Los personajes pertenecen a Hiro Mashima

y a su fantástico manga Fairy Tail.

La historia si es mía y espero que sea de su agrado.

En una zona céntrica de la ciudad, dentro de uno de los edificios más grandes de la zona, se podía ver a un hombre de baja estatura con un aspecto de un típico abuelo con su casi completa calva y un bigote sumamente espeso que apenas dejaba ver su labio superior. Las arrugas alrededor sus ojos notaban su edad pero a pesar de eso se lo podía ver como un sabio de otra época. Su vestimenta se aplicaba a su profesión mostrando con elegancia el cargo que le llevo años tener. Con un traje negro a medida, una camisa blanca junto con una corbata correctamente anudada y sus zapatos negros lustrados, no había duda del cargo que profesaba. Era uno de los jueces más importante de la ciudad pero aun teniendo el cargo tan importante, solía ejercer igual como abogado en determinados casos que lo requerían por su vasta experiencia. Y mientras no tuviese casos o juicios que presenciar, se mantenía en lo alto del edificio donde le permitían ver toda la ciudad para poder resguardarla desde las sombras y para también instruir a su grupo de abogados que llevaban años bajo su cuidado.

Ese día se había levantado con una sensación en su interior de que toda la paz que mantenían en esos tiempos estaba por terminar más pronto de lo que esperaba, pero aun así decidió esperar a ver si solo era un simple presentimiento de un loco o si realmente el mundo como lo conocía estaba por cambiar.

Permaneció en su oficina sin que nadie lo molestase para poder concentrarse y poder planear un próximo movimiento en el caso de que el mundo volviese a caer bajo las garras de la temible oscuridad. Sin poder llegar a mucho más de lo que sabía que podía hacer, vio pasar los minutos que se volvieron horas, y cuando llego a la conclusión de que fuese lo que fuese a pasar era difícil de frenar cuando ya estaba en marcha, noto que el hermoso sol del atardecer se escondió antes de lo previsto. Sorprendido por la pronta llegada de la oscuridad, se acercó al inmenso ventanal de su oficina que le brindaba las vistas de toda la ciudad para ver como la luna cubría al inmenso sol. Sabía que todos dirían que es un hermoso fenómeno natural al cual se lo conocía como un eclipse solar, pero no él, él no podía verlo como algo tan insignificante. Los años que tenía y que a la vez no los aparentaba, le daban la suficiente confianza para saber que algo más allá del entendimiento del hombre, se estaba formando. Hubo una época hace miles de años, en la cual las cosas tenían una razón de ser en base a lo que los mismísimos Dioses querían y esperaban para el mundo que los veneraban. Y este fenómeno no era más que el presagio de que el caos caería de nuevo sobre la tierra. Hubo una vez que no quiso ver las señales que le daban de que el mundo que conocía estaba por cambiar, y pago carísimo el precio. Perdiendo vidas de gente inocente, niños, mujeres, ancianos, campesinos, soldados y sacerdotisas. Ese fatídico día, juro frente a las estatuas de las diosas que los habían salvado y que ahora se encontraban completamente destruidas, que nunca más tendría los ojos cerrados, los oídos tapados y la boca cerrada ante el primer indicio de que el mal se estuviese haciendo presente ante todos.

Con ese pensamiento agacho la cabeza y negando con un pesar en su pecho, soltando un sonoro suspiro.

- Definitivamente esto es un presagio de mal augurio.. – Dijo sin más el hombre mayor.

En la mañana del eclipse..

Para algunos, el basto y amplio desierto de Egipto era un lugar abrumador. Que tú mirada solo pudiese divisar miles de dunas llenas de arena, a cualquier dirección en la que la dirijas, podía llevar a la locura a cualquiera. Sin contar con el avasallador sol que no hacía más que mostrarte la falta de líquido que había en los cuerpos de todos los valientes que se atrevían a enfrentar ese mar de arena.

Uno de esos valientes, era un hombre alto que no pasaba los treinta años, con su cabelle color azabache que era sumamente largo pero solía recogérselo en un amplio rodete para así evitar malestares y también tenía un flequillo que le llegaba hasta la nariz pero que no tapaba ninguno de sus ojos por su forma tan particular de peinárselo, sin contar con dos mechones que dejaba a cada lado para que marcaran su rostro. A simple vista se lo podía ver como un hombre sumamente alegre ya que siempre tenía una sonrisa en su perfecto rostro, pero la realidad era que esa sonrisa solo podía mostrar una terrible arrogancia que no se había visto en años. Sus ojos podían ser los de cualquier demonio ya que solo había oscuridad en ellos, desde el momento en que fue concebido y nació, fue marcado por esa oscuridad que lo guio a través de todos esos años. Su hermosa madre a la cual nunca llego a conocer pero si a saber su historia, había muerto el día que lo había dado a luz, presenciando así con tan solo minutos de vida su primera muerte ante sus ojos. Su padre, un hombre bastante obsesionado con una vaga leyenda de faraones, no había dejado pasar oportunidad para torturarlo y culparlo por todos sus males. La tortura simplemente se debía a que quería que él creciese en esa oscuridad que él fomentaba para así cumplir con sus propios propósitos y la culpa si era por el hecho de que le había arrancado una de sus más grandes obsesiones que había sido su madre. Desde el momento en que su padre la conoció en una biblioteca pública, cuando se disponía a ver más libros del antiguo Egipto, la vio sentaba con un hermoso libro de cuentos. Fue entonces que con toda la locura que tenía en su ser, decidió seguirla y cuando se encontraba completamente sola, la rapto. La mantuvo cautiva, encerrada en un cuarto de su casa en el cual también había miles de libros sobre faraones, sin dejarle salir más que para comer y para otras necesidades. Desafortunadamente o afortunadamente para él, su madre empezó a tener el síndrome de Estocolmo y sin más se enamoraron en un retorcido amor que nadie podía entender ni aprobar. Con el tiempo llego él a sus vidas pero solo para acabarle la vida a su progenitora.

