Aquí es donde el cuento se pone extremadamente cursi (y mi hermana me dijo que era una malinchista -no lo soy-), pero les prometo que esta no es una historia de besitos y abrazos. Espero les guste. Y por favor posteen algo, aunque sea para quejarse... ja ja, hasta la vista, babys!!

CAPÍTULO 2

La doncella del palacio real

Generalmente cuando un joven afortunado estaba a punto de emprender un nuevo camino hacia el palacio real, la gente se reunía afuera para despedirle con honor. Sin embargo, parecía que esta vez se habían quedado dormidos y ni una persona se asomaba por la ventana para ver como se iba Link. Si alguien estaba más que dormido, era él. Para descontento suyo, su madre tuvo que recurrir a un salpicón de agua fría, por que a pesar de los zarandeos y jaloneos, e incluso los gritos, Link no quería levantarse.

Con la cara empapada de agua fría, intentaba cambiarse de ropa pero estaba tan adormilado aún que le costaba trabajo meter la mano en la manga de la camisa que llevaba bajo la túnica. Su mamá parecía más exasperada que él. El abuelo de Link le daba algunos consejos acerca de tácticas de combate, mientras Ina buscaba el gorro puntiagudo de Link (él lo había escondido dentro de su ropa) con desesperación. Parecía no haber señal afuera de las casas de que llegara alguien del palacio para llevárselo. Link, por supuesto, fue el primero en salir a esperar a que vinieran por él. Estaba un poco oscuro todavía. Su madre y su abuelo lo acompañaron hasta la entrada al pueblo para esperar. Link subió al poste que mantenía en alto el letrero con la leyenda "Bienvenidos a Kipa, la ciudad de la primavera". Nadie sabía por qué le llamaban la ciudad de la primavera, en este pueblo no hace primavera todo el año. El muchacho de ojos azules miró por todo alrededor y no vio alguna señal de gente. Su abuelo tenía razón, se podía ver el castillo desde ahí; a juzgar por el tamaño del palacio desde ese punto, parecía que sí estaba lejos, sólo esperaba no tener que ir caminando.

-- ¿Ves algo desde ahí? ¿No viene nadie?-- preguntó el abuelo de Link, y él negó con la cabeza.

Después de una hora, algunos vecinos empezaron a salir para acompañar a Link y su familia en el momento del adiós. Hasta Sim se dignó a compartir con Link su último instante en Kipa. A Link no le habría importado que no estuviera nadie para despedirle, pero al menos tenía la oportunidad de decirles adiós a todos. Algunos se le acercaban para felicitarlo de nueva cuenta por el logro tan importante. Pero mientras todos se reunían en la espera, Link volvió a subir al poste para echar un vistazo. Esta vez vio algo: una especie de vehículo que se acercaba con celeridad hacia el punto en donde se encontraba el pueblo. Link bajó lo más rápido que pudo para contarles lo que vio, esta vez todos cruzaron la entrada que marcaba el límite de la aldea para ver también quién venía. Aquello parecía acercarse demasiado rápido. En menos de diez minutos un vehículo tirado por caballos se paró frente a toda esa gente, un hombre de aspecto temible lo conducía, en eso un hombre alto de cabello corto se bajó del transporte. Link le miraba de pies a cabeza como si viniera de otro mundo. El hombre avanzó hacia ellos con paso firme, las personas se quedaron completamente en silencio mientras lo veían.

-- Eh venido-- comenzó a decir el hombre en voz alta-- para llevarme un muchacho conmigo. ¿Quién de ustedes... ?

-- Eh, soy yo-- Link alzó la mano con cortedad.

-- ¿Tú eres el nuevo... ? ¿En verdad eres tú?-- preguntó.

Link asintió con la cabeza, y el hombre que no parecía muy convencido, le hizo un ademán para que se acercara a él.

-- Disculpe, quisiera preguntar...

-- Tengo prisa, muchacho. Sube rápido. Ya tendrás tiempo para hacer preguntas más tarde.

-- Pero...

-- ¡Deprisa!-- gritó reciamente el hombre.

Link obedeció sin demora, aunque estaba más molesto que asustado. Las personas se veían un poco preocupadas. Un señor se pasó al frente para intentar hablarle a este sujeto.

-- Oiga, espere. ¿Eso es todo? ¿No nos ha traído algún mensaje del Rey, alguna buena noticia?

El hombre sólo le dirigió una mirada indiferente, y sin decir ni una palabra, entró en el carro enorme, el cual no era más cómodo de lo que aparentaba. La madre y el abuelo de Link quedaron desconcertados por la forma tan poco placentera en que se iba su muchacho. Después de todo, esperaban darle una jovial despedida, como debe de ser. Varias personas le gritaban como podían ("¡adiós Link!", "¡Que tengas suerte!", "¡te deseamos lo mejor!"), mientras el vehículo se alejaba; Ina y el abuelo gritaban más alto que los demás.

-- ¡Escríbeme cuando puedas!-- gritaba ella.-- ¡Te amo, te vamos a extrañar!

Link asomó la cabeza fuera del coche, trató de estirar la mano lo más que pudo para poder despedirse de su familia. Fue realmente una despedida muy triste, a él le hubiera encantado darle un último abrazo a su madre y a su abuelo, aunque fuera vergonzoso. Cuando ya casi no alcanzaba a distinguir las figuras de las personas, se volvió a meter al vehículo. Iban a gran velocidad, si se quedaba mucho tiempo con medio cuerpo de fuera podía ocurrir un accidente. Estaba ahí sentado mirando a la persona que había ido a llevárselo, y cuando este le devolvió una mirada fría, volvió su vista hacia el piso.

-- ¿Esta es la primera vez que sales de tu pueblo, no es así?-- le preguntó.

-- ¿Qué?

-- ¿Te pregunté si es la primera vez que dejas tu pueblo? Escúchame cuando te hablo. Cuando estés en el palacio deberás poner atención siempre que se te hable. Esa será tu primera lección.

-- Ah, si.

-- Y bien... no me he presentado. Mi nombre es Baneft, he sido soldado desde hace más de una década. Siempre me he preguntado por qué nos mandan niños inexpertos para convertirlos en soldados. Es patético.

