Summary: Creías que tu futuro ya estaba resuelto, pero no pensaste demasiado las cosas y por sobre todo nunca te preguntaste que era lo que realmente querías en tu vida. Lo único que deseabas, era estar a su lado para siempre.

Disclaimer: Haikyuu! pertenece a Haruichi Furudate.

Recomendación: Relea la primera parte para una mejor experiencia.

Junto a ti.

Pasaste todas las clases pensando en lo mucho que te divertirías en el almuerzo, hacía tanto tiempo que no veías a Tooru tan entusiasta, no desde que habían perdido contra Karasuno en las eliminatorias de la Spring High. No te gustaba verlo decaído.

Hasta llegaste a creer que había dejado de gustarle el volley, y como a ti se te asignó la tarea de consolarlo, el corazón se te hizo chiquito cuando dejó atrás su barrera de dignidad y se lanzó a tus brazos envuelto en lágrimas, buscando acurruco en tu hombro.

En esos momentos solo pudiste corresponder el abrazo y dar palmaditas en su espalda, como toda una mejor amiga, porque demás, tampoco sabías que decir exactamente; temías equivocarte y que tus palabras lo hirieran más.

Así que te daba mucho gusto verlo tan emocionado y decidido a seguir luchando para ser el mejor.

.

.

.

Finalmente, el almuerzo inició, de inmediato tomaste tu caja de comida, guardaste tus cosas y te fuiste de inmediato hacia el gimnasio. Cuando llegaste, había muchas sillas reclinadas en el fondo y unas cuantas bocinas y varios cables regados por ahí. Las luces estaban apagadas, creíste ser la primera en llegar, pero a lo lejos, a media cancha, pudiste ver el cuerpo de Oikawa recostado en la duela, con los audífonos sueltos y su almuerzo perfectamente cerrado a lado suyo.

Tenía los ojos cerrados, por lo que dedujiste que estaba durmiendo; te salieron cuernos, cola y tu sonrisa se ensanchó justo como la del gato de Alicia. Había tantas posibilidades de fastidiarlo un poco estando él tan indefenso. Sigilosamente, te acercaste a él para no ser descubierta.

¿Qué sería mejor?, ¿subir el volumen de su mp3 al máximo de golpe?, ¿taparle la nariz?, ¿una plancha voladora desde la tercera cuerda?... Ninguna de esas, aunque no es que no se te hicieran divertidas, solo que al verlo tan tranquilo, no pudiste hacerle nada. De seguro se había quedado dormido por estar cansado de tanto entrenar sin descanso los días anteriores.

—Que pestañas tan largas tiene... —susurraste admirando su rostro de finas y bonitas facciones— ¿Acaso usa Maybeline? —reprimiste un risa ante tu comentario.

Ya no te gustaba, ni nada de eso,pero no podías dejar de pensar que Oikawa Tooru, seguía siendo increíblemente atractivo, y a pesar de la finura de sus rasgos, era perfectamente masculino; así que solo te tumbaste a su lado y se abrazaste, él abrió los ojos suavemente y al verte sonrió, se quitó uno de sus audífonos.

—Darling-chan —dijo adormilado.

—Tooru, ¿qué hacías?

—Me puse a escuchar música mientras tú e Iwa-chan llegaban, pero creo que me quedé dormido.

—Ya veo... No te esfuerces tanto, todo cono medida. —te dedicó una ligera risa.

—Estaré bien — te miró, sus ojos también seguían teniendo ese color chocolate intenso con una pizca de picardía implícita, característica de él. Tan profundos...

Desviaste el rostro de inmediato, por el pensamiento que acababas de tener.

—¿Y qué escuchabas?

Él tomó el auricular que se había quitado y te lo puso en la oreja. Conocías la canción de pies a cabeza, era de una cantante que te encantaba, pero que Tooru no soportaba; enarcaste una ceja.

—Creí que no te gustaba... —dijiste muy bajito, como si fuera una secreto.

—Aunque tenga una voz particular, su estilo no es nada fresco —lo fulminaste con la mirada, estaba hablando de tu novio, que no sabía que era tu novio, pero que era tu novio—, pero debo de admitir que esta canción... Le quedó mejor que la original.

—A él le queda todo perfecto, ¡siempre!

—Sí, claro, ¿entonces por qué no saca una canción propia?

—No lo sé, pero si lo hace de seguro que le queda perfecta también.

—Pues, hay muchos cantantes de covers en internet, no creo que resalte demasiado. De todos modos, lo estaba escuchando porque me recuerda a ti... —comentó, diste un pequeño saltó y notaste como tu corazón se acelero un poco, pero solo un poquito, casi nada.