Sin poder hacer mucho más, creció con la obsesión de su padre clavada en su piel y con la oscuridad que implicaba ser él. Fue ahí cuando sin poder soportar más la locura de su padre, le quito la vida en una noche en la cual su padre estaba profundamente dormido. La locura comenzó a consumirlo, al igual que la tétrica oscuridad. Luego de los hechos pasados, término en un reformatorio donde las cosas no fueron para mejor, lo único que tenía era el legado de obsesión que le había dejado sus padres y el camino de la completa oscuridad. Al salir del reformatorio, al tiempo nomas, volvió a caer pero esta vez en prisión ya que era mayor de edad. Pasó un par de años ahí por golpear a prostitutas en la calle ya que en cierta forma le recordaban a su madre. Con veinte años, salió libre y como si hubiese estado en un sueño, se sintió despertar. Fue hasta el hogar que compartido con su padre y lo encontró tal y como lo había dejado hace años. Busco libros y libros hasta que encontró uno que más que libro robado de bibliotecas, era más como un diario de notas. Entendió al instante que eran todos los datos e informes que había conseguido su padre para dar con su temible obsesión. También había una especie de reporte sobre su conducta, mostrando cuando podía ver en sus ojos la oscuridad que necesitaba para sus propósitos. Sin creer lo que había en ese objeto, corrió al baño para así mirarse al espejo y fue ahí cuando vio lo que una vez había soñado.

Podía ver un antiguo Egipto destruido por fuego, metal, rayos, oscuridad, luz y veneno. Un Egipto que contaba con esos elementos era casi una leyenda pero ahí estaban, en ese espejo, frente a sus ojos. Fue ahí donde por primera vez tuvo su sonrisa de completa arrogancia.

- Soy la llave.. – Recordó que dijo en ese momento.

Ya habían pasado unos siete años desde ese momento y hoy por fin todo su esfuerzo daba frutos. Había estudiado, cosa que le falto a su padre para entender mejor la historia, y en ese lugar había conseguido un grupo de seguidores, casi tan dementes como él para acompañarlo en esta búsqueda que pronto tendría su recompensa.

- Señor Mard Geer.. – Hablo una joven de cabellos negros que le llegaban hasta la cintura y con unos ojos rojizos que parecían sangre. En su frente se podía apreciar un hermoso tatuaje de una U, con un punto dentro y cuatro líneas a cada lado – Los obreros dicen que estamos cada vez más cerca de dar con el sepulcro del faraón Acnologia..

- ¿Cuánto falta? – Pregunto Mard mientras permanecía en una improvisada carpa para resguardar a unos cuantos de los rayos del sol.

- Creen que para la tarde ya daremos con él.. – Respondió inmediatamente la joven antes de retirarse.

- Gracias Seilah.. – Agradecía con una sonrisa que más que arrogancia, mostraba locura porque todo terminara rápido – Por cierto.. – Dijo para evitar que la joven saliera – Dile a esos trabajadores que no espero demoras.. Que recuerden que tengo a sus familias y que tranquilamente pueden desaparecer sin dejar rastro..

- Como usted diga señor.. – Dijo Seilah para volver su rumbo hacia la salida para así dejar solo al hombre que por ratos podía ser aterrador.

Mard, era el arqueólogo a cargo de toda la excavación y durante largos meses, se lo podía ver en la misma carpa junto con su equipo en el cual estaba la joven Seilah que era la única que hablaba directamente con él ya que los demás no se animaban a hablar por el temor que provocaba en los otros.

El mayor del grupo era un hombre llamado Keyes que vestía elegantemente y que era historiador e investigador que mantenía infirmado de todo a Mard. Otro de sus hombres, era Torafuzar que era un joven de unos veintinueve años que lo tenía más que nada por su físico, era sumamente inmenso y su fuerza bruta los ayudaba a mantener en regla a todos los trabajadores, además de que era uno de los expertos en trampas. Por ultimo tenía una hermosa cartógrafa que fue la que logro dar con el paradero más preciso de la tumba del faraón, su nombre es Kyouka y su mirada mostraba un hermoso dolor en esas pupilas color cielo.

Pasaron las horas y efectivamente, a la tarde de ese mismo día dieron con la preciada tumba del faraón dragón que llevaba oculta varios miles de años. Desafortunadamente, los hombres que dieron con la tumba sufrieron una de las trampas que mantenían alejados a los intrusos de las profundidades de lo que podía ser el caos máximo para la sociedad. Considerando que podía haber más de una trampa, Mard le pidió a Torafuzar que revisara el perímetro y se asegurara de que sea seguro para ellos. Una vez que era seguro, entraron a una de las salas que tenía varios escritos en las puertas donde les advertían de que no alteraran el orden de la sociedad y que no despertaran a los durmientes.

- ¿Deberíamos hacer caso a las advertencias? – Pregunto Kyouka a todos sus compañeros, sin mirar a Mard que posiblemente no estaría contento por su comentario.

Aun así el pelinegro decidió contestarle mientras pasaba sus manos por los grabados de la puerta.

- No llegamos tan lejos para hacer caso a un simple aviso.. – Respondió Mard mientras sonreía diabólicamente.

Buscando lo que necesitaba, dio con una piedra que parecía estar floja, cuando en realidad era un botón que abría la gran puerta. Luego de presionarlo, la puerta comenzó a elevarse, dándole paso a todos los presentes. La sala era completamente oscura y debido al tiempo en el que demoraron en llegar ahí tampoco sabían bien cuanto llevaron en esos pasadizos, pero todo valdría la pena si daban con el faraón que buscaban. Buscaron la forma de iluminar el lugar con un par de antorchas mientras que otros estaban con linternas que apenas podían alumbrar la inmensa oscuridad que había en esa zona.