¡Link no es ningún niño!

-- Yo no pedí esto-- murmuró Link. Ahora se sentía más enfadado.

-- ¿Qué dices muchacho?-- preguntó el soldado con recelo-- ¿Acaso no crees que el oficio de soldado es digno de ti?. Deberías estar brincando de felicidad, eres un afortunado si vas a tener la oportunidad de integrarte a las fuerzas armadas de Hyrule.

Tal vez el recorrido hasta el castillo no hubiera sido del todo incómodo si Baneft no se lo hubiera pasado hablándole sobre lo duro que era el entrenamiento. Decía algo sobre la disciplina y los chicos insolentes que querían que se les tratara con solemnidad. En un primera impresión era muy antipático aquel hombre.

-- ... Y llegan queriendo ser caballeros... No saben que hace falta mucha experiencia y grandes logros y victorias como soldados si quieren ser nobles caballeros de nuestra Corte.

Era impresionante la velocidad a la que iban, para ser un vehículo que era tirado por caballos. Pero aún no entendía por qué se habían tomado la molestia de mandar traer a Link en tipo de transporte que se reservaba para personas de cierta status social. Se asomaba de vez en cuando para ver qué tanto habían avanzado, y cada vez podía ver el edificio más cerca. Sentía una ansiedad terrible, no se atrevería a decir una palabra, Baneft no era lo que se dice una agradable compañía.

-- Oye chico, ¿alguna vez has participado en un combate de verdad?

Link negó levemente con la cabeza. No tenía por qué responder nada si no quería.

-- Será más difícil adiestrarte para la lucha si no has tenido un entrenamiento previo. Vas a tener que poner todo tu empeño... niño.

¿Por qué lo llamó niño?

-- ¿Cuánto falta para llegar?-- preguntó Link.

-- No mucho, calculo, por lo que llevamos, que nos tomará una media hora más.

-- ¡No es posible! Hace menos de un cuarto que salimos de Kipa.

-- Ya verás que imponente se ve el castillo desde cerca. Hyrule es lugar perfecto donde el hombre puede vivir.

-- ¿Qué se supone que voy a hacer cuando llegue allá? ¿Voy a hablar con el Rey o algo?-- Link comenzaba a amenizar la conversación, aunque lo cierto es que tenía muchas dudas que despejar-- Por que me dijeron que...

-- No seas ridículo. Es muy difícil conseguir una audiencia con el Rey. Solo los soberanos de todas partes del mundo tienen ese privilegio. Es cosa de gente importante. Si crees que querrá hablar con un simple aprendiz, tienes mucho que aprender.

-- ¿No dicen que el buen Rey de Hyrule escucha las peticiones de su pueblo?-- dijo Link, de forma un tanto displicente.

-- Tú solo debes preocuparte por dos cosas: mostrar respeto por las leyes que rigen nuestro reino, y ser el mejor batallador que haya existido jamás (si quieres llegar a ser un digno caballero).

La plática no fue del todo interesante, pero los entretuvo a ambos mientras se acortaba la distancia hacia el famoso castillo donde vivía su querido gobernante. Después de treinta minutos, la emoción empezaba a apoderarse de Link; era la primera vez que iba a entrar en un palacio enorme, en donde descansaba la joya de Hyrule (la familia real). Había escuchado rumores sobre pasadizos secretos, y túneles escondidos varios metros debajo de la fortaleza del castillo.

-- ¿Es cierto que el castillo tiene muchos secretos?-- preguntó Link con mucha curiosidad-- ¡Me han dicho que cuando matan a una persona, las llevan a las mazmorras subterráneas y las cuelgan del techo con sus propias vísceras!

Baneft miró a Link como si fuera una clase de estúpido que gustaba de hacerle bromas tontas a la gente.

-- ¿Qué clase de orate te contó esa idiotez? Es una vil mentira... un invento deforme de la mente. Nuestros enemigos son las bestias, no los humanos. Cuando seas un soldado de verdad (si es que lo logras) verás que para nosotros el mayor tesoro es la vida de nuestra gente.

En ese momento Link se sintió como un completo idiota. ¿Cómo fue posible que creyera en todas esas paparruchas?

-- Nuestro deber es proteger al Rey. Nunca debes olvidarlo. Parece que estamos llegando.

Link se asomó de nueva cuenta, y él tenía razón. Estaban a unos metros de lo que parecía una fortaleza enorme, la cual resguardaba dentro de sus límites un pequeño pueblo. El vehículo atravesó la entrada con lentitud, a ambos lados de esta había un guardia. Después se detuvo, Link y el soldado se bajaron y el hombre que lo conducía, se alejó con el transporte en otra dirección.

Era una mañana muy resplandeciente. El cielo estaba de un azul muy claro, el aire que se respiraba era limpio y una brisa fresca acariciaba la piel. Era la primera vez que estaba en un pueblo como este, con sus muchas casas sencillas pero elegantes, había muchas tiendas también; tenía muchos callejones, y una bonita plaza en donde la gente podía descansar. Mucha gente se encontraba en las calles, por que ese día se ponía un mercado ambulante, y las personas se interesaban mucho por los productos que traían de otros lugares, especialmente si eran objetos raros. Baneft caminaba muy aprisa, Link trataba de seguirlo pero no podía evitar mirar cada cosa que le llamara demasiado la atención, y eso lo retrasaba.

-- ¡Oye, no te quedes ahí! ¡Tenemos prisa!

-- Ya voy. ¡Espérame!-- Decía Link.

El chico tuvo que hacer un gran esfuerzo por no mirar una tienda de juegos. Pero lo más difícil de mirar venía en camino.

Iban caminando a paso acelerado entre las personas, casi no logran avanzar cuando pasan por una bola que estaba haciendo alboroto en una tienda de amuletos. Aquellas personas debían ser muy supersticiosas, pensó Link. Cuando por fin lograron atravesar la barrera humana que parecía impenetrable, Link casi no podía respirar, debido a los apretujones de las personas. Además de tener que caminar más rápido. Quizá era por el cansancio, o por la falta de aire, pero no podía ver bien por donde caminaba, y sin querer chocó con una persona, al ir caminando tan rápido. Link no sufrió ninguna lesión, pero la otra persona cayó.

