CAPITULO 2 EL sueño, 1ª Parte.
Estaba caminando por las calles de la ciudad. Sin embargo algo no cuadraba. Mirando a su alrededor se dio cuenta de que era la ciudad de hace cuatro años. Mirando al otro lado se vio a si misma en la versión de una niña de doce años. Aterrada se dio cuenta de que era un recuerdo. Intentó llamar a su pequeña versión pero en vano. La niña ya estaba corriendo hacia el bosque. En un intento de cambiar los hechos se fue corriendo detrás de ella gritando su propio nombre para hacerla parar. Cuanto más corría mas se alejaba la niña.
La frustración llenó su cuerpo hasta que por fin la niña dejó de correr y se sentó debajo de uno de los grandes árboles mirando el cielo. Su mirada era casi vacía, sin emoción. Odiaba su cumpleaños. Cada año lo pasaba mal a causa de la maldición que llevaba. Este año decidió estar lejos de todos para no tener que volver a casa magullada y sangrando como pasaba cada año y casi todos los días. La gente la odiaba. Ella lo sabía y al principio le dolía pero después dejó de preocuparse.
Había solo una persona que le importaba. El resto le era indiferente. Un ruido le hizo volver la cabeza. Detrás de los arbustos aparecieron tres ninjas volviendo de una misión. Al instante que les vio sabía que estaba perdida. La niña se levantó e intentó correr, pero en vano. Uno de ellos ya la había atrapado por el pelo. Maldiciendo Reira intento soltar su agarre sobre la niña pero su cuerpo pasó a través del suyo como si fuera un fantasma. La chica empezó a patalear para librarse de su agarre pero éste solo la sujetó con más fuerza.
-A ver lo que tenemos aquí. ¿No quieres disfrutar de tu cumpleaños? – la preguntó con un brillo de malicia en los ojos.
La niña aun no sabía lo que le iba a pasar pero Reira ya lo había vivido y desesperada empezó a gritar.
La despertaron sus propios gritos. Tenía todo el cuerpo sudado y su corazón latía con fuerza.
-¿Estás bien? – susurró una voz dentro de su cabeza.
-¡Joder! – gritó del susto. – ¡Maldición! Te dije que me avisaras si me vas a hablar tan de repente. Casi me matas del susto.
-Solo estaba preocupado. De repente tu pulso se disparó como loco y sentí tu miedo. No tuve tiempo para pensar dos veces.
-Lo siento. Solo fue un mal sueño. Puedes volver a ignorarme. – le dijo con amargura.
Así como lo dijo la voz desapareció. Suspirando se pasó una mano por el pelo. No quería hacerle preocuparse por ella e ignorarle era el modo más seguro para que no la hiciera decir lo que estaba soñando. Enfadada consigo misma por volver a recordar el pasado se fue a duchar para quitarse el mal recuerdo de encima.
En la otra habitación Itachi se había despertado por sus gritos pero no le dio tiempo a reaccionar ya que aun se sentía mareado por el somnífero que le había dado y su cuerpo se tensó cuando la escuchó hablar con alguien. Aguzando sus sentidos intentó sentir la presencia de la otra persona pero sin poder sentir nada aparte del aura alterado de Reira. ¿Estaba hablando sola? ¿Sufría del síndrome de la personalidad múltiple? Ninguna de las dos le animaba a quedarse más tiempo con ella. Cuanto antes se curaba mejor. Pero le era difícil centrarse en la curación ya que sentía un horrible dolor de cabeza.
-Me drogaste. – la acusó en cuanto entró a su habitación.
Todo pasó tan de repente que sería imposible reaccionar para una persona ordinaria. Reira dio un paso atrás y la única señal para Itachi era el dedo que se llevó a la boca. Un segundo más tarde dos kunais eran lanzados en su dirección. Un instante después era cegado por la luz que Reira encendió. Le tomó diez segundos registrar lo que había pasado y recordar que era Itachi. Inmediatamente relajó su postura y se sentó en la silla al lado de la cama.
-¡Por Dios! No me asustes de esa manera. Podría haberte matado. – le dijo cansada. Itachi la miró con una ceja arqueada y después miró las dos manchas de sangre a los dos lados donde hace unos segundos estaban sus brazos. Menos mal que aun estando herido tenía buenos reflejos. Si no, ahora mismo estaría clavado a la cama con dos kunais. Encima dos kunais creados con sangre que le habrían dejado paralizado.
-Lo tendré en mente. – le dijo un tanto divertido. Al parecer era muy propensa a asustarse. – La técnica que usaste...
-¿Hm? – al parecer no le estaba prestando atención, su cara mostraba cansancio y podía ver marcas de preocupación en su rostro.
