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Tras una larga caminata en silencio y sin dejar de mirar a su alrededor en alerta por si veían algún zombi, dieron con una tienda de comestibles. Las ventanas estaban muy sucias, por lo que el interior del local no se podía ver, algo que solo complicaba las cosas.

-Esta es la tienda a la que se refería Stefan –dijo la joven en un susurro, con miedo a encontrar el cuerpo sin vida de su novio allí o, peor aún, encontrarle convertido en zombi.

-Seguramente ya habrá sido saqueada –comentó Damon intentando mantener la cabeza fría y no pensar esa misma posibilidad-. Aunque, sabiendo dónde buscar, tal vez demos con algo.

Al ver que el chico dio un paso hacia la tienda, Elena le imitó, pero este estiró un brazo impidiéndole el paso.

-No sabemos si hay zombis dentro –le dijo él-. Será mejor que entre yo para ver si está despejado. Tú espera aquí fuera –añadió tendiéndole una pistola pequeña-. No la utilices al menos que sea cuestión de vida o muerte, ¿de acuerdo? Si ves a uno de ellos, avísame.

Elena tenía mucho miedo de quedarse fuera sola y, además, no sabía cómo utilizar un arma, pero prefirió no decir nada al respecto. Necesitaban encontrar comida y, ya que ella no podía aportar nada, al menos se limitaría a molestar lo menos posible.

Aún así, Damon se percató de su mirada de pánico y comprendió que separarse no era una opción viable.

-Bueno, ¿sabes qué? Mejor ven conmigo –cambió él de opinión-. Camina detrás de mí y no hagas ruido.

Nada más abrir la puerta, un grupo pequeño de unos cuatro zombis salió de repente asustando a Elena, quien retrocedió varios pasos aferrándose con fuerza a su pistola. Por su parte, Damon, que no pareció inmutarse siquiera, los eliminó con un cuchillo sin dificultad aparente, como si llevase toda su vida haciendo eso.

-¿Estás bien? –le preguntó el chico a Elena girándose para mirarla tras limpiar la sangre de su arma con la ropa de uno de los zombis que acababa de matar.

-S-sí –balbuceó ella-. Lo siento, es que… No me lo esperaba.

-Tranquila, ya te acostumbrarás.

-¿A verlos por todas partes?

-Sí, pero también a estar siempre alerta.

¿Estar siempre alerta? Esa idea no era muy alentadora para Elena, quien temía que esto se convirtiese en su estilo de vida y acabaría olvidando lo que una vez fue.

-¿Lista para entrar? –le dijo Damon llamando su atención.

-Hagámoslo –asintió ella en un acto de valentía.

Por lo que pudieron apreciar a primera vista, la tienda ya había sido saqueada, algo con lo que el chico ya contaba.

-Hay un sótano que actúa de despensa –le informó Damon a su cuñada, pues él, al vivir por aquella zona, conocía a los dueños del local-. Esperemos que allí haya algo.

Adentrándose en el interior, encontraron la puerta que daba al sótano. El chico dio unos golpecitos en la pared con la empuñadura de su cuchillo y se quedó un momento esperando. Elena no comprendió qué esperaba, hasta que vio un par de zombis subiendo las escaleras lentamente al estar medio descompuesto sus cuerpos.

-¿Quieres probar tú? –le propuso Damon a la joven, tendiéndole el cuchillo-. Están débiles, son fáciles de matar.

-No creo que sea buena idea –murmuró ella sin atreverse a coger el arma siquiera.

-Como quieras –dijo él encogiéndose de hombros indiferente, justo antes de atravesar ágilmente con su cuchillo el cráneo de uno de los zombis, para después hacer lo propio con el segundo-. Parece que no hay más aquí abajo, pero no te confíes.

Damon sintió que había gastado energías innecesariamente al ver que allí abajo tampoco había nada.

-Mira bien –le dijo a Elena-, tiene que haber algo. Lo que sea.

A la chica le pareció notar un tono de desesperación en su voz pero, como siempre, su cuñado mantuvo sus emociones a raya y no dejó que ella viese más allá.

La despensa no era muy grande, pero sí lo suficiente como para que cada uno fuese a inspeccionar una zona diferente y estuviesen a una cierta distancia del otro, siendo esta distancia lo más lejos que habían estado desde que se conocieron.

Elena estaba tan concentrada buscando entre las cajas vacías de una estantería que no se dio cuenta de que había algo en el suelo hasta que tropezó con esto. Al ver que se trataba de un cadáver ensangrentado y semi-descompuesto ya por el tiempo, la joven no pudo evitar dar un bote del susto. Pese a que ella no gritó, Damon se dio cuenta de que le había pasado algo y fue de inmediato hacia esta.

-Buen trabajo –la felicitó este al ver que el cadáver sostenía una lata de melocotones en las manos.

-¿Pero qué haces? –le riñó Elena al verle cogerla.

-Ya no la va a necesitar –se justificó él, limpiando la lata manchada de sangre en la ropa del muerto.

Sin más, retomaron la búsqueda de alimentos, pero no encontraron nada más. Viendo su "misión" fracasar, Damon se cabreó sobremanera consigo mismo, estado emocional que hizo visible al tirar una estantería con furia. Elena, preocupada por que el ruido que eso provocó pudiese llamar la atención de los caminantes, le posó una mano en el hombro esperando que eso lo tranquilizase como ya lo hizo con su pesadilla la pasada noche.

