FELIZ AÑO NUEVO! FELICES FIESTAS A TODOS!

Y AHORA…

PERSONITAS BELLAS, A CONTINUACION RESPONDO SUS MENSAJES

AYNATT: Huuuu! Yo también adoro el Mimato y de hecho… CHAN! Será sorpresa jijiijji

Nickie: Que bueno que te haya gustado, disfruta el capitulo

Mary: ojala tuviera 24x7 libre para poder escribir, pero no me da el tiempo: trato de subir lo más pronto posible.

Guest: A mi tampoco me gusta el Mishiro, pero la historia lo amerita jajajajaj ojala disfrutes la historia

RubyKaiba: AY! yo también estoy esperando al mimato, y al michi también! Jajajajja ojala no demore tantos capítulos en llegar a donde quiero

IzzieBlake: traté de que fuera lo más rápido posible :P

Sakura Gonzakez: Aquí llegó el segundo capitulo. Disfrutalo linda!

mariana garcia: jajajjajaja yo también cuando leo Mimato (o michi) entro de cabeza al fic

Faby Hola: gracias por tus palabras. Me encanta que disfruten lo que escribo, me siento filiiiz

Y gracias a todos esos 200 lectores fantasmas! Os quiero Os adoro


FOR MONEY

Lore-chan


Capitulo 2

Mimi salió de la consulta privada con dos ideas totalmente claras. La primera era que Joe Kido no tenía la más mínima idea de la nueva "profesión" que había adquirido hace apenas un día ya que le indicó que estaba en el límite de IMC permitido para ser modelo y que no podía subir ni un gramo más, además de que su glucosa estaba alta y que si seguía así ningún diseñador japonés la llamaría para vestirla. Así que le entregó una estricta pauta alimenticia donde excluía todos los alimentos altos en grasas y las harinas blancas. Ese hombre no tenía la más mínima idea.

Y la segunda fue que desde ese mismo día se olvidaba de las pastillas anticonceptivas para llevar bajo la piel de su brazo izquierdo un pequeño dispositivo que duraba nada menos que 3 años y que le impedía ovular… por tanto, adiós también a las toallas femeninas y a los tampones. Claro si iba a trabajar en eso no podía "estar en sus días" debía estar disponible los 365 días del año para.

La castaña iba caminando a un lado de Zoe que había comenzado a tararear la misma canción de la mañana. Iba completamente absorta en sus pensamientos sin sacar esa sonrisa tierna de su rostro, jugaba con unos de los mechones de su cabello enredándolo en su dedo índice provocando que se ondulara momentáneamente para luego alisarlo con todos sus dedos… y volvía a hacer lo mismo una y otra vez.

La compañía de la rubia no le molestaba para nada, poseía un aura de paz y tranquilidad que rara vez había sentido antes, era como si una luz imaginaria la rodeara en todo momento.

Mimi la miraba de reojo con insistencia, ¿en verdad ella era tan bonita como Zoe? Es que la chica en verdad parecía una muñeca de porcelana china hecha a mano. A medida que avanzaban hacia el gimnasio a inscribirse no hubo hombre que no voltease a mirarlas, pero algo le decía que, si bien a ella también la miraban, la rubia se robaba más de la mitad de las miradas.

¿Cómo una chica tan linda como Zoe terminó prostituyéndose?

-El gimnasio está a un lado del Hotel Hilton Tokyo Odaiba – dijo Zoe de pronto indicando un majestuoso hotel que se alzaba a pocas cuadras. – el dueño del gimnasio se asoció con el hotel y juntos construyeron Gym Tokyo Odaiba, es de primer nivel. Tiene de todo, spa, canchas de tenis, cancha de football y lo mejor es la piscina panorámica en el último piso. ¡Puedes ver toda la bahía de Odaiba mientras nadas! – chilló con alegría.

-oh… - fue lo único salió de su boca. Ella sabía lo que era vivir rodeada de lujos, pero desde que lo perdió todo no pensó que podría recuperar todo aquello tan rápido. No iba a ocupar la palabra "facilidad" ni "fácil" porque sabía que esa nueva vida no se la estaban entregando gratis. Ella se estaba tragando todo su orgullo y todos sus principios para tener las herramientas necesarias para ayuda a su madre y que pasara su enfermedad con el menor dolor y sufrimiento posible – Zoe, ¿Es posible que después de inscribirnos en el gimnasio pueda ir a ver a mi madre al hospital? Quiero ir antes de ir a trabajar.

-Sí, obvio que puedes. Pero, ¿no se supone que empezarías a trabajar el lunes? – inquirió la rubia y Mimi entendió que ella estaba pensando que se trataba del otro trabajo.

-Estoy hablando de mi trabajo como mesera – aclaró.

