Notas Iniciales: Hola, aquí traigo el segundo capitulo. Gracias por pasarse por aquí nuevamente. No tenia idea de cual es el nombre original de la hermanita de Midorima así que se llamara Haruna en este fic; Haru-chan de cariño (?) De manera indirecta jugara un papel bastante importante en el desarrollo de la historia.

Disfruten

Capitulo 2.

Camino a las canchas de baloncesto de su secundaria, Midorima se tomaba la libertad de observar el paisaje escolar por el que caminaba. Era extraño, incluso para él como vice-capitán del equipo, caminar por esos pasillos tan tarde. El ambiente estaba más oscuro y sus pasos parecían crear eco en los salones junto a los que pasaba pero no estaba de más darle un pequeño recorrido al instituto luego de que faltaban pocas semanas para graduarse y, a decir verdad, se encontraba terriblemente inquieto de conocer el motivo por el que Akashi lo hubiese llamado al auditorio donde practicaban. Pensando en ello seriamente fue como llegó a su destino, empujando la gruesa puerta frente a él para verificar que efectivamente yacía abierta, probablemente con Akashi en el interior, aguardando por él. Aquello le causaba mala espina -después de todo él y Akashi habían dejado de hablarse ya hace días- y pese a que todo aquello le hacía formular sospechas nada agradables, empujó la entrada hacia el interior, descubriendo la silueta de Akashi casi al centro del enorme salón, siendo bañado por una muy tenue luz lunar que causaba cierta apariencia de pureza al pelirrojo, como una deidad atrapada en los delirantes encantos que entrega la soledad, y cuya imagen calló en Midorima como un balde de agua helada, logrando que se quedase pasmado junto a la puerta unos momentos hasta recibir la invitación exclusiva que sólo la mirada de Akashi podría entregar.

—¿Porqué me llamaste a este lugar?— exigió el más alto de los dos cuando la espera se hizo larga, frente a frente, asechándose igual que como dos enemigos declarados en plena guerra nuclear, resguardados por la oscuridad y por la quietud relativa de la iniciada noche

—Verás Midorima, sucede que tengo algo importante que decirte. No pensaba mencionarlo después de lo que sucedió, ni mucho menos ahora que no hemos interactuado lo suficiente para no hacerlo sentir algo apresurado

—¿De qué se trata?

—Midorima...— Akashi hizo una pequeña pausa, quizá seleccionando las mejores palabras o tal vez ahogando el nerviosismo que poner tales frases en su boca le ocasionaba —Me he dado cuenta de que estoy perdidamente enamorado de ti

La expresión indiferente e inmutable, que desde un principio había mantenido la guardia alta de Midorima, lentamente se fue quebrantando al notar la seguridad con la que su capitán lo decía. Un ojo carmesí envuelto en determinación junto al dorado que parecía quemar como una hoguera, misma que nació en el estomago del anonadado vice-capitán, de pronto encontrándose conmocionado por la confesión y por el extraño paralizis que lo atacó al tratar de encontrar duda en esos ojos que comenzaban a devorarlo, sin apartarle un segundo la mirada, volviéndolo mucho más inquieto y torpe para formular una respuesta coherente

—Y-yo...

—No necesitas decirme nada ahora, Midorima— le interrumpió Akashi cuando apenas se había decidido a hablar —Solamente quería que lo supieras. En realidad me apenaba decírtelo, pero cuando lo pensé un poco me dí cuenta de que no deseaba que termináramos separándonos de esta manera

—Pero, ¿desde cuando... ?— Midorima logró articular, su voz aún temblorosa, victima de la vergüenza

—No lo sé, pero supongo que se intensificó desde el día en que tú y yo nos besamos. No tenía idea de cuáles eran tus preferencias hasta que eso ocurrió, así que comencé a analizar mis propias emociones a partir de ahí

—Akashi...— dijo el otro avergonzado, con un calor insoportable acosándole las mejillas, ¿cómo era posible que Akashi dijera cosas tan vergonzosas sin tambalear, y con una sonrisa tan pura, cuando él no podía encontrar una forma de vencer la incertidumbre que estaba haciéndole difícil manejar su propia situación?

—Por eso, Midorima, hay algo que me gustaría pedirte

—¿Eh? ¿Qué es?

