~El Mensajero~
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que aquella cosa -evidentemente más alta que ella- emitiera ese potente rugido, y si tenía que ser franca le daba miedo abrir los ojos y enterarse de lo que ocurría. Aunque tampoco era como que tuviera muchas fuerzas como para hacerlo.
En el pasillo tratando de tranquilizar a un iracundo peliazul, se encontraba Miyuki, quien a la vez veía un joven de cabellos castaños que observaba a través del vidrio a su compañera de trabajo que yacía inconsciente.
— ¡Eres un completo estúpido! — Gritó Mako, mirando con rabia a Inōe quien estaba parado desde hacía un buen rato sin decir nada.
— ¡Ya basta! — Llamó la chica poniéndose entre ambos chicos. — ¿Quieres que nos saquen de aquí? — Reprendió a Mako, después de todo estaban en un hospital, no podían hacer escándalo alguno, no si querían seguir ahí y saber del estado de Nozomi.
Llegando con ellos un chico ligeramente más alto que Mako y con el cabello negro. —Continuará inconsciente, aunque no sabemos por cuánto tiempo. — Su voz denotaba un claro y fallido intento de serenidad.
—Ryo. — Miyuki lo miró con pena, realmente era malo tener que llegar al hospital y tener que atender a su hermana él mismo.
Ryo sabía que eso podía llegar a pasar, pero rezaba todos los días para que ni sus hermanas, amigos o algún conocido, tuviese que ser atendido por él, por mucha preparación y por mucha costumbre que se le hiciera ver a gente herida o con crisis nerviosa, sabía que no podía estar en santa paz si se trataba de alguien a quien veía todos los días o que ha visto durante toda su vida.
—Lo siento.
Ryo volteó hacia el poseedor de aquellas palabras, las primeras palabras del castaño -en los últimos dos días-, justamente eran las que menos quería escuchar. Se le notaba preocupado, como si la culpa fuese suya en su totalidad, cosa que no era, él no tenía la culpa.
— ¿Disculpa? — Sonó dudoso el mayor.
—Él es Shunya Inōe, es compañero nuestro. — Dijo Miyuki, en un intento de hacer que Ryo e Inōe, quitasen ese semblante, medio muerto.
Ryo lo observó detenidamente, podía notar lo mal que estaba el chico. Lentamente se acercó y puso su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Inoue. —Está estable. — Shunya apartó la mirada del vidrio para atender al mayor.
— ¿Qué? — Preguntó dudoso.
Ryo sonrió tenuemente. —Dudo que estés en paz viéndola desde aquí, así que... como ella está estable, puedes pasar a verla.
— ¡¿En serio?! — Cuestionó Mako.
Ryo asintió, Mako caminó hacia la puerta de la habitación dispuesto a ver a Nozomi, sin embargo fue detenido.
— ¡Miyuki, ¿qué demonios crees que haces?! — Reprochó mirando a la chica.
—Tú ya has estado sacando tu frustración a insultos y yo la he sacado regañandote, Shunya por el contrario se ha quedado callado todo el tiempo, es justo que sea él quien pase a verla, inclusive Ryo quien tiene más derecho a estar con ella ha decidido dejarle entrar. — Miyuki era chica con carácter y muy racional, a diferencia de Mako.
—No me pongas una capa. — Dijo Ryo. —Ya le vi antes de que ustedes llegaran, bueno... — Guardó silencio y regreso la mirada al castaño, quien para sorpresa de los otros dos ya había entrado a la habitación.
—Es rápido. — Pensó la pelinaranja.
~0~
— ¿En dónde estoy? — Abrió los ojos con dificultad. —Un techo... de madera. — Dijo en un suave susurro.
Fue ahí cuando una oleada de imágenes azotó su cabeza. Primero la voz que le decía que corriera, luego el ente maquiavélico que le había tomado de las piernas, los niños jugando, el mismo ente o mejor dicho la presencia de ese ente acosándola en el trabajo, aquella cosa enorme con la que chocó y luego...
— ¿Por qué nunca obedeces?
— ¡¿Quién está ahí?! — Gritó sentándose de inmediato, pero no había nadie, aparentemente, fue en ese preciso momento que notó la habitación. — Yo... Yo recuerdo haber visitó a mi hermano, estaba en el hospital, estoy segura. — Murmulló asustada.
Se levantó del futón y caminó hacia la puerta, con gran sigilo la recorrió, rezando para que esta no emitiese ruido, y efectivamente la puerta parecía ser su aliada y le permitió salir sin ser "detectada", a unos cuantos pasos estaban las escaleras bajó por ellas con sumo cuidado.
Había un gran pasillo, no se veía nada más que los tablones del piso, caminó hasta topar con otra puerta corrediza, la abrió y notó un gran patio teñido de verde a causa del pasto que yacía ahí. Salió hacia ese patio, aún temerosa.
—Tú no entiendes. — Escuchó una voz atrás de ella y volteó inmediatamente, para su horror no había nadie. —Regresa a la habitación, aún estás débil.
Tenía miedo, miedo de escuchar esa voz y no ver a nadie, aunque no sabía si era mejor así o saber qué forma tenía aquello que le hablaba.
—Saeki.
— ¿Shunya? — Llamó mirando al cielo, a diferencia de la otra voz, la del castaño parecía provenir de ahí.
—Vez, te están llamando, ve a la habitación. — Otra vez esa voz, dejó de cuestionar y se encaminó de nuevo a la habitación, por el momento parecía lo mejor.
