A pesar de que tenía ya planteada la escena de Naruto y Hinata, no me di cuenta hasta mucho después de que escribir sobre este pequeño rubio era mucho más difícil de lo originalmente pensado por una razón: sus padres son mi pareja favorita.

Así que en lugar de centrarme en los hechos de su nacimiento, además me encontré escribiendo sobre el compromiso de sus padres ¡estaba escribiendo una historia dentro de otra! Por lo que próximamente estaré trayendo un trabajo aparte llamado Compromiso


Los nuevos reyes

By Acantha-27

Boruto Uzumaki

Ser parte de una familia siempre había sido su más grande sueño.

Ciertamente había tenido compañía a lo largo de su vida pero no era lo mismo; podía compartir unas horas al día con Iruka comiendo ramen, entrenar con algún compañero de otro equipo o estar varios días con su viejo equipo en alguna misión, pero cuando la noche caía y él tenía que volver a su departamento era cuando más pesaba la ausencia de sus padres, hermanos, tíos o alguien con quien compartir esa soledad.

Necesitaba que alguien le esperara al llegar a casa, mantuviese su hogar caliente y le recibiera con una sonrisa. Fue por ello que cuando decidió que formaría su propia familia no sólo tendría un hijo, necesitaba todo ese calor que en su infancia no pudo recibir y además estaba el hecho de que él había crecido anhelando un hermano; así que por lo menos tendría dos hijos y si su esposa quería darle la alegría de formar su propio escuadrón anbu, qué mejor.

Cuando la guerra llego a su fin, y una de sus metas se había cumplido: ser reconocido por todos, se planteó el alcanzar la siguiente: formar una familia; después de todo el ser Hokage ya estaba más a su alcance (eso de salvar el mundo shinobi daba grandes resultados) y antes de que eso sucediera debía aprovechar su tiempo, porque una vez que fuera nombrado kage no tendría tiempo de casi nada o al menos eso era lo que le decían tanto Tsunade como Kakashi, como si pudiera confiar mucho en sus juicios cuando lo único que hacían en su tiempo libre era beber y apostar la primera y leer aquellas novelas eróticas el segundo, dejando a la pobre de Shizune con una gran carga de trabajo.

Así que como era usual en él no pensó mucho la elección de pareja; por lo que cuando comenzó a esbozar el plan de proponerle a su compañera de equipo el compartir su vida con él no creyó que eso le llevaría a darse cuenta de algo elemental: no estaba realmente enamorado de ella.

Sakura había sido la única chica que de alguna manera le daba la atención que había buscado, le gusta la manera en la que competía con Ino por todo, le gustaba que era la única chica que trataba de ponerlo en su lugar, le gustaba que fuera tan directa, le gustaba saber que al menos Sakura no le evitaba como todos los demás, pero aún con todo eso sabía que no podía llamar amor a lo que sentía por su compañera. Pero ¿si no amaba a la médico ninja, cómo es que pasarían el resto de sus vidas? Porque él quería algo como lo que tuvieron sus padres, un amor que ni siquiera la muerte pudo destruir. ¿Habría alguien que estuviera dispuesto a morir por él? Estaba seguro que la joven heredera del clan Hyuuga lo amaba pero, ¿él la amaba a ella? No quería ser injusto con ella, era por ello que no le dio una respuesta de inmediato, ni cuando se reconstruyo la aldea, ni cuando la vio miles de veces después y tuvo cientos de oportunidades, no señor, el Uzumaki tuvo que casi perderla para finalmente darle una respuesta a sus sentimientos.