Cuando por fin dieron con las antorchas del lugar, las encendieron mostrando lo único que habían ido a buscar. En medio de esa sala, estaba la estatua del gran Acnologia. Mard, cuando lo vio, sintió que lograba cumplir con las obsesiones de sus padres y con su propósito en la vida. Tantos años de vivir en la oscuridad darían los frutos si podían despertarlo para poder destruir el mundo que se había encargado de ser completamente injusto con él. Sin poder apartar la vista de él, se acercó a paso lentos y se atrevió a tocar esa inmensa estatua que parecía estar hecha de una especie de arcilla endurecida. Al tocarlo, pudo sentir los latidos del corazón del faraón, estaba vivo. Las leyendas eran ciertas, nunca llego a morir sino que fue sellado por culpa de dos sacerdotisas.

- Hay que sacarlo de aquí.. – Dijo Mard a todo su equipo – tenemos que llevarlo a la entrada en la excavación como sea..

Torafuzar se encargó de colocar la estatua dentro de una caja hecha a la medida para así poder trasladarlo. Fuera de la excavación, todos los trabajadores se sorprendieron cuando notaron como el cielo se volvía oscuro cuando aún debía haber luz solar. Asombrados elevaron la vista al cielo y presenciaron el eclipse solar que no estaba previsto para ese día, eso solo podía significar un mal augurio y sabían que ese arqueólogo junto con su equipo, los llevarían a todos a la perdición. Con miedo corriendo entre sus venas, salieron corriendo del lugar, ya no importaba nada puesto que si la leyenda se complica, daba igual el intentar salvar a sus familias, todo el mundo se encontraría perdido y no sabían si los grandes guerreros aún estaban dispuestos a pelear.

Mard al salir de la excavación junto a su equipo, notaron que no había nadie. No quedaba ninguno de los trabajadores y aunque había prometido que cuando dieran con la figura del faraón liberarían a sus familias, no entendían el porqué de salir sin importarles nada más.

- Se fueron por las leyendas.. – Dijo Seilah al arqueólogo al notar como buscaba a la gente que hasta hace unos momentos estuvieron ahí.

- No importa.. – Respondió Mard – Mientras tengamos al faraón nada más me importa.. – Dijo mientras tocaba la caja, ansioso por liberarlo de su prisión.

Sin mucho más, subieron la caja que contenía al faraón a un camión y se dirigieron a la ciudad, llevándose los elementos necesarios y dejando de lado todo lo inservible en el campamento.

Dentro de la ciudad, el grupo de trabajadores se mostraba sumamente alterado y más de uno decidió pasar lo que sería sus últimos días de vida ahogándose en alcohol, si el faraón volvía a la vida, de nada servía planear algo a futuro. Ingresaron a una inmensa taberna y comenzaron a beber como si no hubiese un mañana, y la cosa es que no sabían si lo habría. Mientras tomaban, no prestaban atención a quienes estuviesen dentro del lugar y hablaban más de la cuenta de los temores que sabían que se cumplirían.

- Sera nuestro fin si logran despertarlo.. – Dijo un hombre sin dejar su vaso de alcohol.

- Es difícil de creer que alguien diese con la tumba del faraón.. – Respondió otro hombre.

- Shiiiiiii! – Trato de callarlo el primer hombre – No deberíamos hablar de esto.. No debemos ni siquiera nombrarlo..

- El eclipse ya marco el inicio del desastre.. – Suspiro el hombre – esperemos que no puedan despertarlo..

Al igual que ese par de sujetos, otros más hablaban de la misma cosa y un hombre, de altura media con su cabello en punta de color rojizo, mantuvo su vista cerrada todo el tiempo, guiándose únicamente por sus oídos los cuales le permitieron prestar atención a todos los comentarios que hacían los sujetos de ese bar. Ya había presenciado el eclipse y supuso que algo no estaba bien y lo que escucho se lo termino por confirmar. Sin más, se levantó de su lugar sin abrir los ojos y pago su cuenta. Con una agilidad sensorial que no necesitaba de sus ojos, salió del lugar para perderse dentro de un oscuro callejón para poder hacer una llamada que estaba seguro que cambiaría el rumbo de todo.

Volviendo a la ciudad.

El anciano que luego de suspirar sabiendo que el mundo que conocían volvería a estar de cabeza, tomo lugar en su amplio escritorio para poder pensar en una solución a todo el problema que se les venía encima. Paso un largo tiempo pensando cuando el sonido del teléfono lo interrumpió. Tomo el molesto aparato ya que no estaba en condiciones de atender temas jurídicos cuando problemas más graves habían, contesto sin muchos ánimos pero del otro lado de la línea nadie respondió, fue en ese momento en el que noto que ese teléfono no era el que sonaba sino otro que solo terminaba de confirmar sus peores temores. Hubiese deseado que nunca sonara pero sabían que mientras avanzaban los tiempos, era seguro que un ser oscuro lograría dar con el destructor de todo lo que conocían. Al momento de contestar, no hizo falta decir una sola palabra ya que del otro lado se hizo escuchar una persona.

- Dieron con el faraón Señor.. – Se escuchó del otro lado.

- Lo supuse Erik.. – Dijo el anciano suspirando – ¿tienes ideas de quienes son los que dieron con él para tratar de averiguar algo de ellos?

- No pude averiguar nada más.. La gente está preocupada ya que el eclipse marco el inicio de la leyenda.. – Respondió Erik a la pregunta del anciano.

- Necesitamos saber algo más de ellos.. Averigua todo lo que puedas y vente con nosotros.. Si lo que dices es cierto y ya lo tienen en su poder, vamos a necesitar de todos los guerreros en el mismo lugar.. – Dijo el hombre mientras se dirigía a su ventanal para observar la ciudad.

