Capitulo 2

A Little Lady's Lullaby

"¡Ratas, voy tarde!" -Wallace corría de un lado a otro en su pequeña habitación. Tomó una mochila vacía y... ¿Qué era lo que debía llevar? Juan no le dió una explicación exacta acerca de qué era lo que iban a hacer, así que no sabía cómo prepararse. En fin, gracias a la hora y al súbito arranque de adrenalina proporcionado por 2 litros de refresco, el muchacho tomó un cuaderno, un lapiz, medio sandwich y salió a toda velocidad.

Sin siquiera despedirse de su padre, salió por la puerta principal cual alma que se lleva el diablo, rápidamente emprendiendo carrera por las transitadas calles de Goldenrod City. Su mano viajó pocos centimetros de su rostro, para poder ver claramente la hora en el reloj de su muñeca.

"Joder, otra vez se atascó." -Maldijó el joven, antes de romper la vieja correa del aparato para lanzarlo lejos.- "Don Juan no luce como una persona paciente. ¡Quién sabe lo que me haga si llego tarde!"

Un par de vueltas aquí, un cruce allá y Wallace parecía no avanzar. La desesperación y la cafeina se acumulaban en el a tal grado que deseó poder gritar a los cielos cuanta maldición viniese a su cabeza, pero entonces, en medio de toda su neblina de estrés, encontró a un ángel... montado en una vieja bicicleta y con una guitarra colgando de su espalda.

"¡Shio!" -Gritó Wallace. El aludido estuvo a punto de girarse a encarar al joven Mikuri, pero este último no le dio tiempo, al montarse inmediatamente en el viejo artefacto.- "Necesito que me lleves a la Academia de Bellas Artes, ¡Pronto!"

"Eh... y tú eres..." -La mirada en el rostro de Shio era exactamente igual a la de un perrito perdido; confundido y un poco asustado. Wallace soltó un pesado suspiro y gruñó un poco.

"Te lo diré en un rato, ahora necesito que me lleves a la Academia." -Ambos se miraron estaticos durante unos segundos más, hasta que el muchacho ojiambar se encogió en hombros y pedaleó con todas sus fuerzas.

Fueron 20 minutos en los que Shio pedaleó, cargando con cerca de 100 kilogramos de peso muerto, maneobrando por las calles de la ciudad con un torpe navegante que no sabía distinguir la izquierda de la derecha aunque su vida dependiera en ello. Finalmente, Wallace gritó el alto con todas sus fuerzas y bajo del vehiculo para impactar de lleno contra el enrejado del instituto.

"¡Está cerrado! Maldita sea." -Poco a poco, el joven de cabello turquesa se deslizó hasta el suelo, con el rostro tallandose contra los barrotes de metal.- "¿Cómo puede estar cerrado? ¡No tiene sentido!"

"¡Ah, ya lo sé!" -Exclamó Shio, atrayendo la atención del Canva Visual. La mirada de infantil realización en los ojos del moreno se perdió en el aire por lo que parecieron horas, hasta que apuntó a Wallace con su dedo índice y gritó a todo pulmón.- "¡Tú fuiste el chico al que casí atropeyo ayer!" -En ese momento, Wallace sintió un imperioso deseo de moler a golpes al jovencito.- "Wallace, ¿No es así?"

"S-Si. Así me llamo." -Musitó el muchacho, fingiendo una sonrisa, de dientes salidos.- "Ahora, podrías unirte a mí en este siglo o quieres-" -Wallace paró en seco al ver algo acercarse al final de la calle, ese auto azul que llega cada tarde a la tienda de su padre, y en ese mismo instante el muchacho sintió que su alma abandonaba su cuerpo. La puerta del conductor se abrió y... efectivamente, con toda la gracia y elegancia posible, Don Juan bajó del vehiculo y caminó hasta la puerta, donde le esperaba un par de jovenes.

"¿Wallace? Curioso." -Señaló el hombre, buscando las llaves de la reja en un bolsillo de su gabardina.- "No esperaba nadie tan temprano. ¡Pero qué gusto que tengas sed de aprendizaje!"