-- ¡Perdón! Fue un accidente, no vi por donde iba. Lo siento.-- se disculpó Link.

Cuando por fin pudo ver a quien había embestido, se sorprendió mucho. La persona tirada en el suelo era una chica: una chica muy hermosa. Era el sueño de todo hombre, tenía el cabello de un color rubio dorado, y unos preciosos ojos azules. Llevaba puesto un modesto vestido rojo. Link se apresuró a ayudarla.

-- ¿Te encuentras bien? ¿No te lastimaste?-- preguntó preocupado.

-- Oh, no... Lo siento muchísimo.-- dijo la chica.

-- No te disculpes, fui yo el que no te vi venir. Por favor déjame ayudarte-- le dijo a la chica, mientras recogía un canasto con flores que al parecer le había tirado al momento del impacto-- Es que soy muy distraído. Me siento muy avergonzado.

-- Esta bien. Solo fue un accidente... ¡Oh no!-- exclamó la chica al ver que sus preciadas flores se habían arruinado.

-- Lo siento. Esto es mi culpa. Debo compensarte de alguna forma.

Link estaba demasiado apenado, y como no. Estaba frente a una linda niña, y no quería quedar como un tarado con ella. Al ver la chica que Link estaba muy arrepentido por lo sucedido, le dijo:

-- No te preocupes. Hay más de donde las obtuve. Toma esta... como una disculpa.-- la chica le entregó la única planta que no se había arruinado. Era un flor muy pequeña toda de color verde.

-- Pero... yo.

-- Por favor, no la desprecies. Es una flor muy rara. Te dará buena suerte-- le insistió la chica, y se la colocó a Link en su mano.

La chica le dirigió a Link una tierna sonrisa, se fue y se perdió de vista entre la gente. Después de unos segundos de no poder decir ni una palabra, Link reaccionó. Seguía con la flor en su mano, la miró por un momento, y luego recordó que iba siguiendo a otra persona y tenía mucha prisa. Se guardó la pequeña flor por debajo de la ropa (donde aún seguía su gorro puntiagudo) y corrió, sin saber hacia donde, en busca de su guía. La búsqueda dio resultado, y por fin pudo ver a unos cuantos metros a Baneft que estaba observando de un lado a otro con desesperación. Se detuvo al ver a Link que se acercaba pasando lo más rápido que podía entre las personas.

-- ¡¿En dónde rayos te habías metido?!-- preguntó el soldado.

-- Tuve un accidente...

-- ¡No me des explicaciones! ¡Tendríamos que haber llegado al castillo!-- Baneft se veía furioso-- ¡Anda, ya no podemos perder el tiempo!

-- Sí señor.-- dijo Link.

Ahora tenían que acelerar el paso para poder llegar a tiempo al palacio. Tenían que subir unos escalones antes de la entrada que se encontraba en el otro extremo del pueblo, la cual daba al palacio. Mientras iban subiendo, Link seguía pensando en aquella cara bonita que había visto minutos atrás. No podía dejar de imaginarse que podría volver a verla. Quería volver a verla.

Al salir del pueblo, lo que quedaba era un camino no tan largo hasta la puerta del castillo. No tuvieron más remedio que darse prisa, y continuaron así por todo el camino, a través de un pequeño campo muy bello. Link miraba por todo su alrededor, y siempre se veía rodeado de montañas, estuvieran a unos cuantos kilómetros, o muy lejanas. La puerta del castillo era muy grande y tenía grabada muchos símbolos y figuras muy bellos, y había una trifuerza en ella, nunca podía faltar. Cuando llegaron ahí, los guardias se encontraban cuidándola. Cualquiera hubiera creído que tendrían que pasar por ahí, pero no. Baneft dio vuelta hacia la izquierda antes de llegar a la puerta, y le indicó a Link que lo siguiera, este último sin entender por qué, fue detrás de él. Había árboles y arbustos muy frondosos por donde iban pasando. Pareciera que donde quiera que estuviera el lugar a donde debían llegar estaba tratando de ocultarse. Y siguieron andando, esta vez llegaron hasta una especie de pasillo. Al final de ese pasillo, que era muy largo, se encontraba un patio muy pequeño, y ahí estaba una puerta.

-- Nosotros entraremos por aquí.-- le reveló el soldado.

-- ¿Por qué no usamos la entrada principal? Pudimos haber entrado más rápido.¿No?-- preguntó Link.

-- Podrás entrar por allá cuando tengas que ver al Rey en persona, y lo veo muy difícil.-- respondió Baneft, sacando de entre sus llaves la que abría la puerta.

Acababan de entrar a otro pasillo, pero era un lugar cerrado y estaba oscuro. Continuaron por el estrecho pasillo, y se podía ver luz al final. Cuando terminaron el recorrido llegaron a un cuarto grande iluminado por una luz tenue que entraba por la única ventana que había ahí. Había una mesa de madera muy vieja y sucia, sobre la cual había platos y cubiertos sucios, parecía que no hace mucho alguien había estado comiendo ahí. De hecho, en toda la habitación había toda clase de cubiertos y utensilios de cocina. También tenía en un rincón una especie de horno muy grande.

-- Sígueme-- indicó el soldado.

-- ¿Por qué tenemos que entrar por la cocina?-- preguntó Link, mientras avanzaban.

-- Por que es el acceso más rápido-- respondió.

-- El acceso más rápido ¿a dónde?-- le cuestionó Link. Estaba cansado de ir de un lado a otro.-- ¿Tenemos que pasar por otro pasillo?

-- No. No seas impaciente. Ya falta poco.

-- ¿Para qué?

-- ¡Deja de hacer tantas preguntas!-- la voz de Baneft subió tanto de tono que Link pensó que se debió escuchar en todo el palacio.

-- Bueno, ya...

