Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente.
Wow *_* muchas gracias por sus reviews del otro día, sois una pasada, muchas gracias, no pensé que os fuera a gustar, bueno, como lo prometido es deuda, aquí os dejo el siguiente capítulo, espero sus reviews, nos leemos a bajo.
Título: Perdido.
Capítulo 2: Regreso al pasado.
Bella llegó a Forks a las 8:00 de la mañana, Charlie Swan, agente de policía del estado de Forks la esperaba uniformado en la salida, al verle, se emocionó, hacia unos cuantos meses que no le veía, desde que Anthony había nacido, pero que para ella eran como años. Anthony se removía en sus brazos inquieto.
-Hijo, por dios, para un rato quieto - le dijo al niño que la miró extrañado, no comprendía nada.
Al llegar a donde Charlie se encontraba este se dio cuenta y corrió hacia ellos haciéndole soltar la maleta y fundirse en un abrazo estrujando a Anthony que molesto chilló, tanto Charlie como Bella se rieron de la reacción de Anthony y este los imitó, a Charlie parecía caérsele la baba.
Bella le pasó a Anthony a su padre y ella cogió la maleta. Charlie lo cogía con miedo, como si tuviera miedo de que se le cayera.
Bella no tenía fuerzas ni para suspirar cuando se metió en el coche patrulla de Charlie, estaba tan cansada que casi ni veía, había estado durante todo el vuelo despierta, no había dormido en toda la noche. Se sentó en el asiento del copiloto con Anthony en su regazo y Charlie condujo.
Se hizo el silencio y después de veinte minutos sin decir nada, el silencio se hizo incómodo.
-¿No vas a decirme nada? - preguntó Bella agarrando fuertemente a Anthony que yacía dormido en sus brazos.
-¿Qué quieres que te diga Bells? - le devolvió la pregunta Charlie parándose en un stop.
-No sé, cualquier cosa.
-No tengo nada que decirte cariño, es tu vida y tu puedes hacer lo que quieras con ella, tienes veinticuatro años, no eres ningún bebé ya - le contestó acariciándole la mejilla, se había parado en un semáforo en rojo.
-¿Quizás un " te lo dije"? Me sentiría mejor si me lo dijeras.
-Pues, te lo dije Bells - le contestó Charlie y una sonrisa asomó por sus labios, Bella suspiró y sonrió también.
En unos pocos minutos más llegaron a la casa que en su infancia había compartido con su padre los veranos, todos los veranos hasta que tuvo trece años y pudo decidir qué hacer y que no.
La casa seguía tal cual la recordaba, tejado azulado, vayas blancas, ventanas marrones... nada había cambiado en el exterior.
Charlie salió del coche y segundos después estuvo a su lado, estiró los brazos pidiendo permiso para coger a su nieto y Bella no se lo negó, sabía que se volvía loco por Anthony.
Salió y sacó la maleta azul del portabultos en lo que Charlie abría la puerta con el pequeño Anthony en brazos. Bella llegó al porche y con piernas temblorosas entró en la casa que tanto le había gustado de pequeña. La casa era pequeña, pero hogareña y acogedora y para Anthony, Charlie y ella estaría bien, no necesitaba mucho más, no necesitaba la mansión Cullen para vivir, era horroroso vivir allí.
Entró y dejó la maleta en el suelo mientras cerraba la puerta y contemplaba la casa, los muebles marrones de siempre ya no estaban, en su lugar habían sido reemplazados por muebles blancos extrañamente modernos, Charlie no iba con la moda, o al menos no antes, en el salón, que podía contemplar desde aquí, había una gran pantalla de plasma, seguro para ver los partidos - pensó Bella sonriendo, al menos en eso no había cambiado.
Miró la cocina, era pequeña, pero bonita, al fin cocinaría ella, no que a ella le apeteciera comer, no lo que las señoras que se encargaban de la mansión quisieran, ahora tendría voto de decisión en su vida - pensó.
Charlie se enseñó toda la casa, el gran jardín verde que para Anthony era perfecto, porque no era inmenso ni tenía muchas cosas plantadas, habían dos baños, dos habitaciones, su habitación, Charlie la había remodelado cuando se enteró de que vendría, puso una cama de pequeña en la que ella cupiera bien pero no quitó la cuna, a Anthony le vendría bien, vació los armarios de sus cosas y le dejó un baños libre, las cortinas antiguas de animalitos infantiles fueron reemplazadas por unas de color violeta maravillosas y había dejado los dibujos que ella le hacía de pequeña cuando estaba con él en verano, cada uno tenía su historia.
Se giró y le sonrió, Charlie estaba en el marco de la puerta, apoyado y mirándola mientras sostenía a Anthony en sus brazos.