"M-Me quedé dormido... así que solo asumí que había llegado tarde." -Confesó Wallace, agachando la mirada para esconder un pronunciado rubor en sus mejillas. La puerta finalmente se abrió y Juan se apartó para dejar pasar a su estudiante de cabello turquesa, pero entonces su mirada se posó en el otro muchacho frente a él.

"¿Y tú eres, muchacho?" -La pregunta sacó a Shio de su propio mundo de forma tan brutal que el joven se estremeció sin control y casi cae de su bicicleta. Abrió la boca para contestar, pero Wallace corrió hasta él y le cortó tajante.

"¡Shio, cierto!" -Exclamó el futuro Artista, abrazando a su compañero de aventura.- "Gracias por traerme, hombre, te debo una."

"Eh, no hay problema." -Murmuró un sonriente Shio, respondiendo al abrazo de su nuevo amigo.- "Entonces, supongo que te veré después. Gusto en conocerlo señor." -Wallace se apartó del moreno y Juan ondeó su mano en despedida, mientras ambos miraban partir al joven.

"Tu amigo..." -Murmuró Juan, llamando la atención de su alumno. La mirada del hombre seguía plasmada en el camino por el que había huído Shio.- "...Traelo mañana."

"¿A la lección?" -Preguntó Wallace, extrañado. Juan asintió con la cabeza antes de atravesar el enrejado y abrirse caminó al jardín en el que se habían reunido el día anterior.- "¿Por qué? ...¿Señor? ¿Don Juan, por qué quiere verlo?"

Pero el hombre no le dio una respuesta.


"Vaya, entonces no era broma." -Exclamó Lance, haciendo acto de presencia en el punto de reunión bajo el árbol. Sin preambulos ni nada tan cordial como un saludo, se dejó caer en la hierba, a la sombra de aquel sauce.- "Te presentaste."

"Por supuesto que si, ¿Acaso creías que me acobardaría?" -Preguntó Wallace, sonriendo de lado ante el aparentemente irritado semblante del joven pelirrojo.- "Tú, en cambio-"

"Termina esa frase y tendrás que dibujar con los pies." -Amenazó el muchacho, fulminandole con la mirada. Wataru extendió los brazos al aire y después se los llevó detrás de la cabeza, usandolos como soporte para terminar de recostarse en el cesped.- "¡Oiga, Julio!" -Exclamó Lance, dirigiendose al Maestro.- "¿Cree que Robotina se aparezca por aquí?"

"Es algo dificil de afirmar, joven Wataru." -Respondió el hombre, antes de dejar caer un pesado libro sobre el estomago del pelirrojo, sofocandolo.- "Y por favor, refierase a mi como Maestro, o Don Juan." -El hombre ojiazul después avanzó para entregar un libro de igual grosor a las manos de Wallace.

"¿Qué es esto?" -Preguntó el muchacho de ojos turquesa. La cubierta del texto leía: "Vanitas: De belleza y otras cosas".- "¿Qué es Vanitas?"

"Significa Vanidad, en latín." -Explicó el hombre, aún paseandose por el jardín, sin dignarse a mirar a ninguno a los ojos.- "Antes de llevar sus escazos dotes a la practica, deben tener fundamentos en teoría, por lo cual quiero que lean los libros que acabo de darles."

"Lamento la demora." -Se disculpó una voz ajena a la de ellos, una voz más suave y aguda, pero al mismo tiempo más blanda y pastosa. Las miradas de todos se giraron hacía la derecha, donde la Canva de la danza acababa de aparecer, cargando una mochila repleta de quien-sabe-cuanta-cosa. -"No sabía que era lo que iba a necesitar." -Wallace no pudo evitar sonreir al enterarse de que no era el único con ese problema.

"No necesitarás nada más que esto." -Afirmó el Maestro, haciendo entrega de el último libro en sus manos a la muchacha.- "Teoría primero; practica al final. Lean el primer capitulo de sus respectivos libros y entonces pasaremos a la siguiente asignación." -Y sin otra indicación, el hombre abandonó el jardín, dejando solos a sus alumnos, inmersos en sus propios temas.

