2º HERMIONE

Hermione Granger tenía los ojos muy rojos por la ausencia de descanso. Aun así, no se permitió bostezar ni una vez y siguió enfrascada en el taco de folios que tenía que memorizar para su próximo proyecto.

Distraída, estiró el brazo y alcanzó una taza que sin dudar se llevó a los labios. Inclinó la misma y al comprobar que el interior ya estaba vacío masculló una maldición. Se frotó los ojos con los dedos y se detuvo para observar de nuevo el brillante anillo que reposaba en su dedo anular. Era precioso… y caro… demasiado caro.

Incapaz de continuar, recogió los papeles y los metió en un delicado maletín de cuero. Enroscó una bufanda alrededor de su cuello y se colocó el abrigo para resguardarse del frío de Bulgaria.

Al llegar a la calle se encogió dentro de sus prendas de abrigo intentando que el viento gélido no tocase ninguna parte desnuda de su piel. Podía llevar mucho tiempo en ese país, pero no acababa de acostumbrarse al frío.

Caminó rápidamente, apretando con fuerza el maletín. Deseaba entrar en casa y beber un chocolate bien calentito mientras se tumbaba durante unos minutos en el sofá. La calle de su residencia era amplia y con altas farolas que iluminaban completamente la visión. La castaña se dirigió a un portal y metió la llave en la cerradura. Vivía en un pequeño apartamento que había conseguido alquilar al poco de venirse a Bulgaria. Ahora que su novio se pasaba la mayoría del tiempo en su casa se les había quedado pequeño, pero a Hermione no le importaba. Ella era feliz en su vivienda, porque la había conseguido por ella misma. Por eso, él había accedido a vivir con ella en ese pequeño lugar, a pesar, de que por su condición podía permitirse algo muchísimo más lujoso.

Viktor era especial. Lo había sabido siempre, y tras que ella tuviese que cambiar toda su vida por trabajo, él no la defraudó. Le había dado su apoyó cuando más lo necesitaba como un verdadero amigo. Y ahora, después de seis meses saliendo formalmente se iban a casar. Lo había querido mantener en secreto, por ello la prensa todavía no sabía nada.

Entró al recibidor y un agradable calor inundó sus pulmones. Se quitó el abrigo con pesadez y lo colgó tras la puerta.

Avanzó hacía el salón y se encontró con Viktor, que estaba desplomado contra el sofá.

- Carrriño… has vuelto temprano- dijó el mirandola con una gran sonrisa

- Estaba agotada… este proyecto va a acabar conmigo… ¿Qué tal ha ido el entrenamiento?

- Perrfecto, este año vamos a ganarrr la liga… no hay dudas…

Hermione sonrió ante el aire chulesco de su novio.

- Voy a darme un baño, ¿preparas la cena?

Viktor gruñó y asintió a la vez. Odiaba cocinar.

Lentamente la castaña se desvistió. Desató la coleta que llevaba y dejó caer sus ondulados cabellos sobre su espalda. Se observó en el reflejo unos instantes y sin poder evitarlo se tocó el cuello, donde reposaba el mismo collar desde hacia cuatro años. No era bonito, no era fino, pero era su preferido y no se sentía segura sin él. Puede que fuese el único recuerdo hermoso que le quedase de Ron, o puedo que cuando él se lo regaló realmente creyó que lo que había entre ellos era para siempre. Ahora simplemente no podía desprenderse de él.

Abrió el grifo de la ducha y se sumergió dentro del agua caliente, liberándose del estrés del trabajo y disfrutando por segundos de la agradable sensación que le provocaba el calor del agua. Quería evadirse, dejar de pensar de una vez por todas en el pasado. Vivir su vida y ser feliz con Viktor. Pero la inseguridad la mataba poco a poco. El desconocimiento, la falta de comprensión. Porque después de cuatro años, Hermione no podía comprender porque Ron no había sido capaz de pedirle que se quedase con él en Londres, y sobre todo, porque no entendía que él no la hubiese escrito en los largos cuatro años que habían estado separados. Ni una vez, ni una mísera carta.

Cerró el grifo y envolvió su cuerpo en un albornoz celeste. Frotó su pelo contra una toalla para secarlo parcialmente y salió del cuarto de baño. Podía escuchar el ruido de las cacerolas en la cocina y se imaginó a Viktor luchando por preparar una cena agradable.

Avanzó lentamente y se apoyó en el umbral de la puerta, observando a su chico trabajar.

- Me va a quedarrrr una cena de repuchete - anunció Viktor

- Rechupete - corrigió automáticamente Hermione

La miró ceñudo. No le gustaba que le corrigiesen, pero aún así no dijo nada y sirvió en la pequeña mesa de la cocina dos platos con lo que parecía un salteado de verduras. Se sentó y cogiendo el tenedor comenzó a comer. Apenas había masticado un par de veces cuando una lechuza se posó en el alfeizar de la ventana y comenzó a picar en el cristal.

Viktor, sonrió, pensando que sería alguna carta de sus fans. Se levantó de la mesa y abrió la ventana, dejando pasar al ave, que era rojiza con las alas oscuras.

Hermione siguió comiendo, pero al ver que Viktor miraba insistentemente el sobre, dejó de hacerlo, intrigada.

- ¿Qué ocurre? ¿No es una de tus queridas fans?- preguntó con tono de broma

- No… no es parrra mí… es parrrra ti.

- ¿Para mí? - se sorprendió ella -

Viktor tendió la carta a su chica y se sentó con el cejo fruncido en la mesa, para seguir ingiriendo los alimentos.

Hermione observó el sobre y distinguió la esbelta y alargada caligrafía de Ginny. NO pudo eviar sorprenderse. Había tenido noticias de ella, pero siempre por medio de Harry. Abrió presurosa el sobre y leyó el contenido con avidez.

- ¿Y bien? - preguntó Viktor tras beber un gran sorbo de agua -¿Qué ocurreee?

- No puedo creerlo - musitó la castaña sin poder evitar una sonrisa - ¡Harry y Ginny van a casarse!

Viktor miró burlón a su novia y la quitó la carta de las manos, para leerla él.

- En dos semanas - leyó Viktor - que amables… te perrrmiten llevarrr acompañante - musitó con el cejo fruncido - ¿Piensas irrr?

Hermione le miró con sutileza y suspiró profundamente.

- Creo que si… debo ir… es la boda de Harry y Ginny… yo… no me perdonaría el perdérmela

- Si se me perrrmite hablarrr - la cortó Viktor - te direeé que no crreo que sea adecuado irrrr

- Viktor…

- Ese Rrron estarrrá allí, y tu lo pasarrras muy mal, recordando lo que te hizo.

- Ese no es el caso, Viktor - aclaró Hermione con calma - Ron pasó de mi, es verdad, pero eso pasó hace cuatro años y yo ya le olvide. Harry siempre ha estado en contacto conmigo, siempre he sabido de él y de Ginny, y ahora no voy a fallarles quedándome en mi casa.

- Perrro yo no podrré acompañarte - sentenció Viktor - el parrrtido contrrrra Holanda es en dos semana

- Podrás venir el día de la ceremonia…. Viktor, por favor…

Viktor se cruzó de brazos pero ante la insistente mirada de ella, como un cachorrito, asintió. Respiró hondo y abrió sus brazos para que ella le abrazase. La estrechó con fuerza y respiró su aroma. Tenía miedo de que su Hermione se encontrase con Ron, de que todo se fuese al g arete, de perderla para siempre. Besó con delicadeza su cabeza e intentó calmarse. En un mes, Hermione dejaría de ser una Granger para convertirse definitivamente en su esposa. Nada malo podía pasar.