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Segunda parte
[Los engranajes se mueven]
Como era de esperar, la noticia voló en el transcurso de pocas horas.
Félix sonrió esa mañana; emocionado, y hasta algo avergonzado, por el recibimiento que Chat —él— y Ladybug tenían. No esperaba que durara tanto, pero lo disfrutaba lo más que podía. Después de todo, su vida como modelo —como hijo de Gabriel Agreste— le había enseñado que las personas revolotearían alrededor de cualquier primicia hasta que se aburrieran lo suficiente para dispersarse.
Sin embargo nunca se detuvieron.
En menos de dos semanas, todos los periódicos los tenían como encabezado. En un mes, la ciudad entera tenía utilería con sus rostros, y, en el transcurso de un año, dos grandes estatuas de Ladybug y Chat Noir se encontraban en el centro de la ciudad.
El cambio sucedió con tanta naturalidad que era difícil de creer.
Claro que, el hecho de tener un traje que le proporcionaba poderes y un animal parlante que no dejaba de pedirle queso apestoso era bastante difícil de creer.
No es como si quisiera quejarse en realidad.
En su traje de Chat era otra persona, alguien real. Le encantaba saltar sobre los tejados y saludar animadamente a cualquiera que tuviera la suerte de encontrarlo. Sonreía ante las cámaras y nunca se contenía al momento de hacer una broma.
Sin embargo, como Félix, miraba con suma indiferencia los anuncios y noticias diarias. Ignoraba el cotilleo de su escuela sobre los héroes y optaba por pasar desapercibido en un silencioso rincón de la biblioteca.
O lo que se suponía debía ser silencioso.
—Q-q-quería s-ssaber si tu uhmm s-si quisieras…
Se obligó a ahogar un suspiro. Bridgette no había dejado de acosarlo en el año que estudiaron juntos, y aunque aún le molestaba su insistencia, el odio que sentía por ella se había ido evaporando sin que se diera cuenta.
(Casi al mismo tiempo en que conoció a Ladybug)
(Aunque claro, notaría esa coincidencia mucho después)
—¿Qué quieres, Bridgette? —Esperó no sonar molesto, ya tenía suficiente de Plagg reprochándolo por tratar mal a las personas—. Estoy ocupado.
Bridgette se sacudió como si sufriera de una convulsión.
La verdad le preocupaba un poco.
—¿P-po… podemoscomerjuntos?
Félix quedó algo perplejo.
—… ¿Correr? —tanteó, entrecerrando ligeramente los ojos hacia ella—. ¿Quieres correr?
Las mejillas de Bridgette se tiñeron de rojo.
Rojo manzana.
El pensamiento de manzanas acarameladas le llegó de repente.
(Él sólo pensaba eso con alguien que conocía)
(Alguien especial)
—Comer —se apresuró a decir. Le tomó varias respiraciones profundas el volver a hablar—. Quería saber si… q-quisieras c-comer —se mordió el labio inferior con nerviosismo—. Juntos.
—Oh —fue lo único que dijo, aún distraído por el color de sus mejillas—. ¿Juntos?
Ella asintió efusivamente, encogiéndose de hombros cuando el bibliotecario le dio una mirada de advertencia para que dejase de hablar.
—H-He traído mucho hoy —podía notar el esfuerzo que le costaba el mantener las palabras en orden.
—Yo… —yo estoy enamorado de alguien más, Bridgette. Quizás fue por su mirada determinada, o porque el color de sus ojos le recordaba a los de alguien más, que terminó dando una respuesta diferente a la que planeaba—: Comamos.
—¡¿En serio?!
Félix arrugó la frente, percatándose muy tarde de su error.
—Yo no-
—¡Te veré en la cafetería! —exclamó alegre, corriendo fuera del lugar antes de que pudiera rectificarse.
—Asombroso —suspiró.
—Me gusta esa chica —Plagg salió de su bolsillo para sentarse en sus libros abiertos—. Además ya es hora de que tengas una novia.
—No necesito una novia.
—Claaaaro. Porque aún estás esperando a que Ladybug te haga caso.
Félix no solía avergonzarse, pero Plagg era increíblemente bueno en tocar sus puntos débiles.
—Esa chica es linda, ya olvídate de Ladybug —Plagg se rascó su oreja izquierda—. ¿Cuántas veces más planeas ser rechazado?
—Ya cállate —le regañó, con un tenue rubor en el rostro. Se apresuró a apresarlo entre sus manos para que no flotara y se echara sobre su cabello—. Eso no es asunto tuyo.
Recibió una última advertencia del profesor y con eso la conversación terminó. Aunque tampoco fue como si le interesara darle muchas vueltas al asunto. Bridgette, en efecto, era muy bonita, pero lo único que sabía de ella —además de tener una agradable personalidad—, era que gustaba de él y que no podía hablarle sin tartamudear.