"Oye..." -Susurró Wallace, inclinandose hacía donde estaba Winona.- "Si no te molesta que pregunte... ¿Por qué decidiste venir aquí?"

"Estoy ocupada." -Murmuró ella, sin despegar la vista de las lineas de su tomo, con esa voz desabrida y lineal que Wallace estaba aprendiendo a odiar.

"En otras palabras: esfumate." -Tradujo Lance, entrometiendose en negocios que no eran suyos, y divirtiendose al hacerlo, al parecer, ya que sonreía ampliamente con la vista fija en su texto.


"¿El parque?" -Preguntó Wallace, pensando que quiza se tratara de una mala broma de Don Juan. Después de terminar con su primera asignación, Juan los montó a todos en su auto y explicó que llevaría a cada uno a realizar una tarea especial. El primero en llegar a su destino fue el muchacho de ojos turquesa, y ahora miraba incredulo su profesor.- "¿Es enserio? ¿Qué se supone que haga aquí?"

"Toma esto." -Ordenó el hombre, entregando una pequeña hoja de papel amarilla a su joven pupilo. Después sacó su mano por la ventana y apuntó al horizonte.- "Avanza en esa dirección hasta que te topes con un edificio."

"¿En el parque?" -Lance pronunció los pensamientos de Wallace, metido en el asiento trasero con Winona.- "Con todo respeto, Don Juan: ¿Está usted loco?"

"¡Ja, solo de sabiduría, muchacho!" -Exclamó el hombre, antes de encender nuevamente el motor de su auto.- "Portate bien, joven Mikuri, y haz todo lo que te pidan." -Y con eso, el auto abandonó la acera y se alejó a gran velocidad, dejando a un estupefacto Wallace examinando el recado en sus manos.

"'Proyecto Canva 1, manejar con cautela'" -Leyó Wallace. Trató de darle significado a las palabras, pero desisitió después de unos segundos, y simplemente se dispuso a adentrarse al parque.

Era un sitio hermoso, verde, lleno de vida y de tranquilidad. Las personas se regaban por todo lo ancho y lo largo del lugar, divirtiendose, relajandose y simplemente entrando en contacto con la naturaleza. Pero en las partes más oscuras, a donde se adentraba el futuro Artista, la presencia de personas había descendido considerablemente, y entre más pasos daba Wallace en aquella dirección, el ambiente se tornaba más oscuro, gracias a la sombra que causaban los altos árboles que se erguían a su alrededor.

Finalmente, después de varios minutos, Wallace llegó a un claro; un lugar amplio y floral, protegido por los árboles que se alzaban a su alredor como una muralla, y en el centro de aquel lugar, como sacada de un cuento de hadas, había una casa. De un claro color magenta y tejas rojas, la estructura se alzaba timidamente entre la silvestre atmosfera del parque.

Wallace no tuvo tiempo de preguntarse cómo habían construido esto en el fondo del parque de la ciudad, o quién lo había hecho, ya que alguien llamó su atención. En la puerta de la casa, había un par de grandes ojos negros, demasiado pegados al suelo para ser de un adulto.

"Oh, hola." -Saludó Wallace, antes de avanzar un paso hacía la criatura. Sin embargo, al hacerlo, aquellos ojos desaparecieron en la seguridad de la casa.- "No, espera. No te haré daño." -Aseguró el muchacho, y lentamente, aquellos ojos se revelaron nuevamente.- "Hola. ¿Cómo te llamas?" -Preguntó el joven Mikuri, sin embargo no obtuvo respuesta.- "Eh... ¿Puedes salir un poco? Me incomoda no saber a quién le estoy hablando."

Dicho y hecho, se reveló la dueña de aquel par de ojitos negros: una pequeña niña, de cabello corto y negro, vistiendo unos shorts demasiado grandes para ella, que bien podrían haber actuado de pantalones, y una camisa roja. Sus ojos se alzaban curiosos hacía arriba, para encontrarse con los de Wallace. El muchacho se arrodilló y extendió su mano.

