Esta historia no me pertenece al igual que lo personajes

quiero aclarar que la historia es corta de unos 7 capítulos


Capítulo 2

Quinn

Ella era hermosa a la luz de las velas. Su pelo se escapó y lo envolvió alrededor de su cuello con una gracia que no había visto en mucho tiempo. Mujeres anticuadas eran difíciles de encontrar en estos días.

Hice una mueca cuando frunció el ceño por la preocupación. Yo estaba en la esquina, apoyado en una pared sólida.

La invisibilidad era una ventaja injusta. Le había prometido a mi hermana, Charlie, que no lo haría. Mentí, por supuesto. Tenía que saber que no iría a cualquier situación sin comprobar primero.

Sobre todo porque esta noche podría ser una pérdida de dinero. Si no pude encontrar mi alma gemela en 400 años, dudaba que la señora Eva pudiera hacer esto en un par de semanas. No importaba lo buena que fuera.

Sacudí mi cabeza. Se dio la vuelta, con una mano cepillando los rizos de su cuello. Mi curiosidad, algo que me pareció durante mucho tiempo muerta, se animó. No me había movido un milímetro. No lo suficiente para que ella lo sintiera. ¿Se dio cuenta de mi presencia? Me acerqué con mi mente, rozando a través de sus pensamientos. Pero sus barreras eran fuertes y sólo tenía la impresión de energía nerviosa y una intensa autoconciencia.

Di dos pasos hacia delante, en silencio, podía extender el brazo y tocar su cabello, si quisiera. Olía a algo floral, rosas y lavanda y a mujer y por debajo de eso, el olor de la sangre era fascinante.

Menos mal que me he alimentado antes de venir.

De lo contrario, las cosas no podían ir tan bien. Aun así, mis encías dolían con la necesidad de liberar mis dientes. Cada año, se hacía más difícil controlar este impulso. Y su olor me intoxicaba.

Di otro paso más y ella saltó, entrecerrando los ojos. Se dio la vuelta en su silla, mirando hacia la oscuridad, como si realmente pudiera ver algo.

––Cálmate. No hay nada allí. Te estás imaginando cosas otra vez. ––Murmuró.

La puerta se abrió y la camarera entró, llevando una botella de algo en una bandeja de plata. Me deslicé por la puerta cuando se cerró e hice mi camino invisible al podio de anfitrión. Si hago esto, tengo que seguir las reglas. Qué fueron aclaradas por la Madame Eva, quien utilizó palabras corteses para explicarlo. Mi hermana me dijo que iba a secarme si lo estropeo.

Era el momento de hacer una entrada.

Cuando el anfitrión me llevó a la habitación, mi cita estaba bebiendo algo burbujeante y dorado. Un vino espumoso italiano, el olor de ella. A pesar de que no parecía estar relajada.

Se levantó, dejó el vaso y se acercó.

––¡Eh!, tú eres... ¿Quinn? ––Su mano temblaba ligeramente.

––Soy yo. Tú debes de ser Rachel.

Intentó una sonrisa nerviosa. ––Un placer conocerte

Cuando mis dedos rozaron los suyos, el fuego subió por mi brazo. Apenas dije una maldición. Se las arregló para mantener su reacción contenida en un suspiro volado rápidamente. Cogí su mano con más firmeza y rocé mis labios en ella.

Me enderecé, tratando de resolver el trastorno de las emociones extrañas que me provocaba. Pero yo todavía tomé la risa en sus palabras.

Nos sentamos y la camarera me ofreció una copa de vino. Lo acepté, estaba distraídamente bebiendo líquidos dulces, pero apenas sabía a nada. Era imposible que Madame Eva hubiese logrado encontrar a la mujer adecuada.

Imposible.

––Hablas como si mi nombre fuese una sorpresa ––dije, aceptando un menú.

Rachel miró para arriba con una pequeña sonrisa en la comisura de la boca. ––No es tu nombre. Solo imagino a Quinn Fabray... pareciéndose mucho a ti ¿sabes?

Me incliné hacia delante. ––No, no lo hago. ¿Qué quieres decir?

––Por favor. ––Ella puso los ojos en blanco––. Una chica tan caliente como tú sabe exactamente lo que es. ––Soltó una carcajada. Ella puso la mano en la boca y luego bajó la cabeza cuando se puso roja––. Lo siento. Estoy segura de que esto ha violado alguna regla de la cita a ciegas.

––No, no. Tienes razón.

La camarera salió y cuando lo hizo, todo el comportamiento de Rachel cambió. Podía oír los latidos del corazón acelerándose. Lentamente, como si yo fuera a reconfortar a un animal asustado, cogí una de sus manos. En parte porque quería sentir su piel contra la mía y en parte para ver lo que iba a hacer.

––Rachel. ––Apreté los dedos suavemente––. Por favor, no te pongas nerviosa.

Se aclaró la garganta. ––Yo no soy exactamente el tipo de chica que hace esto.

––¿Citas?

––Bueno... ––Mis ojos se movieron a su boca, donde los dientes atormentaban su labio. Tuve una breve fantasía sobre esos labios que me hizo moverme en mi silla––. Sí, eso. Y la atmósfera. Debes saber que yo no soy rica. Un amigo me lo pagó como regalo de cumpleaños.

Arranqué mis ojos de su boca con un esfuerzo considerable. ––No estoy preocupado por el dinero, o la falta de él. Yo también recibí esto como un regalo.

Un poco de tensión pareció dejarla con estas palabras. ––¿En serio?

Asentí con la cabeza. ––Mi hermana decidió que lo necesito para establecerme––. ¿O tendrá que arrestarme?

––Mi mejor amiga tiene la misma idea.

––¿Y qué te parece? ¿Estás buscando el felices para siempre? ––Las palabras salieron un poco irreverentes. Pero yo quería oír la respuesta. Algo dentro de mí, una parte de mí que no quiero mirar demasiado de cerca, quería que lo fuera. Sentí algo afable y cariñoso por esta mujer que apenas conocía.

Su postura se tensó ligeramente. Esta conversación dio un giro serio que no era mi intención.

Sus ojos se movieron hacia las ventanas. ––Felices para siempre es bueno, pero no sé si existe. ––La camarera regresó y Rachel sonrió––. Es demasiado pesado para una conversación en una cita a ciegas. ¿Qué vas a pedir?