La Historia de un Patito Feo.
Usado
¿Alguna vez han escuchado la historia de un patito feo que…
-Y dale con la tirria, que no puedes cambiar la frase, ya hartó.
-Bueno, bueno no te exaltes es solo una forma de iniciar la historia.
-Pues cámbiala, ya fueron bastantes interrogativas.
-De acuerdo, solo tranquilízate. Lo siento, una pequeña discusión con mi inconsciente. Empecemos de nuevo, va de nuez:
Es de conocimiento público el uso que se les da a los patitos feos en cualquier institución (privada o pública) llámese también casa del saber o más vulgarmente, escuela. Y es que si estos chicos quieren tener un poquito de vida social, deben de ofrecer cierto servicio a cambio ¿o no? Es decir, es difícil convivir con alguien mucho más inteligente, ingenuo, inocente e increíblemente más feo que los demás. Si se les puede sacar un poco de jugo, ¿por qué no?
Tic, tac, tic, tac…
¿No les ha pasado alguna vez que cuando quieren que el tiempo pase rápido, el señor reloj parece estar tomando un descanso en una playa lejana?
Eriol estaba perdido, viendo el flojo andar de las manecillas del reloj encima del pizarrón. Era el último periodo del día y estaban en clase de literatura.
Como de costumbre el profesor se había metido muy afondo en un aburrido y extenso monólogo sobre un escritor japonés de poca fama que a su parecer no había recibido el reconocimiento que se merecía.
-Y con la historia de la mosca bajo el panal, cierra su ciclo de historias infantiles bla bla bla bla…
Hacía mucho que Eriol había perdido el hilo de la conversación y era imposible retomarlo. ¡Qué día tan horrible!, desde el primer minuto en que piso los jardines de la escuela acompañado de sus amigos supo que sería un mal, un muy mal día.
Algunas horas antes:
-En serio les digo que era una película horrible – repetía Sakura una y otra vez. Era bien sabido por todos el pánico que la chica sentía por las películas de terror y sus amigos no comprendían por qué seguía viéndolas con su padre (que le encantaban) todos los jueves por la noche – ese tipo saltó como si fuera un murciélago y partió al otro con la cierra, fue escalofriante.
-Y de seguro no pegaste un ojo en toda la noche – adivinó Syaoran encogiendo los hombros.
-Que no, si dormí, dormí como un bebé – renegó Sakura con los puños apretados.
-Como un bebé con cólico – completó Eriol haciendo reír a sus compañeros y ganándose una mirada resentida por parte de Sakura.
Atravesaron la verja de la escuela y cuando algunos de sus compañeros de curso los divisaron, soltaron estruendas carcajadas como si Dumbo hubiera entrado a la escuela haciendo malabarismo sobre una gran pelota rosada. Algunos muy discretamente los señalaban con el dedo índice (o mejor dicho, lo señalaban). Y ahí no paró la cosa, conforme se acercaban al salón las burlas, las risas y las miradas aumentaban.
-Oye Draki, no sabía que te veías tan bien en verde – se mofó Takato al pasar por su lado.
-¿Y a este que le pasa? – preguntó Syaoran entrando al salón seguido de sus compañeros.
En seguida supieron el significado de las palabras de Ichijoyi. Alguien, en busca de libertad artística, había usado todo el pizarrón para hacer el dibujo de un chico con cara de pato vampirezco con braquets en los colmillos, anteojos redondos y con las plumas de la cabeza semejantes al peinado que Eriol solía usar. El chico (a) no se había conformado con dejarlo así y como segundo plano había dibujado varios instrumentos de química, fórmulas de física (E=mc2…), muchos números, lo que se podría tomar como parte del Big Ben (el gran reloj ingles) y lo que bien podría ser parte del traje de esgrima. El título del dibujo era: Eriol Hiraguizawa, el pato-vampiro-nerd inglés.
Eriol había aprendido a controlar sus emociones desde muy pequeño, había aprendido a no llorar, a controlar sus sonrisas, su ira, prácticamente sus únicos momentos de debilidad eran aquellos que compartía con Tomoyo. Pero al ver ese dibujo y notarse como el centro de atención de todos, no pudo evitar comenzar a sonrojarse. Sus amigos al instante, corrieron al pizarrón y con lo primero que encontraron comenzaron a borrarlo echando a los curiosos y diciendo una que otra palabra (no adecuada para ser pronunciadas en una escuela) a los que aún reían por la broma de mal gusto.
Y lo peor no había terminado ahí. Después de pasarse tres horas en el asfixiante salón tomando matemáticas, ética y psicología; cuando por fin pudieron salir al descanso, comer y charlar un rato, Eriol se despidió de sus amigos para ir a la biblioteca a sacar un libro prestado.
Ya estaba llegando al edificio de la biblioteca cuando escuchó una voz que decía su nombre; de inmediato le picó el gusanito de la curiosidad y se acercó sigilosamente hacia donde un grupo mixto de chicos estaban conversando muy animadamente.