"Soy Wallace." -Se presentó el muchacho. La niña inspeccionó el apendice como si fuese algo desconocido para ella, y después la sujetó con ambas manos.- "¿Tienes nombre?"

"M..." -Musitó ella, agachando la mirada, pero sin soltar la mano del Canva.

"¿Cómo?"

"Marge."- Dijo la niña, casi gritandolo, mirando directo en los ojos de Wallace con aquellas perlas negras. El muchacho sonrió y estuvo a punto de decir algo más cuando-

"¡Oh, aquí estás!" -Exclamó la voz de una mujer, y un instante después, de la casa salió una chica. De cabello castaño y largo, piel tostada y grandes ojos rojos. Se agachó y tomó a Marge entre sus brazos, provocando que soltara a Wallace, sin embargo, la criautra estiró sus manos para alcanzarlo. La mirada de la desconocida viajó hasta encontrarse con la del Canva.- "¿Quién eres tú?"

"Buenas tardes también para usted." -Saludó sarcastico, algo irritado por la rudeza con que se dirigió la muchacha. La castaña rodó los ojos y soltó un gruñido casi bestial.- "Mi nombre es Wallace." -Se presentó el muchacho, antes de extenderle la nota que le entregó Juan.- "Me dijeron que aquí entenderían que hacer."

"No tengo idea de qué sea esto." -Confesó la muchacha, forcejeando con el infante en sus brazos. Finalmente, la obligó a mirarle a los ojos, y después volteó para con Wallace.- "Bien." -La desconocida se acercó al Artista y le entregó delicadamente a Marge.- "Acompañame."

La joven entró nuevamente a la casa, y Wallace le siguió de cerca, con niña en mano. El interior era amplio y muy colorido; había niños corriendo por allí y varios juguetes, crayones y cosas de esa naturaleza regados por el suelo. La ojiroja le guió hasta llegar a una pequeña zona alfombrada, donde había varios niños sentados alrededor de una mujer.

"Madame Glacia..." -Llamó la chica, atrayendo la atención de la mujer. Lucía madura, pero no al punto de parecer anciana. Su piel era blanca y tersa, como nieve y su cabello rubio y lacio caía con elegancia por encmia de sus hombros. La muchacha ojiroja le entregó el recado. Después de leerlo, Glacia miró con asombro a Wallace.

"El Canva Visual." -Exclamó la mujer, levantandose de su asiento. Las manos de la mujer fueron a parar a cada lado del rostro de Wallace. Dios, ¡Qué helada estaba!- "Sin duda Juan tendrá que esforzarse mucho."

"Muchas gracias... creo." -Musitó el joven. Glacia soltó el rostro de Wallace y se giró hacía los niños.- "Criaturas, tomen una manta y reunanse junto a la silla. El muchacho aquí..." -La mujer le miró por encima de su hombro.

"Wallace."

"Wallace les leerá un cuento para dormir." -Y sin decir otra cosa, la mujer desapareció.

¿Esta era su asignación?


"Y entonces, el duende se durmió. Fin." -Terminó de relatar, para después cerrar el libro. El lugar ahora estaba completamente mudo, y había niños dormidos dispersos por todo el suelo. Excepto por la pequeña niña sentada a los pies de Wallace, abrazando su manta a su pecho.- "¿No tienes sueño, Marge?" -La niña negó con la cabeza, rápidamente.- "Bien... supongo que podemos quedarnos hablando." -Dijo Wallace, sonriendo dulcemente a la pequeña. El joven palmeó su pierna y lentamente Marge se montó en ella, para después recostar su cabeza en el hombro de Wallace.

"¿Cuantos años tienes?" -Preguntó el chico de ojos turcos, meciendose suavemente de adelante hacía atrás. La pequeña morenita mostró cuatro dedos de su mano derecha.- "Wow, que grande estás. Recuerdo cuando yo tenia esa edad." -Wallace inspeccionó sus alrededores.- "Ciertamente mis papás nunca me trajeron a una guardería tan bonita. ¿Cómo es tu papá?" -Marge se encogió en hombros, confundiendo al Artista.- "Eh, bueno. ¿Cómo es tu mamá?" -Nuevamente, Marge se encogió en hombros, y se apegó mas a Wallace.