—¿Huh?

—Es, como es tu cantante favorito, pensé "a mi mejor amiga le gusta, creo que puedo darle una segunda oportunidad". Aunque por algo me dormí, como sea.

—De cualquier forma, es muy lindo de tu parte.

—Yo siempre soy fabulous.

—Sí, cómo digas Sharpay, a fabulous bitch... —reíste.

—¡Oye!

—Ya, deja de ladrar, arruinas el momento.

—¡Claro que no!, ¡lo arruinaste tú! —suspiró— Cielos Darling-chan, a veces es difícil habar contigo.

—Habla por ti, es más difícil hablar con una diva como tú.

—Yo no soy una diva querida —te miró, al final decidió seguirte el juego—, ¡yo soy una reina! —ambos rieron un rato.

—De cualquier forma, me preguntó porque tarda tanto Hajime-kun..

—Yo que sé.

—No lo sé, pero podemos esperarlo mientras escuchamos música.

—Claro, de todos modos necesito otra pequeña siesta.

Le diste un ligero golpe en el pecho antes de que pusiera play de nuevo y ambos se concentraran en las canciones. No hablaron, pero no era necesario, el lado tranquilo de Oikawa también era muy agradable.

Estar con él, definitivamente, era muy, muy acogedor.

.

.

.

La oscuridad comenzaba a cansar tus ojos, además de que el calor y suavidad del cuerpo de tu compañero te envolvían completamente, sin mencionar, que su tranquila respiración era como un suave arrullo, por lo que a pesar de las canciones que ponía te gustaban mucho, realmente comenzabas a dormirte tú también.

Estabas a punto de perder la consciencia completamente, cuando sobre tu rostro y en el de Oikawa cayeron como cascada varios sobres de cartas. Ambos se exaltaron por el repentino golpe y se reincorporaron de inmediato. Fue cuando notaron que las luces habían sido encendidas.

—¡Iwa-chan! —se quejó él, al ver al responsable, que lo observaba desde arriba con infinito desprecio.

—¡Demonios, Oikawa!, ¡llegué tarde porque tus fans no me dejaban avanzar!, ¡querían darme sus cartas para dártelas!, ¡incluso algunas de ellas me siguieron hasta aquí!

—¿Y eso qué?

—¡No evadas la situación!, ¡ve ahí y diles que me dejen respirar!, ¡rechaza a todas o escoge a una pero deshazte de ellas ya!

Tooru tronó la lengua y se puso de pie para ir a la puerta, en cuanto la abrió, los gritos de las chicas que le esperaban pacientes, retumbaron en tus oídos. Al menos podías enorgullecerte de que en aquel entonces, cuando te gustaba, nunca actuabas de esa forma tan ridícula. Hajime suspiró y se dejó caer a tu lado, destapó su almuerzo y comenzó a comerlo.

—¿No vamos a esperar a Tooru?

—Esa basura andante va a tardar demasiado, le gusta ser el centro de atención, y yo ya estoy hambriento.

—Supongo que tienes razón. —asentiste e imitaste sus acciones anteriores, pero cuando diste el primer bocado, lo escuchaste exhalar de forma sonora otra vez. Le observaste curiosa.

—Este entrenamiento se arruinó —se explicó—. Y aun así ese torpe dice que quiere ser el número uno. Todo sería más fácil si le desfiguro la cara que tiene de una vez por todas, ya no tendría fanáticas y podríamos jugar volley en paz. —no evitaste reír un poco.

—No creo que sea la mejor solución, Hajime-kun.

—Cierto —sonrió—, además de sus fans, a ti tampoco te agrada esa opción, ¿verdad?

—¿Huh? —parpadeaste confundida.

—Es decir, a ti, te gusta el rostro de Oikawa, ¿no es así? —casi escupes la comida antes de comenzar a reírte con ganas, no sabías si por nerviosismo, o por estar en una situación delicada—, ¿qué es tan gracioso?

—¡A mi no me gusta Tooru!

—¿No? —preguntó incrédulo— Bueno, es que desde que se conocieron, se comportaban diferente a como lo hacían los demás. Ya sabes, la mayoría esperaba que terminaran saliendo; de verdad pensaba que te gustaba ese bastardo, o al menos, lo dábamos por hecho esperando a que ocurriera...—negaste amablemente con una sonrisa nostálgica.

—Me gustaba mucho en primer año, pero al final decidí que Tooru me caía mejor como amigo que como novio, así que me rendí hace ya algún tiempo.