-¿Te gusta? - le preguntó esperanzado.
-Me encanta - le respondió ella.
-No es tan lujoso ni tan grande como lo era tu antigua casa, ahora no tendrás a nadie que te haga la comida ni a nadie que te froté la espalda, ni sirvientes que estén a tu disposición ni...
-Para, para papá - le dijo Bella cortándole el discursito a su padre- no quiero nada de eso, vine huyendo de ello, solo quiero... - miró a Anthony- solo quiero que él sea feliz, Anthony es lo único que me queda junto a ti y... no quiero perderos, no me hace falta nada de Edward, de hecho, espero no volver a verlo nunca jamás - dijo y cerró los ojos al recordarlo, al pensar en él.
Anthony empezó a llorar y a retorcerse en los brazos de su abuelo, Charlie se acercó a ella y con cuidado se lo dio. Bella lo cogió y le puso su pequeña carita en su hombro y caminó de un lado al otro frotándole la espalda, Charlie los miraba maravillado, ¿Cómo se podía haber perdido aquello por tanto tiempo?
Se disculpó porque la obligación lo llamaba, tenía que ir a trabajar, que si no, se quedaría todo el día allí con ellos, viéndolos sonreír y hablar, estaba contento y a la vez molesto y enfurecido, contento porque su hija y su nieto se quedaría con él, molesto por Bella, porque sabía que o estaba pasando mal y enfurecido por el hijo de la mala madre de Edward Cullen, por culpa de ese cabrón su hija estaba sufriendo y no se lo perdonaría en la vida, es más, como se le ocurriese pasarse por aquí, se vería obligado a usar la fuerza contra él.
Edward no pegó ojo en toda la noche, ni siquiera rozó la cama, estuvo toda la noche en su despacho, sin hacer nada, mirando a la nada, sin mover ni un músculo, Bella le había desafiado y lo había subestimado y lo peor de todo era que se había llevado a su pequeño, ¿Como pudo haber hecho eso? Si ella quería irse, adelante, tenía las puertas abiertas de par en par, pero Anthony era de él, y la había fastidiado llevándoselo, porque no descansaría hasta encontrarlos.
No sabía los motivos de Bella para irse, pero si sabía una cosa, que lo había abandonado y con creces lo pagaría.
Tocaron a la puerta y Edward se recompuso en su sillón.
-Pase - dijo con voz intransferible, no le haría saber a nadie su estado de ánimo.
-Edward, el detective Garret ya ha llegado - le dijo Athenodora desde la puerta de su despacho.
-Hágale pasar.
Minutos después Edward Cullen se encontraba sirviéndole una copa de whisky al detective que iba a llevar el caso de Bella.
Se encontró contestando con furia a las simples preguntas de Garret, frustrado y carcomido por la rabia, cada minuto, hora o segundo que pasaba más se aferraba a su cometido de encontrarla y hacerle pagar todo por lo que estaba pasando, él no se merecía eso, le había dado de todo, ropas y joyas carísimas, riqueza, popularidad, importancia, un hijo, ¿Qué más quería esa odiosa mujer? Pero lo que Edward no sabía era que lo único que Bella pedía era cariño, y eso nunca él se lo dio, si cariño él llamaba a hacer el amor, eso si se lo dio, pero nunca le dio el cariño que una mujer buscaba en su esposo.
Cuando el detective se fue Edward subió a su habitación a dormir un poco, pero tampoco pudo, todo le recordaba a ella, su cama, su olor, todo era ella, ¿Por qué pensaba en ella? Ella le había abandonado, seguro para irse con cualquiera. Su rabia aumentaba por momentos y así consiguió quedarse dormido, pensando en que estaría haciendo ella ahora.
Bella había dormido todo el día y toda la noche de un tirón, supuso que Charlie se había encargado de Anthony porque este no había rechistado, ya hacía dos días que estaba lejos de la prisión en la que Edward la tenía encerrada y se sentía... no sabía ni como describir esa sensación, era vacío, odio, temor, eran muchos sentimientos enfrentados.
Se quitó el pijama que llevaba puesto y sacó de la maleta azul, que todavía no había deshecho unos vaqueros ceñidos y una sudadera gris, llegó a la cuna de Anthony y se calzó con sus converse blancas que descansaban al lado de la cuna.
Bella bajó las escaleras lentamente, paso por paso, intentado identificar los extraños ruidos que hacía Charlie, el ruido le llevó a la cocina, pero se paró antes de entrar ya que lo vio hablando con su hijo.