"No lo entendiste..." -Murmuró una voz detrás de él. Por sobre su hombro pudo ver a la chica de ojos rojos, mirandole de forma extraña.- "Esto no es una guardería, Wallace... Es un orfanatorio."

La quijada del muchacho cayó un poco, su boca se secó y por mero instinto, su mirada se clavó en la pequeña niña que se había quedado dormida en sus brazos. Después recorrió cada centimetro del lugar nuevamente. Todos esos niños...

"Lamento haber sido tan grosera hace rato." -Se disculpo la muchacha, moviendose con cuidado de no pisar a nadie para llegar a sentarse junto al artista.- "Estos niños ya han pasado por mucho. Es nuestro deber protegerlos para que no les ocurra nada más."

"Ya veo... Oye, eh..." -Estaba a punto de preguntar algo, pero se percató de que no sabía su nombre.

"Hana." -Se presentó la ojiroja, extendiendo su mano.- "Hana Nyüsatsu." -Wallace extendió su mano libre y la estrechó.

"Wallace Mikuri." -Repitió su nombre por mero instinto. Sabía que ella lo sabía, pero no estaba de más repetirlo. Ambos rieron levemente, antes de que Wallace recordara a lo que iba.- "¿Cómo fue que descubriste este lugar?"

"Una vez nos trajeron a mi y a unos compañeros a hacer trabajo voluntario aquí." -Explicó la castaña, sonriendo, acarciando un mechón del cabello de Marge.- "Supongo que me enamoré de estos niños."


"¡Argh! ¿Por qué carajo construir un orfanatorio en una esquina del parque?" -Se quejó Wallace, removiendo trozos de rama de su cabello. Hana carcajeó por lo bajo. - "Oh, ¿Te burlas de mi?"

"Lo siento, es solo que eres muy exagerado." -Se disculpó ella. Wallace no podía evitar sorprenderse. No podía creer que esta era la misma chica que más temprano ese día parecía tener deseos de arrancarle la cabeza.

"¡Bola!" -Se escuchó gritar a una voz, y en efecto, una pelota de béisbol cayó justo unos metros delante de ellos.- "¿Hana?" -Preguntó el muchacho que se acercó a recuperarla.- "Hola, ¿Qué haces por aquí?"

"Salgo del trabajo. ¿No está Kai con ustedes?" -Preguntó la ojiroja, señalando al grupo de béisbolista a lo lejos.

"Si, de hecho." -Respondió el muchacho, antes de girarse y gritar a todo pulmón.- "¡Kai, ya llegó tu domadora!" -Un muchacho se separó del grupo. Wallace quedó un poco sorprendido: por lo que podía vislumbrar, ese tipo guardaba un extraño parecido con alguien a quien él conocía.

"Bien, supongo que aquí nos despedimos." -Dijo ella, girandose hacía Wallace, pero la mirada de este seguía fija en el béisbolista a lo lejos.- "¿Sucede algo?"

"¿Quién es él?" -Preguntó Wallace, curioso. Tratando de ligar al chico con algo, ¡Lo que fuera! Cabello negro, fornido, de piel blanca y algo tostada por el sol...

"¿Él? Es Kai, mi novio." -Explicó Hana, como si fuese lo más normal del mundo.- "¿Por qué?"

"Me recuerda a alguien, pero no sé a quién." -Musitó el artista, y de inmediato el rostro de Hana se iluminó.

"Eres amigo de Shio." -Afirmó la ojiroja, sorprendiendo a Wallace.- "Kai y Shio son hermanos." -¡Shio, claro! El tipo se parecía a Shio.

"¿Por casualidad no tendrás un número al que pueda llamar a Shio? Necesito decirle algo importante." -Inmediatamente, Wallace le entregó la hoja amarilla que le dio Juan, y una pluma de su mochila. Hana escribió tan veloz como pudo y se la entregó.- "Gracias."

"Hana, ¿Vienes?" -Preguntó el béisbolista, que seguía en el mismo lugar, jugando con la pelota de béisbol. La castaña ondeó su mano al chico de ojos turcos y se alejó junto al otro chico.