-ah… oh… - Zoe parecía estar buscando las palabras para continuar hablando – yo… yo creo que deberías renunciar a ese trabajo Mimi. Tienes que estar disponible en todo horario, hay clientes que piden cita en horario de almuerzo como hay otros que te citan a las cuatro de la mañana…

A Mimi no se le había cruzado por la mente renunciar en el restaurante pero viéndolo desde la perspectiva que planteaba la rubia ambos trabajos eran incompatibles.

-al parecer tendré que pensarlo… - comentó a pocos pasos de la magna entrada del gimnasio.

Zoe fue la primera en entrar y cuando Mimi lo hizo el aire acondicionado la peinó con fuerza. Estaba muy helado allí dentro, se lamentó de no llevar un sweater con ella.

Estaban en una gran sala-recepción alfombrada de color dorado, al fondo se veía una mampara de vidrio y tras ella un largo pasillo. Avanzó un par de pasos hasta quedar en medio y vio que alrededor habían grandes maceteros, algunos con helechos y otros con palmeras dándole un toque exótico.

Buscó a Zoe y la encontró rápidamente conversando con dos apuestos chicos que estaban tras un enorme mesón que tenía pegada las palabras "Recepción e informaciones" en la pared.

Ambos muchachos parecían estar contándole algo muy divertido a la rubia porque reía con insistencia. Se notaba que los dos estaban bajo el encanto de la chica.

-Mimi, ven – le indicó Zoe con la mano. La ojimiel se acercó un poco tímida y sintiendo que sobraba – Chicos, ella es Mimi Tachikawa. Es amiga mía así que me gustaría que la trataran bien.

-Es un verdadero gusto conocerte – dijeron ambos chicos al mismo tiempo. Y Mimi pudo notar ahora que los tenía más cerca que eran gemelos. Ambos tenían el cabello azul oscuro al igual que sus ojos. Su única diferencia era que uno tenía el cabello amarrado en una cola y el otro tenía el cabello más corto.

-Ellos son Kouji Minamoto y Kouichi Kimura, son dos de los mejores personal trainers que hay en el gimnasio – aseveró con una sonrisa.

Llevaban la camiseta del gimnasio que era de color blanco con el logo a la altura del corazón. Mimi tuvo que admitir que estaban como querían. Su musculatura resaltaba desde la camiseta pero no de forma grosera, sino que sutil. Ambos eran realmente atractivos.

-Somos los mejores… aunque hoy nos tengan en recepción – rio divertido el gemelo de cabello corto.

-Es porque Ayumi salió con pre natal y Yuna se accidentó – comentó ahora el chico con la coleta – así que nos verán al menos una semana aquí. Por lo que no podré entrenarte hasta la siguiente… ¿Podrás sin mí, Orimoto? – preguntó esbozando un sonrisa irónica. El chico sabía que Zoe odiaba hacer ejercicio y que necesitaba a alguien a su lado que la presionara.

-Sabes que no podré… - bajó los brazos en signo de derrota - ¿Quién te está reemplazando?

-La verdad es que aún no nos dicen nada, como ocurrió recién hoy, no nos informaron de nuestros reemplazos.

-iré a hablar con Hikari entonces, porque tengo que venir hoy en la tarde. Además Mimi debe inscribirse – la chica hizo una leve reverencia que la castaña replicó muy mal y se despidieron.

En cuanto llegaron a la mampara de cristal Zoe colocó su dedo índice en un lector alojado a un lado de la misma. Se emitió una luz verde y más abajo Mimi leyó de reojo que la pantalla mostraba el mensaje: "Welcome Orimoto Izumi"

Se adentraron al largo pasillo y a medida que avanzaban las voces que habían del otro lado se escuchaban con más fuerza.

Cuando Mimi llegó al final quedó con la boca abierta, pero no literal ella no iba a demostrarse anonadada, al menos no externalizarlo. Era un gimnasio de lujo tal cual lo mencionó la rubia en ocasiones anteriores. Se notaba en el ambiente, en la música, en la gente. Se sentía de la misma forma que cuando llegaba a los eventos de beneficencia a los cuales era invitado su padre junto a toda la familia… se respiraba glamour.

Las trotadoras, elípticas y las bicicletas de spinning daban a los enormes ventanales permitiendo ver sin problemas la calma de la bahía y el Rainbow Bridge. De noche debía ser espectacular.

-Este es el piso de ejercicios aeróbicos. En el segundo están las máquinas para hacer pesas y todo eso. En el tercero y cuarto están los salones de clases. Hay clases de Yoga, pilates, baile, zumba, poledance, tango, rock and roll… uff un sinfín. En el quinto, sexto y séptimo está el SPA del 8 al piso 14 son solo estacionamientos. En el 15 están las oficinas y el en 16 ¡esta la piscina! – entonó con voz cantarina.

-Es realmente… muy bonito… - se limitó a comentar.

-¿cierto que lo es? – preguntó retóricamente avanzando hacia el ascensor.

Cuando ambas estaban ya adentro, Zoe apretó rápidamente el número 15.

