El camino a casa de Pandora fue totalmente silencioso, ella estaba pensando en cosas relacionadas con las ediciones en las que trabajaba y Lune no podía empezar a lanzar preguntas hacía ella como una especie de interrogatorio, había notado que la dama seguía igual de misteriosa con sus cosas, algunos de sus compañeros de trabajo solían charlar sobre sus vidas, sus familias o una que otra anécdota en las horas de descanso cuando coincidían para tomar un café. En cambio, aunque Pandora fuese un poco más sociable y compartiera de aquellos momentos, donde en un ambiente natural de trabajo las personas se reunían a charlar, ella sólo asentía, escuchaba y una que otra vez daba algún punto de vista, pero nunca hablaba de sus cosas o su vida. Lo único a lo que llegaba a hacer referencia era a los asuntos de trabajo o actividades que tenía en marcha del mismo. La que si derrochaba energía con sus comentarios o sus anécdotas era su amiga Effi, quien de alguna manera siempre esquivaba hablar de los asuntos personales de Pandora. Esperando que la luz del semáforo cambiara, Lune llegó a la conclusión que si quería averiguar algo más de ella sería por medio de su jovial amiga… y aún no entendía porque Pandora terminó siendo tan cercana con una persona totalmente opuesta a ella… quizá en el fondo la ex-comandante del ejército del Hades no era lo que aparentaba.
- Puede girar a la derecha en el próximo cruce, verá varias casas de color amarillo y rojo, allí es donde vivo. – Pandora interrumpió sus pensamientos indicándole donde residía. El lugar que señalaba era tal cual ella lo describió, aparentemente una calle de varios dúplex seguidos, cercano a un gran parque. La mujer le indicó la entrada de uno de estos, casi al final de la cuadra, esa era su casa. – Bueno, muchas gracias por haberme traído hasta aquí… lamento que lo haya retrasado en sus actividades. –
- Para nada. – Respondió amablemente Lune – Como le dije antes me queda de camino a casa, vivo relativamente cerca. –
- Espero que no se pierda… si algo ocurre. – Pandora buscó en su bolso una tarjeta. – Puede llamarme, yo puedo darle alguna indicación. – salió del auto, que bueno que la lluvia había cesado un poco, aunque el frio no daba tregua y lo más seguro es que el agua regresaría en alguna hora de la noche.
Lune recibió la tarjeta y observó los datos que estaban en ella, especialmente el nombre de Pandora, donde el apellido Kofman sustituía al Heinstein con el que le había conocido. – No tiene de que preocuparse, conozco bien la zona, en menos de diez minutos estaré en mi casa. –
Le sonrió amablemente. – Muchas gracias de nuevo y también soportar a mí amiga. Espero que pase una buena noche. – Pandora cerró con cuidado la puerta del auto, Lune se despidió haciendo un ademán con la mano. Desapareciendo en una esquina con su auto. Pandora buscó en su bolso las llaves de su casa para luego ingresar a la misma. Su padre, y su madre en estado de embarazo, murieron en un accidente de auto cuando Pandora tenía tres años – eso era lo que sus falsos recuerdos le indicaban – ella fue la única sobreviviente, recuperándose por un poco más de un año de las heridas causadas en el accidente. Aparte de sus padres, no tenía más familia, pero sus padres quienes fueron muy precavidos durante toda su vida, dejaron un seguro de vida a nombre de la niña, con el cual ella recibió educación y manutención. Pandora no nació en Berlín, provenía Erfurt capital de Turingia, donde fue educada por instituciones del estado dado su caso especial de Orfandad. Por alguna razón la niña no fue puesta en adopción y Pandora lo atribuía a que no quería tener una familia sustituta para la que perdió. Cuando decidió entrar a la universidad se estableció en Berlín, donde gracias a los recursos que sus padres le dejaron logró pagar su carrera, manutención y conseguir una casa en la capital Alemana. Aunque todo esto haya sido por la intervención del dios del inframundo, Pandora se había adaptado a su nueva vida, demostrando que la mujer a pesar de todo mantenía ese instinto de supervivencia en la adversidad.
