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Tu deseo más profundo
Por: Hana Usagi
Capítulo 1
...•. ¸¸•´¯`•. ¸¸¤ Despertar ¤¸¸. •´¯`•¸¸ .•…
—¡Eres un completo imbécil! —bramó alguien desde la entrada de la sala de juntas del complejo de los Nuevos Vengadores.
Todos los presentes giraron sus cabezas en dirección a la voz y quedaron muy sorprendidos de ver a la persona que había gritado con tanto enojo.
Steve Rogers, con el rostro rojo y lleno de furia, entró dando largas zancadas a la sala en dirección a alguien. Atónitos, vieron cómo el soldado se acercaba hasta el Doctor Strange quien, siendo víctima también de la sorpresa, no hizo nada por defenderse, dejándole el trabajo a su capa que, en cuanto Steve trató de tomarlo de la túnica, ésta se interpuso y lo alejó al menos un metro de distancia de su dueño.
Nadie daba crédito a lo que veían. Nunca habían visto al Capitán América perder la compostura de esa manera, con el rostro sonrojado por la furia, los ojos con un brillo peligroso, su cuerpo tenso, listo para saltar contra su enemigo en cualquier momento, y diciendo malas palabras. Estaban todos paralizados sin saber qué hacer.
—Steve —Natasha Romanoff fue la primera en reaccionar, acercándose hasta su amigo y colocándole una mano sobre su hombro derecho para tratar de calmarlo—. Tranquilízate. ¿Qué es lo que ha pasado?
—Pasó que éste imbécil —dijo apuntando al Doctor, sin despegar su mirada de furia del pasmado hechicero—, le dijo a Tony que estaba bien acercarse y tocar el guante de Thanos, y Tony, obediente de sus palabras —escupió con desagrado asesinando al Doctor con la mirada—, lo hizo.
—¡¿Qué?! —fue el grito de todos, pero más fuerte por parte del hechicero.
—Yo no le dije eso a Tony —respondió rápidamente Strange, con el rostro preocupado.
—Eso fue lo que me dijo Tony —respondió Steve, todavía enfadado.
—¿Dónde está?
—¡No está!
—¿A dónde fue? —volvió a preguntar el Doctor, exasperándose con la actitud de Steve.
—¡No lo sé! ¡Desapareció frente a mis ojos!
Todos guardaron silencio, frunciendo el ceño tratando de entender las palabras del capitán.
—Explícate Steve —le pidió Natasha.
Steve hizo un sonido de frustración, levantó las manos al cielo y después las posó sobre su cabeza, caminando de un lado a otro un par de veces hasta que se volvió a erguir, inhalando profundamente y luego soltando el aire para tratar de tranquilizarse un poco.
Todos lo observaron silenciosamente, desconcertados por la actitud tan extraña en él. Incluso Bucky se veía sorprendido. Y Steve no podía culparlos, ni extrañarse por sus reacciones. Él mismo sabía que esa manera de actuar nunca la había mostrado.
Pero es que nunca se había sentido de ese modo, furioso, desesperado, dolido, temeroso, y algo que hacía que su interior ardiera, algo que empezó desde antes de que Tony desapareciera. Desde mucho antes. Exactamente desde que los Vengadores fugitivos fueran exonerados y reinstalados en el complejo, haciendo un poco tensa la situación dado que todos tenían que volver a vivir bajo el mismo techo, pero poco a poco el ambiente se fue calmando.
Todos dejaron de lado la incomodidad y consiguieron llegar a un punto agradable. Clint y Nat volvieron a ser como uña y mugre. Wanda y Visión retomaron su relación en donde se habían quedado antes de los acuerdos. Incluso Sam y Rhodey llegaron a formar una camaradería estable. Y Tony, bueno, para él fue el doble o triple de difícil volver a estar en términos buenos con el equipo.
Pero al final lo logró, volvió a echarse a todos a la bolsa, volvió a actuar como el viejo Tony, sonriendo y bromeando con todos. Con todos menos con Steve.
Tony incluso le pidió disculpas —bueno, unas palabras llenas de sarcasmo y fingido desinterés, que es lo máximo que puedes conseguir de Tony Stark como disculpas— a Bucky por haber tratado de asesinarlo, pues una vez que la furia y el dolor disminuyeron —claro que esto nunca lo admitiría—, por fin había hecho caso a su razón, que le decía que un hombre con el cerebro lavado, no era consciente de sus actos. Pero Bucky le dijo que no tenía nada que disculparle, que lo entendía y que, de haber estado en su lugar, habría actuado igual.