—¿Podría mantenerme en contacto contigo? Te enviaría mensajes de texto para recordarte mis sentimientos, por supuesto no sería siempre y tampoco sería necesario que los contestaras, leerlos y recordarme sería más que suficiente para mi

—¿Y porqué los enviarías de esta manera?

Akashi cerró los ojos un instante, evaluando un poco más el momento para después dibujar en sus labios una ligera sonrisa

—En preparatoria, es imprescindible que deberemos conocer e interactuar con otras personas, aprender de sus debilidades y fortalezas, ademas de estar decidido que nosotros nos enfrentaremos por el campeonato de baloncesto algún día y no debemos interponer nuestros asuntos personales en ello.

—Lo haces sonar como si fuera a rechazar tus sentimientos cuando estemos en preparatoria— el peliverde observó, acomodándose de forma cuidadosa los anteojos, anticipando una posible replica, pero Akashi sólo le devolvió la mirada para continuar con la conversación

—Es posible que se sea así, por eso para que no olvides todo lo que sucedió aquí, te lo recordaré cada vez que exponga mi presencia en la pantalla de tú teléfono móvil... —.

Camino a su residencia, el lanzador estrella de la preparatoria Shutoku se encontraba sumergido en el desorden de la distracción. No recordaba cuándo había sido la última vez que se hubiese sentido de esta manera, a punto de perder absoluto control sobre su cordura, amenazado por la sensación de estar cometiendo un error grave ascendiendo a delito. Las calles de pronto se sentían solitarias, como si la concurrencia de personas no significara nada para el sitio donde caminaba. La zona en sí siempre era blanco de concurrencias y multitudes, personal de diferentes empleos que iban y venían con pasos lentos o pasos rápidos, civiles comunes con existencias comunes aunque quizás era por causa de su reciente experiencia que ahora no le molestaba moverse descuidadamente para esquivarles. Si era sincero consigo mismo, se atrevía a admitir que la confesión de Takao le tomó por absoluta sorpresa, se esperaría de todo, cualquier cosa por parte del bromista y desesperante de Takao, quien siempre hacia uso de su excesiva energía para gastarle en carcajadas escandalosas, pero nunca una confesión de amor tan directa como la que hubo dado lugar hace instantes y debido a ello no fue capaz de cargurar palabra alguna cuando este tomó la delantera balbuceando frases incomprensibles que al final se reducieron a un terrible juego de palabras. Cuando separaron caminos, Midorima había recordado aquella noche en la cual Akashi le habia dicho sus verdaderos sentimientos, aseguradose de poseer un lugar en su mente desde la primera vez que recibió el mensaje de texto acordado por los dos:

"En este sitio no crecen cerezos, todo luce tan mecánico y está muerto para mi, supongo que pensarte me ha ayudado para resistir esta condena, Midorima... te amo"

Aunque ya lo sabía, leerlo de nuevo lograba ponerlo nervioso, sobre todo al saber que efectivamente era Akashi el autor de todas y cada una de esas frases, porque se leían tan hermosas pero tan tétricas como su personalidad lo demandaba, cortesía de ambos Akashi's. Llegó a pensar que pronto se acostumbraría a esos versos pero la idea murió junto a las esperanzas de olvidarse de su promesa y ahora también estaban los sentimientos expuestos de Takao.

Suspiró con fuerza, desconociendo el sentimiento por completo, deseando encontrar solución a este problema en los ejercicios de matemáticas escritos en la libreta o en los textos de reflexión en los libros relacionados al Civismo. Rendido, cerró sus apuntes ya resueltos y se movió por su habitación para dejar en un estante su objeto de la suerte, junto a toda una hilera de ellos que yacen clasificados en diferentes colores y formas, ya que él suele ser muy meticuloso para estas cosas se siente un simple aficionado cuando un pensamiento esporádico le cruza la mente, pues si se suponía que siempre buscaba servirse de la suerte y amaestrar su destino, ¿porqué nunca ha revisado en los horóscopos de cáncer su amuleto para los romances? Quizás porque colocó como en único importante plano el asunto de los partidos o porque creyó que nunca sería alcanzado por una situación similar. Takao o Akashi. Conteniendo el aire de forma exasperada se preguntaba, ¿en que momento sucedió? No recordaba indicios de esto en el pasado, nada salvo roces superficiales, miradas cargadas de emociones extrañas, un encuentro ocasional sin importancia de sus labios con el aliento contrario y... abrió los ojos, de pronto deseando lanzarse por la ventana del cuarto. Sí había estado recibiendo vibraciones de esa clase anteriormente, ¿cómo demonios lo estuvo ignorando sin la menor culpabilidad? ¿Acaso sería él quien causó todo eso? ¿De qué forma? Puede que fuera comprensible con Takao pero, ¿con Akashi? Apretó la dentadura con intenciones de adherir los dientes inferiores a los superiores. Para empezar, ¿en qué momento Takao decidió ser gay? No recordaba que se lo hubiera dicho, pese a que solían verse acompañados gran parte del día. Akashi le había mencionado su orientación sexual una vez pero, ¿y Takao?