-Tranquilo –le susurró ella con dulzura-, ya encontraremos algo.

Damon respiraba con dificultad debido a la ira que recorría su cuerpo, pero poco a poco se fue calmando y recuperando una respiración más pausada. Al darse cuenta de que la chica le estaba tocando, se apartó bruscamente de ella como si quemara.

-No vuelvas a tocarme así –le advirtió él con dureza.

Esta reacción dejó sin palabras a Elena, quien no comprendía su comportamiento tan esquivo. Nada ayudó que Damon, al pasar por su lado para irse escalares arriba, lo hiciese con extremo cuidado para evitar rozarla siquiera.

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Continuaron caminando un rato más buscando algún lugar donde podría haber comida, pero no hubo suerte.

Al empezar a oscurecerse el día, comenzó a hacer algo de fresco. Damon vio que la chica, que llevaba una fina camiseta de tirantes, tenía frío.

"Siendo tan friolera, ¿cómo se le ocurre salir así a la calle?" protestó él para sí, mientras se quitaba su chaqueta para colocársela a la chica sobre los hombros.

-Ten, quédatela. A ti te hará más falta que a mí.

-Gracias –agradeció ella colando las manos por las mangas de la prenda para ponérsela del todo.

Empezaba a anochecer y no habían logrado encontrar nada más que aquella triste lata de melocotones. Damon sabía que sin comida, no aguantarían mucho, pero seguir caminando de noche era mucho más peligroso aún, por lo que decidió abandonar la búsqueda por ese día y centrarse en buscar refugio.

-Este parece un buen sitio para pasar la noche –dijo él al dar con una casa cuyas ventanas y puertas no habían sido destrozadas por saqueadores.

A pesar de ser un lugar aparentemente seguro, sí que encontraron algunos zombis en el interior, seguramente de la familia que allí vivía. Una vez más, Damon los eliminó sin problemas. Después, sacó los cadáveres de la casa y los acumuló en el jardín. Elena se llevó la mano a la boca afectada al ver que uno de ellos era una niña de no más de 8 años. Damon se percató de su reacción y tuvo que desviar la mirada hacia otro lado para no contagiarse de su sentimiento de pena.

-Vamos, tenemos mucho que hacer dentro –le dijo Damon a la joven, dándole prisas para que esta dejase de mirar los cuerpos sin vida de aquella pobre familia.

Una vez de regreso al interior de la casa, se dedicaron a cubrir todas las ventanas y puertas con sofás, sillas, muebles y cualquier cosa que tuviesen a mano. Como a ninguno de los dos les gustaba la idea de estar separados, por miedo a ser sorprendido durante la noche por un ataque zombi, cogieron un par de colchones de las habitaciones y los esparcieron por el suelo del salón.

-Ahora, a buscar algo que nos pueda ser útil –dijo Damon tras terminar de preparar las camas.

Como ya empezaba a estar muy oscuro el interior de la casa, la chica encendió la luz del salón, algo que enloqueció a su compañero.

-¿Estás loca? Apaga eso.

-Pero si ya casi no se ve nada… -se quejó Elena.

-Así solo atraerás a zombis y curiosos. ¿Quieres luz? Registra la casa y busca velas.

Mientras la joven registraba la planta baja buscando velas, Damon se dedicó a buscar arriba algún utensilio que les sirviese, encontrándose por sorpresa en la habitación del matrimonio con el libro "Lo que el viento se llevó". Él se quedó mirando la portada dudoso, sin saber qué hacer con aquel recién encontrado tesoro, pues se trataba de su libro favorito.

-Deberías cogerlo –le sugirió Elena, entrando en la habitación con una vela encendida en las manos-. Te vendría bien evadirte de esto un poco.

-Las distracciones son peligrosas –respondió él con voz fría, soltando el libro rápidamente.

Tras haber terminado de registrar toda la casa, ambos bajaron al salón y se sentaron sobre los colchones alrededor de varias velas encendidas para alumbrar el lugar. Damon sacó de su mochila la lata de melocotones y la abrió con una pequeña navaja que siempre llevaba enganchada a su cinturón.

-¿No quieres? –le preguntó a la chica, ya que esta dudó cuando él le ofreció la lata.

-Ahora vuelvo.

Elena salió de la habitación, para volver poco después luciendo una sonrisa de niña feliz en los labios mientras agitaba en alto un par de tenedores y dos bols pequeños de cristal, como si se tratasen de un hallazgo muy importante.

-Que el mundo que conocemos se haya venido a bajo –dijo ella tendiéndole uno de los tenedores al chico-, no significa que tengamos que dar de lado todo lo que hay en él.

Bajo la atenta mirada de este, Elena vertió el contenido de la lata entre los bols de forma igualada y ambos empezaron a comer. Ella estaba muy feliz y agradecida por tener algo con lo que llenarse el estómago aquella noche, algo que debía sin duda a su extremadamente serio compañero. Por su parte, Damon, al verla contenta, sonrió inevitablemente. Pese a sus intentos por ocultar su sonrisa, la chica la vio y sonrió aún más al haber podido al fin verle lucir esa hermosa sonrisa suya que ella siempre sospechó que tendría.