Este fanfic solo ha sido creado con fines de entretenimiento y no con fines de lucro o insulto al autor CS Lewis. Lo demás a salido de mi invención y de mis horas de ocio. Gracias a todos los que leéis este fanfic y espero con ansia vuestros comentarios, aunque sean para comunicarme que no os gusta :)
El capítulo anterior, supongo que será el más largo, aunque todavía no lo sé seguro, por que voy escribiendo lo que me viene a la cabeza y no lo calculo muy bien.
- ¡Vamos, Lu! ¡Despierta!- Le gritó su hermano que estaba sentado encima de ella y con una almohada en la mano, con la que le había atacado un par de veces. Lucy se removió en su cama y metió la cabeza bajo las sábanas. Edmund se las quitó de encima de un tirón.
- Últimamente estas muy remolona.- Dijo este divertido, aún encima de ella, esperando que el peso la despertase de un tiron y no siguiese tumbada como si nada.- ¿Ya te habías olvidado? Hoy ibamos a irnos a la playa, ¿recuerdas?
Lucy le empujó e intentó seguir durmiendo. Edmund le pegó con la almohada en la cabeza y esta se la quitó de un tirón cuando sintió la tela mullida en su cara. Lucy respondió a sus ganas de empezar una pelea de almohadas, hasta que despues de romper casi todas las almohadas de la habitación, ella acabó sentada encima de él, aplastandolo con la única almohada que no se había roto. El justo se la quitó, otra vez, y se la puso en la cabeza. Ella con la mítica cara de ganas de juego, es decir, con los mofletes inchados, el ceño fruncido y los brazos cruzados, admitió la derrota y se tumbó encima de él.
- Creo que la playa puede esperar unas horitas más ¿No crees?- Dijo él cuando estaba cómodo. Ella asintió con la cabeza y se relajó, dejando caer su cabeza en el pecho de su hermano, mientras este la rodeaba con los brazos y la tapaba con la manta, aunque en verdad hacía poco frío. Estaban en primavera.
Había dormido como nunca antes. Quizas fuera la naturaleza de Narnia. No lo sabía. Se había lavado la cara y se había vestido con uno de los vestidos que una de las prometidas del rey le había prestado, le había caído bien. Luego se fué a la torre más alta de Cair Paravel, y aunque tuviera buena memoria, debía admitir que se había perdido y además, uno de los mayordomos le había dicho que habían echo reformas así que era otra razón por la que le había costado más de una hora encontrar aquel lugar. Desde allí se divisaba Narnia entera por el lado derecho y por el lado izquierdo podía verse el mar y como miles de islas de pequeñas dimensiones flotaban en él. Miró hacia abajo, al lado del mismo prado que había recorrido al lado de Aslan el día anterior, había un campo de tiro para entrenar. Ella sonrió y bajo corriendo las escaleras, buscando su habitación y perdiendose en los miles de nuevos pasillos. Ya los exploraría más tarde, se dijo, ahora debo recuperar el tiempo perdido.
Cuando por fín llegó a su habitación tras largo rato dando trechas por ahí, cogió el arco y las flechas y se fué. Tras conseguir salir y llegar al campo, observó que había diecisiete paneles con un dibujo de varios círculos, unos dentro de otros y varios muñecos de paja expuestos. Ella se dirigió al primer panel. Se colocó enfrente a unos veinte metros de distancia de él y disparó. En el centro. Sin moverse del sitio, apuntó al segundo panel. En el centro. Volvió a hacer lo mismo con el tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo y noveno, tensó la cuerda y dió en el centro. Volvió a tensar la cuerda y apuntó. No dió en el justo centro sino que dió en el círculo que lo rodeaba. Ella frunció el ceño.
- ¡Has perdido practica!- Escuchó decir una voz a su espalda y al reconocerla sonrió.
- Los años no pasan en valde-. Dijo ella y volvió a apuntar hacia el décimo panel. Tensó y soltó. En el centro. Notaba la respiración de él en su cuello.- Si eso pasa en una batalla podría estar muerta. La vida no da segundas oportunidades.
- Sí, si que las da. Tú estas aquí.- Dijo Caspian poniendose enfrente de ella.
- No son segundas oportunidades, es el premio de consolacion que se les ha ofrecido a los que no pudieron aprovechar la primera oportunidad.- Dijo ella más para convencerse a sí misma que para contestarle a una pregunta indirectamente formulada por él.