Dejó su abrigo en el armario que había en la entrada, prendió las luces de su casa y lo primero que hizo fue ir a la cocina a preparar un chocolate caliente. – Buenas noches. – desde su habitación un husky de aproximadamente 6 años, con un pelaje que combinaba los colores negro y blanco aparecía para saludar a su dueña. – Hoy ha sido un día muy frío ¿No te parece Herzog*? – el animal se ubicó en una esquina de la cocina observando a su ama mientras preparaba algo de comer y a su vez buscaba las croquetas para darle de cenar a su perro, sirviéndole en su respectivo tazón. Cuando el chocolate estuvo listo, Pandora se dirigió a la sala, prendió la televisión de la sala mientras comía unas tostadas con la bebida caliente, se quedó mirando las noticias de las diez de la noche un rato después de haber terminado, hasta que sintió que el frío le estaba enviando directamente a la cama. Organizó la cocina y se dirigió a su cuarto, se quitó la ropa y la organizó, luego se colocó un pijama y un sweater de lana para el frio, el perro se quedó en una esquina de la habitación donde quedaba su cama y se dispuso a dormir. Pandora se metió en su cama, prendiendo la luz de la mesa de noche para así leer sus pendientes anotados en una agenda, aunque ya supiera que debía hacer para el otro día tenía esa rutina, finalmente apagó la luz quedó con sus ojos abiertos unos cuantos minutos, quería calentar su cuerpo prontamente, hoy había sido un día muy frío.
Radamanthys estaba sentado sobre la cama, desnudo. Dando la espalda a la mujer con quien pasó la noche y quien irremediablemente se convirtió en el objeto donde podía desahogar en parte sus frustraciones, aunque sólo implicara sexo. Lo que más detestaba de aquella situación era el sentimiento de vacío que lo golpeaba con más fuerza cuando despertaba y se daba cuenta de cuan miserable era, metiéndose con una puta de alta sociedad a quien no quería, pero que buscaba cuando sus melancolías eran demasiadas para sobrellevarlas con una botella de whisky o varias cajetillas de cigarrillos. La observaba de reojo, aquel cabello oscuro era lo único que lo mantenía allí… le recordaba a ella, la persona con quien anheló durante un largo tiempo, haber tenido un contacto así de cercano, pero cuya frialdad y maquiavélico gusto por verle sufrir a sus pies siempre le negó. Esa era una de las conclusiones a la que Radamanthys había llegado, Pandora solamente jugó con él para ver como se retorcía en medio de sus sentimientos humanos, deseos y anhelos… a veces llegaba a odiarla infinitamente y después… la perdonaba.
Fue al baño a lavarse la cara para despertarse, aproximadamente eran las 3 de la mañana, no se iba a quedar allí toda la noche, no había nada para él. Buscó su mojada ropa y se vistió, de pronto quedaría resfriado pero al demonio, lo que menos le importaba era quedar enfermo. La mujer ni siquiera notó cuando se levantó y se marchó. Para su fortuna no estaba lloviendo, pero el frío seguía constante y aumentaba en su intensidad, encontró un taxi y pidió ser llevado a su casa. Al llegar, notó que no había desorden, obra de Aiacos porque Minos no movía ni un dedo a menos de que en algo le beneficiara, masajeó su frente con sus dedos en forma circular, aquellas vacaciones de Minos se estaban extendiendo demasiado y ya estaba cansado de soportar a ese grandísimo idiota. Estaba decidido, le pediría que se largara de su casa durante las próximas semanas y si Aiacos se mostraba fastidioso… pues también lo mandaría al diablo… sus amigos se convirtieron en un par de "problemas" aunque el verdadero causante era su maldito carácter.
Se dirigió a su habitación para quitarse esa ropa mojada, secarse con una toalla y colocarse solamente el pantalón de seda negra que era su pijama. También buscó su reserva de whisky y se sirvió un vaso, su cabeza estaba empezándole a doler y vio en el alcohol la solución a aquel problema, mientras que observaba la ciudad a través de la ventana de su apartamento, las luces que evitaban que la oscuridad fuera la total señora de Londres. Una de las cosas que extrañaba era la tranquilidad de beber un buen vaso de whisky con hielo a la luz de la luna o en la total oscuridad. Observando aquel cuadro del despacho en Heinstein, ella sonreía, ella era feliz, era inocente… fueron muchas las veces en que Radamanthys analizaba aquella sonrisa y esa otra Pandora que era totalmente contraria a la mujer a quien le debía total fidelidad ¿Qué actos tan atroces presenció en su vida para que su alma se apagara de una forma tan abrupta? Le hubiese gustado descubrir todos los secretos que lamentablemente, se llevó la mujer a la tumba.
La alarma del despertador dio por terminadas sus horas de sueño, Pandora abrió sus ojos y extendió sus brazos para empezar a desperezarse, su cama doble a veces le recordaba cuando solitaria era su vida, casi siempre dormía hacia el mismo lado y aquel espacio vacío estaba ahí presente para recordarle que la vida en soledad llegaba a ser tediosa. Negó con la cabeza y terminó por levantarse, tantas charlas con Effi sobre aquellos asuntos empezaban a rendir frutos con aquella clase de pensamientos, buscó su ropa deportiva y se alistó mientras que Herzog también se estiraba para la rutina de las mañanas: un poco de ejercicio junto a su ama.