~0~
—Saeki, sé que dijeron que estarás así por más tiempo, pero me gustaría que abrieras los ojos, aunque fuese por un momento. — Tomó la mano de la chica y la apretó suavemente. No recibía respuesta alguna por parte de ella, seguía inconsciente después de todo.
~0~
— Insisto, ¿en dónde estoy? — Entró a la habitación y la observó con detenimiento, notó una ventana y se dirigió a ella, suavemente la abrió y obtuvo una vista panorámica y envidiable, aquel lugar parecía ser una hacienda o algo por el estilo.
—Saeki, despierta.
—Shunya.
— ¡Una vez más!
Escuchó un grito, dirigió su mirada hacia el patio que había visto, en el vio lo que parecía ser la silueta de...
— ¿Gatos? — Mininos, no cabía duda, aquellas sombras regordetes eran felinos, y claramente se escuchaba un ronroneo, así que debían ser gatos. —Cuando bajé a ver no había nada. ¿Qué está ocurriendo? — Regresó nuevamente al patio, con la esperanza de encontrar a alguien y saber en dónde estaba, aunque una parte de ella temía de lo que podía encontrarse. Pero nada, ni rastro había de los gatos, suponiendo que fuesen gatos. Una luz cegadora la tomó por sorpresa. Lentamente abrió los ojos, encontrándose de nuevo con un techo. —Blanco. — Murmuró.
— ¡Nozomi! — Gritó feliz.
—Tsubaki. — Llamó a la chica de cabellos ocre que estaba frente a ella con lágrimas en los ojos.
Esta salió corriendo de la habitación. — ¡Nozomi, despertó! — Gritó apenas puso un pie fuera de la habitación. En frente de la habitación estaban los compañeros de trabajo de la bella durmiente, quienes sonrieron al escuchar que la chica había recobrado la conciencia. — ¡Iré por un doctor! — Dijo corriendo en busca de doctor, una enfermera o de Ryo, alguien que fuese a revisar a su hermana, principalmente para cerciorarse de que todo estuviese en orden.
En la habitación mirando con sumo detenimiento todo a su alrededor estaba Nozomi. —Es el hospital. — Pensó deteniendo su mirada en alguien.
—Perdona mi atrevimiento, pero quería asegurarme de que de verdad estuvieras despierta. — Sonrió amablemente al verla.
—Shunya. — Le llamó, mientras algo en su interior le pedía a gritos que se levántese, y de gusto lo hubiese hecho de no ser por la enorme debilidad que sentía. —Perdona que no corra a abrazarte. — Dijo sin pensarlo, al terminar de pronunciar aquellas palabras un rubor apareció en sus mejillas.
¿Por qué quería abrazarlo?
Curiosamente el chico frente a ella, también se ruborizó, quizás él también deseaba abrazarla, para ambos de cierta forma había pasado mucho tiempo, como si hubiese pasado un año o un siglo, quien sabe, el punto era que parecía que no se hubiesen visto en mucho tiempo.
—Esto… yo… — No sabía cómo componer lo que había dicho, ahora deseaba que la tierra se la tragara.
Inōe se acercó hasta poder sentarse en la cama. —No te preocupes. — Dijo sin desaparecer aquella amable sonrisa de su rostro. —A mí también me alegra verte. — Confesó. —Siendo honesto a todos les dará gusto.
— ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? — Preguntó la chica, cosa que hizo que el castaño cambiara bruscamente de expresión.
—Tres días. — Contestó.
Y nuevamente otra oleada de imágenes le azotaba. Aquella hacienda, la silueta de los gatos, pero había una que le intrigaba más, y era aquella justo después de oír el rugido y a alguien que le decía que nunca obedecía, era un animal, estaba segura de haber visto unas patitas, aunque no lograba recordar con claridad.
—Shunya. — Llamó un poco alterada, el mencionado por su parte le dio a entender que la escuchaba. — ¿A dónde fue?
Él la miró extrañado. — ¿Quién? — Mostró su duda.
—La cosa gigante que me tiró. — Dijo ella moviendo las manos de arriba abajo, parecía que el cansancio había desaparecido.
—No te alteres. — Dijo un hombre con bata blanca, mientras cerraba la puerta detrás de él.
Inōe se levantó inmediatamente, sabía que no debía estar ahí, no sin autorización de un médico y menos con una paciente que había permanecido 3 días inconsciente.
—No se altere por favor, no es bueno para su salud, puede recaer en una crisis nerviosa. — Explicó aquel hombre.
— ¿Crisis nerviosa? — Hizo un claro gesto de incomprensión hacia el médico. —Yo no he tenido ninguna crisis nerviosa. — Dijo segura de sus palabras.
Aquel comentario puso a ambos varones en la habitación sorprendidos.
—Saeki… — Habló con un poco de miedo el más joven de los dos, lo que menos quería era que su compañera se alterase. — ¿No recuerdas nada? — Pedía a Dios que aquella pregunta no alterara a la chica, pero muy por el contrario…
— ¡Claro que recuerdo las cosas! — Soltó de golpe. —Les platiqué del ente que me seguía y aquella noche le volví a oír, fue por eso que salí corriendo de la cafetería. — Explicó lo que ella creía que sería obvio para el castaño.
— ¿De qué hablas? — Preguntó temeroso.
—Esto no puede estar pasando. — Pensó frustrada, ¿de verdad nada de eso había pasado?, no, ¡De ninguna manera!
Aquello era cierto, ella lo sabía perfectamente, ¿entonces porque nadie lo recordaba? — ¡Las luces se apagaron de repente y salí corriendo de la cafetería! — Gritó el pasado acontecimiento.