-Es en serio, no sé cómo pueden estar con él – decía una de las chicas de melena roja y ojos oscuros.
-A mí me daría vergüenza que me vieran con él – exclamó otra de las chicas de cabello cenizo que Eriol reconoció por ser integrante del coro – y Daidoji siempre está a su lado.
-Lee y Kinomoto también – observó uno de los chicos que era compañero de Syaoran en el futbol – que buen cuarteto que son: tres de los más lindos del instituto, con el más feo de la ciudad.
Sonoras carcajadas sonaron a varios metros a la redonda y llegando a Eriol como puñales al rojo vivo.
-Lo más seguro, es que ellos obtienen un beneficio – prosiguió otro de los chicos, el que parecía mayor – es decir, siendo el más inteligente, seguramente les da una mano, una tarea o un examen. Ya saben.
-Aun que a mí me lo ofreciera, tendría que pensármelo dos veces antes de aceptar – dijo una rubia de grandes ojos claros – debo de confesarles, que la primera vez que lo vi me dio un poco de miedo, si le quitan los parabrisas parece en verdad un vampiro.
-Sí, exacto – exclamó el primer chico evidentemente emocionado – que repita conmigo, luz solar.
De nuevo una carcajada conjunta. Eriol seguía ahí, quieto, escuchando la opinión que tenía ese grupo de su relación con tres de las estrellas del instituto. Varias veces se había hecho esa pregunta: ¿Por qué ellos tres se juntaban con él? Lo que aquellos chicos decían, seguramente era la respuesta de toda la población estudiantil (y por qué no, también de algunos maestros).
-Supieron que Tachikawa invitó a salir a Daidoji y ella lo rechazó – comentó la peliroja.
-¿En serio?, ¿cómo pudo hacer eso con lo lindo que es Tachikawa? – preguntó la corista como espantada por el crimen que la amastita había cometido.
-Que desperdicio, siendo una chica tan linda y tratar con el chico vampiro – dijo el mayor de ellos negando con la cabeza – una de dos, o la obligan, o en verdad recibe un gran beneficio por estar con él.
Ya no podía aguantarlo, Eriol tenía ganas de salir de su escondite y dar la cara al grupo entero, retarlos a que le dijeran todas esas cosas de frente, decirles que, aunque era feo, el no terminaría conduciendo un taxi o de encargado en alguna tienda departamental; pero no, se contuvo. Dio la media vuelta y se alejó de ahí. Ni siquiera recordó la biblioteca, solo caminó sin rumbo por los corredores más desiertos de la escuela con intenciones de no ser visto por nadie.
De vuelta a la clase de literatura:
Un pequeño golpe en la mano lo hizo volver a la realidad y apartar por fin los ojos del reloj. Era una bolita de papel; la tomó y desenrolló. En el papel, con letras diminutas y elegantes se leía:
Despierta ya o nadie va a saber de qué rayos se trató la clase.
Sonrió para sí mismo. En definitiva Tomoyo tenía razón, si él no ponía atención era imposible que alguien más lo hiciera. Volteó hacia los lados para ver a sus compañeros, todos estaban cabeceando, algunos incluso (muy descaradamente) usaban las mochilas como almohadas. Una de dos: o el profesor estaba tan acostumbrado a eso que ya se había rendido al tratar de que le prestaran atención, o estaba tan sumergido en su monólogo que ni cuenta se había dado. Eriol votaba por la segunda, y es que aparte el pobre hombre tenía una vista terrible.
La anhelada campana por fin hizo aparición, causando en los alumnos un despertar conjunto. Mientras el profesor daba instrucciones que nadie tomaba, todos comenzaron a salir apresuradamente como si su vida dependiera de eso.
-No pusiste atención cierto – le dijo Tomoyo cerrando su mochila.
-No, me aburrí – confesó Eriol un poco apenado.
-Genial, ahora quien nos va a pasar los apuntes – soltó Syaoran estirando los brazos.
Auch, eso había dolido.
Pero, en que estaba pensando, no debía dejarse llevar por los estúpidos comentarios que la gente hacía, ya debería estar acostumbrado a que la gente hablara mal de él, siempre lo habían hecho. Aparte, ¿sus amigos no le habían demostrado muchas veces que en verdad les caía bien?.
Recordaba la vez que había conocido a Syaoran, cuando él acababa de llegar de Hong Kong. El director le había pedido que fuera el guía del recién llegado y desde el inicio se llevaron bien; al término de aquel día, y como de costumbre, Takato estaba molestando a Eriol y Syaoran había sido muy amable al defenderlo poniendo en peligro su reputación.
Y cuando había conocido a Sakura, en casa de Tomoyo, también había sido muy amable y simpática con él desde el inicio.