Una hora dedicada a trotar en aquel parque cercano a su casa, se añadía a la preparación diaria para ir a trabajar, dejar todo listo en su casa, la comida para su perro y finalmente salir caminando desde su casa hasta la estación del metro, donde en 20 minutos ya estaría en su trabajo. Pandora mantenía un control estricto sobre su vida, horarios, rutinas, pendientes, cosas para hacer… todo era tan sistemático y falto de interés, pero había descubierto sólo así podía llenar ciertos vacios, ocultar algunas necesidades y no pensar en que a veces le gustaría tener un cambio en su vida. Como siempre era una de las primeras en llegar a la editorial, los cubículos estaban vacíos, prendió la cafetera y se dirigió hacia la pequeña oficina que compartía con Effi. Observó el clima a través de la ventana, era una mañana despejada, tal vez en la noche las lluvias se harían nuevamente presentes. Se sentó en su escritorio y revisó todo lo que había dejado desde el día de ayer para así continuar con su trabajo. Observó hacia el escritorio de Effi, tal y como lo suponía brillaría por su ausencia en toda la mañana, solo para que Pandora olvidara el asunto de la noche, donde gracias a Effi tuvo un transporte asegurado a su casa, suspiró profundamente… a pesar de los años y de tantas situaciones similares, Pandora no podía rechazar la amistad de la castaña, Effi se convirtió en su única y de algún modo valiosa compañía a la vez en lo más cercano a una familia para ella. Sonrió levemente y regresó a su trabajo, de todas formas aunque Effi se comportara como una hermana para ella, no la excusaba de querer planear citas con compañeros de trabajo, tonta Effi.
Estaba dando vueltas en la cama, el sueño se había esfumado y venían las consecuencias de una mala noche: estaba que se moría. Por una parte la fuerte jaqueca acompañada de la resaca del día anterior y por otro lado un resfrió que empezaba a apoderarse de su cuerpo, todo este le dolía, estaba sintiendo escalofríos y la fiebre no estaría demasiado distante, definitivamente Radamanthys estaba hecho una porquería. Sonrió ladinamente, de todas formas él se lo buscó sino se hubiese quedado sentado por un buen rato en aquel parque bajo la inclemente lluvia, se hubiese evitado en parte aquel estado en el que se encontraba. Observó el reloj sobre la mesa de noche, once y media de la mañana, agradecía que no debía cumplir un estricto horario de oficina, su brillante trabajo en la multinacional le permitía ciertos beneficios uno de ellos implicaba que cuando amanecía vuelto una porquería, podía tomarse el día o simplemente llegar más tarde de lo acostumbrado. De todas formas no es que tuviera gran cosas que hacer, sus pendientes estaban listos, las reuniones empezarían la otra semana y todo el papeleo ya estaba arreglado para que al menos el próximo jueves quedara de nuevo libre. Sólo debía encargarse de un insignificante asunto, una reunión con el gerente de zona quien lo quería para proponerle una oferta "interesante" eso fue lo que escuchó cuando el sujeto lo llamó para arreglar la cita. Lo más seguro es que fuera la asignación de más trabajo o alguna cosa importante.
Se levantó con lentitud debía buscar un analgésico y algo que le ayudara con la resaca, por la hora lo mejor sería que se arreglara y buscara un sitio donde almorzar, aunque había algo que estaba fuera de lugar, la casa estaba muy silenciosa. Radamanthys abrió un poco las persianas de su habitación, las nubes no estaban cubriendo demasiado al sol, lo que hacía que a esas horas hubiese una temperatura agradable, no totalmente cálida pero al menos el frío era menor. Decidió salir de su habitación y aquel silencio continuaba, era extraño ¿Dónde estaban ese par de idiotas? Minos debería estar en la sala viendo algún programa o entreteniéndose con alguna cosa y tampoco escuchaba alguna palabra proveniente de Aiacos sobre lo mal que se veía. Llegó hasta la cocina y observó una nota sobre el refrigerador. "Sobre el mesón deje lo que necesitas, Minos quería ir a buscar un libro, supongo que nos veremos hasta la noche. Aiacos." El inglés arrugó el papel y lo dejó en la basura, estaba de suerte no tendría que aguantar a ese par durante todo el día. Luego de tomar las medicinas que le dejó Aiacos prosiguió a irse a bañar y luego salir. Lo que Radamanthys ignoraba es que el hecho de que sus dos compañeros no estuvieran allí para verle la cara, aquella inesperada noticia que Aiacos contó a Minos requería de una planeación para saber el momento perfecto en que el rubio se enteraría del paradero de la "dama de hierro".
