DISCLAIMER: Todo es creación, imaginación y exteriorización de JKR, nada me pertenece, solo la idea.

Chapter 2: La razón era…

Hermione llegó a la casa a eso de las seis de la tarde, las llaves tintinearon cuando las depositó sobre la mesa, la joven mujer se dirigió a la cocina; una hora y media más tarde tras dejar todo bien preparado, subió las escaleras y llenó la bañera con agua caliente y diversas sales aromáticas, el ambiente se lleno de humo relajante, tomó un bañó de casi media hora, al salir del agua se vistió con un hermoso vestido rojo escarlata, se colocó unos zapatos bastante altos de color negro, y arregló su cabello en hermosas ondas con su varita, se maquillo con rapidez, ya no le quedaba tiempo, Severus estaba a punto de llegar a casa y conociéndolo, como lo conocía, estaba segura de que no tocaría a la puerta, solo se aparecería despreocupadamente dentro de la casa.

Severus se apareció en el vestíbulo de la casa, se quitó el abrigo y colocó su maletín sobre una mesita en la que reposaban unas brillantes llaves plateadas, bufó al verlas.

− Feliz día amor− lo recibió la castaña con una sonrisa enorme y ataviada con un hermoso vestido escarlata y unos zapatos de taco alto, el comedor al lado de la mujer estaba arreglado con un mantel y velas blancas encendidas, de hecho el comedor estaba a oscuras, solamente iluminado por el crepitar de las llamas en la chimenea y las velas sobre la mesa.

− ¿ya que celebramos ahora? – preguntó el hombre− ¿nuestro segundo acostón en Hogwarts? – concluyó con sarcasmo.

− ¡No! –respondió ella alterada− solo pensé que deberíamos celebrar nuestro aniversario, pero me equivoqué, por lo visto a ti eso ya no te importa− su voz se quebró con esa última frase− buenas noches y ¡que disfrutes la cena! – le lanzó lo primero que encontró y subió corriendo las escaleras con lagrimas en los ojos.

Severus subió tras ella y entró en su habitación.

La puerta del baño estaba cerrada por dentro pensó en entrar con magia, pero prefirió esperar a que su esposa saliera. Se sentó en el borde de la cama a esperar.

Al cabo de un rato la castaña salió con un pijama completamente blanco de mangas largas y pantalón, su maquillaje estaba corrido alrededor de sus ojos hinchados y rojos, clara muestra de que había llorado durante largo rato.

Severus se acercó a ella despacio.

−Perdóname cariño− casi susurró a unos pasos de la mujer. –es que mi trabajo en el ministerio… no tuve tiempo ni de…−comenzó el hombre.

− no te atrevas a culpar al trabajo, ni al ministerio −amenazó la castaña con furia, −yo también trabajo allá y tuve tiempo de recordarlo, dejar todo el trabajo adelantado, venir a prepararte una sorpresa y arreglarme para ti− la joven cortó las distancias entre ellos y comenzó a golpearlo fuerte sobre el pecho−y tú me vienes con que ¡no tuviste tiempo de recordar la fecha más importante de nuestras vidas!, o al menos es lo que yo creía, ahora ya no lo sé, parece que tu hace mucho te diste cuenta de que solo es un fecha más en nuestras vidas, probablemente una en la que cometimos el peor error de nuestras …− el hombre la tomó por las muñecas y le dio la vuelta, dejándola con las manos cruzadas sobre el estomago y totalmente inmovilizada.

− No lo digas Hermione −soltó casi con dolor, la castaña calló al instante− sabes que el día en que te hice mi esposa, fue, es y será siempre el momento más importante de mi vida. – Severus soltó una de sus muñecas y entrecruzó su mano con la de ella que aun sostenía, le dio la vuelta nuevamente y beso sus mejillas donde unas lágrimas brillaban. – vamos cariño, que te parece si vamos y disfrutamos de esa hermosa sorpresa que preparaste para mí.

−No Severus la verdad no tengo nada de hambre, − respondió la castaña, con voz suave.