Steve, ilusamente, había pensado que después de esa extraña charla entre Bucky y Tony, éste último lo iría a buscar y por fin hablarían, después de más de cuatro meses de haber empezado a vivir juntos nuevamente. Pero Tony nunca lo fue a buscar, nunca se le acercaba, lo evitaba de manera nada disimulada y ni siquiera le dirigía la mirada si no era estrictamente necesario.
Y eso le dolía y le enfadaba, mucho. Sobre todo, cuando lo veía actuar de manera cercana y amistosa con todos y a él siempre lo dejaba de lado, al punto de casi ignorarlo.
Por eso se había enfadado mucho en la sala del Guantelete. La furia, la decepción y ese ardor en el pecho se acumularon y se intensificaron a medida que la conversación continuaba, llegando hasta el punto de ser desagradable con él, enviándole comentarios mordaces y que sabía, serían dolorosos para Tony.
No pensaba claramente, lo único que rondaba su mente en esos momentos era hacer sentir a Tony del mismo modo que él se había estado sintiendo desde mucho tiempo antes.
Sí, lo sabía, eso había sido mezquino, cruel y egoísta. Bien hecho Rogers, la has jodido más de lo que ya estaba.
Aún enfadado, pero sin los instintos homicidas que parecieron invadirle momentos antes, comenzó a explicarles lo que sucedió con Tony.
—Tony no me hizo caso cuando le pedí que se alejara del guante, al contrario, se acercó más a él para demostrarme que era seguro, como se lo había dicho Stephen —escupió el nombre del hechicero—. Cuando lo hizo, un portal se abrió y lo absorbió. No alcancé a detenerlo. Cuando estuve a punto de tomar su mano, desapareció.
Todos se mantuvieron callados, tratando de averiguar cómo pasó eso y alguna forma de revertirlo.
Stephen Strange cerró sus ojos y se talló las sienes con fuerza. Los demás identificaron un poco de fastidio en su expresión.
—¿Lo molestaste? —preguntó el doctor, todavía con los ojos cerrados.
—¿Eso qué tiene que ver? —respondió a la defensiva el capitán.
—Mucho —abrió sus ojos con una expresión seria en el rostro—. Tony tiende a olvidar cosas importantes como las advertencias cuando está enojado.
Steve apretó los puños al escuchar las palabras de Strange, provocándole un ardor inaguantable en el pecho. ¿Cómo se atrevía ese tipo a hablar de Tony como si lo conociera?
«Probablemente así es —escuchó su propia voz susurrarle en su mente—. Llevabas más de tres años separado de Tony. En ese tiempo ese hombre pudo conocer a Tony mucho más de lo que tú lo hiciste».
Apretó los puños ante las palabras en su mente, sin tratar de defenderse o excusarse, pues sabía que toda la culpa por esa larga separación era completamente suya, además por la pérdida de confianza y de la extraña amistad que habían desarrollado.
—¿Viernes? —llamó el hechicero a la IA.
—¿Sí, Doctor Strange? —respondió al instante, y a pesar de que es una máquina la que estaba hablando, Steve pudo sentir algo de familiaridad en la manera en que la IA le hablaba al Doctor.
O tal vez era ese extraño enojo y el ardor en su pecho lo que lo hacía imaginar cosas.
—¿Podrías repetir lo que le dije a Tony sobre el Guantelete? —pidió.
La IA en lugar de repetir la conversación por sí misma, reprodujo el audio del momento.
—¿Stephen? —se escuchó la voz de Tony llamar al doctor.
—¿Qué sucede, Tony?
—¿Crees que sería posible acercarme al guante de ése sujeto?
—¿Para qué?
—Sólo quiero observarlo— respondió en tono inocente. El doctor tardó unos segundos en responder.
—Quieres encontrar una manera de recuperar le joya de la mente, ¿verdad? —su tono de voz sonaba comprensivo.
Tony soltó un hondo suspiro antes de responder:
—Si —confesó—. Extraño a Vis —Tony se escuchaba triste y melancólico, como Steve nunca lo había escuchado, y su pecho se estrujó al oírlo—, quiero saber si hay una manera de recuperarlo.
—La hay, estoy seguro.