Abrieron otra puerta de la cocina, y entraron en una habitación oscura, a comparación con el calor sofocante de la cocina, se sentía más fría, solo había una pequeña ventanilla en la parte superior de la pared, por donde entraba un poco de luz que no alcanzaba a alumbrar todo el lugar. A Link comenzaba a molestarle la cantidad de habitaciones y pasadizos que tenían que pasar, y ni siquiera sabía a donde quería llegar. Hasta que llegaron a un salón grande, que por la ausencia de muebles parecía estar vacío, pero no era así. Había una chimenea al fondo que permanecía apagada, y de pie frente a la chimenea, estaba un hombre que llevaba una capa larga de color negro. Link siguió avanzando hacia él junto con Baneft, de repente se tentó lo que pudo de su espalda, y entonces sintió algo duro: por un momento creyó haber olvidado en casa su espada, ni se había dado cuenta cuando la cargó, pero se sintió aliviado.

El hombre sintió la presencia de alguien más y se volteó. Se veía muy grande de edad, pero no anciano. Cuando vio a Baneft acercándose sonrió ampliamente, y este último hizo una moderada reverencia ante él. Debía tener mayor rango para merecer tanto respeto.

-- Señor...

-- Por fin. Comenzaba a impacientarme, ¿por qué has demorado tanto?

-- Lamento haberlo hecho esperar, capitán. Pero he cumplido con mi tarea, señor. He traído a este mozalbete para que reciba el entrenamiento de espadachín.

"Mozalbete" era la palabra correcta, pero viniendo de su boca sonaba muy feo.

-- Bien. Estaba ansioso de conocerte, muchacho.-- dijo el capitán.-- Es que cada vez son menos los jóvenes que deciden convertirse en caballeros. ¿No es verdad, soldado?

-- Claro, mi capitán. Hacen falta hombre valientes que estén dispuestos a luchar por la paz de nuestro reino.-- declaró Baneft, dirigiéndose a Link.

-- El hecho de que hayas venido-- continuó el capitán-- habla mucho de tu valor.

Ninguno de ellos tenía idea de que la decisión de Link de tomar ese entrenamiento no fue cien por ciento por voluntad propia. Entonces él era capitán. Por eso el comportamiento tan cuidado de Baneft con él. Pero había mucho más en él, más allá del título de capitán, que inspiraba respeto entre los soldados de menor categoría. Link comenzaba a notar el tono de amabilidad en su voz cada vez que hablaba con él.

-- Y dime, muchacho...

-- Mi nombre es Link.-- se apresuró a decir.

Baneft le dio un golpe en la cabeza:

-- Ten la decencia de comportarte cuando hables con el capitán.

-- Déjalo en paz.-- le ordenó el capitán, sin alzar la voz.

-- Lo siento, mi capitán. Mis disculpas...

-- Está bien-- prosiguió, haciendo entender que las disculpas estaban de más-- Debemos empezar a conocernos ya que nos estaremos viendo muy seguido por los alrededores del castillo. Entonces... Link, ¿estás preparado para ser un espadachín? Será un adiestramiento muy duro el que vas a llevar. Dentro de unos momentos se te explicará que es lo que deberás hacer antes de que empieces a entrenar. ¡Ah! Pero no me he presentado, mi nombre es Noún, soy capitán del segundo batallón de las fuerzas armadas de Hyrule. Muy seguido me verás acompañado de otros comandantes y generales, puesto que nuestra obligación es evaluar el progreso de nuestros pendencieros.

-- ¡Jo! Debe ser muy fuerte para ocupar ese puesto-- Link empezaba a apreciar al capitán-- ¿Usted me va entrenar? Sería un honor.

-- No Link. Yo solo veré que tu formación se complete como debe de ser.

-- Oh, entonces... ¿quién va a enseñarme a ser un espadachín?

-- El soldado, por supuesto-- le contestó, señalando a Baneft.

Baneft dio un brinco, sorprendido, ante su respuesta.

-- ¿Qué... yo? ¡Pero capitán!-- le reclamó el soldado, con los ojos casi de fuera.

-- ¡¿Él?!-- preguntó Link al mismo tiempo que Baneft, sin poder creer lo que oyó. O más bien no quería creerlo.

Noún sonrió levemente, divertido por la reacción de ambos.

-- Eres el más indicado, Baneft, para hacer de este muchacho un noble combatiente. Creí que ya habrías adivinado, por esa razón te mandé traer a Link. No a cualquiera le puedo confiar un encargo tan importante. Se que harás un buen trabajo con él. De ti depende que aprenda a ser un buen guerrero, su futuro está en tus manos. Para que algún día pueda convertirse en un caballero.

-- ¡Capitán, señor! En nombre de mi capitán, en nombre del Rey y de la Princesa de Hyrule, haré de este chico un noble espadachín. Señor.

-- Esa es la actitud que espero de ti, soldado. Y de ti Link, debes poner todo tu corazón para que tu entrenamiento de frutos. Vayan, ustedes dos. Tienen mucho que poner en orden, antes de que de inicio tu preparación.

-- Capitán.-- con esto Baneft anunciaba su retirada.

-- Adiós-- dijo Link.

El capitán, Noún, observó a los dos irse hasta que hubieron cerrado la puerta. Aquel encuentro había sido muy agradable. El capitán tenía una actitud noble y decente; Link sintió que por fin podía confiar en alguien.

Debían haber cientos de pasillos y corredores que él no conocía. Se preguntaba si en el castillo había otras habitaciones, además de pasillos y estancias vacías.

-- Ejem... ¿todavía no hemos llegado a dónde deberíamos, cierto...?

-- Cállate.-- le cortó Baneft. Aún estaba furioso.

Pero no dejaban de caminar, lo cual indicaba que aún no estaban en el lugar donde debían. Al cabo de unos minutos (a Link le parecieron horas) volvieron a salir del castillo. El aire volvía a ser fresco, y se podían ver varias puertas que daban a diferentes lugares del palacio. Una vez más había árboles hermosos y verdes que adornaban lo que se podía ver del campo. No muy lejos del punto donde estaban, había un edificio pequeño de un solo nivel. Tenía unas puertas muy anchas de madera, y por su apariencia, lo más lógico era que aquello fuera algún lugar donde tenían animales.

-- ¿Qué es eso que está allá?-- preguntó Link.

-- Ya lo sabrás más tarde. Primero debo llevarte a tu habitación.