—Hermanito

La voz dulce, tímida y cargada en inocencia le hizo sobresaltarse, girándose en dirección a la puerta con el corazón palpitando a mil por hora mientras notaba la conocida imagen de su pequeña hermana parada cual muñeca de extrema finura en el contorno de su puerta, y sus ojos observando a su querido hermano sin comprender el motivo de su repentino miedo hacia ella

—Con que estabas aquí— dijo Midorima recuperándose del susto con la mayor seriedad que fue posible al pretender que iba acomodarse los anteojos —¿Qué quieres? Estoy muy ocupado justo ahora

—Si, no eran mis intenciones interrumpirte ni nada por el estilo, es sólo que... cuando te dí la bienvenida caminaste a tú cuarto sin responderme, por eso yo... me preocupé— habló la chica con completa sinceridad, uno de sus codos posado en el antebrazo derecho y sus dedos tocando tímidamente el centro de sus labios en un gesto tembloroso, por lo que Midorima decidió dejar de comportarse frio como solía para calmarla, ella siempre le ganaba inyectando ese rastro de ternura en su corazón que nadie más en su familia lograba atravesar, después de todo Haruna era más linda que cualquier otra persona

—Bueno... — desvió la mirada para evitar que su hermana se diera cuenta de la expresión conmovida que había puesto en el rostro, suavizando el tono —... no me sucede nada, descuida, tansolo estuve un poco pensativo cuando llegué

—¿Ocurrió algo malo?

—No en realidad, es más un conflicto de hombres

—¿Sentimental?— cuestionó la peliverde curiosa, sin sospechar que tratar de indagar tansolo un poco en los pensamientos de su hermano lograba que terminara encontrando muy fácilmente el incentivo correcto para hacerlo alterar

—¡¿Porqué lo sería?!

—Si no es el baloncesto lo más factible es que se trate de un asunto sentimental, ya que eres muy torpe para entenderte con la gente

—¿Y según tú soy malo para relacionarme?

—No, pero fue apenas en secundaria cuando comenzaste a actuar menos antisocial que antes, y de igual manera te volviste mucho más obstinado— aunque no existía real acusación en el comentario de Haruna, las indirectas se clavaron como flechas envenenadas en el pecho del mayor, haciéndole ver cuán patético era tras esa coraza de apariencia supuestamente impenetrable. Midorima no sabía si su hermana trataba de no ser amable con sus palabras o si sólo era descuidada para hablar —Y me parece que todos tus problemas amorosos dieron inicio cuando entraste al club de baloncesto, ¿no es así?

La simple mención de amor hizo que el rostro de Midorima adquiriera un reconocible rubor delator en las mejillas, pero no mencionó nada al respecto, se limitó a desviar la mirada en silencio mientras la insistente mente de la chica se abría paso entre el misterio que su hermano planeaba acrecentar

—Oh, ¿podría ser que al fin mi hermano consiguió novio?

—¡Como si pudiera!— replicó Midorima finalmente rompiendo con su postura controlada, en contraste a la mirada risueña de su hermana menor. Hacía mucho tiempo para Midorima que se hubo sincerado con Haruna sobre su orientación sexual, después de todo no le guardaba secretos a ella pues de alguna manera se había echo cargo de su cariño cuando repentinamente de pequeña se volvió más apegada a él, y aunque al principio la inocente niña no lo comprendió del todo, recién entrada a secundaria entendió que a su hermano le gustaban los hombres así como a algunas de las chicas de su edad les gustaban otras chicas, aunque aún tuvieran miedo de aceptarlo

—¿Entonces qué fue lo que sucedió? Mi hermano no puede estar distraído así por nada— dijo mientras se adentraba a la habitación y tomaba asiento en la cama deliberadamente —Puedes contármelo si quieres. Para eso son los hermanos, ¿no?