—Saeki… — Temía por la chica, se le notaba totalmente alterada. —Terminaste tu turno y te retiraste. — Dijo el chico. —Después se escuchó un grito tuyo, Higarashi y yo corrimos y bueno… — Se detuvo, no sabía si era buena idea decirlo o no, en el estado en el que estaba Nozomi, quizás decir que estaba siendo atacada por un acosador o posible ladrón -para todo caso le estaban molestando-, no fuese lo mejor.
Ella, con la respiración agitada luchaba por comprender qué estaba pasando, ¿Cómo era que nadie recordase la creepy historia?
~0~
La curiosidad mató al gato, eso decía aquel viejo y reconocido dicho. —Pero yo no soy un gato. — Susurró un joven de cabello azul, quien hartó de que Inōe se tomase libertades -como entrar y salir de la habitación de Nozomi- se decidió a entrar, después de todo ya había entrado el médico y aquél renacuajo ya debía haber salido de ahí, apenas logró asomarse notó lo alterada que estaba la chica y entró sin titubear, cerrando de un portazo.
Corrió hacia la chica y como si el culpable de toda la desgracia fuese el chaparro. — ¡Imbécil de mierda!, ¡¿Qué le dijiste?! — Gritó y demandó una explicación, todo en esas simples frases.
—Sólo le dije que terminó su turno y se salió de la cafetería. — Explicó el pequeño, poniéndose nervioso. Mako volteó a ver a la chica.
—Mako, eso no es verdad, choqué con algo enorme que rugió. — Dijo tratando de ocultar su alteración.
—Nozomi... todo lo que dijo el renacuajo es verdad. — Ahora veía que el castaño de verdad no había hecho nada malo.
~En La Cafetería Sunset~
Manteniendo el lugar activo y pidiéndoles tranquilidad a algunos clientes -mismos que se enteraron del siniestro de Nozomi y preguntaban por su estado, incluso algunos rezaban por su pronta recuperación-, estaba una pelinaranja, quien iba de un lado para otro. Regresó al mostrador y soltó un leve suspiro.
—Miyuki. — La llamó una chica.
— ¿Ah?, Temi. — Dijo atendiendo al llamado de una pelivioleta. — ¿Qué pasa? — Dijo llegando a su lado.
—Han pedido un cupcake special. — Dijo poniendo una notita sobre el mostrador.
—Enseguida. — Dijo la otra.
~En El Hospital~
Ahora ya más tranquila, Nozomi trataba de entender lo que ocurría, no quería que le pusieran un sedante, por lo que optó por ser ella misma quien se calmase, además ahora tenía nuevas dudas, primero ¿qué era esa cosa con la que chocó?, ¿quién le regañaba?, ¿qué lugar era ese?, ¿era un sueño?, ¿era real?
—La cafetería. —Preguntó a los chicos que estaban con ella. —Si ustedes están aquí, ¿quién está con Miyuki y el señor Kobayashi? — Preguntó mirando a ambos.
—Kamikita ha tomado el rol de mesera. — Dijo Inōe.
— ¿Terumi? — Preguntó incrédula.
—Así es, ella misma se ofreció. — Explicó Mako.
Nozomi bajo la mirada, Terumi no era una chica muy sociable, tampoco era mala, simplemente era el tipo de persona que no se enteraba de nada, prácticamente estaba en su mundo.
~En La Cafetería Sunset~
—Buen trabajo. —Dijo el dueño de la cafetería.
Ya habían cerrado y ahora acomodaban y limpiaban el lugar.
—Señor Kobayashi. — Habló Terumi. — ¿Cómo puede decir eso?, Saeki sigue hospitalizada. — Dijo en un suave tono de molestia.
No le molestaba la ausencia de Nozomi, tampoco era que se alegrará, lo que le molestaba era la aparente actitud vale madre de su jefe.
—Lo sé, pero no podemos dar una impresión de desaire, además la señorita Saeki regresará con nosotros. — Dijo el hombre.
Terumi estaba a punto de decir algo, sin embargo fue detenida por Miyuki. —Tsubaki marcó hace rato. — Terumi hizo una leve mueca, pues ella no se había enterado de dicha llamada. —Dijo que Zo ha despertado. — Dijo contenta, ante aquello Terumi suavizó la expresión.
Terminaron de recoger y fueron a cambiarse, Miyuki se daría una vuelta por el hospital, primero para ver a Nozomi y en segundo para regañar a ese par.
~En El Hospital~
En la ventana de la habitación de Nozomi había una ardilla, misma que observaba de manera atenta todo lo que pasaba dentro de esta.
—Eso fue lo que pasó. — Dijo terminando su explicación.
—Mako... — No estaba muy segura, sabía que si volvía a decir su versión de las cosas le creerían loca, y si quería respuestas debía de saber quién o qué les había montado esa película. — ¿Detuvieron al sujeto? — Preguntó basándose en la versión de sus compañeros.
—Este estúpido no fue capaz de retenerlo. — Dijo reprochándole al castaño, mismo que no hizo otra cosa más que volverse pequeño ante la iracunda mirada de Mako.
Aunque quisiese defenderse del mayor, sabía que este tenía razón.
—B-bueno. — Habló el chico que ahora parecía un chibi a comparación de los otros dos. —E-es cierto que no pude detenerlo, pero… no volverá a molestarte Saeki. — Dijo seguro de sus palabras.