-- ¿Mi habitación...?

Al menos iba tener un lugar propio donde dormir; después de todo, las cosas no se ponían tan mal.

Volvieron a entrar en el interior del castillo, por una puerta diferente; subieron una pequeña escalinata, y en esa habitación había tres puertas. Baneft condujo a Link hasta la más cercana. La habitación era algo pequeña, con una sola ventana, pero se veía muy cómoda. Antes creía que tendría que dormir con los caballos, así que esto estaba bien.

-- A partir de hoy esta será tu habitación. El resto de las habitaciones están prohibidas para ti (a excepción de la cocina, que es donde podrás comer). Puedes dejar aquí todas tus pertenencias, aún tengo indicaciones que darte. Esperaré afuera, no te vayas a entretener mucho tiempo.-- después de decir esto, Baneft salió del cuarto de Link.

Link se sentó en su nueva cama, estaba muy suave, en comparación con la que tenía en su casa, que no era por despreciarla, pero estaba bastante rígida, y a veces le dejaba calambres espantosos en al espalda. Daban ganas de echarse una siesta, pero no debía demorar demasiado. Así que dejó todo lo que traía consigo, que no era mucho, solo dejó la espada encima de la mesita que estaba junto a su cama. Tuvo que pensarlo mucho antes de decidir que no dejaría el gorro. Se lo puso, no muy convencido de lo que hacía, porque así sentía que por lo menos le guardaba respeto a su madre. Sin más demora, salió del cuarto a reunirse con su nuevo instructor. Era agradable saber que, cuando menos, esto le estaba molestando a Baneft más que a él.

-- Ya era hora. Ven conmigo.-- le ordenó.

-- Sí.

Link lo siguió hasta el edificio pequeño (de cerca se veía más grande);resultó que estaba en las caballerizas, después de todo. Baneft abrió una de las puertas grandes, para dar paso al chico y después entró él. Por fuera, desde el punto en que lo miraba, no se veía tan grande, pero ya adentro se dio cuenta de que estaba muy lejos el otro extremo de la pared. Tendría unos cincuenta o sesenta metros de longitud el edificio, eso fue lo que calculó el muchacho. Una importante mayoría de sitios que deberían estar ocupados por caballos estaba vacía. Link contó cinco caballos en total que había ahí.

-- ¿En dónde está?

-- ¿Qué?-- preguntó Link.

Pero lo que fuera que estaba buscando Baneft, no estaba ahí. Salió de nuevo, y Link le siguió. El soldado se fue hasta la parte trasera de las caballerizas, y Link también lo acompañó. Había un terreno muy grande limitado por una cerca que se cerraba. A los lejos podían ver a una persona con un caballo. El equino parecía una bestia indomable, estaba histérico, la persona trataba de someterlo, pero estaba incontrolable.

-- ¡Kyen!-- gritó Baneft lo más recio que pudo.

-- Ese caballo se ve algo exaltado, creo que podría embestirlo si no lo deja en paz-- opinó Link.

Aquella persona era un muchacho que debía tener unos veinte años, traía la ropa muy enlodada, quizá el caballo lo había tirado a un charco de lodo. Tenía el cabello castaño y la piel muy morena. Tuvo que dejar al caballo por esta ocasión para acudir al llamado del soldado. Se acercó rápidamente hasta donde estaban, en el momento en que soltó al caballo, el animal dejó de comportarse como una fiera, incluso parecía más tranquilo. El domesticador del caballo llegó limpiándose el lodo del rostro con sus sucias manos.

-- ¿Me llamó señor?-- preguntó el joven.

-- ¿Qué crees que estas haciendo? Te pedí que prepararas a ese animal dentro de las caballerizas.

-- Intenté tenerla bien quieta, pero se salió y no pude detenerla. Siempre lo hace, no le gusta estar encerrada...-- explicó Kyen-- Cuando me dispongo a devolverla se pone muy agresiva.

-- Tu responsabilidad es amansar a ese caballo. Entonces no has hecho bien tu trabajo con este animal.-- le reprochó Baneft.-- Más te vale que no cause demasiados problemas. Link, tendré que dejarte solo con este inútil, solo será un momento. Tengo un asunto muy importante que hablar con el capitán.

Baneft dio media vuelta y se marchó hacia el palacio, con cierta expresión de fastidio en su cara.

-- Así que tu eres el nuevo aprendiz. Entonces te quedarás con Epona.

-- ¿Quién?-- preguntó Link.

-- Vamos.

Kyen le pidió a Link que se acercaran al caballo que trotaba suavemente sobre los pastizales. De cerca, era un animal muy bello, con su pelaje marrón brillante. Se veía que estaba bien cuidado.

-- Esta es Epona, es una yegua.-- le explicó Kyen.

-- Es muy bonita.-- comentó Link mientras la veía pasearse alrededor.-- ¿Por qué estaba tan inquieta hace unos momentos?

-- Ah, eso... es una yegua muy terca... no le gusta que la dominen; prefiere el aire fresco del campo, a tener que estar encerrada en su caballeriza. Es un animal libre por naturaleza. Siempre he tenido problemas para domarla; el jefe me ha exigido varias veces que me deshaga de ella, que es inútil un caballo que no quiere obedecer a su dueño. Pero no tengo corazón para abandonarla, es una yegua muy especial.

-- Me da lástima... ha de sentir horrible que la encierren y la sometan todo el día...pero bueno es un caballo, eso es lo que hacen los caballos, supongo.-- dijo Link, no muy seguro de creer él mismo lo que decía.

-- Ya te dije que es una yegua, y a partir de hoy tu eres su dueño.

-- ¿Yo?.-- Link casi se cae de la impresión.

-- ¡Por supuesto!¿No te le dijo el jefe?

-- ¿El jefe?... ¿Quién es el jefe?-- preguntó Link con interés.

-- Así es como llamo al soldado Baneft.

-- ¿Por qué lo llamas jefe?

-- Así quiere que le diga, si lo llamo por su nombre se enfada-- respondió.

-- Bueno--dijo Link-- de todas formas, nadie me había dicho que podía tener un caballo. Es maravilloso.