- ¿Quiénes están en estos momento con usted? – Pregunto Erik con la duda si era él, el único que faltaba.

- No te preocupes.. – Respondió el anciano leyéndole los pensamientos – solo estoy con mi nieto, Gajeel y Natsu.. Los demás no se encuentran aquí..

- Si no sintieron la necesidad de ir hasta donde usted se encuentra, aún tenemos una posibilidad de que no lleguen a despertarlo.. – Resalto Erik – ¿Por cierto en donde se encuentran?

- Magnolia.. En la ciudad de Magnolia.. – Le informo el hombre – averigua lo que puedas y ven con nosotros.. Si lo encontraron ya no tiene sentido que te quedes ahí.. Puedes venir con nosotros y sabes que tendrás todo lo que necesites..

- Averiguare lo que pueda y partiré para Magnolia.. – Informo Erik – Lo veré pronto señor Dreyar..

- Ve con cuidado hijo.. – Se despidió el mayor.

La noche termino pero para nada podía ser una noche tranquila teniendo en cuenta todo lo que se avecinaba. Al día siguiente, ese edificio volvió a llenarse con distintos abogados que trabajaban en el lugar y también con gente que iba a verlos para que llevaran sus casos. En esas oficinas, sabían que había tres grandes abogados que eran los mejores, no solo de ahí sino de toda la ciudad. Uno de ellos, un alto rubio con una cicatriz en forma de rayo en su lado derecho del rostro, vistiendo un traje a medida que mostraba en todo su esplendor su bien fornido cuerpo, se dirigió directamente a la oficina del más anciano. La noche anterior había tenido un mal presentimiento y necesitaba hablar con el hombre para buscar la solución más sensata.

- Oye abuelo.. – Dijo el rubio mientras entraba y cerraba la oficina con seguro para evitar ser interrumpidos – ¿Tú también tuviste el mal presentimiento anoche?

- Decir que solo fue un mal presentimiento es decir poco Laxus.. – Respondió el mayor.

- ¿qué está sucediendo? – Pregunto mientras tomaba asiento frente a él.

- Erik llamo anoche.. Dieron con la tumba del faraón.. – Dijo seriamente el hombre.

- Tenemos que estar atentos por cualquier cosa.. ¿Piensas avisarles a Natsu y Gajeel? – Cuestiono el rubio.

- por ahora.. Prefiero no decirles nada.. – Dijo el mayor mientras se acomodaba en su lugar – A pesar de los años que transcurrieron.. Aun no superan lo que paso ese día.. Y si a eso le sumamos el hecho de que alguien lo despierte luego del sacrificio que implico sellarlo podrían guiarse por el odio y no necesitamos eso en estos momentos..

- por ahora puede que tengas razón pero si esto se nos va de las manos, tendrán que saberlo.. – Dijo el rubio mientras se levantaba para salir de la oficina – tienes que estar preparado para contenerlos en el peor de los casos..

Sin más, ambos hombres se volvieron a sus actividades tratando de seguir con sus normales vidas. A lo largo de la mañana, otro de los grandes abogados, apareció en el lugar. No tenía muchos ánimos de ir a trabajar ese día ya que la noche anterior no había sido la mejor. Ver ese eclipse le había traído malos recuerdos que incluso con el transcurso de los años no dejaba de estar presente. Aun así el abogado pelinegro, con su larga melena recogida en una coleta alta y con su traje negro a medida, asistió a la oficina para cumplir con la vida que vivía en esos tiempos. Solía compartir el lugar con el último abogado de prestigio de que además era su compañero desde tiempos remotos. No había llegado aún y como no tenía ningún cliente en ese momento hizo lo que muchas veces hacía, saco de su bolsillo una llave y se dirigió a su escritorio. Llevo la llave al último cajón y lo abrió. Dentro del mismo solo había una hermosa daga dorada decorada con distintas piedras preciosas. Esa daga era el único recuerdo que le quedaba de la única mujer que había amado en su vida, una vida larga y que seguía contando pero más que una bendición era un triste recordatorio de lo que perdió sin siquiera poder hacer algo al respecto. Nunca más volvió a sonreír como lo hizo cuando estuvo a su lado, no podía olvidar sus hermosos ojos avellana ni sus azulados cabellos que eran la alegría de sus días. No supo cuánto tiempo estuvo apreciando ese hermoso objeto que tanto dolor le trajo, que no noto que su compañero llegaba.

- Deberías dejar de ver esa daga.. – Dijo el pelirosa llamando la atención de su compañero.

- ¿Porque debería?.. Es todo lo que me queda de ella.. – Respondió el pelinegro.

- Sé que es duro pero solo logras atormentarte más y más.. – Comento Natsu.

- ¿Acaso tu no haces lo mismo?.. – Dijo Gajeel mientras lo miraba – ¿Crees que no sé qué haces lo mismo cuando yo no estoy?..

El pelirosa suspiro derrotado, su compañero y amigo tenía toda la razón. Él estaba en la misma situación que el pelinegro. Aun no superaba la perdida de la única mujer que amo y aun se lamentaba el hecho de no poder salvarla. Al igual que él, lo único que tenia de ella era la daga dorada, era el único recuerdo que le quedaba de que alguna vez una mujer tan maravillosa había existido. Pocos conocían la historia de esa hermosa rubia que cautivo su corazón y de su gran amiga que cautivo el corazón de su amigo.

- Aun.. Aun no puedo creer lo que hicieron por todos.. – Hablo el pelirosa mientras se ubicaba en su escritorio.

- Pocos reconocen el sacrificio que hicieron.. Pocos recuerdan sus nombres y lo cierto es que si no fuese por ellas, nosotros ni el mundo sería como lo conocemos.. – Respondió Gajeel mientras guardaba la daga en el cajón bajo llave.