Sonrió, una sonrisa delicada y brillante que para Midorima significó una punzada de confianza que le hizo bajar la guardia en cuestión de segundos. Empujó sus lentes hasta que sintió a los cristales chocar contra sus pestañas y se dio cuenta de que no debería de hablar de esas cosas con su pequeña hermana, era algo degradante si consideraba que él era mayor y sus pensamientos superaban por mucho a los de la tierna e ingenua cabeza de una niña de próximos 14 años pero, tal vez sólo quería disiparse de tantas ideas que lo estaban comprimiendo igual que una pasta de laboratorio pero también cabían las esperanzas de que la fluidez natural de una mente femenina pudiera darle buenos consejos con los cuales guiarse para actuar de manera apropiada ante ese tipo de relaciones, porque bien, él había llegado a recibir cartas de admiradoras secretas, sostenido de poco una relación heterosexual antes de darse cuenta cuáles eran sus preferencias, pero jamas había sabido manejar un problema como por el que estaba ahora pasando. Era cierto que le costaba trabajo reaccionar ante estas situaciones, pero eso sería algo que nunca diría.

—Haruna, ¿recuerdas a Takao?

—Humm... ah, es ese chico ruidoso que forma parte del equipo, ¿cierto? El bajito que te envía los pases— inquirió la menor luego de una pequeña pausa para indagar en sus recuerdos sobre los partidos de baloncesto a los que su hermano la había invitado asistir

—Así es

—¿Pasa algo con él?

—Recientemente me he enterado que le gusto

—¡¿Ehhh?! ¡¿Enserio?!— exclamó la chica sonrojada, Midorima tuvo que hacer su mejor esfuerzo para reprimir un suspiro, ya había esperado esa reacción por parte de su hermana, después de todo se trataba de una adolescente curiosa —¿Y él mismo te lo dijo?

—Bueno, lo hizo camino aquí

—¡¿De verdad?!— Haruna tomó una nueva posición sobre la cama en dirección a su hermano, impaciente por continuar escuchando —¿Y qué fue lo que le dijiste?

Los hombros al mayor se le tensaron, dándose cuenta de que realmente no tenía una respuesta especifica a esa interrogante, comenzando a sentirse intimidado por la mirada hambrienta de curiosidad que Haruna le dedicaba; desvió la mirada

—Bien, no pude decirle nada ya que él se negó rotundamente a escuchar

—Ya veo— asintió la menor, mostrándose momentáneamente decepcionada por las palabras de Midorima pero que casi al instante prosiguió devolviendole una mirada de ligera insistencia —¿Y tú qué piensas, hermano?

—¿Qué pienso?— cuestionó el mayor parpadeando confundido un par de veces

—Sobre ese chico: Takao— dijo Haruna procurando darse a entender de forma correcta —Dime, ¿él te gusta o no te gusta? ¿Cuáles son tus sentimientos respecto a él?

«Sentimientos... » en realidad Midorima no estaba seguro de lo que sentía por Takao, todo este tiempo que había estado conviviendo con él no se había molestado en identificar cada una de las emociones que llegaba a provocarle, aunque la mayoría de ellas giraran entorno al enojo que le causaban sus insistentes risas burlonas. Con Akashi no era diferente, todo el ciclo escolar de secundaria no había pensado en él de otra forma que no fuera por compañerismo, amistad respectivamente, pero nunca emociones que le comprometieran de lleno a una relación. Con ambos habían existido roces fuera de lo común. Los labios de Midorima se habían rozado con los de Akashi en un corpulento beso que podría considerarse incluso inaccesible, pues jamas había intentado tocar a Akashi durante el beso y no había sido obra más que de un impulso que le causó ver los ojos carmesí tan atentos, tan cerca como para impedir que alguno escapara a esa atmósfera tan extraña, la suficiente delirante para evitar que se arrepintiera y cerrando un contacto tan intimo que logró devorar la poca cordura que mantuvieron.

Habia besado a Takao también, no de la forma en que besó a Akashi, pero de alguna manera logrando hacer que lo pudiera disfrutar, el aliento del pelinegro siendo tan caliente y sus labios inquietos como un gato en plena cazeria, se habían abalanzado hacia él con la intención de robarle el aire, jugueteando con su boca de manera coqueta, bastante coqueta había que mencionar, terminando el contacto por Midorima tras darse cuenta de qué era realmente lo que sucedía y a quién pertenecía esa boca curiosamente insaciable.