La verdad es que Link en cierto momento le tenía temor a su yegua; si con su propio domesticador se comportaba de una forma tan violenta, no había una razón para que con él se comportara mejor. Pero verla tan tranquila en ese momento, era inspirador.

-- ¿Por qué no te acercas a acariciarla?

-- Ah...eh... claro. Sí.

-- Pero ten cuidado, si ves que se pone agresiva mejor aléjate.

Este último consejo no fue del todo alentador, Link se aproximó cauteloso, quien sabe, tal vez algún movimiento violento podría perturbar al animal. Tenía a la yegua a dos metros de él, hasta ahora parecía no molestarle.

-- Hola chica-- comenzó a decirle a la yegua (podría gustarle que le hablen bonito)-- ven aquí, bonita...

La yegua sintió confianza con Link, algo muy inusual en ella, ya que no permitía que la gente extraña se le acercara.

-- Eso es, eso es-- el chico extendió una mano nerviosa hasta la cabeza de Epona-- Eres una yegua muy obediente, ¿no es así?-- Link volteó hacia donde estaba Kyen-- ¡¿Cómo dices que se llama?!

-- ¡Epona!

-- Ya está-- dijo Link, siguiendo con su yegua-- yo soy Link, y seré tu dueño. A mí no me vayas a hacer bronca, eh. No eres tan brava como pareces, Epona.

Conforme se iban conociendo, Link perdía el miedo que le tenía. Ya le empezaba a tomar afecto, y lo mismo parecía estar ocurriendo con Epona: las cosas que le decía su dueño la tranquilizaban. Él la miró a los ojos y sintió una conexión especial con ella.

-- ¡Hey!-- Kyen vino con ellos-- Creo que le caes bien, está dócil como un perro (conmigo nunca se ha portado así).

-- Pues es una yegua muy obediente, ¿verdad Epona?-- Link seguía acariciándole el hocico.

-- Tienes suerte con Epona. Hace apenas un instante eras un completo extraño para ella, y ahora... hasta se deja mimar. Oye, tal vez te deje que la montes.

-- ¿Tú crees?-- preguntó Link.-- Lo dudo mucho.

-- No va a ser tan difícil. ¿Has montado un caballo alguna vez?

-- Sí, mi abuelo me enseñó cuando era un niño. Siempre le pedíamos su caballo al dueño de una granja en mi aldea, porque nosotros no tenemos.

-- Traeré la silla para que puedas montarla. Tu espera aquí. Y no permitas que se escape.

Kyen corrió veloz de regreso a las caballerizas, mientras Link permanecía al cuidado de la yegua. "El jefe" ya se había tardado mucho, el muchacho se preguntaba de qué asunto importante estaría hablando con su capitán. Era conmovedor ver al chico y a su caballo conviviendo apaciblemente en medio del prado.

El domesticador de caballos volvió tan solo un instante después.

-- Listo, Link. Voy a tratar de ponerle la silla de montar, no me caería nada mal una ayuda. Puedes calmarla mientras se la pongo.

-- De acuerdo.

Se acercó cuidadosamente a colocarle la silla, pero al ver la yegua lo que se disponía a hacer su amansador, trotó lejos de ellos dos.

-- Espera-- dijo Link-- ¡Epona!

-- ¡No te vas e escapar esta vez!-- exclamó Kyen, quien estaba listo para ponerle la silla a la menor oportunidad-- Link, ve a detenerla.

-- Ven conmigo, chica-- Link corría tratando de alcanzarla-- ¡Detente!

Epona trotaba lentamente, Link la alcanzó pero esta no se detenía, así que él continuó caminando a su lado, intentando en vano que dejara de andar. Kyen también iba a su lado, le estaba poniendo encima la silla, pero Epona se movía hacia un lado para evitarlo.

-- ¿Por qué no me dejas a mí intentarlo?-- sugirió Link.

-- Bien, como quieras-- le contestó el joven, harto de batallar con la yegua.

Le pasó la silla al chico, convencido de que no lo conseguiría. Link primero tranquilizó a Epona, y pudo hacer que dejara de trotar.

-- Sorprendente... realmente sorprendente-- murmuraba Kyen-- ¿cómo haces para que te obedezca?

-- Sólo hay que tener paciencia... (oh, tranquila).

-- Eres bueno en esto-- reconoció Kyen--; mira, esto va aquí.

-- Se cómo se hace-- explicó Link-- mi abuelo me enseñó.

-- Sí, pero... no, lo estás haciendo mal...-- Kyen estaba desesperado por mostrarle a Link quién era el que sí sabía como poner una silla de montar.

-- ¡Déjame hacerlo, ¿quieres?!-- le exigió Link-- Yo puedo.

Con todo y las correcciones que el domesticador le tuvo que hacer, Link por fin pudo colocarle la silla a su yegua (hubiera sido más fácil si Epona no hubiera salido trotando a mitad de la puesta) y lo último que hizo fue montar a Epona. Ella permanecía quieta mientras se subía.

-- Nada mal-- comentó Link sobre su yegua-- Estoy muy cómodo aquí arriba. ¿Estamos listos Epona?

-- Debo decirte que es una yegua muy veloz. Si no te sujetas bien te puedes caer.

-- No te preocupes, será un recorrido suave y natural.

Link le dio un golpe a la yegua para que comenzara a trotar, pero muy lejos de la reacción que esperaba, Epona se disparó como una centella, e iba a una velocidad importante.

-- ¡Aaah!-- gritaba Link, tratando de aferrarse a la yegua lo más fuerte que pudo.

-- ¡Te lo dije, es un relámpago!

Las cosas sucedieron así: Link cayó al suelo violentamente, Kyen corrió a ayudarle, mientras Epona seguía corriendo velozmente alrededor. El chico apenas podía pararse por sí solo; tenía el cuerpo adolorido. Tenía varios raspones en los brazos y en las piernas, de hecho, en su codo izquierdo se había hecho una herida profunda que sangraba. También en la cabeza se había hecho una herida, que no era tan grave, pero le escurría un poco de sangre en el rostro.

-- ¿Estás bien?-- preguntó el domesticador-- Déjame ayudarte.