A los pocos minutos, una hermosa secretaria llamo a su oficina y les aviso que sus clientes habían llegado. Tenían que volver al trabajo y por las horas que estaban bajo ese techo, tratarían de no pensar en esas mujeres que no podían salir de sus corazones.

En otro lado de la ciudad, un par de amigas se encontraban desayunando en la casa de la pequeña peliazul. Solían pasar las mañanas juntas, vivían una alado de la otra en un complejo de departamentos que por mas que no fuesen casas, eran igual de grandes, dándole comodidad al par de amigas que se conocían desde pequeñas. Toda su vida habían compartido una alado de la otra, sus padres eran historiadores de Egipto y por ello compartieron mucho de sus vidas a la vez que empezaron a amar la historia de los mismos. Sus padres, al momento en el que nacieron y dado el amor que tenían por esas historias, le habían elegido sus nombres, en base a las sacerdotisas que habían dado su vida para sellar al faraón que había caído en la oscuridad. Algo en su interior les habían dicho que esas pequeñas niñas debían llevar esos nombres. Sabían que harían algo por el mundo pero no sabían que les deparaba a ellas.

Con el paso de los tiempos, dejaron de lado las fantasías de las leyendas y las historias, para buscar su propio camino. Lucy, se había dedicado a escribir novelas e historias que inventaba o en algunos casos adaptaba las leyendas que alguna vez escucho. Amaba escribir historias del antiguo Egipto y sabía que ese amor se lo debía a sus padres, por más que se quiso alejar de su influencia, no pudo irse muy lejos. Muchas veces, las historias que escribía sentía que eran como pequeñas visiones de una vida pasada y por ratos le preocupaba que toda esa influencia estuviese llevándola a la locura, pero su pequeña amiga siempre la reconfortaba diciéndole que ella también las tenía y que no le parecía tan ridículos ni un signo de locura.

- Sabes algo Lucy.. – Dijo la peliazul mientras desayunaban – anoche volví a tener esos sueños en los cuales me encuentro en medio de unas grandes dunas de arena, en el desierto..

- Yo también tuve ese tipo de sueño Levy.. – Respondió la rubia mientras tomaba un pedazo de tarta que había para acompañar el desayuno – Es como si estuviese en medio del desierto y todos al alrededor se mueven de marera lenta y casi borrosa..

- Pocas veces me paso de soñar de esta forma.. Me provoco una gran angustia porque sentía que esas personas estaban huyendo de algo.. – Agrego Levy al comentario de su amiga ya que ella tuvo el mismo sueño.

- ¿Qué crees que sea lo que pase?.. – Pregunto Lucy afligida por lo que podía estar pasando por su cabeza.

- Quizás.. El eclipse de ayer nos hizo recordar las historias que nos contaron de chica.. Las historias de esas sacerdotisas que salvaron a todos.. – Respondió Levy a la pregunta de su amiga.

- Sabes.. Hay algo que me empezó a molestar hace poco.. – Dijo Lucy mientras se sentaba bien y cambiaba su tono de voz a uno más serio.

- ¿Qué es lo que te molesta?.. – Pregunto Levy preocupada por el cambio de actitud de su amiga.

- Es que.. Últimamente me empecé a cuestionar si realmente son historias que nos contaron de chica.. – Dijo Lucy.

- ¿Qué quieres decir con eso?.. Son las historias que nuestros padres nos leían.. – Dijo Levy como si fuese lo más obvio.

- ¿Estas segura de eso?.. Yo tengo recuerdo de las historias pero no de mis padres contándomelas.. – La rubia hizo una pausa para ver si su amiga también lo había notado.

- Pero eso no podría ser posible.. ¿Cómo sabríamos de ellas si no fuese por nuestros padres? – Pregunto confundida Levy.

- No lo sé Lev.. De verdad que me gustaría tener una respuesta para ello.. Pero dime la verdad.. – Dijo Lucy para luego mirarla con seriedad – ¿Tienes algún recuerdo de ellos contándote las historias?

Levy estuvo tentada a decirle que sí, pero haciendo memoria recordó que nunca vio a sus padres leyéndole algo de Egipto. Todo lo que sabía era por los libros que leyó o por lo que creyó que sus padres le habían comentado pero lo cierto es que no tenía idea de cómo es que conocía tanto sus historias.

- Creo que lo mejor es cambiar de tema Lucy.. No tiene sentido que nos hagamos tanto la cabeza con este tema.. – Trato de terminar el asunto Levy, ya que también empezaba a preocuparse por las cosas que no estaba teniendo una respuesta clara para esos cuestionamientos.

- Tienes razón.. – Dijo Lucy sonriendo como siempre lo hacía – Cambiemos de tema.. Sabes hoy a la noche pienso salir con un chico que conocí hace poco..

- ¿Salir un día de semana?.. Lucy es jueves.. ¿Por qué no esperas a mañana? – Pregunto la peliazul.

- Es que si sale mal.. Tenemos toda la noche del viernes para salir nosotras y vivir la vida jajaj.. – Rio la rubia ante su plan B – Ya no sé cuántas veces fui a citas aburridas, sosas y sin futuros en los últimos años..

- ¿Y cómo se llama el afortunado? – Quiso saber la peliazul.

- Loke.. – Respondió Lucy recordando el nombre del chico – Parece muy bueno y es bastante atractivo.. ¿Y tú Levy?.. ¿Qué paso con ese chico..? Jet ¿verdad?

La peliazul suspiro derrotada, al igual que su amiga, había asistido a muchas citas y todas habían terminado en fracasos, tan derrotada se sentía en ese ámbito que las últimas semanas había dejado de insistir para dedicarse exclusivamente a sus pequeños alumnitos.

- No salió del todo bien.. Había algo que no podía hacer que funcionase.. – Dijo Levy derrotada por su patética vida amorosa.