Mientras tanto, sentados en un café cercano al parlamento, Minos observaba a las personas caminar de aquí para allá en sus preocupaciones diarias, era una de las cosas que más le gustaba hacer cuando estaba intentando aclarar sus ideas, porque en parte le recordaba su labor como juez en el inframundo, la vida de cada persona era una historia – unas más interesantes que otras pero historias al fin-. Juzgarles era algo entretenido para él, tantos motivos, culpas, pecados, ambiciones que se mezclaban y llevaban a todos los humanos a un determinado final y aún más interesante era pensar en que hubiese pasado si las cosas tomaran otro camino. Porque tanto él como los otros jueces y los espectros fueron bendecidos con aquella decisión "y si hubiera…" todos tenían una segunda oportunidad en sus vidas para elegir de qué forma transitar sus caminos y escribir sus propias historias. Lo que no esperaba era que a una traidora se le entregara también aquel don… y al parecer con un ingrediente extra: el poder de olvidarlo todo.
- Aun no sé qué creer más increíble. – interrumpió el silencio en el que estaba captando la atención de Aiacos quien leía el periódico. – Que Pandora esté viva o que Lune no me lo haya contado desde un principio, aunque para lo segundo tengo una respuesta obvia. – sonrió Minos con suficiencia.
Aiacos observó al peliplata por encima del periódico con un poco de desaprobación. – Falta de tacto para tratar a tus amigos y que eres un grandísimo idiota. Esa es la obvia respuesta. – Comentó – Y para lo de la señorita Pandora sólo se me ocurren unas cuantas teorías, pero eso es algo que le tocará a Rada averiguar. - pasó la hoja.
El noruego sopló el flequillo que la mayoría de las veces ocultaba sus ojos y tomó un sorbo de café. El día de ayer, cuando Aiacos le contó sobre lo que Lune había descubierto, creyó que el pelinegro había perdido la cabeza y estaba inventando un montón de cosas, y para completar estaba dejando a su mano derecha como otro lunático, o lo consideraba todo una broma. Hasta que la seriedad del antiguo juez de Garuda y un par de cosas más terminaron por convencer al noruego de que estaba escuchando la absoluta verdad. Aquella "mocosa" como a veces Radamanthys se refirió a ella en un pasado, estaba viva, sin recordar quién era, gozando del perdón de Hades a pesar de lo que hizo. Minos estaba allí cuando escuchó la versión de los espectros, la traición y lo que involucró ofrecer su ayuda a Fénix… reproblable acción. Especialmente porque le recordaba la forma en que murió cuando entró a aquel vortex en el cual su cuerpo fue hecho pedazos al no tener la protección de un dios para atravesarlo.
Al igual que Aiacos en su momento, Minos sintió un ligero mal sabor de boca con aquella situación, aunque no se podía quejar, el estaba allí y los juicios de Hades ya no eran parte de sus prioridades, al fin y al cabo era el dios de los muertos y podía hacer con sus esbirros lo que le viniera en gana, entonces las miles de teorías que en su momento tenían los espectros de Pandora regresaban a su mente ¿Qué hizo esa mujer para obtener un lugar tan especial en el ejército de Hades? Lamentablemente sus recuerdos de una vida pasada eran nulos, ni siquiera sabía si esa mujer había estado allí antes u otra persona ocupó su lugar. Minos sonrió imaginando los alcances de una mujer sobre un dios, nada quitaba que Hades e inclusive los dioses gemelos tuvieran necesidades… y por otro lado estaba la terquedad del idiota de Radamanthys. El rubio se convirtió en un principio en el gran enemigo de Pandora, sus peleas eran sumamente divertidas para Aiacos y Minos quienes siempre apostaban en contra de Wyvern, ya que a pesar de su fuerte carácter y ser uno de los más poderosos espectros de Hades, Pandora, una niña era capaz de aplacar su ira con tan sólo actuar fríamente, porque algo debía admitir de la alemana cuando se le daba la gana infundía temor en cualquiera. Aunque Minos lo único que llegaba a aceptar es que no quería tratar con esa mujer, por eso el encargado de mantenerse al lado de ella en Heinstein siempre fue el inglés. Y allí fue donde comenzó la obsesión de Wyvern con la chica, lo que empezó como odio puro se transformó en otra cosa, que Radamanthys nunca admitió que era, pero que podían percibir sus dos compañeros. Aunque los tres lo negaran, tenían un vinculo demasiado fuerte, eran como tres hermanos, quienes a pesar de sus marcadas diferencias se llevaban bien en el fondo e igualmente se conocían lo suficiente para saber cuando algo pasaba.