Aparentemente Link estaba conciente, pero la cabeza le daba vueltas, apenas podía ver.

-- ¿Qué pasa?... ¡Ay!-- el brazo herido le dolía terriblemente, al igual que su cabeza.

-- Te dije que te sujetaras fuerte.

-- ¿Qué? ¿Cuál de ustedes dos dijo eso?-- preguntó el chico, algo atontado.

-- No te ves nada bien, amigo. Mejor curarte esas heridas antes de que te desmayes. Vamos.

El joven Link necesitó de una mano para ponerse en pie e ir a curar sus heridas. Baneft regresó a reunirse con los muchachos, llevaba consigo un escudo, y los acompañó al castillo. Estaban en una habitación pequeña donde había una cama chica, y ahí tenían todo lo necesario en caso de emergencias como esta. El soldado estaba sumamente molesto, y no pudo evitar darles un buen regaño. Mientras, Kyen le estaba poniendo un cabestrillo en el codo a Link, quien no paraba de quejarse.

-- ¡Me lo estás poniendo muy apretado!

-- Así es mejor, para que ya no te sangre el codo.-- dijo Kyen, sonriendo.

-- ¡Pero me aprieta demasiado... me duele!

-- ¡No seas un llorón!-- le gritó Baneft-- Tú tienes la culpa por montar a un caballo salvaje antes de haberlo domado.

-- No es un caballo, es una yegua-- le corrigió Kyen, una tanto molesto y le puso una venda mojada en la cabeza a Link casi con un golpe-- y no es salvaje.

-- ¡Ay! ¡Ten más cuidado!-- se quejó Link.

-- Perdón.

Para su mala suerte, Link recorrió visualmente la habitación y su mirada se cruzó con la de Baneft, que parecía la de un asesino lunático que no había cometido un crimen en mucho tiempo.

-- Espero que aún te queden muchas energías, por que las vas a necesitar.-- dijo el soldado.

-- Por suerte no te hiciste ninguna fractura o herida de mayor gravedad.-- le explicó Kyen-- Vas a estar bien, en cuanto termine de vendarte.

-- Esa Epona...-- murmuró Link.

-- Con Epona hay que ir lento. Vas a tener ciertas dificultades antes de poder montarla sin que trate de tirarte.

-- Es un animal imposible de someter. Me hubieras hecho caso y deshacerte de él.-- dijo Baneft.

-- Ella.-- le volvió a corregir Kyen.-- Es una yegua, u-na ye-gua.

-- Da igual. Lo mejor será que te consiga otro caballo, uno que no trate de asesinarte.

-- ¡No!-- gritó Link-- Me gusta Epona, sólo necesito tiempo.

-- ¿Tiempo? ¿Tiempo para qué? ¿Para que pueda encontrar un lugar más alto de donde arrojarte?.

-- No, no. Quiero quedarme con Epona. Mientras más tiempo pase con ella, más prontamente me va a tomar confianza.

-- De acuerdo. Puedes quedártelo mientras, pero si su comportamiento salvaje se vuelve un obstáculo para tu entrenamiento, tendrás que cambiarla por otro.-- dijo el soldado.

Baneft no comprendía por qué Link prefería tener que batallar con su yegua a que le dieran un caballo dócil que lo obedeciera. El dolor del chico solo era superficial, no sentía ningún rencor hacia Epona, sabía que iba a ser difícil llevarse bien con ella, y esto solo era el comienzo de una relación mucho muy complicada. Kyen se despidió de Link, por el momento, y regresó a su labor con los caballos. El chico se quedó solo con su instructor, pero no duró mucho el tiempo de descanso.

-- Bueno, creo que hemos estado perdiendo el tiempo, ¿no?. Link te voy a hacer una pregunta... ¿alguna vez has empuñado una espada?

Link negó con la cabeza.

-- Noté que traías una cuando llegamos al castillo, ¿dónde la has dejado?

-- En mi habitación.

-- Ve a traerla, y luego vienes conmigo afuera.

Por lo visto, el entrenamiento no demoraría más en comenzar. Link fue deprisa por la espada que le había dado su abuelo, con los vendajes puestos todavía. Baneft lo estaba esperando afuera, lo llevó a un lugar en el campo. Estaba localizado en la parte más trasera al palacio. Estaba muy despejado, había uno que otro árbol, unos cuantos arbustos nada más.

-- Tenemos que aprovechar lo que queda de la tarde. Link, permíteme ver tu espada un momento.

Link le entregó la espada de madera.

-- Me parece que está bien... para empezar. Parece muy resistente.-- dijo Baneft, observándola con atención.-- Debes sujetarla de este modo, concentra tu fuerza en el brazo. Toma.

-- Bien... creo que puedo intentarlo.-- dijo Link.

Empuñó la espada sin estar seguro de cómo concentrar su fuerza en una de sus extremidades.

-- Ahora quiero que me ataques, pero quiero que lo hagas con todas tus fuerzas.

-- Sí.

Link intentó concentrarse para hacer un ataque efectivo, aunque era muy improbable que le hiciera daño alguno, ya que Baneft era un soldado con muchísima experiencia en el combate, y el chico tan solo era un novato que jamás en su vida había empuñado una espada. Tomó aire por tres segundos y sin pensarlo más se lanzó contra Baneft, le dio el golpe más fuerte que tenía, pero el soldado lo esquivó con toda facilidad, con su escudo.

-- ¡Vamos, hazlo de nuevo!-- le gritó Baneft.

Obedeciendo las órdenes de su maestro, Link se lanzó nuevamente en un intento de ataque contra el soldado, pero él sólo tuvo que evadirlo y golpeó al muchacho por la espalda, haciéndolo caer de cara al suelo.

-- No estas fijando tu vista en mí. Cuando pelees, debes observar en todo momento a tu oponente, vigilar cada uno de sus movimientos, para prever cualquier ataque.

-- Es fácil para ti decirlo-- decía Link en suelo, con la boca llena de pasto-- ¡Buag!... Tú sabes muy bien como esquivar los ataques, porque eres un experto en combates.