Mientras el ascensor subía, la castaña tenía una pregunta atorada en la garganta desde que habían entrado a la consulta médica. Necesitaba saber si todas aquellas personas sabían qué hacían ellas. Al parecer Joe Kido no estaba al tanto, pero el personal del gimnasio ¿lo estaban?

Tenía esa sensación de que todas las personas la miraban como si fuese culpable de algún delito.

Quizás estaba tan sugestionada ante la decisión que había tomado, que los nervios le hacían ver cosas extrañas donde no había nada.

-Mimi… ¿vienes? - Ya estaban en el piso 15 y Zoe la miraba desde afuera del ascensor dudosa. Al notar que las puertas comenzaban a cerrarse, Mimi salió rápidamente. – vamos a inscribirnos directamente con Hikari.

-¿Y ella es la secretaria de inscripciones? – la castaña avanzaba capturando con sus ojos todos los bellos detalles del piso en el que se encontraban. Muchas plantas, mucho verde… mucho dorado, mucha pulcridad, mucho lujo. Se sentía cómoda con todo aquello, como en sus mejores años.

- ¡oh no! – exclamó Orimoto con una sonrisa – Hikari es la hermana del dueño de la cadena de gimnasios. Es su mano derecha y mientras su hermano no está en el país ella es la encargada suprema. Te va a encantar, es una de las personas más encantadoras que existen.

-Vendría siendo como la CEO.

-Sí y su hermano el propietario.

-Ósea… su hermana trabaja y él se lleva las utilidades – Mimi sonrió con ironía.

Zoe no pudo contener la carcajada ante el comentario de Mimi denostando al dueño del lugar.

-Su hermano también trabaja… de hecho es muy famoso. Es Taichi Yagami – y la rubia la miró esperando que al decir aquel nombre ella reaccionara, pero ningún musculo en la cara de la muchacha se movió. Zoe paró de golpe su caminar y la observó incrédula – Taichi Yagami – repitió y solo hubo más silencio - ¿Me vas a decir que no conoces a Taichi Yagami?

-¿Debería…? – oh por Kamisama se comenzaba a sentir incomoda, como si la dijeron algo tan obvio, pero ella no lograba armar el puzzle.

-¿En qué mundo vives?... – rió – Taichi Yagami es el delantero más famoso que ha tenido la selección japonesa en AÑOS, gracias a él obtuvieron el segundo lugar en la copa mundial de football el año pasado. ¿En serio no ves televisión? Fue el partido que más he sufrido en la vida! …Japón vs Italia. Tuve mi corazón dividido. – Zoe reprodujo un puchero exagerado – últimamente ha salido mucho en las noticias ya que anunció su retiro. ¡Y tan solo tiene 32 años! Al parecer ahora si "trabajará"

Ahora Mimi no pudo aguantar la carcajada, había entendido la indirecta de la última palabra.


Hikari Yagami era todo y más de lo poco que había comentado Zoe. Era una chica menuda de cabello corto en melena y unos brillantes ojo color café. Era la misma dulzura en movimiento, poseía una voz suave y tierna con la que Mimi perfectamente podría quedarse dormida. Tenía la misma edad de Orimoto e iba vestida muy informalmente para ser CEO (También era demasiado joven para serlo).

En cuanto pasaron a su oficina, luego de esperar unos minutos afuera ya que su secretaria les indicó que estaba al teléfono con alguien importante, Hikari se levantó de su asiento como si éste tuviera resorte y fue a abrazar a la rubia que la respondió de igual manera.

Al parecer eran muy buenas amigas.

Durante los segundos que duró el abrazo Mimi barrió la oficina con sus ojos. Le encantaba mirar detalladamente los nuevos lugares de visitaba y esta oficina no iba a ser la excepción.

No era una oficina extremadamente grande, pero el espacio era considerable. Lo mejor de todo eran los colores elegidos, muy femeninos. El escritorio era de vidrio con el infaltable MAC sobre el mismo y estaba al medio de un amplio ventanal desde donde caían unas enredaderas desde afuera. Su silla era blanca invierno de cuero. En el lugar tampoco faltaban las plantas, habían varios maceteros. En una esquina a un lado de un pequeño bar un sillón en L color marfil y frente a este una mesita de centro con un gigantesco florero lleno de rosas blancas.

Si Mimi llegaba a tener una oficina, se iba a inspirar en la oficina de Hikari Yagami.

-Hace mucho que no subías acá – comentó la castaña - ¿a qué debo la sorpresa?

-Traje a mi amiga para inscribirla en el gimnasio.

-Membresía platinum, ¿cierto? – Hikari sonrió caminando de vuelta a su escritorio.

-¡Oh si! Igual a la mía y al de las demás chicas.

"¿Demás chicas?" Mimi enarcó una de sus cejas curiosa.

-¿Cuál es tu nombre? – preguntó la Yagami tan dulcemente que si hubiera sido hombre se habría enamorado en ese instante.

-Mimi Tachikawa.