Se quedaron en silencio y Steve se preguntó que estaría pasado entre ellos durante ese tiempo, acrecentando el ardor en su pecho que había logrado calmar un poco.
—Está bien. Puedes acercarte, pero no tocarlo, ¿entendiste, Tony?
Se escucharon pasos en el audio y un choque de cuerpos que le provocaron un escalofrío a Steve.
—Hasta ahí, Viernes, gracias —ordenó Strange.
—De nada Doctor.
—¿Escuchaste? —se dirigió a Steve que todavía estaba un poco descolocado por la última parte de la grabación— Yo le dije a Tony que podía acercarse, pero parece que lo enfadaste tanto que olvidó mi advertencia —le dirigió una mirada enfadada.
Steve se la respondió de igual manera.
—Ahora, Viernes, ¿podrías reproducir el vídeo de la desaparición de Tony?
—Por supuesto —respondió la IA antes de desplegar una pantalla en la sala y reproducir la escena de Tony y Steve en la sala del Guantelete.
Todos, guardando silencio, observaron a Steve entrar a la sala, advirtiéndole a Tony que no se acercara al guante —o eso supusieron con ese «Ni se te ocurra»—. Observaron como el ambiente entre ellos se tensaba a medida que cada uno hablaba.
Cuando escucharon la acusación de Steve sobre lo sucedido con la gema del cetro de Loki algunos soltaron un sonido estrangulado por la sorpresa, otros de consternación. Natasha a su lado, se giró para reprenderle con la mirada.
Steve incluso podía sentir algunas otras miradas fijas en su persona, pero no quiso girarse para saber quién se las dirigía ni el sentimiento que cargaban en ellas, pues, mirándolo desde afuera, pudo darse cuenta de había actuado como un verdadero imbécil, y ahora, la desaparición de Tony se había cargado a la culpa que ya sentía desde años atrás.
Después de que el video mostrara la aparición del portal y cómo éste succionaba a Tony, Viernes terminó la reproducción. Todos permanecieron en silencio, procesando todo lo que habían observado.
—¿Tienes alguna idea de a dónde haya ido a parar? —preguntó Fury después de unos minutos, hablando por primera vez desde que el Capitán entrara a la sala, llevando la atención de todos hacia él.
Steve se giró a ver al Director y pudo ver que se dirigía al hechicero. Strange negó con la cabeza antes de decir:
—No lo sé, pero lo que puedo suponer —empezó Strange—, es que Tony ha dado un salto, si ha sido en el espacio, tiempo o universo, no sabría decir. Así que, primeramente, tengo que localizar a Tony, y eso me va a llevar un tiempo. Después, habrá que encontrar una manera de llegar ahí y luego regresar.
—¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó Romanoff.
—Por el momento, no. Ya veremos cuando sepa dónde está.
Steve observó al hechicero marcharse, con las manos apretadas y con un agudo dolor en el pecho.
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—No puede ser cierto —escuchó una voz familiar cerca de él.
—Lo es —respondió otra voz, también familiar, cerca de la primera.
Sentía su cuerpo completamente dolorido. Los brazos, las piernas, el cuello, incluso los dedos le dolían al intentar moverlos. Se sentía como si hubiera hecho enojar a Hulk y este le hubiera dado una buena golpiza, sin su armadura.
—Pero, ¿cómo? —volvió a hablar la primera persona.
—No lo sabemos —habló el segundo, que ahora que tenía la mente un poco más despejada, juraría que era Bruce.
—¿Ya hiciste todos los exámenes posibles? —y ése era Fury.
«Oh, genial. El maldito pirata ya está aquí para darme la regañada del siglo por haberme acercado a ese estúpido guante» se dijo con mal humor.
—Sí —respondió el científico—. Los exámenes de ADN dieron positivo, ignorando cierto cromosoma, por supuesto. Los de huellas dactilares son compatibles al cien por ciento. Los únicos que no correspondían fueron los dentales, pero es comprensible, pues la forma de su mandíbula no es igual.
Fury soltó un suspiro de fastidio antes de volver a hablar.
—Entonces, ¿es seguro?
—Si no fuera por las huellas dactilares, hubiera jurado que es su hermano gemelo perdido —respondió Bruce en ese tono nervioso que tanto le encantaba a Tony—, pero eso, y el reactor en su pecho me hace dudar. Si no es un clon, obviamente modificado, entonces... —Bruce se detuvo al ver que Tony estaba despierto.
