Disclaimer: ...no.
A/N: Segundo trozo. Como son pequeños, mi intención es colgar uno cada día, a no ser que me pille con mucha flojera o algo me lo impida. Después de todo esto ya está escrito, sólo me hace falta dar una última revisión y listo.
Muchas gracias por los reviews y las alertas. Ana, sé que es triste, pero siempre existe esperanza que mejore ¿no? además esta secuela fue escrita bajo la premisa de "es para Eline"...así que el angst durará, pero no para siempre (sino la susodicha me mata jajajaja). Y Eli! me echas más porras de las que merezco XDD. Y más encima hace promoción descarada en twitter XDD.
Comentarios y críticas bien recibidos, siempre con respeto.
Gracias por pasarse y leerlo.-
2.-
Respira profundo, una, dos, tres veces. Nada, no logra calmarse. Sus manos sudan, su cuerpo se agita más y más a medida que el auto se acerca a la casa. Se mira en el espejo retrovisor y ve sus ojos asustados, sus labios apretados y su cabello desordenado. Se siente como un adolescente que va camino a su primera cita y sonríe con amargura. No es más que un hombre patético.
Van Pelt lo mira de cuando en cuando, la preocupación en todo su rostro. Jane cree que lo único que la detiene de preguntarle si está bien, es porque sabe que es una pregunta ridícula, y porque ella ya sabe la respuesta. Sin embargo, eso no la detiene de pasarle una botella de agua y sonreírle comprensivamente; Jane apenas hace un gesto de agradecimiento con la cabeza y bebe un largo sorbo para intentar calmarse.
Diez minutos después, el auto de Grace se detiene. Ella toma una pequeña caja envuelta en un papel lleno de bebés disfrazados como ángeles y sale del auto. Da un par de pasos antes de darse cuenta que Jane no la está siguiendo, suspira y va hasta donde está él, clavado en el asiento del pasajero.
-Jane…si prefieres, puedes llevarte mi auto y yo le inventaré algo a Lisbon. Le diré que Hightower te mandó llamar o algo por el estilo…
Él se queda en silencio, dudando si debería tomar las llaves del coche que la pelirroja le tiende y largarse. Pero eran ya tres semanas sin verla, sin saber de ella más que el "está bien, cansada pero feliz" con el que solía responderle Van Pelt cada vez que le preguntaba por Lisbon. Y ya no podía soportarlo. Necesitaba verla y ese deseo era más fuerte que cualquier absurdo miedo que sintiera en estos momentos. Aparta la mano de la agente-que aún la mantenía en alto, ofreciéndole las llaves del auto-con suavidad y sale del auto de un salto. Ella le sonríe y se da media vuelta, caminando en dirección a la puerta.
Siente la mirada de Van Pelt clavada en él, como si esperara a que estuviese seguro de que quería estar allí antes de tocar el timbre. Y aunque él asiente con la cabeza, no puede evitar que su cuerpo comience a temblar y que sus manos vuelvan a sudar otra vez, en cuanto escucha la voz de Lisbon al otro lado de la puerta. Tampoco puede evitar que su voz se escuche aguda y llena de nerviosismo al saludarla. Cuando se ve en el espejo que Lisbon tiene en el recibidor, sus expresiones revelando el pánico que siente, reafirma todo lo que ya sabía: No es más que un hombre patético.