Desde que se decidiera a compartir su vida con la joven Hyuuga, ahora Uzumaki, no podía ser más feliz; ahora ya no estaría solo nunca más porque al final del día, al llegar a su pequeño departamento, ya había alguien esperando por él, alguien con quien compartir su día, alguien que le mantenía la comida caliente, ¡al fin tenía a alguien que lo amaba a su lado y nunca lo dejaría! Fue por eso que el día en el cual su tímida esposa le hizo saber sobre su primer retraso se le vio corriendo llevándola en brazos y gritando a todo pulmón que ya eran tres. Por fin tenía una familia y todo el mundo debía saberlo, todos debían saber que aquel solitario y triste chiquillo ya formaba parte de una familia y era inmensamente feliz.

-Hinata, necesito que me prometas una cosa –le dijo una vez estuvieron de vuelta en su departamento

-Lo que quieras –respondió de inmediato su mujer

-Quiero ser partícipe de todo

-¿Participe? –pregunto dudosa la peliazul –No comprendo lo que…

-¡No quiero ser como Sasuke! –interrumpió el rubio –Quiero estar contigo en las revisiones médicas, quiero comprar contigo lo que el bebe necesite y sobre todo –su voz perdió intensidad conforme iba explicando lo que quería pero un rubor cubrió sus facciones

-¿Sobre todo? –le animo su esposa –Sea lo que sea que quieras podremos hacerlo –y unió su mano derecha a la izquierda de su rubio esposo para posarla sobre su, aún, plano vientre y sonreírle con dulzura

-Prométeme –dijo el rubio mientras entrelazaba sus dedos –Prométeme que podré estar ahí el día que llegue al mundo

-No sabemos qué día nacerá y si estas fuera de la aldea…

-¡De ninguna manera! –exclamo determinantemente el ojiazul –No importa que me encuentre en una misión, ¡haré lo que sea para estar junto a ti el día que mi hijo llegue al mundo! –dijo con una enorme sonrisa que le contagio a su pareja

-Lo prometo –susurro la peliazul recibiendo con deleite el beso que le fue otorgado

Para cuando la peliazul entro a su octavo mes de embarazo, el rubio comenzó rechazar ciertas misiones, solamente aceptaba aquellas que no le tomarían más de tres días lejos de su casa; lo cual era muy extraño en él que siempre se quejaba de las misiones que habían sido otorgadas durante sus inicios. Fue por eso que cuando Tsunade le encomendó hacer una misión de reconocimiento tuvieron un gran conflicto en que el ninja aceptara a dejar a su embarazada esposa por unos cuantos días, aludiendo que aún faltaba para el alumbramiento.

-Está bien Naruto –dijo Hinata esa noche después de que el rubio le comunicará sobre su siguiente misión –Sabemos que esto forma parte de ser ninjas así que…

-Voy a estar presente cuando nazca –fue lo que inmediatamente respondió Uzumaki con una fiera mirada –No importa que tenga que dejar a cientos de clones para la misión ¡voy a estar aquí cuando nazca! –y mientras decía esas palabras coloco su mano izquierda sobre el abultado vientre de Hinata –Lo prometí y siempre cumplo mis promesas –le dirigió una sonrisa a su esposa y comenzó acercar su rostro para darle un beso pero antes de que sus labios se tocasen se escuchó que llamaban a la puerta

-Que oportuno dattebayo –susurro contras los tiernos labios y se dirigió hacia la puerta de su pequeño departamento

-Buenas noches Uzumaki san –saludo de inmediato

-Hola Ko –respondió a su vez el rubio –Pasa, estábamos terminando la maleta de Hinata –y seguido del castaño ingreso hasta su alcoba para terminar de empacar

-Buenas noches Ko, lamento tener que hacerte esperar

-Buenas noches Hinata sama –saludo al tiempo que hacia una reverencia –No se preocupe, llegue antes porque no quería que la noche nos tome de camino a la mansión

-Eres muy amable –susurro la mujer mientras se acariciaba distraídamente la barriga

-Aquí está la maleta Ko, no creo estar fuera tanto tiempo pero como es el último mes de Hinata me gustaría que este lo más cómoda posible y sobretodo que no esté sola

-No se preocupe Uzumaki san, a pesar de que Hinata sama estará sola en la mansión no la dejaré sin supervisión

-¿Sola? –inquirió el rubio mostrando su inquietud

-Hiashi sama y Hanabi sama salieron de misión, no sabemos cuándo estarán de regreso

-¿Va a estar sola en la mansión principal?