− está bien entonces ven aquí, vamos a dormir− la llevó hasta la cama, y tras convertir sus túnicas en una pijama negra, ambos se metieron en la cama, el hombre la atrajo hacia sí, ella se recostó sobre su pecho y se quedó dormida mientras el acariciaba su cabello.

Desayunaron con rapidez y salieron en dirección al ministerio, al llegar se separaron, cada uno por una entrada, mujeres a la derecha, hombres a la izquierda.

Hermione se encontró con Ginny al llegar, se fueron hasta su departamento charlando.

− ¿Cómo te fue anoche al fin Herms? – preguntó la pelirroja en el elevador. La castaña apartó la mirada de la de su amiga. –Lo siento tanto, pero no te preocupes Herms, es natural que…

− ¿te parece natural Gin? ¿En serio? el hecho de que ya nunca tengo relaciones con mi esposo ¿te parece natural? ¡Llevamos solo cinco años de casados!– la castaña se alteró.

−pues yo solo decía… mira Herms es que a veces las parejas, con el pasar del tiempo… se enfrían, ya me entiendes− Ginny intentó decir pasivamente.

−Pues no lo entiendo Ginny, tú y Harry se casaron incluso antes que nosotros y nada de esto les ha pasado ¿verdad? – Hermione sabía que no era igual, al fin y al cabo, ella y su esposo tenían una gran diferencia de edades y de carácter, es que bueno su esposo era nada más y nada menos que Severus Snape, pero a pesar de tener claro todo eso, Hermione se sentía frustrada por el asunto, sentía que en cualquier momento se pondría a llorar y que ya nada podría detenerla, tenía ganas de golpear alguna cosa, o de pararse en medio del vestíbulo del ministerio y gritar a lo que sus pulmones le permitieran, sabía que tarde o temprano caería derrotada y ya no podría ponerse en pie.

−No te has puesto a pensar, que tal vez Snape tenga una…− Ginny se calló de repente, no sabía porque había dicho eso.

− ¿una que Ginny? ¿Me estás diciendo que Severus me engaña?

−No no Herms, yo no quise decir eso, perdóname, solo… no me hagas caso− se retractó la pelirroja.

Las chicas acababan de llegar a su piso y tuvieron que separarse para entrar cada una en su respectiva oficina, Ginny hizo lo posible para que Hermione olvidara su cometario, pero la castaña obstinada continuo dándole vueltas al asunto durante toda la mañana.

− Frank ¿como estas?− saludó Hermione al compañero de trabajo de su marido− dime ¿me podrías llamar a Severus? – aun no era la hora a la que acostumbraban a irse a su casa, pero después de un día prácticamente desperdiciado, partiéndose la cabeza, la castaña decidió ir a verlo antes. No sabía la razón pero era como si necesitara cerciorarse de que Severus seguía ahí, concentrado y trabajando eficientemente como todos los días.

−Lo siento Hermione, pero el acaba de salir con su asistente, tenían que hacer unas compras importantes para el departamento− era su impresión o el hombre se veía nervioso, Frank se acomodó la corbata−él y Sarah van hacia el callejón Diagon, pero acaban de salir, tal vez los podrías alcanzar si…− el hombre se vio hablando solo, la castaña ya no estaba frente a él, ahora corría rápidamente en dirección a la salida.

Entonces es Sarah, ahora todo concuerda, ya se me hacia raro que siendo un hombre tan ocupado tuviera tiempo para verse con sus mujercitas, pero Sarah su asistente, siempre estaba ahí, podían haber encontrado cualquier momento para…− no lo había notado hasta que cruzó las puertas del ministerio, el frio de la calle chocó contra su rostro y pudo sentir los surcos de lagrimas sobre sus mejillas, estaba llorando.

Severus y la joven rubia estaban volteando en la esquina, el caldero chorreante estaba a dos cuadras del ministerio, así que irían caminando como había supuesto.

Hermione se limpió las lágrimas con la manga del abrigo que llevaba, para luego introducir sus manos en los bolsillos de este y echar a andar con rapidez en dirección a donde la imagen de Severus y Sarah había desaparecido. Estaba decidida, lo atraparía con las manos en la masa. Su marido caería por su propio peso.