-Y ¿qué edad tiene Señorita Tachikawa? – la muchacha había comentado a digitar rápidamente en el computador.

La castaña le respondió 23 y de ahí continuaron una seguidilla de preguntas para llenar su ficha. Al cabo de 10 minutos ya estaba inscrita y enrolada (luego de pasar su dedo índice por un lector de huellas). Y podía comenzar cuando ella quisiera.

Al momento de pagar Zoe simplemente sacó una tarjeta negra desde su billetera y todo quedó saldado.

-Estamos listas señorita Tachikawa. – sonrió Hikari mirando a Mimi con cariño - Puedes comenzar cuando quieras. El gimnasio tiene 10 sucursales a los largo del país y puedes ocuparlas las 24 horas del días los 7 días de la semana. Esto también incluye el SPA, sólo debes apuntarte con una de las chicas y decirles el tratamiento que ocuparás. También tenemos descuento en el Hotel Hilton Tokyo Odaiba y ¡en muchos otros lugares! Aquí tienes tu tarjeta de membresía platinum – le indicó extendiéndole una tarjeta plateada con su nombre y un código QR. - Y bienvenida.

Bueno, ya estaba todo listo. Ahora necesitaba ir a ver a su madre al hospital. Mañana comenzaría a ir al gimnasio.

Mimi se iba levantar pero para su desgracia Zoe había hablado.

-Hikari, ¿puedo preguntarte qué va a pasar con mi personal trainer? Dejaron a Kouji en recepción. Además Mimi también necesita uno.

-¡Es cierto! – la Yagami levantó las cejas como si hubiera olvidado algo importante – con el accidente de Yuna y la salida de Ayumi la recepción quedó desamparada. Mira, la persona que viene a reemplazar a Ayumi llega el próximo lunes y Yuna tengo entendido que tendrá descanso hasta al menos dos semanas por lo que tendré que cambiarte por al menos una semana con otra persona – Zoe no parecía muy convencida desde que estaba allí siempre la había entrenado Kouji, ambos se habían vuelto muy buenos amigos – no pongas esa cara Izumi, te dejaré con el mejor. De hecho, debería llegar en cualquier momento porque viene desde la sucursal de Tokyo a ayudarme con todo este entuerto. En cuanto supe todo, lo llamé de inmediato.

De pronto sonó un pitido desde la esquina del escritorio de la castaña y la voz de su secretaria de hizo presente – Señorita Yagami ha llegado el señor Kanbara.

-¡Dile que pase por favor! – exclamó alegre – lo llamé con el pensamiento – dijo guiñándole el ojo a ambas muchachas.

Zoe se cruzó de brazos en su lugar, ¡Ella quería a su amigo Kouji! ¿con quién comentaría las series de Netflix ahora? ¿A quién le podría mandar un mensaje a las 3am preguntándole cuanto porcentaje de carbohidratos tenía el ramen?

Mimi por su parte estaba inquieta y movía su pierna con insistencia. Ya iban a dar las 11am, quería pasar donde su madre antes de ir al restaurante, pero su horario de trabajo ya comenzaba a las 11 por lo que estaba muy atrasada. ¡Oh demonios! Y a todo esto tenía que poner la cara y renunciar porque su nuevo trabajo no compatibilizaba.

Tanto Mimi como `Zoe estaban en sus batallas internas para cuando Hikari abrió la puerta y entró un joven alto y moreno. Tal cual como lo eran Kouji y Kouichi, el muchacho tenía un físico envidiable, era bastante apuesto. Y Zoe fue la primera en notarlo.

-Izumi, Takuya Kanbara. Tu nuevo personal trainer – lo introdujo Hikari – y el suyo también señorita Tachikawa.

Mimi vio a Zoe de reojo y notó de inmediato que tenía las mejillas coloradas junto con un especial brillo en la mirada. Eso era amor a primera vista, pensó ella de inmediato. La cara de boba de la rubia era un poema escrito por Neruda y Mimi no pudo evitar no esbozar una sonrisa burlona.


¡Al fin!

40 minutos después Mimi se hallaba caminando por los pasillos del Hospital General de Odaiba buscando la habitación de su madre.

Su teléfono había sonado en 2 oportunidades y al notar que era desde el trabajo había optado por no contestar. Más tarde se encargaría de eso.

Primero lo primero.

Llegó a la recepción del tercer piso y la enfermera de turno le indicó que su madre acababa de salir de su sesión de quimioterapia y que ya podía visitarla en la habitación. No esperó más y rápidamente se dirigió al cuarto que le habían indicado.

A medida que avanzaba su teléfono nuevamente comenzó a sonar, lo sacó de su cartera para verificar si era otra vez desde su trabajo. Pensaba en contestar y decirle que se encontraba indispuesta y que no podría presentarse hoy, pero en la pantalla se leía "Private Number".

Se detuvo a mitad del pasillo con la curiosidad latente. ¿Quién sería?

-¿Alo? – contestó con timidez.

-Mimi, soy Koushirou.

