2. La cruda realidad
Kurt no podía dejar de darle vueltas al asunto. Allí, sentado junto a David en clase de Cálculo, no estaba seguro de poder concentrarse y repasar para el examen de la próxima clase. Si había accedido a presentarse en el McKinley durante su hora libre había sido porque confiaba en que eso tan urgente que Rachel tenía que contarle fuese su rendición; el momento en que se arrastraría y le pediría consejo musical de cara a las Regionales ahora que él triunfaba en los Gorriones y Nuevas Iniciativas estaba sufriendo una crisis…
¿Pero aquello? ¿Era necesario? ¿Acaso alguien ahí arriba —alguien en quien tan siquiera podía creer— la había tomado con él? Era, como mínimo, surrealista. Ni siquiera estaba al tanto de que Rachel y Blaine hubiesen mantenido relaciones, ¿cómo quería que asimilase que ahora ella estaba embarazada y pretendía dar a luz a su bebé?
Porque quizá eso era lo que más le dolía a Kurt: que Blaine no le hubiese contado lo que realmente había sucedido aquella noche. ¿De qué le servía abrirle su corazón a un chico homosexual como él que se acostaba, borracho como una cuba, con la cantante del coro rival? ¿De qué le servía haber desnudado sus sentimientos, haberle entregado su corazón —tómalo, es tuyo, ya no me pertenece—, haber soñado tantas noches con un maldito final feliz… si ni siquiera le quería?
Ni siquiera haber pasado antes por una situación similar con Quinn había podido paliar el shock de conocer la noticia. Ni siquiera las lágrimas de culpabilidad de Rachel. Ni siquiera la satisfacción de verla abatida, rogando un poco de amor. Ni siquiera, ni siquiera, ni siquiera. Nada podía levantar sus ánimos. Kurt se sentía impotente, derrotado por su propia fantasía.
Recordó cuando todavía estudiaba en el McKinley e iba a la biblioteca después de las clases para estudiar Cálculo. Cuando Brittany se sentaba a su lado y él intentaba ayudarla sin obtener grandes resultados. Por lo menos, las estúpidas preguntas de la rubia —como por qué el símbolo de la multiplicación era una cruz y no un corazón, o por qué no había que dibujar árboles sobre las raíces cuadradas— conseguían distraerlo. Quizá allí podría encontrar consuelo en sus compañeros, volver a ser el de antes a pesar de los malos momentos. Porque aunque tuviese que ver a Berry todos los días y mirar, inevitablemente, su vientre cada vez más abultado… tenía la certeza de que eso no sería nada comparado con soportar el rostro culpable de Blaine en cada rincón de Dalton.
Pero no, no podía ni pensar en volver allí. Tenía una buena razón para huir y refugiarse en un instituto en el que no le discriminasen constantemente. El McKinley había sido su cámara de tortura; volver sería un error estúpido que no podía permitirse…
Conseguiría superarlo. Él podía, era valiente. Tan sólo quedaba algo más de un año, y ¡zas! Dejaría Ohio atrás, triunfaría. No necesitaría a Blaine, a Rachel ni a nadie. Sería sólo Kurt Hummel, la estrella. Y el pasado moriría entre llantos, malos pensamientos y desengaños amorosos.
¿Pero cómo pensar en el futuro con un presente tan… desolador?
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—El tema de esta semana serán los cincuenta —dirigiéndose hacia la pizarra, el señor Schuester garabateó "50's" con su inseparable rotulador azul—. ¿Alguien sabe nombrar algún artista de esta época?
Ante el molesto silencio que se formó entre sus compañeros, Rachel fue quien alzó la mano con impaciencia.
—Adelante —rodando los ojos, el señor Schue la animó a que se levantase y diese una de sus improvisadas charlas.
Porque conocimientos no le faltaban. Sus compañeros eran, en ocasiones, tan ignorantes… ella era la única que podía permitirse dar clases de cultura musical. Pensaba hablarles de Patsy Cline y su canción "Crazy", que cantaba casi todos los días desde que Finn y ella lo habían dejado, ya que le recordaba exactamente todo lo que sentía. De "Cantando bajo la lluvia", uno de sus musicales favoritos de todos los tiempos. De Paul Anka, Nina Simone y Édith Piaf.
—Queridos compañeros —comenzó, juntando las palmas de las manos—, los años cincuenta fueron una época gloriosa. Grandes divas, rock clásico, una estética inigualable… en fin, una época impresionante en todos los sentidos.
De repente, justo cuando iba a abrir de nuevo la boca para continuar, sintió un latigazo en el estómago. Intentó recomponerse, y por suerte lo logró. Pero su mueca de dolor impresionó a todos los componentes del club, que se miraron unos a otros extrañados.