—Ya veo —afirmó—, en cualquier caso, si te hace sentir mejor, me gustaría que Oikawa saliera contigo que con cualquiera de sus admiradoras.

Y dijo eso, porque al parecer cuando explicaste tu extraña situación, pareciera como si aun te doliera, aunque tú afirmaras que no era así.

—No te preocupes Hajime-kun, todo está bien ahora. —asentiste con aplomo, intentando mostrar seguridad, él te sonrió.

—Me gustaría ver la cara de Oikawa escuchando lo que acabas de decir, ya sabes, lo de que te gustaba en primero y luego lo superaste. Se le caería la mandíbula hasta el suelo.

—¿Y eso? —cuestionaste, Hajime rió varias veces antes de responder.

—Ustedes dos, son uno lentos y unos completos bobos —ladeaste la cabeza esperando una explicación a sus palabras—. A Oikawa Tooru, también le gustabas mucho en primero, de hecho, decir mucho es poco, se ponía todo rojo y apenas y podía hablar cuando estabas cerca, además de que sudaba horrores mientras platicaba sobre ti. El solo hecho de decir tu nombre lo asustaba, por eso siempre exageraba y hacia el ridículo contigo todo el tiempo, luego se avergonzaba y recriminaba por ello...

El mundo se paralizó entonces y juraste que todas las personas te señalaban para pintarte "idiota" en la frente. Imaginaste que si Tooru se enterara sentiría lo mismo, eso que Iwaizumi te decía, simplemente no podía ser posible.

—¿Eh? —susurraste—, ¡¿EHH?!, ¡Hajime-kun!, ¡estás bromeando!, ¡¿verdad?!

—No. Soy su amigo a pesar de todo, pasaba todo el tiempo escuchándolo quejarse de lo ridículo que había sido contigo y de lo mucho que quería salir contigo, y cuando le pregunté porque no se declaraba, entonces dijo que le tenía miedo al rechazo.

—¡¿Tooru?!, ¡¿miedo al rechazo?! ¡Vaya, eso si que es nuevo!

—¿Verdad? —sonrió— Pero es que todo el tiempo hacía algo estúpido contigo cerca y creía que pensabas que era un idiota. Así que esperaba pacientemente a que cayeras en sus "encantos" que cautivan a todas las chicas.

—Tonto. —reíste.

—Aunque si ya lo superaste, supongo que no se puede hacer nada, lo más probable es que Oikawa también lo haya hecho.

—Sí, supongo —suspiraste y una gran oleada de nostalgia te invadió de repente, hasta el punto de oprimirte el pecho dolorosamente.

Las palabras de Iwaizumi Hajime te golpearon fuerte, y aunque no querías aceptarlo, te afectaron bastante, pensaste en lo mucho que te gustaría volver al pasado, a ese momento en que ambos se gustaban y ser un poco más valiente, para poder ser directa respecto a tus sentimientos por Tooru. Comenzaste a hacerte millones de preguntas llenas de "que tal sí", "si hubiera", "puede que", entre otras. El arrepentimiento te empezaba a lastimar la espalda.

Fue entonces que algo dentro, muy profundo de tu ser,explotó.

Un sentimiento que una gran intensidad recorrió, a partir del centro de tu pecho, tus brazos, tu rostro, tus piernas, es más; no se detuvo hasta embriagar cada hebra de tu cabello. Eso que desataba una intensa tormenta interna, era el dulce y tierno amor que aun sentías por Oikawa Tooru.

Ese, que se llevaba escondiendo con tanto esfuerzo desde hacia tiempo, ese, que a pesar de quedar entre las sombras, era constante y crecía con el paso del tiempo. Aquel, que luchaba por salir todo el tiempo por el simple hecho de verlo a él. Ese que por fin, era libre, creando una ola de emociones intensas en ti.

—¡Hey, ya volví! —los escuchaste, se acercó a ustedes y tú, entraste en pánico.

No, él no, cualquiera menos Tooru... Pensaste, por lo que tú corazón latió tan fuerte, haciendo que temieras que él lo escuchara; sin pensar demasiado las cosas, te levantaste de tu lugar y corriste lo más rápido que tus ´piernas te permitieron a otro lugar.

—¡Darling-chan! —te llamó preocupado, pero lo ignoraste y seguiste tu camino, no era buena idea permanecer cerca suyo con todas esas emociones a flor de piel.