-En lo absoluto, estaré instalado en un cuarto continuo al suyo por si llegará a necesitar algo durante la noche y así poder cuidarla

-Estaré bien Naruto –intervino la portadora del Byuakygan –No pasará nada

-De acuerdo –suspiro y le entrego a Ko la maleta –Te los encargo mucho Ko, son mi posesión más preciada –dijo con su característica sonrisa

-Pierda cuidado

-Estaré de vuelta en una semana –le susurro a su esposa antes de darle un tierno beso en la frente y despedirse

La misión del rubio se prolongó más de lo pensando, la semana se había convertido en diez días y aún no estaba cerca de terminar lo encomendado por Tsunade. Al menos estaba seguro de que Hinata estaba bien cuidada y que llegaría a tiempo si seguía utilizando los clones como apoyo, o al menos eso era lo que esperaba; según los meses que llevaba en gestación y los que había pasado lejos de casa a su linda estaría cerca de terminar el octavo mes y, según lo que le habían dicho las primerizas tardaban unos días más; así que sin duda estaría de regreso para cuándo comenzará la labor de parto.

Mientras el rubio hacia cuentas de los días que llevaba fuera y el tiempo de gestación de su esposa, en la mansión Hyuuga las cosas se ponían un tanto descontroladas.

-¡Quiero a Naruto! –gimió la peliazul

-Hinata sama –suplicaba el miembro del clan Hyuuga –No podemos seguir esperando mucho más

-¡No! –gimió –Un poco más Ko, por favor

-Estoy seguro que su esposo entenderá

-Fue una promesa –susurro -¡Va a llegar a tiempo! –gimoteo y no pudo evitar que unas lagrimar rodaran por su mejillas

Hinata se había despertado a media noche debido a una punzada de dolor en su bajo vientre, pensando que era algo normal lo había dejado pasar pero conforme fue pasando el tiempo el dolor no menguaba, inclusive había soltado uno que otro grito llamando la atención de inmediato de Ko, el cual trataba de disuadirla para ir al hospital.

-Hinata sama, no puede continuar así

-Aún faltan unos días para que termine el mes –susurro –Debe de tratarse de una falsa alarma

-Entonces acepte que al menos traiga un médico para que la revise

-¡Quiero a Naruto! –y en medio de ese grito sintió como sus sabanas eran mojadas

-¡Hinata sama! –escucho el grito aterrado de Ko pero no pudo procesar adecuadamente lo sucedido porque lo único en lo que pensaba era en que aún no era tiempo y que Naruto llegaría para recibir a su hijo, después de todo lo habían prometido

-¡Naruto! –grito de nueva cuenta cuando un rayo de dolor le atravesó el cuerpo y entre las brumas del dolor pudo escuchar más voces en la habitación; después de todo Ko había traído un médico –Por favor –suplico a la persona que la estaba examinando –Quiero a Naruto conmigo

-Hinata san –escucho que la llamaba una voz femenina y bastante conocida –Sabemos que tiene miedo y quiere a Naruto kun aquí –una cara conocida entro en su campo de visión

-Shizune san –pensó cuando logro identificar ese familiar rostro

-Lo prometimos –susurro una vez más antes de morderse los labios para no soltar un grito más

-Que alguien vaya avisar al clan Yamanaka –escucho otra voz femenina pero mucho más imponente

-¿Hokage sama?

-Es obvio que ese atolondrado le ha pegado una característica a su esposa, que contacten con Naruto y le avisen que Hinata ha entrado en labor de parto

A partir de ese momento Hinata comenzó a ser un poco menos consciente de su entorno pero sabía que debía soportar un poco más, Naruto llegaría en un momento y todo habría terminado.