- Pensé que era a la única que le pasaba.. – Dijo Lucy también derrotada por su vida amorosa – Si quieres puedes venir con nosotros.. Dudo que pasara algo..

- No quiero ser un mal tercio.. Además tengo que preparar todo ya que mañana llevo al museo de historia a los peques.. – Dijo Levy tratando de no cortarle la ilusión a su amiga.

- El museo.. Hace mucho que no voy.. – Comento Lucy recordando cuando iba de chica.

- Si quieres puedes venir con nosotros.. – Propuso Levy.

- No gracias Lev.. Prefiero dormir todo el día después de una mala cita.. – Dijo Lucy.

- No seas tan negativa.. Aun no sabes que puede pasar.. – Trato de animarla Levy.

- Si si si.. Como si fuese la primera vez que salgo jajaja.. – Rio Lucy ante el ánimo de su amiga.

Sin más el par de amigas siguió hablando de otros temas, dejando de lado Egipto por una vez desde que se conocían. Hablaban de hombres, metas, logros, libros y en el caso de Levy, de sus pequeñitos alumnitos. Pasaron las horas y cada una se fue a realizar sus distintas actividades, Levy fue a su escuela donde esperaría que llegaran de a uno sus alumnos, para así poder saludarlos con un tierno beso y una sonrisa.

En el aeropuerto de Magnolia.

De un inmenso avión, bajaba una pequeña de unos quince años, con una larga cabellera azulada, llegaba por primera vez a la ciudad de Magnolia, había escuchado de ella hace un par de años y luego de mucho tiempo por fin podía ir a disfrutarla en unas merecidas vacaciones. Solía trabajar como cuidadora en un hogar de ancianos y como ya comenzaba a ser notorio el hecho de que no crecía, tuvo que tomarse sus merecidas vacaciones para no levantar sospechas, con suerte estas vacaciones le darían una nueva oportunidad de trabajo donde pudiese perderse una temporada y seguir con sus viajes nómadas.

Salió del aeropuerto y tomando un taxi se dirigió al centro de la ciudad. Primero tenía que encontrar un lugar donde vivir y luego podría ver los alrededores.

En la ruta que conectaba una ciudad con Magnolia.

Un par de jóvenes iban por la carretera disfrutando de los hermosos paisajes que se dejaban ver con el hermoso día que hacía y mientras charlaban de la vida. Hace mucho que se habían dedicado al rubro de la gastronomía y se encontraban de paso por Magnolia ya que se habían enterado que había una convención sobre los distintos usos, propiedades y preparaciones de los tubérculos más conocidos, como la papa. En un principio no se habían interesado en ello pero había algo que les decía que debían ir a ese evento. Quizás, algo bueno sacarían de ello para así aplicarlos en sus futuras recetas.

En Egipto.

Erik había logrado conseguir los nombres de los involucrados en sacar al faraón de la tumba donde nunca debió haber salido. Era toda la información que había conseguido y se disponía a seguir investigando pero por unos preciados segundos había cruzado miradas con el arqueólogo a cargo que se hacía llamar Mard y pudo sentir casi la misma oscuridad que una vez vio en su antiguo faraón. Sabiendo que no habría nada más que hacer cuando parecía que el destino tenía todo preparado para desatar una nueva guerra, decidió reunirse con Dreyar ya que donde el estuviese, sería probablemente el punto de reunión de los antiguos siete guerreros. Se sentía sumamente frustrado por no poder detenerlos pero lo cierto es que solo había una forma de acabar con todo eso y era solamente reuniéndose los sietes. Sin más, se dirigió al aeropuerto de la ciudad y salió rumbo a Magnolia, suponiendo que llegaría a la noche del día siguiente.

Mientras, en un hotel, Mard se encontraba frente a la estatua del Faraón. Lo observo por un largo rato, hasta que entendió que era el momento de despertarlo, momento de traer a la vida al temible faraón Acnologia para que hiciese su voluntad y poder cumplir con una obsesión que le fue heredada. Luego de apreciarlo como la obra de arte más valiosa del mundo, comenzó a buscar un libro que era más bien el diario de investigación de su padre, para buscar los sellos que necesitaba hacer para despertarlo.

Corrió todos los muebles que había en la sala de la habitación y alrededor de Acnologia, empezó a escribir en el suelo, distintas marcas que formaron un círculo alrededor de la estatua. Una vez listo llamo a la única persona con la que podía hablar y confiar de qué haría lo que él le pidiese para así asegurarse de que el objetivo se lograra.

- Seilah ven por favor.. – Dijo Mard.

- Sí señor.. – Respondió mientras entraba y cerraba la puerta de la sala - ¿qué necesita?

- Necesito que me cuides y que evites que alguien entre en la habitación.. Nadie puede interrumpir el ritual en el cual voy a entrar para traer a la vida al faraón.. – Le informo Mard para que entendiera la importancia de lo que pedía.

La joven acepto lo que el arqueólogo le pidió y lo vio como escribía diversos sellos en el suelo, frente a los del faraón. Luego lo vio recostarse en el medio, dejando todos esos escritos a su alrededor. Comenzó a recitar en una lengua muerta, lo que tenía que decir para así transferirle la mitad de su promedio de vida. Ese era el sacrificio que debía hacer para poder despertarlo pero sabía que eso no era nada si podía volver a la vida. Con el faraón despierto, podría tener un propósito nuevo de vida y con la posibilidad de que al ser él el nuevo gobernante, se puede apiadar de él devolviéndole sus años cuando estuviese recuperado de nuevo.

Luego de recitar las palabras que le darían vida, ambos cuerpos se iluminaron, dejando al arqueólogo en un profundo sueño y a un faraón que desde los pies, empezaba de a poco a dejar de ser una simple estatua de arcilla.