—Rachel, ¿estás bien? —preguntó Tina, alzando una ceja.
—Yo… sí, claro —aunque intentó soportar el malestar y las leves arcadas que éste provocaba, Rachel trató de sonreír y seguir adelante—. En fin… si hablamos de los cincuenta, no podemos obviar a una de las más grandes artistas francesas de todos los tiempos: Édith Piaf. Revolucionó la música de la época…
Esta vez, Rachel no pudo domar las convulsiones, y tuvo que salir corriendo hacia el baño. Nadie la siguió. Intentando no vomitar hasta tener frente a ella la taza del váter, entró bruscamente en el servicio más cercano, vacío por suerte. Una vez allí echó fuera el desayuno, aunque tuvo la sensación de que por su boca salía hasta su primera papilla. Con las lágrimas corriendo por el rostro, se dejó caer en el suelo, derrotada, apartando el pelo y buscando algo a lo que agarrarse. En esa posición permaneció aproximadamente diez minutos: los que tardó en llegar el señor Schuester al servicio.
— ¿Rachel? ¿Estás ahí?
Asustada, la morena se puso en pie de golpe, algo que le sentó bastante mal a su estómago. Tuvo que inclinarse de nuevo sobre el retrete. Alarmado al escuchar las arcadas, el profesor golpeó la puerta con nerviosismo.
— ¡Rachel, abre!
Pero ella ignoró sus gritos preocupados. Salir sería una terrible humillación, debido a su olor y a las manchas de su ropa, rostro y cabello. Y eso sin pensar en que tendría que enfrentarse al señor Schue, quien sospecharía lo obvio. Y no quería contarle a nadie más lo que realmente ocurría. Si había hecho jurar a Kurt que lo mantendrían en secreto hasta que fuese imposible esconderlo… ahora no podía contárselo al profesor. Eso significaría que la noticia llegaría a oídos de la dirección e, inevitablemente, hasta sus padres.
¿Y cómo reaccionarían ellos al saber que su niñita estaba embarazada?
—Rachel, déjame entrar… necesitas ayuda.
—Váyase —rogó la joven, sin poder contener las lágrimas—. Necesito limpiarme, y no quiero que usted me vea.
—No será nada que no haya visto antes.
—No va a convencerme —obstinada, la morena se reincorporó con lentitud para no provocarse más náuseas—. Por favor, márchese.
Al principio el señor Schue se mantuvo reacio a moverse, pero transcurridos unos minutos Rachel escuchó sus pasos y el sonido de la puerta al cerrarse de un golpe. Una vez sola allí dentro, suspiró y salió del claustrofóbico cubículo. A duras penas consiguió lavarse la cara y el pelo, y quitarse su jersey. Sólo le entraban ganas de salir corriendo, meterse en su cama y no levantarse hasta que los seis meses que le quedaban de gestación llegasen a su fin…
Seis meses que, si quería, podían reducirse a nada.
Rachel se había negado rotundamente a escuchar a Kurt cuando éste le había hablado de interrumpir voluntariamente el embarazo. Dadas sus creencias, lo consideraba un asesinato. No podía pensar en ello sin sentir escalofríos y un terrible odio hacia sí misma.
Pero no quería arruinarse la vida. Si pensaba en todo lo que iba a perderse por culpa de su imprudencia, le entraban todavía más ganas de llorar: continuar participando activamente en el Glee Club, estudiar en la Universidad, triunfar en Broadway… en definitiva, llevar la vida de cualquier joven normal que quisiese dedicarse a lo que más le gustaba.
Su rostro se contrajo al pensar en Blaine. Maldito… él me ha hecho esto. Puede que la culpa fuese de ambos: ella por dejarse y él por poner su estúpida semillita, pero en ese momento sólo podía odiarle a él. ¿Contárselo?, jamás. Pero odiarle en secreto…
Por lo menos, hasta que supiese qué hacer con el problema.
Pensaba que iba a tardar más en escribir el segundo capítulo, pero hoy he estado inspirada xD Aunque creo que me ha quedado demasiado dramático, con muy poco diálogo. Ya me diréis qué os parece.
Aunque al principio iba a centrarme en la relación entre Blaine y Rachel (no demasiado romántica, por lo menos al principio como ya se ha podido ver xD) y en los sentimientos de Kurt, he pensado que escribir sólo sobre ellos iba a ser muuuuuy aburrido. Y como he leído vuestras propuestas en los reviews... quizá me anime a pensar en más parejas y centrarme en otros personajes también. No sé si será muy buena idea... pero ya se verá.
Gracias por la acogida, sois geniales :3
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