Félix acostumbraba rechazar chicas —y chicos, en el estudio de modelaje—, pero con Bridgette se sentía extrañamente diferente. Cada vez que trataba las palabras quedaban atoradas en su garganta y no salían por más intentos que hiciera.
No es como sintiera cariño por ella, solo había… algo.
(Algo grande que seguía sin notar)
Quizás fue lo más extraño que le había pasado.
Extraño e incomodo. Ambas se complementaban de alguna forma.
Félix entró a la cafetería para encontrar que Bridgette ya estaba ahí, moviéndose como un pez fuera del agua. En sus manos traía una cesta llena de comida —prefería no preguntar de dónde la sacó—, y a pesar de que París estaba helando, el rostro de Bridgette no podía ser más caliente.
Como que quiso reírse de su timidez. Siendo Chat, habría apuntado eso como una perfecta broma.
«Estás que ardes, princesa»
Pero como Félix, se limitó a dar un ligerísimo asentimiento de cabeza y esperó a que ella se calmara lo suficiente para que ambos pudieran sentarse.
Ahí empezó lo incómodo.
Bridgette trataba, pero todo lo que salía de sus labios eran palabras entrecortadas o apresuradas, sus manos le temblaban al repartir la comida y lo único que hacía era darle ligeras sonrisas penosas con cada sorbo de sopa.
Trató de ser educado —así se lo enseñó su madre— y optó por hablar de temas comunes en la escuela: profesores, asignaturas pendientes, proyectos y festivales escolares. Pero no importaba lo mucho que intentara, Bridgette sólo asentía o hablaba con suma torpeza.
Quizás sólo debió haber dicho que no.
—¡Hey! ¡Más cuidado con eso!
Unos alumnos trataban de colgar la más reciente obra del taller de pintura. Era de Ladybug y Chat Noir, ambos espalda con espalda, luchando valientemente contra los akumas.
Una sonrisa tiró de sus labios.
—¿Te gusta?
—¿Q-Qué? —frunció el ceño al sentirse entorpecer—. Lo siento, no escuché lo que decías.
Bridgette sonrió como timidez.
—P-Pregunté si te gustaba —ella señaló el cuadro—. Se… se ven bien, ¿n-no?
—Sí… —dudó durante un instante—, aunque no soy muy aficionado a ellos.
Pudo ver un destello de decepción en sus ojos, pero en un parpadeo se había ido.
—¿No e-eres fan de súper héroes?
—No es eso… —tuvo que pensar sus palabras con cuidado—. Supongo que no me gusta la idea de villanos y héroes peleando.
Bridgette movió sus ojos hasta el cuadro, la sonrisa que tanto le caracterizaba apareció en su rostro.
—Algún día todo será normal —murmuró—. Y ellos finalmente tendrán el descanso que se merecen.
«Chat… ¿crees que algún día dejaremos de luchar?».
—O al menos… eso es lo que pienso —se tomó una de sus coletas con aire nervioso, bajando sus ojos hasta su plato vacío.
—Creo… —pensó en dejar de ser Chat y lo que eso significaba—, creo que nunca habrá un fin.
Su respuesta fue diferente a la que le dio a Ladybug.
Porque esta era real.
—¿Lo crees? —por primera vez en todo el almuerzo, Bridgette le sostuvo la mirada, sus ojos no reflejaban la calidez usual, en lugar de eso eran firmes y decididos; resignados.
Tristes.
—Lo hago.
El ambiente entre ambos no se volvió hostil, pero de alguna forma sintió que la había insultado.
—Odio esta temporada —soltó de pronto, sin mirarlo en absoluto—. Hay mucho trabajo.
No estuvo seguro de cómo, pero de lo profundo de su memoria un recuerdo salió a flote.
—Tienes una panadería, ¿verdad?
—Sí… —lo miró con algo de sorpresa, antes de volver a mirar a otro lado. Parecía que evitar contacto le permitía hablar normal—, no creí que lo recordarías.
Quiso decirle que era imposible no haberla oído ni una vez si solía parlotear como una urraca a su alrededor, mas optó por guardar esa información para sí mismo.
—A mí tampoco me gusta esta temporada.
—… ¿En serio?
—El modelaje toma más de mí de lo que me gustaría —admitió, un poco extrañado por su sinceridad—, más carga para mí, supongo.
—¿Tu padre no te da descanso incluso en esta época?
Resopló con burla.
—¿Descanso para Gabriel Agreste? Eso no está incluido en su vocabulario.
Y muchos menos en Navidad. Cuando su madre… cuando ella, por su culpa-
—Lamento oír eso.
Plagg se removió inquieto en su bolsillo, usando sus patas para golpearlo con cuidado cuando sintió que sus latidos se disparaban. Félix tuvo que apretar los puños bajo la mesa para tranquilizarse. Su padre era tema delicado para él, había una razón por la que siempre evitaba mencionarlo.
