Solo

Capítulo 1: Así inició

Permitan que me presente; Me llamo Gakupo Kamui y tengo 22 años. Vivo en un departamento en la ciudad de Tokyo junto a mi novia, Luka Megurine. Aún recuerdo cuando la conocí... Creo que de no ser por ella y mis amigos, estaría completamente solo.

¿Algo más que decir? Soy huérfano. Mis padres murieron en un accidente cuando yo era muy pequeño, y en el orfanato... Directamente, estaba solo. Bueno, estaba Kaito, ese chico con el que siempre podía contar, hasta que fue adoptado junto con los otros... Y estaba solo de nuevo.

Años más tarde, harto de esperar a una familia que me adopte, me escapé y comencé a hacer mi vida por mi mismo desde los 15 años.

Conocí a muchos amigos espectaculares, y luego a mi querida Luka. Todos compartimos la misma pasión por la música, cosa que nos mantiene muy unidos. Incluso tenemos un club de música.

Pero bueno, creo que ya hablé demasiado, ¿Verdad?

-¡Gakupo!- la pelirosa a la que tanto amaba se encontraba agitando una mano frente a mi rostro.-¿Sigues vivo o que?-

-Oh, disculpa, Luka. No estaba en este mundo.- le contesté con una risita, a lo que ella soltó un pesado suspiro.

-Se nota...- me dijo con esa actitud tan tranquila, carácterística de ella.-Kaito ha estado llamando, dice que tiene algo de que hablar contigo y te espera en la cafetería de Akira.- ¿Kaito? ¿Que querría? Me limité a asentir, para salir del departamento y dirigirme hacia donde me había dicho.

-¿Un brazalete maldito?- arqueé una ceja algo confundido. Yo no creía en esas cosas, pero Kaito sí. Éste me enseñaba una foto de un brazalete brazalete que en verdad era muy bonito, tenía como... Recuadros, en color blanco.

-Eso me dijeron... Y está justo en el sótano del orfanato en el que estábamos cuando niños.- fueron las palabras del peliazul frente a mi.-No se que clase de maldición tiene en realidad... Pero que si alguien llega a encontrarlo, debe deshacerse de él de inmediato.- no me jodas.

-Kaito, esas cosas no existen.- le dije a la vez que dejaba escapar un suspiro. Bueno, que yo recuerde, Kaito siempre fue así de ingenuo y supersticioso.

-Se que es difícil de creer. Pero yo se que las maldiciones existen. Creo que deberíamos de deshacernos de él, para que nadie caiga.- me respondió.

-Kaito, si me llego a enterar de que fuiste al orfanato y sacaste ese brazalete, quién te va a maldecir soy yo.- le dije a mi amigo en un tono bromista, a lo que éste hizo un puchero infantil.-Como sea... ¿Cómo vas con la canción?-

-¿Eh?... ¡Oh, sí!- el de mirada azulada me dio una hoja de papel, la cual tenía la letra escrita.-Len me ayudó bastante... Aunque reaccionó un poco mal cuando dije que lo vestiríamos de mujer.- reí ante ello. Len tenía rasgos finos y femeninos, por lo que fácilmente se lo podía confundir con una jovencita.

-Es comprensible que reaccione así. Está harto de verse tan afemimado.- comenté riendo, provocando que mi amigo tambien se ría junto a mí. Miré mi reloj, viendo que eran las 14:00.-Por cierto, ¿No tenías una cita con Meiko en este momento?- le dije sin borrar mi sonrisa. Kaito abrió los ojos sorprendido y se levantó rápidamente.

-¡Joder! ¡Se me había olvidado!- como siempre.-¡Debo irme, o me matará!- ¡Corre, Kaito, corre!

Sí, Kaito tiene una novia llamada Meiko. Kaito es un joven torpe, distraído y también un gran pervertido. Meiko es más seria, agresiva y algo dominante. Creo que los opuestos se atraen...

Eso sí, cuando beben, no hay quién los detenga.

Cuando Kaito se fue, me dispuse a salir de la cafetería y pasear un rato por ahí. La verdad me gusta mucho caminar y pasear al aire libre, siento aquella libertad que no sentía al estar en el orfanato.

Yo caminaba distraído, por lo que choqué con alguien sin darme cuenta. Ésta persona cayó al suelo, así que la ayudé a levantarse.