El rubio ninja se encontraba bebiendo agua cuando sintió la invasión en su mente, una de la ventajas de que el zorro de las nueve colas estuviera en su cuerpo era sin duda que no permitiría alguna invasión, además de la suya claro está.

-Es aquella rubia escandalosa –escucho la voz de Kurama –Esta más gruñona ahora que durante su embarazo

-¿Ino? –pensó mientras dirigía la vista al cielo -Está bien, veamos qué es lo que quiere

-¡Naruto! –escucho de inmediato el grito en su mente y antes de que pudiera responder las palabras de la joven madre la dejaron sin aliento por un momento -¡Debes de volver de inmediato, Hinata ha entrado en labor de parto!

-¡¿Qué estas esperando para ponerte en marcha idiota?! –le increpó el zorro sacándolo de su ensoñación

No supo en qué momento llego enfrente de la mansión Hyuuga, y creía que había usado su nueva técnica para llegar a tiempo, fuese como fuese había llegado a tiempo y eso lo podía decir por los gritos de su tímida esposa.

-¡Hinata! –entro directo a la enorme casa siendo interceptado por Ko

-¡Está en la habitación del fondo! –le fue guiando a paso veloz –Tsunade sama está atendiendo el parto asistida por Shizune san –y de detuvo de golpe al ver al rubio quedarse atrás por un momento -¿Uzumaki san?

-¿Qué ocurre mocoso? –le pregunto el inquilino de su interior –Creí que estarías ansioso para estar a su lado

-¿Y si ella no me quiere ni ver en estos momentos? –le pregunto al zorro -¡No soportaría el que me echara igual que a Sasuke!

-¿Y qué harás?

Pero antes de que el rubio pudiera darle una respuesta se escuchó un nuevo grito dentro de la habitación y mucho movimiento para después ver asomar a Shizune.

-¡Naruto kun, deprisa! –y lo jalo dentro de la habitación –No ha querido dar a luz hasta que estuvieras

-¡Quiero a Naruto! –escucho a su dulce esposa llamándolo y al instante fue a su lado

-Hinata –le susurro al tiempo que tomaba su mano derecha –Estoy aquí, tal y como lo prometí

-¡Oh, Naruto! –gimió y sostuvo con más fuerza su mano

-Bien, es hora de que nazca este pequeño impaciente –escucharon la voz autoritaria de la rubia –Hinata concéntrate en respirar –le dirigió una mirada al rubio –Naruto, intenta no desmayarte

Naruto no podría dar crédito a lo que veía, nunca se imaginó que la llegada de su pequeño le causaría tanto dolor a su madre, ahora comprendía porque Sasuke salió de aquella sala de partos ¡seguro que Sakura había intentado asestarle un buen golpe! Se aelgraba tanto de que Hinata tuviera tan buen corazón, lo único que estaba haciendo su mujer era enterrarle las uñas en las manos, pero sin duda era el precio que estaba dispuesto a pagar con tal de seguir ahí, susurrándole que respire y sosteniéndola en cada nueva contracción.

-¡Ya viene! –dijo la Hokage con emoción –Shizune, prepara la manta –les dirigió una mirada a los padres –Un poco más Hinata y habremos terminado

-¿Escuchaste Hinata? –le dijo su esposo al oído -Sólo uno más

Pero la peliazul no pudo responder porque estaba más concentrada pujando y sosteniendo las manos de su esposo; al menos estaban por terminar y unos momentos después un pequeño llanto le dijo que lo había hecho.

-Es un saludable varón –Shizune se acercó con el bebé en brazos y lo extendió al rubio padre, que soltó las manos de su agotada esposa para recibir a su hijo

-Es precioso Hinata –dijo con emoción el rubio y cuando giro a ver a su esposa ella le estaba brindando la sonrisa más hermosa de lo que llevaban juntos y antes de que pudiera depositar al pequeño en los brazos de la ojiblanco ella cerro los ojos y dejo caer la cabeza -¿Hinata?