Los dos jugadores de volley se quedaron anonadados ante tus acciones, solo se vieron mutuamente unos instantes antes de que Oikawa frunciera el ceño y se pusiera increíblemente serio. Avanzó hasta el moreno y lo tomó de la solapa del uniforme bruscamente, haciendo que se levantará.

—¡¿Qué le hiciste a Darling-chan?! —preguntó, Iwaizumi, que no se dejaba pisotear por nadie, tomó la muñeca con la que Tooru le sostenía y aceptó el duelo de miradas hostiles.

—¡Escucha idiota, no es mi culpa!, ¡ni siquiera sé que tiene, así que suéltame o te arrepentirás de haberme hecho enojar! —el castaño lo empujó molesto.

—¡¿De qué hablaban?!

—Eso no te importa. —respondió Hajime acomodándose el uniforme.

—¡¿De qué mierda estuvieron hablando?! —exigió saber.

—¡De nada!, ¡solo rememorábamos el primer año de Aoba Johsai!

La expresión de Oikawa Tooru cambió por completo, su rostro palideció y el miedo inundó su mirada.

—No... —negó en un susurró— ¡No puede ser!, ¡demonios Iwa-chan!, ¡dime que no se lo dijiste! —rogó, pero el moreno solo subió los hombros con indiferencia.

Tooru se agarró las sienes con ambas manos y se puso en cuclillas para lamentarse, maldición, ahora sí todo se había arruinado. Hajime solo veía a Oikawa extrañado, no entendía que era lo que estaba mal.

Por tu parte, habías huido hasta detrás del edificio de los de primero, y te pusiste la mano en el pecho para intentar calmar tu respiración , y los latidos de tu corazón, que eran frenéticos por haber corrido mucho, pero sobre todo, por la impresión que te habías llevado en el gimnasio.

¿Qué demonios había sido eso?, peor aún, ¿qué se supone que debías de hacer ahora?

.

.

.

El resto del día no pudiste concentrarte en nada, durante toda las clases restantes, te la pasaste viendo a la ventana, tratando de lidiar con tu dilema. Los profesores te regañaban a veces, pero como tu cabeza estaba en las nubes, no podías recordar ni la mitad de las palabras que te dijeron.

Lo más incómodo de todo, fue la dichosa plática sobre el futuro, querías bajo toda circunstancia evitar a Tooru, pero el hecho de volver a un lugar en dónde el había pasado la mitad de su vida preparatoriana te afectaba enormemente, ¡¿cómo podían pedirte que atendieras lo que decían en la platica estando en ese lugar, con el susodicho tres filas adelante?! , ¡maldita sea con el sistema!

Cuando empezaron a entregar los formularios, en donde debían rellenar sus opciones para el futuro, se creó un pequeño alboroto entre los estudiantes, inconscientemente, aprovechaste para voltear a ver un poco al castaño, te arrepentiste de inmediato mientras sentías tus orejas calentarse y tu rostro enrojecer, él también te había volteado a ver. Desviaste la cabeza lo más rápido posible, ¿qué le habría dicho Hajime después de que te fuiste? Porque de seguro le había pedido una explicación, ¡¿y si le había comentado que te gustaba?! Eso sería MUY malo, considerando que acababas de darte cuenta de que aún lo querías.

—Darling-chan... —te habló en cuanto la platica acabó, te exaltaste, no lo volteaste a ver en ningún momento, solo te quedaste quieta, buscando una salida— Dime, ¿ahora me odias?

—¿Huh? —no entendiste nada, ¿a qué se refería con eso?

—Creo que tú y yo debemos hablar...

Ay no, ahora no, eso no...

—¡L-lo siento!, ¡pe-pero tengo algo muy importante que hacer! —evadiste y volviste a echar a correr lejos de la escuela, deseando que no te siguiera.

Sin embargo, te decepcionaste cuando realmente no lo hizo.

.

.

.

Realmente no tenías nada que hacer, por lo que cuando llegaste a tu casa, sin comer siquiera, te subiste a tu habitación y después de sacar el formulario del futuro, te tumbaste perezosamente en la cama. Nadie te decía nada, no tenías padres y tu tía trabajaba todo el día, por lo que siempre estabas sola, te habías acostumbrado a eso, no te sentías precisamente mal, pues Oikawa Tooru siempre abarcaba tus tardes con sus locas ideas, que tú de por si ya sabías que eran malas, pero que le seguías el juego solo porque al final pasaba algo siempre divertido. Sin embargo, en esos momentos en los que las cosas eran delicadas, te hubiese gustado tener a alguien que te aconsejase... Si solías tenerlo, tu abuelo, pero él no estaba ahí.