Tony maldijo en su mente, ni siquiera se había dado cuenta de que había abierto sus ojos. Se aclaró un poco la garganta pues la sentía muy seca.
Bruce se acercó hasta él, le pasó un vaso de agua, que Tony se apresuró a beber, y se dispuso a hacerle otra revisión.
—Estoy bien, Bruce —soltó con voz ronca, tratando de que el científico lo soltara—. Solo siento como si el otro tú me hubiera pasado por encima —dijo tratando de hacer un chiste.
Pero Bruce se apartó y lo miró con ojos entrecerrados.
—¿Me conoces? —preguntó lentamente.
Tony frunció el ceño y lo miró como si fuera idiota.
—Por supuesto que te conozco. Somos amigos, compañeros, de armas y de laboratorio —respondió mientras se incorporaba, con mucho esfuerzo, hasta quedar sentado sobre la camilla.
Bruce siguió mirándole cautelosamente.
—¿Cómo te llamas?
—Bruce, ¿qué es esto? ¿Por qué me preguntas estas cosas?
—Sólo responde.
Tony bufó antes de responder:
—Tony Stark —su amigo debía estar revisándolo, asegurándose de que no se hubiera vuelto idiota por haber tocado aquella cosa. Bruce entrecerró más los ojos.
—¿Cómo se llamaban tus padres?
—Howard y María Stark —respondió girando los ojos y con tono aburrido.
—¿Tienes hermanos?
—No. Que yo sepa.
—¿Y pareja?
—Sabes tan bien como yo, que después de Pepper no he tenido a nadie —respondió algo fastidiado, pues Bruce siempre era el que trataba de ponerle nombres a sus sentimientos, incluso antes de que él mismo los hubiera notado.
Bruce intercambió una mirada con Fury antes de volver a verlo a él.
—¿Recuerdas lo que pasó antes de llegar aquí?
Tony frunció el ceño ante la manera de su amigo de formular la pregunta, pero respondió de todos modos.
—Estaba en la sala donde colocaron el estúpido guante de ese hombre pasa, Rogers me hizo enojar —Bruce volvió a mirar a Fury, pero una mirada muy corta, de menos de un segundo–, y me acerqué más de lo debido —dijo con algo que en Tony Stark se calificaría como vergüenza.
Bruce lo miró fijamente y Tony bufó.
—Está bien, me acerqué deliberadamente, y... lo... toqué...
—¿Después?
Tony se encogió de hombros antes de decir:
—Me desmayé.
Bruce volvió a mirar a Fury y Tony siguió su mirada hasta posarse en el hombre de color que lo miraba fijamente, de una manera calculadora.
Antes de que alguno de los tres pudiera decir algo más, la puerta de la habitación —que ahora que lo notaba era una en el complejo de los Nuevos Vengadores, no es que fuera una sorpresa, pues ahí estaba antes de caer desmayado, solo que era un poco extraña, con un diseño ligeramente diferente al que él había hecho— se abrió para dar paso al Capitán América.
—¿Me llamó, director Fury? —preguntó, dirigiéndole una cortísima mirada a Tony, cosa que lo hizo fruncir el ceño pues Tony recordaba haberse desmayado frente a él, un poco de preocupación por su compañero no hubiera estado fuera de lugar, y tal vez hubiera ayudado a que Tony recuperara algo de la confianza que antes había puesto en él.
—Sí, hay algo que tenemos que discutir sobre este hombre —le dijo señalando a Tony con un gesto de su mano, fastidiando un poco a Tony.
—Oh, ¿en serio, Fury? —el hombre se giró a verlo— ¿Tenías que llamar al Capi-paleta para darme un sermón entre los dos? —no había querido usar el mote con el que le llamaba antes, pero no había podido evitarlo, se había sentido muy fastidiado al haber escuchado al pirata decir que tenían que hablar de él.
Los otros dos hombres lo miraron con el ceño fruncido. El Capitán se veía enojado mientras que Fury lo seguía viendo de esa manera calculadora.
—Disculpe, señor —habló el rubio capitán—, pero yo no tengo por qué darle un sermón —Tony frunció el ceño y estuvo a punto de replicar cuando las siguientes palabras de Steve le hicieron tragarse las suyas—. Ni siquiera lo conozco, así que le agradecería que no me llame como si lo hiciera.
Tony sintió que el aire le faltaba y su pecho se estrujaba. Pero se obligó a actuar normal y frunció el ceño en dirección a Steve.