- Solo debo vigilarlo un día entero.. – Dijo Seilah mientras salía del cuarto para vigilarlo desde el lado de fuera.

Al día siguiente, más de uno se sintió que ese día sería un completo cambio. Todos podían sentir en su interior que algo extraño estaba por suceder.

Lucy al igual que siempre, se fue al departamento de su amiga para así poderle contar sobre su ultimo fracaso amoroso. El sujeto se había comportado como nunca nadie lo había hecho. Comenzó siendo un completo seductor y caballeroso, para que cuando se estaba terminando la velada, se había puesto a coquetear con la moza del restaurant, cuando ella se encontraba frente a él. Se excusó diciendo que tenía mucho amor que dar pero pudo comprobar que simplemente era un maldito mujeriego que no hacía más que buscar chicas por todos lados para así vivir eternamente en su propio harem de bellas mujeres.

- Te juro Lev.. El tipo era un idiota.. – Dijo Lucy mientras se recostaba en la mesa por todo lo que había vivido.

- jejeje.. – Rio Levy ante el comentario de su amiga – Pensar que tú te lo veías venir y yo trate de animarte para no pensar en ello..

- Lo sé.. Es increíble que no pueda encontrar a alguien que valga la pena.. – Dijo apenada Lucy.

- Lu.. Capas que si dejamos de buscar, aparezca por si solo el amor de nuestras vidas.. – Respondió Levy.

- ¿De verdad piensas que lo encontraremos? – Cuestiono Lucy.

- Estoy segura.. Solo deja de buscar que ya solo el amor aparecerá.. – Se animó a decir Levy.

- Te creeré.. Esta noche no pienso buscar a nadie.. Que sea lo que los dioses crean.. – Dijo Lucy un tanto animada para enfrentar a otra posible relación que no llegara a nada – Por cierto ¿hoy vas a ir al museo verdad?

- Sip.. Iremos en un colectivo que alquilo la escuela para llevar a los chicos y desde el museo los buscaran sus padres.. – Le comento Levy a Lucy.

- Si quieres puedo buscarte así hacemos una noche de chica.. ¿Qué dices? – Pregunto Lucy animada.

- Me gustaría mucho – Respondió Levy con una gran sonrisa – te aviso cuando este saliendo así me pasas a buscar..

- Listo! – Celebro Lucy.

Luego del arrebato de alegría, como ya era de costumbre, el par de amigas siguió hablando de miles de cosas que no tendrían nada que ver pero dentro de cada una tenían un presentimiento de que ese día algo les deparaba a cada una y en lo general a todos. Ninguna se animó a expresar sus sentimientos ya que no querían agobiar a la otra con sus tontos presentimiento que siempre giraban en torno a un tema que ya no querían tocar más.

En las oficinas jurídicas del centro de Magnolia.

El anciano sabio había mandado a llamar a sus tres mejores abogados, pero no los buscabas por su profesión más reciente, sino por la que habían tenido hace miles de años. Al principio, se había sentido algo preocupado de tener que explicarle a dos de sus muchachos, algo que sabía que los molestaría muchísimo.

- Hijos míos.. – Comenzó a hablar el mayor cuando consiguió la atención de los tres – Tristemente les tengo que pedir un par de cosas a ustedes tres..

Los jóvenes se miraron algo sorprendidos por la seriedad con la cual estaba hablándoles y sin entender lo que estaba sucediendo.

- Natsu.. – El pelirosa le prestó atención al anciano que le hablaba – Necesito que vayas a un complejo de departamentos y que alquiles uno.. Yo te daré el dinero para ello..

El pelirosa estaba por preguntar a que se debía ese mandado pero el anciano siguió hablando.

- Gajeel.. Necesito que vayas al museo y que averigües todo lo que puedas sobre Mard Geer.. Es un reconocido arqueólogo pero necesitamos saber más de él.. – Dijo el mayor de la sala.

Al igual que el pelirosa, tenia deseos de preguntar y cuestionar pero el viejo evito que pudiese hablar.

- Y tu Laxus.. Necesito que vayas al aeropuerto a buscar a Erik para luego llevarlo al departamento que alquilara Natsu.. – Dijo el viejo.

- ¿Erik? – Preguntaron al mismo tiempo tanto Gajeel como Natsu. Ellos sabían que el viejo mantenía contacto con todos los guerreros pero era la primera vez que llamaba a venir a uno de ellos. Eso no podía significar algo bueno.

- ¿Viejo que es lo que está pasando? – Pregunto Natsu.

- Que Erik venga significa problemas viejo.. Anda y dinos que es lo que está sucediendo.. Desde el día del eclipse que actúas raro.. – Recalco Gajeel.

Laxus miro a su abuelo y bajo la mirada casi al instante para luego cruzarse de brazos a la altura del pecho pero dirigiéndose a la puerta para bloquearlas, sabía que lo que su abuelo les estaba por decir no era nada fácil de asimilar.

- Muchachos.. Es cierto que el hecho de que Erik venga significa que algo está mal.. – El hombre suspiro, se debatía internamente si soltar todo con paciencia o simplemente decirlo de una vez como si se tratara de sacar una curita de golpe para que el dolor se sienta una sola vez y no de a poco. Decidió que era mejor sacar la curita de golpe y así evitar posibles inconvenientes – Lamento decirles esto.. Sé que no los complacerá pero.. – Suspiro con la mirada baja para luego levantarla y decirles lo que menos quería decir – Es probable que en estos momentos el faraón este siendo revivido..

Tanto Natsu como Gajeel quedaron duros en sus lugares. Eso no podía ser cierto. Las mujeres que más amaban en la vida, las únicas de hecho, habían muerto para sellarlo y por años ellos les agradecieron ese sacrificio enorme que hicieron pero todo eso ya no tenía validez si ese ser volvía a la vida. Sería como que su sacrificio nunca existió.

