sorprendió, pues a pesar de los años Izayoi seguía siendo una mujer muy hermosa.
"No debe preocuparse Señora Izayoi, y por supuesto que no la he olvidado, es un inmenso placer volver a verla… tenía muchas ganas de saludarla" – dijo Kagome cariñosa.
"Querida, el placer es mío. He estado muy ansiosa esperándote, además me he sentido muy sola con mi esposo de viaje resolviendo algunos negocios e Inuyasha ocupándose de algunos de sus deberes para con la empresa aquí en la ciudad. Oh, pero que descortés he sido, ¿Cómo ha estado tu viaje? Imagino que estás cansada"- inquirió Izayoi.
"Si, la verdad es que ha sido un poco largo, pero ha estado bien" – comentó sonriente. ("Así que aún no vería a Inuyasha" pensó.)
"Oh, pero que descortés he sido, tanta emoción por verte me ha convertido en una desatenta, ¿te gustaría comer algo, descansar o tal vez darte un baño?" – interpeló la señora.
"Descansar estaría muy bien" – contestó.
"Entonces ven, sígueme" – La guió a desde el salón a través las escaleras – "Ya he ordenado que colocaran tu equipaje en una habitación especial para ti" – Ya frente a la habitación abierta, Kagome no pudo evitar solar una ligera exclamación – "Espero que sea de tu agrado, yo misma la he decorado para ti, éste solía ser el cuarto de Sesshoumaru, el hijo mayor de mi esposo, pero ya que nunca se encuentra en casa debido al exceso de trabajo, lo he rediseñado para ti" – Kagome se maravilló, la habitación estaba decorada a la última novedad, las paredes de un color crema aportaban calidez, el piso cubierto por un mullido tapete color beige, la cama de tamaño matrimonial vestía unas sabanas en color vinotinto con diseños dorados al estilo oriental, y en cada esquina una columna delgada de donde pendía un dosel, brindando así un aire de intimidad.
"Te dejaré por un rato a solas para que te establezcas a tu gusto. Si necesitas algo no dudes en llamar a Kaede, yo saldré a hacer unas compras" – avisó Izayoi tras retirarse.
Kagome suspiró y continuó su exploración, dos lámparas al estilo moderno japonés, reposaban cada una en dos mesitas de noche a cada lado de la cama. La habitación, además, contaba con un escritorio moderno, una silla rodante, un baño amplio, una tina con hidromasaje, un clóset muy espacioso y un pequeño estante a medio llenar de libros.
Con intención de relajar su cuerpo cansado, se dirigió al baño donde tomo una ducha, para luego meterse en unos jeans cómodos y una blusa de tirantes con estampados floridos. Se dejó el cabello suelto y fue al jardín a echar un vistazo.
Avanzó a través de las puertas corredizas que daban hacia el jardín, envuelta en el transe que le causaba la mezcla de esencias que despedían las flores, los recuerdos de un pequeño Inuyasha escondido entre los arbustos llegaron a su mente. Sonrió para sí misma "Inuyasha…" Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no alcanzó a notar que una figura la había estado observando a distancia, desde que se adentró en aquél lugar.
Inuyasha, quien había llegado hacía solo unos minutos, había sido informado por Kaede que su prometida había arribado y que se encontraba en el jardín. Curioso por saber cómo sería ella se avecinó a aquél lugar y lo que vió lo había dejado agradablemente sorprendido.
Al verla, no pudo evitar pensar que los años le habían sentado muy bien a Kagome, pues no sólo había dejado de ser una niña, sino que además se había convertido en toda una mujer y muy hermosa "Una Autentica Belleza" pensó para sí mismo.
Ella se encontraba de espaldas, y él, observándola a distancia, pudo delinear mentalmente su cuerpo esbelto, delgado y de curvas sugerentes, su cintura estrecha y delicada, sus caderas no muy anchas, con glúteos pronunciados y sensuales, piernas torneadas, sin mencionar que aquél pantalón de mezclilla se amoldaba a ella como abrazándola, haciéndola lucir sumamente irresistible. Se aproximó hacia ella y con los nudillos le rozó la piel sedosa de su hombro, causando en ella un sobresalto.
Kagome se dio la vuelta, tropezando su mirada con la dorada del hombre que tenía frente a ella y que tampoco podía apartar sus orbes dorados, brillantes, fijos en ella.
"Lo siento, no ha sido mi intención alarmarte cariño" – El hombre le ofreció una sonrisa seductora – "Soy Inuyasha, tal vez no me recuerdes pero ya no habíamos conocido hace tiempo ¿Recuerdas? En este mismo lugar" – Kagome no podía creerlo, ¡El tampoco se había olvidado de aquello, tal vez, tal vez si había una esperanza…!