"oh" y por su mente pasaron raudas las imágenes de ambos en la cama. Las manos le comenzaron a sudar y el corazón a palpitar más rápido de lo normal.

Era una extraña sensación. Era su nuevo jefe, ambos se habían visto desnudos, ambos habían tenido sexo.

¿Cómo se trata al jefe con el que te acostaste por horas?

-¿Cómo obtuviste mi numero? – si claro, con esa pregunta se trata al jefe. Se dio un golpe en la frente con la palma de la mano al notar de inmediato su tonta pregunta. Él era informático, obtener un número de teléfono era pan comido – digo… ¿pasó algo?

-Tengo listas tus pertenencias, después del hospital necesito que pases por la oficina.

-¿Mis pertenencias? - ¿había olvidado algo ayer? – está bien… - oh wait! Un momento. ¿Cómo sabía que estaba en el hospital? Zoe se había quedado en el gimnasio con su nuevo personal trainer y ella era la única a la que se lo había dicho.

¿Cómo lo supo?

-Tu celular tiene GPS – dijo Izzy provocándole un respingo. ¿Había dicho lo último en voz alta? – sí, Mimi lo dijiste en voz alta. Te espero. – y cortó.

-Tengo que cuidar lo que digo – se dijo a si misma colocando el celular de vuelta en la cartera.


-¡Mama!

Mimi se acercó a la camilla en donde una cansada Satoe Tachikawa yacía acostada. Tenía la piel amarillenta, había adelgazado mucho y la piel se le pegaba a los huesos. Unas profundas ojeras denotaban su falta de sueño.

-¿Cómo te has sentido hoy? – preguntó acariciando con ternura el brazo en donde tenía puesta la intravenosa.

-Muy cansada… no logro dormir por el dolor– contestó cerrando los ojos pesadamente.

-pero, ¿No te han puesto analgésicos? … pediré que te coloquen más, no puedes…

-Si puedo – interrumpió – más medicina implica más gasto. Y tú ya estás trabajando lo suficiente en ese restaurante. No quiero ser más carga de lo que ya soy. – el mentón de la señora Tachikawa comenzó a temblar – no puedo hacerte esto hija. Ya suficiente con todo lo malo que has tenido que pasar para que además te mates trabajando para mantenerme con vida por más tiempo del que debo.

-¡No digas eso! – Mimi se tensó molesta y su madre abrió los ojos para mirarla - ¡No vuelvas a decir que eres una carga! ¡Eres lo único que me queda! Y si tengo que… - "si tengo que prostituirme", que es exactamente lo que iba a empezar a hacer – y si tengo que hacer lo imposible, lo voy a hacer.

-Pero…

-Pero nada. Tú quédate tranquila y desde ahora dejare órdenes de que te den analgésicos decentes. Mamá, vas a mejorar. Saldremos de esto juntas – una lagrima solitaria bajó por su mejilla sin su permiso. Le rompía el corazón ver a su madre en esa situación.


TOKYO

12.34 hrs

Yamato Ishida, 32 años. Agente de Interpol y antiguo comandante de S.A.T.

Había llegado hacia tan solo minutos al que había sido su departamento de soltero durante dos años antes de partir a Francia y formar en aquel lejano país su familia o al menos la que creía era su familia.

Dejó las maletas a un costado de la entrada y tras colocarse las manos en las caderas miró con desgano a su alrededor. Eran las doce de la tarde pero el departamento de encontraba en penumbra. Todas las persianas estaban abajo y podía denotar la silueta de los pocos muebles que adornaban el lugar.

Caminó hasta la ventana de la sala de estar y abrió las cortinas de golpe lo que le provocó una tos ahogada debido al polvo que se había acumulado en la tela. Desde el piso 18 los autos y las personas parecían hormigas. Su rubio cabello quedó opaco y trató de dispersar el polvo sacudiéndose el mismo con las manos y dio la vuelta para observar que sobre la mesa del comedor aún estaba aquel papel donde se confirmaba su reserva para el vuelo Tokyo-Paris hace 5 años atrás.

Desvió la vista posando sus profundos ojos azules en medio de la sala en donde estaba su saco de arena colgando desde techo, esperando a ser golpeado. Y pasos más a la izquierda estaba su press de barra con distintos pesos.

Recordó cuantas veces había llegado frustrado de las misiones cuando estaba en S.A.T., porque aquel asesino había logrado escapar, no pudo llegar a tiempo para que alguna joven hubiera sido víctima de abusos o porque simplemente habían errado en el horario en que se produciría el atentado y dejaba heridos y muertos por doquier. Yamato llegaba y se desquitaba durante horas golpeando el saco de arena con golpes de puño y patadas. O simplemente se acostaba y comenzaba a subir y bajar la barra con el mayor peso posible hasta quedar con los brazos temblorosos.

Rabia.

Una rabia muy distinta a la que sentía ahora.