Entonces, ¿por qué dudaba de las intenciones de sus amigos con él? No, no estaba dispuesto a echar abajo la amistad que compartía con sus únicos amigos por tontos e infantiles chismes que inventaba la gente.
Después de despedirse de los demás, Eriol entró al gimnasio donde ya lo esperaban sus demás compañeros y el profesor o mejor dicho, la profesora.
El grupo de esgrima era pequeño, solo eran cinco chicos (tres chicos y dos chicas) los que entrenaban y era gracias a la profesora Misato que las actividades no habían sido suspendidas.
La entrenadora Sora Misato tenía treinta y cuatro años, seis meses y trece días, llevaba su rubio cabello recogido siempre por una coleta, era alta y atlética, no estaba casada pero tenía un hijo de ocho años, siete meses y catorce días (Izzy) que de vez en cuando la acompañaba al instituto. Según ella el gran amor de su vida era la esgrima y por consiguiente, no tenía tiempo para algo tan trivial como el matrimonio.
-Bien, ya que estamos todos reunidos, tengo un anuncio que darles - les dijo la entrenadora con su libreta en la mano viendo fijamente a cada uno de los presentes - El torneo de esgrima abre dentro de un mes. Nuestro primer rival es la escuela Tochi; por lo que eh decidido extender los entrenamientos
-Pero si la última vez que enfrentamos a Tochi les ganamos – exclamó Ken, el más veterano del grupo.
-Y nos costó mucho lograr ganarles, Tochi es un contendiente duro; si logramos sacarles ventaja nadie pondrá en duda el nivel de preparación que tenemos – explicó la profesora sin alterarse lo más mínimo – si ya están todos conformes, vamos a empezar.
Aunque no estaban conformes, nadie se atrevió a contradecir las ordenes de la profesora Misato, a simple vista parecía una mujer sensible y carismática como cualquier otra, pero la verdad es que era una bestia en los entrenamientos. Eriol recordaba la vez que el grupo había perdido vergonzosamente frente a una escuela X (en esta historia X=sin importancia) y con un nivel bastante bajo en esgrima; la profesora estaba tan furiosa que si hubiera sido por ella (y si la escuela no cerrara sus instalaciones a cierta hora) los habría dejado corriendo toda la noche como castigo.
Dos horas después, Eriol sentía todos los músculos del cuerpo reclamarle por el maltrato que acababan de sufrir. Caminaba solo hacia su casa lo más rápido que podía, quería bañarse, comer y tirarse a la cama. Las primeras dos cosas las podría hacer, pero dormir no; el profesor de matemáticas les había dejado demasiada tarea y dudaba terminarla pronto.
-Hoy no fue un buen día – se dijo Eriol moviéndose como robot – que ya termine por favor.
-¿Qué es lo que quieres que termine Eriol? – preguntó una voz bastante conocida a su espalda.
Eriol giró despacio (lo más rápido que su cuerpo le permitía) y se encontró de frente con una Tomoyo muy sonriente, vestida con una falda que le llegaba un poco arriba de la rodilla y un lindo suéter rosa que lograba resaltar su esbelta figura.
-Pues el día - respondió Eriol intentando controlar la voz. ¡Qué linda que se veía vestida así!
-¿No te fue bien en el entrenamiento? – preguntó ella acortando la distancia entre los dos.
-Mmm, pues verás – dijo Eriol medio vacilando. Mientras le contaba lo ocurrido en el gimnasio, comenzaron a caminar sin prisa.
-Ya veo, seguramente les irá muy bien – dijo Tomoyo ampliando más su sonrisa para él.
-Eso espero – murmuró el oji-azul intentando mantener la boca cerrada. No podía evitar sonreír cada vez que Tomoyo lo hacía, y cada vez de que sonreía sus dientes de lata salían a flote; no había otra cosa que odiara más que no poder corresponder debidamente una sonrisa de aquella chica que tanto le fascinaba.
-Por cierto Eriol – comenzó Tomoyo retirando la vista de él - me da un poco de vergüenza, pero necesito que me hagas un favor.
El corazón del chico empezó a brincar violentamente; ¿a Tomoyo le daba vergüenza pedirle un favor?, si la chica supiera las vergüenzas que él pasaba por el simple hecho de verla a la cara cada vez que le dirigía la palabra.
-¿De qué se trata? – cuestionó él sintiendo el rubor subir por sus mejillas, menos mal que ella estaba viendo otra dirección, porque si no, ¿qué haría cuando su amiga se diera cuenta de los verdaderos sentimientos del chico semi vampiro que tenía al lado?
-Es que, como el otro día dijiste que si necesitaba ayuda en alguna materia podía decírtelo, pues… me preguntaba si podrías ayudarme con los ejercicios de matemáticas – terminó ella volteando hacia él al mismo tiempo que él volteaba a otro lado.
