Misuzu no tenía idea de cómo había llegado hasta ahí. Estaba confundida. Solo sabía que se había despedido de su mama, y que de repente, todo se puso borroso…
Ah. Si. Ya había muerto. Miró para todos lados y sonrío. El cielo sí que era bellísimo. Las nubes eran esponjosas y suaves. Lo sentía muy bien por qué no tenía zapatos. Solo su pijama rosa con la que dormía todo el tiempo.
-Me pregunto si podre ver a mama… -murmuro mientras caminaba buscando algo a o alguien con quien hablar.
No camino mucho hasta que se topó con una reja dorada. Probablemente la puerta al cielo. La abrió con lentitud. Dentro no parecía haber nada diferente.
-Bienvenida. –dijo una voz femenina
Misuzu giro la cabeza. Vio a una mujer con un vestido blanco y un par de alas. Estaba sonriendo.
-Hola… -dijo tímidamente Misuzu
-Hola -dijo el ángel- ¿Tu nombre?
-Kamio Misuzu. –respondió esta sin dudarlo
El ángel la miro y dijo:
-A sí que eres tú. –dijo muy seria
Misuzu la miro preocupada
-Gaou… -farfullo, jugueteando con sus dedos
-Tú aun no debes estar aquí. –dijo conduciendo a Misuzu a la salida
-¿Eh?
-Aun no. –repitió
-P-pero…
-Tienes demasiadas cosas que hacer aun
La mujer la dejo en la salida. Una especie de luz. Una luz muy brillante.
-¿Q-que… -dijo Misuzu cubriéndose la cara mientras era tragada por el agujero de luz.