-He oído algunas cosas sobre esa técnica. ¿Es una barrera de sangre, no es así? – preguntó con curiosidad, a lo que ella asintió y se levantó.
-No pensé que el efecto se te pasaría tan rápido. Al parecer la cantidad que te di no fue suficiente. Tengo que admitir que no sé como supiste que te drogué pero al parecer no funcionará otra vez. – suspiró con cansancio. – Me voy a darme una ducha y tú aun necesitas descansar. Aun te faltan por lo menos dos días para que te cures por completo pero ese tiempo se alargará si no duermes. Así que tú decides.
Y con eso entró en el baño que conectaba con la habitación. Segundos más tarde pudo oír el abrir del grifo y el fluir del agua. Acomodándose otra vez en la cama se quedó pensando unos minutos. Era una chica muy extraña. En el baño pudo oír como golpeó la pared con el puño y después maldijo. ¿Le pasaba algo?
Se preguntó qué fue lo que había soñado que la hizo gritar tanto. Se estremeció al recordar aquel momento. Ella se equivocaba. El somnífero le habría dejado inconsciente por lo menos otro día. Eran sus gritos los que le habían despertado del letargo y la voluntad para ayudarla las que le hicieron despertarse. Para Itachi era una sensación muy extraña. Pensó que ya hacía mucho había abandonado la voluntad de ayudar a otros. Al parecer no era un caso perdido después de todo. Por primera vez se durmió con una sonrisa en los labios con la sensación de seguridad, sintiendo que podía confiar en ella.
Al salir del baño Reira se dio cuenta que Itachi estaba durmiendo. Iba a salir de la habitación cuando vio la sonrisa en su rostro. Picada por la curiosidad se acercó con sigilo para poder ver mejor, ya que la oscuridad no le ayudaba mucho. Su rostro estaba relajado y su casi siempre presente máscara de indiferencia había desaparecido sustituida por una expresión de paz y tranquilidad. Estaba muy sorprendida al verlo de ese modo. ¿Quién pensaría que el Uchiha era tan guapo? Quitándose ese pensamiento de su cabeza salió de la habitación dejándolo solo aunque sin poder dejar de sonreír. Estaba segura de no poder dormirse así que volvió a su lectura.
Unas horas después, cuando el cielo volvió a oscurecerse Itachi se despertó por un sonido de nudillos contra la puerta. Al abrir los ojos se dio cuenta que no era a su puerta a la que estaban tocando sino la de la entrada a casa. Pudo oír otra maldición de Reira y después un suspiro. Levantándose con sigilo llegó hasta la puerta para poder oír mejor lo que estaba pasando. ¿Alguien habrá descubierto que estaba aquí? Enseguida enmascaró su chakra solo para darse cuenta de la barrera que le protegía. Así que ella ya se había encargado de eso. Que hábil.
-Adrien. – dijo Reira con una voz autoritaria. – Creo que te dije que me tomaba unos días libres. – le dijo con fastidio.
-Lo siento capitana. No quería molestarla...- empezó a decir.
-No tienes por qué ser tan formal conmigo fuera de trabajo. – le dijo. – Por ahora te di mi cargo. ¿Así que, qué es lo que quieres?
-Tengo unos papeles que necesito que firmes. – le dijo un poco avergonzado. Ella suspiró.
-Entra y siéntate.
Adrien rápidamente siguió su orden y se sentó a la mesa al otro lado de ella.
-Pensé que te dije que te dejaba mi autorización para firmar los papeles para la mitzukage.
-Lo sé, y firmé la mayoría de ellos, pero estos son de una importancia mayor y pensé que sería mejor que los firmaras tú.
-Que problemático. No debería haberte dejado el sello de pase por una estupidez así. En fin. Dame los papeles, cuanto antes acabe mejor. – suspirando de alivio le pasó los papeles.
No le tomó mucho firmarlos todos. Al cabo de unos minutos ya había acabado. Lo habría hecho incluso antes si no fuera por la estúpida costumbre de revisarlos antes.
-Si esto es todo ya puedes irte. – le dijo pasándole las hojas firmadas.
-Esto...- vaciló.
-¿Si?
-Lo siento si estoy un poco entrometido, pero.. ¿Por qué te tomaste estos días libres? Tú nunca lo hiciste antes. ¿Tienes algún problema? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?
-Adrien. – le dijo como si fuera un aviso y este se calló inmediatamente. – No necesitas saberlo. La próxima vez que tengas papeles para firmar para Terumi fírmalos tú mismo. Para eso te di la autorización. – y con eso le cerró la puerta en las narices.
Enfadada por la interrupción volvió a sentarse en la silla pesadamente.
