¡Hola! Gracias a tods por vuestros reviews, ¡me han hecho muy feliz!

Ary~: ¡Gracias por tu comentario guapísima!

NUAJava: ¡Me alegro de que te haya gustado! Solo una pregunta… ¿Qué es el denge? O.O espero no parecer una inculta…

Bueno, sin más, ¡dentro el capítulo 2!

Kaito&Miku

CAPÍTULO II: La Primera Amenaza

Kaito POV:

Comencé a subir la montaña observando cada pocos minutos lo que tenía alrededor. No es que tuviera miedo, no, es que… vale, estaba totalmente atemorizado.

"¡Vamos Kaito! ¡No puedes rendirte ahora!" pensé.

Entonces, al oír algo, pegué un grito y de un salto me encaramé a la roca más alta.

Cuando me atreví a girarme, vi que no era mas que una ardillita. Menos mal que nadie me había visto.

Aún asustado, seguí subiendo.

Cuando llevaba ya un trecho, me senté a descansar. Ví una cueva en un rincón, así que me decidí a pasar allí la noche.

Abrí la caja de cerillas que había traído conmigo y prendí una para iluminar la oscura cueva. Con la cerilla en la mano, me senté… y entonces todo se volvió oscuro.

-¡Mierda! –grité. La cerilla se me había caído y me había quemado los dedos.

-Hmmm… carne fresca –dijo una voz a mi lado

Instintivamente, saqué la espada y a duras penas logré encender otra cerilla y prender un montón de hojarasca que había en el suelo.

Una vez prendido, me giré con la espada en alto, muy despacio.

Lo que ví me aterrorizó.

Se trataba de un lobo. Un lobo enorme, del tamaño de un ser humano, de pelaje negro y ojos rojos que brillaban furiosos.

-¿Qué… qué eres tú? –pregunté atemorizado

-Soy el guardián de la primera puerta… ¡Nadie llega hasta la princesa sin vencerme antes! –gritó mientras se lanzaba al ataque

Logré esquivarlo por los pelos y traté de ensartarlo con mi espada, pero se movió en el último momento.

-¿Para qué buscas a la princesa? –me preguntó

-¡Tengo que salvar a mi hermana! ¡Ella es la única que puede ayudarla! ¡Déjame pasar, por favor! –le pedí

-Qué tierno… ¡pero solo un noble propósito no te servirá para acabar conmigo! –exclamó

No podía rendirme, no… no podía dejar que me ganase, o Meiko estaba perdida. Tenía que hacer algo…

En un arranque de valor que no sabía que tenía, me lancé contra él espada en ristre y logré atravesarlo con mi espada. Mientras se derrumbaba, sonrió.

-Eres valiente, chico. Has pasado la primera prueba –me dijo, y dejó caer en el suelo algo antes de desvanecerse.

Me arrodillé y lo cogí. Se trataba de un extraño manuscrito, que parecía muy antiguo.

Lo abrí. Al principio ponía "La leyenda de la princesa de la montaña". Poco a poco, iban apareciendo palabras que parecían formar una historia.

Decidí leerlo. En el pueblo circulaba la leyenda desde hacía muchísimos años, pero nadie la había oído nunca completa.

"Hace muchos, muchísimos años, al otro lado de las grandes montañas vivía un rey bueno y generoso, amado por su pueblo. Este rey tenía un hijo y una hija, ambos buenos como el padre. Pero el hijo mayor de enamoró de una sacerdotisa del templo, y a causa de su lujuria el rey a ambos hijos perdió.

El reino vecino, inspirado por los dioses, les atacó, mataron al príncipe y secuestraron a la princesa. En vano fueron los esfuerzos del rey, en vano los soldados que envió, pues su amada hija jamás volvería a casa.

Llevaron a la princesa por el camino de las montañas, pero al llegar al viejo palacio de la montaña más alta, varios animales salvajes les atacaron. Tantos los soldados enemigos como los dos sirvientes de la princesa, cautivos al igual que ella, murieron. La princesa se quedó sola.

Pedía a los dioses que le devolviesen a sus seres queridos, o al menos poder volver a su reino, pero el castillo estaba rodeado por la nieve.

Los dioses, como castigo por los actos de su hermano, al no poder castigarle a él por estar muerto, hicieron que la princesa nunca muriera y por tanto no pudiera reunirse con sus seres queridos, a menos que alguien se oscuro corazón la matase. Pero ella podía otorgar su inmortalidad a cualquiera que la amase…

La princesa esperó y esperó a que alguien llegase a acabar con su soledad, pero la montaña estaba llena de peligros, y nadie llegó.

Sola, hasta el fin de los tiempos, la princesa aún espera a alguien que le devuelva la felicidad…"

Terminé de leer el manuscrito, y sentí un peso en el interior. La princesa estaba sola y triste, y yo iba a utilizarla…

"¡Ahora no pienses en eso! ¡Tienes que salvar a tu hermana!" me regañé mentalmente, y reanudó la ascensión, aunque ya no estaba tan convencido…