-Claro, podemos hacer la tarea juntos – respondió como si nada. Qué ingenuo había sido, claro que ella le iba a pedir un favor referido a la escuela, ¿qué más si no? Aun así no podía evitar sentir un vacío en el estómago que sabía no tenía nada que ver con la falta de alimento.
-Gracias Eriol, eres el mejor – le dijo Tomoyo con una radiante sonrisa, similar a la que las personas usan cuando ganan un premio – entonces paso por mis cosas y voy para tu casa.
-Sí, de acuerdo – aceptó Eriol dejando a la amastita en la puerta de su casa y dirigiéndose rápidamente a la suya.
Sin pararse a hacer nada, Eriol se dirigió a su habitación. Se metió al baño y sin esperar si quiera a que el agua caliente comenzara a salir y se duchó tan rápido como sus brazos se lo permitieron. Cuando por fin había salido del baño, escuchó el timbre de la casa sonar.
-Justo a tiempo –se dijo a sí mismo. Tomó la primera ropa que encontró en el armario (un pantalón de vestir, camisa de cuello, chaleco a cuadros), se peinó rápidamente y salió de su habitación.
-La señorita Daidoji te espera en el estudio – le informó Judy al pasar junto a ella.
-Gracias – respondió Eriol bajando las escaleras de dos en dos – listo, ya podemos empezar.
Tomoyo no pudo evitar soltar una carcajada al ver entrar a Eriol de aquella manera, en primer lugar llegaba todo agitado por el esfuerzo que había hecho (recordando aún la paliza que la entrenadora Misato les había impuesto) y en segundo lugar, porque llevaba el chaleco al revés y volteado.
-¿Qué? – cuestionó el chico sin comprender la actitud de Tomoyo.
-Nada, siempre me ha gustado tu estilo – contestó Tomoyo soltando una nueva ronda de carcajadas.
Eriol observó su vestimenta y se dio cuenta de su error. Con la cara toda roja, salió del estudio para arreglarse el chaleco pero, ¡o sorpresa! Su camisa también estaba al revés (hasta su ropa estaba en contra suya).
Después de un intenso forcejeo con sus fieles prendas de vestir y poniéndose un poco más decente para su compañera, volvió al estudio para comenzar a trabajar.
Y si que trabajaron, cuando menos se dieron cuenta, ya pasaban de las once de la noche y ninguno de los dos tenía ganas de terminar. Tomoyo aún no había comprendido del todo los problemas y Eriol, cuanto más tiempo pasara con la amastita, para él mejor (aun que ese tiempo fuera comprado con favores y aprovechamientos para su persona).
Al día siguiente:
-¿Cómo pudiste equivocarte en toda la tarea Syaoran? – le preguntó el vampiro con pulso al castaño.
-Ya déjalo Eriol, solo estaba un poco distraído – se excusó Syaoran entre molesto y apenado.
-Y dime, ¿tu distracción tiene ojos verdes, cabello castaño y nombre que empieza con S y termina con akura? – cuestionó Eriol con una mirada pícara. Las chicas habían ido al servicio por lo que era la oportunidad perfecta de descubrir lo que le pasaba a Syaoran.
-¿Cómo puedes decir eso?, ¿cómo puedes siquiera pensarlo? – soltó Syaoran aún más apenado que antes y completamente rojo.
-¿En serio quieres que te lo diga? – le preguntó Eriol levantando la ceja derecha.
Eriol se consideraba una persona muy persuasiva, se daba cuenta de cosas mucho más rápido que otras personas, su habilidad lo había sacado de varios problemas con los buscapleitos de la escuela y obviamente, tenía encendidos todos sus sentidos cuando de sus amigos se trataba.
Era evidente que a Syaoran le gustaba Sakura, y también era evidente que a Sakura le gustaba Syaoran. Eriol lo había descubierto hacía mucho y tras varios interrogatorios en los momentos precisos, con las preguntas correctas y jugando un poco con la psicología; al castaño no le había quedado más remedio que admitir su incontrolable atracción por la esmeralda.
-De acuerdo, tu ganas, si estaba pensando en ella – carrasqueó Syaoran odiando ser tan obvio para su amigo – tan solo pensaba en lo lindo que son sus ojos y lo bien que se ve su cabello al viento y en lo dulce que son sus labios y…
-¿Al fin le dirás lo que sientes? – preguntó el oji-azul al ver como el castaño no podía continuar.
-Sabes que me encantaría, pero…
-Pero nada, es más que obvio que tu también le gustas, no sé qué esperas – lo reprendió Eriol con una severa mirada – es imposible que ella te rechace, eres atractivo, agradable, simpático y capitán del equipo de futbol, lo que los convertirá en la mejor pareja de la escuela.
-¿Me ayudarás cierto?, por favor – le imploró Syaoran con los ojos destellando.
-¿Yo?, pero no tengo idea de lo que se debe hacer en estos casos – dijo Eriol que, con la sola idea se le erizaba la piel – mejor pídele ayuda a cualquiera de tus compañeros de futbol.
