Recostado en su cama no podía dejar de pensar en lo emocionante que había resultado ese fin de semana, por fin su padre y la doctora Brennan eran novios y hasta vivían juntos en el departamento de su papá. Además él estaba convencido de que ella quería tener un bebé pronto, "se veía tan hermosa leyendo aquel libro de nombres de bebés mientras se suponía que papá y yo dormíamos" pensó el niño.
Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro cuando recordó que ella tenía una piscina enorme en su edificio y ahora su papá no podría negarse a llevarlo. Antes, no iban tanto como él hubiera deseado porque su papá siempre le decía que no estaba bien abusar de la generosidad de Huesos, pero ahora, Huesos y su padre estaban juntos así que en cierta forma la piscina también era de su papá… después de todo Huesos era algo así como su segunda mamá.
Le encantaba pensar en Huesos como su segunda mamá, ella siempre lo trataba con cariño, lo ayudaba con sus tareas más difíciles y hablaba con él de cualquier tema sin importarle que solo tuviera nueve años; estaba convencido de que si le preguntaba sobre las cosas que los chicos de la escuela comentaban respecto a las cosas que hacen los adultos, ella encontraría la manera de responder a sus dudas sin complicaciones, sin hacerlo sentir incómodo y sin intentar distraerlo como hacían su papá y su mamá cada vez que él les hacía alguna pregunta sobre sexo… estaba aburrido de que ellos le dijeran que hablarían al respecto cuando tuviera pelo en los sobacos.
De seguro a partir de ahora pasarían mucho más tiempo juntos, así que podría conversar con ella sobre muchísimos temas... entonces su corazón se agitó con felicidad, "podré llamar abuelo a Max" se dijo con alegría. El padre de la doctora Brennan, era aún más divertido que el doctor Hodgings porque conocía cientos de experimentos que podían ser realizados por un chico de su edad sin peligro de hacerse daño, sería fantástico contar con su ayuda para la feria de ciencias de la escuela.
Sin poder permanecer recostado por un segundo más, el pequeño Booth se levantó de la cama y miró el reloj despertador sobre su mesa de noche. Todavía no era tan tarde, cruzó dedos para que su mamá no se molestara y se acercó a la sala de estar donde ella estaba viendo televisión con Drew, "mamá… ¿puedo pasar todos los fines de semana con mi papá y con Huesos?", preguntó en voz baja con un poco de temor.
Escuchar la vocecita de su hijo la sobresaltó, si bien no era muy tarde, se suponía que el pequeño dormía desde hacía dos horas, "Parker, ¿todavía estás despierto?" respondió Rebecca, incorporándose en el sillón con prontitud e intentando cruzar miradas con él, aunque la oscuridad de la sala lo hacía casi imposible.
"Lo siento mamá, es que no puedo dormir" se excusó el niño hablando en voz baja para no despertar a Drew que dormía plácidamente sentado junto a su madre, "¿me das permiso de quedarme con mi papá todos los fines de semana?" repitió en un tono que reflejaba claramente la preocupación que lo embargaba.
La mujer había escuchado perfectamente la pregunta de su hijo la primera vez que la formuló, pero necesitaba tiempo para asimilar todos los sentimientos y pensamientos que la abrumaban en ese instante "ahora que Seeley vive con la doctora Brennan, Parker quiere irse a vivir con ellos todos los fines de semana, ¿acaso mi bebé prefiere estar con ella antes que conmigo?". Sin poder evitarlo salieron las palabras de su boca "¿por qué Parker, ya no te gusta estar aquí conmigo… con nosotros?".
El niño le dedicó una mirada llena de afecto y comprensión, pese a su corta edad, se deba perfecta cuenta de los temores de su mamá, se acomodó en el sillón junto a ella y aclaró "no mamá, no es eso, yo te quiero muchísimo… de aquí hasta el fin del mundo, de ida y vuelta" le dijo en un tono juguetón mientras la envolvía en un fuerte abrazo, apoyando su cabecita sobre el pecho suave y tibio de su madre.