Pensar en sentimientos era una tarea difícil para él en ese momento, no sabiendo siquiera el origen de estos roces significativamente importantes, por lo que no podría responder a la pregunta clave que le ofrecía Haruna y quitarse de encima el ligero dolor de cabeza que comenzando a punzarle en las venas de la frente aseguraban una muy mala noche para él, ¿qué sería lo que haría para comprenderlos y comprenderse? No lo sabía.

—¿Hermano... ?— le nombró la pequeña cuando el silencio se extendió, observando la sombría silueta del mayor y queriendo averiguar qué era lo que pasaba por su mente para tenerlo asi de distante

—Para ser sincero...— inició de pronto, dirigiendo sus pasos a la cama para sentarse junto a ella, con la mirada cabizbaja y tres dedos sosteniéndose en los bordes negros de sus lentes —... no lo comprendo muy bien... — aceptó; Haruna no tardó en verse sorprendida —Haruna...

Su nombre acariciado genuinamente por los gentiles labios de Midorima logró que se pusiera mucho más alerta, de pronto nerviosa por las palabras que su hermano fuese a decirle

—... sí conocieras los sentimientos de dos personas hacia ti, pero a ninguno le hayas dado una respuesta concreta, ¿qué harías?

Midorima la miró entonces, notando que ella se había paralizado, sus mejillas tiñiendose de rojo en tonos cada vez más altos hasta finalmente quedar roja por completo. Midorima se asustó de inmediato, mucho más cuando repentinamente la niña desfalleció en su cama, victima de una ráfaga mortal de emociones e ideas

—¡Oye!— exclamó el mayor con seria preocupación y de un movimiento rápido la sostuvo entre sus brazos queriendo devolverla a la vida y aunque no hubo respuesta a ninguno de sus cuestionamientos, ella le dio a saber que seguía viva con débiles gemidos libres a la interpretación. Desde ese momento, Midorima se recordaría no intimar demasiado en un tema que platicase con su pequeña hermana o se verían obligados a internarla en un hospital para tratar la fiebre por el resto de su joven hormonal vida.

Después de dar un increíble trago de agua en un lindo termo verde -cortesía de los objetos de la suerte que Midorima guardaba desde su anterior mes- la pequeña peliverde inspiró un fuerte suspiro satisfecho. Sus mejillas aún sonrojadas formaron dos curiosas «chapitas» cuando su sonrisa se mostró recuperada

—¿Ya te encuentras mejor?— se aseguró Midorima a su lado, su ceño fruncido un poco más relajado que antes luego de tremenda agitación

—Si. Gracias hermano— Haruna se giró para mirar el termo de curioso diseño infantil y agregar —Gracias a usted también, señor rana

—Ya deberías irte a la cama. Hoy ya es tarde y mañana tienes practica de canto, ¿no es así?

—Oh, si— asintió la menor mientras observaba a Midorima levantarse e ir hacia el estante para abandonar el termo junto a una figurilla de acción recomendada por Oha-Asa la segunda semana de ese mes

—Hermanito...

—¿Qué quieres?

—Pues... perdona que insista, pero, ¿qué harás para responder a los sentimientos de esos chicos?— no hubo respuesta por lo que la menor prosiguió —Entiendo que ahora mismo la situación te haya tomado desprevenido y que no tengas ya una respuesta, pero... si fuera yo uno de ellos me gustaría que me dijeran algo antes de que fuera a ilusionarme... no quiero decir que te presiones pero porfavor piénsalo cuidadosamente. Averigua qué sientes por ellos dos

Midorima le entregó al fin una mirada, sorprendido por la madurez con la que ella hablaba ocasionalmente, sin poder creerse todavía que era esa misma niña la que solía llorarle antes cuando se retrasaba de llegar a casa, ¿cómo podría manejar un sentimiento así?

—Lo haré. Vete a dormir— replicó como única respuesta, su voz neutra y sus dedos empujando sus anteojos nuevamente. Haruna asintió sonriente, acostumbrada a esas secas palabras y se retiró a dormir, dejando atrás a cierto peliverde que yacía extendiendo una leve pero sincera sonrisa en los labios.

Continuara...