Observaste el formulario, se suponía que no deberías tener problemas al rellenarlo, pero aun así tardabas en hacerlo, ¿por qué simplemente no podías escribir la palabra "Abogacía" en los tres espacios vacíos si eso era lo que querías? Observaste el reloj de la pared, aun era algo temprano.

—Si me apresuro, tal vez alcance el horario de visitas...

.

.

.

A tu abuelo no le gustaba que fueras a verlo a ese lugar, normalmente solías hacerle caso, a ti tampoco te gustaba verlo ahí, además, creías que el color naranja se le veía realmente mal; pero tampoco podías pasar tiempo sin verlo y dejarlo ahí abandonado, como si realmente hubiese hecho algo malo.

Avanzaste hacía el cuarto de visitas después de haberte registrado, haciendo oídos sordos a los gritos despectivos que los demás presos te lanzaban y al guardia que te acompañaba intentando callarlos. Esa era otra de las razones por las que a tu abuelito no le gustaba que fueras, pero ya te habías acostumbrado.

—Tienen media hora... —recordó el guardia al cerrar la puerta para darles privacidad, no harían eso con otros reclusos, pero digamos que al paso de los años, incluso los policías se habían dado cuenta de que tu abuelo no sería capaz de hacerle daño a nadie.

Volteaste a verlo, él te sonreía francamente, aunque siempre con ese deje de tristeza impregnado en su rostro.

—¡Abuelo! —gritaste feliz y corriste a abrazarlo— ¿Cómo has estado?

—Yo muy bien, lastima que tu sigas igual de rebelde y vengas de todos modos. Aunque no negaré que me hace un poco feliz.

Se sentaron, y empezaron a platicar como era de costumbre, era tan relajado estar con él, que por un momento se te olvido todo lo malo que pasaba, incluso el horrible lugar en el que se encontraban.

—Y entonces le dije, "¡oye Yoshio, ese es mi postre, tú ya te comiste el tuyo" —escuchaste como animadamente terminaba de contarte su anécdota con su compañero de celda. Luego, todo se quedó callado un rato, hasta que se volvió incómodo— Esta es la parte dónde te ríes querida...

—¡Oh! Lo siento —hiciste lo que pidió, pero de forma nerviosa y completamente falsa. —el anciano se recargó sobre su silla y suspiró.

—Tal vez ya no soy tan gracioso como antes.

—¡N-no es eso! —respondiste de inmediato, lo que menos querías era hacerlo sentir mal— E-ese Yoshio jeje, es todo es un caso ¿no? Jaja —la mandíbula te dolió.

—Desde hace rato, estás más callada que de costumbre, ¿algo pasó?

—N-no, ¿qué debería de estar mal? —elevaste los ojos y las palmas hacia el cielo. Luego, te levaste a los labios, el vaso desechable lleno de insípido café instantáneo que te habían ofrecido.

—Bueno, si tú lo dices... ¿Y cómo está Tooru? —esa pregunta, hizo que escupieras y casi te ahogaras con la bebida.

—¿Q-qué con él?

—Bueno, es que hace mucho que no ha venido, a veces venía por su cuenta aunque no estuvieras. Es amable, y aunque sea un poco excéntrico, me agrada.

—Pues... ¡Él está bien! —gritaste nerviosa—, ¡¿p-p-p-por qué no habría d-de estarlo?! —sabías que Tooru sabía la situación de tu familia, de hecho, era él único que la conocía, pero no estabas al tanto de que él venía por su cuenta, ni mucho menos que se tomaba tan en serio todo lo que pasaba.

—Antes hablabas mucho de las cosas que hacías con él, incluso llegué a pensar que salían...

—No es así —susurraste, tenías que buscar otro de conversación a como de lugar, ¿como es que una inocente visita a tu abuelo se había convertido en eso?, para tu buena suerte y salvación, recordaste lo qué te había llevado hasta ahí esa tarde—, ¡ah!, por cierto, hoy en la escuela nos dieron una platica acerca de qué hacer con nuestro futuro y un formulario también... —comentaste tu abuelo sonrió nuevamente.

—Ya veo, así que ya es tu turno de elegir también, ¿y cómo te hace sentir eso?

—Tranquila, más que mis otros compañeros, porque yo ya sé que es lo que voy a hacer.

—¿Y qué es?

—¿No es obvio?, ¡voy a ser una gran abogada y a sacarte de aquí en cuanto pueda! —anunciaste orgullosa.