Nozomi no estaba del todo segura, después de todo ella sabía que las cosas no eran como los chicos le decían, sin embargo los veía muy convencidos de aquello por lo que debía indagar más sobre aquel suceso, aunque le daba pavor saber que pudiese descubrir. —Ok. — Dijo sonriendo, sin embargo un leve escalofrío le recorrió la espina dorsal, cuidadosamente comenzó a buscar algo que le dijese el origen de aquella sensación y para su sorpresa vio que en la ventana de su habitación había un pequeño roedor que tenía la mirada clavada en ella. —Ardilla.
— ¿Qué? — Dijo Mako y miró hacia donde la chica veía, pero él no veía otra cosa que no fuese el tenue reflejo de ellos. —Nozomi, ahí no hay nada.
—Te equivocas. — Mako volteó a ver a Inōe quien al igual que Nozomi, mantenía la mirada clavada a la ventana.
— ¿De qué hablas? — Dijo alzando una ceja.
—De verdad había una ardilla ahí. — Dijo tratando de no sonar incómodo por la presencia del roedor.
—Shunya, ¿le viste? — Preguntó la chica ligeramente alterada, no le molestaba el roedor en sí, pero si la forma en la que la miraba, porque la estaba mirando, muy detenidamente.
—Sí. — Dijo sin apartar la vista del vidrio.
—Es sólo una ardilla Nozomi. — Reclamó Mako por el ligero pero inmaduro -según él- comportamiento de la chica.
—Aunque sea una ardilla, es raro que esté aquí. — Habló seria.
—Sigo sin ver porque te alteras. — Confesó el peliazul.
—No hay ardillas en la ciudad, o al menos no por esta zona. — Dijo Inōe manteniendo aún la vista en el vidrio. —Si estuviésemos cerca de un parque se entendería por los árboles, pero en esta zona hay demasiados edificios, las ardillas no son criaturas a las que les gusten los lugares tan ruidosos. — Hasta él había notado la mala vibra del roedor.
—Bueno si lo pones así… si es raro, pero no es para tanto. — Dijo restándole importancia a la situación.
Por su parte los otros dos solo optaron por dejar el tema por la paz.
—Aun así. — Pensó el castaño.
En la recepción del hospital llegaba una pelivioleta. —Disculpe. — Llamó a una de las enfermeras. — ¿Cuál es la habitación de la señorita Nozomi Saeki? — En cuanto terminó de solicitar aquella información la enfermera comenzó a buscar en el sistema. Mientras la información le era facilitada miraba alrededor. —Es raro, creí que Miyuki estaría aquí.
—La señorita Saeki está en la habitación 15 en el primer piso. — Respondió la enfermera, recibiendo como respuesta un "Sí, gracias".
Sin más que hacer se dirigió a la habitación de su compañera. Soltó un suspiro y clavó su vista al display del elevador, no demoró mucho en llegar al primer piso, salió del elevador y comenzó a mirar los números de las puertas.
No tardó mucho para dar con la habitación 15 y no por el número, sino porque a través de la ventana de esta se veía a una chica sentada en una cama acompañada por dos jóvenes uno alto de cabellos azules y otro de la misma estatura que su compañera. —Ya, creo que tiene demasiadas visitas. — Dijo en un suave susurro.
Su idea ahora era esperar a que alguno de los chicos saliese, pero aquello se vio frustrado por una mano que tocó su hombro.
—Me dijeron que Zo está bien, así que podemos entrar nosotras también. — Se trataba de Miyuki.
—Creí que ya estarías aquí, Miyuki. — Habló volteando a manera de quedar frente a frente con la chica.
—Ah, bueno fui a comprar este ramo para Zo. — Dijo sonriendo y mostrando el pequeño pero precioso ramo de narcisos y crisantemos, mismos que estaban acomodados de forma que parecía un oso.
La chica de cabellos violetas observó aquel ramo y regreso la vista hacia la habitación. —Anda vamos. — Habló Miyuki tomándola de la mano y entrando a la habitación.
— ¡Hola! ¡Hola! — Dijo de forma cantarina la chica del ramo, ganándose la atención absoluta de los otros tres.
—Kazahara. — Dijo Inōe al verla.
—Hasta parece que te molesta mi presencia. — Dijo fingiendo estar ofendida.
—No, no es eso. — Dijo el chico tratando de evitar que su compañera se ofendiera.
—Eres tan inocente. — Pensó enternecida Miyuki.
—Terumi. — Dijo la pelinegra, quien parecía ser la única que se había percatado de la presencia de la mencionada.
—Ah. — La mencionada dio un pequeño salto, socializar no se le daba muy bien, era natural que se pusiese nerviosa, de hecho ese era uno de los motivos por los cuales se mantenía en la caja, ahí no tenía que tratar directamente con los clientes, pero eso ya es harina de otro costal. —Hola Saeki. — Habló acercándose a la pelinegra.
—Hola. — Saludo la mencionada, logrando que Terumi relajará un poco la expresión.
—Am, sé que te gustan los peluches así que te traje esto. — Dijo dándole un pequeño peluche de Eevee. —No sé si Pokémon te guste pero… — Quedó muda al ver que los ojos de la chica brillaban de una forma bestialmente inusual.
— ¿Sa-Saeki? — Le habló Inōe al notar el comportamiento de la chica. — ¿Estás bien? — Volvió a tratar de llamar la atención de la chica sin lograrlo.