-¡Hay Anthony! – exclamó Charlie a la nada- ¿Qué haremos ahora? Mamá no está pasando por un buen momento, ¿Tú lo sientes verdad? Sé que es así, tenemos que ayudarla – miró al niño que jugaba en el suelo con un conejito de peluche- te pareces tanto a ese capullo Anthony, tienes sus mismo ojos, su mismo pelo – suspiró y cogió al niño en brazos - solo espero que no seas igual que él, tú papá no se portó nada bien con tu mamá, pero tranquilo, saldremos de estas – le decía Charlie al niño mientras le daba un beso en la frente.
Anthony vino a Bella a la entrada de la cocina y estiró sus pequeño bracitos hacia ella, Charlie dirigió la mirada hacia donde el niño mirada y se quedó rígido a ver a su hija con los ojos fuertemente cerrados y los puños a los costados.
Anthony pataleó para ir con su madre y Charlie la llamó.
-Bella.
Su hija abrió los ojos y pudo ver en ellos sus ojos chocolates martirizados por las lágrimas y el recuerdo.
Llegó hasta donde ellos y le dio un beso a su padre en la mejilla y cogió a Anthony.
-Buenos días bebé – dijo simulando una sonrisa- ¿Te cuida bien el abuelo Charlie? – siguió diciendo y Charlie sonrió ante la escena que le aparecía en sus ojos, Bella era tan cariñosa con su hijo, se sentía orgulloso por ella aunque las cosas no le habían salido muy bien.
-He hecho crepes, como sé… como sé que te gustan – dijo Charlie de repente nervioso, ¿Y si ya no le gustaban?
-Gracias papá, me encanta – dijo Bella y le pasó a Anthony para ella poder comer.
Charlie observaba a su hija comer con su nieto en brazos, parecía tener mucha hambre, se preguntó cuánto tiempo llevaría sin comer. ¿Sería por culpa de ese capullo? No quería saberlo, porque acabaría cometiendo un asesinato.
Cuando Bella terminó de comer Charlie creyó que era el momento necesario de hablarle de Sue.
-Esto… Bella – dijo Charlie haciendo que su hija se diera la vuelta en el fregadero, limpiaba la loza.
-¿Si?
-¿Te acuerdas de… Sue? – preguntó nervioso.
-¿Tú novia? – Sonrió Bella, sabía que le costaba a su padre decir eso - ¡Claro que me acuerdo de ella! Es una mujer fantástica.
El viejo jefe de policía suspiró aliviado.
-¿Pasa algo, papá? - preguntó Bella dejando los platos a un lado.
-No, es solo que… es solo que le dije que estarías por aquí y…
-¿Y? – inquirió Bella con desesperación.
-Nos invité a comer, siento no haberte dicho nada antes, pero es que no creí que era el momento adecuado, ya sabes que tú… bueno, no estás pasando por un buen momento, puede que te moleste porque no quieres estar rodeada de mucha gente…
-¡Dios bendito Charlie! – Gritó Bella sobresaltando a su padre- hablas más que aquella viejita de Phoenix, ¿Te acuerdas de ella? ¿Recuerdas que nos reíamos con ella porque hablaba mucho y muy rápido? Pues tú eres igual papá – dijo Bella sonriendo y dándole un delicado beso en la mejilla a su padre.
Tocaron a la puerta y Bella se puso tensa, miró a Charlie con unos ojos inquietos y cogió a Anthony de entre sus brazos.
Charlie pudo notar el miedo en los ojos de su hija y sabía muy bien porque era, tenía miedo a que fuera su esposo, Edward, por mucho asco que le diera decirlo así, Edward Cullen era su esposo y él ya lo había aceptado aunque no estaba de acuerdo.
-Yo abro Bella, tú quédate aquí – dijo saliendo de la cocina.
A Bella el pánico le asaltó, ¿Y su fuera Edward? ¿Qué iba a hacer? Seguro él le gritaría y buscaría venganza por haberle subestimado, nadie puede abandonar a Edward Cullen, eso solo lo puede hacer él, era una persona demasiado posesiva y caprichosa.
-¡Billy, Jacob! – gritó Charlie para que Bella lo escuchara y esta se relajó en la cocina.
Aflojó el agarre de Anthony y puso su mejor sonrisa, salió al salón para recibir a los invitados de Charlie.
Jacob Black se sorprendió al ver a Bella, sabía que era la hija de Charlie y que venía a pasar una temporada con él, y también sabía que era la misma niña infantil que juagaba años atrás con sus hermanas en la playa de La Push, pero esa niña parecía haberse quedado atrás, ahora era toda una mujer, ¡Y vaya que mujer! – pensó Jacob mientras le hacía un escaneo. Al ver al bebé se paró.