—Está bien molestarse con los padres, ¿sabes? —Félix tensó la mandíbula. Esta vez, Bridgette le sostuvo la mirada—. Yo lo hago con los míos. Es normal.
—No es… —no es tu asunto—. Nunca dije que no lo estuviera.
—A eso sonó.
—¿Ahora me analizas? —inquirió, con mucha más brusquedad de la usual.
Bridgette no parecía sorprendida, en realidad se veía mucho más relajada ahora.
—Sólo digo lo que veo —retorció la punta de su cabello con su índice, parecía buscar una forma de expresarse sin alterarlo—. Sé que no somos muy buenos amigos, pero… puedo escucharte siempre que quieras.
Pensó en levantarse e irse. Decir algo cruel para que ella finalizara ese tonto enamoramiento suyo. Quiso hacer muchas cosas en ese momento, y aún con toda la fuerza de voluntad que tenía, no logró hacer ninguna.
«Deberías hablar con alguien sobre tu madre, chico».
Plagg sabía que no podía ser siempre de ayuda, y Félix había planeado decírselo a Ladybug en algún punto, pero… pero ella se veía tan lejana ahora.
Tan difícil de alcanzar.
—Lo… lo pensaré —abrió mucho sus ojos al notar lo que decía—. Gracias.
Eso pareció ser un detonante para Bridgette, su rostro se convirtió en una flama y la seriedad que había tenido segundos antes desapareció por completo.
—¡N-no es que te obligue ni nada! ¡Tú obviamente no me necesitas! tienes más amigos y-
Félix rió con suavidad. El rostro de Bridgette no podía ser más brillante.
Le gustaba eso.
Era extraño, se dio cuenta, ocultando su sonrisa al ayudarla a limpiar la mesa. No recordaba haber dicho abiertamente cómo se sentía con su padre o aceptar la ayuda de alguien.
Ni siquiera con Ladybug.
Bridgette es extraña, pensó al caminar a su lado, ambos llegando al punto donde debían tomar caminos diferentes.
—Yo uh… —Bridgette lo miró de reojo, más tímida que nunca—. T-te veo en un par de días.
—¿No vendrás a clase?
Bridgette se mordió el labio en lo que claramente era un gesto de diversión y no timidez.
—Es el último día de clases.
—¿En serio? —no pudo ocultar su perplejidad.
—Vacaciones de Navidad —dijo con un encogimiento.
Lo había olvidado por completo.
—Nos vemos entonces.
—Sí… —se detuvo al ver que ella quería decirle algo más—. Y-yo uh… F-Fel-liz —sacudió la cabeza—. Feliz navidad, Félix.
Ella se fue corriendo antes de que él pudiera contestar.
—Feliz Navidad, Bridgette.
Nunca oyó su respuesta.
Nochebuena pasó con suma tranquilidad. Lo que en teoría era bueno, pero Chat le había apostado a Ladybug que encontrarían al menos uno o dos akumas esa noche. Sin embargo, pasar tiempo juntos, a solas, no era algo que le molestara. Para nada.
—Es Navidad, Chat —estaban sentados en la cima de la torre Eiffel, extrañamente se había convertido en su lugar privado—. Hasta Hawk Moth debe tener un descanso.
—Piénsalo, my lady. Navidad es el día donde todas las personas que no tienen a nadie se sienten miserables. Yo aceptaría destruir un par de cosas si me sintiera igual.
Lo decía como una broma, pero había algo de cruda verdad en sus palabras.
—Eso es muy cruel, Chat —Ladybug lo observó de costado, como notando que las palabras de Chat tenían algún significado oculto—. Estar solo no debería ser suficiente para atacar a una ciudad —se le acercó más, donde su hombro tocaba el suyo sentía un millón de chispas saltar—. Estoy aquí para ti. Para lo que sea.
Recordó a Bridgette y su mirada sincera.
Se parecía mucho a la de Ladybug.
—Sé que lo estás, Bugaboo —su cola se movió ansiosa, quizás era el momento, podría decírselo ahora. Ella era su compañera, su amiga más cercana. Su lady nunca lo miraría con pena, no como cualquier persona haría —. Yo…
Una mano enguantada tocó su mejilla izquierda, halándolo discretamente para que labios de cereza rozaran débilmente su mejilla libre; se sentía como un soplo delicado, una caricia caliente. Chat creyó que se desmayaría en ese mismo segundo.
—Feliz Navidad, Chat.
Ladybug le dio una sonrisa torpe antes de saltar y desaparecer en el cielo estrellado.
Se tocó con torpeza, como si aún no comprendiera del todo lo que había pasado. Su mejilla le quemaba, el cuerpo entero le ardía.
Una sonrisa extremadamente grande se expandió por todo su rostro.
—Feliz Navidad, Ladybug.
Ella se perdió su respuesta.
(De nuevo)
…
(Félix date cuenta(?) )
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