Llegaba nuevamente a Japón como enviado especial desde la Interpol a desbaratar una red de prostitución asociada al lavado de dinero, manejada por los yakuzas. Las ramas de la red abarcaban a la mafia Siciliana, el crimen organizado en Francia llamado Milieu y la rusa.

El mismo se había ofrecido a seguir la investigación y viajar personalmente a Japón, pero se lo habían rechazado una y miles veces. Nadie confiaba en una agente que había sido burlado por la Milieu. Un agente que nunca supo que su propia esposa estaba de agente encubierto para sonsacarle información clasificada durante años. Era por ello que cada vez que se acercaba a su objetivo este se esfumaba frente a sus ojos.

-¡imbécil!

Se gritó a sí mismo y dio un golpe certero al saco de arena. ¿Cómo pudo ser tan idiota?

Demoró un año en conseguir información fidedigna para demostrarles a sus superiores que el sí era apto para venir a Japón, que el sí podía desbaratar o al menos llegar más al fondo de toda era red.

Aquello le costó viajes a Italia, introducirse dentro de un peligroso círculo de allegados a los sicilianos para saber que los fondos eran captados a través de empresas fantasmas para blanquear los dineros resultantes de ventas de armas y prostitución con inmigrantes ilegales. Y pudo obtener un nombre "Izzy"

Eso era suficiente para comenzar.

Hubo ocasiones en la que tuvo menos y llegó a su objetivo.

Se volvió a sacudir el cabello. Estaba cansado el viaje lo había dejado agotado pero nada que un cigarro y una cerveza no pudiesen aplacar. Así que caminó hasta su bolso de mano que descansaba sobre su maleta para sacar su cajetilla y una par de cervezas que había comprado en la tienda de la esquina.

Estaba prendiendo su cigarro cuando dos golpes secos dieron contra la puerta de entrada.

-¡¿Quién es?! – gritó desde su posición. El no recordaba haber invitado a nadie. La respuesta se hizo esperar más de lo habitual y el instintivamente sacó su arma de servicio desde el interior de su chaqueta apuntando a la puerta.

Se quedó en silencio a una distancia prudente.

Sintió como una llave de introducía en el cerrojo desde el exterior. Aquello fue suficiente para sacarle el seguro a su arma. Era el mejor de su generación en cuanto a tiro. Le perforaría la cabeza a quien sea que estuviera entrando.

La puerta se abrió y lo primero que vio fueron unas mechas castañas, le siguió el cuerpo de un moreno que venía tarareando una animada canción con unas bolsas en la mano. Traía los audífonos puestos a todos volumen.

El moreno alzó la vista en cuanto vio a Yamato y por ese instante dejó de ser moreno para ponerse blanco como papel.

-¡Qué demonios, Ishida! – gritó soltando las bolsas a medida que se sacaba los audífonos - ¡¿Me ibas a disparar?!

-¡¿PERO QUE MIERDA HACES ENTRANDO A MI DEPARTAMENTO ASÍ, YAGAMI?! – exclamó bajando su arma.

-¡Te venía a recibir grandísimo hijo de puta!, ¡Te dije ayer que vendría a verte!, ¡Hace 5 años que no nos vemos!. ¡¿Así recibes a tu mejor amigo?! ¡¿Apuntándole para matarlo?!

Yamato se acarició la sien con la mano libre para no perder más la paciencia de lo que ya la estaba perdiendo.

Sí, había hablado con su amigo hace 2 días y le había dicho que volvería a Japón. El moreno se escuchó entusiasmado ya que él también llegaría a Tokyo ese mismo día y quedaron de verse.

Pero el rubio no pensó que no pasaría ni media hora en su departamento para que el Yagami apareciera.

-Te pude haber matado – siseó entre dientes aun molesto con su amigo.

-Esa mierda de la interpol te tiene jodido el cerebro – el moreno cerró finalmente la puerta. Levantó las bolsas del suelo para dejarlas ahora sobre la mesa – Ahora por tu culpa todas las cervezas están revueltas. Las vas a abrir tú, ¿eh?

Yamato le volvió a poner seguro a su arma y la depositó junto a la bolsa que había traído su amigo. Se refregó la cara con ambas manos con fuerza. Había estado a micro segundos de disparar.

-Eres un idiota, Taichi – suspiró y prendió el cigarro que había dejado pendiente.

-Yo también te quiero – respondió irónico – y oye… ¡Qué bueno verte!, ¡Me alegro tanto que hayas vuelto! – Taichi abrió los brazos esperando a ser abrazado por el rubio, pero lo que recibió fue una grosera señal hecha con ambas manos levantando su dedo de al medio – ¡cabrón! – y le respondió de la misma forma.


Antes de irse del hospital, Mimi pidió que a su madre le dejaran los mejores analgésicos que tuviesen. Daba lo mismo el valor, ella iba a poder pagarlos. No iba a dejar que su madre pareciera más dolor.

Verla en el estado en que la encontró le había roto el corazón.