-No, ayúdame tu – le suplicó echándose a sus pies – necesito preparación mental, solo eso y tu eres el mejor.
-Pero yo…
-Joven Hiraguizawa – llamó una voz a unos metros de donde ellos estaban.
-Aquí – gritó Eriol para hacerse oír, no podía creerlo, acababa de ser salvado por la vieja secretaria.
-A la oficina del director – ordenó la mujer con una maliciosa sonrisa.
-Y ¿ahora qué hiciste? – le preguntó Syaoran con cara de sorpresa.
-¿Yo? Si soy un pan de Dios – se defendió Eriol levantándose de donde estaba, dejando a Syaoran revolcándose en el suelo por la risa.
Preguntándose aún que había hecho o más bien, que era lo que el director le pediría esta vez, entró a la ya familiar oficina. La conocía muy bien por ser el lugar donde el susodicho solía felicitarlo por sus logros académicos.
-Eriol, mi alumno favorito – lo saludó el calvo director de cuarenta y siete años, ocho meses y cinco días, cuyo pasatiempo favorito era revisar viejos anuarios y recordar a los alumnos que ahí se encontraban - ¿cómo has estado?
-Bien gracias – respondió Eriol creyendo saber hacia dónde iba la cosa.
-Me alegro mucho – dijo el bonachón hombre dándole una buenas palmadas en la espalda - ¿Te apetece algo? – le ofreció de una mesita que había detrás del escritorio. Eriol negó y esperó lo inevitable – te preguntaras para que te llamé – que no era obvio, si no, no hubiera ido – verás, dentro de dos semanas hay una competencia amistosa contra el instituto Tsurai, con los que compartimos una sana rivalidad – si como no, por esa rivalidad varios alumnos de varias escuelas habían terminado en el hospital tras una competencia "amistosa" – y puesto que tu eres el alumno más inteligente irás a representarnos.
-Vaya, eso esto un… honor – dijo Eriol reflejando la misma emoción que siempre mostraba cuando le daban esa noticia: nula.
-Perfecto hijo, ya sabía yo que te alegrarías – dijo convencido el hombre sujetándose el cinturón.
Muy bien, lo aceptaba, el prestigioso instituto Seiji, de alto nivel académico y que ofrecía a sus alumnos una educación de primera calidad; abusaba constantemente de él. Ya fuera una competencia u otra, siempre era lo mismo.
Aunque claro, siendo quien era, era lógico que la escuela intentara sacarle todo el jugo. Lo mismo pasaba con el patito de la academia Tsurai: Masuru Ishida de dieciséis años, nueve meses y diecinueve días, que físicamente era menos agraciado que Eriol; el chico era bajito, muy moreno y al igual que él llevaba frenillos, el pelo aplastado y se había enamorado de la princesa de su escuela. Al pobre sí que lo utilizaban. Se habían conocido en una competencia de conocimiento hacia ya un año y desde entonces, mantenían contacto por mail.
-Hola Draki – lo saludó Takato acompañado de su pandilla de judo sacando a Eriol de su mundo personal – vete por la sombrita, el sol puede derretirte.
-Piérdete Takato – le espetó Eriol retándolo con la mirada.
-Aah, alguien esta de mal humor – se burló el rubio. Sus amigos soltaron una risa tonta y todos juntos comenzaron a acercarse peligrosamente al chico formando un círculo a su alrededor – tal vez unos cuantos golpes te quiten ese feo humor tuyo, tan feo como tú.
-¿Por qué mejor no te metes con alguien de tu tamaño Takato? – le preguntó Syaoran desde detrás de él – y le dices a tus amigos que se consigan una vida propia.
-Lo siento capitán, pero es mi deber informarle que los animales raros no están permitidos dentro de la escuela – se mofó Takato caminando hacia Syaoran que era como mínimo quince centímetros más bajo que él – yo solo cumplía con mi deber como buen estudiante.
-Pero que dices, si tu estas rodeado de animales raros – se burló Syaoran sin retroceder ni un poco por el acercamiento del rubio.
-Espero que por lo menos saques buenas notas – le dijo Ichijoyi llamando a sus amigos con un movimiento de mano – es lo menos que debes de obtener por sacrificar tu imagen al mostrarte en público con Draki.
-Que idiota que es – bramó el castaño cuando la pandilla de judo estaba ya a unos diez metros – algún día juro que voy a partirle la boca.
-No es para tanto – murmuró Eriol bajando la vista – no debes rebajarte a su nivel.
-¿Qué va?, si lo intentara estaría a nivel hormiga – observó Syaoran jalando a Eriol hacia el aula de clases – por cierto, ¿crees que pueda ir a tu casa después de la escuela?, tu sabes para las clases de preparación mental.
-Está bien – aceptó Eriol sintiendo una nueva punzada en el estómago.