—Le ha dado en su mero mole. — Pensó Mako entrecerrando los ojos, sabía que Nozomi adoraba a Eevee, le gustaba Pokémon -y era información de dominio público que no sabía mucho, al menos no más de lo que podía adquirir por los juegos y el manga- por lo tanto un peluche de Eevee era el mejor obsequio.
— ¿Saeki? — Esta vez fue la Terumi quien le llamó.
—Tranquilos. — Pidió la Miyuki. —Ella AMA a Eevee, ahora mismo está en su Pokémundo. — Dijo la chica mirando a su amiga.
— ¿Qué? — Soltaron al unísono Terumi e Inōe.
Mientras que los otros dos sonreían complacidos, pero más Mako. —Quizás con Eevee, Nozomi deje de "inventarse" historias raras.
— ¡Gracias! — Dijo tomando el Eevee y restregándolo con su mejilla.
A los cuatro les resbaló una gotita.
— ¿Ella siempre ha sido así? — Pensó Inōe.
El tiempo pasó y Miyuki se había encargado de poner al tanto a Nozomi de todo lo ocurrido en la cafetería, estaba tan entretenida explicándole que olvidó reñir a los otros dos.
~En La Casa De La Familia Saeki~
— ¿Y bien? — Preguntó la menor.
— ¿Qué? — Respondió Ryo.
—No te hagas el tonto, ¿qué pasa con Zombie? — Preguntó ansiosa. —Ya despertó eso significa que está bien, el doctor Tozaki no me dijo nada y tuve que regresar rápido a casa por un trabajo de la escuela. — Dijo, anticipándose a la pregunta que le haría su hermano -esa del por qué no se esperó hasta que el doctor pudiese hablar con ella-.
Ryo observó con detenimiento a su hermana, si tenía que ser honesto entendía la posición de Tsubaki e inclusive apostaba lo que fuera a que si los papeles estuvieran invertidos él también estaría igual que ella.
—La revisaron y está bien, sólo fue una fuerte crisis nerviosa, mañana temprano la darán de alta y podrá regresar a casa aunque es probable que le manden algunos días de reposo. — Explicó mirando la mesa.
— ¿Días de reposo? — Repitió dudosa. —Pero pasó tres días inconsciente, ¿me vas a decir que necesita más descanso?
Ante aquello Ryo soltó una pequeña risa nasal.
—No le veo la gracia. — Reprochó la castaña.
—Es cierto que Zombie estaba inconsciente, pero eso no significa que su actividad cerebral fuese la de una persona que está descansando, inclusive sin estar activa físicamente, su cerebro estaba trabajando por lo tanto está mentalmente agotada. —Dijo tratando de que Tsubaki entendiese todo.
— ¿Siguió activa? — Susurró.
Ryo asintió con la cabeza dejando así a su hermana en una laguna mental, ella había entendido, la mayor parte de lo que dijo, pero aun así no entendía eso de actividad cerebral. Decidió dejar el tema, no porque no le interesara sino porque mañana su hermana regresaría y lo que menos quería era estar con cara de preocupación, sabía que Nozomi se incomodaría por ello.
~0~
—No he notado nada inusual, sólo una carnada.
—No debe tardar en aparecer.
~0~
Al día siguiente, Nozomi seguía tratando de explicarse el cambio drástico de las historias, y por más que trataba no encontraba ninguna anormalidad -aparte de la diferencia de lo ocurrido y lo que le contaban los muchachos- y por más que recordaba o trataba de hacerlo no le venían imágenes más allá de las siluetas felinas y el rugido.
—Terminare con dolor de cabeza. — Susurró fastidiada. —Además… — Seguía intranquila por el roedor de la tarde anterior. —Quizás Mako tiene razón y no es nada de lo que deba preocuparme.
~0~
—Debes hablar ya.
—Espera, aún es pronto.
—Esta vez lograste interferir, pero no lo lograras a la otra.
—Lo sé, procuraré hacerlo lo más pronto posible.
—Recuerda que nosotros también estamos involucrados~nyu.
—Sí.
~Viernes 7:00 a.m~
—Bien señorita Saeki, puede ir a casa. — Dijo el médico Tozaki, entrando a la habitación de la chica.
—Bien. — Dijo su hermano. —A partir de ahora debes estar más tranquila, nada de estrés. — Dijo sonriéndole.
—Claro… Por lo visto a Ryo también le montaron esa película. — Le seguía sabiendo mal que todos creyesen en la historia del acosador, pero no podía hacer nada, ahora sólo podía seguirles la corriente y esperar encontrar algunas pistas, después de todo, por instrucciones médicas tenía que estar 2 semanas en reposo.
—Vamos a casa. — Dijo ayudándola a ponerse de pie.
—Ryo, puedo hacerlo yo sola. — Dijo riendo ante el comportamiento de su hermano.
—Lo sé, pero prefiero no correr riesgos. — Soltó divertido.
Iban saliendo de la puerta del hospital cuando vio a una hermosa mujer de cabellera larga hasta la cadera, misma que estaba parada en la acera del frente. Aquella mujer no apartaba la vista de ella.
—Entonces… tú eres Nozomi Saeki. — Tenía la vista clavada en su totalidad en la chica de cabellos negros. —No sé si no le gusta la moda o solo es porque acaba de salir del hospital. — Pensó al ver la sencilla vestimenta de la chica, la cual consistía en un pans gris y una blusa con pequeñas flores bordadas.
— ¡Shizuka! — Alguien captó la atención de aquella mujer.
—Shunya. — Dijo ella al ver quien le llamaba.
— ¡No te me desaparezcas así! — Reclamó el pequeño -de estatura-.