"Claro que lo recuerdo Inuyasha… yo he estado esperándote, quería hablarte y…" – La verdad es que Inuyasha no se encontraba prestándole ni un mínimo de atención, su vista se encontraba concentrada en su piel, luminosa y sedosa como el alabastro, en el rostro delicado de Kagome, de rasgos finamente delineados, cejas delgadas, nariz pequeña y perfilada, ojos pardos como dos trozos de chocolate, cubiertos por pestañas largas y abundantes, que la llenaban de elegancia y a la vez de seducción al agitarlas nerviosa, sus mejillas sonrosadas le brindaban un toque de inocencia a su dulce rostro, sus labios carnosos asemejaban una roja manzana, dulce y apetitosa que invitaban a ser saboreados y mordidos suavemente. Eran labios de pecado, pensó él, preguntándose si algún hombre habría tenido el privilegio y placer de degustarlos, éste pensamiento lo lleno de celos repentinamente, en definitiva, Kagome era hermosa, y lo afirmó aún más al ver por encima de la tela de su blusa, como la curva de sus pechos afloraba, dándole una vista exquisita, pues aunque no eran enormes se apretaban deliciosamente contra la delgada tela que vestía e Inuyasha quiso saber si se verían tan rosados y carnosos como la fruta que eran sus labios.
"¿Kagome no has comido nada? ¿Cómo te ha tratado Kaede?" – Preguntó Inuyasha ahora fijo en sus pupilas, intentando pensar en otra cosa que no fuese abalanzarse contra Kagome y saborear sus apetecibles labios.
"Inuyasha a caso… ¿No has prestado atención a nada de lo que te he dicho?" – Inquirió Kagome un poco enfadada, con el ceño fruncido y las mejillas hirviendo. Inuyasha pensó que así se veía aún más tentadora e irresistible.
"Kagome, debo pedir que me disculpes, ha sido un día tan agitado para mí que me siento un poco trastornado" – mintió experto - "¿Por qué no cenamos juntos mientras me cuentas sobre ti? Kaede me ha comentado que aún no has comido nada, ven acompáñame" – Kagome asintió sonrojada, Inuyasha no le había prestado la más mínima atención y además había pasado todo el rato observándola de manera extraña, sin pensarlo más le siguió.
Inuyasha había cambiado mucho, no sólo había crecido notoriamente, sino que había desarrollado una espalda y hombros anchísimos, era bastante más alto que ella, le llevaría alrededor de 2 cabezas, sus brazos eran musculosos e imponentes, a Kagome sólo se le ocurrió compararlo con un hombre de alguna escultura griega, sí, Inuyasha parecía un Dios griego, sin mencionar los ejercitados glúteos que se ceñían a su pantalón, la verdad es que Inuyasha era el hombre más viril que había visto en su vida.
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Kaede escuchó el ruido del teléfono de la cocina y se aproximó a él con velocidad para contestarlo.
"Buenas noches, hogar de la familia Taisho ¿En qué puedo servirle?" – dijo Kaede en su forma habitual de contestar el teléfono.
"Buenas noches, me gustaría hablar con Inuyasha ¿Se encuentra en casa? Lo he llamado a su teléfono móvil y no he dado con el" – Preguntó la voz al otro lado. Kaede al darse cuenta de quien se trataba no dudó en decir.
"En estos momentos el joven Inuyasha se encuentra cenando con su prometida y no puede contestar" – al escuchar que Kikyo intentaba decir algo a Kaede se le ocurrió interrumpirla – "Oh, disculpe… disculpe no escucho nada, hay una terrible estática, Dios mío no puedo escuchar nada… Hola Hola?" – Y colgó, con una sonrisa traviesa en sus labios. Aquella mujer era un verdadero peligro, siempre acosando a Inuyasha a donde quiera que fuera, si aquella mujer se atrevía a aparecer podría presentarse un conflicto familiar y Kaede, por su aprecio a esa familia no iba a permitirlo. Sonriendo traviesa se dispuso a asear la cocina.
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Inuyasha y Kagome se encontraban cenando amenamente, no sólo disfrutaban de la compañía del otro sino que tenían temas de conversación en común.
A Inuyasha le encantó lo refinada y educada que era Kagome, además de ser bella era inteligente, creativa, agradable y su acento francés le pareció irresistible, no pudo evitar pensar que sus padres no habían podido elegir mejor. La verdad, es que Kagome lo había sorprendido y cautivado con su belleza y su personalidad, le pareció que era la mujer más interesante que había conocido en su vida.
Él conocía a gran cantidad de mujeres, hermosas, atractivas, pelirrojas, rubias, morenas y sobretodo ofrecidas… pero la mayoría lo perseguían por la posición de su familia y su dinero. Solían ser de mente vacía, superficiales y… tontas. Por eso Kagome lo había dejado anonadado, pues ella era todo lo contrario a aquellas mujeres de personalidad vacía, y su belleza sobrepasaba a cualquiera que él hubiese conocido antes. Tan distraído estaba que no notó la hora.
"…Francia es maravillosa, deberías visitarla alguna vez" – sugirió Kagome conversadora.