—Vaya, cuando dijiste eso de niña, me puse muy feliz, sin embargo no creí que fuera en serio.

—Claro que sí, estás aquí de forma innecesaria.

—¿Y eso es lo que quieres, realmente?

—¡¿Qué estás preguntando abuelito?!, ¡claro que si! Nada me haría más feliz que verte libre.

—No me refiero a eso, es decir, ¿es a lo que quieres dedicarte el resto de tu vida? Después de sacarme de aquí, te haría plena seguir atendiendo ese tipo de casos. Si más no recuerdo, a ti te gustaba jugar a que tenías una clínica de enfermos con tus juguetes...

—¿A dónde quieres llegar? —el hombre sonrió, tú no entendías absolutamente nada.

—¿Y si te dijera, que yo realmente robé todo ese dinero? —el golpe fue un gran impacto para tu persona, ¿de qué se trataba todo eso?

Según lo que recordabas, tu abuelo fue condenado porque lo habían inculpado por robo en el café en el que trabajaba. Según la versión de su abogado defensor, lo estaban amenazando para renunciar debido a una crisis en el negocio, si no se iba, iban a acusarlo de ladrón. Al final se perdió el caso y fue llevado a prisión, por eso tu tía, había empezado a trabajar. Se suponía que tu abuelo era completamente inocente.

—¿Q-qué quieres decir con eso? —preguntaste contrariada.

—La verdad, a veces sacaba dinero de la caja registradora cuando no me veían, sin embargo, jamás fue para mi. Todos los días, una mujer sin posibilidades de llevar una vida digna, se paraba delante del negocio a pedir algo de comer, algunas veces llevaba a sus hijos para causar lástima, aun así, el dueño del lugar solía correrla sin tocarse el corazón, así que se lo daba a ella y sus hijos tuvieran algo de comer. Lo que sabes, es una coartada que creo mi abogado para intentar ganar, pero al final me arrepentí. No era justo para nadie.

Comenzaste a llorar, no podías enojarte con tu abuelito, de todos modos, lo que había hecho no era malo, excepto por la parte en la que había robado dinero, pero, ¿ahora qué debías hacer?

—Y dime pequeña, ¿todavía quieres sacar a un ladrón?

—N-no utilices eso para chantajearme.

—No lo hago, desde siempre has sido mala para las matemáticas —se burló.

—¡¿Y eso que rayos tiene que ver con todo esto?! —sonrió confiado ante tu entrecejo fruncido.

—¿Cuántos años me dieron de prisión?

—Nueve.

—¿Y cuántos han pasado?

—Ocho... ¡¿Ocho?! —te exaltaste, ¿tanto, en serio?

—Así es, salgo libre el próximo año, por lo que en un principio, nunca creí que lo de ser abogada fuera cierto, dado que ya estaría afuera antes de que siquiera acabaras el primer semestre de la carrera de derecho.

—¡¿Y ahora qué hago?! —preguntaste asustada, todo el miedo que no le habías tenido al futuro, de repente te golpeó en la cara, ¿podrías crear un plan tan rápido? Estabas perdida.

—Tooru vino hace un mes —recapituló—, dijo seriamente que quiere dedicarse al volley, creo que puede hacerlo. Tiene talento.

—Lo sé —tronaste la lengua—, es fácil para él, lo tiene claro y aunque lo niegue, es obvio que si no tuviera ni un poco de talento, ninguno de sus esfuerzos darían resultado. En cambio yo no destacó en nada en especial.

—Todo lo contrario, pequeña —corrigió—, tu talento es ser humana y pensar en los demás. Tú y Tooru se llevan bien porque son más o menos iguales, incluso me ha dicho que a veces busca a aquella mujer y le da un poco de lo que tiene. Ustedes hacen un gran equipo, así que aprovéchalo...

Sonreíste.

Gracias a esas palabras, ya sabías que era lo que querías.

.

.

.

Al día siguiente, entregaste el formulario ya contestado, las manos te temblaron un poco al dárselo al profesor a cargo, todavía dudaste un poco al último segundo, pero finalmente decidiste que era lo mejor.

—Gracias —te dijo el maestro, luego su teléfono sonó, lo revisó—, es importante, disculpa las molestias, pero, ¿podrías llevar esto a la dirección por mi, por favor? —pidió. Asentiste y luego tomaste los formularios antes de ir al sitio asignado.

Al entrar a la sala de profesores, antes de ir a la oficina principal, al abrir la puerta, pudiste presenciar la fornida figura de Oikawa Tooru, estaba parado delante de su entrenador.