Sus miradas se encontraron. Ojos azules contra marrones apartó la mirada primero nerviosa y alzó la mano para coger una flecha pero no tenía. Él sacudió la cabeza dirigiendose a los paneles, diciendole en silencio que recogieran las flechas y que de paso dieran un paseo.
-¿Cómo llegaste aquí?- Preguntó él para romper el hielo.
- No lo sé, lo último que recuerdo es que morí.- Contestó ella-. Un hombre montado en un coche, un medio de transporte que usamos para desplazarnos en nuestro mundo, me pasó por encima.
Llegaron por fín al primer panel y de él extrajeron la flecha de Susan clavada justo en el medio, como si lo hubieran medido. Tras largo rato de conversación, ella recordó lo que el motivo por el que quiso olvidar Narnia y se lo preguntó.
-Lucy me dijo que te volviste a casar, según ella dijo con una estrella llamada, Lilliandil y que tuviste un hijo que ahora tiene tu misma edad -. Dijo ella con la voz rota y con lágrimas en los ojos al recordarlo, pero se giró para que no la viera y se tragó el nudo de la garganta e intentó no temblar. -¿Es cierto? Él asintió y la miró sonriendole.
-Eso sucedió hace mucho tiempo, antes de que yo muriera. Cuando la ví la primera vez fué viajando con tus hermanos menores en el viajero del alba, buscando los siete lores. Era hermosa. Pero si has estudiado física sabras que todas las estrellas se apagan, para su desgracia lo hizo despues de mí.
- ¿La amabas? -Preguntó ella sin esperanza y con un nudo más grande en la garganta que le impedia hablar con un mismo tono de voz.
-No lo recuerdo, pero creo que sí. -Contestó el sinceramente y continuó.- Al principio solo me pareció hermosa, pues seguía locamente enamorado de tí, con el tiempo ella me ayudo a olvidar aunque yo no me sentía del todo feliz. No se si fué por que la quería, por que quería olvidar o por que anelaba un heredero.
Ella asintió tristemente. Le dolía hablar sinceramente de un tema tan sensible como aquel. El hombre al que amaba y al que por mala suerte no había podido olvidar por mucho que lo intentase le estaba confesando que posiblemente había amado a otra mujer o peor, que la había utilizado. No se había dado cuenta de que se había parado y que un río de lágrimas bañaban sus mejillas, nublandole la vista. Caspian tambien se detuvo y se paró frente a ella.
- Caspian..,- Se desahogó Susan-. La razón por la que olvidé Narnia y por la que me centre en ser una mujer adulta y madura, fué para encontrar un hombre que pudiera sustituirte en mi corazón, pero lo único que he logrado es que mi corazón se rompiese más aún hasta el punto en que me creía mi propia mentira.
Cuando soltó toda aquella palabrería, que aunque sabía que era romantica le resultaba cursi, se sintió como si se hubiera librado de siete quilos de encima. Ella no paraba de llorar y sintió como unas manos la rodeaban. Caspian la estaba abrazando y consolando, mientras ella lloraba en su hombro, algo extraño en ella por que siempre se encerraba en su habitación a llorar sin dejar que la viera mucha gente.
Había pasado ya un mes desde que Susan había venido a Narnia y en poco tiempo lo había revolucionado todo. Peter estaba sereno y tranquilo, algo bueno ya que nunca lo estaba. Las peleas entre Rilian y Caspian no hacían más que empeorar, ¿la razón? Su adorable hermana Susan que según Rilian estaba sustituyendo a su madre. Pero a ella no le importaba seguía juntandose con él y haciendo de rabiar al príncipe. Otra razón y la más importante es la de que desde pequeños los cuatro hermanos pevensie siempre habían estado divididos, Peter y ella siempre habían estado juntos y por otra parte estaban Susan y Edmund. Ahora estaba volviendo a pasar. Parecía que Edmund disfrutaba de estar al lado de su hermana "lista" de tal forma que había olvidado a su hermana normal, es decir, ella. Sabía que solo eran celos. Pero es que siempre había sido así. Susan era guapa, inteligente y racional. ¿Y que era ella?, se preguntaba Lucy a cada momento. Solo una chica muy valiente y poco más. Narnia era lo único que había considerado como realmente suyo, puesto que Susan lo había despreciado y ahora volvía a la carga. Cerró los ojos con fuerza. No podía pensar aquello. Ante todo era su hermana y debía quererla. Miró a su hermanito y vió que estaba jugando al ajedrez con ella en el patio. Edmund estaba perdiendo. Sonrió debilmente y dentró a su dormitorio.