- Entonces ¿Cuándo le vamos a lanzar la bomba? – preguntó Minos llamando a un mesero para que les trajera la carta y decidir que almorzar.
- Estaba pensando que mañana sería ideal, aunque estoy seguro de que querrá salir corriendo a Alemania, no podrá hacerlo por sus compromisos. Tenemos que hacer que se calme y piense con cabeza fría lo que vaya a hacer. – respondió Aiacos aún entretenido con el periódico.
- Tu y yo sabemos que eso es prácticamente imposible, el idiota ese saldrá corriendo a Alemania al primer vuelo que se le cruce, mandará toda su vida al diablo y terminará matando a esa mujer de un susto. Terminando en una cárcel o en un manicomio cuando empiece a pedir explicaciones. – Minos soltó una carcajada y pidió que primero trajeran el vino antes de algo de comer. – Aunque supongo que tienes un plan. –
- No lo tengo, sólo confiaré en que Radamanthys pueda entender la situación. – seguía entretenido con el periódico.
- ¿Qué confié? ¿Me estás viendo la cara? –
- Que poca fe tienes. –
- Te vas a tragar tus palabras y deja ese estúpido periódico. – Minos le quitó el objeto de las manos para doblarlo y dejarlo sobre la mesa. – No me voy a meter en algo que no tiene solución por seguir tu espíritu de amistad, Aiacos. –
- Está bien, si se pone pesado puedes inmovilizarlo. ¿Aún puedes hacerlo? – preguntó el pelinegro
- Igual que antes no… - respondió Minos a la vez que Aiacos se levantó de la mesa - ¿A dónde vas? –
- Voy a buscar a Violatte, quedamos de almorzar juntos, además debo decirle que pronto viajaré a Alemania. – respondió Aiacos.
- Vaya, me vas a dejar aquí abandonado… - enarcó una ceja el noruego – bueno no importa, ve con tu novia, quien los necesita. – se cruzó de brazos.
- Es que a mí no me gusta soportar tu ego de diva. – Añadió burlón Aiacos – No cuento con la paciencia de Lune. Disfruta tu almuerzo. – el pelinegro se despidió con una seña de su mano. Mientras que Minos se quedó disfrutando de su forzosa soledad con una copa de vino que el mesero ya le servía.
Mientras tanto en Berlín la hora de descanso se acercaba, aunque Pandora no tenía deseos de salir no le gustaba ir a algún restaurante a comer sola, aunque fuese la hora del almuerzo prefería pasar de largo. Pero justamente en esos momentos el teléfono de su oficina timbró. – Hola… Si, todavía no he ido a almorzar. Se suponía que estabas de turno ¿No?... ya veo, si es así nos vemos en un restaurante que hay a la vuelta, si el de la otra vez… gracias por la llamada. – después de hablar con aquella persona, Pandora tomó su chaqueta y salió de la oficina para ir verle. No demoró demasiado en llegar al lugar acordado, justo ahí él ya le esperaba. Un hombre de tez blanca, ojos azules los cuales estaban , cabellos negros que estaban cuidadosamente arreglados en una coleta que descansaba en su hombro, alto, esbelto y bien vestido con un pantalón color tierra, una camisa blanca y un abrigo negro, era la persona quien había llamado a Pandora y le esperaba en aquel lugar.
Roderick Weiner fue un médico que conoció hace dos años durante el tiempo que el padre de Effi pasó en el hospital. En esos momentos, la madre de su amiga y esta no contaban con alguien que les acompañara y ayudara con los papeleos, medicinas, autorizaciones y cosas por el estilo, mientras ellas estaban pendientes del señor Steimberg. Pandora se ofreció para ayudarlas en lo posible y pudieran estar con su padre y esposo mientras llegaba la hora final, el cáncer terminal de este sólo le daba unos cuantos meses de vida, aunque Pandora nunca hubiese tenido una familia era consiente del hecho de que era mejor disfrutar de todo ese tiempo con alguien que sabía que moriría en cuestión de tiempo. Mientras Pandora estaba un día tomando un café y caminando por los pasillos del hospital, se encontró con una niña de unos once años vestida con un pijama, sin cabello y sin muchos ánimos a juzgar por la expresión de su rostro. Pandora infirió que aquella niña sufría de algún tipo de cáncer por su aspecto y también que debería estar en su habitación, una característica que la alemana aún conservaba de su anterior vida, era aquella fascinación por las relaciones entre hermanos, era un espacio vacío que Pandora jamás lleno y por lo tanto decidió ayudar a la niña a encontrar el camino de vuelta a su habitación.