- Tiene que ser una broma viejo! – Grito Gajeel mientras golpeaba su escritorio con las manos hechas puños.

- Me temo que no lo es Gajeel.. Si no es que ya despertó, lo más seguro es que esté a punto de hacerlo.. Es por eso que tien.. – El pobre hombre se vio interrumpido por un pelirosa.

- No nos vengas con eso abuelo! – Grito furioso Natsu – ¡!¿Cómo es que no dijiste nada antes?! Que ese monstro reviva significaría que su sacrificio no sirvió de nada!

- ¡¿Cómo permitiste que eso sucediera?! – Grito nuevamente Gajeel.

- SILENCIO MOCOSOS! – Grito esta vez el anciano, haciendo temblar hasta los vidrios – ¡¿Creen acaso que yo estoy contento con esto?!.. Esto nos puede afectar a todos.. No solo a ellas ni a ustedes.. En honor al sacrificio que hicieron deberían ir y cumplir con lo que les dije para evitar que esto fuera a mayor..

- Me da igual lo que quieras ahora.. Iré a Egipto y acabare con él.. – Dijo Gajeel seguido de Natsu que estaba de acuerdo con él.

Para su desgracia Laxus estaba en la puerta y no los dejaría pasar hasta que juraran cumplir con lo que el abuelo ordenaba. Tanto Natsu como Gajeel lo miraron retándolo a que si no se moviese ellos lo sacarían pero alrededor del rubio comenzaron a salir rayos y sus ojos se escondían tras feroces luminiscencias. Ambos compañeros estaban decididos a seguir con su decisión pero la voz de la sabiduría los volvió a la realidad.

- ir ustedes solos.. Sería un suicidio.. Conocen la leyenda.. Saben que si solos se reúnen en un mismo lugar los siete guerreros recién ahí podrán hacerle frente al faraón.. Pero si deciden ir por su cuenta sería un suicidio.. – Dijo el anciano – ¿Así es como quieren desperdiciar sus vidas por la cual ellas dieron las suyas?.. ¿De esa forma piensan pagárselo?..

Ambos quedaron en silencio y sin moverse. Apretaron los puños, llenos de impotencia por no poder hacer nada y muy a su pesar aceptaron ya que nunca permitirían que su sacrificio fuese en vano.

El rubio al ver que sus compañeros se tranquilizaron, se corrió de la puerta y los dejo salir. Los conocía, demasiado si se tiene en cuenta los miles de años que vivieron juntos, y sabía que irían a hacer lo que el viejo los mando. No había duda, el viejo sabía hacer entrar en razón hasta al más terco animal y por ello sus amigos no se salvaban.

Las horas pasaron y Gajeel muy a su pesar fue hasta el museo a buscar información sobre ese famoso arqueólogo. Mientras más supiese de él, mejor iba a ser la forma de enfrentarlo en el caso de ser necesario. Por su parte Natsu fue hasta los complejos en busca de un buen departamento para su viejo compañero. Laxus había partido para el aeropuerto, sabiendo que en cualquier momento llegaría su viejo amigo Erik.

Gajeel, tuvo que esperar los datos que le podría brindar el director del museo, que era un viejo conocido pero estaba tan concentrado en todo lo que estaba pasando que nunca noto quienes más podían estar en el museo, solo por unos instantes logro escuchar muchas vocecitas de niños pequeños que parecían que estaban en alguna clase de excursión con alguna maestra.

Natsu había demorado un poco más de lo que esperaba cuando se le encomendó dicha tarea. Salió cuando el atardecer ya se hacía presente y se disponía a ir a su vehículo cuando noto que en esa misma playa una joven le costaba arrancar su auto. Al principio quiso seguir su camino pero algo le decía que era mejor ayudar o por lo menos intentarlo.

En medio de la ciudad, un par de hermanos disfrutaba de una caminata con el atardecer a sus espaldas pero algo o más bien alguien llamó su atención. Una hermosa chica que la conocían hace miles de años, se hizo presente. Sin notarlos, la joven volteo y enfoco su vista en ellos y con una amplia sonrisa se acercó. Entre ellos estaban feliz por el encuentro pero lo cierto es que eso no podía ser algo bueno por más que quisiesen verse.

El trio de amigos no notaron que un hombre miraba sorprendido a esos tres reunidos, lo cierto es que ahora si tenía la certeza de que las cosas estaban peor de lo que se imaginaba. Muy a su pesar de tener que explicar de nuevo todo lo que sucedía y podía suceder, se acercó a ellos. El mundo como el que conocían podía cambiar.

En Egipto.

El rugido en una sala de una habitación de hotel, se hizo sentir, haciéndole helar la sangre a todos los ciudadanos. Solo un hombre se encontraba apenas sostenido por su compañera mientras sonreía con malicia al ver la figura que tanto buscaba, con vida.

/-/

Hola! Cómo están? Bueeeeno aquí tienen el cap 2. Como dije antes, los datos que pueda usar sobre este Egipto antiguo, son solo para leer ii disfrutar más que para tomarlos en cuenta. Las cosas pueden ii no ser ciertas así que no se guíen demasiado de lo que escribo.

Me encantaron sus comentarios ii me animaron a no dejar de escribir la historia. El próximo cap será dentro de dos semanas. Espero leer sus reviews! Gracias por tuodoo!

Por cierto esta historia la invente pero si es parecida a otra, juro que lo desconozco. Besazos a todos los que me lean!

ii aquí los saluditos!

Charc93! Para mí también es sumamente interesante el tema de Egipto. Y gracias por la review! De todo corazón lo digo.

NashoDragneel72! Espero saber encaminar la historia así la siguen leyendo o llegue más gente a leerla. Gracias por los ánimos!

Esme-Joycy09! Qué bueno que te gusto! ii por ahora la seguiré actualizando. Gracias por la review!

_¡Mumumuak!_