Cap. 2

Un mes después las cosas entre ambos países se habían estabilizado, las revueltas dentro de china no habían tomado fuerzas y se habían diluido sin consecuencias graves que lamentar, Yao llevaba poco más de una semana durmiendo bien y eso había aumentado su energía considerablemente, andaba de mucho mejor humor, muy animado y ágil, muy entusiasmado con todo lo que tenía relación con las islas Diaoyutai, sorprendió a sus jefes diciendo que las cosas se solucionarían tan fácilmente si ambos países compartieran las islas, si tomaran ambos la custodia del lugar. Los jefes tuvieron que explicarle que, aunque era una buena idea, tenían que contar con la aprobación del otro país y eso era casi imposible, además Taiwán también tendría algo que decir. Lo misterioso fue que cuando le dieron esa explicación el chino se encerró en su habitación deprimido… hasta que salió para comer.

El comportamiento errático del pelicastaño tenía sobresaltado a sus superiores quienes no le encontraban una explicación lógica a sus cambios de humor.

- Yao Xiānshēng, debería calmarse.- le decían cuando lo veían deambular de un lado a otro murmurando cosas como que Taiwán no tenía nada que ver o las ganas que tenia de comer varios tipos de cosas.- quizás debería tomar un descanso aru.- pero cada vez que se lo mencionaban el chino decía que se encontraba perfectamente y volvía al trabajo como si nada, hasta que el tema de las islas volvía al tapete. Era como un círculo vicioso.

Un mes y medio después de que estuvieran juntos, organizaron una nueva reunión solo que esta vez en el país del menor, Yao se entusiasmo muchísimo y preparo montones de dulces para llevarle de regalo al más bajo, por poco consigue que sus jefes lo dejaran en casa pero logro convencerlos, no sabía porque pero estaba ansioso de verlo, anhelaba escucharlo y tocarlo, y aunque eso lo preocupaba un poco de solo pensar que lo vería se le llenaba el estomago de mariposas. El viaje en avión se lo paso durmiendo, después de seis semanas de hiperactividad un enorme cansancio lo ataco y las casi cuatro horas de viaje no fueron suficiente sueño para él así que cuando se bajo del avión refregaba sus ojos de manera infantil, aunque cargaba cuidadosamente el paquete de dulces que había preparado para el japonés. Suerte que la reunión estaba programada para el día siguiente porque en cuanto llego a su habitación del hotel se dejo caer sobre la cama y no supo más de su alma hasta las cinco y media de la mañana del día siguiente.

Mientras tanto Kiku revisaba una y otra vez el papeleo de la reunión, para él ver a los representantes chino era un problema, las islas le pertenecían, quizás no por derecho, pero llevaba años encargándose de ellas y ahora que habían descubierto buenas cantidades de recursos naturales todos ponían sus ojos en ellas, inclusive el gobierno del que era su pareja, pensar en Yao de esa manera constantemente traía rubor a sus mejillas pero hoy, preocupado por la situación de sus islas, nada podía desconcentrarlo de su labor. Pero no podía negar que le presencia del mayor le llenaba de ideas la cabeza, sobre todo pensando en lo que había pasado mes y medio atrás y bueno, la noche que ambos decidieron sacar de sus cabezas pero que fue el inicio de todo. Se pillo esbozando una sonrisa mientras sostenía los papeles sin prestarles atención, como le gustaría que en estos momentos las cosas fueran diferentes, si todo estuviera en calma ellos hasta podrían pasar más tiempo juntos pero las circunstancias hicieron lo contrario y hasta de repercusiones hablaban sus jefes… y los jefes de Yao san.

- Si nos vamos a guerra… si tenemos que herirnos otra vez… ¿Que será de nosotros Yao san? – los recuerdos de batallas pasadas lo atacaban cada vez que escuchaba de la posibilidad de una contienda armada por la soberanía de las islas, quizás nunca debió aceptar que Alfred se las entregara.- Pero lo hecho está hecho y nada podía cambiar el pasado, ahora de lo que debían preocuparse ambas naciones era de mantener las cosas lo más calmadas posible, preferiría mil reuniones antes de que sus jefes decidieran que no había otra opción. Retomo la revisión de sus papeles, todo debía estar perfecto para la reunión de esa mañana.

Escucho pasos, justo a su espalda, pasos cortos y rápidos, se volteo rápidamente pero como temió, nadie había detrás e él.

- Esto es extraño.- dijo mientras guardaba los papeles en su maletín.- seguro estoy muy tenso.- decidió que en cuanto acabaran con todo esto pediría al menos una semana libre. Miro la hora en su móvil, faltaba poco para la reunión y mejor se iba ya, en el camino podría intentar relajarse.