Iba ya entrando en el edificio de Koushirou cuando la voz de Zoe la hizo voltear. Se saludaron y entraron juntas. La rubia no paraba de hablarle de lo contenta que estaba con Kanbara. Le había dado unos excelentes tips de entrenamiento, iba a extrañar a Kouji ("Si, claro" pensó Mimi) pero Kanbara era realmente bueno en lo que hacía. Al parecer se daría una vuelta pronto a la sucursal del gimnasio en Tokyo.

Mimi solo iba respondiendo con monosílabos a los que Zoe le contaba. Su cabeza aún estaba con su madre.

Llegaron a la puerta del departamento 1001 y antes de que cualquiera de las dos hiciera además de tocar el timbre la puerta se abrió.

Mimi agradeció internamente que la muchacha que les había abierto la puerta llevara ropa. De hecho se veía hasta desaliñada. Llevaba un sweater color rosa demasiado holgado, la trigueña creyó que al menos tenía 2 tallas extras y unos pantalones desgastados. Su atuendo finalizaba con unas convers del mismo color del sweater. Físicamente, era una chica de largos cabellos morados, era delgada y sus ojos color miel se escondían tras unos grandes lentes redondos.

-¡Miya! ¡Volviste! – exclamó Zoe lanzándose a su brazos – Que bueno que volviste, no iba a poder una semana más reemplazándote. Eres insustituible.

La aludida simplemente sonrió de vuelta. Se separaron del abrazo y así todas pudieron entrar finalmente al departamento.

Tal como se lo imaginaba Mimi, Koushirou estaba sumido en su computador tras el escritorio.

-Cuéntame, Yols. ¿Cómo estuvo Egipto? – Zoe estaba entusiasmada. Al parecer ella también "trabajaba" allí – ¡Dime que te subiste a un camello!

-Lamento decirte que no – la chica rio nerviosa – Me dio miedo, ni a caballo me atrevo a andar y voy a andar montando camellos.

Y fue cuando la pelimorada desvió la vista sonrojada que vio a Mimi y notó que ni siquiera se había presentado. La miró de pies a cabeza y algo que la Tachikawa creyó que era vergüenza surcó por el rostro de la chica.

-Miyako Inoue – dijo haciendo una pequeña reverencia. Mimi hizo algo parecido pero supo que estuvo mal hecho. Las reverencias era algo a lo cual nunca se acostumbraría – Mucho gusto. Disculpa que no me haya presentado.

-Mimi Tachikawa – respondió – y no te apenes – le sonrió con cariño la chica se veía bastante tímida.

-¿Eres la nueva chica cierto? Hoy estuve programando tu celular y tus tarjetas.

Antes de que Mimi pudiese contestar y/o hacer algún comentario, Zoe se adelantó.

-Miya' es informática al igual que Izzy, además es la encargada de agendar las citas y hacer los llamados. Se fue de vacaciones durante 2 semanas y la estuve reemplazando. ¡Fue horrible! ¡Desprogramé todo!

-Todo fue solucionable – dijo Izzy desde su lugar – Miyako, está listo el celular de Mimi, ¿cierto?

La chica asintió y desapareció tras la puerta por la cual Zoe el día anterior había entrado. A los pocos segundos ya salía con un celular en sus manos dejándolo en el escritorio del pelirrojo. Inmediatamente se excusó con que revisaría las agendas y los llamados y volvió a desaparecer.

-Mimi, Zoe

Ambas se acercaron al escritorio en cuanto escucharon su nombre.

Izzy tecleaba de un lado para otro a una velocidad supersónica. Mimi se preguntó si no se mareaba.

-listo – dijo para si levantando la vista – cambiamos los celulares y modificamos las tarjetas – Koushirou les extendió a cada una un iphone7 en color blanco – El celular es tuyo Mimi, pero tiene aplicaciones para estar comunicados mientras trabajas. Tiene localización GPS militar, es decir, el margen de error es de apenas 1 metro. También incluye botón de pánico por voz, ante cualquier eventualidad. Marcación automática a Miyako y a mí. También está incluida la agenda de citas. Las cuales se activan también por voz. Si el teléfono se llega a perder queda totalmente inutilizable.

-Y ¿Las tarjetas? ¿por qué las cambiaste? – preguntó Zoe. Mimi se quedó callada. No tenía ni idea de lo que hablaban.

-Les cambie la configuración para hacerlas más seguras. En caso se extravío o robo quedan bloqueadas y las información se pierde automáticamente.

-¿Para qué son? – Mimi sentía curiosidad al ver sobre el escritorio varios montones de tarjetas de distintos colores. Parecían tarjetas de esas que se utilizan para abrir las puertas en los hoteles.

-Son tarjetas de invitación – dijo Izzy tomando una de color blanco – en esta tarjeta están todos tus datos y a la vez captura toda la información de la persona que la utiliza.

-y… ¿cómo funciona?

-Te explico, ven

Izzy se levantó de su puesto y caminó hasta la puerta en donde había ingresado Miyako.