-¡Discúlpame, por favor!- le di mi mano para que pudiera levantarse.-No miraba por donde iba.-

-Típico de tí.- Esa voz... La miré bien esta vez.

-¡Gumi!- exclamé con una amplia sonrisa en el rostro, para luego abrazar a la ojiverde con fuerza. La chica correspondió al abrazo de la misma manera.-¡Qué alegría volverte a ver!- apliqué más fuerza en mi abrazo. No me culpen, no la había visto en dos años.

-Suelta. No respiro.- me dijo tratando de soltarse. Inmediatamente la liberé.-Bruto... Acabo de volver a Tokyo y ya estás tratando de matarme.- me dijo "ofendida", dándome la espalda.

-Ay, que sensible eres.- le hice un pequeño puchero, pero luego comencé a reir.-¿Cómo te fue en Londres?- pregunté.

-Conocí a un chico llamado Oliver. Dijo que sería un placer venir al Japón para cantar con nosotros.- ¡Con que somos mas! Gumi, con sus encantos, siempre logra traer nuevos integrantes al club. Y ya somos bastantes.

-¿Con que sí? Pues, será bienvenido.- mi mirada se tornó a una asesina de repente.-Si se atreve a tocarte, lo asesinaré...-

-Ay, tranquilo, "padre". Tengo 18 años, no soy una niña a la que debas proteger.- me dijo riendose.-Debo irme. Más tarde, en el club, les contaré como estuvo todo.- me dio un beso en la mejilla y se fue rápidamente.

Gumi, esa chica que parece zanahoria, es como mi hermanita menor. Mi deber como hermano mayor es protegerla, ¿Verdad?

Creo que lo mejor será que regrese con Luka y le cuente que Gumi ha regresado.

No se por qué fue que me detuve aquí. Frente a este lugar, el viejo orfanato en el que he vivido.

No creo en maldiciones ni nada, pero realmente quería ver ese brazalete. Me parecía muy bonito, tal vez se lo de a Luka en su cumpleaños.

Entré como si nada al lugar, el cuál conocía perfectamente gracias a todos los años que había permanecido allí. Me dirigí hacia el sótano, la curiosidad era bastante. Lo más curioso de todo esto, es que todas las puertas estaban abiertas.

Comencé a rebuscar entre todas las viejas cajas del sótano, las cuales contenían varios objetos que poco me importaban. Sólo quería ese brazalete.

Hasta que lo ví. En el suelo, ese brazalete de color blanco. Lo tomé entre mis manos, mirandolo por unos segundos. Pero, algo me hizo soltarlo, no se que fue... Tenía un mal presentimiento.

Mi celular comenzó a sonar, dando a entender que tenía un mensaje.

Luka: Amor, ¿En dónde estás?

No respondí, me fui del lugar como si nada. Debía regresar, no debía preocupar a mi querida pelirosa.

-¿Dónde estabas?- me preguntó ella preocupada. Yo sólo la abrazé para calmarla.

-Perdona, pero tenía un asunto que arreglar.- le dije con tranquilidad, aunque ella no parecía estar muy convencida.

-Te creeré...- me dijo soltando un suspiro.-¿Sabes que Gumi regresó?-

-Me la encontré en el camino.-

-Va a haber reunión en el club esta noche.- me dijo sonriente.-Va a contarnos todo lo sucedido en Londres y cosas sobre el tal Oliver.- Ay... Se me había olvidado lo de Oliver.

Esa tarde la pasamos en el club. Gumi se veía radiante, cada vez que hablaba de Oliver, su mirada desprendía un brillo especial... Como si hablara de su enamorado. No me digas que pasó algo más entre ellos.

Si ese tal Oliver se atrevió a tocarla, lo asesinaré.

El resto de la tarde pasó muy tranquila, hasta que anocheció y volvimos a nuestros hogares.

Luka y yo dormíamos en futones separados, ya que no veíamos correcto el dormir juntos aún sin estar comprometidos siquiera.

Mi amada dormía, pero yo no. No se por que me sentía tan intranquilo, tenia un mal presentimiento. Además, sentía un fuerte dolor en la muñeca derecha. Nunca me he cortado las venas, pero se sentía de esa forma...

El dolor se había calmado al fin, por lo que creí que podría dormir en paz al fin.

Creí...