Esta vez la reunión se llevaría a cabo en una elegante oficina del edificio de gobierno japonés, en ella había una pantalla en donde circulaban distintas imágenes de las islas en disputa, los representantes de las naciones ya conocían perfectamente el lugar, la isla más grande apenas tiene cuatro y algo kilómetros y el archipiélago completo apenas rozaba los siete kilómetros cuadrados, no era un gran territorio como para que creara tantos problemas pero desde que se había descubierto que podía contener grandes cantidades de gas natural todos lo querían.

- Si ustedes recuerdan el tratado de San Francisco.- explicaba uno de los japoneses.- vuestro líder Chiang Kai-Shek pudo haberse negado a que se nos entregara la tutela de las islas, pero no fue así. Es irresponsable de su parte preocuparse ahora del territorio solo por que se cree que en él hay yacimientos de petróleo y gas natural.- término de decir apuntando a unos gráficos que se proyectaban en la pared.

- La situación era completamente diferente en esos momentos aru.- respondió uno de los hombres chinos.- nuestro gobierno no podía oponerse a los requerimientos de Estados Unidos, por lo mismo no hubo replicas en el asunto de las islas, pero originalmente le pertenecen a China aru.- saco una buena cantidad de mapas e investigaciones que fundamentaban su postura.- son una zona administrada por Taiwán y deben de ser devueltas.

Las cosas empezaban a calentarse en ambas partes, ninguno de los dos daba su brazo a torcer y las personificaciones de los países en conflicto empezaban a sentir en sus cuerpos la antipatía que se tenían ambos bandos. Yao suspiro hondo intentado contener toda la oleada de rencor que comenzó a revivir en su corazón, a pesar de que sus gobiernos, durante los últimos sesenta y siete años, no aceptaban completamente las disculpas de Japón, él, por su parte, había comprendido que las cosas que el pelinegro hizo fue condicionado por las exigencias de sus jefes, él mismo tuvo que empuñar su arma en contra de sus hermanos menores, los dos tenían sangre del otro en las manos, ninguno de los dos estaba libre de culpa. Por el lado de Kiku era un poco diferente, empezaba a molestarle que los chinos quisieran recuperar la soberanía sobre un territorio que habían abandonado tan fácilmente antes, sus derechos prácticamente habían expirado junto con el acuerdo de San Francisco y no podía consentir que le arrebataran una probable fuente de combustible, desde el terremoto y tsunami que destruyera gran parte del país y casi provocara un desastre nuclear, que necesitaba desesperadamente nuevas fuentes de energía, si las islas tenían el petróleo y el gas natural que se sospechaban eran demasiado valiosas para él. No las dejaría sin luchar.

- Entonces iremos con nuestra demanda a la O.N.U. – agregó uno de los representantes de China de manera exasperada.- y si es necesario apelaremos a la corte internacional con tal de que reconozcan nuestros derechos aru.- termino de manera amenazante.

- Pues bien.- Kiku se levanto de pronto.- lleven este problema ante la O.N.U. o ante quienes ustedes quieran… pero las islas seguirán estando bajo la soberanía de Japón y no dejaran de estarlo hasta que la corte diga lo contrario… y aun así apelaremos.- la voz del pelinegro sonaba demasiado seria y profunda, atemorizante, tanto que el chino sintió un escalofrió al reconocerla, así era la voz de Kiku cuando casi acaba con él durante la guerra, sintió una punzada de dolor atravesarle la espalda y los recuerdos que tanto se esforzaba por mantener a raya intentaron invadir su cabeza, para luchar contra ello se levanto para exponer la idea que venía rondándole la cabeza desde más de un mes atrás.

- ¿No podríamos compartir la custodia de las islas aru? – pregunto intentando no demostrar el dolor que los recuerdos le causaba.- Ambos saldríamos beneficiados y se acabaría todo este conflicto.- se quedo en silencio esperando la reacción de los presentes, más que nada la de Kiku.

- Eso no es posible Yao san y lo sabes.- respondió el menor.- las islas son de mi propiedad y no es mi intención compartirlas.- Kiku tomo los papeles de encima de la mesa y los ordeno dentro de la carpeta.- volveremos a hablar cuando tengan una propuesta más realista que podamos discutir.

Él y los japoneses que lo acompañaban dieron por terminada la reunión así que los chinos, después de una formal reverencia, se retiraron, Yao intento captar la mirada del pelinegro pero este la mantuvo fija en sus papeles evitándolo. Con un suspiro el chino se retiro sintiendo un gran dolor en el pecho, sentía en lo más profundo que todo no solo tenía relación con unos trozos de tierra perdidos en el mar, que había algo aun más importante. Y que eso también tenía relación con Kiku, su indiferencia lo lastimaba.

Solo esperaba que con el tiempo las cosas se arreglaran.


Bueno, aquí esta el segundo capitulo del fic, espero haya sido de su agrado, las cosas comienzan a complicarse para estos dos .

Nos veremos en el próximo capitulo y recuerden que cada Reviews es mas amor para el Nichu ^^