"Entonces... vendría siendo la cuñada de Shio." -Murmuró Wallace, sonriendo aliviado.- "¡Qué pequeño es el mundo!"


"¿Quién carajo es él?"- Preguntó Lance.

Esa noche, Wallace llamó a casa de Shio y le explicó todo con detalle, y el ciclista gustoso aceptó ir, pese a no saber de qué se trataba. Entonces, al día siguiente, Wallace y Shio se presentaron en la Academia, para desgracia de Lance, quien no lucía muy conforme por el incremento de números.

"Buen día, muchachos." -Saludó Juan, y todos tomaron esto como señal para sentarse a la sombra del árbol, a excepción de Shio.

"¿Quería verme, señor?" -Preguntó el timido chico. Juan le sonrió calidamente y coloco su mano en la cabeza del muchacho.

"Como dije hace solo dos días, ustedes serán mi legado." -Comenzó a explicar el hombre.- "Y mantengo mi promesa de que lograré moldearlos en verdaderos Artistas desde los cimientos más pútridos."

"Y ahí vamos otra vez con los insultos." -Bufó Lance, sin embargo el Maestro lo ignoró.

"Sin embargo, hay un límite en todo." -Afirmó Juan.- "Hay un límite en cuanto puede aprender un alumno, y en cuanto puede enseñar un maestro. Y tiene más valor un Artista perfecto que un Artista genuino."

"¿A donde quiere llegar con esto?" -Preguntó Wallace, impaciente.- "¿Cómo cabe Shio en todo esto?"

"Usted, joven," -Comenzó Juan, antes de tomar entre sus manos el rostro del moreno.- "Tiene el alma de un verdadero músico."

"Un momento, ¿Cómo carajo puede saberlo?" -Exclamó Lance, levantandose de su lugar. Sabía a donde se dirigía esto, y no le gustaba en lo absoluto.- "¿De donde carajo salió este tipo?"

"De las mismas calles de las que saliste tú, y aún así, posee más potencial del que tu nunca podrás mostrar." -La verdad salió de labios del Maestro y atacó como cien agujas al pecho del pelirrojo.- "Pero no sería justo dejarte de lado, joven Wataru. Hice una promesa contigo."

"Gracias." -Espetó sarcastico el muchacho pelirrojo, antes de regresar a su asiento.

"Es por eso que debo dejar un terreno parejo." -Dijo Juan, soltando a Shio finalmente y alejandose un par de pasos.- "Tomaré a ambos bajo mi tutela, y quien se desarrolle a un mejor paso, ganara un lugar en The Lost Canvas. Será una justa y limpia competencia, en la que solo habrá un ganador. Si no gustan de estos términos, pueden marcharse ahora y ahorrarnos mucha pena." -Shio y Lance se miraron a los ojos por un fugaz momento... Un momento que quedó grabado en las memorias de ambos.

"Acepto." -Respondieron ambos al unísono.

"Bien. En ese caso, Lance Wataru y Shio..." -El hombre guardó silencio y se giró hacía Wallace, con una mirada interrogante plasmada en sus facciones. Entonces, cuando Wallace entró en razón, se giró hacía Shio.

"¿Cúal dijiste que era tu apellido?" -Preguntó el de ojos turcos. Shio sonrió apenado y se llevó una mano a la frente.

"No lo he dicho. De hecho, ni siquiera he dicho mi nombre." -Confesó el moreno, extrañando a su amigo.- "Shio es solo un sobrenombre. Mi nombre es..."

"Shinku Ongaku."

N/A: Al chile, ¿Cuantos de ustedes se esperaban esa? ...¿Cómo que qué? Si no sabes quien es Shinku Ongaku te sugiero que vayas a leer "Lazos" otra vez. Gracias a Danyeda, Marcos y el reviewer anonimo numero 99... eso. Gracias a que los capitulos de esta historia estan tan cortos, puedo actualizar seguido, pero no esperen que sea como ahora. No quiero que se desilucionen.

Hasta la proxima!