Lo que Pandora no esperó es que congeniaran de una forma tan fácil y que tanto ella como Anette – ese era su nombre – con algo más de una hora juntas desarrollaran una amistad fuerte, lo que después se convirtió en algo cercano a una hermandad. Sucedía que Anette era la hermana menor de Roderick, justo por ella fue que se conocieron, el joven de cabellos negros había estudiado medicina y se especializaba en Oncología para ayudar a su hermana en el tratamiento del cáncer. Pasó el tiempo, el padre de Effi murió, Pandora ya no tenía razones para regresar a aquel hospital pero el cariño que sentía por Anette le obligó a volver. Su amistad con Roderick no se dio de una forma tan rápida como con la niña, aunque el médico entendió que una de las cosas que ayudó a Anette fue encontrar a alguien que estuviera cerca a ella, ya que el por sus obligaciones pasaba mucho tiempo lejos de su hermana, gesto que agradeció de Pandora.
- ¿Qué tal la semana? – preguntó el hombre.
- Nada en especial, revisiones y lo de siempre. ¿Y la tuya? No esperaba que tuvieras tiempo libre para almorzar. – respondió amablemente Pandora
- Pues, me han dado unas horas de descanso por unos turnos extra que tuve que cumplir, mis horarios siempre son inesperados y más cuando llega el invierno. Todo se torna de algún modo complicado. –
- ¿Y dónde está Anette? ¿Cómo le ha ido en la escuela? Los estudios que ando haciendo el fin de semana me han quitado el tiempo para visitarla como es debido. –
- Está en la casa, debe volver a la escuela esta tarde, ahora está metida en unas actividades extracurriculares de la escuela. Y todo va bien, los últimos estudios que realizamos mostraron que ya no hay rastros de aquel cáncer. Por lo que podrá tener a pesar de todo una vida normal. –
- Me alegra que las cosas finalmente se hayan dado. – Sonrió la joven – Debe estar muy feliz. –
- Si, a pesar de todo Anette se está recuperando de esos tres años de tratamiento. – Roderick observó fijamente a Pandora – Y también a ti, le ayudaste mucho. –
- Creo que la que debería estar agradecida sería yo. – Pandora desvió la mirada hacia las personas que estaban en aquel restaurante.
- Es por eso que quiero que mañana vayamos a celebrarlo, Anette quiere ir a comer pizza y luego al planetario y me pidió – sonrió recordando a su hermana – mejor, me exigió que tú fueras. ¿Puedo pasar por ti cuando salgas de la universidad? –
- No me negaría. – respondió - Es una ocasión muy importante para ella. –
- Si, mañana será un gran día. – Roderick observó a la dama de ojos violáceos contemplando el lugar, el médico no pudo negar que se sintió atraído por la belleza de la dama en un principio, aunque se preguntó varias veces cuales eran las razones del porqué Pandora se acercó a su hermana, hasta cuando se enteró de su pasado. Los dos tenían una buena relación de amistad, aunque por sus trabajos se vieran pocas veces siempre había un motivo que los unía: Anette. Hasta que empezó a descubrir que había algo más que crecía en el que una amistad hacia Pandora, la quería y aquella cena no sería sólo un motivo de celebración sino que le diría a su amiga lo que sentía por ella, esperando una respuesta afirmativa por parte de ella. La hora del almuerzo siguió con la charla entre ellos dos hasta que Pandora se despidió de su amigo y regresó a la oficina.
Cuando Pandora abrió la puerta se encontró a Effi quien la esperaba con una falsa expresión de enojo, la pelinegra simplemente la ignoró y siguió de largo para volver a sus asuntos. Effi bufó, sabía que ya empezaba Pandora a desquitarse con ella.