Rebecca acarició la cabeza del pequeño y lo besó tiernamente esperando a que terminara de explicarse "y entonces…" insistió.
Parker dudaba, no sabía si decirle a su madre lo que realmente pensaba, se mantuvo en silencio por unos segundos hasta que decidió que quizás la única manera en que su mamá le daría permiso era sabiendo toda la verdad, así que respiró profundamente y sintiéndose un poco avergonzado empezó a hablar "lo que ocurre mamá es que creo que voy a tener un hermanito y no quiero que mi papá deje de quererme y prefiera al bebé antes que a mí", se sintió un poco egoísta por sus sentimientos y prefirió justificarse de otra manera, se puso de pie delante de su madre y prosiguió "mamá, hasta ahora solo estuve con mi papá de vez en cuando… necesito más tiempo con él para hablar de cosas de hombres" añadió evadiendo los ojos de la mujer que lo conocía mejor que nadie en el mundo, fijando la mirada en sus manos mientras estrujaba nerviosamente el borde de la camiseta de su pijama.
Habían transcurrido apenas un par de semanas desde que Seeley la había llamado por teléfono para informarle que estaba viviendo con la doctora Brennan. Todavía recordaba la emoción en la voz del padre de su hijo cuando después de algunos rodeos pronunció la frase "Huesos y yo hemos decidido formar una familia", esas habían sido las palabras exactas que utilizó y ella no pudo evitar una suave risa al escucharlo dándole explicaciones. Podía jurar sin necesidad de estar delante de él, que cada vez que el padre de su único hijo mencionó a su pareja, su sonrisa se hizo enorme y los ojos le brillaron emocionados, enamorado como un adolescente.
El sueño largamente deseado por Seeley se hacía realidad y con la única mujer que había logrado ayudarlo a sanar las heridas de su difícil pasado familiar. Ella había sido testigo presencial de cómo a lo largo de todos los años que transcurrieron desde que esa mujer de escasas habilidades comunicativas empezó a formar parte de la vida del mejor agente del FBI, él había logrado superar su adicción al juego y controlar su afición por la bebida.
El hombre que la convirtió en madre hacía más de nueve años, siempre había aparentado ser un hombre feliz y agradecido con la vida, pero había sido gracias a la doctora Brennan que realmente se había reconciliado con su decisión de convertirse en francotirador; desde que esa mujer y el grupo de expertos del Jeffersonian empezaron a formar parte de su vida, las partes oscuras y sombrías de la personalidad del padre de su pequeño, poco a poco habían desaparecido, dando paso al hombre de bien, capaz de los más grandes sacrificios no por obligación, sino por amor.
Todavía recordaba la primera vez que tuvo una breve conversación con la científica, en uno de los pasillos de las oficinas centrales del FBI, después de ese brevísimo intercambio de palabras ella había quedado totalmente convencida de que tarde o temprano esos dos acabarían juntos. Y el tiempo le había dado la razón.
"Mamá… ¿qué dices? ¿puedo?" la voz insistente de Parker la sacó de sus propias tribulaciones, "y ¿qué te parece si lo dejamos en un fin de semana aquí y otro allá?" dijo la mujer inclinando su cuerpo hasta que los ojos de su niño y los suyos estuvieron a la misma altura, entonces aprovechó de acariciar el aún lampiño rostro de su hijo y besó con ternura su frente.
Aunque hubiera preferido que su madre le permitiera estar con su padre todas las semanas, el pequeño Booth sonrió satisfecho exclamando emocionado "¡gracias mamá! Ahora sí me voy a dormir".
Mientras sentía los pequeños brazos de su hijo envolviéndola en un abrazo agradecido, un único pensamiento surcaba su mente "tengo que hablar con Seeley, tiene que saber las preocupaciones de Parker".