-Perfecto, entonces nos vemos al terminar las prácticas – acordó Syaoran entrando al salón.
Bip, bip, bip
Una pálida mano salió de debajo de la cama y con el solo contacto con el despertador, lo mando a volar hasta la pared opuesta.
El día pasado había sido muy agitado desde que iniciaron las clases extracurriculares. La profesora Misato, empeñada en elevar lo más posible el nivel del equipo, los había obligado a entrenar hasta que una de las chicas no había aguantado y salió corriendo a vomitar al baño. Después Syaoran se había quedado hasta tarde por la grandiosa idea de Eriol de hacer una representación sobre la forma en que el castaño debía declarársele a Sakura. P
ara desgracia del oji-azul, Syaoran perdía la voz después de decir algo como: Sakurapodemoshablarunmomento, o Sakutengoalgoimportantequedecirte. La primera supuesta clase había sido un rotundo fracaso y es que Eriol era la persona menos indicada en todo el planeta para pedir ayuda sobre una chica; en ese aspecto él estaba en blanco, tenía conocimientos nulos, ¿qué era lo que tenía Syaoran en la cabeza que no entendía?
Eriol salió hacia la intemperie sin prisa, aquel día tenía servicio y por consiguiente caminaría solo hasta la escuela.
Sin compañía, el pelinegrodestellosazules tardó en llegar a su destino en únicamente diez minutos. Le alegraba llegar y no toparse con nadie, estaban solo el edificio, él y unos cuantos madrugadores.
Eriol ya había acabado de borrar el pizarrón y cambiar el agua del jarrón de las flores, cuando llegó Sakura toda agitada y pidiendo disculpas a alguien que todavía no veía.
-Eriol, es cierto nos toca el servicio juntos – dijo con una radiante sonrisa – lamento llegar tarde.
-Descuida está bien – respondió Eriol acostumbrado a la puntualidad de la castaña.
-Menos mal que no teníamos tarea, pude hacer muchas cosas con ese tiempo – comentó Sakura aún más feliz que antes.
-Mmm, Saku, ayer teníamos tarea de química – le contradijo Eriol provocando una reacción explosiva en Sakura.
-¿Qué, qué? No, como es posible y de química, si de por sí me fue terrible en el examen – gritaba la chica completamente desesperada y con las lágrimas a rebosar – voy a reprobar la materia, el maestro me va a colgar.
-Tranquila Saku – dijo Eriol acercándose a su mochila y sacando su cuaderno – toma.
Sakura se quedó viendo la libreta con las lágrimas escurriendo de sus ojos para después ver a Eriol completamente conmovida por el gesto del chico.
-Pero, eso sería hacer trampa – reflexionó Sakura incapaz de tomar la libreta.
-Vamos, todos lo hacen alguna vez – reconoció Eriol entregándole la libreta a la esmeralda – aparte, si no entregas la tarea, puedes meterte en problemas como tú misma lo dijiste.
-Yo… gracias Eriol – murmuró Sakura en voz baja – pero, tenemos que terminar el servicio y química es la primera hora, no voy a terminar.
-Descuida, yo me encargo del servicio – se ofreció Eriol dirigiéndose al pizarrón – tú has la tarea y cambia algunas cosas para evitar sospechas.
-De acuerdo – aceptó Sakura un poco más aliviada.
Gracias a la ayuda que Eriol le había dado, Sakura consiguió una felicitación por parte del profesor, le dijo que si seguía así no tendría problemas para pasar la materia ni el semestre.
Completamente agradecida con el oji-azul, al día siguiente Sakura le preparó unas galletas de chispas de chocolate que los cuatro estuvieron encantados de devorar, aún comentando e imitando las sabias palabras de su profesor al estar alagando a la esmeralda y preguntándose qué hubiera pasado si la castaña no hubiera entregado la tarea.
-Te mandaba a tu casa con una recomendación para entrar a trabajar a alguna pastelería – había dicho Syaoran cogiendo otra galleta.
-Que malo eres conmigo Syaoran – soltó Sakura muy ofendida.
-Vamos, no te pongas así, Syaoran solo estaba jugando – le dijo Tomoyo para consolarla, fulminando a, chino con la mirada.
La competencia de conocimiento se acercaba. Eriol trabajaba duro para prepararse, sabía que sería difícil vencer a Masuru y si fallaba, decepcionaría a muchas personas, al director, a sí mismo y sobre todo a su padre que, aunque no asistía a la competencia estaba al tanto de los resultados y como suelen hacer muchos padres, si obtenía un buen resultado una leve felicitación, pero si no, era una reprimenda segura.
En lo que si había fallado completamente era en su ayuda con Syaoran, y es que el chico iba de mala en peor. Antes por lo menos lograba formular alguna frase medio entendible, ahora apenas y lograba articular Saku cuando perdía completamente el dominio de su lengua y su capacidad motriz.