- Creí que no irias a almorzar y te traje algo de comer… - rompió el silencio la castaña, Pandora seguía ignorándole sin darle respuesta. – Vamos, ya deberías haber olvidado lo que pasó ayer, es cierto yo busqué en los datos personales de Lune su dirección y pensé que sería una buena idea, creo que es del tipo de chicos que te gustan… ¡Y te llevó a la casa! – Effi se acercó al escritorio de Pandora esperando que su amiga respondiera pero nada ocurría, se puso a escribir. – Algo debió haber pasado, una charla amena, algo que te haya llamado la atención… ¡Pandora! Ya… -
Pandora levantó su mirada y observó fríamente a Effi, la castaña reconocía que cuando su amiga quería ser intimidante y atemorizante solamente debía actuar así, sin reflejar su enojo o algo por el estilo, la forma en que la miraba ya era motivo suficiente para que Effi quisiera salir corriendo de allí. – Señorita Steimberg, ¿Sabe usted que faltas graves ha cometido? Investigar en los archivos información personal de sus compañeros con fines que no tienen que ver con el trabajo, es una gran falta, un modo de actuar reprochable ¿Cuántos años tiene? 12…15…16? Acaso no ha superado su época de escolaridad? – la voz de la alemana sonaba fría y distante, a veces Effi creía que hablaba demasiado en serio como para que se tratara de una lección. – Si estuviera en mis manos, le hubiese despedido de este lugar sin la más mínima consideración. Debería preocuparse por sus asuntos, no por los míos, al fin y al cabo es mi vida en la que usted se está metiendo. –
Effi se quedó congelada en su lugar hasta que Pandora sonrió burlonamente. – A pesar de todo no aprendes. –
- ¡Tonta! Odio cuando actuas así… como… - se quedó callada
- ¿Una bruja? – aun mantenía su risa burlona – Es divertido. – observó la bolsa con la comida – tendrás que llevarte eso para tu casa, ya almorcé. –
- Espera… tu no almuerzas sola ¿Fuiste con Lune? –
- Effi… -
- Ya… ya… no diré nada. – Effi se quedó en silencio y así permanecieron hasta que Pandora se marchaba una hora antes de lo acostumbrado ya que se dirigía a la universidad a las clases de sus estudios especializados que la tenían hasta las 10 de la noche, continuando el sábado todo el día. Lo único distinto, sería aquella cena que tendría con Anette y su hermano, ignorando que ese día sería el comienzo de algo nuevo, todo dependía de ella y también de lo que ocurriera en las tierras inglesas, las cosas no serían iguales para Pandora desde el día de mañana.
Radamanthys estaba observando cómo se iluminaban los botones del ascensor del edificio donde se ubicaba la multinacional donde trabajaba. Esperando que el que marcaba el 20avo piso le indicara que ya había llegado a su destino. En el ámbito laboral el inglés no tenía de que quejarse, encontró aquel trabajo que cumplia con sus expectativas, él podía destacarse, ser el mejor en el medio y no tener que soportar tediosos jefes o estar bajo presiones del algún tipo. Totalmente diferente a lo que fue aquella vida como espectro donde tuvo que bajar la cabeza demasiadas veces sólo para complacer los designios de Pandora. Mientras caminaba por el pasillo sonreía ladinamente recordando a aquella indomable y temible mujer, especialmente aquella ocasión en la que recibió un "merecido" castigo cuando desobedeció sus órdenes… entre aquellas preguntas del quizá que lo inundaban cuando pensaba en aquel pasado, Radamanthys imaginaba los posibles escenarios si ellos no hubiesen confiado en los santos traidores, si los espectros se hubiesen encargado definitivamente de Athena ¿Algo hubiese cambiado? Quizá, hades vencería y ellos hubiesen sido recompensados con vida eterna.
Recompensas… ¿qué esperaba Pandora del dios de la muerte? Para Radamanthys la idea de vida eterna era demasiado simple, el no quería aquello, estaba seguro de que Hades sería capaz de haber limpiado toda la escoria que habitaba sobre la tierra, instalando un régimen que haría que los humanos fuesen mas concientes de sus acciones y sus desiciones. Estaba casi que seguro que Pandora también quería algo distinto si hubiesen vencido, aunque siempre disfrazaba sus ideales por los del señor Hades… todo era Hades, sonaba como una imposición a veces que un deseo ¿Acaso no tuvo libertad para escoger lo que quería? Dejó de pensar aquellas cosas, tenía que encargarse de sus asuntos, la secretaria le llamó para que fuera atendido por el gerente asignado para Londres.
- Buenas tardes señor Radamanthys, por favor siga y se sienta. – aquel hombre, era un señor un poco obeso con una barba blanca y cabello del mismo color, sus referencias daban a conocer un ejecutivo con un buen perfil y que le gustaba la eficiencia más que nada, gracias a él, Radamanthys estaba en aquel puesto en la multinacional.
- Buenas tardes. ¿Cómo se encuentra sorteando este invierno? – preguntó el rubio
- Bien, por suerte no me he enfermado, así que no hay nada de que preocuparse. Y ¿Usted como está? –
- Al contrario de su condición, creo que me siento un poco resfriado. –
- Bueno, pues eso es algo que el reposo y buena atención sobre este puede ser fácilmente superado. En fin, vamos al grano Radamanthys, tengo una oferta de trabajo para usted. –
- ¿Oferta de trabajo? – el rubio clavó sus ojos ambarinos sobre su superior.