—¿Qué dices anciano? —soltó enfadado, tratando de levantarse, pero siendo detenido al instante por Bruce— ¿Que no me conoces? Después de todo lo que me has hecho, ¿vas a fingir demencia? ¿Eh?
Ya estaba muy enojado. Logró ponerse de pie y Nick se tuvo que unir a Bruce para detenerlo. El capitán le dirigió una mirada cargada de furia antes de responderle.
—Ya se lo dije y se lo vuelvo a decir: No me llame así. No habrá una tercera vez.
—Oh, ¿el Alzheimer te ha hecho efecto, pero tu sentido del oído sigue tan perfecto como siempre? Pues déjame aprovecharlo: —soltó y elevó la voz para decir la siguiente palabra, remarcando cada sílaba— AN-CIA-NO.
Steve Rogers se adelantó dando un par de zancadas para llegar hasta donde estaba Tony, tomarlo de la camisa y levantar el puño para darle un buen puñetazo en el rostro, haciendo que Tony abriera mucho los ojos al darse cuenta de que el soldado realmente lo golpearía. Pero, por fortuna, el sonido de la puerta abriéndose los distrajo a todos, haciéndolos girarse para ver al nuevo visitante.
—Fury —dijo sin ninguna muestra de respeto— ¿Me llamaste? —al decir esto último dirigió su mirada a Steve, que aún mantenía sujeto de la camisa a Tony y frunciendo el ceño al darse cuenta de que el rubio había estado a punto de golpear a Tony, a quien le dirigió su mirada, sorprendiéndose al haber notado algo en su rostro.
Tony también se sorprendió mucho al ver a la persona frente a ellos cuatro. Era una mujer, alta; delgada, aunque no mucho; tenía buenas curvas y suficiente carne en los lugares correctos; cabello largo y ondulado hasta la cintura, de color castaño oscuro; vestía de manera elegante, con una falda de tubo hasta por encima de las rodillas y un saco que se ajustaba a su cintura, ambos en color negro; zapatos de tacón de aguja y medias transparentes.
Sí, era hermosísima, y Tony no hubiera perdido mucho tiempo en tratar de conquistarla nada más verla. Pero había algo que lo retenía, y eran esos malditos ojos color chocolate y esa sensual boca con el labio inferior más lleno que el superior, porque esos rasgos no eran otros más que los de María, su madre. Los mismos que él había heredado.
—¿Quién eres? —peguntó ella. Se veía tan sorprendida como él se sentía.
—Tony —quiso decir, pero un nudo en su garganta se lo impidió, se la aclaró—. Tony —repitió con claridad y especificó: —. Anthony Edward Stark.
De manera ausente, pudo sentir al Capitán soltándole como si lo hubiera quemado, pero Tony no le hizo caso, su atención seguía en la mujer que abrió mucho los ojos ante su respuesta.
—¿Quién eres tú? —le preguntó él.
Ella recompuso el rostro y se aclaró la garganta antes de responder:
—Tasha —respondió, pero un segundo después también especificó: —. Natasha Elizabeth Stark.
...•. ¸¸•´¯`•. ¸¸¤ Continuará… ¤¸¸. •´¯`•¸¸ .•…
Primeramente, muchas gracias por sus reviews unmei100 y anónimo, espero que éste capítulo también les haya gustado.
Bien, ahora ya saben que el Crossover es con la Tierra 3490 —sí, esa tierra donde el Stony es Canon—. Nuevamente, no sé si el Guantelete pueda hacer viajes a través de los Universos, no lo he leído ni en internet, ni en algún cómic. Si alguien tiene el dato y me lo quisiera compartir, se lo agradecería mucho y lo amaría por la eternidad.
De todas formas, mis razones del viaje no son nada más porque sí. Hay una explicación medianamente razonable, y la revelaré en alguno de los próximos capítulos.
No creo tener que aclarar datos en este capítulo más que el hecho de que Tony aún usa el reactor en su pecho, y éste sí es nada más porque sí xD, ok no, pero es que me gusta más Tony con su reactor, por lo que decidí dejárselo.
Ya saben, para cualquier duda, comentarios, opiniones, críticas constructivas o simplemente darme alientos, déjenme un review o mándenme un MP, me gustaría saber sus opiniones.
Ok, pues me despido por el momento. Nos leemos en el siguiente.
::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
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