-¿Por qué mejor no le escribes una carta? – le propuso Eriol en la quinta sesión que habían tenido.
-No, nunca es lo mismo una carta a de frente – respondió Syaoran enterquesido - ¿acaso a ti te gustaría que se te declararan con una carta?
-Dudo que alguien se me declare algún día – contestó Eriol con toda sinceridad – tan solo intenta imaginar que le estás hablando a la foto de Sakura que guardas bajo tu almohada.
-No creo que sea tan fácil – susurró Syaoran – un momento, ¿cómo sabes que tengo una fotografía suya bajo la almohada?
-Solo lo supuse – respondió Eriol aguantando las ganas de reír – inténtalo de nuevo pervertido.
-No soy ningún pervertido, solo no encontré un marco digno de ella y…
Siguió hablando por un largo, largo rato más, hasta que Eriol lo convenció de seguir y tras una hora de intenso trabajo, por fin logró articular un modesto: me gustas.
El día de la competencia estaba cada vez más cerca, faltaban escasos tres días y Eriol se entrenaba como nunca. Le agradaba ir a competir a otras escuelas, no tanto por el honor de representar a la escuela no, él se representaba a sí mismo; era la oportunidad que tenía de demostrar que él también era capaz de avergonzar a alguien con unos cuantos juegos mentales.
Desafortunadamente, Eriol se enteró de que los únicos que lo verían competir serían el director y un profesor encargado. Precisamente el día de su competencia, se llevaba a cabo un importante juego de futbol en el que se disputaba la entrada al torneo local y por lo tanto (tan solo intenten adivinar a donde irían todos), toda la escuela iría al susodicho partido. ¿Qué no es obvio?, un evento deportivo llama más que una tonta ronda de preguntas que la mayoría no entendía, ni quería comprender.
Obviamente Syaoran como capitán del equipo y Sakura como capitana de las animadoras irían, pero Tomoyo… No, no podía contar con ella. Ella iba a donde Sakura iba y para qué seguir negándolo, también prefería ver jugar a Syaoran que verlo a él contestando preguntas de suma dificultad.
Eriol pensaba todo esto sentado en el piso del gimnasio aún con la mascarilla puesta. El entrenamiento ya había concluido y todos se habían ido, excepto él que se sentía demasiado deprimido siquiera para moverse.
-Vaya vaya, aún sigues aquí Eriol – dijo la voz de la entrenadora a un costado suyo - ¿pasa algo? – preguntó al notar la indiferencia del chico.
-Nada importante – contestó Eriol con voz apenas audible.
-¿Quieres contarme? – cuestionó sentándose a su lado – sé que soy tu entrenadora, pero si mi as está deprimido baja su nivel.
-No es nada, solo no tengo ganas de marcharme – dijo Eriol jugando con el sable.
-Deben estar esperándote en tu casa – dijo la mujer consultando su reloj – ya es un poco tarde.
-No hay nadie esperándome en casa – contradijo Eriol sin mucho ánimo – es lo mismo estar aquí que allá, así que...
-Ya veo, entonces cuéntame que es lo que te pasa – le pidió ella en un tono que nunca usaría en clase – si no hay nadie esperándote en casa, no podrás contárselo a nadie más.
Eriol dudó un momento viendo directamente a su entrenadora. Si bien no habían convivido mucho, parecía una persona de confianza y aparte acababa de llamarlo su as, ¿sería cierto o solo cosa del momento? Aún así, no pudo contenerse y sacó todo lo que llevaba acumulado desde hacía ya algún tiempo.
-Entonces todos irán a ver el partido y se olvidarán de tu competencia – concluyó Misato después de oír el relato – ya veo. No soy quién para decirte esto, pero pienso que tus amigos en verdad te aprecian y si se cruzaron estos eventos… bueno ya habrá otros.
-Sí, supongo que tiene razón – admitió el pelinegrodestellosazules un poco más aliviado por haber hablado con alguien.
-Bien, escucha – dijo la mujer adquiriendo seriedad en la voz – como ya dije, solo soy tu entrenadora, pero si necesitas cualquier cosa, lo que sea y sabes que puedo ayudarte, no dudes en decírmelo ¿de acuerdo?
-De acuerdo – aceptó el chico sin terminar de comprender el por qué del repentino comportamiento amistoso de la mujer.
Dos días después:
-Mañana es el gran día – repetía Syaoran una y otra vez. Estaban en la sala de la casa del níveo terminando otra larga sesión de preparación mental.
-Lo sé – volvió a decir Eriol. Ya había hablado con sus amigos y ellos aún no terminaban de disculparse por no poder acompañarlo a su competencia – tranquilo.