La abrió para que tanto Mimi como Zoe entraran y el las siguió.

Era un cuarto pequeño. Miyako estaba estaba en un largo escritorio con 4 pantallas una al lado de la otra usando 3 teclados distintos mientras hablaba a través de un cintillo telefónico puesto es su cabeza. Sobre la pared, frente a la pelimorada había un televisor de 60 pulgadas cuya pantalla estaba dividida en dos. En esos momentos se mostraban la cara de dos hombres y a su lado todos los datos personales.

Miyako los agendaba en una pantalla según color. Y antes de colgar Mimi le oyó decir: "perfecto color blanco 18.30 horas. Dia 1. Hotel 2 cuarto P"

-Yolei, vamos a hacer una prueba con las tarjetas – dijo el pelirrojo en cuanto la chica cortó la llamada.

-Si, no hay problema. Señorita Tachikawa ¿me presta su celular un momento?

-¡Por kamisama! – exclamó la trigueña sintiéndose mal – Si me dices así no te lo paso. Por favor dime Mimi - y le sonrió.

La chica de lentes también le sonrió de vuelta pero notablemente sonrojada.

-Mimi… tu celular, por favor – repitió en voz baja y la ojimiel se lo extendió.

-bueno, básicamente la tarjeta se conecta con la tarjeta de memoria del celular extrayendo la información via inalámbrica. El programa lo diseñé yo – dijo orgullosa – por lo que lo único que se debe hacer es colocar el celular sobre la tarjeta – Miyako dejó la tarjeta blanca en el escritorio y sobre la misma posó el iphone7. Al segundo la pantalla del teléfono de Mimi se encendió mostrando la letra W en plateado – La información nos llega de inmediato a nuestros servidores – Mimi desvió la mirada hasta una de las pantallas que Miyako estaba apuntando en esos momentos y de inmediato se le heló la sangre. Aparecía la foto que tenía en su licencia de conducir. Aparecían todas sus direcciones, los nombres de sus padres, donde había estudiado, el nombre del restaurante en donde estaba trabajando actualmente, ¡el número de su cuenta corriente y el saldo de la misma! Y la dirección en donde se encontraba en esos momentos. Fue inevitable que su mandíbula se desencajara en ese instante. – Ellos no pueden llamarnos. Nosotros los llamamos a ellos. El color de la tarjeta es tu código, Mimi. Tú eres blanco.

-Espera… espera… acabas de cortar una llamada en donde decías blanco. ¿Soy yo?

-Sí, tienes tu primera cita el lunes a las 18.30 en Hotel Conrad en Tokyo. Te va a llegar en cualquier momento un mensaje a tu celu…

Y antes que terminara de hablar el celular de la castaña anunciaba que tenía un nuevo mensaje. Lo abrió y notó como aparecía el mapa de la dirección del hotel en el que tenía que estar y más abajo indicaciones.

-¿Cómo pueden saber que existo si aún no entrego las "tarjetas"? – preguntó Mimi mirando a Izzy

-Ya tenemos una base de clientes a las cuales les llega la información encriptada que se activa también por voz. Tú tienes 3 tarjetas las cuales puedes entregar a quien estimes, bueno… en realidad a quien creas que pueda pagar.

Mimi guardó silencio mientras observaba las pantallas. Miyako volvía a hablar con un tipo que tenía nombre ruso según podía leer. Era bastante atractivo, era diplomático por lo que pudo ver.

Esto iba a en serio.

Koushirou caminó a la puerta indicándoles que tanto ella como Zoe debían dejar la habitación.

Una vez afuera volvió a su escritorio y tomó dos set de documentos.

El rostro de Zoe se iluminó al instante.

-sus tarjetas de crédito y la chequera. - La rubia se la arrebató alegre y comenzó a tararear su ya conocida melodía – El primer mes lo pago por adelantado ya que tienen que comprar su ropa y demases con lo cual trabajan – explicó mirando a Mimi la cual tomó los documentos sin decir nada – cada 3 meses cambiamos las chequeras y las tarjetas. Por seguridad.

-¡Gracias Izzy! – cantó la rubia. Ahora se volteó a Mimi - ¿Sabes lo que amerita esto? – la aludida negó ignorando qué debía responder - ¡Nos vamos de compras a Tokyo!

Continuará….


Holaaaa!

Se van a Tokyo… y adivinen quienes estan alla?... total de Odaiba a Tokyo son como 30 minutos en auto jajajaja. Lo calculé por google maps :P

Ya aparecieron Yamato, Taichi, Hikari, Takuya, Kouichi, Kouji, Miyako… ufffff y faltan MUCHOS más aun!

Escribo en cursiva porque aún no llegamos al presente… todo lo que sucede hasta el momento está en pasado. Por si acaso

No tienen ni idea de lo que mi cabecita loca tiene entre manos con este FF. Y si tienen ideas son todas bienvenidas, adoro leerlos!