- ¡Ed! ¡Te acabo de comer tu reina y no te has dado ni cuenta! ¿Estas bien?- Preguntó Susan alarmada al ver por primera vez en años estaba ganando a su hermano. Este estaba meditabundo, pensando en sus cosas. De pronto su hermano giró la cabeza y miró a algún punto, que Susan no dudó en seguir con la mirada. La habitación de Lucy.
- Sí, estoy bien.., ¿Qué decias antes?- Respondió Edmund algo despistado.
- No, no estas bien. ¿No me vas a decir lo que te pasa?- Preguntó su hermana y él hizo como si no le hubiese preguntado nada pero que en realidad tenía miedo, mucho miedo.- ¿Es por Lucy?
Edmund cambió de cara con tan solo oir el nombre de la menor y Susan supo que dió en el blanco. Si a Edmund le pasaba lo mismo que a Lucy sería en toda ley un sentimiento incesto. Recordó los años de niñez de Lucy, siempre queriendo llamar la atención de su hermano pero que casi nunca conseguía porqué en aquellos tiempos Edmund era un niño mimado. Tras largos minutos en silencio y después de varios intentos de que su hermano pequeño la mirara, lo consiguió y él se rindió.
- Es solo que últimamente está muy aislada..,- Excusó Edmund sus pensamientos.
- ¿Te preocupa?- Volvio a insistir ella al ver que su hermano no terminaba de decir sus sentimientos y si se cerraba en banda no conseguiría nada.
- ¡Pues claro!- Exclamó Edmund algo mosqueado-. ¿A tí no?
- Sí, claro que me preocupa.., pero no igual que a tí.- Dejó caer Susan
- ¿A qué te refieres?- Preguntó de la forma más inocentemente posible.
- A que la quieres de una forma distinta que yo o que Peter, que la miras de una forma distinta que nosotros y que pasas más tiempo con ella por esa razón.- Argumentó Susan haciendo que Edmund estuviera callado y con la cabeza roja durante unos minutos que parecieron eternos.
- Eres muy lista, hermana.- Contestó él sin pudor.- Peter tambien logró verlo y me llamó enfermo, luego intentó separarme de Lucy. Lo consiguió. Durante dos años estuvimos separados y Peter casi le entrega su mano a otro rey. Creo que el rey de Beruna...- Luego se quedó mirando a Susan unos segundos- ¿Se me nota mucho?
- Bastante. Pero quizas sea solo yo la que lo vea, por que seguro que Pet tardo mucho en notarlo..,- Edmund asintió con la cabeza. Volvió a acertar.
- Te pareceré un enfermo...
- En absoluto. Sí, sería incestivo y no podríais darme ningún sobrino pero.., es muy dulce y ella siente lo mismo por tí.- Respondió Susan, aunque Edmund solo escuchó lo último y sonrió, alzando la vista hacia el balcon de la Pevensie menor.
Lucy andaba triste por los pasillos del castillo, bueno en realidad no era triste, era celosa. Susan siempre había sido perfecta, incluso sus padres la preferin antes que a ella y ahora le robaba a lo que más quería. A su hermano Edmund. Y la verdad es que estaba tan metida en sus indagaciones mentales que no escucho las fuertes voces de la habitación de al lado hasta pasar por su lado. Era la conversación entre un hombre y una mujer. La voz del chico supo cual era, la del principe Rilian pero no tenia ni idea de quien era la mujer así que sin pedir permiso pegó la oreja a la puerta.
- ¿Y entonces es eso lo que quieres realmente?- Preguntó la mujer que parecía tener un tono alegre y frío a la vez en su voz.
- Eso es, si no es mia, no es de nadie y menos de mi padre...- Comenzó a decir el muchacho pero la mujer lo había callado, él se quedó confuso.- ¿Qué ocurre?