Estaba decidido, después del partido Syaoran se le declararía a Sakura (o si no, Eriol se encargaría de mandarlo de una patada a Hong Kong en un viaje sin retorno) y este había adquirido una actitud hiperactiva: no paraba de caminar, de decir las mismas cosas una y otra vez, de hacer perder la poca paciencia que aún le quedaba a Eriol…
Por fin el tan esperado día llegó. Como era costumbre, Eriol fue a la escuela para después ser trasladado a la otra institución donde se llevaba a cabo la competencia. Llevaba puesto uno de sus mejores atuendos para la ocasión: pantalón de vestir, camisa a cuello, chaleco de cuadros rojos y zapatos negros reflejantes (todo un nerd).
-Eriol – lo llamó la amastita minutos antes de partir.
-Hola Tommy – fue lo único que se le ocurrió decir, la chica estaba realmente linda con esos jenns y la blusa que apenas y le cubría todo el vientre.
-Solo quería desearte suerte – le dijo ella con una radiante sonrisa en el rostro – Syaoran y Sakura también querían venir a despedirse, pero tuvieron que ir a cambiarse.
-Gracias – con que ella hubiera ido le bastaba y le sobraba, no necesitaba a nadie más deseándole suerte, a nadie.
-Verás que te va bien – dijo ella en forma de despedida.
Un par de horas después:
La competencia estaba siendo muy dura, más dura de lo que él se había imaginado. Ishida se había preparado demasiado bien e iban muy parejos. Eriol no pudo evitar voltear de nuevo hacia los asientos destinados a los familiares de los concursantes. El suyo, obviamente estaba desocupado. En cambio, los señores Ishida estaban ahí atentos a cada pregunta (y con un pequeño banderín de la suerte). No podía evitarlo, se sentía mal; solo. Pero tenía que concentrarse en la competencia, ahora solo eso importaba.
-Seiji ¿tiene la respuesta? – preguntó el encuestador (o como se diga). Eriol estaba distraído, en su mundo, y no, no tenía la respuesta, ¿qué iba a hacer?
-Vamos Eriol – se escuchó una voz entre el público. Instantáneamente Eriol volteó y vio a Judy acercarse lo más rápido que podía al asiento reservado para la familia Hiraguizawa.
No supo cómo, pero contestó correctamente esa pregunta, y la siguiente y las demás, hasta que indiscutiblemente había salido vencedor.
Le estrechó la mano a su contrincante y pudo volver a la camioneta con el gran trofeo en brazos. El director no paraba de alagarlo y decirle lo agradecida que estaba la escuela con ese nuevo triunfo y muchas otras cosas que él dejó de escuchar cuando llegaron a las instalaciones y vieron el gran alboroto que se había formado. Alboroto que solo significaba la victoria del equipo de futbol.
Eriol bajó de la camioneta, caminó unos cuantos pasos y con la mirada encontró a Tomoyo. Al verlo, ella corrió hacia él y sin siquiera esperar a que el chico la saludara o dijera algo, le comunicó la buena nueva que todo el instituto tenía en boca.
-Sakura y Syaoran ya son novios.
Los patitos feos son usados frecuentemente como computadoras personales: ya resuelven una tarea, como algún ejercicio inconcluso, dan tutorías gratis, ayudan a incrementar el estatus de su escuela. Ya saben, entre más exprimidos, mejor para sus lindos allegados (y algunos alejados también).
Aquí está el segundo capítulo de esta (rara) historia. De nuevo me quedó muy larga :( y si, me salí un poco del tema T/E. Pero necesitaba una excusa para iniciar el siguiente capítulo (en el que habrá un poco más de emoción).
Ahora, pasando a otra cosa más delicada. Me apresuré a escribir este capi más que nada para hacer el siguiente comentario:
No se que rayos le pasó a mi ética moral y profesional, en serio me siento terrible. Debo una gran, inmensa, y muy, muy respetuosa disculpa a Basi por el pequeño parecido en el inicio de nuestras historias. Y en serio muchas gracias a las personas que me lo recordaron. Pero no solo debo una disculpa a esta chica, sino también a todos aquellos que comenzaron a leer la historia. Obviamente debí comentarlo en el primer capítulo, pero con la emoción del momento y la excitación de una primera publicación se me borró completamente del disco.
Debo de confesar que la idea de un patito feo me surgió tras ver los primeros episodios de "patito feo, la historia más linda" por Disney channel hace como un año. Y tras leer Swan Lake (ampliamente recomendado ) aquí hace como tres semanas y ver que no estaba terminada; me desidí a comenzar a escribir. Pero obviamente debí comentarlo (que torpe que soy, tuvo un pequeño complejo de distracción-Sakurino). En serio, perdón.
Y otro comentario. Al inicio del primer capi escribí: algún parecido con la realidad es mera coincidencia; y temo que fue mal interpretado. Yo hacía referencia al parecido con la vida de una persona real, ya saben algún patito de japón con padres ausentes, etc... La próxima vez pondré: algún parecido con la vida real, de carne y hueso...
Esperado que mis disculpas sean bien resibidas por todos; me despido.
Hasta la próxima :D