—Has recibido muchas recomendaciones para la universidad —escuchaste que le decían—, solo has la mejor de las elecciones y te irá de maravilla...

—Disculpa —te llamó otra maestra—, ¿se puede saber que haces aquí?

Tooru volteó a ver un poco para ver a quién le habían hablado, tu presencia le perturbó un poco y sus pupilas se dilataron, pero de inmediato giró su rostro de nuevo hacia su propia conversación, ¿ahora era él quién te evitaba? Bueno, de todo modos no podías culparlo.

—¿Señorita? —repitió la profesora.

—¡Ah! Sí, el maestro a cargo de mi grupo tuvo que atender algo importante, y me pidió que trajera esto en su lugar —explicaste haciendo alusión a los papeles que tenías en la mano.

—Entonces pasa, y apúrate para que puedas volver a clase —recomendó.

—Sí.

Rápidamente, avanzaste a tu destino, cuando saliste de ahí, Tooru seguía hablando sobre su universidad. No te preocupaste, de todos modos, aun era incómodo encontrarlo.

Caminaste tranquilamente por los pasillos de regreso al salón, hasta que lo oíste llamarte por tu nombre, casi nunca lo usaba, siempre utilizaba el apodo que tenía para ti, por lo que te giraste de inmediato. Ya no te daba miedo como ayer, habías razonado todo eso en la noche.

—¡Que bueno que te alcancé! —dijo en cuanto se detuvo delante tuyo.

—¿Tooru?, ¿qué ocurre? —te sujeto por los hombros, como medida de seguridad por si querías volverte a escapar, ya no planeabas hacer eso, pero no podías negar que la cercanía que eso provocó, hizo que las piernas te temblaran y te pusieras nerviosa.

—¡Ignora todo lo que Iwa-chan dijo! —pidió preocupado—, ¡no dejes que eso arruine nuestra amistad!, ¡te prometo que voy a superarlo tarde o temprano!

—¿Huh? —le miraste confundida.

—Es que —se detuvo un poco, cerró los ojos juntando valor antes de abrirlo—, ¡me has gustado desde siempre, eso no lo voy a negar! Siempre he creído que si hay alguien que pueda darte todo lo que necesitas, ese soy yo, gracias a ti soy como súper man, soy imparable; pero sé muy bien que no te gusto, y ayer que te enteraste de mis sentimientos por culpa de Iwa-chan, tenía tanto miedo de que te incomodaras y no quisieras ser más mi amiga, ¡definitivamente no quiero eso! Te prometo que si te quedas a mi lado, te voy a superar...

Una gran sonrisa cruzó tu rostro, estabas tan feliz, además, ese torpe te había ahorrado la mitad del trabajo.

—Sé que puedes ser todo lo que necesito Tooru, no tienes que decírmelo, no seas vanidoso...—frunció triste las cejas.

—Pero...

—Dime Tooru —le interrumpiste—, ¿de verdad te gusto?

—¿No es obvio?, ¡nunca acepté a ninguna de mis admiradoras esperando que te acercaras a mi. Te lo juro, eres la única para mi, ¡maldición! —se pasó la mano por el cabello—, de esa forma no vas a creerme que en realidad me voy a rendir.

—¿Quieres callarte un poco, Oikawa? —le dijiste, el te volteó a ver asustado de que cortaras en ese instante, todo tipo de relación— No quiero que lo superes, llevo tres años queriéndote, y hasta a penas me vengo enterando que soy correspondida, hemos perdido mucho tiempo, que tonto, ¿no crees?

—¿Eh? —abrió los ojos como platos mientras procesaba la información— ¡¿EHH?! —reíste un poco.

—Hice más o menos lo mismo cuando me enteré ayer —comentaste—, escucha Tooru, me gustas mucho, desde primer año... No quiero que superes tus sentimientos por mi, porque yo no te he superado... —las mejillas de ambos se tiñeron de rojo, y parecía todo como un sueño, hasta que él se puso a llorar— ¿Qué ocurre?

—Nada —se limpió la cara con la manga de su uniforme—, es solo que he esperado tanto tiempo...

—Tres años —repetiste.

—Tres malditos años... —cuando te acercaste a él para intentar consolarle, te estrechó fuertemente de manera espontánea entre sus brazos.

—Tranquilo, se supone que soy la chica aquí.

—Perdón, es que estoy muy feliz... —sonreíste enternecida y correspondiste su abrazo.

—Yo también. —le susurraste.