- Parece que tenemos una invitada no deseada.- Contestó la mujer y la puerta se abrio de golpe dejando caer a Lucy al suelo, por que anterior mente estaba apoyada en aquella puerta de roble macizo. Esta se cerró con una rafa de viento dejando a la Valiente dentro. La muchacha alzó la vista y al ver quien era la otra persona que hablaba en aquella conversación se quedó helada. Helada. Helada como se encontraba la mujer que tenía ante ella.
- ¡Eres la bruja blanca!.- Dijo ella en término acusatorio, lo cual le produjo una gracia tremenda a Jadis, y se volvió hacia Rilian.- ¿Pero que has echo?.- Le reprimió y el bajó la cabeza dejando entre ver su mano ensangrentada y un circulo irregular dibujado en el suelo.
- No te enfades con él, al parecer teneis más en común de lo que creeis.- Dijo ella en tono picarón lo cual extrañó bastante a la reina Lucy.
- Yo no me parezco a él.- Dijo ella ofendida e hiriendo al principe.- Yo no invocaría a un ser tan despreciable como tu.
- Quizas es por que no te lo habras planteado. Pero ambos pensais más o menos igual.- Contestó ella con una carcajada que se escuchó por todo el castillo
- ¿Qué no me he planteado? ¿Llamarte? ¿Por que iba a hacerlo?.- Preguntó ella retóricamente.- La verdad es que solo causarias más guerras y muchos más destrozos y problemas.
- Querida.- Se involucró falsa y dulcemente la bruja antes de que la Valiente pudiera hacer nada al contrario.- Vuestro tema en común es la recien llegada de la reina Susan.
Lucy se quedó en silencio unos momentos y miró a Rilian interrogandole con la mirada aunque lo único que consiguió fué que este apartara la mirada y la dirigiera a otra parte. ¿Qué sabria la bruja blanca sobre sus celos hacia Susan? ¿Qué es lo que hacía Rilian allí? Invocarla, estaba claro, pero, ¿para qué exactamente? Jadis, la bruja le leyó el pensamiento o eso dio a entender cuando pronunció las siguientes palabras:
- Mi querido Rilian me ha ofrecido su sangre como hijo de Adán por una razón. La razón es la siguiente. El joven principe, al igual que su padre anteriormente se ha enamorado de la reina Susan tan solo con verla, pero no puede acceder a ella.
- ¿Es eso cierto Rilian?- Preguntó temerosa Lucy. Rilian no contestó. Genial, pensó, otro muchacho iluso a quien agregar a la lista de locos por su hermana.
- Es cierto, mi querida reina, pero la cuestion es que si su padre esta en juego, él no tiene oportunidad con Susan así que tuve una idea que seguro que os gustara a los dos, por que tu tambien quieres que Susan desaparezca.- No supo como, ni tampoco el porque pero ella acabó asintiendo con la cabeza.- ¡Excelente!- Exasperó al bruja al verla coincidir con su propuesta.- La idea es la siguiente, ya que no podemos eliminar a Susan, porque se notaría demasiado la conspiración debemos hacerla separar de Caspian por todos los métodos posibles y el único es traer de nuevo a la vida a la estrella Liliandil.
- ¿A mi madre?- Preguntó asombrado Rilian que por fin decia algo en aquella conversación.
- Sí, a tu madre. ¿Entonces sellamos el trato?- Dijó ella con una sonrisa maléfica en la cara, lo cual herizó los pelos de la coronilla a ambos seres de la realeza. Se miraron y tragaron saliva. Rilian afirmó con la cabeza aún sin despegar la mirada de Lucy, a la que intentaba convencer a base de observarla, pero ella estaba en duda, pues, ¿qué es lo que pediria a cambio la bruja? Jadis al verla dudar acabó diciendo.- Tranquila, mi reina tu secreto esta a salvo conmigo.
La reina Lucy no estaba segura de si misma, aquello podría dañar gravemente a su pueblo, pero le daría una oportunidad muy grande con Edmund, pues ella no tendría tiempo suficiente que dedicarle a su querido hermando cuando la estrella se presente interrumpiendo sus planes. Vaciló por última vez y acabó afirmando con la cabeza.
- ¡Espera!- Grito Lucy pero la bruja ya se había desvanecido. Quería preguntarle cual era el truco de todo aquello. Todo el mundo sabía que la bruja no haría nada gratis. Que ella no haría nada sin algo que pedir a cambio. Pero la cuestion que ahora le rondaba por la cabeza era, ¿que pediria la bruja como trueque?