-Así que eres la capitana de las fuerzas ANBU. – le dijo Itachi desde la puerta donde estaba apoyando la espalda despreocupadamente.
-¿Algún problema con eso? – preguntó sin interés ya que había sentido su presencia.
-Ninguno. Solo que te has ganado un poco mas de mi respeto. – dijo con una sonrisa de lado.
-¿Se supone que eso tiene que alegrarme? – le preguntó con sarcasmo.
-¿Sabes que si alguien descubre lo que hiciste por mi serás ejecutada? – ella se rió.
-¿Planeas delatarme? – preguntó divertida.
-Para nada. Solo estaba un poco sorprendido que una chica tan joven fuera la capitana. Hay muy pocos casos de ninjas jóvenes tomando cargos tan altos.
-¿Incluido tu?- le preguntó pero esta vez no había ninguna diversión en su voz.
-Esto ya es cosa del pasado. – le respondió poniéndose serio también.
-Toma asiento. – le indicó con la mano la silla que antes ocupaba Adrien. Itachi se sentó y la miró. Sabía lo que le iba a decir a continuación pero no iba a huir de eso. Había aguantado más que eso en la vida, pero lo que ella dijo le pilló por sorpresa. Las acusaciones las podía aguantar, pero esto…
-Debió de haber sido duro tener que matar a todo tu clan. – le dijo compasiva, mirando por la ventana.
-¿Qué? – le preguntó perplejo. ¿Porque le estaba diciendo estas cosas? Y encima con tal tristeza en la voz.
-¿Aun así, porque lo hiciste sabiendo lo que te ocurriría si lo hicieras? ¿Qué es lo que querías proteger tanto que te condujo a hacer lo que hiciste? – esta vez le estaba mirando a la cara con una mirada tan sincera que Itachi no pudo aguantar.
Bajó la vista pero aun así podía sentir su mirada clavada en su cara. Sin saber porque, le respondió con la verdad. Por primera vez sentía como si pudiera librarse aunque sea un poco del dolor que cargaba.
-Lo hice para proteger mi villa. – dijo levantando la mirada, quemándola con su intensidad. – Si no lo hubiera hecho habría estallado una guerra y habría muchas más víctimas inocentes. No podía permitir que esto sucediera. – ella parpadeó.
-Pero ahora tú eres el desgraciado mientras que ellos viven una vida pacífica.
-El saber que la viven gracias a mí me basta.
-¿Aun si ellos te desprecian por lo que hiciste?
-Ellos no saben por qué lo hice.
-Ahí tienes un punto. – dijo sonriendo un poco. – Sabía que no podías ser un tipo tan malo como dicen que eres.
-¿Eh? – lo que dijo le sorprendió otra vez. ¿Porque ella, una completa desconocida tenía fe en él mientras que los demás le acusaban de lo peor? ¿Porque ella no le temía como lo hacían los otros? ¿Porque no le despreciaba?
-De verdad que eres rara. – su cara se ensombreció un poco. – Lo siento, no era mi intención... - se paró en la mitad de la frase. ¿De verdad acababa de disculparse con alguien? Quiso darse cabezazos contra la pared por su estupidez. ¿Dónde estaba su orgullo cuando lo necesitaba?
-No te preocupes. Lo he sabido desde siempre, aunque tengo que admitir que aun después de todos estos años sigo sin poder acostumbrarme. Debería ser agradecida que haya gente que se preocupe por mí y que quieran ser mis amigos.
-¿Cómo Adrien? – le interrumpió y ella asintió. – ¿Entonces por qué le tratas como si fuera una molestia?
-Es solo que no quiero que la gente empiece a tratarlo como me tratan a mí. Es un buen chico y no quiero que tenga una vida como la mía.
-A él parece no importarle.
-Le importaría cuando sería demasiado tarde. La gente me teme y me odia por los poderes que tengo y sé que él no podría aguantar la presión.
-Él te ama. – Reira se rió a carcajadas.
-Eso no es amor. Es solo un capricho. Es normal para las personas querer cosas que no están a su alcance. Para poder amar a alguien hay que tener plena confianza en la otra persona. Esa persona tiene que saber sobre ti tus secretos más profundos y a la vez más oscuros. Lo que está fuera, lo bueno que haces no tiene tanta importancia como el lado oscuro que cada uno lleva dentro. Aceptar ese lado es lo más difícil de una relación. Eso es el verdadero amor.
-Parece que has pensado mucho en eso. – le dijo divertido aunque por dentro sentía como su corazón se oprimía ante la verdad que estaba diciendo.