—Perdona. — Dijo sonriéndole.
— ¿Qué hace Shunya con esa mujer? — Pensó Nozomi.
—Bien vámonos. — Habló su hermano. — ¿Nozomi?
— ¿Eh? — Balbuceó sin entender o siquiera recordar que le estaba diciendo su hermano.
—Que nos vamos a casa. — Repitió este alzando una ceja.
—Ah, sí. — Respondió, regresando suavemente la mirada a la cera del frente y para su suerte observaba como aquella mujer se marchaba con su compañero.
Siguió con la mirada hacia donde iba el otro par notando como aquella mujer tomaba del brazo al chico que era más bajo que ella mientras ambos se sonreían dulcemente.
Nozomi subió al taxi que Ryo había pedido y emprendieron el viaje hacia su casa, se sentía incómoda, no por el hecho de que nadie le creyese, que en si eso también le sacaba de lugar, sino que después de ver aquella chica y la forma en la que se trataba con el castaño le había generado una especie de ansiedad.
Quizás no tenía nada que ver con el chico, quizás sólo era que aún seguía inconforme con lo que los demás decían, pero para todo caso, no quería pensar más en ello, quería descansar de toda esa locura.
~0~
— ¡Bien! — Llamó una voz femenina. — ¡Todo está listo! — Dijo contenta.
~Viernes 12:00 p.m~
Caminaba un animalito por una de las calles de la ciudad, para ser medio día el lugar estaba muy callado, cosa que era un poco inusual, pero tampoco podía pedir que hubiese mucha gente, no después del incidente que había ocurrido hace unos días.
Aunque eso no era lo que le interesaba en esos momentos. —Debe estar por aquí~nyu. — Dijo en un suave susurro, no quería que las pocas personas que estaban ahí la escuchasen o lo que sea que estuviese buscando, definitivamente era importante, o al menos así parecía. —Debe estar por aquí~nyu. — Dijo continuando su búsqueda.
— ¿Ya lo hallaste? — Se escuchó una voz femenina.
Misma que obligó al animalito a voltear, para encontrarse con una mujer de ojos púrpura-rojizos y cabello tan negro como el mismo universo, o quizás aún más oscuro, le era difícil saberlo, sólo sabía que ese color le daba un aura siniestra a la chica. Retrocedió unos cuantos pasos, no sabía quién era esa mujer, ni si le había escuchado, pero por lo que había dicho, parecía que sí.
— ¿Qué pasa pequeña? — Preguntó en un tono ligeramente amenazante. — ¿Te comieron la lengua los ratones? — Volvió a usar aquel tono.
Cosa que le erizó el pelaje al animalito. —No sé quién sea, pero definitivamente no es alguien normal, ni mucho menos bueno~nyu. — Comenzó a retroceder aún más, definitivamente debía alejarse de esa mujer.
—No huyas pequeña. — Dijo mientras una sonrisa de lo más tétrica se posaba en su rostro y alzaba levemente su mano, misma en la que portaba lo que parecía ser una espada de tamaño medio.
— ¡Una Wakizashi~nyu! — Dijo sorprendida al ver el tipo de espada.
—Veo que sabes de espadas… — Dijo mientras desenfundaba el arma. —Eso significa que el Saniwa está cerca, o mejor dicho… Aquellas palabras pusieron en alerta al animal. — ¡Que ya le encontraron y piensan despertarle! — Gritó lanzándose a la pequeña, esta con gran habilidad -y una ligera torpeza- esquivó el ataque. — ¡No te dejaré ir! — Gritó de manera amenazante. —Lo que estás buscando es su amuleto de protección celestial. — Dijo segura, cosa que le puso los nervios de punta al animalito.
—Entonces… ella sabe quién es Saniwa… de ser así… ¡Estamos en problemas~nyu! — Pensó asustada.
Mientras aquella mujer volteaba a verla. —Pequeña, fue muy estúpido de tu parte, perder el amuleto de tu Amo. Nuevamente se lanzó a la pequeña. —Parece ser que Inari ya no entrena bien a sus mensajeros. — Dijo lamiendo el pequeño hilo de sangre. —Antes los zorros estaban mejor entrenados, pobre de tu Amo, tiene a una inútil como ayudante. — Dijo de manera cruel mientras soltaba una malvada risa. —Bueno te ahorraré la vergüenza de ser un Kitsune Zenko inútil. — Dijo lanzándose de nuevo hacia la pequeña.
— ¡Protección! — Dijo la pequeña, creando un campo que repelió el ataque de aquella mujer y la mandó contra la pared.
— ¡Maldita! — Gritó la chica, poniéndose de pie y sacando de tras de ella otra espada.
—Una Tanto~nyu. — Miró atentamente la espada. —Esa empuñadura… ¡Gokotai~nyu! — Grito alarmada, rápidamente corrió hacia la mujer y se abalanzó sobre ella para poder arrebatarle la Tantō, sin lograrlo, al menos no del todo, ya que apresó con su pequeña mandíbula la mano de aquella mujer, haciendo que esta agitará el brazo para deshacerse de su agarre -y lo logró, solo que también terminó perdiendo la Tantō- cosa que le puso de pésimo humor.
— ¡Bastarda! — Gritó con voz de ultratumba, cosa que aterró a la zorrito y la obligó a ocultarse bajo un contenedor de basura.
¿Cómo demonios era que la gente no se asomaba con tanto escándalo?