-- Esto no fue nada... algún día vas a tener que luchar contra un oponente peligroso, y créeme, no te va a dejar tirado si antes no te mata. Entonces... obsérvame, Link, no pierdas la concentración. Pon toda tu fuerza en el brazo, descarga tu energía con tu arma. ¿Estás listo?

El enfrentamiento comenzó nuevamente, una prueba simple pero difícil, Link apretaba la empuñadura lo más que podía, pensando que así concentraría su fuerza. Trató de nueva cuenta de darle un espadazo con todo lo que tenía, y de hecho fue el mejor embate que había hecho hasta ese momento. Baneft se defendió perfectamente con su escudo, pero el ataque de Link había sido tan fuerte que sintió que el brazo le dio una sacudida tremenda y su espada, al golpear el escudo salió volando y fue a caer a unos cuantos metros de él.

-- ¡Ay!-- Link exclamó.

La herida en su codo se la había hecho hacía un rato y con el zarandeo del brazo por el espadazo que hizo, la herida le volvió a causar dolor.

-- Oye, si no te alivias de tu brazo, no vas a poder avanzar.

-- Puedo continuar, solo es un dolor. Ya se me pasará.-- dijo Link.

-- ¿Sabes? A veces eres muy torpe, pero eres muy tenaz.

-- Pues ya ves.

Ante la actitud obstinada de Link de seguir entrenando, aún con el brazo lastimado (y con el dolor que nunca se atrevió a confesar), Baneft no tuvo más remedio que continuar con él. Se pasaron la tarde haciendo el ejercicio de ataque-defensa hasta que el cielo se tornó oscuro y no tenía caso seguir con el entrenamiento durante la noche. Además era su primer día, así que no tenían realmente mucho que hacer por ahora. Después de haber acordado seguir con el entrenamiento el día siguiente, Link se fue solo a su habitación. El codo le dolió todavía más, debido a que lo forzó por haber seguido peleando. Ya empezaba a tomarle técnica a eso de los espadazos. Se encontraba muy cerca de la puerta que daba al interior del castillo, cuando se le ocurrió mirar como estaba su brazo, tenía los vendajes rojos y algo de sangre empezaba a escurrir de ellos. Pero algo desvió su mirada hacia el frente: una persona que cargaba una lámpara con una luz muy peculiar, entraba en ese momento en el castillo, por la misma puerta por que tendría que pasar él. Link corrió para ver de quién se trataba; entró en el castillo, en la pequeña sala en donde estaba la entrada de su habitación. Solo vio a la persona extraña de espaldas, pero ya había visto antes ese cabello largo y dorado, y aquella cesta con flores de todos los colores.

-- ¡Espera!-- le gritó Link a la chica que había visto en el pueblo.

La muchacha volteó al oír el grito. Sí, era la misma cara linda que había conocido ese mismo día. Ella sonrió al verlo, Link avanzó hacia ella lentamente con un andar torpe, hasta estar frente ella, lo suficiente como para poder hablar.

-- Eh... ah...hmmm-- fueron los sonidos que salieron de su boca.

-- Hola-- le dijo la chica-- Pero... no entiendo, ¿qué haces tú aquí?.

-- Bueno... yo.

-- Lamento lo que sucedió en el pueblo. Espero no pienses mal de mí.

-- Oh, no, no. Discúlpame, yo tuve la culpa pero... ¿y qué haces tú aquí?-- preguntó Link.

-- Pues, la verdad... yo soy solamente una doncella que vive en este palacio.

-- Ah... bueno. Pero cuando estábamos en el pueblo te fuiste, y no me diste tiempo de explicar...

La lámpara se balanceaba mucho en la mano de la doncella, no tenía fuego dentro de ella, de hecho, la luz dentro de ella no era una luz normal. Parecía más bien una luciérnaga muy grande que emitía una luz de colores.

-- ¿Esa es tu lámpara?--preguntó Link.

-- Es una lámpara muy especial.

-- ¿Qué es lo que tiene adentro? No parece una llama o algo por el estilo.

-- Es que esta es una hada.-- le explicó la chica.

-- Es la primera vez que veo una. Creí que las hadas eran solo un mito. Es muy hermosa.

-- No lo son. Existen, y son criaturas mágicas... ¡Qué horror!-- exclamó la chica, al notar la sangre en el brazo de Link

-- Lo había olvidado, es que...

-- ¡Ay, pobre! Te debe doler mucho.-- preocupada, la chica tomo el brazo de Link-- Esto es muy grave. ¿Qué estuviste haciendo?

-- Yo... lo que sucede es que me caí de un caballo.

-- ¿De un caballo? ¿Eres el nuevo domesticador de caballos, acaso?-- preguntó la muchacha.

-- No, en realidad. Se supone que estoy aquí por que soy, bueno, para ser espadachín.

-- ¿En verdad? Entonces te pido que me disculpes. No me imaginaba que eras un espadachín.-- comentó la chica sorprendida, evaluando la herida de Link.

-- La verdad es que no soy un espadachín; apenas soy un aprendiz.-- le confesó Link, que comenzaba a sentirse nervioso.-- ¿Qué es lo que haces?-- preguntó él, cuando la chica le estaba quitando las vendas.

-- Por favor, permíteme sanar tu herida.

La doncella dejó su canasta con flores en el piso, y abrió la tapa de la lámpara, dejando salir al hada que encerraba. La criatura resplandeciente revoloteó cerca de Link, y después alrededor de su brazo. Algo maravilloso ocurrió, la pequeña hada penetró en el brazo de Link, y este sintió que un calor muy placentero se concentraba en el brazo, justo donde estaba la herida. Luego surgió un resplandor y cuando este se apagó, la sangre había desaparecido, y su codo estaba intacto, sin un solo raspón. Lo mismo hizo con su cabeza, y luego el hada salió del interior de Link para regresar a la lámpara.

-- Con eso es suficiente. Me alegra haber podido ayudar.

-- ¿Cómo lo hizo?... Espera-- le pidió Link, al ver que se marchaba-- Quiero saber cómo te llamas. Mi nombre es Link. ¿Cuál es tu nombre?

-- Me gustaría poder volverte a ver uno de estos días-- dijo la doncella, y se fue por la puerta que estaba al fondo de la habitación, dejando solo a Link de nuevo.