-Tiene una hemorragia –escucho la voz de Tsunade

-¿Hemorragia? –susurro y acto seguido estiro una mano para alcanza la mejilla de su esposa siendo detenido por la mano de la Hokage

-Sal de aquí Naruto –pero al ver que el rubio ni se movía se giró hacía Shizune -¡Sácalo de aquí!

-¿Qué está pasando? –su voz denotaba preocupación e inconscientemente abrazo más fuerte a su hijo

-Naruto kun, debes calmarte –pidió la castaña –Dame al niño y

-¡No! –y retrocedió un paso –Se lo daré a Hinata en cuanto despierte, solamente se lo entregare a ella –y la compañera de Tsunade pudo ver tal desolación en la mirada azul que no insistió en tomar al niño pero lo guio fuera de la habitación

En cuanto la puerta se cerró frente a sus narices creyó que se desmayaría de un momento a otro, escuchaba la voz de Ko pero no podía decir qué le estaba diciendo. Solamente podía pensar en que Hinata estaba adentro y podía perderla para siempre y cuando las puertas se abrieron de nueva cuenta para dar paso a una seria Tsunade sintió que el piso se abría bajo sus pies

-Hinata –su voz sonó tan temblorosa que ni él mismo se habría reconocido

-Pudimos controlar la hemorragia –respondió de inmediato la médico –Estará cansada por unos días y necesitará reposo pero estará bien –finalizo de explicar con una cansada sonrisa a un pálido rubio -¡Ya puedes respirar nuevamente! –dijo burlonamente tratando de quitarle tensión al ambiente –Anda, Hinata les está esperando –y se hizo a un lado para dejar pasar al ojiazul –Y Naruto, debe descansar así que no la mantengas despierta mucho tiempo

Ver a su esposa sonreírle en cuanto los vio cruzar la puerta fue un aliciente para tranquilizar sus temores. Finalmente había logrado su sueño: tener una familia.

-Lamento haberte asustado Naruto –susurro la ojiblanco una vez tuvo a su esposo junto a ella

-Yo lamento que tuvieras que pasar por todo eso a causa de mi tardía llegada –le respondió al tiempo que le entregaba a su hijo para que lo viera por primera vez

-Hola pequeño –saludo a su hijo -¡Se parece tanto a ti!

El rubio sintió su pecho hincharse de puro orgullo ¡finalmente tenía una familia!

-Bolt -susurro amorosamente la joven al tiempo que delineaba las facciones de su hijo con su dedo -¿Estás seguro del nombre?

-¿No es de tu agrado? –sintió a su esposa recargarse sobre su pecho

-Es perfecto –susurro mientras cerraba los ojos con una sonrisa y su respiración se hacía cada vez más acompasada

Una vez que estuvo seguro que su esposa no despertaría tomo de sus brazos al pequeño rubio y se dirigió a la ventana.

-Tienes un nombre que honra a dos de los hombres más valientes de esta aldea y ambos dieron su vida sin pensarlo por la mía –le platicaba a su hijo en voz baja –¡La valentía y coraje lo llevas en las venas! –dijo enérgico –No puedo esperar a que crezcas y contarte todas las historias sobre ellos, estoy seguro que si estuvieran aquí uno te consentiría tanto que serías un desastre pero el otro haría lo posible para que siguieras las normas y reglas –suspiro nostálgico y miro un momento a su mujer –Tu abuelo y tu tío fueron asombrosos y ahora tú serás igual o más impresionante que ellos, solo espero que no le des tantos problemas a tu madre, que después de todo eres un Uzumaki y eso nos viene también en las venas –deposito un beso en la frente de su primogénito –Estuve esperando tu llegada con impaciencia, me alegra que finalmente este aquí Boruto Uzumaki


El siguiente es Shikada Nara