- No me mires así Radamanthys, es algo sumamente bueno para usted y no significan malas noticias, yo estoy más que satisfecho con su labor en este lugar y por eso quiero ofrecerle una gran oportunidad que no podría desaprovechar. –
- Si es por ese lado, pues ya me tranquilizo. ¿En qué consiste? –
- Bueno, ¿Recuerda que estamos en reestructuración en la sede de nuestra empresa en Berlin? Necesitamos a alguien con sus capacidades para trabajar en la auditoría y revisar algunas cosas que han quedado pendientes allá. Tendrá un poco más de trabajo del que tenía aquí, pero valdrá la pena, una mejor paga, una casa dada por nosotros en la capital alemana, incluyendo un chofer que lo acompañará hasta que usted se radique allí y se sienta totalmente cómodo. Simplemente un año de trabajo allí, creo que será muy bueno. Y viendo como se han planteado las cosas usted regresará a tomar un alto cargo en este lugar. ¿Qué me dice? –
Radamanthys se quedó en silencio analizando la propuesta, llamativa para el campo laboral, el dinero y las condiciones eran demasiado buenas para dejarlas pasar, pero el ex-Wyvern tenía una avalancha de motivos para no querer volver a saber de Alemania que se reducían en el recuerdo de aquella mujer. El ejecutivo lo observó detenidamente ¿En qué pensaba Radamanthys para tomarse tanto tiempo para analizar la oferta? Hasta que finalmente el rubio decidió responder. – Creo que la rechazaré. –
- ¿Qué? – sorprendido el hombre lo observó - ¿Es en serio? La oportunidad de su vida y no la aceptará. Radamanthys creo que el resfrió está haciendo daños en su sentido común. ¿Podría explicarme el por qué?
Su mirada se desvió para clavarse en una foto de la familia de aquel hombre, cerró sus ojos y recordó el retrato de la familia de Pandora. – Estuve un tiempo en Alemania y no tengo intensiones que volver a ese lugar nunca más. –
- Nunca diga nunca señor Radamanthys – exclamó el gerente - ¿Sabe una cosa? Le dejaré el fin de semana para que piense en lo que le he propuesto, el lunes a primera hora lo espero aquí. Ya sea para confirmar su respuesta o indicarme que cambió de idea. – extendió su mano a Radamanthys para despedirse.
- Esta bien. – el rubio aceptó aquella propuesta y se marchó de la oficina. Con la clara intensión de volver con la misma respuesta el Lunes, lo que Radamanthys no sabía es que para ese Lunes estaría muriendo por querer ir a Alemania lo más pronto posible.
Comentarios del autor
*Herzog - Significa Duque
1. Quiero agradecer a quienes se han tomado el tiempo de empezar a leer esta historia, ¡Muchas gracias! De verdad, eso es lo que impulsa a un escritor a seguir :D Y de forma especial a mi querida Ade… gracias por rolear a un Radamanthys tan genial u/u
2. Sí, aquí tengo varias ideas de parejas porque me han gustado o las he visto en internet y las apoyo. Ya sean hetero o yaoi me parece que combinan bien y pues trataré de que salgan lo suficientemente bien para que no salgan del canon de los personajes. No me gusta sacarlos de contexto.
- Minos x Lune: Porque son geniales juntos… ¡lo son! Lune siempre soportando al pesado de Minos, apoyándolo y queriéndolo pero ya se cansó de seguir viendo como el juez lo trata como cualquier cosa, aunque no haya relación y en teoría sean amigos. Lune prefirió nunca declararse al juez porque cree que no tiene oportunidad con él.
- Aiacos x Violatte: aunque el fic en teoría trabaja con el canon de la serie y apoyo más ND que LC, esta pareja simplemente me encantó, es perfecta y aunque Behemonth no exista en el universo del canon para mi es la perfecta pareja de Aiacos, por lo tanto la traeré aquí como una humana, más no como un espectro.
3. Anette y Roderick Weiner : ¿Rada la iba a tener fácil? Claro que no, además si somos lógicos, por más antisocial que quiera ser Pandora, debió conocer a alguien durante todo ese tiempo y también por las casualidades de la vida fueron estos dos hermanos. Hay que resaltar que Pandora tiene varias cosas que no supera de su vida pasada, cosas que hay de algún modo guardadas en su personalidad y aunque Hades se haya encargado de borrar memorias y tales, ella continua con esas necesidades que en su vida pasada no fueron saldadas. Es por eso que Pandora busca en parte ese espacio de su hermano menor y su familia, en base de eso es que termina acercándose a Anette y pues las chicas congenian muy bien. Y Roderick… pues la otra cara de la moneda, un hombre ideal, igual tiene sus defectos pero no adelantaré nada de ellos xD… vamos Rada no te la dejaré fácil.
4. Son varias historias que dejé por contar, tranquilos todo se dará a su tiempo, muchos flashbacks aparecerán pero serán en los momentos indicados.