-Es solo una mera observación. Tengo mucho tiempo libre aunque no lo parezca, y soy muy atenta y observadora. He visto a la gente enamorarse y romper. En el cuartel hacemos apuestas de vez en cuando, cuando dos de nosotros empiezan a salir. Nunca lo admití abiertamente pero todas las apuestas las gané anónimamente. Es muy fácil ver a través de la gente la mayoría de las veces.
-Suenas como una anciana.
-A veces me siento como tal. En fin. Tu secreto está a salvo conmigo así que no tienes que intentar matarme para que no se lo cuente a alguien. Ahora, si me disculpas me voy a descansar. No pude pegar ojo la otra noche así que me vendrían bien unas horas de sueño. Si quieres algo de comer siéntate libre de explorar la nevera. Buenas noches.
Levantándose sin prestarle atención alguna se fue a sentarse en el sillón al lado de la chimenea y se acomodó para dormir. A Itachi le sorprendía que pudiera ir a dormir tan despreocupadamente teniendo en la misma habitación a uno de los criminales más peligrosos de la historia. ¿Es que no temía por su vida? ¿O es que confiaba en que no la iba a matar? Sin saber que pensar sobre ella se fue y sacó la primera cosa que estaba a su alcance en la nevera y salió a su habitación.
Por primera vez se dio cuenta que era la habitación de ella. Reparó en que no parecía como tal. Al menos no parecía una habitación de una adolescente. Es una capitana de fuerzas ANBU. - se corrigió mentalmente. Es evidente que no sería decorada como las habitaciones de otras chicas. Las paredes estaban pintadas de un color borgoña oscuro, con cortinas negras en las ventanas, iguales al color de las sabanas de seda que cubrían la cama y que aun tenían dos manchas de sangre donde antes casi le había apuñalado. Se preguntó qué clase de poder tenia dentro por el que la gente la temía. La barrera de sangre que poseía, que le permitía manipular su sangre a gusto no le parecía el motivo suficiente. ¿Tenía poderes que eran más fuertes que eso? Decidió que iba a preguntarla mañana. Él tenía curiosidad y estaba casi seguro de que ella se lo diría si se lo preguntaba. Con eso en mente se tumbó en la cama preparado a dormir y por primera vez se dio cuenta que las sabanas preservaban un olor a bosque. Sin saber por qué se durmió por segunda vez con una sonrisa en el rostro.
-¡Te he dicho que la sueltes! – gritó con fuerza Reira sin obtener respuesta alguna, como pasó las otras veces.
-Esto no puede estar pasando. ¡Quiero despertarme! – gritaba con fuerza pero nada pasaba.
Los gritos de la niña hacían eco en sus oídos y le costaba respirar. ¿Por qué no podía hacer nada si estaba solo a centímetros de ella? ¿Por qué no podía salvarla del sufrimiento y la brutalidad de esos sujetos? Lagrimas caían sobre su bello rostro. Estaba desesperada. ¿Qué iba hacer? No podía alejarse de ella y dejarla sufrir. No quería que le ocurriese lo que le pasó hace ya tantos años.
Uno de los hombres jaló a la niña por el brazo levantándola en el aire y silenciando sus protestas con un puñetazo que Reira sintió en su cuerpo como si se lo hubiesen dado a ella.
-No, no, no. Eso no puede ser. ¡No quiero volver a vivir esa pesadilla! – gritó desesperada intentando atacar a los hombres pero en vano. – ¡Nibi! ¡Nibi! ¡Maldición! ¿Donde estas? ¡Te necesito! – gritaba pero nadie le prestaba atención.
Volviendo la cabeza se percató que los hombres empezaron a arrancar la ropa del cuerpo magullado de la niña. Ella misma sentía el dolor en todo el cuerpo pero lo que venía a continuación era incluso peor que la paliza.
-¡Parad! ¡Ya basta! ¡Joder! – cayó de rodillas al suelo con la cara entre las manos, perdiendo ya toda la esperanza. – ¡Que alguien la ayude, por favor! Que alguien me salve. – lloró.
-Reira, Reira. – levantó la cabeza rápidamente en busca de la persona que la estaba llamando pero sin ver a nadie a su alrededor. Los hombres retomaron la paliza y Reira gritó de dolor.
-¡Reira! ¡Despierta! ¿Me oyes? ¡Despierta! – alguien la jaló del brazo y sintió como la negrura la consumía. Quiso gritar pero la voz no le salilla. Unos segundos más tardes todo se volvió negro.
AN/ Gracias por los reviews! ñ_ñ
Intentaré subir los capítulos tan pronto como pueda ^^ y también poner las exclamaciones y interrogantes en los dos lados xDD Si encontráis algún error me avisáis y así podre corregirlo ^^
Otra vez gracias por los reviews ;)