-Bella cariño, estos son Billy Black y su hijo Jacob, tú jugabas con sus hermanas en las Push, en la playa, ¿Recuerdas? – dijo Charlie.
Bella se acercó a Jacob y a Billy y le pasó el niño a su padre.
-Sí, me acuerdo, ¿Rachel y Rebecca, no? – Jacob asintió- encantada de volveros a ver estrechó la mano de Billy y luego se la tendió a Jacob.
Jacob, tembloroso ante la naturalidad y la belleza de esa chica que tenía enfrente le estrechó la mano con cuidado, parecía tan frágil, tan delicada, era como un muñeca de porcelana a la que si apretas mucho puede romperse.
Edward salió de su despacho por primera vez después de dos días, dos largos días que habían sido una asquerosidad, no había conseguido pegar ojo bien y le estaba pasando factura, tenía un aspecto desaliñado, con barba de dos días y sopas harapientas, él los trajes solo los usaba una vez un par de horas, y ahora llevaba dos días con el mismo.
Llegó al salón principal y mandó a llamar al cochero, Mike Newton.
Mike llegó con un ojo hinchado, el labio partido y una ceja también, y tenía la mano en el costado derecho.
-Te voy a dar una última oportunidad, ¿En dónde está mi esposa? – preguntó calculadoramente.
-¿En realidad deseas saberlo? ¿O es solo venganza Cullen? – se atrevió a contestar Mike.
-¿Venganza? ¡Qué sabrás tú niñato! – contestó Edward.
-No soy ningún niñato Cullen, y eso tú lo sabes, tengo la misma edad que tú, ¿O no recuerdas nuestra humilde infancia? – preguntó con malicia Mike.
Edward Cullen, antes de ser el poderoso empresario sin tiempo para su familia como lo era ahora, había sido un humilde chiquillo con un padre pintor que pensaba que de la pintura podía pagar sus facturas, pero se equivocó, Mike había sido amigo suyo de toda la vida, desde la infancia y cuando los Cullen empezaron a hacerse poderoso, la madre de Edward, Esme Cullen había acogido a Mike como cochero en la casa.
Maldita en la hora que mi madre se apiado de él- pensó Edward mientras fulminaba con la mirada a su amigo de la infancia.
-Si bueno, ya ves, pero al parecer los años no pasan igual para todos – dijo Edward con superioridad.
-Es verdad – comentó Mike sin quedarse atrás- tú eres mejor Edward – Edward sonrió ante lo dicho por Mike, parecía que estaba dispuesto a colaborar- tienes veintinueve años y ya has conseguido que tú esposa te abandone llevándose a vuestro hijo, aplaudo por ello.
Eso fue un golpe muy bajo a lo que Edward respondió estampándolo contra la pared, se abalanzó contra él pero esta vez Mike no se quedó quieto, no pensaba quedarse inmune ante los golpes de furia de su patrón, estaba harto de que Edward Cullen, el que un día, un día muy lejano había sido su mejor amigo, ese mejor amigo con el que tantos sueños compartió, tanto planes de futuro hicieron, ese mismo Edward Cullen que ahora era un hombre frío, cínico, materialista y al que el aborrecía con todas sus ganas.
Athenodora y las demás personas del servicio de la casa consiguieron separarlos, Mike sangraba a borbotones y Edward no se quedaba atrás, al parecer se había metido de zurradas por igual.
-Vamos a curarte Edward – dijo Athenodora poniendo su pequeña y arrugada mano en el pecho del que un día fue el niño de sus ojos.
-¡Quiero a ese desgraciado fuera de mi casa, YA! –gritó Edward fuera de si antes de irse con Athenodora al cuarto de las curas
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-¿Y recuerdas cuando te caíste por la montaña para abajo Bella? – Preguntó Rachel Black al aire- ¡Casi me muero!
Todos los presentes en la pequeña salita de la casa de Charlie rieron, estaba recordando viejos tiempos.
-Ahora os reis – dijo la aludida- pero en ese entonces lo pasamos mal, todavía tengo la cicatriz en el cuello –dijo.
-Yo recuerdo que me tuve que quitar la camiseta para que te secaras con ella en lo que llegábamos a casa – interceptó Jacob.
-Sí, lo siento, todavía me acuerdo, tú camiseta de Toy Story, prometo encontrarte otra – dijo Bella sinceramente.
-No hace falta, no seas boba.
Bueno, segundo capítulo…
Tuve que cortar el capítulo aquí, es de ocho páginas, pequeño lo sé, pero bueno, debía cortarlo, si no se revelaban muchas cosas que mejor dejarlas para el próximo capítulo (:
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Un beso y un saludo, os quiero.