Regla número 1 del amor: Si quieres a alguien, sin importar lo imposible o complicado que parezca, debes decírselo. En el amor, hay que ser valientes para no perder el tiempo.

.

.

.

—Así que son pareja —les sonrió Hajime, al finalizar las clases, caminaban directo al gimnasio tomados de la mano.

—Sí, ¿no es genial Iwa-cha? —dijo Oikawa— Después de todo, Darling-chan si cayó en mis encantos.

—Más bien creo que sintió lastima — molestó a Tooru—, necesitas a alguien que te cuide, o estar perdido... —no evitaste reírte un poco.

—¡No es eso! —se quejó— Es que soy increíblemente guapo.

—Ajá —jugaste—, te recuerdo que fuiste tú el que dijo que sería un héroe para mi, y te esforzarías por hacerlo... —Hajime rió mientras que las orejas de Tooru se pusieron rojas.

—¡No puedo creer que hayas dicho algo tan cursi! —se burló.

—¡Darling-chan! No tenías que decirle nada...

—Aunque admito que sonaste genial en ese momento, robaste mi corazón Tooru, hoy y siempre —le sonreíste.

—¡Wah! —emocionado corrió a abrazarte de nuevo mientras vitoreaba varias veces tu nombre.

—Por cierto —te llamó Hajime—, ¿por qué te llamaron a la sala de profesores después del almuerzo? —habías sido citada, ese día sin dejarte comer, unas clases después de que entregaras los dichosos formularios.

—Porque querían que "entrara en razón" y cambiara mis opciones de carrera... —explicaste.

—¿Y eso, Darling-chan?

—Dijeron que podía escoger algo mejor.

—¿Qué pediste? —indagó el moreno.

—Medicina del deporte.

—No le veo nada de malo a eso. —comentó.

—¡Yo tampoco! —celebró Oikawa— Darling-chan será una gran doctora.

—¿Verdad? —sonreíste.

Pensaste que si se enteraban que era lo que realmente habías escrito, morirías de vergüenza, pero eso ya no importaba, todo estaba bien ahora.

.

.

.

"Formulario de opciones de futuro"

Nombre: (T/N) (T/A)

Clase: 5

¿Desea continuar estudiando después de la preparatoria?: Sí.

Opción 1: "Estar junto a Oikawa Tooru para toda la vida"

.

.

.

Fin.

.

.

.

Nota final: Son libres de matarme, lo merezco. Dije que no tardaría mucho y tarde años, además, no sé si tenga faltas, tuve una pequeña riña con mi beta y ya no me revisó nada, y yo no tengo tiempo. Me inspiré en este porque precisamente yo recién acabo de terminar la preparatoria quería acabarla con algo que me la recordara, y por lo mismo, con todos los trámites estoy hasta el cuello y no tengo nada de tiempo. Aun así espero que les haya gustado y me disculpo por las posibles fallas que tenga.

Si ves alguna falta, dedazo o lo que sea que impida una bonita lectura, avísame y lo cambiaré de inmediato. De todos modos lo revisaré luego y corregiré, se lo incómodo que es leer algo que de cáncer al cáncer de las faltas de ortografía.

¿Les gustó? Creo que es lo más serio y profundo que he escrito hasta ahora, pienso que salió bien. Utilicé al fina en el formulario el (T/N)(T/A) a pesar de que no me gusta porque fue necesario. No podía poner "Darling-chan" :v así que probablemente este poniendo eso si lo llego a requerir en el futuro, aunque solo será mínimo como esto.

Últimamente, me entró la nostalgia, porque me iré a un departamento cercano a mi futura facultad dentro de poco, así que me puse a empacar y encontré una caja llena de posters que solía tener pegados en mi pared cuando tenía unos 10 u 11 años, eran de Hannah Montana, los Jonas Brothers y High School Musical, entre otras cosas de Disney de aquel entonce. No sabía porque me gustaba tanto en aquel entonces todo eso, pero me dio curiosidad y volví escuchar algunas canciones que recordaba de los discos que llegué a tener en YouTube, no eran tan buenas ni con una letra tan profunda como las veía en aquel entonces, pero me hicieron sonreír todo el rato que las oí. Esto se los pongo porque en esta historia utilizo mucho el factor nostalgia, además, me gustaría que algunas de ustedes también hicieran lo mismo, que busquen cosas que las hacían felices de niñas, le juro que les hará sentir felices. Me gustaría que todos sonrieramos más, y creo que los buenos recuerdos ayudan mucho.

En fin, eso es todo, una disculpa nuevamente.

En busca de un beta responsable :c

¡Bye-bye!