—Debo de encontrar a Gokotai y el amuleto de Saniwa~nyu. — Susurró, lo último que quería en ese momento era que aquella desquiciada le encontrase. —Me duele~nyu. — Miró a su colita misma que tenía una ligera cortada. —Debo entrenar más~nyu. — Bajó sus orejitas al escuchar un gran estruendo.
Aquella loca estaba tirando todo a su paso para poder dar con la zorrito y también con la Tantō. Estaba decidida a irse, sin embargo un ligero aroma a mango, sandía y otras frutas que en ese momento no recordaba, comenzaron a guiarla por debajo de aquel contenedor.
—Ese aroma… es de Saniwa~nyu. — Se acercó más a la pared y ahí, encontró lo que parecía ser una pequeña placa aunque no estaba segura de que material era, parecía metal, sin embargo, no parecía ser uno conocido por el hombre. —Esta cosa desprende el aroma de Saniwa~nyu. — Lo miró con sumo detenimiento y a su vez olfateó aquel objeto con el fin de asegurarse de que esa placa fuese el origen del aroma. —Este debe ser el amuleto celestial. — Dijo tomando aquella placa y ocultándola entre el pelaje de su cabeza. —Ahora debo encontrar a Gokotai e irme~nyu. — Dijo segura de sí misma y comenzó a avanzar, mirando atentamente el lugar.
La Tantō debía estar cerca, en algún lugar, y debía encontrarle antes que esa mujer, o de lo contrario nada bueno pasaría, aquella Wakizashi era más una acumulación de espíritus malignos menores, pero Gokotai no, a saber lo que esa mujer haría con él.
Harta de no poder ver demasiado, se aseguró de no estar en el campo de visión de la mujer y salió de su escondite.
— ¡Geek!
Escuchó un chirrido que la obligó a voltear a sus espaldas. Lo que vio, le aterrorizó al punto de no ser capaz de moverse.
— ¡Ya era hora de que vinieran, estúpidos! — Dijo la chica de ojos púrpura-rojizos. — ¡Definitivamente son unos ineptos! — Dijo mirando a las Tantō.
—T-t-t-t-t-t-t-t-tantō del ejército… — Susurró la zorrito comenzando a temblar, le superaban en número, de manera abrumadora, sin contar que la chica hablaba con las Tantō y que encima, el miedo le había paralizado.
—Hasta aquí. — Dijo aquella mujer de manera amenazante.
Comenzó a acercarse a la zorrito levantando la Wakizashi y dejándola en ángulo recto, con la punta de la espada hacia abajo.
— ¡En efecto! — Se escuchó otra voz.
— ¡¿Qué mierda?! — Fue lo único que la mujer alcanzó a decir antes de recibir un fuerte golpe del lado izquierdo.
— ¡Miki! — Llamó a la zorrito que ya hacía inmóvil. Rápidamente corrió hacia los contenedores de basura, dio un salto que le permitió golpear a unos cuantos enemigos. — ¡Miki reacciona! — Llamó nuevamente a la otra.
Esta aduras penas comenzó a despabilar. —Ma-ría,… — Dijo en un tenue murmullo.
Frente a ella otra Kitsune, ligeramente más grande que ella, -aunque aún poseía el tamaño de un zorro normal- misma que tenía el pelaje de tono durazno.
— ¿Qué pasa? — Le preguntó la mencionada. — ¿Tan asustada estas que ya no agregas el "~nyu" en tus oraciones? — Dijo burlona, no era que quisiera burlarse de ella, sólo quería que la pequeña sacase un poquito de su carácter, al menos lo suficiente como para recuperar el movimiento.
—Otro maldito mensajero. — Dijo cabreada la chica que segundos atrás había sido derribada por María, y por lo visto odiaba demasiado a los Kitsune. —Y encima tenías que ser tú… ¡María! — Gritó, sin embargo el nombre lo había dicho con total y determinante odio.
—Hermana, ¿le conoces? — Preguntó Miki.
— ¿Hermana? — Repitió la chica, con suma duda. Antes sólo atacaba, ahora veía detenidamente a la zorrito que antes había atacado, tenía el pelaje de un tono similar al de María sólo que un poco más claro y parecía irse degradando hasta obtener un tono grisáceo claro. Soltó una risa nasal y encima sonrió de manera siniestra. —No pierden el tiempo, ¿eh?
Aquellas palabras confundieron aún más a Miki, quien apenas atinó a acercarse más a su hermana mayor.
—Miki. — Le llamo María. —Gokotai está justo a 60 cm detrás de ella. — Le dijo en un murmullo que para su suerte sólo la pequeña Miki pudo oír.
Justo en esa dirección, había otro contenedor, justamente había sido el primero que la sádica había arrojado, sin embargo y debido a la basura que había caído por al impacto la Tanto había quedado cubierta por pedazos de periódico.
—Yo me encargo de ellos, tú ve por Gokotai y cuida que no te vean. — Dijo viendo de reojo a las Tantō del ejército y regresando la mirada hacia la mujer que ahora estaba de pie.
—Si ella, puede comunicarse con esas Tantō, ¿significa que ella trabaja con la Armada? — Preguntó Miki, quien por lo visto aún seguía asustada, pues a pesar de no haber tartamudeado aun no usaba su característico "~nyu", cosa que ya estaba empezando a preocupar a María, pues Miki a pesar de ser pequeña nunca había mostrado tanto miedo.
—Mírala atentamente. — Le pidió a la menor, esta hizo caso a lo que le solicitó su hermana.