"Me encantaría… después de lo que me has dicho, y me gustaría aún más si tú fueses mi guía, Kagome" – agregó el, acercando su mano al rostro de Kagome y acariciando la curva de su mejilla con sus nudillos. Kagome se sonrojó salvajemente y el deseo de Inuyasha por besarla se hizo más latente. Acercándose lentamente a su rostro…
"Creo que, es hora de irme a dormir, la verdad me encuentro muy agotada por el viaje…" – Kagome se había puesto roja como una amapola y sumamente nerviosa al ver como Inuyasha se aproximaba peligrosamente hacia su rostro – "Hasta mañana Inuyasha, gracias por la velada…" – Comentó ella sonriente, inclinándose al rostro de él y rosando suavemente sus labios contra la mejilla de Inuyasha, para luego abandonar rápidamente el comedor y dirigirse a su habitación.
Inuyasha estaba en Shock, nunca había sido rechazado por una mujer, y Kagome lo había hecho de una manera que sólo habría logrado provocarlo más. Sonrió traviesamente y se dirigió a su habitación, rozando su mejilla con la yema de sus dedos, los labios de ella habían sido tan suaves como él lo había imaginado.
Adentrándose a su aposento, se abalanzó como un niño travieso y emocionado a su cama, sin dejar de pensar en la suavidad de los labios de Kagome y en cómo se sentiría al tenerlo contra los suyos.
- "Kagome..." - murmuró para sí mismo.
Con éste único pensamiento se entregó a los brazos de morfeo, con una tonta sonrisa dibujada en sus labios.
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"Maldición, Maldición... ¿qué voy a hacer?" – murmuraba una mujer caminando de un lado a otro preocupada, en la estancia de lo que parecía un apartamento – "El muy imbécil ni siquiera me ha contestado el maldito celular…" – Su rostro pálido denotaba pura ira, para de repente convertirse en temor. No, tendría que hacer una llamada urgente.
Se aproximó a su teléfono móvil y empezó a marcar un número, al parecer lo sabía de memoria. Tras pasar unos segundos, el tono de espera del teléfono se detuvo y una voz le respondió al otro lado.
"Kikyou, si te atreves a llamar a éstas horas e interrumpir mis dulces sueños sobre mi flor silvestre, debo imaginar que tu razón debe ser de peso ¿Qué ha ocurrido?" – inquirió una voz al otro lado ansiosa.
"He… he llamado a Inuyasha, y ya que no me respondió al móvil me arriesgué a llamar a la residencia Taisho, me ha contestado la vieja impertinente que me odia… Me ha dicho que se encontraba cenando con su prometida y sin dejarme decir nada me ha colgado el teléfono" – le hizo saber Kikyo con la voz temblorosa.
"¿Con su prometida?... Eso quiere decir que…"– murmuró Naraku encolerizado.
"Así es Naraku, si no me equivoco eso sólo quiere decir una cosa, y es que tu querida ·Flor Silvestre· Ya ha llegado… El gran Naraku que lo sabe todo no estuvo informado, ¿Cómo pudo ser?" – le informó Kikyo riéndose.
"Por supuesto que lo sabía Kikyo, su padre me informó, es sólo que no esperaba que Inuyasha se encontrara y socializara con ella tan rápidamente, sabes que él no es nada tratable… además te tiene a ti ¿no? Algo me dice que no has estado haciendo bien tu trabajo. No sé cómo puedes estar tan relajada, sabes que si nuestro plan sale mal tú podrías perder incluso más que yo Kikyo… Por otro lado, yo podría conseguir a otra candidata que haga el trabajo mejor que tu y al fin conseguir lo que quiero, sabes que no me costaría nada…" – Aquél hombre no se dejaba intimidar por nadie, de repente la desesperación se adueño de Kikyo.
"Oh Naraku, por favor… no ha sido mi culpa, ¿Qué debo hacer?" – pidió una sugerencia, temerosa.
"Tú, mi querida Kikyou – dijo sarcásticamente – debes enmendar tu error, o atenerte a las consecuencias, si sabes de lo que hablo… ¿no?" – El corazón de Kikyo latió acelerado, temeroso… Él no se atrevería… No…
"Naraku, naraku por favor… te prometo que lo arreglaré todo, sólo dame algo de tiempo" – Un ligero temblor recorrió a la pálida mujer.
"El tiempo corre Kikyo… pero está bien, igual no podrás escapar del deber que te he impuesto… bien sabes que esto es algo que nos conviene a ambos. Pasaremos al plan B" – parloteó Naraku al otro lado de la línea telefónica.
"Naraku… ¿En qué estás pensando?" – interrogó Kikyo.
"Sólo es cuestión de tiempo, tu verdadero trabajo acaba de iniciar mi querida Kikyou…" – Una carcajada maléfica atravesó la garganta de Naraku y llegó a los oídos de Kikyou, luego la conversación se cortó.
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, imaginándose de lo que sería capaz Naraku. Sin embargo, otra sonrisa perversa se dibujó en su rostro, muy pronto Inuyasha y su fortuna serían totalmente suyos.
Continuará…
N/A: Espero que hayan disfrutado de éste capítulo, me gustaría saber que les ha parecido, si les ha gustado ¿o no?... Recuerden que es mi primer fic y es muy importante saber que tal voy, n_n no olviden dejar sus Reviews, sin más nada que agregar les agradezco por leer y les dejo mi e-mail: emininia hotmail . com (sin espacios) al que me puedes escribir cuando gusten, hasta pronto :D!