Y su miedo se acrecentó un poco más, ya se había percatado que aquella mujer no era un ser humano común y corriente, no si podía haberla escuchado y más importante el habérsele acercado sin que ella la hubiese podido presentir.
Pero eso era una cosa y otra era ver que aquella mujer ahora poseía una cola de zorro igual de oscura que su cabello, en su cabeza unas orejas de zorro, cuyo pelaje iba volviéndose púrpura y terminado en un color rojo, dándole un aura de lo más macabra -como si sus acciones y forma de hablar no hubiesen sido suficientes-, Miki abrió sus ojos tanto como sus párpados se lo permitieron.
Esa mujer… ¡era una Kitsune!
— ¡Tú, tú también eres sierva del Dios Inari! — Le gritó la pequeña, a lo que la chica sonrió de forma tétrica. — ¿Por qué estas con el ejército? — Preguntó poniéndose sólo a unos cuantos pasitos delante de su hermana.
—No es de tu incumbencia. — Soltó sin más y volvió a correr hacia ella.
—Lo siento, pero no dejare que le hagas más daño. — Gritó María poniéndose en frente de Miki, las Tantō tampoco perdieron el tiempo y se abalanzaron sobre el par de zorritos, sin embargo apenas lograron estar un metro de distancia algo en el pelaje de Miki brillo y desprendió un aura lo suficientemente fuerte como para desintegrar a las Tantō y lo insuficiente como para sólo lograr que la Kitsune renegada recibiese una pequeña descarga eléctrica. — ¡Rápido, Miki! — Gritó, y acto seguido la mencionada corrió hacia la pequeña pila de papeles para sacar a la Tantō.
— ¡No se saldrán con la suya! — Gritó la renegada levantándose.
— ¡María, ven! — Gritó la pequeña.
— ¡Mi... — Estaba a punto de reclamarle a su hermana el que no se apresurara, sin embargo vio que los papeles se movían como si hubiese una corriente de aire debajo de ellos. Sin pensarlo dos veces corrió, sin embargo el paso le fue cortado por la otra, quien le tomó de una de sus patitas traseras.
—No te dejaré ir… tú vendrás conmigo. — Dijo y del suelo, salió una enorme mano esquelética, que estaba rodeada de un aura púrpura, dicha mano atrapó a ambas féminas.
— ¡María! — Gritó Miki corriendo hacia su hermana.
— ¡Detente! — Le gritó esta. — ¡Tu deber es ir con Saniwa, y ponerle al tanto de todo! — Dijo para terminar siendo tragada por el suelo.
— ¡María! — Gritó con lágrimas en los ojos la nena, llegando al punto en el que apenas hacía unas milésimas de segundos había estado su hermana. — ¡María! ¡María! — Gritaba entre llanto, ya poco le importaba quien la escuchara, con intentos fallidos, Miki golpeaba con sus patitas delanteras, pero nada pasaba.
— ¡Geek!
Nuevamente el mismo chirrido que habían emitido las anteriores Tantōs, alzó la mirada y nuevamente una parvada de estas, corrió hacia la pila de papeles y las Tantō le siguieron, sin embargo chocaron contra el pavimento, pues la zorrito había desaparecido y junto con ella la Tantō que aquella mujer llevaba consigo.
En lo que parecía ser una enorme -por no decir colosal- hacienda, un pequeño portal se abrió sobre el tejado de lo que parecían ser un corral de caballos, de dicho portal salió Miki, quien llevaba en el hocico a Gokotai.
— ¡Miki! — Le llamó aliviado otro zorrito que ya de sobra estaba decir que también era un mensajero. —Me tenías preocu… — Calló al ver lágrimas en los ojitos de Miki.
— ¡Konnosuke, rápido, debes hablar con ella! — Dijo entre sollozos.
El mencionado parpadeó varias veces antes de poder articular palabra alguna. — ¿Qué ocurrió? — Preguntó a duras penas.
—Se la llevaron… — Dijo rompiendo en llanto.
— ¡¿A quién?! — Preguntó el otro sin entender bien lo que ocurría.
— ¡Se llevaron a María! — Dijo dejando de una vez por todas que su llanto se volviese el sonido que predominara en aquel lugar.
Apenas terminó de oír esas palabras Konnosuke abrió los ojos de par en par, sintiendo una terrible opresión en su corazón y unas enormes ganas de llorar, pero no podía hacerlo, él debía de darle la fuerza a Miki en ese momento.
—Les traeré, a Saniwa y a María, te lo prometo. — Dijo acercándose a la menor y dejando que esta se acurrucara bien en él, para poder seguir soltando el llanto.
La guerra estaba comenzando, y aunque a Konnosuke le hubiese gustado más tener más tiempo para preparar el surgimiento de Saniwa, no podía darse el lujo de dejar a María a merced de la Armada.
Lo que lamentablemente él no supo -porque Miki, no podía contarlo, debido al dolor de saber a su hermana en peligro- es que uno de los esbirros del ejército es alguien que posee la misma información espiritual que ellos y que quizás podía saber aún más.
Se acabó!
Esto cuenta como participación de los Token Danshi?
Lo digo por las visiones de Nozomi.
Lo confieso, quiero un peluche de Eevee.
Bueno, no soy muy buena con eso de la narración de los combates, pero me esmere, en esta mi primera vez.
Pobre Miki, no pudo ayudar a María.
¿De dónde conocerá María a aquella mujer?
¿Quién pitos era la renegada?
Ya apareció Konnosuke!
Ahora si se viene lo shido!
Si detectan un horror ortográfico porfa avisen.
Espero sus reviews.
